China y Japón recuperan el tiempo perdido

Xulio Ríos
Argenpress, 11 de diciembre de 2007

El pasado día 7 de diciembre, Hu Jintao reclamaba la profundización de las relaciones bilaterales entre China y Japón. Lo hacía en el transcurso de una reunión con Ichiro Ozawa, presidente del Partido Democrático, de visita en China, al frente de una delegación de 450 miembros, entre los cuales figuraban 47 integrantes de la Dieta y personalidades de la vida pública nipona, formando parte del programa Gran Muralla, que desde 1989 ha permitido la visita a China de unos 200 representantes legislativos y unos 2.000 japoneses de diversos círculos sociales. Hu tiene previsto visitar Japón en 2008, una década después de que lo hiciera Jiang Zemin, entonces jefe de Estado chino.

Desde la normalización de las visitas mutuas al máximo nivel, suspendidas durante el mandato de Junichiro Koizumi (2001-2006) a causa de las visitas al santuario Yasukuni, las relaciones bilaterales se han ido recuperando de forma gradual. En octubre de 2006, el entonces primer ministro Shinzo Abe visitó China y en abril de este año, Wen Jiabao, primer ministro chino, visitó Japón. En la cumbre de la ANSEA (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático), celebrada el mes pasado en Singapur, Wen se reunió con el nuevo primer ministro, Yasuo Fukuda. La confianza política entre ambos gobiernos ha mejorado de forma ostensible, poniendo en marcha diferentes iniciativas de intercambio, ya sea en materia cultural, deportiva, comunicación, juvenil, etc, en lo que se adivina un esfuerzo por recuperar el tiempo perdido.

El primer diálogo económico de alto nivel se celebró el día 1 de diciembre en Beijing. Se trata de un mecanismo anunciado durante la visita de abril de Wen a Japón y que debe servir para aproximar posiciones entre estos dos actores, ambos sustanciales en el mercado asiático e internacional. El diálogo abarca tanto temas bilaterales como multilaterales (cambio climático, cooperación regional y multilateral) y en esta primera edición se habló mucho de África (el próximo año, Japón celebrará una Conferencia Internacional sobre el Desarrollo de dicho continente). A finales del próximo año debe celebrarse la segunda sesión del diálogo y China espera que pueda ayudar a que Japón reconozca pronto su estatus de economía de mercado, algo que, por el momento, difícilmente Tokio no abordará en coordinación con las principales economías.

Japón es el tercer mayor socio comercial y la segunda mayor fuente de inversión extranjera de China. El volumen del comercio bilateral en 2006 excedió los 200.000 millones de dólares. China es el mayor socio comercial y el mercado de exportación con el crecimiento más rápido de Japón. Es su mayor socio desde enero de 2005, por primera vez desde 1947. China ha pasado de significar el 3,4% en el comercio exterior de Japón en 1990, al 17,2% en 2006. En 2007 el ritmo medio de crecimiento del comercio bilateral asciende al 14%.

En ambas partes se evidencia la renovada voluntad política de cimentar una relación sólida y con expectativas en el área económica y comercial, poniendo coto a la espiral de desentendimientos entre ambos países, lo cual no significa que puedan desaparecer los contenciosos. En vísperas del diálogo económico de alto nivel, China reclamaba a Tokio el reembolso de los bonos en marcos alemanes propiedad de taiwaneses, emitidos en 1923. El gobierno colonial de entonces obligó a los residentes en Taiwán a comprar dichos bonos con el compromiso de reembolsar capital e intereses en un período de 50 años. A los ya conocidos litigios históricos en diferentes versiones (desde los libros de texto a los restos de armas químicas en la antigua Manchuria) se suman las diferencias respecto a la soberanía y explotación de los yacimientos de gas natural del mar Amarillo.

Se aprecia en el Gobierno de Fukuda una clara vocación de reforzamiento de los vínculos bilaterales, con una política muy pendiente de las reacciones de China en asuntos de especial sensibilidad. Así se ha puesto de manifiesto recientemente con motivo de la visita a Japón del Dalai Lama, totalmente ignorada por su Gobierno, a diferencia de la recepción y el trato dispensado en otros países (Australia, Estados Unidos, Alemania…), limitando los contenidos de la visita a una agenda de carácter religioso, si bien pudo reunirse con el secretario general del opositor Partido Democrático, Yukio Hatoyama. Ello es muestra del claro deseo de recomponer las relaciones con China.

También lo es el manejo más cuidadoso de la relación con Taiwán en momentos especialmente delicados para Beijing. A la reciente visita del candidato presidencial del Kuomintang (KMT), Ma Ying-jeou, se sumará la de su principal rival, Frank Hsieh, del gobernante Partido Democrático Progresista (PDP). Beijing espera de Tokio una reafirmación de la política de una China y la condena del referéndum sobre el ingreso de Taiwán en Naciones Unidas, a celebrar el próximo marzo.

Un síntoma final del nuevo clima que preside las relaciones bilaterales ha sido la escala de cuatro días del Shenzhen, uno de los destructores lanza-misiles más modernos de la flota china. Se trata de la primera visita de un barco de guerra chino a puerto japonés desde el final de la guerra. Próximamente le será devuelto el gesto a China, aunque la visita de sus marinos a un navío de guerra japonés equipado con el sistema de combate americano Aegis ha debido suspenderse por temor al espionaje chino. El motivo fue esgrimido por Estados Unidos después de que no fuera autorizado el atraque en Hong Kong de la fragata estadounidense Kitty Hawk. ¿Quién fijará los límites del entendimiento sino-japonés?

