4. Programa

Del desarrollo económico alcanzado, de la estructura de clase y de la naturaleza política del régimen que impera en España se deducen las principales características y contradicciones de nuestra sociedad. A este respecto y como resumen de la exposición realizada se puede concluir que España es un país de capitalismo monopolista de Estado, en el que a las contradicciones propias de este sistema se añaden las derivadas de la implantación y el dominio de un régimen de tipo fascista.

El fascismo ha sido el principal instrumento del que se ha servido la oligarquía terrateniente y financiera para someter a las masas populares y llevar a cabo el desarrollo económico del país por la vía monopolista. Este doble carácter, monopolista (imperialista) y a la vez fascista, es la principal característica del Estado español.

Al desarrollar la gran industria, la agricultura capitalista, el comercio a gran escala, los transportes, etc., y llevar a cabo la fusión de todos los sectores económicos con la banca y el Estado puesto a su servicio, la oligarquía ha creado las condiciones materiales para la realización del socialismo, ha hecho crecer al proletariado y lo educa en la escuela de la guerra civil casi permanente.

De acuerdo con las consideraciones generales que acabamos de señalar, la revolución pendiente en España sólo puede tener un carácter socialista. No existe en nuestro país ninguna etapa revolucionaria intermedia, ningún peldaño de la cadena histórica anterior a la revolución socialista. Por consiguiente, el objetivo estratégico que persigue el Partido es la demolición del Estado fascista, la expropiación de la oligarquía financiero-terrateniente y la implantación de la República Popular.

El proletariado es la clase más explotada y oprimida, la mejor organizada y la más revolucionaria de la población y por ello mismo, además de ser la clase llamada a dirigir a los demás sectores populares, constituye la principal fuerza motriz de la revolución. Junto con la clase obrera, los pequeños campesinos y otros muchos trabajadores y semiproletarios (pequeños transportistas, empleados, autónomos, etc.), así como los pueblos de las nacionalidades oprimidas y los intelectuales progresistas, pueden tomar parte activa en la lucha por el derrocamiento del capitalismo u observar una posición de neutralidad.

Entre esos sectores, los más próximos al proletariado son los semiproletarios y los pequeños campesinos cargados de deudas por los bancos. En la perspectiva de sus intereses futuros, todos esos sectores están objetivamente interesados en la revolución socialista, aunque oscilan continuamente entre las posiciones consecuentemente democráticas y revolucionarias del proletariado y el reformismo burgués. La táctica del Partido busca atraerlos al lado del proletariado, al objeto de derrocar por la fuerza a la oligarquía financiera y terrateniente y ganar a la pequeña burguesía o tratar de neutralizarla.

El Partido no se puede proponer conducir directamente a la clase obrera desde la situación presente a la toma del poder. Para eso son necesarias determinadas condiciones interiores y exteriores, una potente organización y abundantes experiencias políticas, tanto por parte de las masas como del propio Partido. Todo esto habrá de aparecer o se irá creando en el curso de la lucha revolucionaria y en el proceso mismo de derrocamiento del régimen capitalista.

Con la instauración de la República Popular se inicia el periodo que va desde el derrocamiento del Estado fascista e imperialista a la implantación de la dictadura del proletariado. Dicho periodo cubrirá una corta etapa de transición que puede ser considerada también como de comienzo de la reestructuración socialista, la cual deberá estar presidida por un gobierno provisional que actúe como órgano de las amplias masas del pueblo alzado en armas. La principal misión de este gobierno será la de aplastar la oposición violenta de la gran burguesía y demás sectores reaccionarios y garantizar la celebración de unas elecciones verdaderamente libres a una Asamblea Constituyente. Esta Asamblea elaborará la constitución y nombrará al nuevo gobierno democrático.

El Programa del Partido para esta etapa de transición se resume en los siguientes puntos:

1) Formación de un Gobierno Provisional Democrático Revolucionario.

2) Creación de Consejos obreros y populares como base del nuevo poder.

3) Disolución de todos los cuerpos represivos de la reacción y armamento general del pueblo.

4) Liberación de los presos políticos antifascistas y procesamiento de los torturadores y asesinos contrarrevolucionarios. Amplio indulto para los presos por causas sociales.

5) Expropiación, y paso a manos del Estado, de la Banca, las grandes propiedades agropecuarias, los monopolios industriales y comerciales y los principales medios de comunicación.

