La Revolución de Octubre

Sumario:

— Introducción
— Los primeros momentos de la Revolución
— La Revolución en el campo
— La contrarrevolución del día siguiente
— La Revolución de Octubre y las nacionalidades oprimidas
— La Revolución de Octubre y la mujer trabajadora
— El nuevo sistema de relaciones internacionales
— La Revolución en la cultura

En el verano de 1914 los círculos imperialistas que gobernaban los principales Estados europeos desencadenaron la I Guerra Mundial. Al lado de la Entente (alianza estratégico-militar de Inglaterra y Francia enfilada contra Alemania y Austria-Hungría) también participaba la Rusia zarista. Los partidos socialdemócratas de los países europeos justificaron la guerra de rapiña de sus respectivos gobiernos. También los mencheviques y eseristas rusos se aliaron con la burguesía, encubriéndose bajo la bandera de la defensa de la patria. Los únicos que se actuaron como auténticos revolucionarios internacionalistas fueron los bolcheviques.

En los primeros meses de la contienda Rusia perdió la batalla por la Prusia oriental, aunque venció en Galicia. Pero ya en el siguiente año perdió casi toda Galicia, Polonia y parte de las provincias del Báltico y de Bielorrusia. En el tercer verano de la guerra las tropas rusas mandadas por el general Alexei Brusilov expulsaron a las fuerzas austro-húngaras de Bukovina y Galicia Occidental, obligándolas a replegarse hasta los puertos de los montes de los Cárpatos; en el frente del Cáucaso se lograron grandes victorias sobre las tropas turcas. Sin embargo, eso no incidió mucho en la marcha de la guerra. Se avecinaban grandes batallas, y la Rusia zarista se preparaba para ellas no sólo en el teatro de operaciones, sino también en la retaguardia. Para mediados de 1916 la producción de material bélico alcanzó máximo nivel, en detrimento, naturalmente, de las industrias civiles y del transporte. Se agravó la crisis de abastecimientos, que era la más evidente manifestación de la desorganización y el quebranto de toda la vida económica del país.

El descontento iba extendiéndose a capas cada vez más amplias de la población trabajadora. En octubre de 1916 en Petrogrado (como pasó a llamarse Petersburgo desde el principio de la guerra) en las huelgas participaron 250.000 obreros. En el verano de ese año estalló una insurrección popular en el Asia Central y Kazajstán, y crecieron las agitaciones campesinas. El movimiento de masas contra la guerra y la autocracia se extendió al ejército: unidades enteras se negaban a atacar, se hicieron más frecuentes los casos de confraternización de los soldados rusos y alemanes.

El país estaba en vísperas de la revolución. Ésta empezó el 23 de febrero (8 de marzo) de 1917. La huelga que estalló en la fábrica de Putilov, la mayor empresa industrial de la capital, fue apoyada por millares de obreros de otras empresas. A primeras horas de la tarde en la arteria principal de la ciudad, la avenida Nevski, aparecieron manifestantes, a los que se unieron los estudiantes. El 25 de febrero se generalizó la huelga política y, al día siguiente, al lado de los obreros empezaron a pasarse unidades militares. El 27 de febrero casi toda la ciudad estaba ya en manos de los insurrectos. La insurrección armada triunfó. Siguiendo la tradición revolucionaria de 1905, ese mismo día en el Palacio de Tauride se constituyeron los soviets de diputados obreros, campesinos y soldados Petrogrado. Debido a que muchos de los dirigentes del Partido bolchevique estaban entonces en la emigración, encarcelados o deportados, los representantes de los partidos pequeñoburgueses lograron imponerse en la dirección del Soviet. Su línea política respondía al viejo esquema de que al zarismo sólo podría sustituirle el poder de la burguesía.

En la noche del 28 de febrero se anunció oficialmente la creación del Comité Provisional de la Duma de Estado. En él entraron, a excepción de la ultraderecha, representantes de todos los grupos de la Duma, incluidos los eseristas y mencheviques. La directiva menchevique-eserista del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado dejó al Comité Provisional de la Duma la iniciativa de formar gobierno, reservándose sólo el derecho de controlar su política. El 2 de marzo se formó el Gobierno provisional burgués. En la noche del 3, bajo la presión de los acontecimientos, Nicolás II firmó el manifiesto abdicativo. La revolución popular había triunfado.

El 27 de marzo de 1917 Lenin salía de Suiza, donde había permanecido desde 1914 debido a la persecución de los zaristas y regresó a la Rusia para encabezar la lucha revolucionaria.

Como resultado del triunfo sobre el zarismo en febrero de 1917 se dio una situación muy poco frecuente en la historia que Lenin definió con el término de dualidad de poderes: nominalmente el poder estatal había pasado a manos del Gobierno provisional burgués, pero las masas populares, que habían realizado la revolución, crearon sus propios órganos de poder, los Soviets de diputados obreros y soldados.

Los eseristas y mencheviques consideraban que la revolución burguesa había terminado y que el país no estaba preparado para la revolución socialista. Por eso seguían una política de entendimiento con la burguesía, detener el desarrollo de la revolución y disolver los Soviets. Pero el gobierno provisional burgués salido de la revolución frustró todas las esperanzas que las masas tenían puestas en la victoria sobre el zarismo.

El Partido bolchevique denunció al gobierno provisional afirmando que era contrarrevolucionario. Advirtió que la burguesía no daría a las masas populares ni paz, ni tierra, ni un régimen estatal democrático y exhortaban al proletariado y a su aliado, el campesinado, a seguir desarrollando la revolución. Por tanto, lanzó la consigna ¡Todo el poder a los Soviets! El movimiento revolucionario sacudió todo el país.

En la noche del 3 de abril llegó Lenin a Petrogrado. En la plaza de la estación de Finlandia, subido en un blindado, pronunció un breve discurso ante la multitud de obreros, soldados y marineros revolucionarios que habían acudido a recibirle. Les expuso las tesis fundamentales de su programa, que pasó a la historia con el nombre de Tesis de Abril. Su esencia la expresaba la consigna de ¡Todo el poder a los Soviets! En las condiciones de entonces significaba un llamamiento a continuar la revolución, o sea, a terminar con la dualidad de poderes a favor de los Soviets y a pasar de la etapa democrático-burguesa de la lucha revolucionaria a la etapa socialista.

Las Tesis de Abril de Lenin fueron discutidas y aprobadas en la VII Conferencia de toda Rusia del Partido bolchevique, llamada Conferencia de Abril. Entonces se desató una campaña difamatoria contra Lenin y sus partidarios. El hecho de que los mencheviques y los socialistas revolucionarios (eseristas) actuasen al lado de la burguesía, permitió al Gobierno provisional preparar una nueva ofensiva en el frente. Comenzó el 18 de junio, pero pronto fracasó. Como consecuencia, creció la influencia de los bolcheviques entre las masas. Entonces los dirigentes de los partidos conciliadores dieron el visto bueno al Gobierno provisional para disparar sobre una manifestación que tuvo lugar el 4 de julio, en el centro de Petrogrado, bajo la consigna ¡Todo el poder a los Soviets!

Esa fecha fue decisiva; en el país se había acabado la dualidad de poderes, pero a favor de la burguesía. El Gobierno provisional dio la orden de detener a Lenin, quien tuvo que pasar por última vez a la clandestinidad, que duró ciento doce días.

Sin embargo, la victoria de la burguesía rusa resultó ser la antesala de su derrota definitiva y liquidación como clase gobernante. En auel momento cambió radicalmente la dirección de la actividad del Partido bolchevique: su VI Congreso, a propuesta de Lenin, señaló la orientación hacia la insurrección armada, indicando que el nuevo auge de la revolución rusa pondrá en el poder a los obreros y campesinos pobres antes del triunfo de la revolución en los países capitalistas de occidente.

Ese nuevo auge empezó ya en el otoño. En respuesta a la intentona de la burguesía de establecer en el país una dictadura militar, los obreros de Petrogrado empuñaron las armas y fueron apoyados por unidades de la guarnición de la capital. A la cabeza de las masas revolucionarias iban los bolcheviques. Bajo su dirección inmediata fue aplastado el pronunciamiento reaccionario del general Kornilov. El prestigio de los bolcheviques creció. Comenzó un período de rápida bolchevización de los Soviets. De un instrumento de política de componendas con la burguesía, que eran bajo la supremacía de los partidos oportunistas, se iban convirtiendo en órganos de lucha abierta contra ella. El 31 de agosto el Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado aprobó una resolución bolchevique que incluía reivindicaciones programáticas como la paz, la tierra y el control obrero sobre la producción. Unos días después el Soviet de Moscú aprobó una resolución idéntica.

Para no perder definitivamente la confianza de las masas, los dirigentes mencheviques y eseristas se negaron a entrar en un nuevo gobierno de los kadetes (demócratas constitucionalistas). Entonces Lenin les propuso romper el bloque con la burguesía y formar inmediatamente un gobierno responsable ante los Soviets. Lenin subrayaba que la libertad de propaganda y la inmediata aplicación de los principios de la democracia en las próximas elecciones a los Soviets y en el funcionamiento de los propios Soviets podrían asegurar el avance de la revolución, el paso del poder a los Soviets. Pero los mencheviques y eseristas, encubriéndose con frases sobre la unificación de todas las fuerzas del país y arguyendo que la entrega de todo el poder a los Soviets sería un crimen contra la revolución, emprendieron una campaña contra los Soviets. En vez de reunir un nuevo congreso de los Soviets, decidieron convocar una Conferencia democrática e invitaron a participar en ella a los representantes de las organizaciones de la burguesía y de los grandes terratenientes, de los municipios reaccionarios y los ayuntamientos urbanos, mientras reducían el número de puestos correspondientes a los Soviets, los comités de fábrica y los sindicatos. La Conferencia constituyó el llamado consejo provisional de la república, o anteparlamento, con participación de los representantes de la gran burguesía. De hecho, los conciliadores habían abandonado definitivamente las posiciones de los Soviets. Las masas populares se pusieron decididamente al lado de los bolcheviques. En aquellos días Lenin escribía al Comité Central del Partido bolchevique: El descontento, la indignación y la exasperación reinantes en el ejército, entre los campesinos y entre los obreros van en aumento. La coalición de los eseristas y mencheviques con la burguesía, coalición que lo promete todo y no cumple nada, enerva a las masas, les abre los ojos y les subleva.

El 7 de octubre Lenin regresó clandestinamente de Finlandia a Petrogrado y tomó en sus manos la dirección de los preparativos de la insurrección armada. Tres días después se celebró la histórica sesión del Comité Central del Partido bolchevíque, en la que se acordó dar comienzo a la insurrección armada. La resolución, redactada por Lenin y aprobada por el Comité Central, decía:

El Comité Central reconoce que tanto la situación internacional de la revolución rusa (insurrección de la flota alemana, signo agudo de la marcha ascendente de la revolución socialista mundial en toda Europa, luego la amenaza de una paz entre imperialistas con el fin de estrangular la revolución en Rusia), como la situación militar (decisión indudable de la burguesía rusa y de Kerenski y compañía de entregar Petrogrado a los alemanes) y la conquista por el Partido proletario de la mayoría dentro de los Soviets; unido todo ello a la insurrección campesina y al viraje de la confianza del pueblo hacia nuestro Partido (elecciones de Moscú); y, finalmente, la preparación manifiesta de una segunda kornilovada (evacuación de tropas de Petrogrado, concentración de cosacos en esta capital, cerco de Minsk por los cosacos, etc.), pone a la orden del día la insurrección armada.

Reconociendo, pues, que la insurrección armada es inevitable y se halla plenamente madura, el Comité Central insta a todas las organizaciones del Partido a guiarse por esto y a examinar y resolver desde este punto de vista todos los problemas prácticos (Congreso de los Soviets de la región Norte, salida de tropas de Petrogrado, acciones en Moscú y Minsk, etc.)

Kamenev y Zinoviev intervinieron y votaron en contra de la resolución. Como los menchevíques, ellos aspiraban a una República parlamentaria burguesa y afirmaban que la clase obrera no era lo bastante fuerte para la revolución socialista, que no estaba aún capacitada para tomar el poder.

Aunque en esta sesión Trotski no votó abiertamente contra la resolución del Comité Central, presentó una enmienda que, de haberse aceptado, habría hecho fracasar la insurrección. Propuso que no comenzase hasta la apertura del II Congreso de los Soviets, lo que equivalía a dar largas a la insurrección, a fijar de antemano el día en que había de estallar, poniendo en guardia al Gobierno provisional.

El Comité Central del Partido bolchevique envió delegados con plenos poderes a la cuenca del Donetz, al Ural, a Helsingfors, a Cronstadt, al frente suroccidental, etc., con el fin de organizar sobre el terreno la insurrección y poner en conocimiento de los dirigentes de las organizaciones de base el plan de la insurrección y estimularles a preparar y movilizar sus fuerzas para ayudar al movimiento en Petrogrado.

Se creó, por mandato del Comité Central, el Comité Militar Revolucionario adscrito al Sovíet de Petrogrado, que había de asumir las funciones de Estado Mayor de la insurrección.

Al mismo tiempo, la contrarrevolución también concentraba sus fuerzas; la oficialidad del ejército se organizó en Liga de Oficiales. Los contrarrevolucionaríos creaban por todas partes Estados Mayores para la formación de batallones de choque. A finales de octubre la contrarrevolución disponía de 43 batallones. El Gobierno de Kerenski propuso su traslado de Petrogrado a Moscú porque esperaba la entrega de Petrogrado a los alemanes para atajar la insurrección en la capital. Pero la protesta de los obreros y soldados de Petrogrado obligó al Gobierno provisional a permanecer allí.

El 16 de octubre, se celebró una sesión ampliada del Comité Central del Partido bolchevique que eligió un Centro del Partido encargado de dirigir la insurrección, con Stalin a la cabeza. Este Centro era el núcleo dirigente del Comité Militar Revolucionario adscrito al Soviet de Petrogrado y fue el que dirigió prácticamente toda la insurrección.

En esta sesión del Comité Central, Zínoviev y Kamenev volvieron a pronunciarse contra la insurrección y combatieron abiertamente desde la prensa a la insurrección y al Partido. El 18 de octubre, el periódico Novaia Zhin (Vida Nueva) publicó una declaración suya manifestando que los bolcheviques preparaban una insurrección y que ellos la consideraban como una aventura. Con ello, ponían en conocimiento de los enemigos la decisión acerca del movimiento y de su organización para una fecha inmediata. Este acto era una traición. Lenin escribió al respecto: Kamenev y Zinoviev han delatado a Rodzianko y a Kerenski el acuerdo del Comité Central de su Partido sobre la insurrección armada, y planteó ante el Comité Central la expulsión de ambos del Partido.

Los enemigos de la revolución, prevenidos por los traidores, comenzaron a tomar medidas para atajar la insurrección y aplastar al Partido bolchevique. El Gobierno provisional celebró un Consejo de ministros secreto, en el que se acordaron las medidas de represión contra los bolcheviques. El 19 de octubre trajo apresuradamente tropas del frente a Petrogrado; comenzaron a merodear por las calles patrullas reforzadas; en Moscú la contrarrevolución concentró una gran cantidad de fuerzas. El Gobierno provisional había trazado el plan de atacar y tomar el palacio Smolny, sede del Comité Central del Partido bolcheviqué, la víspera del día en que habían de abrirse las sesiones del II Congreso de los Soviets y aplastar el Centro dirigente de los bolcheviques.

Pero los días y las horas de vida del Gobierno provisional estaban contados. No había ya fuerza capaz de detener la marcha arrolladora de la Revolución socialista. No era extraño que el pueblo no viese ninguna diferencia esencial entre la política del zar y la de la burguesía y transfiriese al Gobierno provisional su odio contra el zarismo. Mientras los socialistas revolucionarios y menchevique conservaron cierta influencia sobre el pueblo, la burguesía pudo atrincherarse detrás de ellos y mantener en sus manos el poder. Pero, después de desenmascararse como agentes de la burguesía imperialista, perdieron su influencia sobre el pueblo; la burguesía y su Gobierno provisional quedaron en el aire.

El 21 de octubre, fueron enviados comisarios bolcheviques del Comité Militar Revolucionario a todas las unidades revolucionarias de tropas. Durante los días que precedieron a la ínsurrección, se desarrolló la labor preparatoria de la lucha armada en el seno de las unidades militares y en las fábricas. Se asignaron también misiones concretas a los barcos de guerra, a los cruceros Aurora y Zaria Svobodi (Amanecer de la libertad).

