Guerra y mentiras contra Kosovo

Amor y Rabia, núm.54, verano de 1999

Sumario:

Los logros de la propaganda
Occidente siembra el odio interétnico
Los sucesos de Raçak
La farsa negociadora de Rambouillet
Devolver a Yugoslavia a la Edad de Piedra
La agenda oculta de occidente en los Balcanes
Srebrenica
El plan del Pentágono
La acusación de violaciones masivas como propaganda de guerra
La Iglesia Católica alienta las matanzas
Una propuesta antiimperialista y libertaria
Dime con qué matas y te diré qué pretendes
Notas
Bibliografía

Los logros de la propaganda

Los medios de comunicación de las democracias occidentales han conseguido lo que nunca logró el aparato propagandístico del III Reich, a saber, el dominio imperialista de los Balcanes sin apenas generar una reacción hostil en la opinión pública. Y es que el capitalismo liberal sabe que bombardear a las masas con mentiras suele ser más efectivo y rentable que hacerlo con napalm o tomahawks, aunque si lo primero fracasa siempre queda el recurso al uso de lo segundo. Así las acusaciones de limpieza étnica contra los serbios (o más bien yugoslavos) son ampliamente aceptadas por la población telespectadora occidental, e incluso por gran parte de la izquierda anti-OTAN que se ha mostrado incapaz de desarticular el falaz argumento sobre el que se ha venido basando la criminal intervención de las potencias occidentales en los Balcanes.

Para empezar, la versión occidental de los acontecimientos recientes ocurridos en Yugoslavia (el gobierno yugoslavo está exterminando musulmanes al más puro estilo nazi; hay que parar el genocidio, etc.) debería de haber sido sometida a un riguroso análisis crítico para comprobar su veracidad, en vez de darla por válida a priori; no es la primera vez que occidente falsifica la realidad para justificar la agresión imperialista. En este sentido, la comparación entre Milosevic y Hitler o entre los nazis alemanes y el pueblo serbio no es más que el maquiavélico fruto de una campaña de intoxicación informativa encomendada por el gobierno de Estados Unidos a la empresa de relaciones Ruder & Finn. De hecho el representante de esta firma norteamericana, James Harff dio todo lujo de detalles sobre dicho montaje mediático delante de las cámaras del Canal 2 de la televisión francesa, asegurando que fuimos capaces de ofrecer una historia simple de buenos y malos. Asimismo, Harff admitió que la demonización de los serbios se consiguió a base de difundir rumores infundados y relatos de atrocidades y crímenes de guerra sin verificar. También desveló el responsable de la Ruder & Finn quiénes eran los clientes de su empresa: los poderes separatistas de Croacia y Bosnia y los nacionalistas albaneses de la provincia serbia de Kosovo. Asimismo, Harff admitió que para asegurar el éxito de esta campaña contactó con organizaciones judías de Estados Unidos de ultraderecha (la Liga Anti-Difamación, el Comité Judío Americano y el Congreso Judío Americano).

No obstante, esta vergonzosa campaña de difamaciones fue contestada por colectivos de judíos progresistas, como el Grupo de Supervivientes del Campo de Concentración de Buchenwald, con base en los propios Estados Unidos, y cuyo presidente John Ranz, declaró: La gigantesca campaña para lavar el cerebro a los Estados Unidos a cargo de los medios de comunicación en contra del pueblo serbio es absolutamente increíble, con su dosis diaria de información sesgada y sus malévolas mentiras. Ranz lamentó que hubiera organizaciones judías que prestaran apoyo a los separatistas croatas y bosnio-musulmanes y recordó cómo éstos fueron colaboracionistas nazis y verdugos de los judíos yugoslavos durante los años de la II Guerra Mundial y señaló que cada judío, cada víctima del nazismo y cada ser humano debería saber y comprender por qué los serbios están luchando tan desesperadamente contra tan poderosas fuerzas y por qué han adoptado nuestro slogan post-holocausto: ‘nunca más’ [...] Los serbios combatieron a los nazis, pagaron muy caro el situarse al lado de los aliados contra Hitler. Salvaron a muchos soldados aliados, incluyendo cientos de aviadores norteamericanos. Acogieron a los partisanos judíos como hermanos (*). Las declaraciones de este ex-prisionero son tan elocuentes que sobran los comentarios... ¿O es que alguien se atreve todavía a tildarle de nazi por negar la supuesta campaña de limpieza étnica serbia?

No se trata, por tanto, de pedir simplemente la paz en los Balcanes; todo el mundo quiere la paz: occidente quiere la paz, la OTAN quiere la paz, el Papa quiere la paz, incluso Hitler quería la paz... pero ¿en qué condiciones? He aquí la pregunta clave. Obviamente, occidente quiere una paz que implique el sometimiento de los pueblos balcánicos como lo quiso Hitler en los años 40. Consecuentemente, la lucha contra la campaña criminal de la OTAN en el sufrido país balcánico debe partir de una base antiimperialista y no de un pacifismo vago e inocuo.

¡Basta ya de medias tintas y de actitudes políticamente correctas que son fácilmente asimilables por el sistema!
¡Anarquía y antiimperialismo!

Occidente siembra el odio interétnico

Si la OTAN deja a los serbios sin tanques ni cañones, nosotros ya nos ocuparemos de dejar Kosovo sin serbios (declaraciones de un miembro del Ejército de Liberación de Kosovo a El País del 19-4-99).

Tras 8 años de conflictos armados en la ex-Yugoslavia (especialmente en Croacia y Bosnia-Herzegovina), nuestros medios de comunicación pusieron sus ojos en un nuevo foco de tensión en Kosovo en 1998. Kosovo y Metohija es una pequeña provincia de la república yugoslava de Serbia, situada al sur de ésta y compartiendo frontera con Albania. Es una región extremadamente montañosa, y con dos grandes valles, Kosovo y el de Metohija, que dan nombre a la provincia (a la que se suele llamar abreviadamente Kosmet). Kosovo y Metohija es una zona rica en recursos minerales como el carbón, el níquel, el plomo, el lignito, el cromo, la bauxita, el amianto, etc. También posee las mayores plantas de electricidad de Serbia, que abastece de energía a toda la república.

En el siglo VIII d. C., los serbios ya vivían en Kosovo, pues éstos ya se habían trasladado allí siguiendo la estela de los pueblos germánicos una vez cedieron las fronteras del moribundo Imperio Romano. En 1389 la batalla de Kosovo librada por los serbios contra los invasores otomanos (turcos) marca el comienzo de la nación serbia, cuya corte se establecerá en Pristina, actual capital de Kosovo. Sin embargo la presión otomana sobre los Balcanes se mantiene hasta el siglo XIX, sobre todo en los actuales territorios de Montenegro, Bosnia-Herzegovina y Albania. Ello explica que, especialmente en éstos dos últimos territorios, haya gran cantidad de población islámica. De todas formas, con o sin dominio turco, es un hecho que los serbios han vivido en Kosovo desde tiempos inmemoriales y también que Albania no ha existido como estado independiente hasta el siglo XX, una vez los turcos fueron derrotados por las potencias europeas.

Hasta los años 40 de nuestro siglo la población de origen albanés de Kosovo era minoritaria frente a la de origen serbio. Durante la ocupación de Yugoslavia por los nazis y los fascistas de Mussolini (1941-1945), los poderosos terratenientes albaneses de Kosovo se aliaron con los invasores en contra del movimiento partisano (anti-fascista), en su mayoría integrado por campesinos serbios. El proyecto de la clase alta albano-kosovar era el de separar Kosovo de Yugoslavia para unirlo a Albania (en esos momentos bajo un gobierno-títere pro-Mussolini), haciendo realidad el proyecto de la Gran Albania. Para ello fundaron la 21ª División de las SS nazis en los Balcanes, llamada Skanderbeg en honor al héroe nacional albanés que había luchado en la Edad Media contra los turcos. El resultado de la cruenta campaña emprendida por los patriotas albano-kosovares fue una gran pérdida de población serbia en Kosovo, que fue o bien exterminada o bien forzada a huir. A partir de ese momento la población serbo-kosovar pasa a ser minoritaria en Kosovo.

Tras la victoria partisana, en toda Yugoslavia, Kosovo pasará a formar parte de la nueva República Federal de Yugoslavia, llegando a alcanzar un régimen de autonomía especial dentro de la república de Serbia. Durante la era de Tito, Kosovo gozó de amplios poderes autonómicos (sobre todo a partir de la Constitución de 1974), contando con voto propio en la federación y con una universidad albanesa, algo que no existía en ninguna parte del mundo salvo en la misma Albania. La prosperidad económica de Yugoslavia frente al atraso y la pobreza del país vecino hizo que muchos albaneses emigraran a Kosovo donde fueron bien acogidos. Pero Albania, desde muy pronto va a ambicionar los recursos mineralógicos e hidroeléctricos de la provincia serbia y va a hacer todo lo posible para que la superioridad demográfica albanesa en Kosovo se convierta en un factor de desestabilización que culminara en una eventual anexión del territorio yugoslavo. En realidad, detrás de Albania estaban los intereses de occidente pues este país, incluso en su época comunista, mantenía muy malas relaciones con la URSS y, en general, con el bloque socialista de la Europa del este, por lo que se fue paulatinamente acercando a China primero, y a Arabia Saudí y Estados Unidos más tarde (sobre todo en su época post-comunista).

