Al cubo de la basura

El 15 de setiembre de 2005 apareció en los noticiarios de las televisiones una información sobre un brazo que unos basureros vieron al arrojar un contenedor al camión de la recogida nocturna en Coruña. Pensaron que era un muerto y avisaron a la policía, momento en el que, en medio de los despojos, el hombre salió por su propio pie del camión. Había estado a punto de ser triturado.

Se trataba de un inmigrante peruano que dormía entre los desechos en el contenedor.

Esta sencilla anécdota resume por sí misma hacia dónde conduce el capitalismo a las masas, cuando ya no solamente se arrojan los desperdicios al contenedor sino que las personas también pueden ser desperdicios y también tienen que acabar en el camión de la basura. Antes existían los sin-techo, luego los sin-papeles y finalmente el capitalismo ya ha creado a los sin-todo que es lo mismo que los sin-nada.

Las condiciones de una vida mísera

Según la primera Encuesta de Condiciones de Vida presentada el 5 de diciembre de 2005 por el Instituto Nacional de Estadística, de los 44 millones de ciudadanos residentes en España, un 20 por ciento (casi nueve millones) perciben ingresos que les sitúan por debajo del nivel de pobreza. Viven con menos de 4.554 euros netos al año (379 mensuales).

Esta encuesta, armonizada con la Unión Europea de acuerdo con los criterios de Eurostat, sustituyó al antiguo Panel de Hogares y refleja la renta y las condiciones de vida de los europeos. La media europea es del 16 por ciento. En toda la UE más de 72 millones de personas están en riesgo de pobreza.

España es el sexto país con mayor riesgo de pobreza relativa de la UE. El riesgo de pobreza es un indicador que se obtiene de calcular los ingresos medios netos por habitante -en el caso español 7.591 euros anuales- y fijar el umbral de pobreza en aquellos ciudadanos que no alcanzan el 60 por ciento de dicha cifra (4.554 euros anuales ó 379 mensuales).

Un poco antes de esta Encuesta, el 3 de marzo, otro estudio de la UNICEF titulado La pobreza infantil en los países ricos 2005 reconocía que un millón doscientos mil niños (13'3 por ciento de la población infantil) viven en situación de pobreza en España.

El estudio sitúa a España entre los peores puestos de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico y, según sus datos, la cifra de niños pobres aumentó en nuestro país un 2'7 por ciento durante los años de la década de 1990.

El documento pone de manifiesto que la pobreza infantil no es sólo un problema del Tercer Mundo, sino que también está presente en las grandes metrópolis imperialistas, donde va en aumento. El informe señalaba que en los estados de la OCDE viven entre 40 y 50 millones de niños en una pobreza relativa que para la UNICEF significa recibir menos de un 50 por ciento de los ingresos de la renta nacional.

Seguimos. Un despacho de la agencia EFE de 17 de julio de 2004 decía que en España duermen en la calle cada día entre 30.000 y 40.000 personas. De ellos entre un 10 y un 12 por ciento son universitarios.

La vida en la calle es muy dura. La soledad, la desconexión social y afectiva y la marginación son algunas de las consecuencias más duras que sufren los sin-techo, que no solamente carecen de vivienda sino que sufren entre 13 y 14 agresiones a lo largo de su vida, mientras que la media de la población vive entre cuatro y cinco sucesos traumáticos aislados.

En España, según datos aportados por Cáritas, hay 10.000 plazas de albergue para los sin-techo. La red actual de albergues es mayoritariamente privada, tanto en lo que se refiere a la titularidad (únicamente el 21 por ciento de los centros son públicos) como a la gestión (el 14 por ciento son de gestión pública). Cáritas por sí sola, gestiona el 40 por ciento de la red de atención a personas sin hogar.

En España sólo se gasta alrededor de 60'1 millones de euros en atender a las personas sin hogar, según dice Cáritas. Esto significa que la red asistencial dispone de entre 14 y 18 euros al día por persona sin hogar para cubrir todos los gastos, que van desde la comida, la ropa y el alojamiento, a los gastos generales de mantenimiento y personal.