6) Reconocimiento del derecho a la autodeterminación de los pueblos vasco, catalán y gallego. Independencia para la colonia africana de Canarias. Devolución de Ceuta y Melilla a Marruecos.

7) Supresión de todos los privilegios económicos y políticos de la Iglesia; separación radical de la Iglesia y la enseñanza. Libertad de conciencia.

8) Libertad de expresión, organización y manifestación para el pueblo. El derecho de huelga será una conquista irrenunciable de los trabajadores.

9) Incorporación de la mujer, en pie de absoluta igualdad con el hombre, a la vida económica, política y social.

10) Reconocimiento de todos los derechos laborales, políticos, sociales, etc., de los obreros inmigrantes. Erradicación de toda forma de opresión y de discriminación racial, sexual y cultural.

11) Reducción de la jornada laboral. Trabajo para todos. Mejoramiento de las condiciones de vida y de trabajo.

12) Viviendas dignas y económicas; seguridad social, sanidad y enseñanza a cargo del Estado.

13) Derecho de la juventud a recibir una formación integral y gratuita, a un trabajo sano y bien retribuido, a contar con locales y otros medios para el libre desarrollo de sus actividades.

14) Salida inmediata de la OTAN y de la UE, así como de las demás organizaciones creadas para la agresión y el pillaje imperialista.

15) Desmantelamiento de las bases militares extranjeras de nuestro territorio y reintegración de Gibraltar.

16) Aplicación de los principios de coexistencia pacífica en las relaciones con todos los países. Apoyo a la lucha de liberación de los pueblos oprimidos.

Sólo un gobierno revolucionario formado por los representantes de las organizaciones populares, que actúe como órgano de la insurrección popular victoriosa, poseerá la fuerza y la autoridad necesarias para organizar las elecciones a una asamblea de representantes del pueblo. Bajo el nuevo gobierno se llevará a cabo la demolición completa de la vieja máquina estatal de la burguesía, se arrasarán desde los cimientos los pilares sobre los que se asienta la dominación y los privilegios del capital (pues ésta es la condición primera de toda revolución verdaderamente democrática y popular) y se emprenderán inmediatamente las transformaciones económicas y sociales necesarias, facilitando así el establecimiento del poder popular y, dentro de él, la hegemonía política del proletariado.

Todo poder que se precie de ser popular ha de estar basado en el pueblo en armas y en las organizaciones políticas auténticamente democráticas. Organizando su propio ejército y la milicia, y basándose en los órganos políticos de poder, será como las masas revolucionarias podrán defender sus conquistas y ejercer el control sobre su Gobierno.

Las masas populares han de estar en disposición de elegir libremente y de revocar, en caso necesario, a sus representantes. En cada fábrica, empresa agraria, unidad militar, centro de enseñanza, pueblo, ciudad, distrito, etc., se elegirán Consejos. Estos serán los órganos de decisión y ejecución del nuevo poder, con autoridad y autonomía propias para organizar y dirigir todo tipo de actividades sociales: desde el trabajo hasta el deporte, y desde la milicia hasta la administración de justicia.

Todos los presos comunistas, independentistas, anarquistas, antimilitaristas, antiimperialistas y antifascistas serán inmediatamente liberados. Esta es hoy una sentida aspiración que no se hará esperar. Sin embargo, con los torturadores y los criminales contrarrevolucionarios habrá que hacer justicia. Los que se hayan destacado en la represión serán detenidos y ejemplarmente castigados, lo cual correrá a cargo de los Tribunales Populares. Esto no se hará por un afán de venganza, sino por necesidad política, ya que los reaccionarios, aun después de la revolución, seguirán intentando recuperar el poder y los privilegios perdidos, por lo que la revolución deberá defenderse frente a ellos, reprimiéndoles y disuadiéndoles.

La revolución llevará a cabo la nacionalización de los medios fundamentales de producción; es decir, que no se trata de expropiar los ahorros ni la pequeña propiedad legítimamente adquiridos a través del trabajo y el esfuerzo personal y familiar, como puede ser la tierra de los pequeños campesinos, ni todos aquellos bienes u objetos de uso particular o doméstico (como vivienda, automóvil, etc.). El nuevo poder pondrá a disposición de las familias y personas sin hogar las viviendas desocupadas. Por lo demás, el capital y las grandes empresas nacionalizadas pasarán a depender del Estado y serán controladas por los Comités o Consejos Obreros y Populares. De esta manera, los trabajadores se convertirán en los dueños efectivos de la economía nacionalizada y la pondrán a su servicio.