El sentimiento anti-serbio en Kosovo, en realidad, nunca había desaparecido, materializándose en numerosos atentados a manos de grupos armados de carácter anti-comunista, pero a finales de la era de la Guerra Fría, reaparece con más fuerza que nunca. Paralelamente, durante la década de los 80 las potencias occidentales, con Estados Unidos a la cabeza, se dedican a financiar y organizar un movimiento separatista albano-kosovar para hacer mella en la Federación Yugoslava. Así, la escritora pro-albanesa Miranda Vickers en su libro Between Serb and Albanian: a History of Kosovo reconoce que a lo largo de los 80 el centro del separatismo albanés estaba en Nueva York y su principal promotor era el Congreso de los Estados Unidos. Durante estos años se multiplican los asesinatos de campesinos serbios a manos de paramilitares nacionalistas albano-kosovares y muchos serbios se ven obligados a huir, según admite la propia Vickers. Detrás de toda esta campaña de agitación anti-serbia estaba un gobierno albano-kosovar en el exilio financiado por Washington, que más tarde daría lugar al autodenominado Movimiento de Liberación de Kosovo.

A pesar del clima de violencia, el gobierno autonómico, en manos de la clase albano-kosovar, lejos de desarmar a los grupos armados amparó el movimiento separatista pese a lo que suponía de amenaza para la población no-albanesa, fundamentalmente serbios y gitanos, comunidades que aún recordaban el sufrimiento que los nazis y los colaboracionistas albano-kosovares les infligieron durante los años de la II Guerra Mundial. Ante los llamamientos de la población segregada, la federación (las repúblicas de Serbia, Montenegro y Macedonia votaron, a favor) aprueba en 1989 la propuesta de abolir las autonomías serbias de Kosovo y Voivodina y el gobierno federal anuncia un endurecimiento de su postura frente a la agitación nacionalista armada en Kosovo. No fue, por tanto, una decisión tomada por el presidente Milosevic unilateralmente, como ridículamente afirman nuestros medios de comunicación. Sin embargo, la supresión de los poderes autonómicos de Kosovo beneficiaron la estrategia de acción-represión del separatismo albano-kosovar que buscaba provocar una respuesta violenta del gobierno federal para adoptar el papel de víctima a los ojos de occidente.

En 1998, nuestros medios de comunicación atraen la atención de la opinión pública hacia el conflicto de Kosovo. Es el año en que los grupos paramilitares albaneses (terroristas según Belgrado) se transforman en un mini-ejército secesionista como ya había ocurrido en Eslovenia, Croacia y Bosnia-Herzegovina, el llamado Ejército de Liberación de Kosovo (ELK o UÇK en albanés). Esta organización armada va llevar a cabo una sangrienta campaña de atentados contra las autoridades yugoslavas, contra civiles no-albaneses (sobre todo, serbios y gitanos) e incluso contra albaneses que no simpatizaban con las ideas separatistas. Al parecer el ELK, según informó el Washington Post del 26-5-98, estaba siendo financiado por poderosos grupos de inmigrantes de albaneses afincados en Estados Unidos. Estos grupos, según escribió Gary Wilson para la publicación norteamericana Workers' World del 18-6-98, serían una suerte de grupos anti-comunistas promovidos desde hace tiempo por la CIA. Por su parte, el New York Times del 6-6-9 desveló que los combatientes del ELK penetraban en Kosovo a través de Albania, pero no eran de dicho país. De hecho, la mayoría procedía de Alemania, por lo que muchos sólo hablaban alemán. Además, según el diario neoyorquino, sólo algunos tenían auténtica ascendencia albanesa. Todo ello demuestra que el ELK, dista mucho de ser un movimiento de liberación nacional como las guerrillas latinoamericanas, a las cuales Washington considera grupos terroristas. Más bien estamos ante un ejército mercenario a las órdenes del intervencionismo de Estados Unidos y sus aliados, como lo fue la contra nicaragüense en los 80.

Por otra parte, las tácticas de esta organización están más próximas a las de los escuadrones de la muerte de inspiración fascista (G. Wilson, por cierto, ha hecho público que los combatientes del ELK suelen portar emblemas de la antigua División Skanderbeg albano-kosovar). Esta idea fue ampliamente ilustrada por un reportaje del Washington Post antes citado que habla de secuestros y asesinatos de civiles kosovares (de origen serbio, gitanos, goranos, eslavos islámicos e incluso albaneses no simpatizantes del proyecto separatista) a manos del ELK (a veces a las víctimas se las hace desaparecer, como hacen los paramilitares latinoamericanos). Este periódico, de hecho, suprimió un párrafo en el que se relataba cómo un comando del ELK paró un tren para obligar a apearse a los viajeros que eran identificados por los mercenarios como serbios, según aseguró Wilson en el citado artículo. Asimismo, aparecieron unos pocos artículos en la prensa occidental que daban cuenta de un gran éxodo de población serbia que huía de Kosovo por miedo a ser blanco del ELK. Incluso apareció una foto en el New York Times que mostraba una familia de refugiados serbios de 8 miembros acompañada del texto miles de refugiados están huyendo. Sin embargo, en general la prensa occidental prefirió mirar hacia otro lado como ocurrió cuando los serbios de la Krajina (Croacia) fueron expulsados de sus casas y masacrados por los separatistas croatas aliados con la OTAN.

Otro aspecto a destacar es la vinculación del aparato financiero del Movimiento de Liberación de Kosovo con las mafias albanesas que trafican con heroína y armas. Según el gobierno yugoslavo los terroristas del ELK viven del dinero de la droga. Esta afirmación dista mucho de ser gratuita si tenemos en cuenta que en julio del 98 las autoridades suizas congelaron los fondos de la La Patria Te Llama (órgano de reclutamiento del MLK) con cuentas de más de 800 millones de pesetas puesto que los patriotas albaneses eran sospechosos de estar involucrados en tráficos ilícitos de material de guerra y de participación en una organización criminal. Igualmente, según informes de la Interpol los albaneses de Kosovo controlan la mayor parte del tráfico de heroína en Suiza, Austria, Alemania, Hungría, República Checa, Noruega, Polonia y Bélgica. Por su parte, la organización anti-droga suiza Observatoire Géopolitique des Drogues ha afirmado recientemente que las redes de tráfico de drogas y de armas se entrecruzan y, desde principios de los 90 los kosovares son el primer grupo comunitario implicado en detenciones ligadas a los dos tráficos [...] El 80 por ciento del mercado de heroína de Zurich está en manos de albaneses, mientras que la policía de esa ciudad suiza ha asegurado que una parte del dinero es blanqueado a base de comprar restaurantes y empresas en Macedonia (El País, 19-4-99, p.8). Finalmente, no deberíamos olvidar que la CIA suele hacer uso del tráfico de drogas para financiar ejércitos mercenarios como la contra nicaragüense.

Los sucesos de Raçak

En enero del 99, occidente dice obtener la prueba definitiva para culpar al gobierno federal de crímenes contra la humanidad y limpieza étnica. A mediados de este mes las fuerzas de seguridad serbias penetraron en la aldea kosovar de Raçak para seguidamente, según los medios de comunicación de nuestras democracias, ejecutar a un buen número de civiles desarmados y arrojarlos a una zanja. Esta versión fue posteriormente rebatida con todo lujo de detalles por periodistas tanto yugoslavos como occidentales, que presenciaron los hechos. Pero, como es sabido, la primera información es la que cuenta, aunque sea falsa, y el montaje de la masacre de Raçak fue el primer paso hacia la intervención militar occidental en Serbia.

El diario yugoslavo LID, hizo una cronología detallada de los hechos en contraste con la escueta y mal argumentada versión ofrecida, en general, por la prensa occidental. Según dicho diario, a primera hora de la mañana del 15 de enero miembros de la policía serbia rodearon la aldea kosovar de Raçak para arrestar a un comando del ELK apostado en el pueblo. El comando estaba acusado de haber dado muerte a 6 policías de origen serbio y a 2 civiles de origen albanés, de secuestrar a miembros de la comunidad albanesa y gitana y de prender fuego a la casa de un albano-kosovar. Al entrar la policía en el pueblo, el grupo del ELK abrió fuego contra ésta desde trincheras y barricadas a lo que la policía contestó de igual manera. La refriega se saldó con la muerte de un policía y la de varias decenas de miembros del ELK que tuvo que huir derrotado. Durante la operación, la policía serbia había evacuado el pueblo para evitar daños a civiles. Miembros de la Misión para la Verificación de Kosovo de la OSCE estuvieron en todo momento en el lugar supervisando la operación. Tras el combate se desplazaron al lugar el juez y el vicefiscal del distrito para abrir una investigación, lo cual fue imposible porque los huidos del ELK no dejaban de abrir fuego desde una colina próxima, (la presencia policial para proteger la investigación fue rechazada por la OSCE con la explicación de que prolongaría los combates). Los hechos fueron filmados por una cámara de la agencia de noticias norteamericana Associated Press y presenciados por el periodista francés Renaud Girard, enviado especial de diario Figaro.