Endeudados hasta las cejas

Cada vez hay más anuncios publicitarios ofreciendo préstamos. Es el gran negocio de bancos, financieros y demás chorizos sin escrúpulos. El peso de las deudas de las familias españolas respecto al total de activos de los que disponen aumentó durante 2004 hasta suponer el 44 por ciento, el porcentaje más alto de las últimas tres décadas, según datos del Banco de España de 10 de mayo de 2005.

Así no es de extrañar que las cifras de beneficios de los bancos se disparen año tras año. Los préstamos contraídos por los hogares españoles se situaron en 595.183 millones de euros (medio billón) en 2004, lo que supone un 17'5 por ciento más que el año anterior.

Los gastos aumentan más que los ingresos. Los activos de las familias españolas aumentaron a un ritmo mucho menor, el 9'16 por ciento, hasta 1'36 billones de euros, de modo que el volumen de activos comprometido por deudas creció considerablemente en 2004 respecto al año anterior cuando el peso de las deudas de las familias respecto al total de su patrimonio financiero representaba el 40 por ciento.

Los datos del Banco de España ponen de relieve que, en los últimos diez años, el pasivo de los hogares ha ido comprometiendo cada vez más el volumen de activos, ya que en 1995 los préstamos contraídos por las familias suponían el 30 por ciento de su patrimonio financiero, frente al 44 por ciento de finales de 2004.

Ese elevado endeudamiento se debe, sobre todo, a los créditos solicitados para la adquisición de una vivienda, como demuestra el hecho de que los préstamos a largo plazo supusieran el 84 por ciento de las deudas de las familias en 2004.

Por resumir y hablando claro: si en España no estamos todos durmiendo en la calle es gracias a que pedimos préstamos a los bancos y luego tenemos que destinar de por vida la mitad de lo que ganamos a devolverlos con intereses para que ellos se llenen los bolsillos año tras año.

Repartir la riqueza, no; repartir la pobreza, sí

El capitalismo es una auténtica cloaca, un vertedero de basura. Sin embargo, tenemos una visión errónea de la función social que desempeñan los pobres y los sectores marginales de la sociedad, lo que los comunistas llamamos el lumpenproletariado. Creemos que ese sector no desempeña ninguna función, como si estuviera fuera de la sociedad y, por tanto, de la economía. Nos domina una idea de ellos como de seres pasivos a los que nosotros, las personas de buen corazón, deberíamos atender caritativamente, incluso aunque se trate de delincuentes, que parecen ser el último eslabón de la cadena (nunca mejor dicho esto de la cadena).

Todas las dramas asociados a lo que llamamos pobreza, lejos de resultar disfuncionales, desempeñan labores concretas en esta sociedad. La miseria no es una lacra del capitalismo, una secuela, sino algo necesario e imprescindible para engendrar plusvalía y reproducir la explotación en una escala cada vez más ampliada. Por una parte, contribuyen a la difusión e imposición de la ideología de la clase dominante y, por la otra, tienen un papel económico en la regulación del mercado de trabajo.

Sin embargo, con su estado de bienestar los reformistas pretenden hacernos creer que su objetivo es que no haya pobres, quitar a los de arriba para dar a los de abajo, etc. Nos quieren hacer creer que los pobres y marginados no son algo imprescindible sino, por el contrario, un obstáculo para la expansión del mercado. Los programas de erradicación de la pobreza y toda la burocracia de servicios sociales forman parte de un formidable mecanismo ideológico del capitalismo que interesa desentrañar en su círculo vicioso: el capitalismo necesita de la pobreza para subsistir y, al tiempo, el capitalismo pretende luchar contra la pobreza y elevar el nivel de vida. Los capitalistas, que viven de la miseria de los demás, generan su propio antídoto, el estado de bienestar; la ideología dominante también desarrolla sus propias vacunas reformistas: la asistencia social, el reparto, la fiscalidad progresiva, etc. Las dos vertientes del capitalismo (la explotación y la beneficencia, el liberalismo y el reformismo) se abrazan siempre en este punto: el mercado margina y los servicios sociales integran; la cárcel descompone y el asistente social recompone; la policía destruye y la caridad reconstruye. En consecuencia, capitalistas y reformistas se necesitan unos a otros para mantener el sistema tal y como está.

