Estados Unidos: un país en descomposición

Sumario:

— La bancarrota económica del gran imperio
— Sí a las armas, no a las pensiones
— Casi 36 millones de estadounidenses padecieron hambre en 2006
— Crece el número de peticiones de desempleo
— Quiebras y despidos
— Al menos 100.000 despidos a causa de la crisis financiera
— Un paradigma: la bancarrota de Delphi
— Se desploma la actividad del sector servicios
— Un nuevo sistema de autoexplotación
— Los obreros carecen de derechos sindicales
— Un control absoluto sobre la población
— Millones de personas arruinadas por el hundimiento de la bolsa
— El imperio del crimen
— 2.225 niños cumplen cadena perpetua
— Dos millones de presos
— La tortura es una práctica habitual
— Persecución de los abogados de los presos políticos
— Alimentados a la fuerza los presos de Guantánamo en huelga de hambre

Casi 36 millones de estadounidenses padecieron hambre en 2006

Argenpress, 15 de noviembre de 2007

Estados Unidos registró una población hambrienta de casi 36 millones en 2006, comparado con 35,1 millones en 2005, según el sondeo anual del hambre que realiza el Departamento de Agricultura del gobierno.

Los 35,5 millones de personas, o 12,1 por ciento de la población total, dijeron que no tuvieron dinero o recursos suficientes para obtener alimentos durante por lo menos algún periodo durante el año, según el Departamento de Agricultura.

Entre la población hambrienta, 11,1 millones dijeron que tuvieron muy baja seguridad alimenticia, lo cual significa que tuvieron una interrupción sustancial en la cantidad de alimentos que consumen típicamente.

El sondeo muestra también que madres solteras y sus hijos fueron los más propensos a sufrir hambre.

Kate Houston, vice-subsecretaria para alimentos, nutrición y servicios del consumidor dijo que es alentador que la cifra de 2006 no sea muy diferente a la de 2005, pero sabemos que tenemos más trabajo por hacer. Nadie en Estados Unidos debería padecer hambre, agregó.

Vicki Escarra, presidenta del mayor grupo de la nación para alivio del hambre, America's Second Harvest-The Nation's Food Bank Network, elogió el informe por llegar en un momento crítico para los estadounidenses hambrientos y aquellos de nosotros que ayudamos a servirles.

Para muchos el sueño norteamericano es una verdadera pesadilla. Los pobres son cada vez más pobres y los ricos, cada vez más ricos. A pesar de que el salario promedio es de 260.464 dólares, según el Ministerio de Trabajo, ascienden a 80 millones las personas que viven con un ingreso inferior al ingreso considerado adecuado.

La tasa de pobreza en Estados Unidos es la mayor de todos los países desarrollados y duplica la de los países industrializados. La pobreza, el hambre o la falta de vivienda se han convertido en problemas muy graves. Según una investigación realizada por la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres en 2005 en ocho países desarrollados, Estados Unidos es el país donde existen las mayores desigualdades sociales.

En 1970 el salario mínimo valía un 29 por ciento más en términos reales que en 2000. En 1970 los trabajadores que cobraban el salario mínimo vivían por encima del nivel de pobreza; en 1998 eso sólo lo logran el 19 por ciento.

Hay más pobres y los salarios se han reducido a causa de la crisis económica y los despidos en masa. El cambio alcanza ya a los anglosajones blancos y a la burguesía de origen asiático, porque los negros y los hispanos ya estaban en la escala más baja de ingresos y la mayoría se ha mantenido en ese nivel.

En los años 80 el número de americanos pobres empezó a aumentar considerablemente. Para los años 1998-1999, el niño pobre promedio estaba más abajo de la línea de pobreza de lo que lo estaba en 1979.

Mientras que en 2003 Estados Unidos contaba con 35,9 millones de pobres, un año después la cifra subió a 37 millones, un aumento de 1,1 millones. En términos relativos, la tasa de pobreza pasó del 12'5 al 12'7 por ciento. Esto supone que uno de cada ocho ciudadanos norteamericanos vive en la pobreza (Oficina del Censo de Estados Unidos, 30 de agosto de 2005). Pero los índices de pobreza de ciudades como Detroit, Miami y Nueva York son aún mucho peores: superan el 28 por ciento.