En la sesión del Soviet de Petrogrado, Trotski se fue de la lengua y delató al enemigo la fecha de la insurrección, el día señalado por los bolchevíques para desencadenar el movimiento. Para no dar al Gobierno de Kerenski la posibilidad de hacer fracasar la insurrección armada, el Comité Central del Partido decidió comenzar y llevar a cabo la insurrección antes de la fecha proyectada, la víspera del día en que habían de abrirse las sesiones del II Congreso de los Soviets.

Kerenski comenzó a actuar en las primeras horas de la mañana del 24 de octubre (6 de noviembre), ordenando suspender el periódico Rabochi Put (La Senda Obrera), órgano central del Partido bolchevique, y enviando los blindados de asalto al local de la redacción del períódico y a la imprenta de los bolcheviques. Pero, hacia las 10 de la mañana, siguiendo instrucciones de Stalin, los guardias rojos y los soldados revolucionarios desalojaron a los carros de asalto y reforzaron la guardia de la imprenta y de la redacción del periódico. Hacia las 11, salió La Senda Obrera con un llamamiento para derribar al Gobierno provisional.

Las fuerzas de la contrarrevolución estaban concentradas en el centro de Petrogrado; cerca del Palacio de Invierno, donde se encontraba el Gobierno provisional, estaban el Estado Mayor de la región militar de Petrogrado y el Almirantazgo.

A1 mismo tiempo, el Palacio del Smolny, antiguo instituto para muchachas de la nobleza, situado en un suburbio del este de la ciudad, en la orilla izquierda del Neva, era la sede del Soviet de Petrogrado y del Comité Central del Partido bolchevique, verdadero Cuartel General de la revolución. En el mismo edificio se encontraba el Comité militar revolucionario, el Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado y el Centro militar revolucionario del Partido para la dirección de la insurrección. De allí salían todas las órdenes de batalla. Siguiendo instrucciones del Centro militar revolucionario, se concentraron allí los destacamentos de soldados revolucionarios y de guardias rojos.

En la noche del 24 de octubre, Lenin se trasladó al Smolny, para hacerse cargo personalmente de la dirección del movimiento y trazar los planes concretos para la insurrección: cómo debían utilizarse las unidades militares, la flota y los guardias rojos, qué puntos decisivos era necesario ocupar en la capital para garantizar el éxito de la insurrección, etc. El objetivo era cercar y aislar a Petrogrado, apoderarse de la ciudad mediante un ataque combinado de la escuadra, los obreros y las tropas. La revolución disponía de tres fuerzas de combate principales: los destacamentos de guardias rojos (obreros armados) envolvían el centro de la ciudad por el norte, el este y el sur; las unidades revolucionarias de la guarnición de Petrogrado formaban el segundo semicírculo interior; mientras que del oeste, a la primera llamada del Comité militar revolucionario, entrarían en la desembocadura del Neva las unidades de la armada del Báltico. Lenin decía:

La insurrección, para poder triunfar, no debe apoyarse en una conjura, en un partido, sino en la clase de vanguardia. Esto, en primer lugar. En segundo lugar, debe apoyarse en el entusiasmo revolucionario del pueblo. Y en tercer lugar, debe apoyarse en el momento crítico de la historia de la creciente revolución en que sea mayor la actividad de la vanguardia del pueblo, en que sean mayores las vacilaciones en las filas de los enemigos y en las filas de los amigos débiles, inconsecuentes e indecisos de la revolución.
Esta tarea se cumplió en los días 24 y 25 de octubre (6 y 7 de noviembre) de 1917.

La insurrección había comenzado. Con el estruendo de sus cañones, enfilados sobre el Palacio de Invierno, el crucero Aurora anunció, el 25 de octubre, el comienzo de la nueva era, la era de la Revolución Socialista.

Durante toda la noche del 25 al 26 de octubre (7 de noviembre), no cesaron de llegar al Smolny unidades revolucionarias de tropas y destacamentos de guardias rojos. Los bolcheviques los enviaban al centro de la ciudad, a cercar el Palacio de Invierno, donde se había atrincherado el Gobierno provisional, bajo la protección de los kadetes y de los batallones de choque. Aquella noche los obreros, soldados y marinos revolucionarios tomaron por asalto al Palacio de Invierno y detuvieron al Gobierno provisional. También se apoderaron de las estaciones de ferrocarril, las centrales de Correos y Telégrafos, los Ministerios y el Banco del Estado. Fue disuelto el anteparlamento.

Los obreros de Petrogrado demostraron en estas jornadas que habían pasado, bajo la direccíón del Partido bolchevique, por una buena escuela. Las unidades militares revolucionarias, preparadas para la insurrección por la labor de los bolcheviques, cumplían las órdenes de batalla que les daba el Centro y se batían en fraternal compenetración con la Guardia Roja. La marina de guerra no desmereció del ejército. Cronstadt era una fortaleza del Partido bolchevique, donde hacía ya mucho tiempo que no se reconocía al Gobierno provisional.

El 25 de octubre se publicó un llamamíento del Partido bolchevique A los ciudadanos de Rusia. En él se decía que el Gobierno provisional burgués había sido derribado y que el poder había pasado a manos de los Soviets.

La insurrección armada en Petrogrado había vencido.

El II Congreso de los Soviets de toda Rusia abrió sus sesiones en el Smolny a las 10'45 minutos de aquella misma noche, cuando se hallaba en todo su apogeo la insurrección triunfante en Petrogrado, y el poder, en la capital, había pasado ya de hecho a manos del Soviet de la ciudad.

Los bolcheviques obtuvieron en este Congreso una aplastante mayoría. Los mencheviques, los delegados del Bund y los socialistas revolucionaríos de derecha, viendo que ya no tenían nada que hacer allí, se retiraron del Congreso, no sin antes declarar que renunciaban a tomar parte en sus tareas. En esta declaración calificaban como una conspiración militar la Revolución de Octubre. El Congreso puso en la picota a los menchevíques y socialistas revolucionaríos, manifestando que no sólo no lamentaba su retirada, sino que se congratulaba de ella, ya que, gracias a la retirada de los traidores, el Congreso se convertía en un verdadero Congreso revolucionario de diputados obreros y soldados.

En nombre del Congreso, fue proclamado el paso de todo el poder a manos de los Soviets. En el llamamiento del II Congreso de los Soviets, se decía:

Apoyándose en la voluntad de la inmensa mayoría de los obreros, soldados y campesinos y en la insurrección triunfante llevada a cabo por los obreros y la guarnición de Petrogrado, el Congreso toma en sus manos el Poder.

En cuatro días, el poder soviético decretó la paz, confiscó las tierras de los grandes terratenientes y las distribuyó entre los campesinos, y reconoció el derecho de las naciones a la autodeterminación.

Su primer acuerdo fue aprobar el Decreto sobre la paz, donde la guerra imperialista se declaraba el mayor crimen contra la humanidad y se hacía una declaración dirigida a todos los países beligerantes y sus gobiernos sobre la decisión del Gobierno soviético de firmar inmediatamente la paz en condiciones justas y equitativas para todos los pueblos, una paz sin anexiones ni tributos. Al tiempo que se dirigía a los gobiernos y a los pueblos de todos los países beligerantes, el Congreso hacía un llamamiento a los obreros conscientes de las tres naciones más adelantadas de la Humanidad y de los tres Estados más importantes que toman parte en la actual guerra: Inglaterra, Francía y Alemania, instándoles a que ayudasen a llevar rápidamente a término la causa de la paz y con ella, la causa de la liberación de las masas trabajadoras y explotadas de toda esclavitud y de toda explotación.

Por el segundo decreto del Congreso, toda la tierra pasaba a manos del pueblo, sin indemnización alguna, aboliendo para siempre la propiedad de los terratenientes sobre la tierra, que pasaba a ser sustituida por la propiedad de todo el pueblo, del Estado. Esta ley se aprobó tomando como base un mandato campesino general, redactado con arreglo a los 242 mandatos locales formulados por los campesinos. Las tierras de los terrateníentes, de la familia imperial y de la Iglesia fueron entregadas en disfrute gratuito a todos los trabajadores.

Mediante este decreto, la Revolución entregaba a los campesinos más de 150 millones de hectáreas de tierra, que hasta entonces habían estado en manos de los terratenientes, de la burguesía, de la familia real, de los conventos y de la Iglesia. Los campesinos quedaban libres del deber de pagar las rentas a los terratenientes, rentas que ascendían a cerca de 500 millones de rublos de oro al año. Todas las riquezas del subsuelo (el petróleo, el carbón y los minerales, etc.), los bosques y las aguas pasaban también a ser propiedad del pueblo.

Fue elegido el Comité Ejecutivo Central de los Soviets de toda Rusia, órgano supremo del poder soviético entre los congresos de los Soviets, con funciones legislativas, directivas y de control. El 8 (21) de noviembre fue elegido Presidente del Comité Ejecutivo Central de los Soviets, equivalente al de Presidente de la República, el dirigente bolchevique Jakob Sverdlov.

El Congreso también formó el primer Gobierno soviético: el Consejo de Comisarios del Pueblo, encabezado por Lenin.

Los oportunistas emboscados en el Partido, Kamenev, Zinoviev, Rikov, Shliapnikov y otros, comenzaron a exigir la formación de un gobierno socialista homogéneo, con participación de los mencheviques y socialistas revolucionaríos, a quienes la Revolución acababa de derribar. El 15 de noviembre de 1917, el Comité Central del Partido aprobó una resolución, desechando todo compromiso con estos partidos contrarrevolucionarios y declarando a Kamenev y Zínoviev esquiroles de la revolución. El 17 de noviembre, Kamenev, Zinoviev, Rikov y Miliutin, desconformes con la política del Partido, declararon que dimitían sus puestos en el Comité Central. El mismo día 17 de noviembre, Noguin, en su nombre y en el de Rikov, Miliutin, Teodorovich, A. Shliapnikov, D. Riazanov, Yurenev y Larin, que habían entrado a formar parte del Consejo de Comisarios del Pueblo, formuló una declaración de desacuerdo con la política del Comité Central del Partido, anunciando que dimitían sus cargos en el Gobierno Soviético.

Su huida produjo alegría entre los enemigos de la Revolución. Toda la burguesía y sus lacayos se frotaban las manos de gusto, chillando acerca del derrumbamiento del bolchevismo y pronosticando el naufragio del Partido. Pero este puñado de desertores no consiguió hacer que el Partido vacilase ni un minuto. El Comité Central los cubrió con su desprecío, como a desertores de la Revolución y lacayos de la burguesía, sin detenerse un instante en su camino.

En cuanto a los socialistas revolucionarios de izquierda, deseando no perder su influencia entre las masas campesinas, que simpatizaban claramente con los bolcheviques, decidieron no romper con éstos y mantener, por el momento, el frente único con ellos. El Congreso de los Soviets campesinos, celebrado en noviembre, reconoció todas las conquistas de la Revolución Socialista de Octubre y los decretos del poder soviético. Se pactó un acuerdo con los socialistas revolucionarios de izquierda, algunos de los cuales (Kolegaiev, Spiridonova, Proshian y Steinberg) fueron incluidos en el Consejo de Comisarios del Pueblo. Pero este acuerdo sólo se mantuvo en pie hasta la firma de la paz de Brest-Litovsk y la constitución de los Comités de campesinos pobres; la profunda diferenciación de clases que se produjo entonces entre los campesinos, hizo que los socialistas revolucionarios de izquierda, cuya posición reflejaba cada vez más acentuadamente los intereses de los kulaks, desencadenaran una sublevación contra los bolcheviques, siendo aplastados por el poder Soviético.

Con la elección del nuevo Gobierno, terminó sus tareas el histórico II Congreso de los Soviets.

No en todas partes fue tan rápido el paso del poder a los Soviets. Si en Petrogrado la insurrección había triunfado rápidamente, en las calles de Muscú, donde la contrarrevolución aún disponía de considerables fuerzas de combate (academias militares, escuelas de oficiales y ciertas unidades regulares), se reñían todavía furiosos combates armados que duraron aún siete días. Antes de consentir que el poder pasase a manos del Soviet de Moscú, los partidos contrarrevolucionarios, unidos a los guardias blancos y a los kadetes, desencadenaron la lucha armada contra los obreros y los soldados.

En el propio Petrogrado y en sus inmediaciones, se hicieron, durante los primeros días del triunfo de la revolución, algunas tentativas contrarrevolucionarias para derrocar el poder soviético. El 10 de noviembre de 1917, Kerenski, que ya en plena insurrección había huido de Petrogrado a un sector del frente norte, concentró algunas unidades de cosacos y las envió sobre Petrogrado, con el general Krasnov a la cabeza. El 11 de noviembre de 1917, la organización contrarrevolucionaria Comité de salvación de la patria y de la revolución, dirigida por socialistas revolucionarios, desencadenó una sublevación de kadetes. Al anochecer, los marinos y guardias rojos liquidaron la sublevación y el 13 de noviembre era derrotado el general Krasnov cerca de las alturas de Pulkovo. Krasnov cayó prisionero y dió su palabra de honor de que no volvería a luchar contra el poder soviético. Se le puso en libertad bajo esta promesa pero, algún tiempo después, traicionó su palabra. Kerenski logró escaparse, disfrazado de mujer. También el general Dujonin intentó promover una sublevación en Moguilev, en el Cuartel General del ejército.

Los delegados del II Congreso de los soviets se diseminaron por el país, para difundir la noticia del triunfo de los Soviets en Petrogrado y asegurar la victoria del poder soviético en toda Rusia. Desde octubre de 1917 hasta enero-febrero de 1918, la revolución soviética logró extenderse por toda Rusia. Tan rápido fue el ritmo con que el poder soviético se fue instaurando a lo largo del territorio del inmenso país, que Lenin hablaba de su marcha triunfal. Pronto al Smolny comenzaron a llegar ininterrumpidamente telegramas con noticias de que en una ciudad tras otra de Rusia los obreros se adueñaban del poder.

La Revolución Socialista había triunfado. No fue causal que triunfara en primer lugar en Rusia, ya que, desde principios de siglo, los antagonismos sociales, políticos y nacionales habían alcanzado en él la máxima profundidad. La guerra imperialista acentuó aún más todas estas contradicciones. Entre las diversas causas que determinaron el triunfo tan relativamente fácil de la Revolución Socialista en Rusia, conviene destacar, como fundamentales, las siguientes:

La Revolución de Octubre se enfrentó con un enemigo relativamente frágil, mal organizado e inexperto políticamente, como la burguesía rusa, económicamente débil. No tenía ni la independencia política ni la iniciativa necesarias para encontrar una salida a la situación. No poseía esa experiencia en manipulaciones políticas en gran escala que posee, por ejemplo, la burguesía francesa, ni había pasado por la escuela de canalladas de gran estilo en que es maestra, por ejemplo, la burguesía inglesa. Al subir al poder, la burguesía rusa que, días antes de la Revolución de Febrero, se esforzaba en llegar a un acuerdo con el zar, continuó la política del aborrecido autócrata. Lo mismo que el zar, abogaba por la guerra hasta la victoria final, a pesar de que la guerra arruinaba y agotaba al país y dejaba exhaustas las energías del pueblo y del ejército. Defendía, lo mismo que el zar, la conservación de la propiedad de los terratenientes sobre la tierra, a pesar de que los campesinos perecían por falta de tierras y sucumbían bajo la opresión. En cuanto a la política seguida respecto a la clase obrera, la burguesía rusa iba todavía más allá que el zar, pues no sólo se esforzó en mantener y robustecer la explotación de los patronos, sino que, además, la hacía insoportable, mediante la aplicación de cierres de fábrica en masa.

A la cabeza de la Revolución de Octubre figuraba una clase revolucionaría como la clase obrera, templada en las luchas, que había pasado en poco tiempo por dos revoluciones y había sabido conquistar, en vísperas de la tercera revolución, la autoridad de dirigente del pueblo, en su lucha por la paz, por la tierra, por la libertad y por el socialismo. Si no hubiese existido este núcleo dirigente de la revolución, acreedor a la confianza del pueblo, que era la clase obrera, no se hubiese logrado tampoco la alianza entre los obreros y los campesinos, sin la cual no habría podido triunfar la Revolución de Octubre.