Esos gastos sociales de los que alardean los reformistas y sindicalistas no van a parar a los marginados, sino que se invierten en financiar a toda la red de burócratas gestores de los servicios sociales. Ese estado del bienestar dedicado a la asistencia camufla así sus tentáculos con una apariencia benefactora y políticamente aséptica. Las funciones asistenciales tienen un carácter claramente represor, caracterizado por implementar programas de control absoluto sobre la población marginada, por reforzar y acumular la información sobre la clientela dependiente de los barrios periféricos. Y lo que es más grave para el estado de bienestar: la actuación de los servicios sociales multiplica y refuerza la marginación porque auxilian a algunos en detrimento de los demás, cuya situación resulta todavía más comprometida. Por ejemplo, el artículo 44 del Reglamento del gobierno vasco sobre el salario social dice: Podrán quedar exluidos del cumplimiento de las contraprestaciones aquellos beneficiarios que, a juicio del preceptivo informe del servicio social de base municipal, constituyan personas inactivas sin posibilidad real de inserción en la sociedad y en el mercado laboral. Es decir, que el preceptivo informe de los servicios sociales puede convertir a un persona en absolutamente inhábil, no ya para el trabajo sino incluso para vivir en sociedad, alguien totalmente irrecuperable, el último eslabón de la cadena. Y eso que, según la exposición de motivos de esta norma autonómica, el salario social se pretende configurar como un paraguas protector, el último del sistema público de protección social al que accedan únicamente aquellas personas o colectivos que se escapan a través del reticulado de la red de dicho sistema público. Después del último siempre hay alguien que ni siquiera es capaz de ponerse en la fila.

El sistema productivo capitalista deja al margen a toda una masa de personas incapaces de incorporarse a su acelerada dinámica. Hoy el cambio tecnológico y la reconversión salvaje no sólo expulsan a un creciente número de trabajadores del mercado de trabajo, sino que los arrinconan en un estado de analfabetismo funcional que les hace incapaces para desenvolverse en una sociedad cada vez más compleja y exigente. La incorporación, tanto al sistema productivo como a otro tipo de mecanismos sociales (como por ejemplo la escuela) exige un esfuerzo (de comprensión, de habilidad, de relación) que no todos pueden realizar. Hemos comenzado el curso escolar este mes de setiembre sabiendo que los índices de fracaso escolar son mayores que nunca y los mayores de Europa. Y sin embargo, ya no existen oficios para toda la vida; el aprendizaje debe ser permanente; los trabajadores en paro, e incluso los que están en activo, están obligados a un reciclaje periódico y agobiante. En esta marcha vertiginosa, el proletariado va perdiendo sus unidades por millares en cada aceleración, que van a parar irremisiblemente al pelotón de los jubilados prematuramente, los incapacitados e incluso de los marginados.

Economía política de la miseria

El mercado de trabajo no está condicionado por la demanda (los capitalistas) y la oferta (los obreros) sino por la existencia de una población obrera en activo y otra en paro, el ejército industrial de reserva de mano de obra. Marx decía que los últimos despojos de la superpoblación relativa son los que se refugian en la órbita del pauperismo... El asilo de inválidos del ejército obrero en activo y el peso muerto del ejército industrial de reserva. Su existencia va implícita en la existencia de la superpoblación relativa, su necesidad en su necesidad, y con ella constituye una de las condiciones de vida de la producción capitalista y del desarrollo de la riqueza. De estos despojos forma parte el lumpenproletariado cuyo volumen crece y se expande al mismo ritmo que la acumulación capitalista: La población obrera crece siempre más rápidamente que la necesidad de explotación del capital... A medida que se acumula el capital tiene necesariamente que empeorar la situación del obrero, cualquiera que sea su retribución, ya sea ésta alta o baja. Finalmente, la ley que mantiene siempre la superpoblación relativa o ejército industrial de reserva en equilibrio con el volumen y la intensidad de la acumulación mantiene al obrero encadenado al capital con grilletes más firmes que las cuñas de Vulcano con que Prometeo fue clavado a la roca. Esta acumulación determina una acumulación de miseria equivalente a la acumulación de capital. Por eso, lo que en un polo es acumulación de riqueza es, en el polo contrario, es decir, en la clase que crea su propio producto como capital, acumulación de miseria, de tormentos de trabajo, de esclavitud, de despotismo, y de ignorancia y degradación moral.

