El juez saca su pistola

Vicente Garcerán, un cerrajero de 24 años, ha denunciado en una comisaría de Carabanchel (Madrid) a un magistrado del Tribunal Constitucional, Roberto García-Calvo, por encañonarle con un arma en un incidente de tráfico. Asegura que García-Calvo le dijo que era juez mientras le apuntaba con una pistola el pasado 13 de julio de 2007 a las 21.45 horas.

Las amenazas, ocurridas en la localidad madrileña de Boadilla del Monte, son investigadas por un juzgado de Móstoles.

Garcerán asegura en su denuncia que el magistrado del Tribunal Constitucional sacó una pistola en plena discusión y le apuntó, al tiempo que le amenazaba encañonándolo: No sabes con quién te metes, soy juez. Te voy a dar un tiro. El denunciante no sabía de quién se trataba, y en su denuncia incluyó una descripción física del pistolero en cuestión y el número de matrícula del vehículo, un Totoya Land Cruiser verde oscuro.

Por su parte, García-Calvo, perteneciente al ala más fascista del Tribunal Constitucional y antiguo Gobernador Civil franquista, reconoce que existió un incidente de tráfico con el denunciante.

En declaraciones a El País Garcerán ha contado: Yo iba con mi mujer a tomar algo a Boadilla aquella noche en el coche de mi padre, un BMW 530. Y, de pronto, un coche, un Toyota Land Cruiser de color verde oscuro, se nos echó encima. Tuve que frenar y echarme para un lado para esquivarlo, porque nos echaba de la carretera. El hombre que lo conducía parecía que estaba hablando por teléfono o mirando papeles, y se cruzó de carril y casi nos dio un golpe. Entonces, yo me puse con el coche a su altura y le dije: ‘Estás loco. Casi me das’. Y él se puso a chillarme como un energúmeno. No sé si el hombre estaría enfadado o qué. Y, a continuación, ese hombre me adelantó y me frenó. Me puso el coche delante y me hizo frenar bruscamente. Entonces, más adelante yo se lo hice igual. Paró el hombre y le dije: ‘Casi me matas’. Entonces se bajó él. Y me sacó un carné como de juez de no sé qué y me dijo: ‘No sabes con quién te estás metiendo’. Y acto seguido se fue al maletero y sacó una pistola.

Y añade: Me apuntó. Y me dijo: ‘Te pegó un tiro’. Me apuntó décimas de segundo. Y yo le dije: ‘No tienes cojones’. La tuvo un rato en la mano, y luego la guardó. Era una pistola pequeña. Yo presenté denuncia en la comisaría. Era muy delgado. Muy poquita cosa, pero con muy mala leche. Garcerán ofrece en su denuncia detalles sobre la vestimenta del juez: Tendría unos 60 años, mucho pelo blanco, una verruga encima de la boca, y vestía un pantalón de pinza y un polo de igual color (marrón claro).

Por su parte, el juez-pistolero ha reconocido que tiene una pistola, una Beretta del 7,65, que precisamente pequeña no es. No saqué ningún arma, no llevo normalmente armas, aunque es cierto que cuando voy de caza llevo mis escopetas y mis rifles, añadió.

Nacido en La Bañeza, León, en 1942, Roberto García-Calvo ingresó en la carrera fiscal el 23 de julio de 1968 jurando solemnemente acatamiento a su caudillo Franco y a los Principios del Movimiento fascista. Cuando era Teniente Fiscal de la Audiencia Provincial de Almería, fue designado, en 1971, presidente del Tribunal Provincial de Amparo de dicha ciudad.

El asesinato de Javier Verdejo

En la etapa de Arias Navarro fue nombrado gobernador civil de Almería y, en consecuencia, jefe provincial del autodenominado Movimiento Nacional, el partido único fascista, así como de las fuerzas represivas en la provincia. No tuvo concesiones con los antifascistas. Estuvo en el cargo menos de un año, entre abril de 1976 y marzo de 1977 pero le bastó para dejar varias huelgas obreras reprimidas sin miramientos y un asesinato a sus órdenes, el de Javier Verdejo, asesinado por la guardia civil cuando sólo tenía 19 años. Era militante de la Joven Guardia Roja. La madrugada del 14 de agosto de 1976 el disparo de un guardia civil por la espalda le abatió entre la playa y la ciudad, mientras hacía una pintada con un espray pidiendo pan, trabajo y libertad.

Cuando le dieron el aviso, García-Calvo estaba cenando en Cabo de Gata y allí permaneció: pidió que le sirvieran otra copa. Su reacción pública no llegó hasta el día siguiente. Pero la noticia de la muerte del joven puso patas arriba a la ciudad, que entonces contaba con 121.000 habitantes. Almería se volcó en el entierro. Ocurrió lo nunca visto allí desde 1939. Miles de personas acompañaron el féretro en un cortejo que desbordó el dispositivo de seguridad establecido: las consignas de los antifascistas resonaron en los tres kilómetros que separan la iglesia de San Pedro del cementerio. Volaron los claveles rojos desde los balcones sobre el ataúd.

Desde el Gobierno Civil García-Calvo intentó frenar las protestas con amenazas. Amalia, hija del un dirigente socialista de entonces en la provincia, José Tesoro, ya fallecido, cuenta que en el funeral su padre recibió una amenaza clara del gobernador civil: A nadie le gusta lo que ha ocurrido, pero ya está hecho. El presidente Suárez está en la provincia y se va a imponer la calma. Lo mejor es que los líderes controlen a los militantes más jóvenes. Así que tonterías las justas, recuerda Amalia.

