Nuevas medidas para superar la crisis financiera

Los bancos y el crédito se convierten así en el medio más poderoso para empujar a la producción capitalista a salirse de sus propios límites y en uno de los vehículos más eficaces de las crisis y la especulación [...]

El sistema de crédito aparece como la palanca principal de la superproducción y del exceso de especulación [...] El crédito acelera el desarrollo material de las fuerzas productivas y la instauración del mercado mundial, bases de la nueva forma de producción, que es misión histórica del régimen de producción capitalista implantar hasta un cierto nivel. El crédito acelera, al mismo tiempo, las explosiones violentas de esta contradicción que son las crisis, y con ellas los elementos para la disolución del régimen de producción vigente.

La doble característica inmanente al sistema de crédito: de una parte, el desarrollar los resortes de la producción capitalista, el enriquecimiento mediante la explotación del trabajo ajeno, hasta convertirlos en el más puro y gigantesco sistema de juego y especulación, reduciendo cada vez más el número de los contados individuos que explotan la riqueza social y, de otra parte, el establecer la forma de transición hacia un régimen de producción nuevo.

Marx, El Capital, tomo III, pgs.419 y 567.

En diciembre de 2007 Bush anunció un plan para aliviar la peor crisis que vive el sector hipotecario en las últimas dos décadas. La iniciativa congelará los intereses en cientos de miles de hipotecas de alto riesgo durante cinco años.

Bush informó de que 1,2 millones de personas podrían recibir ayudas, aunque sólo un porcentaje de ese total podrá optar a la congelación de los intereses. El resto obtendrá asesoramiento para refinanciar sus deudas y conseguir hipotecas aseguradas por la Agencia Federal de la Vivienda.

Está previsto que unos dos millones de hipotecas de alto riesgo se ajusten a finales del 2008, lo que incrementará el pago típico en 350 dólares, desde los 1.200 dólares de media hasta los 1.550.

La propuesta representa el plan más enérgico hasta la fecha del gobierno estadounidense para impedir la morosidad masiva de hipotecas de riesgo que ha provocado una crisis financiera internacional.

El anuncio de Bush coincidió con la publicación de un informe de la Asociación de Bancos Hipotecarios según el cual las ejecuciones hipotecarias en Estados Unidos batieron un registro en el tercer trimestre de 2007, alcanzando su nivel más alto en dos décadas. La morosidad en el pago de las hipotecas creció un 30 por ciento, en comparación con el periodo de abril a junio. En Estados Unidos hay dos millones de trabajadores a punto de perder sus hogares porque no son capaces de soportar las condiciones que imponen los bancos en la actualidad. Los obreros tratan de vender sus viviendas para pagar sus deudas y vivir de alquiler con el dinero que les quede.

Los atrasos de los pagos, que se cuentan cuando la demora es superior a los 30 días, llegaron al 5,6 por ciento. Aunque en ese período hubo un aumento del inicio de trámites de ejecución en todos los tipos de préstamos, el problema mayor siguió siendo el de los créditos de alto riesgo con tasa de interés ajustable. Estos préstamos representaron el 43 por ciento de todas las nuevas ejecuciones, aunque sólo son el 6,8 por ciento de los créditos hipotecarios pendientes.

Un 12 por ciento de las hipotecas en Estados Unidos son de alto riesgo. Las estimaciones calculan en más de 300.000 millones de dólares el riesgo hipotecario en bancos y fondos de inversión, de los cuales sólo 3.000 millones están identificados.

Se avecinan muy malas noticias para el capitalismo. La bancarrota generalizada no ha hecho más que empezar. La crisis del sistema capitalista en todo el mundo ya no es un pronóstico sino una evidencia que no consiguen disimular. Es lenta, progresa despacio, pero es también muy profunda y generalizada, y se va a extender aún más, alcanzando a todos los sectores sociales de una manera dramática. No hay país que no esté sacudido por ella. El capitalismo no tiene futuro, ni siquiera a corto plazo.

El poder financiero internacional se desplaza a oriente

Además de la masiva intervención de los bancos centrales, otro fenómeno ha quedado en evidencia con la crisis hipotecaria en Estados Unidos: el desplazamiento del poder financiero de las economías occidentales a las grandes economías exportadoras de capital de Asia, Rusia y el Medio Oriente, que han acumulado gigantescas reservas de divisas gracias al alza de los precios del crudo.