Al día siguiente, aparecieron 45 cadáveres con ropa de civil en una zanja, tras lo cual William Walker, jefe de los observadores de la OSCE se apresuró a declarar que las fuerzas de seguridad serbias habían asesinado a sangre fría a 45 civiles indefensos. Walker recogió el testimonio de varios vecinos que afirmaron que la policía serbia había separado a mujeres y hombres y había masacrado a un buen número de éstos. Al parecer William Walker había decidido sin aviso previo a las autoridades yugoslavas abrir una investigación para la cual seleccionó cuidadosamente qué reporteros podrían acompañarle, negando la presencia a medios de comunicación locales. Seguidamente, Walker pidió al gobierno yugoslavo que permitiera la inmediata entrada en el país de miembros del Tribunal Internacional de la Haya para crímenes de guerra. Esto, obviamente irritó a las autoridades yugoslavas que declararon a Walker persona non grata y le dieron 48 horas para que saliera del país. Se da la circunstancia de que William Walker es un conocido agente de la CIA al que se le imputa la formación de escuadrones de la muerte en El Salvador, en la época en que ejerció como embajador de Estados Unidos en este país, y de entrenar a la contra nicaragüense en los años 80.

Sin embargo la versión dada por Walker a la prensa internacional (y que fue difundida por ésta sin haber sido convenientemente verificada) cae por su propio peso sobre la base de los siguientes hechos incontestables:

— La operación policial fue grabada en vídeo de principio a fin por un equipo de la agencia Asociated Press sin que la cámara recogiera escenas de la supuesta masacre
— La cámara recogió imágenes de un pueblo en el que la población civil había sido evacuada.
— Además de la presencia de periodistas occidentales la policía fue acompañada en todo momento por un equipo de observadores de la OSCE, sin que dieran cuenta de ninguna atrocidad contra civiles en el transcurso de la operación. Posteriormente, algunos observadores de este equipo afirmaron desde el anonimato que la versión de su jefe, Walker, era falsa
— Entre la retirada de la policía y la llegada de Walker transcurrieron 12 horas en las que el pueblo estuvo bajo control del ELK.

Al día siguiente los periodistas presentes en el lugar pudieron notar la casi total falta de restos de sangre y casquillos en los alrededores de la zanja en la que se encontraron los cadáveres. Por su parte un equipo de forenses finlandeses, bielorrusos y yugoslavos pudieron constatar que los cadáveres habían aparecido en una postura muy poco natural.

Todo esto apuntaba a la hipótesis de que en el mencionado lapso de tiempo de 12 horas miembros del ELK hubieran trasladado cadáveres (quizá bajas propias vestidas de civiles) y que éstos hubieran sido amontonados en la zanja. Esta hipótesis fue contemplada por el diario francés Figaro y el británico The Guardian, ninguno de ellos sospechosos de ser pro-yugoslavos. Por su parte Le Monde se preguntó cómo los habitantes de Raçak al volver a las casas antes del anochecer no vieran la zanja con los 45 cadáveres, mientras que el diario griego Exusia no se explicaba cómo la incursión de la policía en Raçak pudo causar a ésta bajas si, según Walker, los agentes actuaron contra albaneses desarmados. Aún así, la versión de Walker, fue repetida hasta la saciedad por los medios de comunicación occidentales, lo cual sepultó cualquier otra consideración sobre los hechos.

De todas formas, acusación de limpieza étnica se contradecía con un informe de los servicios de inteligencia alemanes (BND) elaborado en el mismo mes de enero que señalaba que no se ha podido verificar que exista en Kosovo una persecución explícita y expresa contra los individuos de etnia albanesa. La vida cotidiana en las ciudades de Pristina, Urosevac y Gjila continúa en un ambiente de relativa calma, pese a los atentados [del ELK]. La represión serbia no parece ir contra una etnia o grupo determinado sino contra los responsables de los ataques (Artículo 20, núm. 27, p. 11).

La farsa negociadora de Rambouillet

Tras el montaje de Raçak con las imágenes de los cadáveres y de los supuestos testigos de la masacre con lágrimas en los ojos, la opinión pública occidental ya empezaba a posicionarse a favor de una intervención en Kosovo, no obstante, las democracias occidentales deciden llevar adelante el siguiente acto de la farsa, a saber, el agotamiento de las vías diplomáticas. Así, en Rambouillet (Francia) la diplomacia occidental sienta a negociar a las partes en conflicto. Lo cierto es que el líder albano-kosovar Ibrahim Rugova estaba en conversaciones con el presidente Milosevic para obtener de éste un compromiso que devolviera la autonomía a Kosovo cuando las provocaciones armadas del ELK entorpecieron la negociación. Aún así el gobierno yugoslavo acudió a Rambouillet para negociar la autonomía en Kosovo, según se especificaba en el texto de la propuesta del grupo de contacto.

Curiosamente para un gobierno acusado de limpieza étnica la representación yugoslava estaba compuesta además de por personas de origen serbio, por dos albaneses, un musulmán eslavo, un turco, un gorano, un gitano romaní y un gitano egipcio. Este hecho puso de manifiesto que Serbia es una república eminentemente multiétnica; de hecho, Belgrado siempre ha sido considerado una de las ciudades más cosmopolitas de la Europa del este.

Pero en Rambouillet, tras días de negociación en los que aparecía que la autonomía de Kosovo se iba a convertir en realidad, la representante de Estados Unidos ante la ONU, Madeleine Albright, apareció en escena con una nueva exigencia, no recogida en el texto inicial elaborado por el grupo de contacto: Kosovo gozaría de un periodo de autonomía de 3 años tras el cual se convocaría un referéndum sobre la independencia de la provincia serbia. Esto no fue aceptado por la delegación yugoslava pues la Krajina (en Croacia) y Srpska (en Bosnia), dos zonas de mayoría serbia, habían decidido independizarse de estas ex-repúblicas yugoslavas y fueron reprimidas a sangre y fuego por sus respectivos gobiernos apoyados por occidente.

Junto a esta nueva propuesta, la diplomacia occidental hizo un añadido al documento original: el Apéndice B, titulado Situación de una fuerza multinacional militar. Este anexo planteaba simple y llanamente una ocupación militar de Yugoslavia por parte de la OTAN. Así el artículo 8 rezaba: El personal de la OTAN deberá poder acceder, junto a sus vehículos y equipamiento a cualquier lugar de la República Federal de Yugoslavia, incluyendo su espacio aéreo y sus aguas territoriales. Por su parte el artículo 6 concedía total inmunidad a las fuerzas de ocupación: El personal de la OTAN, bajo cualquier circunstancia y en cualquier ocasión, será inmune respecto a la justicia de cualquiera de las partes (Serbia, Montenegro y Kosovo) con respecto a cualquier falta civil, criminal, administrativa o disciplinaria que cometa en el interior de la República Federal Yugoslava. Además el artículo 10, daba derecho a la OTAN a usar gratuitamente todas las calles aeropuertos y puertos de mar de Yugoslavia (Estos datos fueron filtrados al periodista alemán Peter Schwartz por el Centro Albanés de Información sobre Kosovo).

Estaba claro, pues, que el plan de paz elaborado por occidente en Rambouillet estaba diseñado de tal manera que no podía más que ser rechazado por el gobierno yugoslavo. Así, el diario alemán Berliner Zeitung, una vez salió a la luz la totalidad del contenido de los textos señaló que el tratado propuesto parecía el tratado de rendición que se firma después de haber perdido una guerra [...] Es fácil entender por qué el presidente Milosevic no quiso firmar estas condiciones. Igualmente la publicación también alemana TAZ [Tageszeitung] escribió: Un líder de un estado soberano jamás firmará un acuerdo como éste. En realidad, con el modo en que se requirió la firma del gobierno yugoslavo (a modo de ultimátum) y el secretismo sobre el verdadero contenido de los textos del acuerdo, occidente, lejos de buscar una solución pacífica al conflicto, estaba preparando el camino hacia una guerra abierta contra Yugoslavia.

Devolver a Yugoslavia a la Edad de Piedra

Tras el esperado final del episodio de Rambuillet, occidente se dispone a ejecutar su ultimátum. Aquí, la posibilidad de una intervención bajo mando de las Naciones Unidas fue descartada por Washington, pues dos de los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, Rusia y China, no estaban dispuestos a permitir una agresión contra Yugoslavia, habida cuenta de la incredulidad de los líderes de estos países con respecto a la acusación de limpieza étnica que, por obra y gracia de los Estados Unidos, pesaba sobre las autoridades yugoslavas. Así las cosas, la OTAN decide unilateralmente, sin mandato de la ONU, sin que los líderes de los países miembros de la OTAN informaran a sus respectivos parlamentos y sobre todo, sin declaración de guerra, iniciar el pasado 24 de marzo [de 1999] una campaña de salvajes bombardeos sobre Yugoslavia. El objetivo de esta campaña no sería otro que el de devolver a Yugoslavia a la Edad de Piedra, destruyendo por completo su economía, aniquilando todo tipo de infraestructuras y envenenando su medio ambiente, para que el hambre y la miseria doblegara a la población y aceptara la imposición de un gobierno-títere pro-occidental como los de las ex-repúblicas yugoslavas.