¿Calma chicha en el PCCh?

Xulio Ríos, Observatorio de la Política China
Argenpress, 17 de setiembre de 2006

La tradicional opacidad de la política china impide o hace muy difícil conocer, a ciencia cierta, la naturaleza de los debates o tensiones que pueden habitar en la cima de las estructuras esenciales del poder. No obstante, la proximidad de la reunión del Comité Central (CC) del Partido Comunista de China (PCCh), prevista para octubre, la celebración a finales del próximo año del XVII Congreso del PCCh, y algunos indicios políticos sugieren la existencia de tensiones importantes.

Entre esos indicios, cabe señalar los siguientes. En primer lugar, la circular del 8 de agosto del Buró General del CC en la que se disponen numerosas medidas de control, no sólo del partido, sino de todo el entramado institucional. Dicha circular oficializa los períodos máximos en los que se pueden ejercer cargos de representación a todos los niveles, con un nivel de detalle hasta ahora nunca visto. Esas instrucciones deben permitir una renovación significativa de muchas instituciones, a lo largo y ancho del país.

En segundo lugar, la activación de la campaña contra la corrupción y el abuso de poder. Las actuaciones en este campo se han multiplicado en los últimos meses, y afectan a sectores tan importantes como la construcción (que concentra más de la cuarta parte de los casos de corrupción descubiertos) o a la inminente imposición de medidas de ordenación de las miles de oficinas de los gobiernos locales y de grandes compañías que funcionan en la capital y considerados el origen de una corrupción desenfrenada que implica a miles de funcionarios útiles en los departamentos del gobierno central. La gran hipoteca de la estrategia anticorrupción de las autoridades chinas sigue siendo la exclusión de la participación social. Sobre el mismo Partido que acumula los escándalos descansa la responsabilidad de su persecución. Y ello explica el escepticismo y desencanto social y nutre las especulaciones acerca de su sentido real: ¿Lucha contra la corrupción o utilización de la corrupción para desembarazarse de rivales políticos?

En tercer lugar, las medidas adoptadas para reducir la ignorancia de las autoridades territoriales respecto de las indicaciones del poder central, especialmente en el orden económico o social. La colaboración de los poderes territoriales en el control del crecimiento ha venido debilitándose en los últimos tiempos. Hace escasas semanas, a mediados de agosto, el viceprimer ministro chino, Zeng Peiyan, invocó a las autoridades locales a seguir las instrucciones del poder central respecto al control macroeconómico y ya se han impuesto las primeras sanciones públicas con vocación de ejemplaridad (a las principales autoridades de Mongolia Interior). La agencia de noticias Xinhua, por otra parte, daba cuenta de un informe, según el cual, los servicios de la Fiscalía Popular Suprema detectaron que, alrededor de dos tercios de los accidentes graves que se registran en las minas de carbón, un tema especialmente sensible y sangrante, se producen en minas pequeñas o medianas, mal supervisadas debido a la corrupción reinante entre las autoridades locales.

En cuarto lugar, la vigilancia del proceso electoral interno que debe renovar más de 100.000 cargos de responsabilidad en todo el país. En los últimos tiempos, se ha constatado la creciente interferencia del mundo de los negocios en los procesos de elección-nominación en el seno del PCCh. Las elecciones internas movilizan a fracciones, protectores, clanes, y demás grupos de interés, plenamente conscientes de que no pueden desaprovechar la oportunidad de situar sus peones en puestos decisivos para garantizar la buena marcha de sus intereses. La fidelización de cuadros del Partido de diferentes niveles a esos grupos de poder adultera seriamente los mecanismos normales de funcionamiento del PCCh y amenaza con fragmentar y desorientar su discurso. Por ello, a instancias de la Comisión de Disciplina, también se ha anunciado que los procesos electores en pueblos, cantones, prefecturas y provincias serán objeto de una mayor vigilancia. Si a escala de todo el país, la teoría de las tres representaciones de Jiang Zemin ha despertado el debate acerca de si el PCCh puede controlar a los nuevos empresarios o si serán estos quienes acabarán controlando el PCCh, la realidad, en muchas localidades chinas, parece acabar imponiendo lo segundo.

En quinto lugar, la circular interna del 29 de agosto que exige a todos los cuadros y responsables del PCCh que informen no solo de todas sus inversiones económicas, sino de su status matrimonial o de sus familiares más próximos (si se casan con extranjeros, por ejemplo), en otra vuelta de tuerca para extremar la vigilancia en todos aquellos aspectos (negocios, moralidad, etc.) que afectan a la imagen social de los dirigentes partidarios.

En sexto lugar, el reciente giro en la política de comunicación, propiciado por las instrucciones dictadas el pasado 10 de septiembre, según las cuales, la agencia de noticias Xinhua debe autorizar la distribución de la información que los medios de comunicación extranjeros hagan llegar a sus usuarios y clientes chinos, con el propósito de hacer respetar las leyes y reglamentos del país donde residen. La censura aplicada a las agencias de noticias extranjeras fue desmentida desde Londres por el primer ministro Wen Jiabao, quien se apresuraba a señalar que China protege sin ambages los derechos de los medios extranjeros, en especial, los relacionados con la información económica y financiera o los Juegos Olímpicos. Wen apostilló que tanto estas como otras medidas, en especial los llamamientos efectuados para lograr una mayor calidad en el tipo de inversión exterior, en nada cuestionan la política de apertura, que permanece invariable. En cualquier caso, esta potenciación del papel de Xinhua limitará la circulación de la información y ofrecerá otro filtro a las autoridades.