Pero hoy las crisis ya no son cíclicas, el ejército industrial de reserva es mayor que el de trabajadores empleados y no es ya necesario tal volumen de superpoblación para regular el mercado de trabajo y se plantea claramente su drástica reducción.

La reducción de la fuerza de trabajo en cantidades importantes sólo se puede obtener por medio de la guerra, pero tampoco hay que descuidar el creciente volumen de muertes a causa de la drogadicción, así como la difusión masiva de enfermedades infecciosas como el SIDA, que puede permitir que a medio plazo una parte importante del ejército industrial de reserva vaya desapareciendo paulatinamente, se recluya en el sistema hospitalario, asistencial o en las cárceles, ya más pobladas que nunca. En España la cifra de presos, que se acerca ya los 65.000, es más elevada que nunca y a ella hay que sumar otras 24.000 personas etiquetadas y recluidas como enfermos mentales.

La reconversión y sus secuelas (obsolescencia y envejecimiento prematuro del trabajador) han disparado los índices de alcoholismo, así como la tasa de suicidios.

En 2000 el crimen acabó en todo el mundo sólo con 500.000 vidas y las guerras sólo mataron a 300.000 personas, mientras que el suicidio es la primera causa de muerte violenta en el mundo, con más de 815.000 casos al año, según un informe de la Organización Mundial de la Salud. Cada 40 segundos una persona pone fin a su propia vida y no es casualidad que sean los antiguos países socialistas los que tengan las tasas más elevadas del mundo.

Resta constatar el destino real que el capitalismo va a dar a la saturación de mano de obra, a esos millones de parias excedentes que deambulan por las calles de todo el mundo y para los cuales el exterminio -directo indirecto- no aparece como absolutamente inverosímil. Sólo cabe discernir las formas en que se va a llevar a cabo para que todo encaje dentro del marco de la Constitución, del Estado de Derecho y de la democracia.

Más muertes por suicidio que por accidente de tráfico

El índice de suicidios de un país marca el grado de frustracón de una sociedad que no es capaz de satisfacer ninguna de las expectativas vitales de sus miembros. En España ese índice no ha parado de crecer en los últimos años.

En 2005 el número de suicidios en España fue superior al de los accidentes mortales en la carretera, según se desprende de los datos facilitados por el Instituto Nacional de Estadística y del último balance de Seguridad Vial del Ministerio del Interior. Los datos forman parte de las Defunciones según la causa de muerte 2005, informe que hizo público el Instituto Nacional de Estadística en enero de 2007.

Los muertos por suicidio fueron 3.381 mientras que los fallecidos en accidentes en la carretera (hasta 24 horas después de haber sufrido el accidente) fueron 3.332.

El Instituto Nacional de Estadística avaló la comparación ya que las cifras que ellos manejan de accidentes de tráfico incluyen también los sucedidos en vías urbanas y los fallecidos con posterioridad al accidente aunque más allá de las 24 horas, que son una mínima parte del total, según especificó Estadística.

Más de veinte mil personas se han quitado la vida en nuestro país en los últimos seis años, con un crecimiento sostenido entre 2001 y 2004, y siempre por encima de los 3.000 fallecimientos. En el caso de 2005, llama la atención que más de una cuarta de los casos se produjeron entre personas de 70 y más años, que el mayor número se produce entre los 40-44 años y que por cada cuatro suicidios, tres son llevados a cabo por hombres.

