Nuevas revelaciones sobre los planes de
la red Gladio en Italia

En su edición de 13 de enero de 2008 El Mundo se hacía eco de una información del diario italiano La Repúbblica, que publicaba documentos británicos que han dejado de ser secretos según los cuales la OTAN y su red Gladio prepararon un golpe de Estado en Italia en 1976 en previsión de una victoria electoral de los eurocomunistas del PCI encabezados por Berlinguer.

Pero la noticia aparece desvinculada de la red Gladio y, además, sólo aprecen mencionados de pasada la OTAN y Estados Unidos, de manera que presentan el proyecto golpìsta desvinculado de la guerra fría y de acontecimientos como el golpe de Estado en Chile contra Allende sólo tres años antes, que formaba parte de la misma red fascista. No obstante, los documentos comprometen a la Unión Europea, al Fondo Monetario Internacional y, naturalmente, al Vaticano.

La Repúbblica hace hincapié en un documento del 6 de mayo de 1976, redactado un mes y medio antes de las elecciones generales del 20 de junio por el ministerio de Asuntos Exteriores británico, titulado: Italia y los comunistas, opciones. Entre esas opciones, los británicos escriben: Acciones de apoyo a un golpe de estado.

Aunque no descartaban que pudiera ser apoyado por el Ejército, la policía y los neofascistas, ya que un golpe de estado aséptico, en grado de echar al PCI o de impedir su acceso al poder, puede ser atrayente, lo consideraron una idea irrealizable, por la fuerza del PCI en el movimiento sindical, por la posibilidad de una larga guerra civil o por la eventual intervención de la URSS, según el diario.

La Repubblica resalta otro documento de 13 de abril de 1976, de un grupo de especialistas del Foreign Office británico que elaboró una estrategia anticomunista con varios escenarios. Propusieron una mayor financiación de los otros partidos, campañas de difamación contra el PCI, amenazas a la URSS y persuasiones de tipo económico, es decir, presiones de la Comunidad Europea y del Fondo Monetario Internacional.

Una de las opciones, la llamada Número Cuatro, habla de subversión y perfila una acción de apoyo desde el exterior a un golpe de estado. Las ventajas que ven es echar al PCI y las desventajas la dificultad para llevarla a cabo y de que se mantenga en secreto durante mucho tiempo. Según los cálculos de los golpistas, la revelación de la misma podría dañar los intereses de los imperialistas (las opiniones públicas de los aliados en la OTAN podrían rebelarse) y ayudar al PCI a justificar su control de la maquinaria del Estado. Aunque si una intervención exterior sirviera para echar al PCI del poder, la situación política italiana permanecería inestable, reforzando la influencia comunista y la de la URSS, dice el documento.

El informe resalta que, además de Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia y la cúpula de la OTAN estaban muy preocupados por la eventual victoria de los comunistas. El diario habla de una reunión secreta en París, el 8 de julio de 1976, entre representantes de los gobiernos de Francia, Reino Unido, Estados Unidos y Alemania, en la que deciden que la única solución era la de un gobierno dirigido por los democristianos.

El diario resalta una carta que el por entonces secretario de estado de Estados Unidos, Henry Kissinger, escribió en enero de 1976 al presidente de la Internacional Socialista, Willy Brandt, sobre el crecimiento del eurocomunismo en Italia, Portugal y España: Tengo el deber de expresar mi fuerte preocupación por la situación que se ha creado. La naturaleza política de la OTAN cambiaría si uno o más de los países de la Alianza tuvieran que formar gobierno con los comunistas, escribió Kissinger, temeroso, dice el diario, del emerger de la URSS como gran potencia mundial.

Kissinger era el más intransigente, asegura La Repubblica, que desvela también una carta del 25 de marzo del Ministerio de Defensa británico a sus colegas de Exteriores de la OTAN en la que aparece escrito: La presencia del PCI en el Gobierno italiano y la consecuente amenaza de subversión pueden colocar a la OTAN y a Occidente ante la necesidad de tomar una grave decisión. En una de las cartas, del embajador británico ante la OTAN, se resalta la inquietud que hay en el bloque militar imperialista y no se descarta que en caso de victoria del PCI se expulse a Italia, antes que llegar a la parálisis interna.

En la OTAN se temía, según otra de las cartas, que sus documentos acabaran en manos de Moscú. En una carta del ministerio de Defensa británico se resalta que visto que el PCI goza de un gran apoyo entre la población italiana, no sería extraño que alguno de sus militantes se hubiesen infiltrado en el cuartel general de la OTAN en el sur de Europa, con sede en Nápoles.

Para los británicos, el dirigente del PCI, el eurocomunista Enrico Berlinguer era más peligroso que otros como el portugués Alvaro Cunhal y, a este respecto, el diario desvela una carta del embajador del Reino Unido en Roma, sir Guy Millard, en la que dice que Berlinguer es una figura atrayente, que inspira confianza con su oratoria, lo que dice es creíble y lo afirma de manera convincente.

En otros documentos, los aliados analizan la situación política creada y en uno de ellos se recoge un encuentro entre Kissinger y el ministro de exteriores británico, Antony Crosland. Para el americano, Berlinguer es el más peligroso y el británico considera que el PCI no tendría tanto prestigio si los otros partidos no fueran tan desastrosos.

Naturalmente, el Vaticano aparece por medio en la trama golpista. El embajador de Londres ante la Santa Sede, Dugald Malcom, se entrevistó en aquellas fechas con el por entonces patriarca de Venecia, Albino Luciani -futuro Juan Pablo I- y el purpurado le expresó también el temor de la Iglesia por la eventual llegada de los comunistas al poder.

Finalmente, el 20 de junio de 1976, la Democracia Cristiana logró el 38,7 por ciento de los votos, mientras que el PCI se quedó en el 34,4 por ciento y un mes más tarde el mafioso Giulio Andreotti formó gobierno en solitario.

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