Como es ya costumbre, esta nueva campaña de destrucción masiva por parte del poder militar occidental se vio acompañada de un gigantesco despliegue propagandístico anti-serbio cuyo objetivo era justificar la agresión de cara a la opinión pública. Así los medios de propaganda occidentales, hablaron de un recrudecimiento de la limpieza étnica del régimen de Belgrado, como demostraba la huida de miles de albano-kosovares a Macedonia y Albania. Sin embargo analistas occidentales como James Petras (El Mundo, 18-5-99, p. 8) han denunciado esta falacia mediática, pues, en primer lugar, en la cifra de muertes imputadas al gobierno yugoslavo antes de la campaña aérea de la OTAN, unas 2.000 víctimas, se incluyen personas asesinadas por el ELK, es decir, soldados y policías yugoslavos y civiles (tanto albaneses no-separatistas como no albaneses), y combatientes albanokosovares muertos a manos de fuerzas yugoslavas. Por otro lado, como señala Petras, gran parte de los refugiados albano-kosovares huyeron por temor a convertirse en daños colaterales de la OTAN, refugiados que acabaron siendo víctimas de las mafias albanesas que saquearon la ayuda humanitaria y raptaron a numerosas refugiadas para prostituirlas. Por su parte, el intelectual francés Regis Debray visitó Kosovo y pudo constatar, basándose en el testimonio de dos periodistas occidentales que permanecieron allí durante los bombardeos, que no había rastro de genocidio ni de violencia sistemática contra la etnia albanesa. Cierto es que, según Debray, las autoridades yugoslavas en un desesperado intento por desarticular los comandos del ELK que apoyaban desde tierra la agresión otánica, hostigaron con registros y detenciones a la población sospechosa de estar involucrada en las acciones armadas del ELK, pero de esto a afirmar que había habido un exterminio sistemático de civiles hay un abismo. De hecho, el propio Petras señaló que los militares yugoslavos habían arrestado a 350 civiles serbios armados acusados de violentar a la población albanesa.

Al mismo tiempo, la OTAN usaba armamento prohibido, las devastadoras bombas de fragmentación o los proyectiles de uranio empobrecido (con los que ya se había experimentado en Irak), para defender a los albano-kosovares, los cuales irónicamente se convirtieron en no pocas veces en daños colaterales de la maquinaria bélica occidental. Y no es extraño que así ocurriera pues la fuerza aérea de la OTAN tenía órdenes de bombardear desde una altura de más de 5.000 metros, es decir, fuera del alcance de las baterías antiaéreas yugoslavas. Consecuentemente las bombas golpearon a ciegas causando un gran número de víctimas civiles. La campaña aérea, además, se vio apoyada por operaciones terrestres a cargo del ELK, ahora fortalecido por el reclutamiento de nuevos efectivos procedentes de los campos de refugiados de Albania y Macedonia, que fueron usados como carne de cañón en la estrategia bélica de la OTAN.

A medida que pasaban los días se iba filtrando a la prensa más información sobre la naturaleza y objetivos del pequeño ejército separatista albano-kosovar. Así, el 19 de abril [de 1999] David Prince, miembro del parlamento canadiense, declaró ante varios reporteros que 50 soldados canadienses estaban ayudando a comandos del ELK en Kosovo a dirigir los bombardeos de la OTAN. Además otros cuerpos de élite de ejércitos de países de la OTAN como el Reino Unido, Francia y Estados Unidos entrenaban al ELK, según informó el Sunday Telegraph del 18-4-99. De este último país había una agencia ultrasecreta llamada MPRI, colaborando con los nacionalistas albano-kosovares, agencia que estuvo detrás de la brutal campaña de represión del ejército croata contra los campesinos serbios de la Krajina (1). De hecho, la prensa occidental desveló que un alto mando del ejército croata de ascendencia albano-kosovar y de nombre Agim Ceku, que tomó parte en la represión de la Krajina, estaba al mando del ELK (El Mundo, 4-5-99, p. 8). Igualmente, este diario informó ue Ceku hizo [...] algún curso de especialización en doctrina y tácticas militares de la OTAN.

Por su parte, Gary Wilson dio a conocer en Worker's World del 9-4-99 un informe filtrado al portavoz del PDS (ex-comunista) alemán, Jurgen Reents, desde altas instancias del gobierno alemán, documento que contenía información sobre la intervención en Yugoslavia. Según Reents, en el informe se decía que los oficiales occidentales mentían al hablar de los asesinatos en masa y de las deportaciones de albano-kosovares y que la OTAN habría ofrecido recompensas de 200.000 dólares a los refugiados que pudieran aportar cintas de vídeo o fotografías de masacres, aunque fueran escenificadas. Pero, sin duda, la parte más reveladora del informe es la que versa sobre el papel de la CIA en la crisis yugoslava. Así, se habla de una operación secreta conocida como Operación Raíces, según la cual la CIA habría promovido la desestabilización de Yugoslavia a base de sembrar el odio interétnico. Esta operación tendría entre sus objetivos la separación de Kosovo [que abastece electricidad al resto de Serbia] con el fin de que se convirtiera en parte de Albania; la separación de Montenegro, como último medio de acceso al Mediterráneo; y la separación de la Voivodina, que produce la mayoría de los alimentos para Yugoslavia. Esto llevaría al colapso total de Yugoslavia como un estado independiente viable. También se menciona en el informe que el ELK fue fundado por la CIA y financiado por el dinero procedente del tráfico de heroína y que la agencia de espionaje norteamericana estaba detrás de la campaña de atentados del ELK que hizo fracasar las negociaciones entre Rugova (2) y Milosevic en 1998. Así la represión de la policía yugoslava contra el separatismo armado albano-kosovar pudo ser usado como pretexto para la intervención de la OTAN.

Como hemos podido comprobar, lo que el Pentágono esperaba fuera una operación relámpago que desbaratara la resistencia yugoslava en pocos días (al estilo de la Guerra del Golfo) iba camino de convertirse en un nuevo Vietnam, por lo que la OTAN se vio obligada a negociar con el gobierno yugoslavo, a pesar de haber sido acusado en pleno por el Tribunal Penal Internacional de la Haya de crímenes de guerra, el mismo tribunal que se declaró incompetente para juzgar por genocidio a Solana y a los líderes de los estados occidentales que participaron en la campaña aérea contra Yugoslavia. Atrás quedaron días de resistencia civil contra la maquinaria de destrucción más poderosa del planeta, con miles de transeúntes ocupando los puentes y trabajadores encerrados en fábricas para disuadir a la OTAN de que arrasara sus infraestructuras y economía; la numantina resistencia yugoslava no ha impedido que occidente haya acabado controlando Kosovo, en donde los serbios han sido una vez más expulsados de sus tierras. Como de costumbre, occidente ha incumplido sus acuerdos de paz y no se ha dado ninguna prisa en desarmar a los mercenarios del ELK (al final, se firmó un acuerdo de desarme que permitía llevar al ELK armas cortas durante 2 meses), que han hecho huir no sólo a serbios, sino también a goranos, gitanos, eslavos islámicos y no pocos albaneses acusados por los separatistas de colaborar con los serbios en la limpieza étnica. Esto debería hacer aflorar la sospecha de si la limpieza étnica no habría sido en realidad llevada a cabo por los nacionalistas albaneses apoyados por occidente (3).

Por supuesto, el panorama que hemos visto tras la entrada de las tropas de la KFOR, los cadáveres y la devastación, sólo es adjudicable a los serbios, como si los bombardeos de la OTAN y los ataques con fuego de artillería del ELK no hubieran causado víctimas y destrozos. Y para que la pruebas de la limpieza étnica serbia no se desvanezcan los poderes occidentales han puesto a custodiar las supuestas fosas comunes a comandos del ELK (El País 21-6-99, p. 9), que han prohibido el acceso de público y periodistas a dichos lugares a la espera de que miembros del Tribunal Penal Internacional encuentren las pruebas sobre las cuales basaron su sentencia. Curioso proceder el de la democrática justicia occidental (4).

La agenda oculta de occidente en los Balcanes

El genocidio es un fenómeno natural [...] El genocidio no sólo está permitido sino que es recomendado e incluso ordenado por la palabra del Todopoderoso, tanto si es útil para la supervivencia o la restauración de la Nación Elegida, como para la preservación y la expansión de su única fe verdadera (Tierras baldías de la Historia, Franjo Tudjman).

No puede haber paz o coexistencia entre la fe islámica y las instituciones y la fe no-islámicas. El movimiento islámico debe y puede tomar el poder tan pronto como sea suficientemente fuerte, moral y numéricamente, no sólo para destruir al poder no-islámico, sino para establecer un nuevo poder islámico [...] (Declaración Islámica, Alija Izetbegovic).

Como indicamos en el anterior número de Amor y Rabia, la primera víctima de una guerra es la verdad. Así, la información sobre las distintas guerras de Yugoslavia nos ha llegado envuelta en un monumental montaje propagandístico que ha impedido a la mayoría de la opinión pública percibir la verdadera magnitud de las maniobras imperialistas de occidente en los Balcanes. Lo que sigue es sólo una muestra de esos aspectos del violento proceso de desintegración de Yugoslavia que nuestros medios de comunicación han ocultado.

El conflicto Yugoslavo no ha surgido por generación espontánea ni de la supuesta belicosidad intrínseca de los pueblos balcánicos, como han sugerido los medios de propaganda de nuestras democracias. Al contrario, la catástrofe yugoslava es el fruto de un plan urdido por el intervencionismo occidental para despedazar la Federación Yugoslava. Así, el 5 de noviembre de 1990, el Congreso de Estados Unidos aprobó la ley 101-513 que congelaba cualquier tipo de ayuda financiera (canalizada a través del FMI y el Banco Mundial) a la República Federal de Yugoslavia, lo que causó un devastador efecto sobre la economía de este país al no poder comprar materias primas para su industria y mucho menos pagar su abultada deuda externa. Esta ley era una sentencia de muerte contra un país que no mantenía conflicto alguno con los Estados Unidos en esa época. De hecho, el mismo New York Times del 27-11-90 predijo que esta medida sólo podía conducir a una sangrienta guerra civil.