La clase obrera de Rusia contaba con un aliado tan importante en la revolución como eran los campesinos pobres, que formaban la aplastante mayoría de la población campesina. La experiencia de ocho meses de revolución, que valía por decenas de años de desarrollo normal, no había pasado en vano para las masas trabajadoras del campo. Durante estos meses, habían tenido ocasión de pulsar en la realidad a todos los partidos de Rusia y convencerse de que no eran los kadetes, ni los socialistas revolucionarios, ni los mencheviques los que pelearían contra los terratenientes ni derramarían su sangre por los campesinos; de que sólo había en Rusia un partido que no se hallaba vinculado con los terratenientes y que estaba dispuesto a aplastar a éstos para satisfacer las necesidades de los campesinos, y este partido era el Partido bolchevique. Esta circunstancia fue la que sirvió de base para la alianza del proletariado con los campesinos pobres. Sin esta alianza la Revolución de Octubre no hubiera podido vencer.

La clase obrera tenía a su cabeza un Partido experimentado en la lucha política. Sólo un partido como el bolchevique, era suficientemente intrépido para conducir al pueblo al asalto decisivo y suficientemente prudente para sortear todos los obstáculos que se alzaban en el camino hacia la meta; sólo un partido así podía fundir en un gran torrente revolucionario movimientos tan diversos como el movimiento democrático general por la paz, el movimiento democrático-campesino por la incautación de las tierras de los terratenientes, el movimiento de liberación nacional de los pueblos oprimidos por la igualdad de derechos de las naciones y el movimiento socialista de la clase obrera por el derrocamiento de la burguesía y la instauración de la dictadura del proletariado. Es indudable que la fusión de estas diversas corrientes revolucionarias en un poderoso torrente revolucionario único fue lo que decidió la suerte del capitalismo en Rusia.

La Revolución de Octubre estalló en un momento en que la guerra imperialista estaba aún en su apogeo, en que los principales Estados burgueses se hallaban divididos en dos campos enemigos, en que estos Estados, empeñados en una guerra de unos contra otros y debilitándose mutuamente, no podían inmiscuirse a fondo en los asuntos de Rusia, interviniendo activamente contra la Revolución. Esta circunstancia facilitó considerablemente el triunfo de la Revolución Socialista.

Los primeros momentos de la Revolución

Es indudable que, a su debido tiempo, el ataque ‘a lo Guardia Roja’ contra el capital fue dictado por las circunstancias [...] y los guardias rojos realizaron la obra histórica más noble y grande de liberar a los trabajadores y explotados del yugo de los explotadores (Lenin)

Lenin llamó a los primeros cuatro meses de existencia del Estado soviético (del 25 de octubre de 1917 a febrero de 1918) el período del ataque a lo Guardia Roja contra el capital. Aplastando la resistencia de la burguesía por métodos de ataque de caballería, el proletariado asaltaba sus posiciones clave en todas las esferas de la vida del país. La parte nacionalizada de la industria, de los bancos y del transporte constituyeron la base de la economía socialista nacional, del nuevo modo de producción. Dueño de las posiciones dominantes en la economía, el Gobierno soviético empezó a realizar sobre la marcha las tareas de reorganización económica y el trabajo cultural y educativo para la transformación socialista de la sociedad. Las medidas realizadas por el Estado soviético asestaron un golpe al dominio económico de la burguesía y conjuraron la catástrofe económica que se cernía sobre el país en vísperas de la Revolución de Octubre.

A diferencia de cualquier revolución burguesa, la revolución socialista es un proceso más complejo, prolongado y difícil. Las revoluciones burguesas terminan con la toma del poder, mientras que la revolución socialista sólo comienza con la conquista del poder. En 1848 Marx y Engels señalaban el Manifiesto del Partido Comunista que el proletariado se valdrá de su dominación política para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante, y para aumentar con la mayor rapidez posible la suma de las fuerzas productivas. La revolución socialista está llamada a terminar con todas las relaciones existentes económicas y político-sociales basadas en la explotación y opresión de las personas. Por tanto, después de conquistado el poder, a la clase obrera se la plantean las tareas de la transformación socialista de la economía y la creación de la base económica y técnica del socialismo.

La solución de estas tareas, enseñaron Marx y Engels, el proletariado debe comenzarla socializando los medios de producción y, en primer término, nacionalizando la gran producción capitalista. Paso a paso, despojando a la burguesía de los puestos de dirección en la economía, el proletariado los emplea para la transformación socialista de toda la economía. Esto no quiere decir que el proletariado deba nacionalizar la industria de un solo golpe, al día siguiente de la revolución. La transformación radical de la economía bajo principios socialistas es una labor extraordinariamente complicada. En los primeros tiempos, el proletariado carece aún de experiencia para dirigir la economía, no dispone de un aparato capaz de organizarla y, por si fuese poco, las clases explotadoras abatidas por la revolución le ofrecen la más encarnizada resistencia.

El proletariado de Rusia fue el primero en el mundo que se emancipó del yugo de los capitalistas y que empezó a abrirse paso hacia el socialismo, camino aún no explorado prácticamente nunca y por nadie.

El control obrero

En cuanto venció la insurrección armada en Petrogrado, pasaron a ser patrimonio del pueblo las empresas públicas pertenecientes al anterior Estado de los terratenientes y los capitalistas. Entre ellas estaban las grandes fábricas así como también gran parte de los ferrocarriles del país. Sin embargo, la mayoría de las fábricas, empresas y minas, propiedad de particulares y compañías, siguieron durante cierto tiempo en manos de la burguesía. El primer paso para nacionalizar la industria y crear la economía socialista fue la implantación en las empresas privadas del control obrero sobre la producción y distribución de productos. Era una medida para poner coto a los capitalistas que intentaban emplear su poder económico en la guerra contra el poder soviético. Hasta la Revolución, el control obrero fue un medio en la lucha de las masas por la dictadura del proletariado; después de que éste tomó el poder, sirvió de instrumento para preparar la expropiación de la burguesía y la reestructuración socialista de la industria.

En los primeros días de la Revolución de Octubre Lenin redactó el proyecto de decreto sobre el control obrero. Había que implantarlo en todas las empresas industriales, comerciales, bancarias, agropecuarias y de otro tipo, en las que el número de obreros no fuese menor de 5.000 trabajadores y cuya rotación de fondos no bajase de los 10.000 rublos anuales. Queda absolutamente prohibida -se decía en el proyecto-, la interrupción del trabajo de una empresa o industria [...] sin autorización de los representantes elegidos por los obreros y empleados. Este punto era de gran trascendencia, puesto que ponía en manos de los obreros un arma contra los patronos que cerraban sus empresas. Las decisiones de los órganos del control obrero eran obligatorias para los capitalistas. Los miembros de las comisiones de control, junto con los propietarios de fábricas y empresas, se hacían responsables ante el Estado del riguroso mantenimiento del orden, de la disciplina y de la conservación de los bienes.

El proyecto de ley llamaba a las masas a la acción revolucionaria. En sus conversaciones con los representantes obreros, Lenin dijo repetidamente que los propios obreros debían participar activamente en la producción. Lozhechnikuv, obrero de una fábrica metalúrgica de Petrogrado, refirió más tarde la visita a Lenin de una delegación obrera. Los obreros le pidieron que se les autorizara a emprender acciones resueltas contra la administración burguesa de la fábrica. Actuad revolucionariamente -respondió Lenin-. Para hacer la revolución no se necesita autorización.

No obstante, mencheviques y eseristas, y dentro del Partido los oportunistas, intentaron frustrar la aprobación del proyecto de ley. Pero el Comité Ejecutivo Central de los Soviets de toda Rusia aprobó el 14 de noviembre de 1917 la ley sobre el control obrero, que preveía la implantación del control obrero en todas las empresas donde hubiese asalariados. El control deberían realizarlo los propios obreros a través de sus organizaciones elegibles: los comités de fábrica y empresa y otros.

El control obrero, indicaba el decreto, es necesario para ir regulando sistemáticamente la economía. Los órganos de control estaban obligados a establecer una norma mínima de producción para las empresas, interesarse en el coste de la producción y comprobar el estado de sus finanzas. Queda abolido el secreto comercial. Los propietarios quedan obligados a presentar a los órganos de control obrero todos los libros y cuentas, decía el decreto. La ley incluía también puntos relacionados con los consejos locales de control obrero. En Petrogrado se instituyó el Consejo de Control Obrero de toda Rusia.

En manos de la clase obrera, el decreto se transformó en un medio para adueñarse de la industria, en un instrumento que además de aplastar el sabotaje contribuía a incorporar a los trabajadores a la formación de nuevas relaciones sociales. El decreto fue utilizado inmediatamente por los obreros de todas las ramas de la industria y de todas las zonas del país. Aplicar inmediatamente en todo el distrito y en la más amplia escala el decreto acerca de la organización del control obrero en la producción, acordó el 23 de noviembre la conferencia de organizaciones sociales de la fábrica Asha-Balashov. La reunión de los obreros metalúrgicos de Narva (Estonia) declaró que saludaba el decreto gubernamental para la implantación del control obrero, el cual concede a los obreros amplia libertad para luchar contra el sabotaje de los empresarios y conjurar la ruina económica.

La organización de la producción socialista

El decreto no sólo tenía en cuenta a la clase obrera como productora de valores materiales, sino también como organizadora de la producción. Los sindicatos y comités de fábrica tenían un papel decisivo en la realización del control obrero. Con la subida al poder de la clase obrera, sus tareas cambiaron radicalmente. De órganos de lucha contra el capital por mejorar económicamente la situación del proletariado, los sindicatos se transformaron en organizadores de la edificación de la nueva sociedad, se hicieron escuela de educación socialista de los trabajadores y de apoyo al Estado soviético. La finalidad de los sindicatos, como la de los órganos estatales, residía en atraer a las amplias masas trabajadoras a su participación activa en la organización y dirección de la producción.

En enero de 1918 se celebró en Petrogrado el I Congreso de los Sindicatos de toda Rusia que representó a más de 2.600.000 afiliados. En el país había muchos más sindicatos, pues en el Congreso no estaban representados los sindicatos de impresores ni varias organizaciones sindicales locales pequeñas porque los eseristas y mencheviques realizaban una política escisionista. Los grandes sindicatos agrupaban en sus filas a las masas fundamentales de obreros: el de los metalúrgicos a 600.000, el de textil a 500.000, el de la piel a 200.000 y 150.000 obreros el de la industria química. De los 416 delegados con derecho a voto que asistían al Congreso, 273, la mayoría, eran bolcheviques.

El Congreso de los Sindicatos aprobó una resolución de apoyo incondicional al nuevo poder soviético. El peso central del trabajo de los sindicatos en las nuevas condiciones, se decía en la resolución, debe ser trasladado a la reorganización económica. El Congreso acordó fusionar los comités de fábrica con los sindicatos, pasando los primeros a ser organizaciones sindicales de base en las empresas. Con esta medida quedó liquidado el paralelismo en la actividad de las organizaciones obreras y creció la influencia de los sindicatos entre los trabajadores.

Después del Congreso se celebraron en todo el país congresos sindicales que determinaron las tareas concretas de los obreros de cada rama de industria en la realización del control obrero. Estos congresos, por regla general, se convirtieron en una pelea cerrada entre los bolcheviques y los pequeñoburgueses. Los mencheviques y eseristas se esforzaban por separar a los sindicatos del Partido bolchevique y por desprestigiar la idea del control obrero. Los conciliadores defendían la idea del apoliticismo y del neutralismo de los sindicatos en la lucha del poder soviético contra sus enemigos. Intentaban contraponer los sindicatos al Estado soviético, separarlos de la actividad revolucionaria del proletariado en el terreno de la organización económica. La burguesía cifraba sus esperanzas en los elementos sindicales reformistas; imaginaba que éstos lograrían impedir que los obreros asumieran la dirección y organización de la producción.

El contrataque de la burguesía

El decreto sobre el control obrero provocó en la burguesía una explosión de rabia. Muchas uniones de empresarios se negaron a ceder a los representantes obreros el control de las fábricas. En noviembre y diciembre, las organizaciones burguesas más importantes de los Urales, Donbass y de las zonas centrales de Rusia se pronunciaron por la oposición activa al control obrero y por el desacato al decreto del Gobierno soviético. La asamblea de los capitalistas mineros de los Urales, por ejemplo, acordó que si se implantaba el control obrero las empresas cerrarían cesando sus transferencias de dinero y materiales. La sesión unificada de representantes de las organizaciones más importantes de los capitalistas de la cuenca del Donetz contestó al decreto con la resolución de parar todos los trabajos en minas, explotaciones a cielo abierto y fábricas y despedir a los obreros.

De la misma forma actuaron los capitalistas extranjeros que poseían empresas en Rusia. Los cónsules de Estados Unidos y Suecia se dirigieron en noviembre al Comité Militar Revolucionario de Moscú protestando contra la implantación del control obrero. Los capitalistas ingleses, propietarios de la fábrica mecánica moscovita de la firma White, Chil and Biney mandaron un telegrama desde Londres en el que rechazaban categóricamente las exigencias del control obrero.

Pero la cosa no se limitó a simples protestas. En Nijni-Novgorod, por ejemplo, los navieros incendiaron los depósitos de algodón de Kanavino, hundieron una barcaza cargada de hierro, ocultaron y robaron los materiales necesarios para la reparación de barcos, colocando en situación difícil a las empresas de la ciudad.

La burguesía estaba convencida que mediante cierres patronales y sabotajes obligaría a los obreros a desistir del control. Pero no fue así. Los obreros de las empresas cerradas por los capitalistas tomaron en sus manos el abastecimiento y financiación y organizaron su producción. La resistencia de los explotadores no hizo más que acelerar el proceso de su expropiación y organización de la producción sin y contra los capitalistas.

Los soviets, los comités de fábrica y los sindicatos asumieron la organización de la producción. El Sindicato Textil de la zona de Moscú, por ejemplo, tomó en sus manos la financiación provisional de las empresas y organizó la venta de su producción. Con lo recaudado se amortizaban los préstamos hechos por el sindicato. La fábrica de Niazepetrovsk (Urales) fue paralizada por los capitalistas ya antes de la Revolución de Octubre, pero los propios obreros encontraron los medios necesarios para financiar la fábrica. Mediante suscripciones entre las organizaciones obreras de las fábricas de los Urales y personas particulares, el soviet local de diputados obreros reunió 250.000 rublos, con los que se reanudó el trabajo en la fábrica. Para garantizar el pago de salarios a los obreros, los bolcheviques de Ekaterimburgo aprobaron a través del soviet una orden de entrega de la recaudación diaria a los bancos por los comerciantes. Los sindicatos de empleados de comercio e industria asumieron el control de la actividad de los comerciantes. En dos meses (de noviembre de 1917 a enero de 1918), las organizaciones obreras de Petrogrado distribuyeron entre las empresas de la ciudad más de un millón de puds de carbón y cerca de 400.000 puds de derivados del petróleo.

Las comisiones de control realizaron en fábricas y empresas un gran trabajo creativo, innovador, desplegando los obreros una enorme capacidad de iniciativa. Además de las medidas generales de control luchaban por reordenar el proceso normal de la producción y por aumentar la productividad del trabajo. En los órganos de control, los obreros crearon varias secciones que abarcaban toda la actividad de la empresa, desde la producción y finanzas hasta la venta de su producción. En la fábrica mecánica Odner de Petrogrado, la comisión de control organizó la fabricación y reparación de herramientas. Por iniciativa de la comisión de control de la fábrica de la compañía Singer, en Podolsk, la empresa comenzó la fabricación de ciertas piezas para las máquinas de coser que hasta entonces se importaban de Norteamérica. La comisión de control de la fábrica de Glujovo organizó brigadas de obreros de vanguardia para velar por la conservación de las mercancías. Cesaron los robos en la fábrica, y aunque en la actividad del control obrero hubo al principio descuidos y errores, sin embargo, paulatinamente, los obreros fueron adquiriendo hábitos cada vez mejores, no tardando en establecerse un control total sobre las empresas capitalistas.

Fue muy importante el papel de los órganos de control obrero organizando la desmilitarización de la industria. Fueron ellos los que realizaron la reconversión de las empresas a la producción civil. Aunque la I Guerra Mundial proseguía, el Gobierno soviético propugnaba la paz y comenzó a realizar el paso gradual de la industria de guerra a la producción de tiempos de paz. Era necesario para abastecer a los obreros y campesinos con productos de consumo masivo, restablecer el transporte, liquidar el paro y organizar el intercambio de mercancías entre la ciudad y el campo.

A comienzos de 1918, el control obrero de la producción y distribución había sido ya implantado en todo el país. A través suyo los obreros aprendieron a dirigir la producción. Organizando ésta, la clase obrera recuperó las fuerzas productivas del país.