En esta crisis no sólo están poniendo dinero los bancos centrales sino determinadas economías emergentes, rivales de las ya asentadas en el mundo. Esto confirma la tesis leninista de que los países capitalistas evolucionan de una manera desigual, hasta el punto de que donde más rápidamente crece el capitalismo es en las colonias y en los países transoceánicos. En consecuencia, añadía Lenin, no basta tener en cuenta que el capitalismo evoluciona de forma desigual sino que esa desigualdad se manifiesta asimismo, de un modo particular, en la descomposición de los países más fuertes en capital.

La necesidad de obtener capital está cambiando aceleradamente el panorama de la banca mundial, a medida que algunos de las principales monopolios financieros en crisis ceden participaciones accionariales a fondos públicos soberanos de Asia y Medio Oriente que vienen en su rescate.

A mediados de 2007, China ingresó con sus rerservas estatales en el fondo de capital de riesgo Blackstone. En septiembre, el emirato Abu Dhabi compró una parte de Carlyle. Bear Stearns y la banca china CITIC Securities alcanzaron en octubre un principio de acuerdo para establecer una alianza estratégica que incluye una inversión mutua de alrededor de 1.000 millones de dólares. A finales de noviembre el banco estadounidense Citigroup vendió acciones por 7.000 millones de dólares a un fondo de Abu Dhabi, en los Emiratos Árabes Unidos. A comienzos de diciembre, el banco suizo UBS aceptó casi 10.000 millones de dólares del G.I.C., un fondo del gobierno de Singapur, y Merrill Lynch recibió 4.400 millones de dólares de otro fondo con la misma procedencia geográfica, Temasek Holdings, y a mediados de enero anunció que espera recibir otros 6.600 de Corea, Kuwait y Japón. A mediados de diciembre, con 5.000 millones de dólares de desembolso procedentes de China, se suma a la lista Morgan Stanley, el segundo banco de inversión de Estados Unidos, una cifra que sopone el 10 por ciento de su capital. Esa lista incluye también a monopolios financieros internacionales de primera línea como Lehman Brothers, Goldman Sachs y J.P. Morgan, entre otros.

Según cifras del propio Morgan Stanley, los fondos soberanos de inversión han invertido 33.400 millones de dólares en activos financieros en Europa y Estados Unidos desde enero de 2006. A través de su presidente ejecutivo, China Investment Corp. anunció a la agencia Reuters que está dispuesta a jugar el mismo papel que otros fondos públicos que han comprado participaciones en bancos afectados por los problemas de las hipotecas basura y así lo han demostrando comprando el 10 por ciento de Morgan Stanley.

El auxilio de los capitales estatales orientales a la banca occidental forma parte de una creciente tendencia de los bancos estadounidenses y europeos, que buscan en las economías emergentes la solución a sus problemas financieros. Con abundante efectivo en sus manos gracias al auge en el precio de materias primas (principalmente petróleo, en caso de Medio Oriente y Rusia) y de bienes de consumo (caso de China y otros países de Asia), estos gobiernos han acumulado gigantescas reservas que los sitúan en posición de sacar provecho de la crisis de la banca occidental.

El banco suizo UBS tuvo que recurrir a una inversión de capital de emergencia de un fondo oficial de Singapur y de un inversor de Oriente Medio. La inversión procedente de Singapur le proporcionó a aquel estado asiático una participación del 9 por ciento en el capital de UBS. El banco suizo explicó que había recibido una inversión de capital de 13.000 millones de francos suizos (11.480 millones de dólares), de los cuales 11.000 millones fueron colocados por el Government of Singapore Investment Corporation (GIC) y el resto por un inversor desconocido de Oriente Medio. Según algunas fuentes financieras, este inversor no identificado podría ser el gobierno de Omán.

Los llamados fondos soberanos son reservas de divisas estatales (sobre todo en dólares, euros o yenes) que los países que se encuentran con un superávit en su cuenta corriente pueden invertir en el sistema financiero internacional. Esos fondos públicos han adquirido relevancia en los países con abundantes recursos naturales y en aquellos otros que han acumulado muchas reservas por ser grandes exportadores de productos industriales o de petróleo, como es el caso de Rusia y China.