Pero la congelación de los créditos no impidió el flujo de fondos a pequeños partidos nacionalistas de inspiración ultraderechista, calificados por occidente como fuerzas democráticas, y cuyos líderes culparon de la crisis económica al gobierno federal. Así, los nacionalistas eslovenos y croatas pidieron la secesión de sus respectivas repúblicas (que eran las que contaban con el tejido industrial más moderno) para no seguir atadas a Serbia y Montenegro (esta última la más pobre de la federación) a las que calificaban de parásitos (5). Cabría señalar aquí que este argumento es el que usa el neoliberalismo para justificar la destrucción de los sistemas de pensiones y acabar con los subsidios a los sectores sociales más desfavorecidos.

Se ha dicho que los sectores separatistas que se enfrentaron al gobierno federal proceden del antiguo Partido Comunista yugoslavo, pero esto no es más que una verdad a medias. Es cierto que el dirigente croata Franjo Tudjman hizo carrera política como general del ejército federal (6), pero también lo es que éste ha gobernado en coalición con el resucitado Partido del Derecho croata (antigua formación política del pro-nazi Ante Pavelic) y que se ha rodeado de antiguos ustachis implicados en el exterminio de serbios, judíos, gitanos, homosexuales, antifascistas croatas, etc. de 1941 a 1945. Tal es el caso del genocida Dinko Sakic, que fue el último director del campo de exterminio de Jasenovac (en el que se exterminó a 700.000 personas, la mayoría de ellas serbios y judíos). Sakic fue traído a Croacia por Tudjman desde su cómodo exilio de Australia para ocupar en 1991 un puesto prominente en el gobierno de la Croacia independiente. Igualmente, Tudjman facilitó el regreso a Croacia de Julienne Bushich, integrante de la ustacha (policía fascista de Pavelic, homóloga de la Gestapo), a la cual nombró consejera del embajador croata en Estados Unidos. Bushich había estado implicada en diversos actos de terrorismo fascista como el secuestro de un avión de la TWA, junto con su marido Zvonko, que está cumpliendo una condena de cadena perpetua por haber colocado una bomba en unas de las principales estaciones de ferrocarril de Nueva York. Junto a éstos, otros muchos miembros de la temible ustacha volvieron del exilio, algunos de los cuales habían trabajado para el espionaje occidental durante la era de la Guerra Fría. Así mismo, Tudjman, además de emular a Pavelic borrando del mapa la Krajina croata, de mayoría serbia, ha recuperado gran parte de la parafernalia del pasado pro-nazi de Croacia. Así, el líder croata ha cambiado los nombres de calles e instituciones por los de las antiguas personalidades del régimen ustachi. Por ejemplo, la Plaza de las Víctimas del Fascismo en Zagreb ahora es la Plaza de los Gobernantes Croatas, en clara referencia al gobierno fascista del periodo 1941-1945. Otro ejemplo es el del colegio Miljeta Pavlovic, en honor a un profesor asesinado por sus alumnos ustachis que ahora se llama Mile Budak, que es el nombre del ministro de Pavelic que acordó con Himmler el traslado de los judíos yugoslavos al campo de concentración de Auschwitz. Incluso la nueva moneda croata se llama Kuna, como en los tiempos de Pavelic.

Incluso hubo una columna de voluntarios fascistas de todo el mundo para luchar contra el ejército comunista de Milosevic, la Prvi Internacionalni Vod (Primera Compañía Internacional). En ella se agruparon ultraderechistas de diversos países como Bélgica, Francia, Alemania, Reino Unido, diversos países islámicos (que aportaron un buen número de muyahidines) y también España. Precisamente al mando de la unidad se encontraba el periodista español de origen húngaro Eduardo Rocsza Flores, ex-corresponsal del diario La Vanguardia. Estos brigadistas de la Internacional Negra (fascista) se dedicaron a asesinar, torturar y violar a la población serbia de Croacia y Bosnia. Así, el Centro de Solidaridad con Latinoamérica de Dublín (Irlanda) ha calculado en 14.000 el número de serbios asesinados por los paramilitares separatistas (incluidos los paramilitares albaneses de Kosovo) y los mercenarios fascistas entre 1983 y 1992. Estos mercenarios se dedicaron a grabar cintas porno con sus atrocidades; este es el caso del italiano Roberto de la Feve que admitió ante la revista Época haber ganado billones de liras vendiendo estas cintas en el mercado negro. Igualmente, un grupo de fascistas británicos fundaron una agencia de viajes con sucursales en Munich y Zagreb que ofrecía cacerías de serbios en Croacia (según informó el diario vienés Taeglich Alles del 15-8-95). Otro mercenario británico, Robert Loftus, que luchó en las filas de los musulmanes separatistas en la guerra de Bosnia, se hizo célebre relatando falsas historias de atrocidades serbias a periodistas occidentales como el americano Roy Gutman, uno de los primeros en acusar a los serbios de establecer campos de concentración y perpetrar violaciones masivas, por lo cual recibió el premio Pulitzer.

Pero tampoco hay que olvidarse del siniestro curriculum del líder nacionalista bosnio Alija Izetbegovic, hoy presidente de Bosnia. En su juventud, el dirigente bosnio-musulmán fue cofundador de la versión bosnia de las Juventudes Hitlerianas, los llamados Jóvenes Musulmanes. Así mismo ayudó a establecer la división de las SS nazis Hanschar, integrada por musulmanes bosnios de ideología fascista y entre cuyas mayores hazañas destaca el exterminio del 95 por ciento de la población judía de Bosnia, además de un gran número de serbios. En 1946, fue arrestado por Tito por fundar el diario pro-nazi Mudzahid. Durante la II Guerra Mundial fue agente de la Gestapo. En 1983 fue encarcelado por su implicación en actividades armadas de carácter fascista... Es lamentable que la izquierda occidental siga creyendo que Izetbegovic y sus partidarios (apoyados por Estados Unidos) eran las víctimas en la guerra de Bosnia, equiparándolos a comunidades musulmanas oprimidas como los palestinos. Si nuestros izquierdistas se hubieran preocupado un poco por investigar, habrían descubierto que las filas del ejército de Izetbegovic estaban llenas de viejos muyahidines que habían participado con la división Hanschar en la II Guerra Mundial. A veces opinamos sin conocer la historia.

Srebrenica

El 11 de julio de 1995 las tropas serbo-bosnias toman el enclave separatista de Srebrenica (7) (este de Bosnia), acontecimiento que acabaría por cambiar el rumbo del conflicto armado bosnio. Tras la caída de Srebrenica, la prensa occidental denunció el exterminio de 8.000 varones musulmanes a manos de los serbios. Esto motivó una orden de detención internacional contra los líderes serbo-bosnios Karadzic y Mladic por genocidio, lo que jugó en contra de los serbios de Bosnia durante las negociaciones de Dayton.

El 14 de mayo del pasado año [1998], el New York Times publicó un artículo sobre los trabajos de búsqueda de los 8.000 cadáveres por parte de los expertos del Tribunal Penal Internacional de la Haya. Según el corresponsal de este diario desplazado a la zona, Mike O'Connor, en dos años de trabajo los especialistas del TPI sólo pudieron exhumar 460 cuerpos. Pero faltaban 7.500 cuerpos que no podían ser localizados. Cuando en 1996 llegaron por primera vez a la zona los investigadores del TPI afirmaron que tenían sospechas de que los cadáveres habían sido trasladados por los serbios para, de esta forma, eludir la acusación de genocidio. Esto significaba que Karadzic y Mladic habían sido acusados de genocidio por el TPI sin haber conseguido la pruebas en las que basaba su dicha acusación.

En su artículo Srebrenica: 3 Years Later, And Still Searching George Pumphrey denuncia la manipulación llevada a cabo por occidente, sus medios de comunicación y el TPI en relación con el episodio de la toma de Srebrenica. En primer lugar, según Pumphrey, la cifra de víctimas ha sido falsificada. La acusación nunca ha demostrado que 8.000 musulmanes bosnios en edad militar fueran asesinados. El 13 de septiembre de 1995 el Comité Internacional de la Cruz Roja, en una nota de prensa, dio a conocer que tras la caída de Srebrenica los serbo-bosnios arrestaron a 3.000 musulmanes. Este organismo hizo público que había preguntado al gobierno bosnio separatista por el paradero de 5.000 individuos huidos, algunos de los cuales habían alcanzado Bosnia central. Un poco más tarde, el 15 de septiembre, el New York Times se hizo eco de la existencia de los 3.000 detenidos pero también habló de 5.000 personas que desaparecieron sin dejar rastro y en ningún caso mencionó la palabra huidos, ocultando por tanto la segunda parte de la nota de prensa de la Cruz Roja. Sin embargo, la Cruz Roja tampoco fue objetiva al afirmar que sólo algunos de los 5.000 hombres alcanzaron Bosnia central habida cuenta de que el propio New York Times del 18 de julio informó de que, según miembros de la ONU, de 3.000 a 4.000 bosnio-musulmanes habían conseguido llegar a territorio controlado por los separatistas. También el diario británico The Times dio cuenta de este movimiento de personas y añadió que las labores de verificación de la ONU y la Cruz Roja fueron obstaculizadas por las autoridades separatistas que no dejaron a estos organismos entrar en su zona para contactar con los huidos.