El capitalismo alcanza su máximo histórico de desempleo

El desempleo en el mundo capitalista alcanzó en 2006 un máximo histórico, con 195,2 millones de obreros sin trabajo, según un informe hecho público a finales de enero de 2007 por la Oficina Internacional del Trabajo.

La tasa de obreros que no encuentran empleo marcó una cota del 6,3 por ciento de la fuerza de trabajo. El estudio confirma también la proletarización de todo el mundo capitalista. Apunta que ahora hay más gente que nunca que trabaja pero el número de personas desempleadas también alcanza un máximo histórico. El número de personas de más de quince años que quieren y pueden trabajar, pero no encuentra trabajo, se encuentra en su cifra más alta, pese al robusto crecimiento económico mundial de los últimos años, lamentó el costarricense José María Salazar, director de la división de Empleo de la Oficina Internacional del Trabajo.

Tras la presentación del informe, el responsable de la división de Tendencias en el Empleo de la Oficina Internacional del Trabajo, Lawrence Jeff Johnson, reconoció que pese al aumento en números absolutos del número de parados en el mundo, los obreros que trabajan crece a un ritmo superior.

Para que haya unos pocos ricos tiene que haber muchos pobres

Antes, en la época de las pesetas, era millonario el que tenía, al menos, un millón de pesetas. Luego se inventó el término multimillonario para designar a aquellos que tenían muchos millones de pesetas. Luego, con el euro, para ser millonario los requisitos se multiplicaron por 166.

En España la especulación en bolsa ha hecho mucho más ricos a los ricos. Al cierre de 2003 los paquetes accionariales de las 20 mayores fortunas de la Bolsa valían 16.628 millones de euros. En 2007 esos títulos están tasados en 54.000 millones. En sólo cuatro años, han multiplicado por más de tres veces su valor. Ya hay ocho personas que tienen en Bolsa participaciones de más de 2.000 millones de euros.

Aparte de las jugosas plusvalías latentes que han atesorado las participaciones bursátiles de las grandes fortunas en los últimos años, sus cuentas corrientes han recibido una nada desdeñable inyección de liquidez vía dividendos. Los cinco ejercicios consecutivos de ganancias récords entre las compañías cotizadas se han dejado sentir también en la retribución al accionista. Y los grandes inversores son los más beneficiados. Los principales patrimonios bursátiles del país han recibido 3.253 millones en dividendos desde 2003. Un dinero que, por ejemplo, daría para comprar el 100 por ciento de Iberia.

En algunos casos, el aumento del valor de las participaciones es producto, además de la revalorización de los títulos, de nuevas compras de acciones. La etapa de créditos baratos, donde los dividendos recibidos bastaban para pagar los intereses de los préstamos, han facilitado que especuladores se reforzaran en el capital de las compañías. Ejemplos de pulsos entre accionistas se han dado en ACS, donde Florentino Pérez, la familia March y Alberto Cortina y Alberto Alcocer han ejecutado un reguero de compras en los últimos años.

En los años ochenta y principios de los noventa del pasado siglo los tentáculos de los bancos abarcaban casi todos los sectores bursátiles a través de sus participadas. Con las desinversiones realizadas por BBVA y Santander, necesitados de liquidez para afrontar su expansión internacional, fueron las cajas de ahorros las que tomaron el relevo. En los últimos años, en cambio, emergen las carteras industriales de los grandes patrimonios.

Las enormes plusvalías acumuladas con sus empresas han servido a los ricos para diversificar sus inversiones y estar presentes en los movimientos empresariales de mayor calado del país. El último caso se ha visto en Iberia, donde el consorcio Gala Capital, que incluye a la familia Hidalgo, Manuel Jove y Alicia Koplowitz, aún pugna por hacerse con la aerolínea.

