La Cruz Roja colaboró con la CIA en Guantánamo

El País, 11 de noviembre de 2007

Supuestos miembros de Cruz Roja pidieron a varios presos en Guantánamo (Cuba) que colaboraran con agentes de la CIA y revelaran datos de Al Qaeda a cambio de su libertad, según señalan varias fuentes consultadas por El País. Ante la sospecha de que soldados norteamericanos suplantaban a sus miembros para obtener información, Cruz Roja protestó ante las autoridades militares del campo. La queja se hizo en el año 2003 y sin publicidad, ya que esta organización humanitaria no puede hacer pública ninguna información sobre su trabajo o la situación de los presos en ese centro. La CIA se ha infiltrado otras veces en algunas ONG que trabajan en América Latina.

¿Por qué no colaboras con los estadounidenses y te sacamos de aquí? Lahcen Ikassrien, de 40 años, un marroquí residente en Madrid que permaneció recluido durante cuatro años en la base de Guantánamo, fue uno de los presos que recibió este ofrecimiento. Ahora relata por primera vez esta experiencia.

¡Hola, español! ¿Cómo estás? Te traigo una carta de tu familia... Tú eres buena persona y muy listo, ¿por qué no colaboras con los norteamericanos, les cuentas lo que sabes y te sacamos de aquí? Guantánamo es muy duro, espetó en castellano un hombre de unos 36 años, pelo claro, alto, delgado y con una placa del Comité Internacional de la Cruz Roja en la solapa.

Cuando Lahcen Ikassrien, natural de Alhucemas (Marruecos) y residente en Madrid, escuchó esta frase llevaba más de un año preso en Camp Delta, uno de los recintos de la base militar en la que el Ejército de EE UU mantiene aislados del mundo a centenares de presuntos terroristas de Al Qaeda. Había sido capturado en Kunduz (Afganistán) en diciembre de 2001 por los hombres de la Alianza del Norte y vendido a los norteamericanos como un peligroso terrorista. Sobrevivió milagrosamente a la revuelta de mercenarios extranjeros en la cárcel de Qila-i-Jhangi, a las afueras de Mazar-i-Sharif, en la que murieron 600 presos, muchos con las manos atadas.

Vosotros, ¿qué estáis haciendo aquí? ¿Traéis cartas o trabajáis para los americanos?' Le escupí a la cara. Estaba amarrado con las cadenas al suelo y le dije: 'Si estuviera suelto te rompería la cara. No eres de Cruz Roja, eres un falso que trabaja para los norteamericanos'. Vinieron los soldados y me llevaron a mi celda. Estuve varios días castigado en aislamiento, desnudo, sin luz ni agua. Luego me cambiaron de módulo, no querían que hablara con mis compañeros y les dijera lo que estaba haciendo la gente de Cruz Roja, relata ahora el ex preso.

Ikassrien asegura que casi todo el texto de la carta que le entregó aquel hombre estaba tachado con tinta negra. Era una carta de su madre, a la que no ve desde hace 10 años, y según su testimonio sólo aparecía el nombre de ésta y de su hermano. Le pregunté por qué me traía esta carta y respondió que él no podía hacer nada, que toda la correspondencia pasaba por los soldados americanos. ‘¿Por qué no dejáis que vengan otros grupos humanitarios? Vosotros no hacéis nada aquí’, le insistí.

Ikassrien, que deambula ahora por las calles de Madrid sin documentación -hace más de un año que las autoridades de Marruecos le prometieron entregarle un pasaporte-, asegura que aquel supuesto miembro de Cruz Roja le había visitado otras veces antes de aquel ofrecimiento. Lo vi por primera vez en Kandahar y me vino a ver varias veces en Guantánamo, pero antes no me comentó nada semejante. Nunca me había hecho ese ofrecimiento. Creo que era suizo. Hablaba árabe, aunque mal, francés, inglés y español. Siempre decía: ¡hola, español!.

Tres meses después de este incidente Ikassrien fue trasladado a Camp Five, otro de los centros de internamiento en Guantánamo, un escenario más duro que el anterior, un lugar donde las torturas de los soldados norteamericanos eran habituales. Pero antes recomendó a sus compañeros que no hablaran con la Cruz Roja y que no enviaran cartas a sus familiares. Algunos presos se negaron a comunicar con los enviados de ésta organización. Les veían como enemigos, según su relato.

Les conté lo que me había pasado y algunos me dijeron que habían tenido experiencias muy similares a la mía. Hasta hicimos una huelga de hambre. Estuve varios meses sin escribir cartas a mi familia y sin visitas de la Cruz Roja. Aquel hombre no volvió a visitarme. Vino otro miembro de esa organización, también suizo, que había vivido en Suráfrica. Quería calmarme porque sabía que estaba muy enfadado con ellos. Me traía galletas y zumos. Para ganarse mi confianza me contó algunas confidencias de sus gustos sexuales sin que yo le preguntara nada. Me preguntaba por mi familia y animaba a volver a escribir cartas. Quería hacerse mi amigo.

Ikassrien afirma que miembros de Cruz Roja intercedieron a favor de los soldados cuando días antes de ser entregados a sus países de origen les conminaban a firmar documentos en los que decían que habían sido capturados en Afganistán cuando en realidad fueron vendidos por dinero en Pakistán. Algunos británicos y de otras nacionalidades se negaban a firmar y entonces venían los de la Cruz Roja y les intentaban convencer para que lo hicieran. ‘¡Si firmáis no pasa nada!’, les decían.