Estimado en 500.000 millones de dólares en 1990, hoy el volumen total de activos financieros de esos fondos se calcula en 3 billones de dólares y se estima que podría llegar a 10 billones en 2012. Para tener una dimensión de esta cifra hay que señalar que el volumen de activos financieros de los fondos soberanos equivale a un cuarto (25 por ciento) del PBI de Estados Unidos (12 billones de dólares). Por países, los mayores fondos soberanos son los de Abu Dhabi (625.000 millones de dólares), Singapur (315.000 millones de dólares), Kuwait (213.000 millones de dólares), China (200.000 millones de dólares) o Rusia (128.000 millones de dólares), todo ello sin contar a países como Venezuela que ya están invirtiendo en sectores de la banca capitalista.

El creciente protagonismo de Rusia, China y países árabes (algunos cercanos al eje del mal) con sus fondos públicos produce escalofríos en los estrategas imperialistas, que comienzan a vislumbrar una grieta peligrosa que amenaza al sistema financiero internacional.

El G7 (grupo de los siete principales países capitalistas) ya está adoptando previsiones para intentar neutralizar la creciente influencia de los fondos soberanos en el sistema financiero internacional. Representantes del G7 han expresado abiertamente su temor de que estos fondos se conviertan en una fuente desequilibrante para los mercados financieros o intenten adquirir participaciones en monopolios claves para la seguridad militar de sus respectivos Estados.

Los grandes bancos no tienen dinero

Los grandes bancos de Estados Unidos suman ya más de 60.000 millones de dólares en pérdidas por las hipotecas de alto riesgo. Sin embargo, según la agencia Bloomberg, la cifra podría alcanzan los 70.000 millones de dólares. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico ha pronosticado que las perdidas llegarán a los 300.000 millones de dólares y el banco de inversión Goldman Sachs las calcula en 400.000 millones de dólares. En cualquier caso, afecta a monopolios financieros legendarios del imperialismo estadounidense como Bear Stearns, Lehman Brothers, Merrill Lynch, Goldman Sachs, Citigroup y J.P. Morgan, entre otros.

Pero la crisis hipotecaria de Estados Unidos ha pasado factura también en Europa. Si alguien creía aún que la crisis inmobiliaria era cosa del otro lado del Atlántico, los mayores bancos europeos han venido a mostrarle su ingenuidad. No tienen dinero para pagar sus deudas y han tenido que pedir dinero prestado a los bancos centrales. Todos se preguntan hasta dónde llega el problema y cuáles son los bancos afectados.

En diciembre de 2007 el banco suizo UBS reconoció 10.000 millones de dólares en amortizaciones relacionadas con la crisis hipotecaria, una señal del alcance de este problema porque ha sido una de los peores desastres conocidos hasta ahora.

Tras el anuncio, UBS emitió una alerta sobre sus futuros beneficios y ha cancelado sus planes de pagar dividendos en efectivo.

En agosto de 2007 el mayor banco de Francia y el segundo por capitalización de la zona euro, BNP Paribas, anunció la congelación de tres fondos de inversión por valor de 1.600 millones de euros.

El portavoz de BNP Paribas, Jonathan Mullen, explicó que la crisis hipotecaria le impide calcular el valor de los fondos y por eso impedió que los especuladores retiraran su dinero. Aseguró que para proteger los intereses y asegurar el tratamiento equitativo para nuestros inversores durante estos momentos excepcionales, BNP Paribas Investment Partners ha decidido suspender temporalmente el cálculo del valor neto de los activos así como las suscripciones y salidas, con un estricto cumplimiento de la normativa de estos fondos.

Dicho en términos claros: que congelaba tres de sus fondos de inversión, uno de ellos comercializado en España, porque no tienen dinero para pagarlos. Desde el 27 de julio la cotización de esos tres fondos se redujo de 2.075 millones de euros hasta 1.593 millones el 7 de agosto. Así, en dos semanas perdieron unos 400 millones, que equivale al 20 por ciento de su valor.

En cuanto al tiempo que va durar esta situación, el banco anunció que la valoración de los fondos se reanudará tan pronto como la liquidez vuelva al mercado, pero no lo tienen claro y advirtieron que si se diera una continuada ausencia de liquidez, la entidad proporcionará a los especuladores la información adicional sobre las medidas a tomar en un plazo de un mes. Pero los especuladores lo que quieren no es información precisamente.

Otras cuatro entidades financieras, entre las que se encuentran AXA y JP Morgan, han adoptado las mismas medidas que BNP Paribas. Por su parte, el banco alemán WestLB ha tenido que desmentir que mantuviera 17.000 millones de dólares en créditos hipotecarios.