La creación del Consejo Supremo de Economía Nacional

El Gobierno soviético nacionalizó la industria con tacto. Lenin explicó reiteradamente que en las condiciones del nuevo poder soviético era mucho más sencillo expropiar una fábrica a los capitalistas que organizar la dirección de la empresa.

Las organizaciones sociales obreras realizaron una gran labor reordenando el trabajo en las empresas. En la resolución de la VI Conferencia de comités de fábrica de Petrogrado, reunida en enero de 1918, se subrayaba que las fábricas y empresas que saboteaban las medidas del poder soviético, así como las que estaban bien adaptadas para la producción civil y pueden trabajar intensamente proporcionando al pueblo objetos domésticos, eran las primeras que debían pasar a ser patrimonio de la República. Pero en aquella situación de exacerbada lucha de clases, de complots y sabotajes, no siempre era posible apreciar desde todos los ángulos el estado de la empresa que debía ser nacionalizada. Como tampoco faltaban los errores de carácter local. Todo en el país era nuevo y desordenado, como en la obra que se levanta sobre las ruinas de un viejo edificio.

Los órganos de control obrero fueron para los trabajadores una escuela de dirección de la producción dentro de su empresa. Los consejos de economía popular se transformaron en sistema estatal general de dirección de la industria. Los órganos de control obrero crearon las premisas para desplegar el trabajo del Consejo Supremo de Economía Nacional (VSNJ por sus siglas en ruso) y de sus órganos locales.

A diferencia del capitalismo, que se desarrolla espontáneamente, la edificación del socialismo se efectúa planificadamente. El Estado soviético tenía que dirigir la economía. El 26 de octubre de 1917, en la Conferencia de trabajadores dirigentes de los sindicatos y del Consejo Central de los comités de fábrica reunida en el Smolny, Lenin planteó el problema de crear un órgano estatal que dirigiese toda la economía del país.

Cuando se discutió en el Comité Ejecutivo Central de los Soviets de toda Rusia la cuestión del VSNJ, los mencheviques y eseristas de izquierda exigieron que además de obreros se incluyese en la dirección a representantes de los capitalistas. Su punto de vista también estaban dispuestos a compartirlo Bujarin y algunos otros oportunistas entre los bolcheviques. Lenin criticó estas propuestas. En la sesión del Comité Ejecutivo Central de los Soviets de toda Rusia el 1 de diciembre dijo que el Consejo Superior de Economía Nacional no puede convertirse en un parlamento, sino que debe ser un órgano de lucha contra los capitalistas y terratenientes en la esfera de la economía, igual que lo es el Consejo de Comisarios del Pueblo en la esfera de la política. Este principio sirvió de base al decreto para la creación del VSNJ, aprobado por el Comité Ejecutivo Central de los Soviets de toda Rusia y el Consejo de Comisarios del Pueblo el 2 de diciembre de 1917. El decreto especificaba que el VSNJ unificaba la actividad de las organizaciones reguladoras centrales y locales, órganos de control obrero encabezados por el Consejo de Control Obrero de toda Rusia y orientaba la labor de las secciones de economía de los soviets locales. El presidente del VSNJ, que correspondió a Dzerzhinski, formaba parte del Consejo de Comisarios del Pueblo.

Lenin siguió atentamente los trabajos del VSNJ, luchando por convertirlo en un estado mayor combativo para la transformación socialista de la industria.

El Presidium del VSNJ estaba estrechamente relacionado con los Consejos Centrales de los sindicatos de metalúrgicos y textiles, los más importantes. Con la participación activa del Consejo Central de los comités de fábrica, el VSNJ redactó el reglamento acerca de los consejos de economía popular regionales y locales. Se crearon consejos de economía regionales en Petrogrado (zona norte), en Moscú (zona central industrial), Ekaterinburgo (zona de los Urales), Jarkov (zona sur), Saratov (cuenca del Volga), Smolensk (región occidental), Novo-Nikolaievsk, luego llamada Novosibirsk (zona occidental de Siberia).

En Petrogrado, el Consejo de Economía Zonal estaba estrechamente relacionado a través de sus secciones con las organizaciones obreras, con sus sindicatos y comités de fábrica. La Sección del Metal, por ejemplo, junto con los obreros metalúrgicos, calculaba el metal y combustible y distribución de los encargos entre las empresas. La Sección redactó también los primeros programas de producción para un grupo de empresas.

Los obreros de Petrogrado sintetizaron su experiencia en el libro Cómo construye el obrero la industria socialista.

Los comités de fábrica y los sindicatos fueron una verdadera escuela que hizo de los obreros organizadores locales de la producción. El sistema ramificado de consejos de economía armonizaba la democracia y la iniciativa creadora de las masas obreras con la dirección centralizada del Estado.

La expropiación de los expropiadores

Un punto importante del programa de las primeras transformaciones socialistas fue la nacionalización de la industria y, en primer término, de la gran industria. En noviembre de 1917 comenzó el proceso del paso de las empresas privadas a patrimonio del pueblo. La nacionalización se preparaba ya desde los primeros días de existencia del poder soviético, en primer lugar, de ramas de la industria tan sindicalizadas como la petrolera, azucarera y otras. Pero hasta la primavera de 1918, sólo pasaron a ser propiedad del Estado las empresas de los capitalistas saboteadores y aquellas que revestían particular importancia para el Estado soviético.

El Partido bolchevique se esforzaba por llevar a cabo las transformaciones revolucionarias con el mínimo de pérdidas para la producción y sin excluir la posibilidad de entablar conversaciones con los capitalistas para la creación de empresas mixtas estatales-privadas y su compensación parcial al nacionalizarse las empresas. Pero la burguesía obligó al proletariado a recurrir a medidas militares, a nacionalizar inmediatamente varias empresas por el método de la confiscación.

Muy a menudo, la iniciativa partía de los propios trabajadores. Los obreros eran quienes proponían al Gobierno soviético el paso de una u otra empresa a propiedad del Estado. La fábrica de Likino (provincia de Vladimir) fue una de las primeras nacionalizadas. Su propietario, A.Smirnov, antiguo miembro del gobierno provisional, ya anunció en septiembre de 1917 el despido de 4.000 obreros y cerró la fábrica. Los obreros no cobraban sus salarios desde agosto de 1917 y sus familias pasaban hambre. Después de discutir las propuestas del Soviet de Moscú y del Sindicato Textil acerca de la entrega de esta empresa a la República en propiedad, el Consejo de Comisarios del Pueblo promulgó un decreto el 15 de noviembre concretando los motivos por los cuales se confiscaban las fábricas y empresas saboteadoras. El decreto de la incautación de la fábrica de Likino sirvió de advertencia para otros capitalistas saboteadores. Pasó a ser patrimonio del Estado y aunque la caja de la fábrica estaba vacía y no había combustible, los obreros no se quedaron paralizados. En unos meses de trabajo sin propietario, no sólo pagó los salarios atrasados a los obreros, sino que obtuvo más de 10.000 rublos de beneficios. La experiencia de los obreros de esta fábrica interesó a los de otras empresas. Delegaciones de otras fábricas comenzaron a visitarla. Después de recorrer las dependencias fabriles y convencidos de que los trabajadores de la empresa podían prescindir del patrono, los delegados declaraban que en cuanto regresaran a sus respectivos lugares no tomarían en sus manos la administración de fábricas y empresas.

Fue especialmente fuerte el sabotaje en las empresas de los Urales. En señal de protesta contra el control obrero, la administración de la zona minera de Bogoslovsk cesó las transferencias de dinero para el pago de salarios a los obreros. Las empresas se fueron cerrando y los obreros se veían amenazados por el hambre. En vista de ello, enviaron a Petrogrado a sus delegados bolcheviques, el ajustador Mijail Andreiev y Alexei Kurlinin, presidente de la Unión Central de comités de fábrica de la zona de Bogoslovsk, ambos diputados del Soviet de Nadiezhdinskzs.

En nombre del proletariado de los Urales, estos representantes obreros prometieron al Consejo de Comisarios del Pueblo, y personalmente a Lenin, que si las empresas de la zona pasaban a propiedad de la República, los obreros aumentarían la productividad del trabajo, mantendrían el orden y la disciplina laboral, entregarían al Estado toda la producción de las fábricas de la zona y salvaguardarían los bienes del pueblo. En estos compromisos se revelaba la nueva actitud de los obreros respecto a las fábricas y al trabajo. Lenin prometió apoyar la solicitud de los obreros para nacionalizar los bienes de la sociedad anónima de la zona minera de Bogoslovsk. El 7 de diciembre, el Consejo de Comisarios del Pueblo aprobó un decreto por el que las fábricas de la zona de Bogoslovsk pasaban a ser propiedad de la República de los Soviets en vista de que el consejo de administración de la sociedad se negaba a acatar el decreto de control obrero.

El 8 de diciembre se discutió en la sesión del Consejo de Comisarios del Pueblo la nacionalización de las fábricas de la cuenca minera de Simskoe, planteada por P.Guzakov, presidente del soviet comarcal de Simskoe, enviado por los obreros al Consejo de Comisarios del Pueblo. Por decisión de este último, el 9 de diciembre fueron confiscadas las fábricas. Cuando los obreros supieron la resolución del Gobierno soviético saludaron calurosamente en sus reuniones el paso de las fábricas a propiedad del Estado prometiendo al Consejo de Comisarios del Pueblo que sus empresas trabajarían mejor que con los capitalistas.

Después de entrevistarse con los delegados de los obrerosde los Urales, Lenin propuso a Dzerzhinski preparar conjuntamente con el comisario del Pueblo de Comercio e Industria una propuesta acerca de la confiscación de todas las empresas de los Urales y la detención de los organizadores del sabotaje en la industria. A finales de diciembre se aprobaron los decretos para la confiscación de los bienes de las sociedades anónimas Sergo-Ufaleiskaya, Kishtim y Neviansk. Pasó a disposición del Estado soviético una potente base industrial y de materias primas. En junio de 1918 había sido nacionalizado ya el 85 por ciento de toda la industria de los Urales.

La inmensa mayoría de las empresas de las zonas de los Urales, Petrogrado, Central Industrial y de Ucrania nacionalizadas hasta la primavera de 1918 eran de la industria pesada: extracción, siderúrgica y, ante todo, de transformación de metales. Las empresas de la industria ligera nacionalizadas en este período pertenecían, fundamentalmente, a las zonas de Moscú y Petrogrado.

En otras zonas del país, incluidos los territorios de la periferia de población rusa, los órganos de poder soviético, venciendo el sabotaje de los capitalistas, nacionalizaban también las empresas. A comienzos de 1918 se habían nacionalizado muchas fábricas en Bielorrusia, Letonia y Estonia. En marzo de 1918, el Consejo de Comisarios del Pueblo del Turquestán declaró propiedad estatal las empresas de las industrias del algodón, e hidrocarburos.

Los enemigos de la Revolución se aprovechaban de este desbarajuste y de las dificultades de la época revolucionaria para derrocar al poder soviético. Afirmaban que con las medidas de lucha contra el capital utilizadas a la sazón -confiscación, nacionalización y aplastamiento de la resistencia de la burguesía- los obreros acababan definitivamente con la industria. Replicando a los que gritaban acerca del derrumbe y la decadencia, Lenin dijo que el revuelo y la falta de organización eran el estado que corresponde al paso de lo viejo a lo nuevo, el que corresponde al crecimiento de esto nuevo.

Asalto al capital financiero

Desde un principio el Partido bolchevique tuvo presente el error de la Comuna de París que dejó el Banco de Francia en manos de la burguesía. Por ello, a la vez que nacionalizaba las empresas industriales más importantes, descargó también un golpe demoledor sobre el sistema bancario, otra posición clave burguesa en la economía.

Los bancos y el sistema de circulación monetaria y crédito estrechamente vinculado a ellos, tenían una importancia primordial para todas las ramas de la economía. Del trabajo ininterrumpido de los bancos dependía mucho el que pudiesen realizarse las medidas del Gobierno soviético en la vida económica. La influencia de los bancos se extendía a ramas enteras de la industria. Servían también como instrumento de dominio en la economía de Rusia por parte de los capitalistas extranjeros: ingleses, franceses, norteamericanos, alemanes y otros. Por datos del 1 de enero de 1917, los capitalistas extranjeros poseían el 47 por ciento de los capitales básicos en ocho de los bancos más importantes de Rusia.

El Banco del Estado era el centro del sistema bancario. El sabotaje contrarrevolucionario de los funcionarios de esta entidad era particularmente peligroso para el poder soviético. Los administradores del Banco del Estado financiaban las organizaciones contrarrevolucionarias y se negaban a entregar dinero para cubrir las necesidades del Gobierno soviético, pagar salarios a los obreros y abastecer al Ejército Rojo. Para transformar los bancos, el dinero y el crédito en instrumento para la edificación del socialismo, el Gobierno soviético adoptó medidas que ponían coto al sabotaje de los funcionarios del Banco del Estado. El 8 de noviembre, el Banco fue rodeado por destacamentos de guardias rojos, entrando en él los representantes del poder soviético. El Comisario del Pueblo V. Menjinski, en virtud de la orden del Ministerio de Hacienda de 11 de noviembre, propuso a los empleados del Banco reconocer el poder soviético. En caso de negativa, decía la orden, serían despedidos sin derecho a jubilación y desahuciados de las viviendas estatales que ocupaban. Este mismo día, por orden del Consejo de Comisarios del Pueblo firmada por Lenin, los saboteadores del Ministerio de Hacienda y del Banco del Estado fueron despedidos y algunos de ellos detenidos.

Las organizaciones del Partido y los sindicatos de Petrogrado destinaron al Banco del Estado a trabajadores fieles a la revolución. También se envió a trabajar a esta entidad a los especialistas bancarios que se encontraban en el Ejército Rojo. Las distintas secciones del Banco, por regla general, las encabezaron los bolcheviques.

El 17 de noviembre, el Consejo de Comisarios del Pueblo recibió del Banco del Estado cinco millones de rublos, suma que constituyó el primer presupuesto estatal de la República Soviética.

Con la incautación del Banco del Estado, facultado para la emisión de cartas de crédito y que surtía de papel moneda a todos los bancos del país, el Gobierno soviético puso bajo su control financiero a los bancos particulares.

Para desorganizar la vida económica de la República, la banca privada cerró las cuentas corrientes desde los primeros días de la revolución. Los comités de fábrica y las administraciones empresariales no recibían dinero para el pago de salarios y otros gastos urgentes. Cuando el Gobierno soviético advirtió que si continuaba el sabotaje, los directores y miembros del consejo de administración de los bancos serían detenidos, las entidades bancarias, aunque con intermitencias, comenzaron los pagos de dinero. En aquella época, los bancos no recibían ingresos y sus cajas quedaron pronto vacías. Los banqueros no tardaron en pedir al Gobierno soviético que les concedieran empréstitos del Banco del Estado, propiedad del pueblo triunfante. Los bancos particulares se vieron obligados a concluir un acuerdo con el Banco del Estado, el cual les entregaba un empréstito determinado a condición de que le presentaran diariamente datos del arqueo de caja.

Sin embargo, los banqueros incumplieron este acuerdo. Ocultando al poder soviético sus ganancias, la banca privada mantenía a los saboteadores, financiaba los motines y complots antisoviéticos y ayudaba a los especuladores. No tardaron los órganos estatales soviéticos en conocer que el comité de bancos accionistas había decidido crear la alianza de bancos rusos para emitir dinero falso en billetes por valor de 1.000 millones de rublos oro. Los banqueros conspiradores recurrieron también a otras maquinaciones: pagaban grandes sumas en cheques viejos anulados. Los obreros de la banca que simpatizaban con el poder soviético ayudaron a descubrir esta maquinación. Pero entre los empleados de banca surgieron hombres -dijo más tarde Lenin-, que sienten como suyos los intereses del pueblo y nos dijeron: ‘Les engañan, apresúrense a cortar su actividad criminal, orientada directamente a perjudicarles’. Y nos apresuramos.

Al amanecer del 14 de diciembre, desde las barrios obreros de Petrogrado y del Smolny, los destacamentos de guardias rojos se dirigieron a los bancos. Al mediodía, toda la operación había concluido, los bancos fueron ocupados por obreros y marinos armados. Con un golpe relámpago, el poder soviético liquidó el complot de los banqueros, deteniendo a sus cabecillas. Unas horas más tarde, y a pesar de la resistencia de los testaferros bancarios, los comisarios del poder soviético tenían en sus manos las llaves de las cajas y de los depósitos. Así, con métodos a lo Guardia Roja, el poder soviético se hizo con los bancos. El sabotaje de los banqueros aceleró la nacionalización de la banca.