Y relata la visita de una mujer, presunta jefa de Cruz Roja, que visitó Guantánamo para hablar con los presos y controlar el trabajo de sus miembros. Algunos presos me confesaron que esta mujer se mostró crítica con el trabajo que su organización estaba haciendo allí. Que les contó que había visto cosas que no se correspondían al trabajo que debía de hacer Cruz Roja. El ex preso marroquí asegura que algunos médicos de esta organización humanitaria sirios, libaneses y tunecinos renunciaron a su trabajo en la base militar al comprobar las condiciones en las que vivían.

Ikassrien era un objetivo de extraordinario interés para los interrogadores del Ejército y la CIA en Guantánamo que, según relata, lo torturaron en distintas ocasiones. En Madrid estuvo vinculado con miembros de la célula de Imad Eddin Barakat, Abu Dahdah, un sirio condenado como jefe de Al Qaeda en España y conectado con alguno de los autores de los ataques del 11-S. Ikassrien fue a Afganistán porque le fascinaba el gobierno talibán al que consideraba un modelo para el mundo musulmán. Quería ser un musulmán de verdad, afirma ahora.

Tras separarse de su mujer marroquí y cumplir tres años de prisión en Valdemoro por tráfico de hachís dejó Madrid donde había vivido y trabajado en toda clase de empleos durante 13 años. Llegó a Herat a través de la frontera de Irán y asegura que no entrenó en ningún campo de Al Qaeda en contra de lo que la policía cree pero nunca probó ya que, tras su entrega, fue absuelto por la Audiencia Nacional. Las fuerzas del general uzbeko Abdul Rashid Dostum lo condujeron al fuerte de Qila-i- Jhangi, donde un misil le reventó un brazo. El 29 de diciembre de 2001, la Cruz Roja lo registró como detenido en Mazar-i-Sharif y residente en España.

La Cruz Roja tiene destacado en Guantánamo a un equipo que oscila entre 10 y 30 miembros y asiste a centenares de presos. Su trabajo consiste en registrar la identidad de los prisioneros, hablar con ellos en privado y darles la oportunidad de que escriban a sus familiares o reciban cartas de éstos. Responsables de organizaciones humanitarias se defienden y aseguran que han tenido experiencias similares de suplantación en diversos escenarios de guerra. Otros van más lejos y reconocen casos aislados de voluntarios que por la mañana trabajan para una ONG y por la tarde para la CIA.

Una ONG tortura a los niños en Etiopía

El País, 16 de noviembre de 2007

Cinco horas de rodillas en un suelo de piedras. Ése es uno de los castigos que sufren los niños etíopes que viven en el centro de Addis Abeba (Etiopía) que gestiona la ONG Global Infantil. Los cooperantes y socios de la entidad Tomàs Jover y Petra García han explicado esta mañana en Barcelona los detalles de la querella que han presentado ante la Audiencia Nacional y que investiga el juez Fernando Grande-Marlaska.

La querella acompaña un vídeo de 45 minutos con los relatos que ofrecieron los niños a los dos cooperantes durante las tres semanas que estuvieron en el centro. Un resumen de las imágenes fueron emitidas en privado a los periodistas con el ruego de no difundirlas para evitar represalias con los menores. Pensamos que lo mejor que podíamos hacer para ayudar a los niños es grabar esa cinta, volver a España y denunciar los hechos, explicó Jover, pedagogo de profesión y quien asegura haber sido amenazado por el presidente de la ONG, Gil Lossada, cuando éste le recriminó el comportamiento que tenía con los niños. En Etiopía es muy fácil sufrir un accidente, me dijo.

Otro de los supuestos malos tratos que se relatan es obligar a unos niños de 12 años a transportar, descalzos, unos enormes bloques de cemento durante una hora a unos 90 metros y luego devolverlos a su lugar de origen. Y todo por una tontería que los niños niegan haber hecho. Podemos asegurar que son personas muy normales, no delincuentes ni peligrosos, que hacen caso a la primera, añade Jover. Después de imponer el castigo, Lossada se fue del centro pero los niños sabían que tenían que cumplirlo, porque siempre hay chivatos, explica el cooperante. La sorpresa se produjo cuando el resto de niños, ante la injusticia que estaban viendo, formaron una cadena para ayudar a sus compañeros a transportar los bloques de cemento.

Los cooperantes relataron también su sorpresa al comprobar que en la sala de bebés, que acoge a unos 20 pequeños, cesaban los llantos cuando se les acercaba Lossada. Les apretaba las orejas para que dejasen de llorar y el temor que les infunde es tanto que supera al lloro, sigue relatando Jover. Ése hombre asegura haber visto a niños con las orejas completamente lesionadas de los estirones a los que les somete Lossada.

Las imágenes de la grabación muestran unos amplios lavabos con urinarios e inodoros que no se utilizan, según los denunciantes, porque los niños son obligados a orinar en unos recipientes fuera de la sala. Los niños tienen que hacer puntería y las niñas se sientan encima, relata Jover. Existe una sola letrina para los más de 120 niños inundadas de excrementos y olores. Lossada nos dijo que no deja utilizar los lavabos porque los niños están allí fuera de su control, añade el pedagogo.

La grabación que incorpora la querella también recoge la declaración de una niña de 16 años a la que Lossada intentó forzar sexualmente. Yo me resistí porque soy fuerte, pero no sé qué harán mis hermanas, explicó la menor a los cooperantes.

La querella está apoyada por seis cooperantes, además de dos médicos y cuatro enfermeras. El deseo de todos ellos es que a través de la vía judicial o con la intervención de la diplomacia, se aparte a Lossada de la gestión de ese centro.

Más información:

ONG: todo huele a podrido
Las ONG, nuevo brazo de la diplomacia imperialista

inicio programa documentos galería