Morgan Stanley registró pérdidas por 3.600 millones de dólares en el cuarto trimestre fiscal de 2007 a causa de los 9.400 millones de dólares que se vio obligado a amortizar por la crisis en el mercado hipotecario. En el mismo trimestre del ejercicio anterior, Morgan Stanley había obtenido beneficios por 2.200 millones de dólares.

Los beneficios de Morgan Stanley para todo el año fiscal se derrumbaron un 57 por ciento, a 3.200 millones de dólares, y sus acciones se depreciaron casi un 30 por ciento en 2007. Pero sus papeles aumentaron su cotización cerca de un uno por ciento a mediados de diciembre de 2007 a causa de la entrada de China Investment Corp.

Morgan Stanley tiene aún en cartera unos 1.800 millones de dólares en papeles respaldados por estos créditos, por lo que no descarta nuevas amortizaciones en el futuro si la situación del mercado empeora.

Citigroup, el banco más grande del sector, ha despedido ya a 4.200 de sus 300.000 trabajadores. En cuatro años ha perdido un 19 por ciento de su valor en bolsa y durante el tercer trimestre de 2007 sus beneficios cayeron un 57 por ciento. Se teme que sus pérdidas en títulos hipotecarios sean más elevadas que los 2.450 millones de euros declarados por la entidad al cierre del tercer trimestre de 2007.

La financiera americana HomeBanc se declaró en bancarrota por problemas con las hipotecas de alto riesgo. En un comunicado HomeBanc explicó que la medida se debe su incapacidad para responder de sus obligaciones de financiación de préstamos hipotecarios. El presidente de la compañía reconoció que las recientes turbulencias en el mercado inmobiliario y crediticio han sido dramáticas, tanto por su magnitud como por su duración. Bearn Stearns también congeló uno de sus propios fondos especulativos por valor de 900 millones de dólares. Es el tercero que cierra sus puertas y eso ha puesto bajo sospecha todas su cartera de valores. Un caso parecido al de American Home Mortgage, número 10 en el escalfón del sector hipotecario, que se declaró en bancarrota después de las pérdidas bursátiles sufridas en agosto de 2007. No podía pagar 300 millones de dólares y sus acciones cayeron un 90 por ciento en una sola sesión; con carácter inmediato fueron despedidos 7.000 trabajadores. Sowood Capital, que gestiona la caja de la universidad de Harvard, entre otras, también está bajo sospecha. Corren rumores de quiebra de un hedge fund americano, Global Alpha, mantenido por el banco Goldman Sachs.

El mayor banco hipotecario de Estados Unidos, Countrywide Financial anunció el 26 de octubre sus primeras pérdidas en 25 años. Las comisiones son bajas, la morosidad elevada y sus títulos se han desplomado en la Bolsa de Nueva York durante los últimos meses, hasta cambiarse por cerca de 5 dólares por acción, frente a los más de 45 a los que se negociaban hace exactamente un año. A finales de agosto el Bank of America invirtió 2.000 millones de dólares en la financiera que, poco después, decidió eliminar 12.000 puestos de trabajo, lo que suponía una quinta parte de su plantilla.

Las pérdidas de los principales bancos van a ser muy superiores a las previstas y eso está suponiendo caídas en sus cotizaciones bursátiles. El 10 de agosto BBVA y Santander registraron pérdidas en la bolsa del 3,79 y el 3,24 por ciento. El mayor banco alemán, el Deutsche Bank perdió un 3,94 por ciento y el Commerzbank fue el peor, cayendo un 4,31 por ciento. Otro banco alemán afectado por la crisis crediticia, IKB (Banco Industrial Alemán), tuvo que reunirse con el Bundesbank para diseñar un plan de rescate. A comienzos de agosto de 2007 el Banco estatal de Crédito para la Reconstrucción y el Desarrollo (KfW) y la asociación de bancos alemanes prestó 3.500 millones de euros al IKB para que afrontara las potenciales pérdidas por la crisis de las hipotecas. A sus jefecillos el desastre financiero les ha valido una investigación de la Fiscalía de Düsseldorf por desfalco.

En Francia, junto a BNP Paribas -que cayó un 3,37 por ciento en la bolsa-, cayeron todos los bancos y compañías financieras: Dexia bajó un 5,60, Société Générale y Crédit Agricole también figuraron entre las más bajistas de la bolsa francesa, una de las más castigadas al perder un 2,10 por ciento. En Wall Street los palos también se los llevaron los bancos.