El mismo día, por la tarde, el Comité Ejecutivo Central de los Soviets de toda Rusia aprobó el decreto de nacionalización de los bancos. La función bancaria se proclamó monopolio del Estado. Todos los bancos particulares fueron unificados en el Banco del Estado. Se aprobó también un decreto para la revisión de las cajas fuertes en los bancos privados: el oro se confiscó y el dinero pasó a la cuenta corriente del Banco del Estado.

Después de Petrogrado y por disposición de los órganos locales de poder soviético, los destacamentos de guardias rojos ocuparon las entidades bancarias en otras ciudades del país. El poder omnímodo de los bancos fue eliminado. Las sumas colosales confiscadas por el poder soviético a los bancos pasaron a financiar la edificación socialista.

La nacionalización de la banca puso fin a la dependencia de Rusia del capital extranjero, socavó la potencia económica de la contrarrevolución y facilitó continuar con la nacionalización de la industria.

Los decretos del Gobierno soviético por los que se anulaban los empréstitos estatales y se nacionalizaba el comercio exterior, fueron un paso trascendental para asegurar la independencia económica del país.

El decreto del Comité Ejecutivo Central de los Soviets de toda Rusia, aprobado el 21 de enero de 1918, decía que todos los empréstitos estatales concertados por los gobiernos de los terratenientes y de la burguesía de Rusia quedaban anulados. Desde aquel momento, los trabajadores de la Rusia soviética quedaron eximidos de pagar tributo a los banqueros de París y Londres, de Berlín y Nueva York y de otros centros capitalistas del mundo. La protesta de los Estados imperialistas por la anulación de los empréstitos fue rechazada por el Gobierno soviético.

El monopolio del comercio exterior

El Gobierno soviético se hizo también cargo de todo el comercio exterior. Un decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo del 22 de abril de 1918 estipulaba que toda clase de contratos comerciales con el extranjero para importación y exportación no podían realizarlos más que los órganos estatales soviéticos.

No menos importante fue la incautación por el Estado del transporte ferroviario y marítimo. Los dos tercios de los ferrocarriles de Rusia pertenecían al Estado, razón por la que una vez instaurado el poder soviético, estos ferrocarriles pasaron inmediatamente a ser patrimonio de todo el pueblo. La nacionalización de los ferrocarriles particulares fue realizada en septiembre de 1918. El transporte marítimo de propiedad privada pasó a ser patrimonio de todo el pueblo en los primeros meses después de la revolución.

Para desarrollar los vínculos comerciales entre la ciudad y el campo y poder organizar adecuadamente el abastecimiento de la población urbana con productos agropecuarios y el de la población rural con artículos industriales y maquinaria, el Gobierno soviético implantó el monopolio estatal de las máquinas y aperos agrícolas, de los tejidos, requisó todos los almacenes de telas y los hizo propiedad del Estado.

Así, paso a paso, el proletariado fue encarrilando la economía por la vía del desarrollo socialista.

Después de conquistar el poder político y de realizar las primeras transformaciones en la economía del país, cambió cardinalmente la situación de la clase obrera en la sociedad y en la producción. De clase explotada, privada de medios de producción, la clase obrera de Rusia se hizo clase dirigente de la economía social. Por primera vez, después de siglos trabajando para los demás, bajo el yugo, para los explotadores -dijo Lenin- existe la posibilidad de trabajar para sí mismo y de trabajar beneficiándose de todas las conquistas de la cultura y de la técnica más moderna.

Desde los primeros días de la Revolución de Octubre, el Gobierno soviético fue aplicando medidas orientadas a mejorar la vida de la clase obrera. El 29 de octubre se aprobó el decreto de la jornada laboral diaria de 8 horas y semana de trabajo de 48 horas. Se estableció para los adolescentes la jornada laboral de seis horas. El decreto prohibía utilizar a éstos y a las mujeres en el turno de noche, así como en trabajos subterráneos y las horas extraordinarias. El decreto del Comité Ejecutivo Central de los Soviets de toda Rusia de 11 de diciembre sobre el seguro de enfermedad desempeñó un gran papel en la mejora de las condiciones de trabajo. Su vigencia se extendía a todas las personas, sin distinción de sexo, edad, creencia religiosa, nacionalidad y raza que trabajaban a salario en todas las ramas laborales. El decreto preveía la unificación de las cajas de seguro de enfermedad, eximiéndose a los obreros del pago de cuotas a ellas. La asistencia médica a los trabajadores pasaba a ser gratuita y en caso de enfermedad tenían derecho a un subsidio. A la mujer trabajadora se le concedían vacaciones pagadas ocho semanas antes y ocho después de dar a luz.

Los mejores edificios, antes pertenecientes a los ricos, el Gobierno soviético los puso a disposición de los obreros para utilizarlos como casas de descanso, sanatorios, clubs, casas-cuna, guarderías infantiles y bibliotecas. Las personas no ocupadas en la producción no recibían cartillas de racionamiento. El poder soviético hizo ley del principio el que no trabaja no come. La incorporación forzosa al trabajo de los parásitos sociales fue uno de los primeros pasos para la implantación del trabajo general obligatorio.

La revolución en el campo

Tras la ciudad, la tormenta revolucionaria se puso en movimiento también en el campo. Tuvo que resolver sobre la marcha las tareas que no había logrado culminar la revolución democrático-burguesa de febrero de 1917. El decreto sobre la tierra aprobado por el II Congreso de los Soviets fortaleció la alianza revolucionaria de la clase obrera con el campesinado pobre y terminó para siempre en el país con la propiedad terrateniente, bochornoso vestigio del medievo. El campesinado se liberó de la explotación servil y del yugo de los latifundistas parásitos.

Debido a la encarnizada resistencia de los kulaks (1), los obreros y campesinos tuvieron que recurrir a la violencia. Engels había expresado la esperanza de que la expropiación de los terratenientes se pudiese llevar a cabo sin recurrir a la fuerza. En Rusia -decía Lenin-, a causa de las peculiaridades de la situación creada, esta suposición no se ha justificado: hemos estado, estamos y estaremos en guerra civil abierta contra los kulaks. Esto es inevitable.

En el primer año de la revolución socialista, aliada al campesinado, la clase obrera sentó los cimientos para la edificación de la nueva sociedad socialista. La aplicación de la reforma agraria fue un fenómeno sin precedentes en la historia universal. Millones de campesinos sin tierra la recibieron gratuitamente de manos del proletariado, así como aperos agrícolas y ganado. Produjo un transvase de fondos nunca visto. Un colosal fondo de tierras (152 millones de hectáreas), antes propiedad de terratenientes, de la familia zarista y monasterios, pasó a propiedad de los jornaleros y campesinos.

Tan sólo en la región europea de Rusia, el campesinado recibió 100 millones de hectáreas de tierras de los antiguos terratenientes, comerciantes y del patrimonio del Estado. Además, se eximió al campesino trabajador del pago de las rentas y alquileres a los terratenientes así como de los gastos de compra de tierras por una suma superior a 700 millones de rublos oro. La deuda rural al Banco Agrario y Campesino, que el 1 de enero de 1914 ascendía a más de 1.300 millones de rublos, quedó anulada. El campesinado recibió bienes de los terratenientes valorados en 300 millones de rublos emancipándose así de su yugo.

El reparto de la tierra cambió el aspecto económico y social del campo. En vísperas de octubre de 1917, el censo de la población rural arrojaba un 65 por ciento de campesinos pobres, el 20 por ciento de campesinos medios y el 15 por ciento de kulaks. Como resultado de las transformaciones revolucionarias llevadas a cabo por el proletariado, a finales de 1918, en un año, el peso relativo de los campesinos pobres en el censo de población rural se redujo hasta el 35 por ciento, el del campesino medio ascendió hasta el 60 por ciento, quedando reducidos los kulaks sólo al 5 por ciento.

El campesino medio se transformó en la figura central en el campo. El poderío económico y político de los kulaks fue quebrantado seriamente. En este país campesino -dijo Lenin-, han sido los campesinos en general los primeros en salir favorecidos, los que más han ganado y los que de golpe han gozado los beneficios de la dictadura del proletariado... Bajo la dictadura del proletariado, el campesino por primera vez trabaja para sí y se alimenta mejor que el habitante de la ciudad. El campesino ha visto por primera vez la libertad de hecho: la libertad de comer su propio pan, la libertad de no pasar hambre.

La Revolución de Octubre liquidó las reminiscencias de las relaciones de servidumbre, de las que formaba parte la propiedad agraria terrateniente.

En la liquidación de los latifundios estaban interesados todos los campesinos, pero no con los mismos fines. Esta lucha, dijo Lenin, unió a los campesinos trabajadores pobres, que no viven de la explotación del trabajo ajeno. Esta lucha unió también a la parte más acomodada e incluso más rica del campesinado, que no puede pasarse sin el trabajo asalariado. Los jornaleros pobres esperaban recibir la tierra y salvarse así del hambre; los kulaks, en cambio, pensaban engrosar sus posesiones a costa de las tierras de los terratenientes.

La confiscación de fincas fue el primer paso en la actividad de los soviets comarcales y de aldea creados en la primera mitad de 1918. En febrero de ese mismo año se confiscaron el 75 por ciento de los latifundios, haciendo lo mismo con el resto durante la primavera y el verano de 1918.

Los comités rurales

El trabajo práctico para liquidar los latifundios se encomendó a los comités rurales y a los soviets comarcales de campesinos. Sin embargo, los comités agrarios creados antes de la revolución y compuestos en su gran mayoría por representantes de los partidos pequeñoburgueses, frenaban la aplicación del decreto sobre la tierra y enviaron telegramas incitando a no acatarlo.

No obstante, una parte considerable de los comités agrarios locales, dirigida por los eseristas de derecha, saboteó la ejecución del decreto. A pesar de ello, muchos soviets comarcales emprendieron la confiscación de las propiedades agrarias de los terratenientes. El 13 de diciembre de 1917, el Gobierno soviético publicó el nuevo Reglamento acerca de los comités agrarios. No quiso prescindir de ellos. Sin embargo, era necesario renovar su composición sobre la base del sufragio universal, directo y secreto. En los comités agrarios debían entrar representantes de los soviets. A pesar de la resistencia de los eseristas, los campesinos reeligieron nuevos comités agrarios locales y, a menudo, incluso los liquidaban totalmente, creando en su lugar secciones agrarias anexas a los soviets.

Hasta la creación masiva de soviets comarcales era frecuente el asalto a las fincas de los terratenientes, especialmente a finales de 1917 en las provincias de la zona de tierras Negras, donde los eseristas tenían mucha influencia. Los promotores de estos actos, acompañados del saqueo y destrozo de los bienes y aperos agrícolas, eran kulaks, por regla general. A medida que el poder soviético se iba afianzando en el campo, la confiscación de los latifundios adquiría un carácter cada vez más organizado.

El Gobierno soviético se esforzó por conservar los bienes de las fincas. Contestando al presidente del soviet de Ostrogozhsk, en la provincia de Voronezh, que preguntaba qué hacer con los valores confiscados durante la liquidación de las fincas de los terratenientes, Lenin telegrafió: Hagan un inventario exacto de los valores y guárdenlos en un sitio protegido, usted responde de su salvaguarda. Las fincas son patrimonio del pueblo. Entregue a los tribunales a los que las saqueen. Dénos a conocer las condenas del tribunal.

La Guardia Roja, formada en los soviets comarcales con soldados desmovilizados, desempeñó un gran papel en la lucha contra los asaltos y robos de las fincas de los terratenientes. Se constituyeron destacamentos armados en muchos comarcas. La Guardia Roja rural, junto con la Guardia Roja de las ciudades, fue la fuerza armada con cuyo apoyo los soviets pusieron fin al asalto de las fincas y recuperaron lo saqueado.

En varias regiones, los campesinos no supieron ejecutar el decreto y enviaban sus delegados al Smolny para que el propio Lenin les hablara del nuevo poder, de cómo incautar los campos a los terratenientes.

Recuerdo perfectamente -contaba N. Gorbunov, que trabajó de secretario del Consejo de Comisarios del Pueblo-, la postura característica de Vladimir Ilich, sentado tan cerca del campesino que sus rodillas se tocaban, sonriéndole cariñoso, un tanto inclinado hacia adelante, escuchándole y preguntándole atento, sonsacándole, dándole indicaciones...

Después de hablar con Lenin, el campesino decía entusiasmado:

— ¡Esto sí que es un poder! ¡Este sí que es el nuestro, el auténtico poder campesino!

Lenin explicaba a los campesinos que ellos mismos debían tomar el poder en las distintas localidades, que las tierras de los terratenientes pasaban a disposición de los soviets campesinos y que era necesario llevar el más riguroso inventario de ellas, que los bienes de los terratenientes eran patrimonio de todo el pueblo y, por tanto, debían ser protegidas por el propio pueblo.

A fin de esclarecer el decreto sobre la tierra y de llevarlo a cabo, el Comité Ejecutivo Central de los Soviets envió al campo a muchos agitadores: obreros, soldados y marineros. Los campesinos recibieron entusiasmados los decretos del poder soviético. Este decreto —escribieron los campesinos del distrito Serdobsk en la provincia de Saratov-, lo consideramos como un decreto sagrado que libera al pueblo trabajador del duro yugo secular. Los autores de este decreto son merecedores de honor y gloria, del más profundo y sincero agradecimiento del campesinado trabajador.

La socialización de la tierra

Los soviets y comités agrarios hacían el inventario de las fincas de los terratenientes y el recuento de las tierras, tras lo cual, ésta pasaba a disposición del comité agrario o del soviet. Por ejemplo, en Tsitvá, cerca de Minsk (Bielorrusia), en diciembre de 1917 la asamblea comarcal de campesinos ordenó confiscar una gran finca del terrateniente Yanishevski. En la comisión inventarial elegida por los campesinos entraron el soldado desmovilizado J. Rogatko y los campesinos pobres K. Kontsavenko y M. Rogatko. Junto con los braceros de la finca, que eran más de veinte, la comisión inventarió todos los bienes del terrateniente y organizó su protección. Una parte de los productos alimenticios y del ganado se distribuyeron entre los campesinos pobres, pasando los bienes restantes a disposición del comité agrario comarcal.

El ganado y aperos agrícolas requisados a los terratenientes se entregaban gratuitamente o a bajo precio a los campesinos pobres y, en primer lugar, a las familias de las viudas cuyos maridos habían muerto en el frente. Si el campesino pobre no podía aportar todo el dinero de una vez, se le daba una prórroga de dos años.

La ley de socialización de la tierra de enero de 1918 fue un paso adelante en la aplicación del decreto sobre la tierra. Confirmó abolición de la propiedad privada del suelo y se indicaban los principios para la distribución de la tierra en las aldeas. La ley concedía a las haciendas colectivas -a las comunas y arteles- un derecho preferencial, comparadas con las economías individuales, en la utilización de la tierra y coadyuvaba al desarrollo de las haciendas colectivas en la agricultura.

Pero entonces había pocas haciendas colectivas. Faltaba experiencia y ejemplos concretos que demostrasen su conveniencia. Tampoco se daban las condiciones necesarias para pasar a la colectivización en masa y, ante todo, no había base industrial para equipar las haciendas colectivas con maquinaria. Las ventajas del laboreo colectivo de la tierra sólo las comprendía entonces una parte insignificante de los campesinos, la mayoría de los cuales exigía que se distribuyera la tierra por igual. Este principio fue el que se estableció por ley. El Partido bolchevique optó por la distribución igualitaria a pesar de que ésta no podía evitar la diferenciación del campesinado en campesinos pobres y en burguesía rural, aparte de que esta diferenciación en capas entrañaba la desigualdad económica.

El Partido bolchevique consideró entonces que, con el tiempo, los campesinos se convencerían por sí mismos de la inconveniencia del reparto igualitario y que inevitablemente llegarían a aceptar la necesidad del laboreo colectivo de la tierra.

La ley de socialización de la tierra permitía usufructuarla a los campesinos que la cultivasen con su propio trabajo. En primer lugar, se concedía tierra a los campesinos que carecían de ella y a los jornaleros agrícolas. La ley reforzó la alianza de la clase obrera con los campesinos pobres y aseguró que el campesino medio se pusiese del lado del proletariado.