En este periodo, Amancio Ortega se ha consolidado como el hombre más rico de España y uno de los 10 más acaudalados del mundo gracias a la gran revalorización de Inditex, empresa de la que es presidente y máximo accionista. En 2003, sus acciones en la cadena textil tenían un valor de mercado de 5.930 millones y ahora suman 17.600 millones. De la revalorización del grupo gallego también se ha beneficiado su ex mujer, Rosalía Mera, cuyo 7 por ciento del capital alcanza los 1.740 millones. El hombre más rico de España, Amancio Ortega, tiene participaciones en Agbar y en NH Hoteles (apoyó al Consejo y desactivó el asalto de Hesperia) y estuvo a punto de comprar al Santander su paquete en Fenosa, aunque al final ACS estuvo más rápido.

El primer puesto de Ortega en esta lista es inalcanzable para el resto. Sin embargo, en los escalones siguientes se ha producido una pequeña revolución. La familia Del Pino, propietaria de Ferrovial, ha perdido el segundo puesto del escalafón de grandes fortunas en favor de otra familia constructora, los Entrecanales.

A la familia Del Pino (que pese a todo ha doblado su patrimonio) se le ha atragantado la compra del gestor aeroportuario británico BAA. A finales de 2006, la familia Del Pino, máxima accionista de Ferrovial, decidió diversificar su patrimonio con incursiones en el capital de otras compañías. Han comprado paquetes del 5 por ciento o más en Acerinox, Ebro Puleva, Banco Pastor e Indra. De momento, sólo acumulan plusvalías en esta última empresa. A los Entrecanales, dueños de Acciona, todo les ha ido de cara. Las plusvalías por la venta de Airtel (Vodafone) y de su paquete en FCC, así como la incursión en la energía eólica y la compra de Endesa han supuesto que sus títulos en Acciona valgan 8.786 millones frente a los 1.660 millones de 2003.

Otro exponente del negocio del ladrillo, Manuel Jove, ocupa el cuarto lugar. Los 2.000 millones de plusvalías que obtuvo por la venta de la inmobiliaria Fadesa le han servido para comprar el 5 por ciento del BBVA y ser su primer accionista individual. Una inversión que ha perdido valor: compró en julio de 2006, antes de la crisis de las hipotecas basura en Estados Unidos, a un precio de 18,10 euros por acción y las acciones del banco en diciembre de 2007 valen 17 euros.

Pero no todo han sido alegrías. La era dorada de la construcción también ha dejado sus ángeles caídos. El caso más emblemático es el de Enrique Bañuelos. Cuando Astroc empezó a cotizar en mayo de 2006, la participación de Bañuelos se tasó en 775 millones. Tras una escalada vertiginosa, las acciones tocaron su máximo a finales de febrero de 2007. Ese día, el paquete de Bañuelos valía 4.538 millones (llegó a estar en el puesto 95 de la lista de la revista Forbes). El posterior batacazo bursátil de la inmobiliaria y las desinversiones han hecho que el patrimonio de su antiguo presidente se quede en sólo 262 millones.

Desde que Alicia Koplowitz vendiera a su hermana Esther su parte en FCC, la empresaria no ha parado de mover el dinero a través de su sociedad Omega Capital. Además de sus participaciones en Acerinox y Colonial, ha entrado en el capital de Iberdrola y Sabadell, ampliando el núcleo duro de accionistas de ambas y reforzando de paso a sus gestores. En el capital de la eléctrica también desempeña un papel de peso Juan Luis Arregui, cofundador de Gamesa y actual presidente de Ence.

El número de millonarios está creciendo en todo el mundo, sobre todo en los países emergentes. Según la consultora Boston Consulting Group, el número de millonarios –entendidos como aquellos que maneja un patrimonio superior a un millón de dólares, una vez descontanda su residencia habitual– en el mundo ronda los diez millones, frente a los 7,7 millones de 2003. La cifra se ha duplicado en diez años, ya que en 1996 sólo se contabilizaron 4'5 millones de millonarios. Los primeros en el ránking son los norteamericanos –casi cinco millones–, seguidos por los japoneses, los británicos, los alemanes y los chinos. China, que es una economía en vías de desarrollo, cuenta ya con una sólida clase de ricos compuesta de más de 300.000 personas. En España, hay más de 150.000 millonarios.