De las cifras totales de pobres, 16 millones rozan la mendicidad. Del volumen total de población por debajo del nivel de pobreza, 12 millones son niños de 18 años y otros 4 millones son ancianos. Más de un millón de ancianos viven en albergues en los que un número importante de ellos sufren negligencias graves y malos tratos.

La definición oficial de pobreza se basa en los ingresos que percibe en un año una familia de cuatro miembros. Los límites son 18.810 dólares y en el caso de una sola persona 9.393 dólares. En 1999, por ejemplo, una familia de tres personas con un ingreso por hogar de 13.880 dólares o menos era calificada como viviendo en pobreza. Entonces sumaban sólo 32 millones. De ellos, un 72 por ciento estaban integrados en familias. Esto incluye a uno de cada cinco niños americanos. Son pobres porque carecen de suficiente comida, refugio y acceso a otras condiciones elementales de vida en cualquier sociedad moderna.

La progresiva desigualdad en la distribución de la renta en Estados Unidos ha alcanzado proporciones alarmantes. En las primeras 500 empresas estadounidenses, la relación entre los salarios anuales de los gerentes, por un lado, y los de los obreros, por otro, era en 1970 de uno a 40; en la actualidad es de uno a 1.250. Las fortunas de los ciudadanos estadounidenses más ricos han continuado creciendo en los últimos años. El 7 de febrero de 2007 el Presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, advirtió que la economía estadounidense presenta una creciente brecha entre ricos y pobres que es un desafío mayor para economistas y gobernantes.

Citando un documento del Congreso, Bernanke dijo que los ingresos del 1 por ciento de los hogares más ricos creció de 8 por ciento en 1979 a 14 por ciento del total en 2004. Incluso entre ese 1 por ciento más rico, la desigualdad de ingresos se ha incrementado en las últimas décadas, agregó.

Según la última investigación realizada por Spectrem Group, las familias multimillonarias de Estados Unidos controlaban más de 11 billones de dólares en bienes en 2004, excluyendo sus posesiones inmobiliarias, cifras que suponía un aumento del 8 por ciento respecto al año anterior (The Wall Street Journal, 25 de mayo de 2005).

Antes de 1979, Estados Unidos subvencionaba viviendas para gente de bajos salarios. A comienzos de los años 80, al transferir todo al libre mercado, las subvenciones para viviendas fueron reducidas en un 92 por ciento. Esa es la razón central por la cual, de repente, apareció una clase mendicante permanente y familias viviendo en la calle. Por primera vez desde la gran depresión, hacia mediados de los años 80 aparecieron los sin techo, familias sin hogar viviendo en las calles. Los sin techo era un fenómeno social generalmente asociado a países como Bangladesh, pero a partir de entonces son un elemento urbano visible en Estados Unidos.

Los sin techo no son sólo alcohólicos, drogadictos o enfermos mentales. En Estados Unidos siempre hubo drogadictos, alcohólicos y enfermos mentales sin tener miles de familias viviendo en la calle. Un indicio de lo que ha cambiado es que los sin techo -una minoría de la totalidad de los pobres- lo son a pesar de que el 64 por ciento de ellos tiene trabajo, algunos incluso dos, pero según los estándares gubernamentales continúan siendo pobres. Desde 1985 hasta 1993 el mercado privado para viviendas accesibles cayó un 20 por ciento, y sólo el 33 por ciento de los americanos calificados legalmente para acceder a viviendas federales pueden encontrar casa realmente.

En 1995 había 1'3 millones de viviendas de bajos costos disponibles para 2'6 millones de inquilinos de bajos ingresos. En el mismo periodo el precio medio para un casa de una familia aumentó en un 45 por ciento.

Los trabajadores han estado pagando, paulatinamente, porcentajes más altos de sus salarios en alquileres -más del 50 por ciento de su ingreso disponible. Con la mitad, o menos, restante deben cubrirse otras necesidades básicas, como ser comida, vestimenta y pagos de su injusta carga de más impuestos regresivos.