Merrill Lynch registró su mayor caída porcentual en un día, un 8,84 por ciento, desde octubre de 1989 después de que el Wall Street Journal le acusara de desviar a hedge funds activos relacionados con las hipotecas de alto riesgo para no presentar resultados tan catastróficos como los anunciados. La Comisión de Valores y Bolsa va a investigar las operaciones realizadas por el banco, que anunció pérdidas de 8.400 millones de dólares en sus cuentas del tercer trimestre de 2007. La empresa perdió en el período 2.300 millones de dólares, el peor resultado de su historia y superó en varias veces las previsiones.

El Wall Street Journal anunció que la SEC va a controlar a cinco grandes bancos estadounidenses a fin de enterarse si su riesgo está correctamente evaluado. No sabemos a qué nos enfrentamos exactamente, dicen los expertos del capital especulativo. Las hipotecas de alto riesgo no son más que la primera carta de un castillo de naipes, ha reconocido Felix Stephen en Bloomberg.

Además, las agencias de clasificación de valores se disponen a revisar las emisiones de deuda. Las tres agencias principales, Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch, han anunciado que las bajadas de clasificación afectarán a emisiones de deuda por un valor total de 70.000 millones de dólares. Esta rebaja afectaría principalmente a los bonos titulizados sobre hipotecas. Si finalmente los clasificaciones se reducen, los bancos afectados tendrían que afrontar importantes pérdidas, ya que deberían asegurar sus créditos con un porcentaje mayor de cobertura. Esta iniciativa es una amenaza para los principales bancos estadounidenses, que han sufrido en sus cuentas los rigores de la crisis hipotecaria.

El tratamiento de choque no fue suficiente

El neoliberalismo ha naufragado. Aunque Bush dijo en diciembre de 2007 que su plan para congelar los intereses durante cinco años no representa una violación de los principios del libre mercado, lo cierto es que el intervencionismo de los Estados imperialistas, como siempre, ha sido decisivo para salvar de la bancarrota al capitalismo internacional.

El 1 de noviembre de 2007 la Reserva Federal volvió a inyectar 41.000 millones de dólares en el sistema financiero estadounidense, resucitando el temor a una nueva crisis internacional. En menos de dos semanas ha vuelto a tener que cubrir financiación por valor de casi 82.000 millones de dólares. La decisión ha reavivado el pánico sobre la falta de liquidez y confianza en el mercado financiero mundial. Los bancos se vigilan unos a otros y se cuidan de prestarse dinero entre ellos.

El mensaje lanzado por la Reserva Federal de que la crisis hipotecaria estaba controlada y no se esperaban nuevas bajadas del precio del dinero en Estados Unidos en los próximos meses, no convenció a nadie. Rescató los peores presagios en torno a las dificultades del sistema bancario.

El origen de la crisis se remonta a agosto de 2007, cuando el aumento de los tipos de interés provocó fallidos en cadena de los créditos hipotecarios con menos garantías. La Reserva Federal tuvo que suministrar 60.000 millones de dólares en tres días al mercado crediticio. También tuvieron que poner dinero el Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra, el Banco Nacional de Suiza y los bancos centrales de Japón, Australia, Noruega y Canadá. El Banco de Japón aportó más de 11.000 millones de euros y el de Australia otros 3.050 millones de euros.

En una decisión sin precedentes, el 9 de agosto el Banco Central Europeo tuvo que inyectar en el mercado 200.000 millones de euros en tres días para frenar la bancarrota financiera. Después del 11-S sólo se necesitaron 69.300 millones. Fue la mayor operación de este tipo de acometida por el Banco Central Europeo en toda su historia. Los bancos europeos se lanzaron a tratar de conseguir dinero como fuera y el Banco Central les prestó todo el dinero que necesitaban. Literalmente inundó el mercado de billetes para evitar la paralización de la maquinaria de especulación frenética y que los bancos dejaran de prestar dinero o lo hicieran a tipos muy altos.