El principio de autodeterminación es un derecho universalmente reconocido de la democracia política que el nuevo Estado nacido de la revolución en España deberá hacer efectivo. En el plazo de tiempo más corto posible se convocará una consulta para que los pueblos de las nacionalidades decidan por sí mismos si desean separarse para fundar un Estado aparte o permanecer unidos en un plano de absoluta igualdad económica, política y cultural. En cualquier caso, el nuevo gobierno, los partidos políticos y las organizaciones populares deberán respetar la decisión libremente expresada por los pueblos de las nacionalidades y facilitar el ejercicio de todos sus derechos.

El Nuevo Poder Popular llevará a cabo la expropiación de los contrarrevolucionarios, de todos aquéllos que hayan colaborado activamente con la contrarrevolución, aunque sean pequeños propietarios. A los demás, a los que se pongan de parte del pueblo, el Estado les ayudará de manera efectiva, mediante créditos a bajo o nulo interés; pagándoles precios justos por sus productos, prestándoles ayuda técnica, etc. Estas medidas estarán en consonancia con los intereses políticos y económicos de la revolución.

Después del derrocamiento de la oligarquía, los principales medios de comunicación, de impresión, de distribución, etc., pasarán a ser controlados y dirigidos por el pueblo mediante sus organizaciones representativas. Sólo de esta manera podrán ser asegurados el ejercicio de los derechos de expresión y a una información veraz y objetiva, así como a una cultura verdaderamente democrática.

Respecto al derecho de huelga, hay que tener presente que nos encontraremos en una etapa de transición en la que seguirá existiendo cierto tipo de propiedad privada a pequeña y media escala. En estas condiciones, tanto para prever medidas injustas del gobierno, como sobre todo, para luchar contra las arbitrariedades que surgirán inevitablemente por parte de medianos y pequeños industriales, el Nuevo Poder Popular deberá garantizar los derechos de huelga y manifestación.

Junto a la aplicación de los principios de coexistencia pacífica, el nuevo Estado ofrecerá todo su apoyo a la lucha de las naciones y pueblos oprimidos y dará preferencia en sus relaciones a los países liberados del yugo imperialista, estrechando los lazos de amistad y cooperación. De esta manera, se contribuirá a la causa de la revolución mundial, aislando y debilitando al imperialismo.

5. Línea política

5.1 El principal objetivo de la acción política del Partido

La actuación del Partido y su línea política deberán responder en todo momento a los intereses inmediatos y futuros de las masas y tener muy presente sus aspiraciones, su estado de ánimo y su predisposición para la lucha.

Al llevar a cabo nuestra labor general, hemos de tener en cuenta que las masas no conforman un todo homogéneo y que en ellas se dan distintos grados de conciencia política y de organización. Se podría decir que el movimiento de masas está integrado por tres sectores principales. En primer lugar, la lucha sindical de los obreros, la protesta y las reivindicaciones ciudadanas y otros tipos de luchas sectoriales. En una escala algo más alta se encuentran los colectivos y organizaciones que llevan a cabo la denuncia del terrorismo de Estado, la solidaridad con los presos políticos, la lucha contra el imperialismo y el militarismo, etc., y que plantean diversas exigencias políticas al Gobierno. Este puede ser calificado como el nivel intermedio, pues cuenta con un mayor grado de conciencia política. Por encima de este nivel se halla situado el movimiento político de resistencia organizado, el cual no se limita a la lucha económica y social, ni se detiene tampoco en la denuncia de los abusos y atropellos del poder, sino que además se propone derribarlo y hace continuos preparativos en todos los terrenos para ello. Este es el sector más consciente y mejor organizado, constituye la vanguardia, y lo forman principalmente el Partido y la guerrilla.

En su mayor parte el movimiento obrero y popular no es consciente de la necesidad del derrocamiento del Estado capitalista, aunque esté abiertamente enfrentado y luche contra él. Esta situación impone al Partido la tarea de elevar el nivel de conciencia política de las masas para que asuman su Programa y se organicen para llevarlo a la práctica. Con este fin debemos unir, antes que nada, al sector más avanzado en torno a la dirección del Partido, de modo que, apoyándonos en él, podamos atraernos al sector intermedio, elevar el nivel de los más atrasados y ganar a ambos para la causa.