La lucha de clases en el campo

Las asambleas campesinas en las que se resolvía el reparto de la tierra se transformaban en encarnizados choques de clase. En las aldeas los campesinos pobres y los kulaks llegaban a las manos.

Los kulaks propugnaban que no se repartiese toda la tierra, sino simplemente la de los terratenientes, y que las normas de entrega de tierra a los campesinos dependiesen directamente de la cantidad de aperos y ganado que éstos tuviesen. En algunas asambleas los kulaks declararon que como los campesinos pobres no tenían con qué trabajar la tierra no se les entregase nada. Si se hubiesen aceptado estas condiciones, los kulaks ricos no sólo habrían podido conservar toda su tierra, sino que se hubieran agregado nuevas parcelas. Los campesinos pobres se negaban a esa distribución y exigían que la tierra se repartiese por bocas. El V Congreso de campesinos del distrito de Usman de la provincia de Tambov celebrado del 16 al 17 de febrero obligó a los soviets comarcales a que se prepararan a distribuir toda la tierra según el número de miembros de la familia. Todos los que tengan más tierras de la norma stablecida -se decía en la disposición de este Congreso-, se les confiscarán los sobrantes.

Estas resoluciones estaban encauzadas a socavar el poderío económico de los kulaks.

En el campo las clases sociales se descomponían en kulaks, campesinado medio trabajador y campesinos pobres. Estas tres capas campesinas en el campo, condicionaban la lucha en tres direcciones: capitalista, pequeño burguesa y comunista.

El Partido bolchevique apoyaba a los campesinos pobres. En un discurso pronunciado en los últimos días de enero de 1918 ante los obreros agitadores enviados al campo, Lenin les dijo: Hay que ayudar a los campesinos pobres no de una manera libresca, sino con la experiencia, con la propia lucha. Hemos arrancado la tierra a los terratenientes no para que vaya a parar a manos de los ricachones y de los kulaks... Explicad en el campo que es necesario reducir a los kulaks y a los parásitos.

En las provincias donde no existían terratenientes y la masa fundamental de la tierra se encontraba en manos de los kulaks, éstos se resistieron ferozmente al reparto, y tuvieron éxito: pocos fueron los repartos de la tierra de los kulaks registrados en la primavera de 1918 porque entonces había muchos soviets de aldea y comarcales en los que el papel preponderante lo seguían desempeñando los campesinos acomodados.

En la mayoría de las regiones, el reparto sólo incluía las tierras de los latifundistas que, como regla, se distribuían por bocas. Este principio adquirió carácter de ley en abril de 1918. A cada individuo de la población rural, según las zonas, no le correspondía una cantidad igual de los campos de los terratenientes: en unos casos, 1'5 hectáreas por boca y, en otros, menos de una hectárea.

En mayo de 1918, de 1.213 comarcas de 18 provincias donde la propiedad terrateniente era dominante, la tierra había sido distribuida de la forma siguiente: en 597 comarcas se repartió por personas, en 163 entre los campesinos que tenían poca tierra o ninguna, en 69 con arreglo a la norma de trabajo y en 34 entre todos los campesinos por el principio de según lo que cada uno pueda sembrar. Por consiguiente, en el 92 por ciento del número indicado de comarcas, la distribución de la tierra se hizo en beneficio de los campesinos pobres. No obstante, en la primavera de 1918, aproximadamente el 35 por ciento de los comarcas, por unas u otras causas, aún no habían empezado a distribuir las tierras de los latifundistas.

La mano huesuda del hambre

A medida que la revolución progresaba en el campo, la contrarrevolución kulak adquirió mayor envergadura. El golpe más duro lo asestaron en el frente de las subsistencias. Derrotada en campo abierto, la burguesía resolvió estrangular a la República Soviética con la huesuda mano del hambre, obligando a los obreros y a los campesinos trabajadores a renunciar a las conquistas de la revolución socialista: La burguesía y todos los ricos -dijo Lenin- libran la lucha final, la lucha decisiva contra el dominio de los trabajadores, contra el Estado de los obreros, contra el poder soviético, en el problema más importante y grave: el de los cereales.

Los kulaks y eseristas acaparaban el grano y no reconocían el monopolio estatal sobre la venta de trigo proclamado por el III Congreso de los Soviets en el decreto de socialización de la tierra. Los elementos contrarrevolucionarios en los organismos de abastos anularon los precios tasados del trigo y estimulaban la especulación. En la comarca de Kiknur del distrito Urzhum, en la provincia de Viatka, se fijaron estas normas: 5 libras de cereal diarias por cada trabajador, un pud (2) al día por caballo, 9 puds por vaca y 30 libras (400 gramos diarios) por gallina al mes. Esto sucedía mientras los obreros de Petrogrado y Moscú recibían de 50 a 100 gramos diarios de pan y los obreros de otros centros industriales del país también pasaban hambre.

Hasta marzo de 1918, el granero del Kubán no había nviado a las ciudades ni un solo pud de trigo, mientras que los pequeños especuladores se llevaron a sacos no menos de dos millones de puds. La situación alimenticia se agravó aún más cuando en abril de 1918 las tropas alemanas ocuparon Ucrania, donde los excedentes de cereales ascendían a 510 millones de puds. Con la pérdida de Ucrania -dijo Lenin-, en el país no queda más que el trigo preciso para no perecer de hambre.

Los acopios de productos seguían reduciéndose catastróficamente. En enero de 1918, las remesas de trigo a Moscú y Petrogrado se cumplieron en un 7’1 por ciento en febrero en un 16 por ciento, en abril en un 6’1 por ciento y en mayo solamente alcanzaron un 5’7 por ciento. A comienzos de mayo a la población de Petrogrado se le racionaron la harina de patata y el pan seco, los últimos restos de productos. El 9 de mayo se envió a todos los soviets provinciales, comités de abastos y al Comisario del Pueblo de Vías de Comunicación esta orden firmada por Lenin: Petrogrado atraviesa una situación catastrófica inusitada, no hay pan... La capital roja está a punto de perecer de hambre. La contrarrevolución levanta la cabeza encauzando el descontento de las masas hambrientas contra el poder soviético... En nombre de la República Socialista Soviética exijo ayudar inmediatamente a Petrogrado.

Los obreros de las ciudades industriales pasaban varios días sin recibir pan. Decenas de miles de obreros y campesinos pobres pasaban hambre. Se multiplicaban los casos de muerte por hambre y se extendían las enfermedades epidémicas. El tifus, el cólera y la gripe segaban miles de vidas humanas. En febrero y marzo, las zonas consumidoras del país recibieron solamente el 12’3 por ciento del trigo que se les había planificado y en abril, la mitad menos que en febrero y marzo. Los kulaks preferían dejar pudrir el trigo, utilizarlo para destilar alcohol y elevar desmesuradamente los precios. Los obreros hambrientos abandonaban las ciudades y marchaban al campo en busca de alimentos. El verano de 1918 salieron de Moscú y Petrogrado, diseminándose por las aldeas en busca de harina y trabajo, cientos de miles de obreros. Las empresas industriales quedaban inactivas. Sólo en Petrogrado cerraron sus puertas en abril de 1918, 265 empresas, de las 799 inspeccionadas. El número de obreros en la gran industria se redujo en más de la mitad. Los obreros que quedaban soportaron con firmeza sin par la tortura del hambre, esforzándose a toda costa por seguir manteniendo la producción. Muy a menudo -contaba un obrero petrogradense-, se dan casos en que los obreros, agotados y hambrientos, trabajan hasta caer desfallecidos por inanición junto a sus máquinas, siendo llevados por decenas al cementerio. En el primer semestre de 1918, el contingente obrero en el país disminuyó de 3.024.300 a 2.486.000.

La reducción del censo de la clase obrera y la disolución de una parte considerable del proletariado entre la masa pequeñoburguesa de la población entrañaban un gran peligro para la revolución que podía llevar al debilitamiento de la vanguardia de la revolución, de la fuerza dirigente en la alianza del proletariado con el campesinado pobre. El hambre y la contrarrevolución -dijo Lenin- iban del brazo. La lucha por el pan era entonces la lucha por salvar la revolución, por el socialismo.

Las dificultades en productos alimenticios se agravaban más por el mal estado de los transportes y la pésima organización de los abastos por los soviets locales. Era frecuente que hasta los productos acopiados en los distintos lugares no llegasen a las ciudades. El transporte carecía de carbón y el material rodante estaba destrozado. En junio de 1918, los ferrocarriles no transportaron más que 800 vagones de productos, es decir, menos del 4 por ciento de lo planificado. Las suministros dirigidos a Moscú o a Petrogrado eran frecuentemente retenidos y distribuidos por los soviets locales para su propio consumo.

El poder soviético tomó todas las medidas necesarias para salvar del hambre a la población de las ciudades. Se requisó a la burguesía y a los especuladores las reservas de alimentos por ellos escondidas. Se implantó una contabilidad rigurosa del trigo. Los productos alimenticios se distribuían por cartillas de racionamiento, asegurándose en primer lugar el pan a los niños y a los obreros. En muchas ciudades se organizaron comedores públicos. En julio de 1918, en Moscú, por ejemplo, se servían comidas a bajo precio en 26 comedores y en 12 cocinas ambulantes. Los parados recibían la comida gratis. Los comedores públicos de Petrogrado atendían a más de 166.000 personas. Más de 20.000 hijos de obreros recibían en ellos comida gratuita. Una sopa aguada y unas gachas de maíz eran el menú corriente en los comedores. Pero incluso esta exigua comida no alcanzaba ni mucho menos para todos. Hubo necesidad de tomar varias medidas complementarias para incrementar el acopio de grano.

El 2 de abril de 1918, el Consejo de Comisarios del Pueblo promulgó un decreto acerca de la organización del intercambio de mercancías entre la ciudad y el campo. Se pusieron a disposición del Comisariado del Pueblo de Abastos 400 millones de varas de telas, 2 millones de pares de chanclas de goma, 17 millones de puds de azúcar, 900 vagones de aperos agrícolas y otros materiales. Las mercancías para el campo se enviaban en trenes expresos, de los que se suponía obtener no menos de 120 millones de puds de trigo. Pero estos planes fracasaron por la contrarrevolución. Los kulaks se negaron a entregar el grano a los precios tasados. Por los 52.000 vagones de artículos industriales enviados a Siberia, al Don, a las provincias de Kursk, Voronezh y a otras de producción cerealista, el Comisariado del Pueblo de Abastos recibió a cambio solamente 45.000 vagones de cereales, es decir, unos 450.000 puds. Estaba claro que el intercambio de mercancías no bastaba para acabar con el hambre. Se precisaba aplastar la resistencia de los kulaks, obligándoles a entregar los excedentes de trigo al Estado, centralizar todos los abastos en manos del Estado proletario y distribuir los productos por el principio de que el que no trabaja no come.

El Partido Comunista se propuso poner coto a los kulaks. El 9 de mayo de 1918 los soviets concedieron atribuciones extraordinarias al Comisariado del Pueblo de Abastos para luchar contra la burguesía rural que ocultaba las reservas de cereales para especular con ellas. El decreto señalaba que, torpedeando el monopolio del trigo y especulando con él, los kulaks colocaban a los trabajadores bajo la amenaza de morir por hambre. El decreto exhortaba a todos los trabajadores a unirse para aplastar a los kulaks. Se implantó en el país la dictadura de los abastecimientos, se ratificó una vez más el monopolio del trigo y los precios tasados. A todo el que tuviese excedentes de grano y no los llevase a los puntos de acopio se le declaraba enemigo del pueblo y se le entregaba al tribunal revolucionario. Al Comisariado del Pueblo de Abastos se le concedían derechos extraordinarios, incluso para emplear la fuerza armada, contra los que se opusieran a los acopios de cereales. Se reorganizó todo el sistema de abastecimiento, se introdujo la centralización del aparato de abastos, creando en sus órganos locales destacamentos obreros especiales.

Para quebrantar la resistencia de los kulaks se precisaba levantar contra ellos a la masa fundamental de la población trabajadora del campo, especialmente a los campesinos pobres que también pasaban hambre y estaban interesados en frenar a los especuladores.

Los comités de campesinos pobres

Para que la revolución socialista prosiguiese su marcha ascendente en el campo era muy importante la cohesión de las capas proletarias y semiproletarias del campesinado en la lucha contra los kulaks y la creación de organizaciones que relacionasen directamente a los campesinos pobres con el proletariado de la ciudad. Este proceso comenzó en los primeros meses que siguieron al triunfo de la Revolución de Octubre. Los soldados desmovilizados eran los que con más frecuencia se ocupaban de organizar a los campesinos pobres.

En el verano de 1918 se recrudeció la lucha de clases en el campo. Ispolatov, presidente del soviet comarcal de Usman, comunicó el 31 de mayo al soviet provincial: En las aldeas se lucha ahora enconadamente por el Poder, es decir, tanto los kulaks como los campesinos pobres quieren adueñarse de los soviets comarcales y de aldea. Los kulaks, por el momento más fuertes económicamente... y más emprendedores, en la mayoría de los casos vencen a los campesinos pobres... La lucha entre los primeros y los segundos degenera a veces en tiroteos y asesinatos.

Utilizando las consignas de los eseristas de izquierda, y con ayuda de éstos, los kulaks lograron infiltrarse en los soviets. A mediados de 1918 muchos soviets de aldea y comarcales estaban en manos de los especuladores y de sus portavoces, los eseristas de izquierda. Tales soviets no podían ser órganos de lucha revolucionaria contra la burguesía rural.

Además, en el verano de 1918 se cernía una amenaza militar directa para las conquistas del campesinado trabajador y para la propia existencia del poder soviético. Los imperialistas extranjeros ampliaron la intervención contra la República Soviética, y con las fuerzas armadas de la contrarrevolución interna se apoderaron de todas las zonas fundamentales de materias primas, de combustible y de productos alimenticios del país. Los kulaks se sumaron a los intervencionistas y guardias blancos, levantando motines en la retaguardia soviética y reclutando tropas para los ejércitos blancos. Dentro del país se ha sublevado contra nosotros la última y la más numerosa de las clases explotadoras, señaló Lenin.

La situación se agravaba también por las vacilaciones de los campesinos medios, descontentos del precio tasado del grano y de la lucha contra la especulación. El campesino medio era simultáneamente trabajador y pequeño propietario. Esta dualidad engendraba sus vacilaciones entre el proletariado y la burguesía, acentuadas por la intervención extranjera y los alzamientos de los kulaks en todo el país.

Sin la dirección de la clase obrera, los pobres del campo no podían luchar solos con éxito contra los kulaks. Los campesinos pobres estaban diseminados, aislados mutuamente, carecían de organización propia y experiencia política suficiente y no siempre sabían desentrañar las maquinaciones políticas de los kulaks. Necesitaban un organizador y dirigente que sólo podían encontrar en la clase obrera. A su vez, la clase obrera también necesitaba la fuerza organizada de los pobres del campo, sin cuya ayuda los obreros no podían arrancar el trigo a los kulaks. La creación de organizaciones de campesinos pobres no admitía demora.

Para ayudar a los campesinos pobres, el Consejo de Comisarios del Pueblo aprobó el 9 de mayo la movilización de los obreros en la lucha contra el hambre. La disposición obligaba al Comisariado de Trabajo, de acuerdo con los sindicatos, a movilizar el mayor número posible de obreros de vanguardia, organizados y conscientes, para ayudar a los pobres del campo a luchar contra los ricachones kulaks y aplastar implacablemente la especulación con grano y el sabotaje del monopolio del trigo.

El 20 de mayo, en la sesión del Comité Ejecutivo Central de los Soviets de toda Rusia, Sverdlov dijo que había que crear organizaciones de campesinos pobres en el campo que aplastasen a la burguesía rural. Habrá menos víctimas si cohesionamos ahora mismo a los campesinos pobres sin esperar a que los kulaks se organicen y nos ataquen.

En contra de los eseristas de izquierda y de los mencheviques, que rechazaban las propuestas de Sverdlov, fue aprobada por mayoría de votos una resolución acerca de la extrema urgencia de cohesionar al campesinado trabajador contra la burguesía rural. A los soviets locales se les proponía esclarecer de la forma más enérgica a los campesinos pobres que sus intereses eran opuestos a los intereses de los kulaks y armar a los pobres del campo.

El 21 de mayo, Lenin dirigió un llamamiento a los obreros de Petrogrado:

¡Camaradas obreros! Tened presente que la revolución atraviesa una situación crítica. Tened presente que sólo vosotros podéis salvar a la revolución; nadie más puede hacerlo.