Todo ese conjunto de elementos tienen un denominador común, el gran esfuerzo por controlar y moralizar la conducta de los militantes del Partido. Y todo ello bien pudiera ser indicativo de la disposición de Hu Jintao, su secretario general, por asegurarse un triunfo claro en el próximo Congreso, liquidando a los afines a Jiang Zemin, su antecesor, para disponer del margen de maniobra suficiente que le permita pilotar su propia sucesión en 2012. Como no podía faltar en este tipo de contextos, para reforzar esa convicción, el 29 de agosto, la Comisión Militar Central, también presidida por Hu, ha promovido a 28 oficiales al grado de general de división. La fidelidad del Ejército Popular de Liberación y de los servicios de seguridad, factor esencial para poder desplegar su proyecto, estaría asegurada.

La medida del éxito o fracaso de la estrategia de Hu se determinará, esencialmente, en función de la radiografía de la Comisión Permanente del Buró Político que salga elegida en el XVII Congreso del PCCh, a celebrar a finales del año próximo. Hay miembros que se pueden dar por jubilados, entre ellos, Huang Ju, afín al clan de Shanghai y con problemas de salud -además de sospechoso de estar involucrado en prácticas corruptas-; también Luo Gan, el poderoso responsable de seguridad, del clan de Shandong; igualmente, Wu Guanzheng, responsable de disciplina. Con Hu podrán continuar: Wen Jiabao, su primer ministro; Li Changchun o Wu Bangguo, presidente de la Asamblea Popular Nacional. En la cuerda floja se encontrarían Jia Qinglin, presidente de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino y, sobre todo, el vicepresidente del Estado, Zeng Qinghong. Este último es el principal aliado de Jiang Zemin en la cúpula del poder chino y el principal exponente del éxito de la estrategia de Hu vendrá determinado por la derrota de Zhen.

Jiang Zemin, al parecer descontento con Hu Jintao, mueve sus hilos entre bambalinas para seguir conservando cierta influencia. Hu se ha apurado a jubilarlo definitivamente con la reciente publicación de sus Obras Escogidas, y organizando unas pompas fúnebres solemnes en las que ha invitado a todo el Partido a estudiar su contenido.

Entre las figuras que crecen en influencia y de las cuales podría emerger el sustituto de Hu Jintao a partir de 2012 podrían citarse a varios miembros del Secretariado, entre ellos, Liu Yunshan, Zhou Yongkang, He Guoqiang, todos ellos integrantes del Buró Político. Y, por supuesto, el viceprimer ministro Zeng Peiyan, también miembro del Buró Político. Otros nombres que suenan son: Xi Jinping, Bo Xilai, o Li Keqiang Pero es probable también una promoción que tenga más en cuenta la presencia de nuevos activos procedentes de la Liga de la Juventud Comunista e, igualmente, de algunas regiones claramente subrepresentadas. En el actual Comité Permanente, la influencia de la zona costera y más desarrollada es absoluta, ya no solo por cuestiones de origen de los dirigentes (ninguno es del centro u oeste) sino también por su experiencia política: solo Hu puede acreditar el paso por regiones como Tíbet o Gansu. Sobre esas nuevas bases podría establecerse el desembarco de la quinta generación, llamada a tomar el relevo a partir de 2012.

Se trata de una batalla por el poder, pero hay más. Detrás de las opciones personales de unos y de otros, existen matices importantes en la política a desarrollar. No es solo cuestión del ritmo de la reforma, sino también de su orientación final. Siguiendo la estela taiwanesa, algunos consideran llegada la hora de poner proa a una reforma política que en el plazo de una década pueda convertir a China en un país internacionalmente homologable. Hu parece resistirse a tirar la toalla, y sigue postulando la vigencia de la actual política concediendo la máxima prioridad a la revitalización del Partido y a la solución de los desequilibrios territoriales y sociales, exacerbados durante el largo mandato de su antecesor, Jiang Zemin.

El nuevo subproletariado urbano en China

Mientras el Gobierno chino resalta la lucha contra la pobreza en el ámbito rural, el número creciente de personas pobres en las ciudades representa un nuevo desafío (Beijing Review, núm. 12, 2006)
Mientras la atención de la nación se ha centrado en la pobreza rural, y el número de personas pobres en el campo ha disminuido, se ha vuelto una nueva fuente de preocupación el aumento en el número de habitantes de las ciudades que viven en la miseria.

Estudios de multitud de economistas de diferentes regiones muestran que, en lugar de aliviarse por el crecimiento económico rápido de China, la pobreza urbana se ha vuelto más preocupante.

Según las estadísticas ofrecidas por esos economistas, los pobres representaban el 6-8 por ciento de la población urbana en 2004, cifra substancialmente superior al 2'6 por ciento de las áreas rurales.

Comparado con la población rural, los pobres urbanos no tienen la base de seguridad que supone la tierra, dijo Zhao Xizhong, diputado al Congreso del Pueblo Chino por la provincia de Liaoning en el nordeste de China, que supervisa el problema. Este tipo de pobreza es absolutamente indigente. Sin una política de seguridad social sólida, pueden volverse el grupo mas perjudicado.

Guo Jinyun, miembro del Comité Provincial de Hunan de la Conferencia Política Consultiva del Pueblo Chino, también ha observado las condiciones de vida de los pobres urbanos durante muchos años. En un informe presentado al gobierno local, Guo prevenía la formación de barrios pobres.