Esta importante tarea es inseparable de la lucha general contra el sistema capitalista y, en particular, de la lucha política. En este terreno el Partido persigue actualmente, como principal objetivo, el aislamiento político y social del régimen, al objeto de poder concentrar contra él todas las fuerzas revolucionarias para destruirlo. Con este fin propugna y organiza el boicot al Estado, a sus instituciones y leyes, a sus mascaradas electorales, así como a los partidos y sindicatos que le sostienen. En este sentido, es preciso aclarar que nuestra táctica boicoteísta responde a la naturaleza del régimen político en España. Es una táctica general, pero el Partido no hace del boicot una cuestión de principios, y no puede descartarse que en unas circunstancias políticas concretas, particulares, propugne la participación si con ello se contribuye a aislar al fascismo y, en definitiva, a elevar la conciencia revolucionaria de las masas y a organizarlas para la lucha por la conquista del poder.

El Partido no reconoce ni acata la Constitución que legaliza al régimen monárquico-fascista impuesto por Franco y el Ejército y que consagra el sistema de explotación capitalista y la opresión nacional. El Partido llama a lasmasas a oponerse a este régimen de la manera más resuelta, a organizarse independientemente de él, a extender la protesta, la desobediencia civil y a emplear todas las formas de resistencia. A la par que organiza y estimula este movimiento, el Partido debe explicar a todos los trabajadores la importancia de la lucha por los derechos y libertades democráticas y, en especial, la lucha contra el terrorismo de Estado, contra las leyes y tribunales especiales de represión y contra la aplicación sistemática de la tortura a los detenidos y prisioneros políticos.

5.2 Fortalecer la organización independiente de la clase obrera

La clase obrera está más interesada que ningún otro sector de la población en llevar la lucha contra el Estado capitalista hasta sus últimas consecuencias y, de hecho, desde hace muchos años ha estado actuando a la cabeza del movimiento popular como su auténtica vanguardia. Pero para que el proletariado continúe desempeñando ese papel y pueda conducir la lucha hasta el final debe actuar unido, como fuerza política independiente y basarse en sus propias fuerzas.

Particularmente, es en las grandes fábricas, que concentran los núcleos más numerosos, más combativos y mejor organizados del proletariado, donde el Partido debe centrar sus fuerzas, promoviendo, allí donde esté presente, las formas de organización y los métodos de lucha más avanzados, ya probados o que han sido creados por el propio movimiento de masas.

Es preciso desarrollar el movimiento sindical independiente de la clase obrera, articulándolo en base a las asambleas y a las comisiones de delegados elegidas en las mismas con procedimientos democráticos, para actuar unidos contra la política económica y social del Gobierno (contra las reconversiones, el recorte de las prestaciones sociales, etc.) y contra los ritmos extenuantes de trabajo, las normas vejatorias y demás abusos de la patronal.

Las luchas económicas o por mejoras inmediatas de los trabajadores son una de las formas más importantes que reviste la lucha de clases en la sociedad burguesa. El Partido tiene la misión de organizar, encabezar y dirigir estas luchas, por cuanto, además de contrarrestar la progresiva depauperación de las masas, contribuyen a elevar su conciencia y a organizarlas para acabar con la explotación capitalista. Por ello, el Partido estimula y ayuda a los obreros a crear todo tipo de organizaciones (para la lucha sindical, culturales, de autodefensa, etc.).

En la medida en que en las grandes empresas y fábricas se desarrolla la automatización, disminuye el número de obreros especializados y aumenta el número de técnicos y cuadros. Esta tendencia a la creciente separación entre el trabajo simple y el complejo y a la continua jerarquización salarial se opone a las aspiraciones igualitarias que siempre han existido entre la clase obrera. Por lo general, este sector de cuadros y técnicos, en épocas favorables, se comporta como una casta ajena a la clase obrera y se identifica con el régimen de la burguesía. Pero cuando llega la crisis toma conciencia de su condición asalariada y tiende a enfrentarse a la patronal y a su Estado. El Partido debe, ante todo, atenerse a las reivindicaciones y exigencias de los obreros más explotados, que son la inmensa mayoría, desarrollando entre ellos la organización y la lucha unitaria, lo que obligará a ese otro sector a decantarse y a tomar postura.