Horas más tarde se difundió una nota por la radio. La manifestación convocada para el día siguiente es ilegal y se aconseja no pasear cerca del lugar. El gobernador fascista no duda en amenazar con el uso de la fuerza y la utiliza cuando la gente empieza a reunirse. Detuvieron a diez personas, cuatro de ellos menores de edad. Ante las protestas, para encubrir el asunto, García-Calvo ordenó una investigación por la muerte de Verdejo, y la causa recayó en el juzgado militar de la plaza. Nunca más se supo.

El mutismo fue completo y el guardia civil fue apartado. Martirio Tesoro, otra de las hijas del dirigente del PSOE, recuerda que ante la convocatoria de una manifestación antifascista, el gobernador llamó a su padre para advertirle seriamente del riesgo que supondría acusar a un guardia civil sin pruebas ya que en las octavillas se hablaba de asesinato.

La huelga de los pescadores

En julio de ese mismo año Almería había vivido una durísima huelga de pescadores, una pequeña guerra en el deprimido barrio de La Chanca. En este barrio de callejuelas, pervivía una pobreza descarnada. La policía había cercado una de las asambleas de los pescadores, los más reivindicativos de la ciudad. En cuanto el primer asistente cogió el micrófono intervino la policía. Francisco Mayor, un marinero ahora patrón mayor de la Cofradía de pescadores, recuerda que fueron especialmente duros con las mujeres. Había algunas inertes en el suelo y la policía seguía golpeando con las porras, cuenta.

Entonces, la furia explotó. Cuando los pescadores se atrincheraron en el barrio, la policía cargó con toda su fuerza. Aún más dura fue la reacción durante la segunda huelga de pescadores, entre diciembre de 1976 y enero del siguiente año. García-Calvo reprimió el movimiento atacando a los dirigentes. Javier Ayestarán, hoy dirigente de Comisiones Obreras y entonces perteneciente a la Organización de la Izquierda Comunista, fue detenido. Poco después llegaron también a los calabozos Francisco Mayor y otros dos dirigentes sindicales. Se les acusó de sedición y a los pocos días estaban en la cárcel.

Por las calles y el puerto empezó a correr el rumor de que la libertad de los cuatro detenidos dependía del final de las movilizaciones. Un antiguo fiscal utilizó al Poder Judicial para acabar con una huelga, sin importar los hechos en sí. Todos los estamentos del Estado funcionaban al capricho de García-Calvo, asegura Ayestarán. Aunque en ningún momento fueron sometidos a golpes, en la celda el líder comunista fueencañonado por un agente mientras le amenazaba: Que sepas que aún quedan policías franquistas.

Así, el sindicalista no duda en calificar a García-Calvo de represor. Lo digo claro porque lo he sufrido en mis carnes, zanja. El patrón de la Cofradía, recuerda los malos modos, la chulería con la que se conducía García-Calvo. El gobernador más que negociar, amenazaba, según asegura Mayor.

La democracia asciende a los represores franquistas

La acumulación de crisis en un mandato tan corto fue la causa de su caída. Él, sin embargo, decía en 2001 ante en el Congreso que no fue cesado ni destituido por ninguna razón, porque mantenía unas excelentes relaciones con el presidente del Gobierno de entonces, Adolfo Suárez.

Tras cesar como gobernador franquista a mediados de 1977 se reincorporó a la carrera judicial como magistrado de Trabajo en Guadalajara. En 1979 fue destinado a la magistratura de Trabajo número 8 de Madrid, y en 1986 nombrado magistrado del Tribunal Central de Trabajo.

El 7 de marzo de 1989 fue elegido vocal del Consejo General del Poder Judicial, cargo que ocupó hasta 1990. Roberto García-Calvo, que concurría como único candidato a la vacante del CGPJ, fue elegido por el Senado a propuesta de Alianza Popular.

Después ejerció como fiscal del Tribunal Supremo hasta el 25 de octubre de 1995, fecha en la que fue elegido magistrado de la Sala Penal de dicho Tribunal. Entonces fue el ponente de la sentencia que condenó a la Mesa Nacional de HB.

El franquismo va quedando lejos y cambian las actitudes. García-Calvo deja de presidir procesiones al Valle de Los Caídos. Igual que había jurado los Principios Fundamentales del Movimiento, jura la Constitución. Cuando fue elegido magistrado del Tribunal Constitucional, y en el trámite parlamentario previo, su paso por el Gobierno Civil de Almería era para él un episodio anecdótico. La sangre ya se había secado y nadie se acordaba del asunto.

García-Calvo participa habitualemente en cacerías junto a destacados miembros del Partido Popular en una finca exclusiva de Ciudad Real. Entre los asistentes figuran el actual secretario general del PP de Madrid y mano derecha de Esperanza Aguirre, el consejero de Presidencia, Francisco Granados; el antiguo secretario general del PP madrileño, Ricardo Romero de Tejada, implicado en el tamayazo; los alcaldes de Las Rozas, Bonifacio de Santiago y de Majadahonda, Narciso de Foxá, ambos del PP; y el gerente del Mercado Puerta de Toledo, Guillermo Ortega Alonso.

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