Lo que preocupa a Guo más que las condiciones de vida de las personas, es el posible deterioro de la seguridad pública y de la economía si no se lleva a cabo ninguna medida eficaz para ayudar a escapar de la pobreza a la población. Violencia de grupo, crimen y otros problemas sociales se podrían extender, según comentó.

La pobreza atraviesa generaciones

Otros sociólogos piensan que la situación es aún más seria.

La comunidad de Lubandian en la Ciudad de Xiangtan, provincia de Hunan, adyacente a una zona comercial, es considerada un barrio bajo. La mayoría de los residentes son personas mayores y obreros en paro que tienen unos ingresos muy bajos. Aunque una proporción pequeña de ellos recibe pensiones, tienen difícil llegar a fin de mes. Además, la mayoría de estas personas vive en un espacio muy pequeño, a menudo con tres generaciones compartiendo la casa familiar.

Según un estudio hecho en el área, hay por lo menos un paciente con una enfermedad crónica o seria en el 65 por ciento de las familias, mientras el 34 por ciento tiene algún familiar con discapacidades. El 72 por ciento percibe la escasez de oportunidades de empleo, los gastos médicos altos y el crecimiento del coste de la educación de los niños como los tres grandes problemas que hacen imposible para ellos mejorar su situación financiera.

Los expertos señalan que los pobres urbanos comprenden principalmente los siguientes grupos: las personas que han sido despedidas de las empresas estatales durante la reforma económica; los que viven en ciudades en las que ‘los recursos se han agotado’, como Fuxin, en la Provincia de Liaoning, en el nordeste de China, que producía carbón y donde el 30-40 por ciento de los desempleado son obreros jóvenes; las personas mayores que se prejubilaron y se mantienen con las pensiones; y los trabajadores rurales que emigraron a las ciudades.

Lo más preocupante es que muchos niños pobres que abandonaron la escuela a una edad temprana debido a la pobreza no tendrán la oportunidad de ganar dinero. No pueden sino continuar esforzándose en condiciones de pobreza, y les será imposible echarse sobre las espaldas las cargas familiares. Así, la pobreza pasará de una generación a la siguiente.

Según un informe de la revista Perspectiva Semanal, estudios de diferentes departamentos estatales indican que actualmente, en China, se está haciendo más difícil para las personas de un nivel socio-económico bajo cambiar su destino a través de sus propios esfuerzos. Lo mismo se puede aplicar a las oportunidades de sus hijos de lograr un estado social más elevado a través de los cauces típicos, como la educación y el trabajo. Esta población afecta a los obreros urbanos en paro y a un gran número de trabajadores rurales que emigraron a las ciudades.

Es más, así como se transmite la pobreza de una generación a la siguiente, lo mismo sucede con la riqueza. Los investigadores han mostrado que, conforme es mayor el nivel social y el poder que tienen los padres, más fácil es para sus hijos lograr un nivel social y unos ingresos elevados.

Actualmente, es casi imposible eliminar el diferencial de riqueza en cualquier sociedad, pero una sociedad justa debería mantener los canales para que las personas de clase baja puedan ascender, y dar oportunidades para los pobres de cambiar su destino a través del esfuerzo, según dijo Perspectiva Semanal. Cuando hay una clara divisoria entre el rico y el pobre que se mantiene durante mucho tiempo, los grandes riesgos potenciales están poniendo en peligro la sociedad, advirtió.

Una red de seguridad inadecuada

En los últimos años, el empobrecimiento urbano se ha vuelto un problema social serio. La razón principal es que muchos obreros de las empresas estatales fueron despedidos con la profundización de la reforma económica de China.

La estadística muestra que la población desempleada en 1993 era de 3 millones, pero a partir de 1997 este número se había situado entre 17'6 y 18'2 millones, incluyendo 12'2 millones de despedidos de las empresas estatales. Aún hoy quedan 8'9 millones de desempleados. La situación es muy grave en el nordeste de China, que había sido la base de la industria pesada.

La red de seguridad social se ha ido desarrollando lentamente. El sistema actual ofrece un sustrato de seguridad bajo que apenas puede ayudar a asegurar una vida apropiada, y en lugar de cubrir a todas las personas de bajo ingreso, se limita a una parte de los obreros con trabajos estables. A pesar de los esfuerzos del gobierno para atraer a más personas al sistema, hay todavía un largo camino para garantizar un sistema social para todos.

A principios de febrero de este año, la empresa de investigación de mercado Horizon Group hizo público un informe, según el cual los gastos educativos se han vuelto el lastre más grande que lleva a la pobreza tanto a los pobres urbanos como a los rurales. Aproximadamente el 40-50 por ciento de la población pobre de las ciudades y las áreas rurales dijeron que se habían empobrecido porque tenían niños que asistían a la escuela. Esto es particularmente cierto para las familias rurales.

El informe también muestra que la segunda carga más importante son los gastos médicos. Aproximadamente el 25 por ciento de los pobres dijeron que entraron en la pobreza porque un familiar se puso enfermo. Las estadísticas de la Sección de los Asuntos Civiles de Liaoning descubren que esos altos gastos médicos también son el dolor de cabeza más grande para los pobres urbanos, que en un 30 por ciento apuntan que ésta era la razón para su pobreza.

La familia de He Dong era feliz viviendo en Mongolia Interior. Pero las cosas cambiaron profundamente cuando su hijo desarrolló un cáncer de huesos. Sin cobertura por el sistema del seguro social, He Dong tuvo que pedir prestado dinero a todos sus parientes y amigos para subvenir a los altos costes médicos de salvar a su hijo de 12 años. El esfuerzo resultó inútil, y además, su familia se hundió en la pobreza extrema.