Existen otras fuerzas que contribuyen al problema persistente de la falta de vivienda. Hace algún tiempo se había encontrado que la mayoría de los enfermos mentales institucionalizados mejoraban si eran liberados a centros locales de tratamientos en sus ciudades y recibían apoyo en dichos centros. Así que los hospitales mentales fueron efectivamente vaciados, ahorrando millones de dólares de impuestos. Pero todavía más impuestos fueron ahorrados al incumplirse la promesa de destinar el dinero ahorrado a los centros locales de tratamiento. La mayoría de los pobres no son mentalmente enfermos. Son mentalmente sanos, individuos y familias sin adicciones. Pero se mantienen pobres.

Las estadísticas oficiales están basadas en datos del censo y subestiman a estas personas itinerantes, los sintecho, y los que viven en zonas de difícil acceso o barrios superpoblados. Por ejemplo, las personas que no tienen domicilio y viven en la calle suman dos millones. Por eso ciertos economistas consideran que son 46 millones las personas que viven en condiciones económicas realmente míseras.

La sanidad pública también está muy por debajo de los niveles anteriores. En los años 90 tres indicadores llegaron a su nivel más bajo desde 1970: el seguro social, la cobertura de los cupones de comida y la brecha entre ricos y pobres. 45 millones de personas, el 15'6 por ciento de la población, no tienen seguro médico, y cifra crece cada año. Los norteamericanos experimentaron una recesión social escondida tras el aparente auge económico de los 90.

La situación de la infancia es deplorable. Unos 900.000 niños, algunos de 7 años de edad, trabajan como obreros agrícolas, lavaplatos, en lavanderías o de criados en mansiones de millonarios, a veces hasta 10 horas por día, violando las leyes sobre trabajo infantil. En la agricultura, las condiciones de trabajo de los jóvenes son muy peligrosas ya que están expuestos a los efectos de los pesticidas. Además, las niñas son víctimas de acoso sexual.

La tasa de mortalidad infantil es más elevada que en otros 13 países; 135.000 niños llevan armas a la escuela. Otros 126.000 niños nacen con dolencias importantes, debidas principalmente a cuidados insuficientes antes del nacimiento, carencias alimenticias, un entorno tóxico o toxicomanía de la madre.

Los incidentes de malos tratos por parte de padres sin empleo aumentan dramáticamente y 30.000 niños sufren incapacidades físicas permanentes debidas a malos tratos; 150.000 niños se declaran desaparecidos cada año. Un millón de niños residen en orfelinatos, reformatorios o cárceles para adultos. Más de 4.500.000 niños padecen malnutrición.

El consumo de drogas es sintomático de la decadencia de esta sociedad en la que el capitalismo ha llevado a la personas hasta situcines extremas: 6'6 millones de personas toman regularmente crack, speed, PCP, cocaína u otra droga dura, a los que hay que añadir 37 millones de personas, o sea un norteamericano de cada seis, que toman regularmente medicamentos.

Dos millones de personas sufren intervenciones quirúrgicas inútiles y 10.000 mueren a causa de ellas.

Anualmente son violadas 700.000 mujeres, o sea, una cada 45 segundos.

50.000 mujeres al año son introducidas en Estados Unidos para hacer trabajos forzosos.

Al menos 100.000 despidos en Estados Unidos a causa de la crisis financiera

Según un estudio de la consultora Challenger, Gray & Christmas publicado el 23 de agosto de 2007 por la agencia Associated Press, la crisis financiera ha supuesto el despido de 91.362 trabajadores del sector en Estados Unidos.

Hasta el pasado 21 de agosto la banca ya había despedido a 87.962 trabajadores, a los que habría que sumar los recientes anuncios efectuados por Lehman Brothers, Accredited Home Lenders y HSBC, que añaden 3.400 más y totalizan 91.362 despidos.

La cifra de despidos anunciados en el sector financiero estadounidense supone casi el triple que los 33.346 despidos del mismo periodo del año anterior y la consultora señala que más de un 40 por ciento de los mismo están relacionados con la crisis hipotecaria.