5.3 Organizar el movimiento de resistencia popular

En la lucha contra la burguesía de cada país, la clase obrera sólo puede contar con la ayuda y el apoyo verdaderamente incondicional que le presta el proletariado revolucionario internacional.

Partiendo de este principio, el PCE(r) preconiza la unidad de todas las fuerzas y sectores populares que se oponen al fascismo, al monopolismo y al imperialismo, a la vez que trabaja activamente por desarrollar diversos tipos de colaboración con dichos sectores. En este terreno la experiencia ha demostrado ya muchas veces que la unidad no se alcanza estableciendo pactos o alianzas en torno a una mesa y menos aún haciendo concesiones ideológicas y políticas. La unidad necesaria de las fuerzas populares sólo es posible alcanzarla mediante la lucha. En primer término, desarrollando la lucha independiente contra la oligarquía y su Estado, pero también, y al mismo tiempo, denunciando las vacilaciones e inconsecuencias de la pequeña burguesía democrática y de otras fuerzas progresistas intermedias.

La hostilidad que encontramos a veces en esos sectores no puede desanimarnos en nuestro empeño. Hemos de ser capaces de unirnos incluso con los que están en desacuerdo con nosotros, pues de otra manera, ¿qué sentido podría tener hablar de unidad? Esto no excluye, sino que presupone, la crítica mutua sobre todos los aspectos de la actividad política.

De entre todos los sectores populares que se oponen a los monopolios y al fascismo destacamos a los campesinos. El campesinado es uno de los sectores más explotados y oprimidos de la población, y se halla tan sólo a un paso de la clase obrera, cuyas filas viene engrosando continuamente. Por esta razón es susceptible de incorporarse a la lucha por el socialismo y de hecho hace tiempo que viene enfrentándose al monopolismo. Pero la conciencia de propietario está tan arraigada en ellos que va a exigir una persistente labor de propaganda a fin de convencerles de la inevitabilidad y de las ventajas del socialismo, de la superioridad de las formas colectivas de producción y de la absoluta necesidad de una estrecha alianza política con la clase obrera.

Otro importante sector al que el Partido alienta y presta ayuda lo forman los movimientos de liberación de las naciones oprimidas, que se hallan abiertamente enfrentadas al Estado fascista e imperialista español y hacen una defensa consecuente de los derechos nacionales y democráticos.

El Partido apoya y estimula la lucha por las exigencias democráticas, que responden a las necesidades de las masas populares. En la lucha por las conquistas de estas reivindicaciones debemos esforzarnos por alcanzar la mayor confluencia con todos los sectores de la población interesados en ellas, y que incluyen al movimiento antimilitarista, al de los estudiantes, al de las mujeres que luchan por sus derechos, al de los jóvenes pertenecientes a las clases y capas populares, al de los intelectuales progresistas y en general a todos los que sufren en carne propia y en su conciencia los efectos de las lacras capitalistas: el paro, la explotación, el racismo, el deterioro del medio ambiente, la droga, la represión en todas sus formas, la discriminación, la exclusión...

Debemos reagrupar en torno a la clase obrera a todas esas fuerzas a fin de poner freno al constante deterioro de las condiciones de vida y a la supresión de las libertades democráticas, apoyarnos en la lucha común y formar un poderoso movimiento de resistencia popular, antifascista y antiimperialista. De este modo lograremos ganar para la causa a las amplias masas y avanzaremos hacia el logro de los objetivos socialistas y comunistas de la revolución.

5.4 La lucha de resistencia

Las clases avanzadas de la sociedad se han visto siempre obligadas a recurrir a la violencia revolucionaria para suprimir las formas de vida ya caducas y abrir el camino a otras nuevas. La violencia es la comadrona de toda vieja sociedad que lleva en su entraña a otra nueva. Naturalmente, la clase obrera prefiere tomar pacíficamente el poder. Pero la experiencia histórica demuestra que, mientras no sea derrocada la burguesía en los principales países imperialistas, el proceso de transición del capitalismo al socialismo no podrá efectuarse de una manera pacífica y legal, utilizando los procedimientos parlamentarios; y eso por la sencilla razón de que la burguesía monopolista no consentirá retirarse voluntaria y pacíficamente del poder.