Decenas de miles de obreros selectos, de vanguardia y fieles al socialismo, incapaces de dejarse llevar por el soborno o el robo, capaces de crear una fuerza férrea contra los kulaks, especuladores, merodeadores, corruptos y desorganizadores, he aquí lo que se necesita...

Sin esto, el hambre, el paro y el hundimiento de la revolución son irremediables.

Lenin invitaba a los obreros avanzados y conscientes a organizarse y a encabezar la batalla en el campo para explicar la situación a los millones de hombres de los sectores pobres en todos los confines del país y ponerse a la cabeza de esas masas, implantando el orden revolucionario, reforzando las organizaciones locales de poder soviético y ejerciendo en todas partes un control por cada pud de grano y de combustible.

La clase obrera debía llevar al seno de la aldea las ideas del socialismo, consolidar la alianza de la clase obrera con las masas del campesinado trabajador, enseñar a los campesinos pobres los métodos de lucha proletaria contra la burguesía y junto con ellos resolver el problema de las subsistencias. En su carta, Lenin señalaba que el hambre lo agudizaban artificialmente la burguesía y los kulaks, torpedeando el monopolio del trigo y su distribución por el Estado. En estos momentos -remarcaba Lenin-, la lucha por el pan y el combustible, por la contabilidad y el control más rigurosos y por la distribución justa: esto es el verdadero y principal umbral del socialismo. Esto no es ya una tarea general de la revolución, sino una tarea precisamente comunista, la tarea en que los trabajadores y los pobres deben dar la batalla decisiva al capitalismo.

El 26 de mayo, en sus Tesis del momento, Lenin trazó las medidas para movilizar todas las fuerzas del país en la lucha contra el hambre. Propuso, entre otras cosas, reestructurar el Comisariado de Guerra en Comisariado de Guerra de Abastecimiento; concertar en los tres meses de verano el 9O por ciento de todo el trabajo del Comisariado a la lucha por el trigo; declarar durante este mismo período en todo el país el estado de guerra; incluir en los destacamentos militares que luchaban contra los kulaks, destacamentos de obreros y campesinos de las provincias hambrientas; movilizar todos los medios para el transporte de cereales; en cada distrito y subdistrito donde existían sobrantes de grano hacer una relación de ricos, kulaks y comerciantes de cereales responsabilizándoles personalmente de la recogida de todos los excedentes de grano. Lenin exigió que al mismo tiempo se aplastara sin compasión a los kulaks que escondían los excedentes de grano, se ayudase resueltamente y gratis a los campesinos pobres con los excedentes de trigo requisados a los kulaks.

Respondiendo al llamamiento del Partido Comunista, miles de obreros marcharon al campo, llevando allí las ideas de la lucha proletaria contra los explotadores, las ideas de la revolución socialista, Esta fue la primera guerra masiva de los proletarios en el campo. En vanguardia se encontraban los obreros de Petrogrado y Moscú. Los comités del Partido Comunista de estas ciudades realizaron una ingente labor política de masas en empresas y fábricas. En las asambleas obreras se aprobaban resoluciones para organizar destacamentos de abastos. El 9 de junio los obreros de la fábrica Danilov, en una asamblea a la que asistieron 6.000 trabajadores, acordaron: Organizar como ayuda a los soviets de diputados obreros y campesinos un estrecho contacto entre obreros y campesinos pobres, enviando al campo destacamentos de obreros conscientes que luchen contra los kulaks rurales, que les confisquen el trigo y lo distribuyan equitativamente entre los trabajadores.

Lenin consideraba que la selección de los obreros que se enviaban al campo era un acto de trascendental importancia, exigiendo conciencia férrea y disciplina a los destacamentos de abastos y que respondiesen de su actividad ante las masas obreras que los comisionaban. Los obreros deben elegirse -subrayaba Lenin- de forma que ni una sola mancha mancille los nombres de los que marchan al campo a luchar contra los kulaks para salvar del hambre a los muchos millones de masas trabajadoras.

Se pone coto a los kulaks

Respondiendo al llamamiento del Partido, a comienzos de junio habían sido enviados al campo no menos de 5.000 representantes de la clase obrera, cuyo número ascendió a finales de julio a cerca de 11.000. Los comunistas constituían el núcleo de estos destacamentos. Eran los destacamentos más avanzados de la clase obrera, proletarios dispuestos a entregar la vida por la causa del socialismo. La modestia, una alta exigencia para consigo mismo y la honradez insobornable eran los rasgos característicos que distinguían a los delegados obreros.

La batalla de los obreros en el campo y la ofensiva de los campesinos pobres aliados al proletariado contra los kulaks significaba que la revolución socialista se ahondaba y se desarrollaba. La lucha por el pan se fundió con la lucha por el socialismo. A primera vista -dijo Lenin-, parece que no se lucha más que por el pan; cuando en realidad es la lucha por el socialismo.

Cuando en el verano de 1918 los pobres del campo, organizados por los representantes de la clase obrera en comités de campesinos pobres, emprendieron la confiscación de los excedentes de productos a los kulaks, la lucha de clases en el campo alcanzó su virulencia más extrema. Del desenlace de esta lucha dependía la suerte de la revolución. En el artículo ¡Camaradas obreros! ¡Vamos a la lucha final, a la lucha decisiva! Lenin decía: O los kulaks degollarán a infinidad de obreros o éstos aplastarán implacablemente la insurrección contra el poder de los trabajadores de esta minoría del pueblo, kulak y saqueadora. En este aspecto no puede haber medias tintas. Aquí no puede haber paz: al kulak se le puede conciliar fácilmente con el terrateniente, con el zar y el pope, aunque estén enfrentados, pero con la clase obrera, jamás.

Lenin se dirigió reiteradamente a los obreros exhortándoles a marchar a los Urales, al Volga, al Sur, allí donde había mucho trigo, donde los pobres del campo necesitaban ayuda, donde el obrero petrogradense era necesario como organizador, dirigente y guía.

Lenin elaboró un plan concreto para incorporar a las amplias masas obreras a la lucha por cada pud de grano de la nueva cosecha. El 2 de agosto envió al Comisariado del Pueblo de Abastos, al VSNJ, a los Comisariados de Agricultura, Finanzas, Comercio e Industria sus Tesis sobre el problema de las subsistencias, en las que proponía ejecutar urgentemente, a través del Consejo de Comisarios del Pueblo, las medidas de lucha por la nueva cosecha fijadas por éste. Paralelamente al envío de toda clase de mercancías al campo para intercambiarlas por grano, Lenin consideraba necesario también elevar los precios de compra del trigo. Estas medidas tendían a seguir fortaleciendo la alianza del proletariado con las capas trabajadoras de la población y a separar al campesino medio del kulak.

Para paliar el hambre de los obreros, Lenin propuso establecer temporalmente una tarifa privilegiada al transporte de grano a Petrogrado y Moscú destinado a las organizaciones que habían enviado destacamentos obreros para la recolección de la cosecha.

Las Tesis sobre el problema de las subsistencias de Lenin sirvieron de base para los nuevos decretos de abastos aprobados por el Consejo de Comisarios del Pueblo en los primeros días de agosto de 1918. De acuerdo con estos decretos se crearon destacamentos obreros de recolección del trigo de la nueva cosecha y para requisar los excedentes cerealeros a los kulaks e intensificar la labor organizativa entre los campesinos pobres.

Según datos de la Oficina de Guerra de Abastos, después de los decretos del Consejo de Comisarios del Pueblo promulgados en agosto de 1918, los sindicatos comisionaron al campo más de 30.000 obreros.

El despliegue de la revolución socialista en el campo planteó al Partido Comunista nuevas tareas, exigiendo intensificar la labor de los comunistas entre los campesinos. En las conferencias del Partido provinciales y comarcales que tuvieron lugar el verano y otoño de 1918, así como en la actividad práctica de los comités del Partido bolchevique, el problema del trabajo en el campo fue uno de los fundamentales. Sus organizaciones provinciales crearon cursillos especiales de agitadores y organizadores para trabajar en el campo e intensificaron la ayuda a las organizaciones comarcales y de aldea del Partido.

En agosto de 1918 el Comité provincial de Riazán aprobó una disposición para enviar al campo no menos de la cuarta parte de los militantes más activos del Partido. La asamblea de la organización de Voronezh del Partido resolvió incorporar a todos los comunistas al trabajo de abastecimiento, dejando en las instituciones el número estrictamente necesario de militantes.

El 21 de septiembre de 1918 el Comité Central se dirigió a todos sus comités exhortándoles a intensificar el trabajo en el campo. En el llamamiento se subrayaba la necesidad de ampliar la construcción del Partido en las aldeas y se señalaba que hasta aquel momento sus organizaciones habían hecho muy poco en este sentido. El Comité Central propuso a los comités del Partido seleccionar a los militantes que debían trabajar en el campo, distribuirlos por aldeas, establecer un vínculo organizativo estrecho con cada comarca y afianzar la influencia de nuestro Partido en los medios más amplios de los campesinos pobres. Estas indicaciones coadyuvaron a reforzar la labor de las organizaciones comunistas entre el campesinado trabajador. Las organizaciones del Partido se ocuparon especialmente de la formación de destacamentos obreros de abastos y de la organización de los comités de campesinos pobres.

Miles de obreros se fundieron con el seno de las masas campesinas. En diciembre de 1918, más de 40.000 obreros trabajaban en el campo en los destacamentos de abastos. La masa fundamental de obreros se destinaba a las provincias productoras de cereales en las que se decidía el desenlace de la lucha por el trigo. En los destacamentos los comunistas constituían el núcleo revolucionario que con su consciencia, espíritu de organización y disciplina servían de ejemplo a los demás. En julio de 1918 los comunistas eran casi la mitad entre los delegados de la clase obrera de Petrogrado.

Una vez en las aldeas, los obreros reunían a los campesinos, describiéndoles la difícil situación en alimentos que atravesaban las ciudades, explicándoles la política del poder soviético y la significación del decreto acerca de los comités de campesinos pobres. Después de las charlas de los obreros, en sus asambleas los campesinos aceptaban enviar inmediatamente el grano a la ciudad. Los campesinos del distrito Balanda, de la provincia de Saratov, mandaron 30.000 puds de trigo a los obreros de Moscú, diciéndoles en su carta que se desprendían del grano para que los obreros empuñasen fuerte los fusiles y aniquilaran a todos los enemigos del poder soviético.

En los tres meses transcurridos en las comarcas donde trabajaban destacamentos obreros se habían operado grandes cambios y las comarcas que antes no daban una libra de trigo enviaban ahora centenares de vagones. Los destacamentos procedentes del centro se comportaban con una honradez intachable y plena conciencia, esforzándose siempre por actuar más mediante la agitación que por la fuerza de las armas. Los delegados de la clase obrera se ganaron la confianza y el respeto del campesino trabajador. En los representantes de la clase obrera, los pobres del campo veían a sus dirigentes y defensores contra los kulaks y opresores.

Los obreros prestaron colosal ayuda al campesinado pobre en la fundación de los comités de campesinos pobres, sus organizaciones de clase. El decreto del Comité Ejecutivo Central de los soviets de 11 de julio determinaba la estructura de los comités de campesinos pobres y sus principales tareas. Según el decreto, la organización de los comités de campesinos pobres en las aldeas y comarcas se efectuaba por los soviets de diputados obreros y campesinos con participación de los órganos de abastos. A los comités de campesinos pobres se les encomendaba la distribución del trigo, de objetos de primera necesidad y aperos agrícolas y colaborar con los órganos locales de abastos en la requisa de excedentes de grano a los kulaks. Una parte del trigo acopiado con ayuda de los comités de campesinos pobres se destinaba para estos últimos. El abastecimiento de los campesinos pobres con trigo, objetos de primera necesidad y aperos agrícolas sencillos, debía realizarse en función de los plazos de requisa de los sobrantes de grano a los kulaks y ricos. Los comités comarcales de campesinos pobres recibieron del Estado aperos agrícolas para el trabajo de sus tierras.

Estos comités constaban de un presidente, vicepresidente y secretario elegidos en sus asambleas de aldea o subdistrito con participación de los campesinos medios. Podían elegir y ser elegidos a los comités de campesinos pobres todos los habitantes de pueblos y aldeas, excepto los kulaks. Esto significaba que en la creación de las organizaciones de campesinos pobres debían participar también los campesinos medios, los cuales, gradualmente, iban incluyéndose en la lucha contra los kulaks. Así, pues, se ampliaba más y más la base social del proletariado en el campo y se robustecía la alianza del proletariado con las amplias masas campesinas.

A finales de 1918, los comités de campesinos pobres figuraban en casi todos los lugares y eran los ejecutores de toda la vida política y administrativa en la aldea. En 33 provincias de la Rusia europea había cerca de 105.000 comités de campesinos pobres de aldea y comarcales. Más de 300.000 representantes de los obreros, braceros y campesinos pobres fueron incorporados al trabajo activo en el campo, organizando y alzando a la lucha contra los kulaks a las amplias masas pobres rurales.

Los campesinos medios se iban atrayendo también cada vez más al trabajo en los comités de campesinos pobres. En los primeros tiempos era frecuente que a los campesinos medios no se les diese acceso a los comités locales de campesinos. Esto contravenía el decreto sobre los comités de campesinos pobres y podía enfrentar a los pobres del campo a los campesinos medios. En el VIII Congreso del Partido reunido en marzo de 1919, Lenin dijo que, a menudo, por inexperiencia de los funcionarios soviéticos y por las dificultades del problema, los golpes destinados a los kulaks descargaban sobre el campesinado medio. En esta cuestión hemos cometido muchos errores. El 17 de agosto de 1918 se envió un telegrama firmado por Lenin y A. D. Tsiurupa, Comisario del Pueblo de Abastos, a todos los soviets provinciales y comités de abastos en el que se aclaraba que el poder soviético nunca había luchado contra el campesino medio, proponiendo esforzarse a toda costa por unificar a los pobres del campo y al campesinado medio, mediante la garantía de los intereses de unos y otros.

Gracias a los comités de campesinos pobres, el proletariado logró separar de los kulaks al campesinado medio y levantarle con los campesinos pobres a la lucha. Lenin apreció la organización de los campesinos pobres como el primero y grandioso paso de la revolución socialista en el campo. La organización de los comités de campesinos pobres -dijo- marcó un viraje y mostró que la clase obrera de las ciudades, que se había unido en octubre a todo el campesinado para derrotar... a los terratenientes, pasaba de esta tarea a la tarea mucho más difícil, históricamente más elevada y verdaderamente socialista: llevar también al campo la lucha socialista consciente, despertar también en el campo la conciencia.

Fueron muchos los comunistas y obreros llegados de la ciudad a la aldea para encabezar la lucha contra los kulaks que, accediendo al deseo de los campesinos pobres, se quedaron a trabajar permanentemente en el campo. Este fue el primer destacamento, bastante numeroso, de la clase obrera enviado por el Partido al campo. Por datos seleccionados para la provincia de Tambov, se ve que en sus comités rurales de campesinos pobres los obreros constituían el 22'7 por ciento y en los comarcales el 17'5 por ciento. Entre los dirigentes de los comités de aldea y comarcales había un 41'4 por ciento de comunistas y el mismo número de simpatizantes del Partido Comunista. Análoga era la composición social y partidaria de los comités de campesinos pobres de otras provincias.

Dirigidos por los comunistas y los obreros de vanguardia, los comités de campesinos pobres garantizaron la puesta en práctica de las medidas del poder soviético en el campo. Con su ayuda, los soviets de aldea y comarcales se limpiaron de kulaks. Cuando los soviets integrados por estos últimos se disolvían, los comités de campesinos pobres se transformaban en únicos órganos de poder. Otras veces, los comités de campesinos pobres empezaban por establecer un control sobre los soviets de los kulaks, pasando después a organizar la elección de nuevos soviets.

En la actividad de los comités de campesinos pobres ocupó un lugar destacado el reparto de la tierra efectuado en todo el país el verano y otoño de 1918. Los comités de campesinos pobres despojaban a los kulaks de la tierra y aperos sobrantes. En total, se confiscó a los kulaks y se distribuyeron entre los campesinos pobres y medios 50 millones de hectáreas de tierra. Este fue un golpe fuerte contra el poderío económico y político de los kulaks que quebrantó sensiblemente su influencia.