No creemos que lo peor haya pasado, seguramente los recortes de empleo proseguirán con fuerza en el sector financiero durante varios meses, así como la caída del mercado inmobiliario, indicó a la agencia Europa Press un portavoz de la consultora.

A diferencia del rápido colapso producido con el estallido de la burbuja tecnológica en 2000 y 2001, las dificultades en el mercado de la vivienda podrían tener un impacto más prolongado, lo que podría suponer su contagio a otros sectores económicos, advirtió.

El estudio indica que solamente en agosto se han producido 24.357 anuncios de despidos, destacando que un 60 por ciento de los mismos se han realizado desde el 17 de agosto.

Existen dos grandes razones para los recortes de plantilla. En primer lugar, la demanda de nuevos préstamos hipotecarios y otros tipos de crédito ha disminuido dramáticamente, mientras que, por otro lado, la cifra de impagos y de la tasa de morosidad está impidiendo a las instituciones de crédito hacer frente a sus obligaciones, dijo el consejero delegado John A. Challenger.

El informe añade que el sector financiero no está solo en el actual colapso inmobiliario, puesto que los despidos en las agencias inmobiliarias y en la construcción han aumentado en 2007 de forma dramática.

Las agencias inmobiliarias han anunciado 1.950 despidos este año, aunque el estudio señala que estas cifras no recogen la gran cantidad de empleos de agentes inmobiliarios y trabajadores independientes que simplemente se han quedado fuera ante el cambio de tendencia.

Además, la consultora indica que en el sector de la construcción ha anunciado en lo que va de año 19.670 despidos, una cifra que infravalora los efectos al no contabilizar a contratistas independientes y pequeñas operaciones, subraya la firma.

La consultora apunta que también se observan despidos en empresas indirectamente relacionadas con la construcción, y admite que el impacto de la crisis también alcanzará a compañías de reformas, fabricantes de muebles, etc. Podría llevar meses antes de llegar al punto culminante, concluyó el máximo ejecutivo de la consultora citado por la agencia AP.

La bancarrota económica del gran imperio

Estados Unidos es un gigante con los pies de barro. A pesar de todo su arsenal bélico, apenas puede sostenerse en pie. Su ruina es absoluta y se resume en déficit exterior, déficit público, endeudamiento privado y hundimiento del dólar.

Los estadounidenses no pueden gastar ni un dólar más. Están endeudados hasta las cejas. Se calcula que, con los actuales precios de las acciones, la mayoría de los patrimonios acumulan más deudas que ingresos.

Entre 1964 y 2002 el aumento de la deuda es impresionante: pasó de 10 a 30 billones de dólares. Si se analiza en detalle, el rasgo más sorprendente es el crecimiento fenomenal de la deuda financiera interna de las empresas, que ha pasado de 53.000 millones a 7'6 billones de dólares, es decir el 72 por ciento del producto interior bruto de Estados Unidos.

En 2001 la deuda total de Estados Unidos (pública, exterior y privada) representaba el 31 por ciento del producto interior bruto mundial, la de la Unión Europea el 26 por ciento y la de Japón el 12 por ciento. El consumidor estadounidense vive a crédito. En cuatro décadas este endeudamiento ha pasado de 200.000 millones de dólares en 1964, a 7'2 billones en 2002. En 1985 representaba el 26 por ciento del ingreso individual, y hacia fines de 2002 el 40 por ciento.

La tasa de ahorro nacional neta (es decir, el total del ahorro relacionado con el PIB) alcanzó su nivel histórico más bajo en 2002, cuando fue de 1'6 por ciento, es decir menos de un tercio del promedio de los años 1990 y la sexta parte del promedio los años 1960 y 1970.

Por su parte, los déficits presupuestario y por cuenta corriente de Estados Unidos batieron todos los registros durante la presidencia de Bush.