Los actuales Estados capitalistas, en virtud de las experiencias que han ido acumulando, no permitirán al movimiento obrero revolucionario acumular y concentrar sus fuerzas de manera pacífica, ya que estos Estados son la contrarrevolución organizada permanentemente. Hoy no nos encontramos en la época de la libre competencia económica y de la dictadura democrático-burguesa, cuando todavía le era posible a la clase obrera organizarse y utilizar las instituciones burguesas para luchar contra esas mismas instituciones, tal y como señaló Engels. La implantación de formas de poder de tipo fascista y policíacas en la casi totalidad de los países capitalistas ha terminado por arruinar y hacer inútiles los viejos métodos de lucha pacífica y parlamentarios, lo que por otra parte no ha impedido que hayan surgido y se vayan implantando otros métodos nuevos.

En España, durante las últimas décadas, la clase obrera y otros sectores explotados y oprimidos de la población no sólo han recibido el plomo fascista y han vertido decenas de veces su sangre, sino que también han combatido y hostigado con todos los medios a su alcance a las fuerzas represivas, les han opuesto barricadas y todas las formas de lucha violenta y les han ocasionado numerosos muertos y heridos. Esto ha ido acompañado de huelgas, de la imposición de asambleas abiertas en los barrios, universidades y centros de trabajo, de las comisiones de delegados, de la formación de piquetes y de otros muchos métodos de lucha democrática del tipo más avanzado.

En esta situación general, y coincidiendo con el comienzo de la agravación de la crisis económica y política del régimen y el recrudecimiento de la represión, resurge en nuestro país en los años sesenta la lucha armada, en forma de guerrilla urbana, practicada por pequeños grupos o destacamentos armados. A partir de entonces, la combinación de las acciones armadas guerrilleras con las huelgas, manifestaciones, sabotajes, etc., se destaca como la principal forma de lucha del movimiento obrero y popular.

Esta combinación de diferentes procedimientos de lucha configura un vasto movimiento de nuevo tipo que nos lleva a calificarlo como movimiento de resistencia popular.

En este movimiento la lucha de masas y la actividad del Partido desempeñan el papel principal. La lucha armada guerrillera y la organización militar son formas de lucha y organización subordinadas a las anteriores. En España la guerrilla no va a poder acumular la fuerza militar necesaria, capaz de derrotar y aniquilar por sí sola al ejército fascista. Tendrá que ser la insurrección general de las masas, combinada con la lucha del ejército guerrillero, la que en su momento habrá de derrocar al Estado capitalista. De ahí que las principales funciones que deberá cumplir la guerrilla en esta etapa de lucha político-militar sean las de seguir ayudando al movimiento de masas y a sus organizaciones, contribuir a crear todas las condiciones (políticas, económicas, orgánicas, militares, etc.) para la incorporación de las grandes masas a la lucha por el poder y procurar, a la vez, su propio fortalecimiento.

Las funciones de la lucha armada y la organización guerrillera no están limitadas por condiciones momentáneas, insurreccionales o locales (y por tanto de carácter táctico), sino que son permanentes. Esto viene determinado por las condiciones del régimen económico y político del imperialismo, así como por la crisis y el desarrollo de la lucha de clases. De esta forma, la lucha armada guerrillera se convierte en una parte esencial de la estrategia revolucionaria del proletariado.

Todo esto obliga al Partido a tener que considerar la lucha armada no sólo desde el punto de vista de la insurrección y de la situación revolucionaria en general, sino también, y sobre todo en los aspectos de la organización del ejército guerrillero y de la estrategia de la guerra popular prolongada.

La lucha de resistencia tendrá inevitablemente un carácter prolongado, pues no sólo nos oponemos a un enemigo que cuenta con un aparato estatal ramificado y centralizado, con medios relativamente poderosos y un considerable apoyo del imperialismo internacional, sino que hay que descartar toda posibilidad de organizar a las grandes masas a través de los medios legales que, llegado un momento, permitieran hacer frente a la reacción y derribar mediante la insurrección armada al Estado capitalista. Esto ya ha pasado a la historia. En nuestros días los monopolistas no permitirán a las masas concentrar sus fuerzas, ni se dejarán sorprender por una insurrección general que estalle en un momento dado. Es más, en las condiciones de España, el fascismo no va a permitir ningún tipo de organización mínimamente independiente de la clase obrera y demás sectores populares; no va a conceder la menor oportunidad en ese sentido. Por este motivo, aquí sólo cabe la resistencia política y la lucha armada, de modo que cuando se produzca la insurrección deberá estar preparada por largos años de resistencia del movimiento popular en un proceso en el que se producirán numerosos avances y retrocesos, en el que se tendrá que aprender a utilizar todos los procedimientos de lucha y en el que lo político y lo militar deberán combinarse adecuadamente.