Los millonarios tienen su propia Feria, que este año se ha celebrado en Amsterdam, un gigantesco zoco con alfombras rojas, con unos 45.000 visitantes estimados. La Feria de los Millonarios es una creación de Yves Gijrath, un consultor de márketing metido a editor de prensa gratuita que acabó pasando al sector del lujo con la revista Millionaire. De su relación con los anunciantes de la revista surgió la idea de crear una feria especializada para los más pudientes, cuya primera cita tuvo lugar en Amsterdam en 2002. El éxito de la primera edición le llevó a exportar el experimento a otras partes del mundo, con especial atención a mercados como el ruso o el asiático, emergentes también en la cantidad de nuevos millonarios que albergan. Este año ya habido ferias en Moscú, Shanghai y Courtrai.

La organización exige etiqueta para los participantes: traje de gala para la inauguración, y traje de chaqueta para la jornada dedicada a los contactos empresariales. Y, por supuesto, los canapés y la copa de vino se sustituyen por caviar y champán francés.

La edición del año pasado de la feria de Moscú consiguió unas ventas totales de casi 400 millones de euros. Éstas son algunas de las gangas que se pueden encontrar en ellas: un volante con piedras preciosas incrustadas: 685.000 euros, modelos únicos de coches Bugatti: 1.300.000 euros, un teléfono móvil recubierto de diamantes: cerca de un millón de euros, mansiones de lujo de hasta 25 millones de euros, un reloj Bovet de 450.000 euros.

El catálogo de estas ferias es extraordinario: joyas de primeras marcas, alta costura, entretenimiento, coches de lujo, jets privados, helicópteros, viajes exóticos, productos de inversión... El precio, lógicamente, también lo es: en la última Feria de Millonarios, en Moscú, se vendieron, por ejemplo, siete coches Bugatti de 1.300.000 euros; un teléfono móvil con diamantes incrustados de cerca de un millón de euros; un reloj Bovet de 450.000 euros; o una mansión de 25 millones de euros. En la edición moscovita del año pasado el volumen total de ventas rozó los 400 millones de euros.

Este carnaval del exceso responde a las expectativas del fenómeno del acceso estándar a los bienes de lujo. La consultora estadounidense BCG estima que este público representa un mercado de 400.000 millones de dólares, con un crecimiento anual del 15 por ciento. Ante esta popularización de lo exclusivo, Tyler Brulé acuñó el término uber premium, para distinguir el simple lujo, como el que representa de este tipo de ferias, de lo verdaderamente elitista. Los uber premium son muy pocos y muy ricos. En 2004, el Luxury Institut calculaba que había sólo 691 personas (con un total de activos netos de 2,2 billones de dólares) en todo el mundo que podían pasear esta etiqueta.

Un buen ejemplo de la actitud uber premium sería la del multimillonario ruso Andrei Melnichenko. Este banquero de 33 años celebró su boda con una modelo serbia en Cannes en septiembre de 2005. Para el oficio religioso, decidió trasladar, piedra por piedra, una iglesia ortodoxa rusa a Francia. El enlace costó 40 millones de dólares. En Rusia también hay ricos de verdad.

Hay quien tiene tanto dinero que ha habido que inventar el término ultramillonario, que son aquellos que tienen más de 30 millones de dólares (24 millones de euros). No hablamos de los que ganan 24 millones de euros sino de los que ya tienen ese dinero.

Para que un obrero que cobre 15.000 euros al año pueda ganar todo ese dinero, debería vivir 40 veces su vida laboral sin gastar ni un céntimo: no comer, no comprar casa,...

El 20 de junio de 2006 la agencia Efe difundía la décima edición del Informe sobre la Riqueza en el Mundo, publicado por Merrill Lynch y Capgemini según el cual casi 1.500 españoles eran ultramillonarios, es decir, contaban con un patrimonio neto de más de 24 millones de euros. En todo el mundo sólo hay 85.400 de esos ultramillonarios una cifra que ha crecido un 10'2 por ciento respecto al año anterior.