Pedí prestados mas de 600,000 yuanes a los amigos y, aunque ellos no me lo piden, tengo que devolverles el dinero en algún momento, dijo He. Otro problema inesperado vino cuando su padre sufrió problemas renales.

La casa de He está casi vacía, desde que ha vendido todo lo que ha podido para obtener dinero en efectivo. Una vieja TV de color sobre una caja rota. Ésta es la única distracción que a veces tengo, dijo He.

No está solo. Muchas más personas están experimentando una situación similar cuando la enfermedad grave de uno de los miembros amenaza con hundir a la familia entera en una horrible pobreza.

Ding Sibao, profesor y Director del Centro de Investigación Pública en el Instituto de Desarrollo Chino, situado en Shenzhen, hizo un estudio entre las personas pobres en cinco ciudades en el nordeste de China en 2005, estudio que mostró que la mayoría de los obreros despedidos de las empresas estatales encontró serios problemas para obtener un nuevo empleo, conseguir seguro de desempleo o pensión, obtener formación profesional o conseguir servicios médicos y educativos.

El hecho de que las personas pobres estén en la pobreza sólo se debe parcialmente a su retraso económico; en buena parte, la causa es la discriminación en las diferentes políticas, dijo Lu Xueyi jefe del Instituto de Sociología de la Academia China de Ciencias Sociales. Algunos expertos llaman a este fenómeno la pobreza inducida por el sistema.

Un caso claro es la reforma médica y educativa de los últimos años, que ha provocado mucha controversia. La reforma se orienta según los principios del mercado e ignora la naturaleza de servicio público de estos sectores.

Ofrecer soluciones

Ding sostiene que es aun más duro para China resolver el problema de la pobreza urbana que el de la pobreza rural, porque el hecho de que los residentes urbanos no tengan tierra les quita la posibilidad de aumentar su ingreso y repartir la carga, y el costo de vivir en las ciudades se hace mucho más alto que en las áreas rurales.

A los ojos de muchas personas, el crecimiento del empleo, en donde el sector servicios ofrece grandes oportunidades, juega un papel importante para resolver el problema de la pobreza urbana. Sin embargo, la investigación de Ding muestra que este método, que funciona en las regiones económicamente desarrolladas no se puede aplicar a las regiones subdesarrolladas. En algunas ciudades nororientales, encontró que lo que pasa en el sector servicios es que los negocios pequeños no obtienen beneficio alguno, hay una demanda muy pequeña para servicios domésticos y no muchas personas pueden permitirse el lujo de contratar niñeras.

En tal situación, muchos expertos sugieren que debe prestarse más atención a la creación de sangre que a las transfusiones de sangre, queriendo decir que debe darse énfasis a la formación en habilidades prácticas, en vez de simplemente ofrecer ayuda financiera. Algunas ciudades han empezado a adoptar esta pauta. Por ejemplo, en febrero, Shanghai lanzó un programa consistente en ofrecer a cerca de 300.000 desempleados una tarjeta de formación profesional con un crédito de 2.000 yuanes válido para cualquier tipo de formación profesional.

Zhao, el diputado del Congreso del Pueblo Chino por Liaoning, defiende políticas más profundas de alivio de la pobreza urbana. Políticas, según él, más eficaces, como p.e. nuevas normativas y claridad en las normas, procedimientos y fondos para un nivel de vida básico garantizado para los residentes urbanos.

Otros expertos destacan que esa pobreza urbana sólo puede superarse con una sociedad más transparente. La situación actual en China es que el diferencial de ingreso entre los residentes urbanos y rurales y entre los propios residentes urbanos se está ensanchando. Un reciente informe de la Comisión para el Desarrollo Nacional y la Reforma dijo que el coeficiente de Gini, una medida de desigualdad del ingreso, tenía un nivel muy alto, de 0'4, para los residentes urbanos de China, lo que significa que el diferencial rico-pobre del país es excesivamente grande. Si todo el ingreso adicional aparte de los sueldos estuviera incluido, el dato sería aun más alto. De hecho, mientras las personas de bajos ingresos representan el 20 por ciento de los residentes urbanos, poseen menos del 3 por ciento de la riqueza de las ciudades.

Teóricamente, el aumento en la riqueza total de la sociedad influirá en la superación de la pobreza. Sin embargo, sin un sistema justo y transparente de distribución de rentas, la población pobre urbana puede crecer todavía, comenta el Xiaoxiang Morning Post.

Feng Jianghu
sinpermiso.info (09/07/06)

China padece graves problemas de paro

A pesar del rápido desarrollo capitalista que se ha producido en los últimos años, en China la oferta de fuerza de trabajo supera con mucho la demanda.

En 2006, 17 millones de chinos comenzarán a buscar trabajo en todo el país, y de ellos un 60 por ciento son trabajadores provenientes de las zonas rurales.

La Comisión Estatal de Desarrollo y Reforma de China calcula que alrededor de 6'6 millones de personas perderán su trabajo en los próximos tres años.

La cifra de nuevos empleos creados en China servirá tan sólo para cubrir la mitad de la oferta laboral, según informaba el 14 de febrero de 2006 el periódico China Daily.

Para dar empleo a los recién llegados al mercado laboral, los despedidos de las empresas estatales y los campesinos harían falta crear en las ciudades unos 25 millones de puestos de trabajo, de acuerdo con la Comisión Estatal de Desarrollo y Reforma de China. Sin embargo, el país sólo será capaz de crear unos 11 millones de empleos, según la comisión. La mano de obra excedente alcanzará este año los 14 millones, un millón más que el año pasado, según el informe.