Hay que tener en cuenta que cientos de esos 5.000 huidos se trasladaron a la cercana Zepa para defenderla de las tropas serbo-bosnias, información ésta que O'Connor y otros corresponsales omitieron interesadamente. Así, el combatiente bosnio-musulmán Sadik Ahmetovic, uno de los huidos de Srebrenica que participó en la defensa de Zepa, afirmó al New York Times del 27-7-95, que, tras la caída de este enclave separatista, los soldados musulmanes no habían sido maltratados por los serbios, permitiendo éstos la evacuación de los heridos a un hospital de Sarajevo. De hecho, los combatientes musulmanes que huyeron de Zepa dejaron a sus mujeres e hijos en esta ciudad, algo que jamás habrían hecho si hubiera sido cierta la propaganda occidental sobre los serbo-bosnios, frecuentemente comparados con los nazis. Aún así, nuestra prensa sigue hablando de 5.000 desaparecidos en Srebrenica.

En cuanto a los 3.000 prisioneros, éstos nunca fueron masacrados por los serbios sino que acabaron siendo liberados y entregados a Cruz Roja Internacional. Desde agosto del 95, Cruz Roja, el TPI y el gobierno de Estados Unidos callaron sobre el paradero de estos 3000 hombres (¿quizá par dejar que la prensa los sumara a los otros 5.000 supuestos desaparecidos?). Y lo más curioso es que cuando estos prisioneros fueron soltados se les trasladó a países como Estados Unidos, Australia, Italia, Bélgica, Suecia o Irlanda cuando lo lógico es que los hubieran conducido con sus familias a las que hacía meses que no veían ¿o acaso se pretendía esconderlos porque podían negar ante algún medio de comunicación la versión oficial de la masacre de Srebrenica?

Por otra parte, está el asunto de los cadáveres evaporados. Como no aparecían esos 8.000 cadáveres, occidente se vio obligado a buscar todo tipo de excusas para explicar la ausencia de cuerpos. La primera hipótesis que se barajó fue que los serbo-bosnios habían usado sustancias corrosivas para hacer desaparecer las pruebas de sus atrocidades. Pero tras un estudio del terreno, no se encontró rastro alguno de sustancias cáusticas. Esto dio paso a una segunda hipótesis: los serbios pudieron haber trasladado los cadáveres. Sin embargo esta explicación también tenía su punto débil, a saber, ¿cómo era posible trasladar miles de cadáveres sin que los satélites espía de Estados Unidos capaces de detectar cuerpos descomponiéndose bajo tierra (según reconocía Washington) lo percibiera? En efecto, la falta de fotografías de satélite sobre los hechos irritó al juez del TPI, Richard Goldstone, que instó a Washington a que presentara lo más rápidamente posible estas pruebas. Así, la administración Clinton, hizo públicas tres de ocho fotografías que con anterioridad Madeleine Albright había mostrado al Consejo de Seguridad de la ONU en una sesión a puerta cerrada, fotos, que, según Estados Unidos demostraban la culpabilidad de los serbo-bosnios. Una de esas tres fotos mostraba, según Washington, suelo removido, lo cual no prueba por sí solo la existencia de una fosa común (de hecho, el texto posible fosa común acompañaba a la foto), ni mucho menos una masacre a sangre fría; las otras dos fotos ilustraban la misma idea. Según el testimonio de un agente de la CIA que estuvo en la reunión del Consejo de Seguridad (New York Times del 11-8-95), una de las fotos mostraba un estadio de fútbol con miles de varones musulmanes, según él, detenidos para ser posteriormente asesinados, si bien el agente no explicó cómo se puede distinguir con exactitud en una foto de satélite si los fotografiados son croatas, musulmanes bosnios o serbios. Este testimonio contrasta con el de miembros del Consejo de Seguridad que vieron la misma foto y señalaron que ésta mostraba una multitud de familias bosnio-musulmanas agrupadas en medio de un prado, según afirmaban en un informe recogido por el New York Times del 11-8-95 (¿quizá estas familias se habían agrupado para coger autobuses que les evacuaran a Tuzla y acaso las fotos no se hicieron públicas a causa de esta discrepancia?). Pero lo más sorprendente del caso es que las fotos que mostraban cómo se había perpetrado la supuesta masacre no fueron nunca vistas. Hay cierto tipo de información de inteligencia que nuestro gobierno no puede compartir con la comunidad internacional, llegó a decir el portavoz de la Casa Blanca, Michael McCurry.

Para George Pumphrey, todo esto demuestra que el Tribunal Internacional (8) está [...] manipulado por los Estados Unidos para servir a sus intereses en política exterior y que sus procedimientos son absolutamente irregulares. De hecho, el Tribunal ha sido establecido únicamente para juzgar a serbios, lo que explica que ningún gobernante o militar croata fuera procesado por la represión en la Krajina. Junto a este instrumento del intervencionismo americano, la ONU ha sido una pieza clave en la guerra sucia contra los serbios, como demuestra el hecho de que todos sus archivos sobre Srebrenica hayan sido clasificados como secretos y así permanecerán durante los próximos 50 años, según decisión de Estados Unidos, Francia y el Reino Unido (tres de los cinco miembro del Consejo de Seguridad).

Pero el problema de la falta de cadáveres (9) seguía sin resolverse y los periodistas norteamericanos se dedicaron a preparar al público para la decepción de encontrar las supuestas fosas comunes vacías. Así, el corresponsal John Pomfret informó que durante los trabajos de búsqueda de cadáveres se habían percibido indicios de que los serbios en su afán de destruir las pruebas de la supuesta masacre habían llevado a cabo un trabajo chapucero al dejar por todas partes todo tipo de efectos personales y restos humanos relacionados con los musulmanes masacrados. Ante esto, Pumphrey se pregunta si el motivo de esto es que la escena del crimen se había dejado de esa guisa a propósito, como si alguien la hubiera intentado manipular... Quizá los manipuladores fueran americanos (la zona pasó a manos de las tropas americanas de la OTAN en octubre de ese año), razón por la cual nunca se han hecho públicas las imágenes de satélite que mostraban el momento en que una mano misteriosa se dedicó a remover el terreno. La prensa occidental, por cierto, informó de indicios de excavación reciente, apenas dos semanas antes de las labores de investigación a cargo del TPI (El País, 4 y 6-4-96, p.3), dándose la circunstancia de que la escena del crimen había estado custodiada durante meses por las tropas norteamericanas.

El plan del Pentágono

Nuestro primer objetivo es prevenir el surgimiento de un nuevo rival [...] En primer lugar, los Estados Unidos deben mostrar el liderazgo necesario para establecer y proteger un nuevo orden que mantenga la promesa de convencer a los potenciales competidores de que no necesitan aspirar a un papel de mayor protagonismo o mantener una postura más agresiva para proteger sus legítimos intereses. Debemos responsabilizarnos de los intereses de las naciones industrialmente avanzadas para disuadirles de intentar derribar el orden político y económico establecido. Finalmente debemos mantener el mecanismo para disuadir a potenciales competidores de aspirar a obtener un papel regional o global de mayor importancia [...] Es de fundamental importancia preservar a la OTAN como primer instrumento de defensa y seguridad occidental [...] Debemos prevenir el surgimiento de planes de seguridad exclusivamente europeos que debilitarían a la OTAN.

Estos fragmentos forman parte de un extraordinario documento del Pentágono de 46 páginas, especialmente dirigido a Europa, aparecido en el New York Times del 8 de marzo de 1992. En él se pone de relevancia la decisión de Estados Unidos de ser el poder dominante en los Balcanes; tanto es así que afirma la necesidad de completar la dominación mundial por Estados Unidos en términos políticos y militares y amenaza a otros países que aspiren a rivalizar con su poder. La amenaza parece ser apoyada por los poderes europeos y Japón.

Pero, ¿por qué se publicó este documento, filtrado por oficiales del Pentágono, y ningún alto cargo de Estados Unidos lo ha denunciado o renunciado al mismo? Quizá éstas palabras de George Bush cuando se le preguntó por el documento, que dijo no haber leído, arrojen algo de luz: somos líderes y debemos continuar a la cabeza.

La guerra en Bosnia se hubiera podido evitar si Washington no hubiera saboteado la negociación de un acuerdo para un estado unificado (destruido por la Unión Europea) entre fuerzas bosnio-musulmanas, croatas y serbias, en Lisboa el 18 de marzo de 1992.

Washington imposibilitó ese acuerdo por medio del régimen bosnio de Alija Izetbegovic al que convenció de que podría conseguir el dominio de toda la región con su apoyo. El 17 de junio de 1993, el New York Times describía el papel de Estados Unidos: el gobierno de Estados Unidos oficialmente respaldaba a Izetbegovic, la cabeza del ala derecha del Partido de Acción Democrática, para declarar unilateralmente un estado soberano bajo su presidencia.

El gobierno democrático de Tuxla, bosnio-musulmán, aseguraba que Estados Unidos supervisó la nueva redacción de la Constitución bosnia dando el poder únicamente a las fuerzas nacionalistas de extrema derecha del Partido de Acción Democrática de Izetbegovic y a la Unión Democrática Croata del neofascista Fanjo Tudjman, el resto de fuerzas políticas musulmanas fueron excluidas.

Sin embargo grupos de musulmanes de dos áreas de Bosnia desafiaron al gobierno de Izetbegovic porque no creían que éste representara los intereses de la comunidad musulmana. Ellos deseaban una política de cooperación y comercio con las otras nacionalidades de la región, por lo que condenaron la política nacionalista de derechas de Izetbegovic y su dependencia militar de Estados Unidos.