Del informe también se desprende que el número de españoles ultramillonarios se incrementó el año pasado en un 5'7 por ciento, la tasa más elevada de la zona euro, sólo por detrás de Austria. El aumento de los ultramillonarios españoles duplicó al 2'7 por ciento registrado de media en Europa.

Hay que poner atención en que eso es sólo la parte visible del iceberg, el patrimonio neto, es decir, descontadas las deudas. En el caso de los obreros las cosas son muy diferentes porque si contamos (o descontamos) las deudas, el patrimonio no existe o, mejor dicho, es negativo, hay número rojos, más deudas que patrimonio.

Según el informe el aumento en el número de ultramillonarios se debió a la especulación inmobiliaria y en la bolsa. Esa es otra de las diferencias entre los burgueses y los obreros: para ser millonarios los obreros compran lotería y los burgueses compran acciones. La diferencia es clara: los burgueses invierten su dinero en bolsa, los obreros gastan su dinero en lotería. Otra diferencia importante: los burgueses invierten mucho dinero y los obreros solo se pueden gastar un poquito.

El informe refleja que las inversiones de los especuladores estaban depositadas en un 30 por ciento en bolsa el año pasado, un peso que se había incrementado un 10 por ciento desde 2002. A inmuebles dedicaron el 16 por ciento, que en el caso de los ultramillonarios europeos se eleva al 24 por ciento.

Para invertir hay que tener, es decir, a uno le tiene que sobrar el dinero, mientras que otras estadísticas también reflejan que los obreros no llegan a fin de mes. Lo que les falta a los obreros para cubrir sus necesidades cada mes, es justamente lo que les sobra a los burgueses.

El informe también habla de los que sólo son millonarios, a secas, los que tienen propiedades superiores a un millón de dólares (unos 800.000 euros), y eso también sin contar ni la primera vivienda ni lo que llaman inversiones tangibles (joyas, cuadros y obras de arte). En España suman 148.600 millonarios. Es el décimo país del mundo con mayor número de ricos. La clasificación de este mundial de millonarios está de la sigiente manera:

— Estados Unidos: 2'67 millones de millonarios
— Japón: 1'41 millones
— Alemania: 767.000
— Reino Unido: 500.000
— Francia: 367.000
— China: 320.000
— Canadá: 232.000
— Italia: 198.000
— Suiza: 191.000

Pero lo más importante de todo el informe es que constata que los ricos son cada vez más ricos. El volumen de riqueza que acaparaban los explotadores creció el año pasado a mayor ritmo que el número de personas que se incorporó a ese grupo: los millonarios controlaban el año pasado un patrimonio neto por valor de 33'3 billones de dólares, un 8'5 por ciento más que el año anterior. El informe prevé que la riqueza controlada por los especuladores supermillonrios llegue a 44'6 billones de dólares en 2010, con una tasa anual de crecimiento del 6 por ciento. La mayor parte -14'5 billones- estará en manos de ultramillonarios de Estados Unidos, mientras que los europeos controlarán 11'2 billones, seguidos por los asiáticos, con 10'6 billones.

Otro detalle importante que refleja el informe: por regiones, donde crece más el número de millonarios es en las regiones más pobres del mundo. Donde más aumentó el número de personas de patrimonio elevado fue en África, con un incremento del 11'7 por ciento, mientras que en Europa tan sólo creció al 4'5 por ciento. Por países, en la India el número de millonarios creció un 19'3 por ciento y en Rusia el 17'4 por ciento.

Para que crezca el número de millonarios tiene que crecer todavía más el número de pobres y de miserables en todo el mundo. Esta es una ley inexorable del capitalismo que sólo Marx ha expuesto; la llamó la ley general de la acumulación capitalista y la enunció así: A medida que se acumula el capital, tiene necesariamente que empeorar la situación del obrero, cualquiera que sea su retribución, ya sea ésta alta o baja (El Capital, tomo I, pg.547).

Leer también:

— España: radiografía de la miseria
— Aumenta la pobreza en Alemania
— Crece la miseria de la población en Francia
— Un tercio de los niños de Europa del este vive en la pobreza
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