El problema podría agudizarse como resultado de la superproducción y el aumento de las fricciones comerciales.

China creó el año pasado unos 9'7 millones de puestos de trabajo, y el índice de desempleo se mantuvo en un 4'2 por ciento.

Miles de empleados son despedidos cuando las empresas se declaran en quiebra o a consecuencia de la reestructuración de las empresas públicas.

El índice real de desempleo será más alto si se cuenta a este grupo de población, incluso aunque no se incluya a cerca de 200 millones de mano de obra sobrante en las zonas rurales del país.

En China las masas no se someten

Cada día se producen 200 rebeliones masivas en China contra la penetración salvaje de la explotación capitalista, según cifras oficiales del Ministerio de Seguridad Pública. En 2004 las cifras crecieron un 25 por ciento. Según el ministro de Seguridad Pública, el número de protestas masivas en todo el país se ha ido incrementando desde 10.000 en 1994 a más de 74.000 en 2004, logrando congregar a 3'8 millones de manifestantes.

En la primera mitad de 2005, resultaron muertos 23 miembros de la policía en confrontaciones con los manifestantes; más de 1.803 resultaron heridos. En total, 170 agentes murieron y 3.212 fueron heridos en el desempeño de su labor represiva en el mismo periodo.

Ese verano los ataques contra policías llegaron a tal extremo que el Ministerio de Seguridad Pública se tuvo que dirigir a la población para que no siguieran recurriendo a la violencia en sus confrontaciones con la policía. El ministro dijo que los ciudadanos deberían tratar a la policía de forma racional y humana y que haría de la protección policial su prioridad, pidiendo a los departamentos locales de seguridad pública que realizaran actividades encaminadas a instruir a los agentes en prácticas de autodefensa y control de situaciones con los ciudadanos. En China hay más de 1'6 millones de policías.

Según un reportaje del Huashang Morning Post, un incidente característico ocurrió cuando un policía de tráfico fue arrastrado 100 metros por un triciclo motorizado de trasporte público y luego fue atropellado por el vehículo. Se cree que el conductor del vehículo, que huyó de la zona, había estado discutiendo con el agente antes de poner en marcha el vehículo. Otros incidentes incluyen el acuchillamiento de un mercenario en una comisaría de policía y un ataque mortal en abril de 2005 contra otro agente que intentó acabar con una pelea entre dos bandas en Anhui.

El gobierno admite la existencia de sublevaciones a causa de la corrupción, e incluso reconoce los abusos de poder de los funcionarios desde el desmantelamiento del socialismo. Sin embargo, para los revisionistas, el malestar es social pero en ningún caso político.

El presidente Hu Jintao habla de armonía y estabilidad, pero el malestar en China es creciente, tanto en el campo como en la ciudad. El Estado es incapaz de controlar la situación y basta cualquier chispa para desatar las hostilidades con las fuerzas represivas.

Los obreros comienzan a organizarse y a luchar contra la explotación

No pasa una semana sin que un movimiento social se desate en alguna fábrica, exponía el 14 de octubre de 2005 el diario francés Le Monde: 57.000 luchas obreras en 2004 que involucraron a 3 millones de trabajadores.

La reestructuración de las empresas estatales ha supuesto supresiones masivas de empleos. Cada año el gobierno chino despide entre 8 y 10 millones de trabajadores de empresas que antes eran públicas y ahora se cierran o pasan a manos de los tiburones capitalistas extranjeros.

A mediados de los años 90 eran sólo las fábricas socializadas y privatizadas las que se movilizaban contra los despidos masivos de cientos de miles de trabajadores. Ahora las luchas se han extendido contra las fábricas privadas de la costa del sur de China volcadas hacia la exportación. Se trata de fábricas que subcontratan para grandes monopolios extranjeros y emplean a campesinos emigrados del interior de China que trabajan con salarios de 100 euros mensuales.

En Stella International, un importante suministrador de equipamiento deportivo para Nike y Reebok, cuya fábrica está en Dongguan, cerca de Canton, estallaron violentas huelgas en 2004. La represión fue brutal, hubo muchos trabajadores detenidos y sólo un año después se logró su liberación de la cárcel. Diez obreros habían sido condenados a largas penas de prisión.

Con el rostro cubierto, los obreros contaban a Le Monde cómo, con un calor intenso, deben encadenar las horas de trabajo extraordinarias sin compensación. Algunos tienen las manos vendadas: se han herido manejando prensas de imprenta mal protegidas, fabricando libros de Walt Disney para niños en fábricas de la provincia de Guangdong, en el sur de China.

Recientemente el China Daily reconocía que se están organizando grupos de trabajadores para cobrar sus salarios impagados y no dudan en reurrir a la violencia para lograrlo.

Las cifras de obreros muertos en accidentes de trabajo son espantosas. El 3 de agosto de 2005 un accidente causó la muerte de 24 mineros en Yuzhou, tras el cual los familiares convocaron una manifestación de protesta.

Muy pocos días después, el 9 de agosto, decenas de mineros, 123 según algunas fuentes oficiales, quedaron atrapados en una mina que se inundó al sur de China, en Danxing. Según el periódico China Daily, 200 mineros trabajaban ilegalmente en este pozo.