Según un informe del banco de inversiones UBS, los nueve principales monopolios financieros de Japón tienen más de un billón de yenes en hipotecas de alto riesgo estadounidenses. Por eso el 10 de agosto el pánico alcanzó a las bolsas asiáticas, a pesar de que el Banco de Japón se sumaba a la iniciativa concertada de inyectar liquidez al mercado en un intento de contener el desplome, algo que no consiguió. De Tokio a Bangkok y de Hong Kong a Singapur, las bolsas de Asia se contagiaron de las fuertes caídas de la víspera en el mercado neoyorquino, que fueron más abultadas en las plazas de Seul, Manila y Hong Kong.

En total, los bancos centrales llevan arrojados 600.000 millones de euros al mercado monetario para retrasar el desplome.

Un cuadro como para encender las alarmas. El miedo se propaga con rapidez y puede que los bancos centrales hayan alarmado más a los especuladores, que pueden tratar ahora de aprovecharse de la tensión financiera, o huir de ella o las dos cosas a la vez.

La tensión financiera es tan grande que está provocando subidas de los tipos de interés del orden del 4,7 por ciento, las mayores en seis años; el dinero en circulación, en su expresión ampliada M3, crece a un ritmo del 11 por ciento; como consecuencia, la inflación se está disparando. El tipo interbancario en Estados Unidos llegó a subir al 6 por ciento, por encima del 5,25 por ciento oficial. A pesar de estos tipos de interés, el dólar marca mínimos históricos frente al euro (1,4423) y el petróleo también permanece en niveles récord, con cotizaciones superiores a los 91,70 dólares por barril.

La crisis todavía no ha tocado fondo. Las gigantescas cantidades de dinero puestas en circulación por los bancos centrales no son suficientes. Tampoco es sólo una crisis financiera. El sector de la construcción y las ramas asociadas a él representan casi una cuarta parte de la economía de Estados Unidos. La situación ha dado un giro de 180 grados. Los préstamos hipotecarios se contrataron con una perspectiva de altos precios de la vivienda unidos a bajos tipos de interés. Los bancos especularon masivamente con préstamos arriesgados, dada la baja rentabilidad de sus operaciones ordinarias. En las hipotecas de alto riesgo se pagaba un 4 ó un 5 por ciento de interés por encima de la media. Se concedieron a trabajadores que sólo en esas condiciones podían comprar vivienda, siempre que las condiciones no cambiaran. Muchas familias pobres aprovecharon los bajos tipos de interés para comprarla. Las financieras revendían luego el riesgo vinculado a esas hipotecas y lo colocaban en paquetes en el mercado de bonos, atrayendo inversiones de los grandes bancos. Ahora la situación se invierte. En Estados Unidos los tipos de interés alcanzan ya porcentajes del 6 por ciento y la caída de los precios inmobiliarios es brutal, el peor colapso de la historia en el mercado de la construcción, con un ritmo de descenso que no se conocía desde 1929. Por eso Standard & Poor’s reconoce que la crisis hipotecaria actual es la más grave que ha conocido Estados Unidos desde 1929. Y hablar de esa fecha en Estados Unidos es lo peor.

El corralito argentino se propaga a todos los bancos del mundo y lo peor aún está por llegar. Los préstamos hipotecarios de alto riesgo no son más que la punta del iceberg, escribió Le Figaro, desconociendo a qué bancos afecta ni tampoco en qué proporción. Se desconoce el valor total de los riesgos y quién los va a asumir. Grandes bancos con exceso de efectivo han dejado de prestar en el mercado interbancario a otros bancos que lo necesitan, un síntoma claro de que hay una falta de confianza en ellos y en todo el sistema. Cuando los bancos no prestan su exceso de efectivo a los demás a más del 4 por ciento, acaban depositándolo en el Banco Central Europeo, que lo paga al 3 por ciento. Esto supone renunciar a más de un uno por ciento de rentabilidad anual, que es un síntoma de algo muy grave.

La economía de la guerra

Pero esta crisis no es el único problema que acecha al capitalismo. Ni siquiera es el verdadero problema, que no es otro que la guerra imperialista. Estados Unidos nunca logró financiar por mucho tiempo su guerra contra Vietnam. Empantanado en un conflicto interminable, decidió que sus aliados soportaran aquel peso. En 1971 dejó de garantizar la convertibilidad del dólar. Desde entonces, el valor del dólar depende únicamente de la confianza que se concede a dicha moneda. Todo se ha convertido en una cuestión de confianza, o sea, magia pura.