5.5 Asegurar la dirección política del movimiento guerrillero

Los comunistas debemos procurar dirigir todas las formas de lucha del proletariado y otros sectores del pueblo. Entre estas variadas formas destaca la lucha armada guerrillera. El Partido tiene que hacer todos los sacrificios que sean necesarios para sostener a la guerrilla, procurarle el apoyo de las masas y asegurar su dirección.

La organización armada guerrillera es parte destacada del movimiento obrero y popular y de él recibe todo tipo de ayuda y apoyo. Si no contara con esa ayuda y con la inagotable reserva de reclutamiento que suponen las masas, hace tiempo que habría sido aniquilada por la reacción.

La organización armada guerrillera no tiene intereses distintos a los de las masas populares. Por consiguiente, su objetivo político no puede ser otro que el derrocamiento del régimen de la burguesía imperialista, la expropiación de los monopolios y el restablecimiento de la República Popular. Las actividades armadas guerrilleras deben contribuir al logro de ese objetivo fundamental y responder, en todo momento, a las necesidades del movimiento político de las masas; es decir, no han de ser acciones aisladas.

La guerra de guerrillas es una forma de guerra civil que, aunque larvada, está ahí y madura todos los días. Por tratarse de una guerra requiere de un análisis y de métodos militares para poder ser llevada a cabo con éxito. Pero no se debe perder de vista que la guerra de guerrillas, como toda guerra, al ser la continuación de la lucha política (sólo que llevada a cabo por otros medios, los medios violentos), debe estar dirigida en todo momento por la política, por el Partido. Es el Partido quien dirige al fusil.

La guerra de guerrillas obedece a profundas causas económicas, políticas, sociales e históricas. Estas causas las analiza el Partido a la luz del marxismo-leninismo, extrayendo de su estudio las leyes generales de esta guerra popular, la estrategia y la táctica. No está al alcance de la organización armada -como tal organización armada- la elaboración del programa o la estrategia; esto únicamente se encuentra al alcance del Partido y son tareas principalmente suyas.

Por otra parte, es necesario mantener una estricta separación orgánica entre el Partido y la guerrilla. El movimiento de resistencia y el propio Partido Comunista tienen múltiples tareas que cumplir que no encajan, de ningún modo, dentro de las rigideces de un ejército o movimiento militarizado. Las luchas de las amplias masas de obreros y trabajadores necesitan de la dirección política del Partido Comunista. Este da cauce a su ardor y determinación revolucionarios, sintetizando las experiencias de sus luchas y extendiéndolas. El Partido, como destacamento de vanguardia y núcleo dirigente del proletariado, es quien está mejor preparado para llevar a buen término las tareas de tipo fundamentalmente político, y es obligación suya hacerlo. En caso contrario, el movimiento de las amplias masas sería fácilmente desorientado y dividido y caería en la desmoralización. El Partido asegura al mismo tiempo la conexión entre la guerrilla y el movimiento político de las amplias masas. El establecimiento de estos lazos permite al Partido dar continuidad a la actividad guerrillera, promoviendo la incorporación de la juventud antifascista a sus filas y nutriéndolas de comunistas experimentados y firmes.

Por su parte, los miembros del Partido que desarrollan su actividad en las organizaciones guerrilleras defienden dentro de ellas las posiciones consecuentemente democráticas y revolucionarias del proletariado, ateniéndose al carácter popular de estas organizaciones y dando ejemplo de entrega y arrojo. La presencia de los comunistas en la guerrilla y su labor política e ideológica fortalecen la unidad interna y la disciplina de la organización militar, la dotan de una alta moral de combate y de una amplia perspectiva; al mismo tiempo garantizan el acierto de sus acciones, así como la elección del mejor momento para realizarlas y los medios justos para alcanzar los objetivos.

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