Pierde terreno en su competencia internacional con la Unión Europea y Japón, lo que provoca un déficit creciente de su balanza de pagos. Las importaciones, que no han dejado de aumentar durante los últimos 15 años, crecen el doble que las exportaciones y superan en un 42 por ciento al valor de las exportaciones. A pesar de la fuerte depreciación del dólar, reducir esa brecha es casi imposible, por la falta de competitividad de los productos estadounidenses en los mercados mundiales. Las cifras, en millones de dólares, van batiendo registros cada año:

añodéficit
2002418.938
2003530.700
2004665.900
2005725.800
2006772.977

La brecha comercial con China también alcanzó un nivel inédito, así como el déficit con Japón, Europa, la Organización de Países Exportadores de Petróleo, Canadá, México, Suramérica y América Central.

En porcentajes sobre el Producto Interior Bruto, el déficit por cuenta corriente tampoco ha dejado de crecer peligrosamente:

añodéficit
20013'8
20044'8
20055'8

Tanto el gobierno como los ciudadanos gastan más de lo que producen o ingresan, con lo cual tienen que endeudarse fuertemente, presionando a la baja el valor de la divisa. Los ciudadanos también están endeudados hasta las cejas. La deuda por cada estadounidense alcanza la cifra de 473.000 dólares. Estados Unidos es una una economía en la que las tres cuartas partes del crecimiento dependen del consumo privado. El descenso de los tipos de interés permitió mantener un elevado nivel de demanda y la tasa de ahorro ha caído hasta un 0'2 por ciento de los ingresos.

El déficit presupuestario en 2004 alcanzó un histórico récord de 445.000 millones de dólares, situándose en su mayor nivel de toda la historia: representa ya casi el 3 por ciento del Producto Interior Bruto. El último proyecto de presupuesto de Bush para el 2006, no puso coto a sus elevados déficits. El crecimiento de la deuda pública también bate registros cada año:

añodéficit
2003375.000
2004445.000

Buena prueba del deterioro económico es que cuando Bush desembarcó en la Casa Blanca en enero de 2001, el gobierno había registrado superávit fiscal durante varios años, con un saldo positivo acumulado de 537.000 millones de dólares. Los planes al llegar Bush eran de obtener un superávit de 5.600 millones de dólares hasta el año 2011; ahora los cálculos son de 3.000 millones de dólares, pero de déficit. Las necesidades de rearme militar han invertido la tendencia presupuestaria.

La cuestión es quién paga la factura, quién se hace cargo de todas esas deudas. Sólo las entradas de capitales extranjeros sostienen la economía estadounidense y frenan (que no impiden) la caida del dólar. Necesita del exterior 3 billones de dólares de flujos de capital cada día para seguir funcionando. Hace 10 años, el 18 por ciento de los bonos estaban en manos extranjeras; ahora el porcentaje es del 43 por ciento. Los inversores extranjeros tienen más del 18 por ciento de la capitalización bursátil de los activos estadounidenses a largo plazo y el 42 por ciento de las existencias de bonos del Tesoro.

Esto le quita soberanía a Estados Unidos y determina que los inversores extranjeros estén influyendo en las decisiones de su política económica. Un mayor endeudamiento de Estados Unidos amenaza a una de sus principales fuentes de influencia mundial: el papel del dólar como principal divisa planetaria.

La procedencia geográfica de las inversiones extranjeras ha cambiado. Asia ha tomado el relevo de Europa como principal fuente de financiación del déficit exterior de Estados Unidos y como principal proveedor de capitales. En 2004, Asia suministró unos 371.000 millones de dólares a la economía norteamericana en concepto de flujos de capital, frente a 211.000 millones de dólares aportados por las economías de la zona euro.

Además, se ha concentrado de forma peligrosa para los Estados Unidos. Asia concentra en la actualidad el 60 por ciento de los flujos de capitales que llegan a la economía norteamericana, un porcentaje que supera de forma significativa el peso que Asia tiene en el déficit comercial de Estados Unidos, que es del orden del 45 por ciento del déficit comercial total.