Hoy Estados Unidos también está empantanado en Irak y esconde también el costo de la ocupación militar. En una entrevista concedida a Der Spiegel, el premio Nóbel de Economía Joseph Stiglitz estimaba el coste del esfuerzo de guerra estadounidense en Irak entre uno y dos trillones de dólares en los cuatro últimos años, o sea entre dos y cuatro veces más que las cifras oficiales. La parte oculta del presupuesto de guerra representa, por tanto, entre 500.000 millones y 1,5 trillones de dólares. Esa suma, de ser incluida en las cuentas, vendría a agregarse al déficit público estadounidense, que sobrepasa ya los 400.000 millones anuales.

No es el único encubrimiento por parte de los imperialistas. La suspensión, a finales de marzo de 2006, de la publicación del índice M3 que permite determinarlo significa que la cantidad de dólares en circulación se ha convertido en otro secreto inconfesable. Los financieros ya no pueden calcular el valor real del dolar. Esa es la situación exacta: no sabemos lo que valen las cosas ni tampoco lo que vale el dinero.

Renuentes a hacerse cómplices de un proceso que tarde o temprano desembocará en una catástrofe monetaria mucho mayor que la de 1929, varios responsables de la Reserva Federal ya han dimitido.

Estados Unidos no es capaz de financiar la ocupación militar de Irak y posiblemente ninguno de sus gigantescos déficits. La única posibilidad que le queda es seguir imprimiendo más papelitos verdes sin ningún valor real. Pero estos papelitos no están respaldados por la economía del país que lo emite sino por la de la zona que lo utiliza. En una economía de mercado, ese uso de la imprenta de dólares debe dar lugar a una depreciación proporcional de la moneda. De momento, con la actual crisis los bancos centrales de Indonesia, Malasia y Filipinas vendieron dólares para defender sus divisas. Ya nadie quiere al dólar.

Siguiendo la pista de los petrodólares

Aunque la cotización del dólar tiene graves consecuencias para el capitalismo mundial, es muy difícil de predecir. Una indicación consiste en seguir la pista de los petrodólares porque la crisis del dólar tiene una estrecha relación con la del petróleo.

Las subidas de los precios del crudo ha traspasado una buena parte de las reservas financieras mundiales a los exportadores de Oriente Medio, América Latina y Rusia, transformando sus decisiones especulativas en un importante indicador del estado de los mercados mundiales.

A medida que el precio del crudo se ha más que multiplicado en los últimos años (hasta casi 100 dólares el barril), los ingresos de los países exportadores de petróleo también se han más que multiplicado, a casi 700.000 millones de dólares en setiembre de 2005, frente a los menos de 400.000 millones en 2002.

La tercera parte de todo el capital que se exportó en el mundo en 2006, provino de los fondos acumulados por países petroleros. Se trata de Arabia Saudita y Rusia (con 8.8 por ciento cada uno), Noruega (4.8 por ciento), Kuwait (3.6 por ciento), Emiratos Árabes Unidos (2.7 por ciento), Argelia (2.3 por ciento), Venezuela (2.1 por ciento) y algunos otros concentran cerca del 35 por ciento del volumen neto de dinero exportado en 2006 en el mundo. China (25 por ciento), Japón (12.2 por ciento) y Singapur (2.8 por ciento) concentraron el 27.5 por ciento. Y Alemania (8.8 por ciento), Suiza (3.7 por ciento) y Holanda (3.7 por ciento) 16.2 por ciento.

Hasta ahora esas reservas se acumulaban en dólares, lo que ayudaba a Estados Unidos a mantener a flote su moneda. Las naciones exportadoras de petróleo, en vez de alejarse de las inversiones en dólares, han participado en la subida del dólar.

Pero Estados Unidos gasta en el exterior 800.000 millones de dólares más de los que recibe, por lo que necesita atraer casi lo mismo en inversiones para mantener la cotización del dólar. Si no lo hace y el dólar cae, es la quiebra.

Sin embargo, en algún momento la creciente deuda de Estados Unidos debía espantar a los especuladores, obligando al dólar a caer en picado. Hasta ahora, las declaraciones oficiales sobre el tema decían que sólo era un asunto de guerra psicológica entre potencias imperialistas rivales. Pero el 28 de marzo de 2006, el Banco Asiático de Desarrollo aconsejó prepararse para un posible colapso del dólar. El Banco precisaba que se trata de una posibilidad incierta pero que, de darse, tendría graves consecuencias inmediatas. De hecho el Banco ya trabaja en la creación de una alternativa regional al dólar: el ACU, un conjunto de divisas basado en el principio que dio lugar al surgimiento del ECU europeo.