El 28 de noviembre del mismo año, 74 mineros murieron y otros 32 desaparecieron en una mina de carbón de Tangshan, provincia de Hebei. Otros 6 mineros quedaron atrapados en un pozo minero de la provincia de Jilin a causa de inundaciones, según informó la agencia oficial de noticias Nueva China.

Unos pocos días después, el 7 de diciembre, en Qitaihe, al este de Harbin, en la provincia de Heilongjiang, una explosión de grisú, de las que se producen cientos anualmente en China, causó la muerte de 161 mineros, según un primer balance de la prensa oficial. Otros diez mineros desparecieron.

diciembre de 2005: 30 campesinos muertos por disparos de la policía contra una manifestación

El 6 de diciembre de 2005 la policía antidisturbios abrió fuego en Dongzhou, en la provincia de Guangdong, contra los campesinos que se manifestaban para protestar por la expropiación encubierta de sus tierras. La situación se agravó cuando la policia detuvo a tres representantes de los campesinos, que levantaron barricadas y lanzaron cócteles molotov para tratar de impedir la entada de la policía en la ciudad. Según el periódico hongkonés South China Morning Post, se habrían producido unos 30 muertos entre los campesinos, cuyos cadáveres se los llevó la policía.

Tras el enfrentamiento, se declaró el estado de excepción y miles de policías se desplegaron por los alrededores de la ciudad para practicar redadas entre los campesinos, descontentos de las míseras indemnizaciones percibidas en compensación por el saqueo de sus tierras, en las que el Estado pretende edificar una central eólica.

Patrullas de policías recorrieron la ciudad durante varios días pero, a pesar del toque de queda, muchos campesinos escaparon de sus casas para evitar las redadas, y también a causa de la falta de alimentos provocada por el bloqueo policial de la ciudad. La policía levantó barricadas en los caminos de acceso para detener a los sospechosos de organizar las manifestaciones y prohibió a los periodistas el acceso a la ciudad.

Las manifestaciones comenzaron en setiembre porque los pescadores temían por su sustento si se construía la central y los campesinos acusaban a los funcionarios de desviar el dinero percibido para indemnizar las expropiaciones en povecho propio.

Abril de 2005: revuelta campesina en Huaxi

Por primera vez desde el restablecimiento del capitalismo en China, una revuelta campesina en el valle de Huaxi, en el corazón mismo de la provincia de Shejiang, puso en fuga a los antidisturbios que llegaron para aplastarles.

El enfrentamiento con los mercenarios provocó decenas de heridos entre los policías y, según los rumores, al menos un muerto. La prensa oficial habló de un incidente provocado por campesinos ignorantes pero en las calles la policía patrullaba mientras la población hablaba en voz baja. En los arrozales los campesinos aseguraban que nunca habían sido apaleados con tanta saña como hasta entonces.

En Huaxi la revuelta comenzó el 23 de marzo cuando la Asociación de Ancianos bloqueó el polígono industrial instalando un campamento permanente frente a las fábricas para protestar contra la contaminación del aire, la tierra y el agua. En China aún es costumbre que mientras los jóvenes trabajan, los viejos se encarguen del bienestar familiar, la custodia de los niños y de las faenas domésticas. Ahora también los ancianos, que conocieron las mieles de la revolución y del socialismo, dan ejemplo poniéndose a la cabeza de la protesta.

En setiembre se inició un juicio a puerta cerrada en Dongyang contra ocho campesinos, entre ellos ellos un enfermo síquico. Tuvo que ser suspendido a causa de la revuelta y se celebrará un segundo juicio en un tribunal próximo.

Rodeando toda la ciudad, en 2001 se instalaron en Huaxi numerosas fábricas de pesticidas, algunas muy próximas a una escuela. Pocos años después, en el río ya no nadan peces, el maíz se seca antes de madurar, las legumbres no se pueden comer y han aparecido casos de cáncer entre los niños. Al caer la noche los vecinos cierran rápidamente las ventanas porque las fábricas aprovechan para lanzar sus humos; los vecinos duermen con una máscara de gas húmeda en la boca.

Tras la revuelta, el gobierno de Beijin ordenó el desmantelamiento de la fábrica más contaminante, Dongnong Chemical Factory Ltd. y el gobierno local se comprometió a cerrar las demás, lo más tardar para el 26 de agosto de 2005. Falsas promesas y aplazamientos mientras las fábricas siguen arrojando su pestilente humo y contaminando el entorno. Incluso a pleno día el aire es ácido y los ojos enrojecen.

Pasaron las semanas y los viejillos seguían instalados frente a las fábricas, impidiendo el paso de camiones y suministros. Los funcionarios locales, fieles guardianes de los capitalistas, se tomaron el bloqueo como un desafío que hacía peligrar los fantásticos índices de desarrollo capitalista de China.

El 10 de abril llegó de madrugada un escuadrón de policías antidisturbios devastando el poblado que habían levantado los ancianos con cañas de bambú y lino. Fue una victoria fácil sobre aquellos viejillos desvalidos que aún dormían plácidamente en su humilde campamento. Los que se negaron a abandonarlo fueron arrojados de allí a palos y perseguidos brutalmente por los arrozales.

Fue un error: era día de mercado en Huaxi; miles de campesinos llegaban a la ciudad y se encontraban en medio de una batalla campal de los antidisturbios contra aquellos ancianos que les hacían frente con más coraje que fuerza. No cabían dudas: se estaba haciendo una afrenta a aquellos ancianos y todos se armaron de palos y piedras, lanzándose contra los antidisturbios. Se produjeron choques cuerpo a cuerpo y los maderos tuvieron que refugiarse en el patio del colegio.