Los comités de campesinos pobres se preocupaban especialmente de requisar a los kulaks los excedentes de grano. Si en una comarca comenzaba la requisa con ayuda de los representantes obreros, en otro eran los propios campesinos pobres quienes la organizaban y efectuaban. En una de las comarcas del distrito de Sarapul, en la provincia de Viatka, antes de llegar los destacamentos de abastos y de organizarse los comités de campesinos pobres, no se encontraron más que 250 puds de excedentes de cereales. Con el concurso de los comités de campesinos pobres lograron descubrir 20.000 puds más. El 5 de noviembre de 1918 Pravda escribió acerca de los resultados de la labor de los comités de campesinos pobres en la provincia de Tula: La actividad revolucionaria de los comités se ha reflejado especialmente en los distritos cerealistas meridionales, más poblados por kulaks... La especulación y la ocultación de grano se han reducido considerablemente. El trigo fluye en torrente incesante... Faltan vagones.

La mayor parte del trigo recibida el verano y otoño de 1918 en los centros industriales fue incautada por los destacamentos de abastos con ayuda de los comités de campesinos pobres. Sólo en mes y medio transcurrido después de promulgar el decreto sobre la organización de los comités de campesinos pobres, los destacamentos de abastos requisaron en la provincia de Oriol 135.000 puds de grano, en la de Voronezh 43.000, en la de Penza 159.000, en la de Ufá 400.000, en la de Viatka cerca de 208.000 y en el sector Filonovo-Tsaritsin 500.000. A finales de julio, los destacamentos de abastos, ayudados por los comités de campesinos pobres, habían acopiado en el país más de 2 millones de puds de cereales. El plan de acopios cerealistas de septiembre se cumplió en un 56,7 por ciento y el de octubre en un 99,2 por ciento. En el año 1917-18 los organismos de abastos acopiaron 47 millones y medio de puds de cereales, alcanzando ya en el de 1918-19 cerca de los 109 millones de puds.

Historia de un pedazo de pan

Pero no sólo hacía falta acopiar el grano, sino hacerlo llegar a los centros proletarios. Historia de un pedazo de pan se titulaba la reseña de un obrero moscovita participante en la guerra del trigo, publicada en Pravda a últimos de julio de 1918. Un destacamento de 60 obreros moscovitas -decía el reportaje- llevó a Tsaritsin 23 vagones de aperos agrícolas para cambiarlos por trigo. Desde Povorino hasta Tsaritsin, el destacamento tuvo que librar varios combates contra los cosacos blancos y, bajo el fuego de éstos, reparar la vía destrozada. Emprendieron el camino de regreso con 30 vagones de grano. Cerca de la estación de Filonovo, los cosacos blancos atacaron al destacamento. El combate duró toda la noche y toda la mañana. Los cosacos se retiraron, pero no sin antes levantar la vía en un tramo de tres verstas (3). Sin soltar el fusil, los obreros fueron reparando la vía para poder continuar su camino.

La República Soviética fue salvada gracias a los heroicos esfuerzos de la clase obrera y de los campesinos pobres. Los enemigos no lograron estrangularla por hambre.

También fue notable el papel desempeñado por los comités de campesinos pobres en el robustecimiento de la defensa del país, ayudando a la movilización, creando destacamentos armados y regimientos enteros de voluntarios, aplastando los motines de los kulaks, reuniendo prendas de abrigo y vituallas para los soldados rojos.

Los destacamentos de abastos y los comités de campesinos pobres crearon en varias zonas haciendas colectivas, arteles y comunas, basadas en principios socialistas. La entrega de parcelas a los campesinos que tenían poca o ninguna tierra y la expropiación parcial de la burguesía rural no pudieron impedir el proceso desintegrador de las haciendas individuales campesinas. Mientras persistiesen las relaciones mercantiles era inevitable la ruina de una parte de los campesinos, la mayor, y el enriquecimiento a su costa de otra parte, la menor. Por eso el Partido Comunista explicaba a las masas campesinas que sólo podría eximirles de la miseria y de la explotación el paso a la gran hacienda social y no la distribución igualitaria de la tierra.

La nacionalización de la tierra realizada por el proletariado terminó con la propiedad privada en el campo y creó las premisas para pasar al socialismo en la agricultura. Pero en aquel período, en el país no se daban todavía las condiciones para que los campesinos emprendieran en masa la vía del socialismo. Por eso eran raras las haciendas colectivas que surgían en los primeros meses que siguieron al triunfo de la Revolución de Octubre. En noviembre de 1917, por ejemplo, en la provincia de Petrogrado no había más que 33 economías colectivas, 12 en las proximidades de Moscú y 1.069 en la provincia de Tambov. Organizaban los koljoses los comunistas y los soldados desmovilizados que simpatizaban con los bolcheviques, arrastrando tras ellos a los campesinos pobres avanzados. Sobre la base de las grandes propiedades terratenientes confiscadas, paralelamente se iban creando también haciendas estatales soviéticas (sovjoses). Y no obstante, la organización de sovjoses y haciendas colectivas -arteles y comunas- adquirió su mayor envergadura en el período de los comités de campesinos pobres, es decir, en el verano y otoño de 1918, cuando la lucha de clases en el campo despertó aún más la conciencia de los campesinos. A éstos se les iba haciendo cada vez más comprensible la idea de trabajar colectivamente la hacienda. Fueron muchos los comités de campesinos pobres que se incluyeron activamente a la lucha para organizar arteles y comunas. A las economías colectivas se les entregaban las mejores tierras y se les ayudaba con ganado, semillas y aperos de labor. El Comisariado del Pueblo de Agricultura destinó al campo instructores encargados de organizar haciendas colectivas. En noviembre de 1918, el Consejo de Comisarios del Pueblo aprobó un decreto por el que se asignaban mil millones de rublos en préstamos para las economías colectivas.

Las comunas y arteles agrupaban principalmente a los campesinos pobres. A finales de 1918, en el Comisariado del Pueblo de Agricultura habían sido registrados 3.101 sovjoses, 975 comunas y 604 arteles que agrupaban a millares de haciendas campesinas pobres.

Muchas de las economías colectivas creadas entonces no pudieron encontrar inmediatamente las formas y métodos más convenientes para su actividad. Sin embargo, la experiencia del trabajo de los arteles y comunas fue de gran importancia. Algunos se convirtieron en focos de socialismo en el campo, convenciendo con su ejemplo a los campesinos de las ventajas que reportaban las grandes haciendas colectivas.

Los kulaks levantan la mano

La distribución de la tierra transcurrió en un ambiente de enconada lucha entre los campesinos pobres y los kulaks. Éstos ofrecieron una resistencia feroz a la organización de comités e hicieron cuanto pudieron para obstaculizar su labor. Se pronunciaban también contra éstos los soviets rurales en los que predominaban los kulaks, motivando su actitud contra la creación de comités de campesinos pobres en que, según ellos, en la aldea o en la comarca no había kulaks. Los kulaks se infiltraron en algunos de ellos para transformarlos en órganos que defendiesen sus intereses.

A la política de abastos del Gobierno soviético y a la organización de campesinos pobres, los kulaks respondían con alzamientos armados en todo el país. El mayor número de sediciones kulaks tuvo lugar en el segundo semestre de 1918. La jauría ávida, ahita y feroz de los kulaks -señaló Lenin- se ha unido por doquier a los terratenientes y los capitalistas contra los obreros y los pobres en general. En todas partes, los kulaks se han ensañado con ferocidad salvaje con la clase obrera. En todas partes se han aliado con los capitalistas extranjeros contra los obreros de su país.

A la cabeza de los levantamientos de los kulaks se encontraba la oficialidad contrarrevolucionaria. Mediante el engaño, la intimidación y el chantaje, los kulaks lograron arrastrar más de una vez a estos motines a la parte vacilante del campesinado. Los kulaks dirigían su golpe principal contra los delegados de la clase obrera, asesinando ferozmente a los obreros y a los campesinos pobres militantes. En los últimos días de junio, kulaks armados atacaron a un grupo de obreros de Yaransk, en la provincia de Viatka, causando ocho muertos y 60 heridos graves. Organizados por los eseristas de izquierda, los kulaks se amotinaron el 7 de agosto en el distrito de Peremishl, en la provincia de Kaluga. Sirvió de pretexto para ello la llegada a la aldea Troitskoe de una comisión para confiscar las caballerías. Los kulaks mataron a los miembros de la comisión, y después, los cabecillas distribuyeron por las aldeas de los contornos una orden exigiendo que todos los campesinos se concentrasen inmediatamente en la aldea Troitskoe. Desde allí, una muchedumbre de campesinos, engañados por los eseristas de izquierda, se dirigió a Peremishl y disolvió el soviet. Pero comprendiendo a qué aventura habían sido arrastrados, los campesinos se reintegraron a sus hogares y los promotores de la revuelta fueron detenidos.

Los alzamientos de kulaks en las provincias de Tver, Riazán, Tambov y en otras facilitaron a los intervencionistas su ofensiva contra la República Soviética.

La actitud antisoviética del clero fue un arma importante utilizada por los enemigos del poder soviético en su lucha contra la revolución socialista. Los popes tomaron parte activa en las acciones contrarrevolucionarias de los kulaks. Utilizando los prejuicios religiosos y el espíritu supersticioso de los campesinos, el clero los enfrentaba al poder soviético. Cuando en cierta ocasión se presentó en el monasterio de Nikolo-Ugreshski el representante del soviet de Liubertsi, de la provincia de Moscú, exigiendo que se le entregasen caballos para atender a las necesidades del Comisariado Militar, el abad del monasterio le rogó que esperara media hora, aprovechada para enviar recaderos a las aldeas circundantes diciendo que los bolcheviques saqueaban el monasterio y asesinaban a los monjes. Se congregó una gran muchedumbre que intentó linchar al representante del soviet, pudiendo impedirlo a duras penas los campesinos pobres. La comisión extraordinaria del distrito registró el monasterio, encontrando proclamas antisoviéticas y los estatutos de una organización contrarrevolucionaria.

El Partido Comunista se convirtió en la vanguardia dirigente de las masas campesinas. Con los mejores representantes de los campesinos pobres afiliados al Partido Comunista se creó a finales de 1918 una red de organizaciones del Partido de aldea y comarcales en las provincias agrarias donde la lucha de los campesinos pobres contra los kulaks revestía especial virulencia. Había 34 provincias con 7.370 organizaciones de aldea del Partido bolchevique que agrupaban a más de 97.000 comunistas.

En el otoño de 1918 se operó un indudable viraje del campesinado medio al lado del poder soviético. El dominio de los guardias blancos y de los intervencionistas en los territorios por ellos ocupados fue una gran lección para los campesinos medios. Los gobiernos eseristas-mencheviques allí creados restablecieron con el apoyo de las bayonetas el régimen burgués terrateniente, arrebataron la tierra y sometieron a los campesinos a malos tratos y torturas medievales. En las aldeas los destacamentos punitivos cometieron toda clase de atropellos. El sanguinario terror de los guardias blancos se cebó en los trabajadores. En la aldea Dmitrievka, provincia de Orenburgo, cuenta un testigo presencial: Desde la mañana hasta muy entrada la noche, individualmente o por grupos, llevaban los bandidos blancos a los campesinos a la casa del pope, donde estaba la comandancia... Los torturaban y los vejaban ferozmente, diciéndoles: ‘Esta es vuestra tierra, ésta es vuestra libertad, hijos de perra’; y medio muertos, cubiertos de sangre, los sacaban de la casa y los arrojaban al corral. En la aldea Natallino del distrito de Buguruslan, un destacamento de castigo azotó a todos los familiares de los campesinos que no habían acudido a alistarse a la Asamblea Constituyente (Komuch) para hacer el servicio militar. En el norte, ocupado por los intervencionistas, decenas de miles de obreros y campesinos fueron fusilados o murieron a consecuencia de las torturas y el hambre. La enorme masa del campesinado de Siberia, de los Urales, de la región del Volga y del norte experimentó en su propia carne cuál era la libertad y la democracia de los ocupantes y de los eseristas y mencheviques que actuaban en complicidad con ellos. Por la prensa, por las cartas de los soldados rojos que luchaban contra los invasores y por los relatos de los testigos, el campesinado de todo el país conoció pronto el régimen establecido en los territorios ocupados.

Las vacilaciones de los campesinos medios terminaron. La amarga experiencia hizo comprender a la parte vacilante del campesinado que el poder soviético era mejor que cualquier otro, que el Partido Comunista era el único que defendía de verdad los intereses del campesino trabajador.

También los éxitos del Ejército Rojo en la lucha contra los enemigos internos y los intervencionistas ayudó a superar las vacilaciones del campesinado medio. Durante septiembre y octubre de 1918, el Ejército Rojo liberó la región del Volga, rechazando a checoslovacos y guardias blancos hacia los Urales. Las tropas cosacas de Krasnov fueron aplastadas y arrojadas al otro lado del Don.

En el otoño de 1918 estalló la revolución en Austria-Hungria y en Alemania, circunstancia que permitió anular en noviembre de 1918 el Tratado de Paz de Brest-Litovsk y comenzar la liberación del territorio soviético ocupado por las tropas alemanas.

No existía en el país un solo rincón en el que no se hubiese afianzado el poder soviético. La expulsión de los invasores alemanes y el triunfo del poder soviético en las zonas anteriomente ocupadas convencieron a los campesinos de la fuerza y solidez del poder soviético.

Teniendo en cuenta el viraje dado por el campesino medio hacia el poder soviético, Lenin recomendó al Partido pasar de la política de neutralización del campesino medio a la de alianza con él. En el artículo Las preciosas confesiones de Pitrim Sorokin, publicado en noviembre de 1918. Lenin formuló la nueva consigna estratégica que sirvió de base a la nueva línea del Partido Comunista. Esta consigna decía: Saber llegar a un acuerdo con los campesinos medios, sin renunciar ni un instante a la lucha contra los kulaks y apoyándonos firmemente sólo en los campesinos pobres.

En las postrimerías del año 1918, los comités de campesinos pobres habían cumplido su misión. Gracias a su actividad se había quebrantado el poderío económico y político de los kulaks y se había mejorado la composición clasista de los soviets de aldea y comarcales. En estas condiciones desaparecía la necesidad de mantener paralelamente en aldeas y comarcas soviets y comités de campesinos pobres. El 8 de noviembre de 1918 Lenin propuso la transformación de estos comités: Hemos acordado que los comités de campesinos pobres y los soviets rurales no deben existir por separado... Fusionaremos los comités de campesinos pobres con los soviets, haremos que los primeros se conviertan en los segundos.

La consolidación de la alianza del proletariado con los pobres del campo continuaba siendo una de las tareas fundamentales del Partido. La organización de los campesinos pobres -decía Lenin- se alza ante nosotros como la cuestión más importante de nuestra edificación interior e incluso como la cuestión principal de toda nuestra revolución. Pero ahora esta tarea ya puede resolverse mediante los soviets.

En la lucha contra los kulaks la clase obrera y el campesinado pobre inmolaron muchos de sus mejores hijos. Desde julio de 1918, es decir, desde el momento en que se sublevaron los eseristas de izquierda, hasta diciembre, según datos muy incompletos, los kulaks asesinaron cerca de 22.000 funcionarios soviéticos. Además, desde mediados de junio hasta diciembre sucumbieron más de 7.300 obreros, participantes en la batalla por el trigo.

El proletariado se vio obligado a replicar a los kulaks con medidas implacables. Todo el que se oponía por las armas al poder soviético era ejecutado en el acto. El fusilamiento de un explotador salvaba la vida a decenas y centenares de obreros y campesinos trabajadores.

A mediados de 1918 habían sido instituidas ya 40 chekas provinciales y 365 comarcales. Ellas fueron la espada vengadora que abatía a todos los enemigos de la revolución socialista. Atendiendo al llamamiento del Partido Comunista, también el campesino medio se alzó con los campesinos pobres a la lucha contra los kulaks. No existía en el país ningún rincón donde los trabajadores no se mantuvieran alerta contra la burguesía y los kulaks, ni donde los intentos de los explotadores para alzarse contra la revolución socialista no fuesen cortados inmediatamente de raíz. El poder soviético quebrantó la resistencia de los kulaks, pero sólo por un tiempo. Las espadas seguían en alto.

Notas:

(1) Kulak es una palabra rusa para designar al burgués rural. Metafóricamente también puede significar puño como sinónimo de tacañería.
(2) El pud era una medida rusa de peso equivalente a 16,38 kilogramos.
(3) Una versta es una medida rusa de longitud de poco más de un kilómetro.

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