No es ninguna tontería. Este Banco fue creado por 64 Estados entre los que, a pesar de su denominación, hay miembros de Asia, el Pacífico y también de Oceanía, América del Norte y Europa (como Francia, Bélgica y Suiza). Japón y Estados Unidos, con un 15 por ciento cada uno, controlan este banco, lo cual hace aún más significativa la advertencia.

Sálvese quien pueda

La consigna es sálvese quien pueda. Cada país capitalista está buscando resolver sus propios problemas... a costa de los demás. Hoy, cuando piensan en invertir, los productores de petróleo se alejan de los dólares, permitiendo que la moneda estadounidense reanude una caída que empezó en 2001.

Todos los Estados petroleros, con los cuales Washington tiene importantes diferencias, están tratando de reorientar sus flujos de capitales para invertirlos al margen del dólar, en Europa, lo cual les lleva a convertir sus dólares en euros, contra los intereses de Estados Unidos. Los exportadores de petróleo compraron 50.000 millones de dólares en valores estadounidenses entre enero de 2005 y 2006. En igual lapso del año previo, esa cifra había sido de casi 100.000 millones.

Muchos contratos petroleros internacionales van a pasar del dólar al euro engendrando así una depreciación de la moneda estadounidense. El dólar está al borde de una caída brutal, que podría ser del 15 al 40 por ciento. El jefe de la bolsa noruega, Sven Arild Andersen, también reconoció que estaba estudiando la posibilidad de crear en su propio país una bolsa petrolera en euros que podría competir ventajosamente con la City de Londres. El peso de esta última parece cada vez más desproporcionado a medida que se desmorona la producción británica de petróleo, que cayó un 8 por ciento en 2005.

Seis países del Golfo crearon su propio banco regional, el Consejo de Cooperación del Golfo (Gulf Cooperation Council, GCC) que trabaja para acercar sus economías entre sí con vistas a la creación de una moneda única, siguiendo el modelo del euro. Sus reservas petrolíferas comienzan a menguar y quieren reinvertir en otros países y la conversión de tan grandes masas monetarias tendría consecuencias dramáticas para el dólar y la economía estadounidense.

El 22 de marzo de 2006 el gobernador del banco central de los Emiratos Árabes Unidos, el sultán Al Suweidi, anunció que proyectaba convertir en euros el 10 por ciento de sus reservas en dólares. Siria ha ido cambiando poco a poco sus reservas por euros durante los dos últimos años. Ese es también el caso de Venezuela que acaba de ponerse en contacto con el banco central del Vaticano para cambiar sus dólares principalmente por euros y yuanes chinos. Todos los bancos centrales de los países árabes productores de petróleo están transvasando grandes depósitos de sus reservas en dólares a otras divisas.

También Irán ha creado una bolsa petrolera en euros con sede en la isla de Kish, transformada en una zona franca del Golfo Pérsico. TotalFinaElf (Francia) y Agip (Italia) ya tienen allí sus oficinas regionales. La bolsa tramitará solamente una pequeña parte de los contratos energéticos iraníes. Contratos de envergadura excepcional ya han sido firmados de Estado a Estado: con China para la venta de crudo y con Indonesia para refinar petróleo. Esta bolsa tampoco tramitará inmediatamente el mercado del gas, fuente de energía llamada sin embargo a revestir importancia mundial para aliviar parcialmente la escasez de petróleo. TotalFinaElf y Gaz de France (GDF) están negociando la explotación de la parte iraní del mayor yacimiento de producción de gas natural del mundo, el de South Pars.

Los agentes de las finanzas petroleras son cada vez más reacios a confiar su dinero a fondos de inversiones. Saben que las normas internacionales de contabilidad han sido modificadas de modo que actualmente Estados y grandes monopolios internacionales inscriben en sus balances riquezas que en realidad no tienen. Las acciones que poseen no se reflejan en la contabilidad al precio de compra sino con el precio del momento en la bolsa. Este factor, sin consecuencia alguna en período de alza, sería sin embargo fatal en caso de crisis bursátil. Bancos centrales y grandes monopolios internacionales podrían entonces sumirse en la ruina de la noche a la mañana.

La crisis hipotecaria de Estados Unidos les ha dado una buena prueba de que eso mucho más que una posibilidad remota.

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