Un grupo de bosnio-musulmanes del noroeste del área de Bihac guiado por Fikret Abdic declaró su autonomía frente al gobierno de Sarajevo (respaldado por Estados Unidos). En represalia el gobierno de Izetbegovic lanzó un ataque militar contra este gobierno bosnio-musulmán elegido democráticamente y sus ciudadanos que preferían mantenerse en paz con sus vecinos serbios y croatas. Este ataque fue organizado por los Estados Unidos, pues como recogieron los periódicos The Guardian, The Observer y The Independent en Gran Bretaña en 1994, seis generales estadounidenses habían tomado parte en la planificación de la ofensiva. El ataque violó un alto el fuego y una zona declarada protegida por las Naciones Unidas.

Los serbo-bosnios, aliados con los serbios de Croacia y las fuerzas de los musulmanes bosnios de Bihac, se reorganizaron y comenzaron un contraataque. Los bombarderos estadounidenses bajo mando de la OTAN acudieron a defender a Izetbegovic.

Ni que decir tiene que nada de esto apareció en los medios de comunicación de Estados Unidos. Las fuerzas opositoras al gobierno de Izetbegovic eran denominadas como fuerzas rebeldes.

Uno de los pocos ejemplos satisfactorios de cooperación multiétnica en los Balcanes [...] Abdic, un poderoso hombre de negocios, fue miembro de la presidencia conjunta de Bosnia. Él ganó en las esecciones nacionales a Izetbegovic y fue expulsado del gobierno cuando Sarajevo (cuartel general de Izetbegovic) rechazó un acuerdo internacional de paz, escribió en el Foreing Affairs de septiembre/octubre el general retirado Charles G. Boyd del ejército del aire de los Estados Unidos, 2º comandante en jefe de la Comandancia Europea de los Estados Unidos de 1992 a 1995, sobre Bihac.

El respaldo de Estados Unidos al ataque de Izetbegovic contra fuerzas bosnio-musulmanas demuestra cómo cínicamente el Pentágono ha utilizado a los sectores derechistas de las fuerzas musulmanas de Bosnia para prolongar y extender la guerra. Quienes instan al Pentágono a intervenir para defender a la comunidad musulmana deberían recordar el papel de Estados Unidos en Oriente Medio. El gobierno estadounidense ha demonizado al pueblo musulmán y ha llevado a cabo guerras en Palestina, Libia, Líbano, Iraq, Irán y Somalia. El pueblo musulmán de Bosnia ha sido el gran perdedor en esta guerra diseñada para disgregar la región como resultado de la alianza del intolerante grupo derechista de Izetbegovic y el Pentágono.

La acusación de violaciones masivas como propaganda de guerra

La acusación de violaciones masivas, como arma sistemática de guerra y limpieza étnica, contra los serbo-bosnios hizo surgir el odio y la indignación en millones de personas. Entre 1992 y 1993 la prensa sensacionalista afirmaba que de 20.000 a 100.000 mujeres musulmanas habían sido violadas por el ejército, lo que colocó a los serbios como agresores y a los musulmanes como víctimas.

Las mujeres son las primeras víctimas de cualquier guerra. La violación y el abuso degradante son muy a menudo llevados a cabo como una marca de conquista por las tropas invasoras imbuidas de posesivas actitudes patriarcales. Pero la acusación de violación ha sido algunas veces usada conscientemente como parte esencial de la propaganda de guerra.

Esta grave acusación fue utilizada por grandes corporaciones de la comunicación de Estados Unidos sin examinar las fuentes. La revista MS publicó un reportaje que acusaba a las fuerzas serbo-bosnias de realizar violaciones con objeto de producir vídeos pornográficos. Las películas no han sido nunca encontradas y las acusaciones no fueron apoyadas por las organizaciones de observadores Helsinki Watch y Human Right Watch.

El Warburton Report, en enero de 1993, autorizado por la Unión Europea, estimó en 20.000 las mujeres musulmanas violadas como estrategia de guerra serbia. Pero una miembro disidente del equipo de investigación, Simone Veil, antigua ministra francesa y presidenta del parlamento europeo, afirmó que la estimación de 20.000 víctimas estaba basada únicamente en entrevistas con 4 víctimas (dos mujeres y dos hombres). Según el New York Times del 19 de octubre de 1993, el ministro de sanidad croata en Zagreb fue la única fuente de información sobre la cual el Warburton Report basaba la cifra de 20.000 víctimas.

El 4 de enero de 1993, el ejemplar de la revista Newsweek publicaba que más de 50.000 mujeres musulmanas habían sido violadas en Bosnia. Tom Post, coautor del artículo, explicaba que la estimación de 50.000 violaciones se basaba en entrevistas con 28 mujeres. Esta afirmación fue el resultado de una extrapolación (multiplicando cada denuncia de violación por cierto factor, porque históricamente la violación ha sido y continúa siendo un crimen ocultado por las propias víctimas).

El reportero Jerome Bony de la televisión francesa explicaba el problema: Cuando estaba a 50 kilómetros de Tuxla, me dijeron ‘dirigíos a la escuela superior de Tuxla. Hay 4.000 mujeres violadas’. A 20 Km esta cifra se redujo a 400. A 10 Km sólo quedaban 40, y una vez allí sólo pude encontrar 4 mujeres dispuestas a testificar.

Un titular del New York Times del 15 de enero de 1993 dice: Nace una niña de 2 meses hija de una adolescente musulmana después de ser violada en un campo de detención serbio. En ese momento, la guerra no había cumplido los 9 meses.

Organizaciones feministas comprensiblemente afectadas por los reportajes sensacionalistas pidieron la intervención de los poderes europeo y estadounidense. Parece ser que no eran conscientes de que las tropas de Estados Unidos crean una industria sexual completa en cada operación militar que llevan a cabo, donde miles de mujeres son obligadas a la prostitución. Ahí están las experiencias de Vietnam, Tailandia, Korea y Filipinas.

La Iglesia Católica alienta las matanzas

Durante la II Guerra Mundial, la Iglesia Católica prestó su apoyo a uno de los regímenes más sangrientos de la historia reciente, a saber, el régimen pro-nazi de Pavelic. De 1941 a 1945 el catolicismo croata, con el arzobispo de Zagreb, Stepinac, a la cabeza, llevó a cabo una brutal campaña de conversión forzosa de la población croata de origen serbio, que era tradicionalmente ortodoxa, aunque también contaba con una considerable proporción de ateos debido al fuerte arraigo de las ideas izquierdistas entre los serbios. Aquí habría que recordar que desde el siglo XI la Iglesia Católica ha mantenido una fuerte pugna con los cristianos cismáticos. Como consecuencia de esta violenta política de conversión, un tercio de los serbios de Croacia (en aquel tiempo 1,5 millones) fue convertido al catolicismo, otro tercio fue expulsado y el otro tercio sencillamente exterminado. Así, la curia católica croata bendijo campos de concentración donde se hacinaban serbios, judíos, gitanos etc. (se calcula que 17.000 niños murieron en campos de concentración infantiles). Además tras la caída del régimen, Ante Pavelic fue protegido (al igual que lo fue el nazi Klaus Barbie) por el Vaticano preparándole un cómodo exilio en Argentina y, más tarde, en España.

Medio siglo más tarde, la Iglesia Católica ha vuelto a intervenir en un nuevo proceso de dominación imperialista de Yugoslavia, financiando al gobierno de Tudjman y a su aparato represivo y canonizando a Stepinac. Como ya se dijo en el anterior número de Amor y Rabia, el Vaticano fue el primer estado en reconocer a Eslovenia y Croacia como naciones independientes así como en pedir que la OTAN interviniera en Bosnia. No hace mucho, durante la guerra de Kosovo, Il Corriere della Sera informó del hallazgo en el puerto italiano de Ancona de un cargamento de armas camuflado en un doble fondo de un convoy de ayuda humanitaria fletado por Cáritas para los refugiados albano-kosovares de los campos de acogida albaneses. El destino de este cargamento de armas no era otro que el ELK. Además, la prensa occidental hizo público que el centro de reclutamiento del ELK en París era una iglesia católica (croata, para más señas). Esta es una muestra de la política del Vaticano: mientras de puertas afuera clama por la paz de puertas adentro alienta las matanzas. Sin duda, el imperio financiero que sustenta la Iglesia Católica tiene mucho que ganar con la conquista del mercado balcánico.

Una propuesta antiimperialista y libertaria

Tras la traumática experiencia de la guerra de Vietnam la opinión pública norteamericana se vio atrapada en un debate cuyos límites habían sido preestablecidos por las altas instancias mediáticas. Según la prensa y los analistas oficiales, en el debate sobre la guerra sólo cabían dos posturas: la de los halcones o conservadores (la intervención era necesaria y se había llevado a cabo de manera correcta) y la de las palomas o progresistas (la intervención era necesaria pero se debería haber optado por soluciones políticas y nunca militares). La postura que defendía que la intervención de Estados Unidos en Vietnam nunca debió haber tenido lugar quedaba de esta manera excluida del debate. Dos décadas más tarde, ha vuelto a repetirse esta situación en relación a la guerra imperialista contra Yugoslavia.