No se contuvieron los ánimos: los campesinos amotinados derribaron el muro del colegio y los antidisturbios tuvieron que echar a correr por la campiña para salvar su vida. Fue una desbandada en toda regla, en la que no faltó el burócrata local del partido revisionista que dirigía a los maderos. Una vez huidos, los campesinos la tomaron con los vehículos de la policía, que fueron destrozados y luego incendiados.

Al final de la revuelta, el hospital de Dongyang contablizaba 140 heridos, casi todos ellos vestidos con su uniforme.

Los campesinos de Huaxi tienen otra razón para su protesta: acaban de echarles de la tierras que les dio la revolución de 1949. En 2001 el gobierno de Dongyang había tomado prestadas las tierras para construir el polígono industrial. Durante tres años estuvieron pagando a los campesinos una indemnización de 40 yuanes por cada persona a su cargo.

Así trataban de compensar la pérdida de la dos terceras partes de las superficies cultivables, aunque mantenían la ficción del derecho de los campesinos a las tierras que se ganaron con la revolución.

Al mismo tiempo, los burócratas locales y los jefecillos revisionistas se enriquecían con el tráfico de una tierras que no son suyas.

El negocio y la corrupción no son diferentes en la China actual de lo que son en España o en cualquer otro país capitalista: reconvertir una tierra legalmente inalienable dedicada a usos agrícolas, en zonas edificables, negociables y cuyo valor es muy superior. Es un negocio rápido, casi instantáneo y está en manos de los funcionarios públicos tomar las decisiones. Todo ello a costa de la miseria de los campesinos usufructuarios que, privados también del poder, no pueden oponerse a la confiscación encubierta: no les roban las tierras; sólo se las toman prestadas a cambio de una especie de mísero alquiler.

En Huaxi el pago de esos alquileres fraudulentos a los campesinos había cesado a comienzos de este año, por lo que su sitiación se agravó. Cada familia se quedó con una parcela reducida de unos 100 metros cuadrados de superficie de media, apenas un huerto del que no pueden sacar tomates, ni pepinos ni lechugas porque el agua y el aire están contaminados.

Incluso ya no tiene sentido devolver la tierra a los campesinos: aunque desmantelen la fábricas, el campo está irreversiblemente contaminado.

Corrupción y explotación

El 6 de octubre de 2005 se reunió el Comité Central del partido revisionista para estudiar el nuevo plan económico con un tema monográfico: corregir los desequilibrios sociales y tratar de calmar el profundo malestar social. Según informó el periódico oficial China Daily, el Comité Central debatió los modos para combatir la creciente disparidad entre las provincias de la costa y el subdesarrollado oeste y la ascendente brecha entre ricos y pobres, así como la contaminación medioambiental y la corrupción.

El panorama dista bastante de la sociedad armoniosa que preconiza el presidente Hu Jintao, quien, por primera vez, asistió a esta reunión del Comité Central tras tomar el mando de la Comisión Militar Central, el último cargo que retenía su antecesor, Jiang Zemin. No en vano, la construcción de una sociedad armoniosa fue concebida por el propio Hu Jintao en febrero de 2005, cuando instó a otorgar prioridad las iniciativas sociales sobre los beneficios económicos: Una sociedad en armonía traerá la democracia, el imperio de la ley, la igualdad y la justicia, aseguró entonces Hu Jintao.

Más palabras y más frases vacías porque para lograr eso hay que construir el socialismo no impulsar el capitalismo. De momento el saqueo de China ha alcanzado límites insospechados. Los últimos datos de la Oficina de Estadísticas alertan de que el 10 por ciento de los nuevos ricos y explotadores posee el 45 por ciento de la riqueza, mientras que el 10 por ciento más pobre apenas disfruta del 1'4 por ciento.

Todas las desigualdades sociales se han disparado que, lejos de mejorar, se vuelven cada día más delicadas, puesto que los ingresos en las zonas urbanas se incrementarán en 2005 entre un 8 y un 9 por ciento y sobrepasarán los 10.000 yuanes (1.008 euros). Mientras tanto, el aumento en el campo será sólo del 4 ó 5 por ciento con respecto a 2004, cuando dicha renta se situó en 2.936 yuanes (296 euros). Los ingresos medios en el campo son sólo un tercio de los obtenidos en las ciudades, un síntoma característico de la desigualdad capitalista.

De los 1.300 millones de habitantes con que cuenta el país, 800 millones viven en condiciones más que precarias en las áreas rurales, que padecen desigualdades y todo tipo de abusos. De ellos, 90 millones se encuentran bajo el umbral de la pobreza, por lo que Beijin teme que las desigualdades desencadenen un estallido social en 2010 si antes no ponen remedio. La explotación, las injusticias sociales, el expolio y los graves desequilibrios de todo tipo suponen la mayor amenaza a la que se enfrenta el Estado burgués.

Shejiang no es una provincia atrasada sino una de la más prósperas del país gracias al arroz y los cultivos hortícolas. No obstante, se produjeron tres revueltas campesinas en la primavera de 2005 en un radio de 200 kilómetros, primero en Huaxi, luego en Meishan y, finalmente, en Xincheng. Ahora ha sido la contaminación, ligada al expolio irregular de las tierras, los abusos de poder y la corrupción, lo que ha desatado el levantamiento. Otras veces son los despidos masivos o los mortíferos accidentes labrales.

La historia demuestra que China no se somete fácilmente. Volverá la revolución, no cabe duda, para devolver a las masas lo que los revisionistas les han arrebatado.

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