Como bien señalaba James Petras en su artículo Mitos de Estados Unidos sobre Yugoslavia (en El Mundo, 18-5-99 p.8) es lamentable que incluso la izquierda anti-OTAN haya asumido gran parte de la propaganda de guerra occidental y únicamente se haya manifestado contra los bombardeos aliados y no contra casi una década de intervención. Es cierto que no debemos tomar parte por ninguno de los bandos pero no desmontar el argumento sobre el que descansa la agresión imperialista contra Yugoslavia (el gobierno federal yugoslavo es una dictadura fascista, los serbios están llevando a cabo una limpieza étnica en los Balcanes, etc.) o apoyar la oposición democrática a Milosevic (una coalición de partidos-títere, entre ellos monárquicos y ultraderechistas, sindicatos amarillos, ONG, etc.) significa hacer indirectamente el juego al más fuerte. Tampoco invocar el derecho a la independencia de las antiguas repúblicas yugoslavas es lícito pues esa independencia supone pasar a depender como colonias de las potencias imperialistas occidentales, las cuales han impuesto a la población de los territorios independizados brutales programas económicos a través de sus gobiernos-títere (mucho más marcados que los programas de privatización emprendidos por el gobierno federal). Está claro que en una guerra los bandos contendientes llevan a cabo matanzas, pero en el caso del conflicto yugoslavo la denuncia de la intervención occidental (causa última de la guerra) debe preceder a cualquier otro tipo de consideración.

Frente a esto, una postura puramente antiimperialista y libertaria debería incidir en los siguientes puntos:

— Luchar por la descontaminación informativa, exigiendo el derecho de la población a una información veraz.
— Mostrar cómo actúa el sistema de dominio global promovido por las democracias occidentales (cuyo proyecto imperial persigue los mismos objetivos que el expansionismo nazi-fascista de los años 40) y el engaño que supone la vía institucional (p.e., la ONU) para oponerse a éste.
— Fomentar un movimiento (hoy día inexistente) auténticamente revolucionario, antiimperialista, anticapitalista y asambleario, que una a la población balcánica por encima de las diferencias culturales frente al opresor común, el capitalismo internacional, como única alternativa justa al sistema heredado de la era de Tito.

La intervención en los Balcanes no ha terminado (Montenegro amenaza con estallar en una guerra civil y Serbia sigue bajo el criminal bloqueo económico de la comunidad internacional) y sería conveniente tener en cuenta estas tres sencillas reivindicaciones si no queremos que la maquinaria propagandística neoimperialista nos engulla.

Dime con qué matas y te diré que pretendes

Uno de los sectores que más invierte en investigaciones científicas ha sido y es la industria de guerra. Estas investigaciones, por supuesto, han ido encaminadas a desarrollar armas específicas para cada tipo de objetivo. De esta manera surgieron las minas antipersonales, las armas biológicas selectivas, y las bombas de racimo. En el conflicto que nos ocupa, la fuerzas de la OTAN se han saltado los acuerdos internacionales que condenan la utilización de este tipo de armamento, sin ningún pudor. Así, mientras nos han querido hacer creer que la utilización de misiles inteligentes reduciría a la mínima expresión el número de bajas civiles, la realidad era otra bien distinta. Empresas de comunicación como El Norte de Castilla, El Mundo o Telecinco (poco sospechosas de colaborar con el régimen yugoslavo a nuestro entender) han admitido la utilización en los bombardeos de las llamadas bombas de racimo, algo denunciado desde el comienzo de la guerra por Belgrado. Este tipo de bomba, cuya utilización ha sido prohibida por su derecho internacional, lejos de tener un objetivo claro y preciso a destruir, se abre soltando decenas de cargas almacenadas en su interior, que caen aleatoriamente sobre un radio de acción de 150 m. sin ningún control. Su principal víctima es la población, ya que la potencia de cada una de las cargas está pensada para amputar piernas y brazos, cegar, o prender pequeños fuegos, pero no para destruir grandes edificios. Este tipo de armamento ha sido arrojado sobre Belgrado y otras ciudades y pueblos. El día 21 de junio [de 1999] tras la invasión de Kosovo por parte de las fuerzas de la OTAN una explosión en un colegio a 30 km. al oeste de Prístina mataba a 2 soldados de élite del ejército británico (gurja nepalíes) y a dos civiles. El mismo lunes se pudo oir en la mayoría de los medios de comunicación burgueses cómo se atribuía la explosión a las minas antipersonales serbias. En menos de 24 horas se echaba marcha atrás y se reconocía en unos pocos segundos de radio que la explosión se podía deber a una de las cargas de una bomba de fragmentación arrojadas por la OTAN que no había hecho explosión hasta entonces. Pero el silencio fue la nota generalizada. En el Norte de Castilla del día siguiente, por poner un ejemplo, solamente se hace referencia a la explosión de un arsenal de armas en un colegio. No hay responsables. Esta es una clara muestra de cómo se crean los estados de opinión. Todo depende de quién sea el brazo ejecutor.

Notas:

(*) Todas las citas han sido tomadas del artículo Neoliberalism, the Balkans Scenario, difundido en internet por el Centro de Solidaridad con Latinoamérica de Dublín (Irlanda).

(1) En la Krajina, los aviones MIG croatas ametrallaron las columnas de refugiados serbios que huían. Este ataque formaba parte de una operación planificada por la CIA.

(2) Rugova, por cierto, tras viajar a Belgrado, reunirse con Milosevic y pedir el fin inmediato de los bombardeos fue amenazado de muerte por el ELK y cayó en desgracia para las fuerzas intervencionistas occidentales.

(3) El País del 19-6-99, p. 3, informó del hallazgo por parte de los soldados alemanes de la KFOR de un centro de torturas del ELK, en el que se encontraban 15 personas (tres serbios, varios gitanos y el resto albaneses) con señales de malos tratos, además de un muerto (un hombre de 70 años que estaba esposado a una silla). En el lugar se encontraban 30 miembros del ELK que no fueron detenidos por la KFOR aunque sí desarmados.

(4) Tras la retirada de las fuerzas yugoslavas de Kosovo, el ELK ha tomado el poder en la ex-provincia serbia apoyado por Estados Unidos, lo que ha supuesto la marginación de la línea política de Rugova (que contaba con el apoyo de la mayoría de los albano-kosovares) y que se centraba en la recuperación del estatus de provincia autónoma para Kosovo manteniéndose dentro de la Federación Yugoslava. Frente a esto, el ELK propone que Kosovo pase a formar parte de Albania (esto supone una vuelta al proyecto de la Gran Albania de la División Skanderbeg). Aquí, no se puede hablar, pues, de independencia sino más bien de anexión.

(5) La penuria económica por la que está pasando la población de las repúblicas independizadas se encuentra ejemplificada en un artículo sobre la situación económica de Croacia aparecido en El Mundo del 6-6-99, p. 11. En la que fuera la república más próspera de la antigua Yugoslavia, el paro ha crecido enormemente por el cierre de empresas de capital yugoslavo (en Dubrovnik, de 55.000 habitantes sólo 25.000 trabajan), el turismo se ha hundido, los salarios se han reducido espectacularmente (el sueldo medio oscila entre 40000 y 50000 pesetas) y los precios no han dejado de subir (el kilo de pollo está a 500 pesetas, una barra de pan cuesta 125 pesetas y un solo huevo 30). Estas son las consecuencias del proceso de modernización y democratización que occidente ha promovido en los Balcanes a través de gobiernos-títere fascio-liberales, como el de Tudjman.

(6) Hay que tener en cuenta que cuando la derrota nazi en los Balcanes era un hecho, muchos colaboracionistas se unieron a la guerrilla de Tito, el cual tras la guerra promovió una política de reconciliación y de amnesia colectiva que posibilitó que muchos antiguos simpatizantes del fascismo acabaran ocupando puestos en la burocracia comunista.

(7) Srebrenica era una zona segura (es decir, desmilitarizada) acordonada por cascos azules holandeses. No obstante, en esta ciudad había una gran cantidad de soldados y armamento separatistas (otra de estas zonas seguras de Bosnia era la ciudad de Gorazde, que ocultaba una fábrica de armas controlada por los musulmanes). Según la prensa occidental, cuando los serbios tomaron Srebrenica y supuestamente masacraron a 8.000 varones musulmanes, los cascos azules holandeses no hicieron nada por impedirlo (!).

(8) El TPI (que prácticamente ha acusado sólo a serbios) sólo ha procesado en firme a una sólo persona; algunos inculpados siguen a la espera de juicio y otros han sido liberados bien por falta de pruebas o bien porque éstas habían sido falseadas (p.e., Dusko Tadic). El único condenado, Drazen Erdemovic, perteneció, según él, a los paramilitares separatistas croatas para después pasar a las fuerzas serbo-bosnias, extremo que no ha sido nunca confirmado. Erdemovic confesó haber cometido atrocidades durante su estancia en el ejército serbo-bosnio a cambio de una sustancial reducción en la condena (tan sólo 5 años de cárcel, aunque algunas fuentes hablan de completa absolución y cambio de identidad). George Pumphrey sospecha que esto puede haber sido un montaje.

(9) Al igual que ocurrió tras la toma de Srebrenica después de la caída de Vukovar (Croacia) en 1991, occidente acusó a los serbios de genocidio. Sin embargo, nunca aparecieron los cientos de cuerpos de civiles croatas supuestamente masacrados por los serbios, por lo que la prensa occidental culpó a los cascos azules rusos, presentes en la zona, de ayudar a los serbios a hacer desaparecer los cadáveres.

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