Dentro de la zona asiática, Japón representa en la actualidad el 74 por ciento de los flujos de capital extranjeros llegados a Estados Unidos, frente a un 43 por ciento de un año antes. Las reservas japonesas tenían 317.000 millones de dólares en su poder en 2001 y ahora tienen 695.000 millones. Resultaría inimaginable la situación del dólar de no haber sido por la agresiva política de compras de dólares desarrollada por el Banco de Japón con objeto de mantener una paridad del tipo de cambio favorable a los intereses comerciales nipones y, por tanto, en apoyo del valor de la divisa norteamericana. Sólo durante el mes de setiembre de 2005 el Banco de Japón dilapidó 40.000 millones de dólares para sostener al dólar.

La clave del futuro del dólar parece más que nunca en manos del Banco de Japón y de la capacidad de la economía de este país para seguir generando un superávit con el que alimentar la débil balanza exterior norteamericana. La capacidad de la Bolsa de Estados Unidos para atraer capitales estables y a largo plazo es ahora mismo la clave principal para la estabilidad futura del dólar, cuyo porvenir aparece fuertemente ligado a la solidez de su mercado de valores y, a la postre, a la fortaleza de los beneficios de las empresas norteamericanas.

En menor medida, otro tanto sucede con China, cuyo banco central rebosa de dólares por los cuatro costados. China se ha convertido en el segundo acreedor con 166.000 millones de deudas por cobrar.

En 2004, los bancos centrales de China y Japón tuvieron un excedente de 500 mil millones de reservas del billete verde que financiaron el 75 por ciento del déficit por cuenta corriente de Estados Unidos.

Los países extranjeros se están convirtiendo, pues, en acreedores de los Estados Unidos, que depende de su buena voluntad. Esto es algo que no se puede sostener eternamente.

Sí a las armas, no a las pensiones

Cuando no hay dinero surge el dilema de la prioridad a la hora de gastarlo: en pensiones o en armamento. En los países capitalistas no hay ninguna duda: lo primero son los armas.

Según cifras oficiales, dos guerras en el extranjero y la defensa nacional costaron a Estados Unidos 10.000 millones de dólares al mes en 2006, casi 50 por ciento más que el año anterior. Durante 2005 el Pentágono gastó cerca de 6.800 millones de dólares al mes en operaciones y en la sustitución de equipo dañado o destruido en Irak y Afganistán. Durante 2006 la Casa Blanca calculó 125.000 millones de dólares en guerras.

Los costos de la guerra están aumentando en parte porque el ejército estadounidense está sustituyendo grandes números de vehículos dañados o destruidos en Irak.

El Pentágono también propuso gastar 3.300 millones de dólares para proteger a las tropas de las mayores causantes de muertes en Irak: las bombas colocadas en calles y carreteras. En lo que va de guerra, se han gastado cerca de 2.000 millones de dólares en esta área de defensa.

Bush presentó al Congreso un presupuesto de defensa de 439.300 millones de dólares para el año fiscal 2007, con un aumento de 7 por ciento en el gasto militar. También busca 50.000 millones de dólares adicionales para cubrir los costos de la guerra en 2007.

Se espera que la financiación de las fuerzas de operaciones especiales, como los Boinas Verdes del ejército estadounidense, crezca a 5.100 millones de dólares en 2007, casi 1.000 millones de dólares más que este año y el doble de la cantidad del 2001.

Pero no hay dinero para pagar las pensiones

Cuando la generación que nació en la década de los 60 empiece a jubilarse, Estados Unidos no podrá pagar sus pensiones. El 15 de marzo de 2005 el antiguo presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, expuso por escrito ante el Congreso que el recorte de pensiones es inevitable y que preveer la evolución del dólar es extraordinariamente difícil.

El creciente déficit presupuestario se encuentra en un camino insostenible y amenaza el crecimiento económico del país si no se reforma la Seguridad Social, indicó Greenspan.

En su intervención, Greenspan agregó que dejar de atajar los desequilibrios entre nuestras promesas a los futuros jubilados y nuestra capacidad de cumplir esas promesas tendría consecuencias serias para la economía. Los recortes en las pensiones, según Greenspan, son prácticamente inevitables: Dado que los recortes en las prestaciones son casi con toda seguridad al menos parte de la solución, corresponde al gobierno explicar a los futuros jubilados que los recursos reales prometidos para la hora de la jubilación no se materializarán, indicó.

Recordó que el gasto en pensiones y los programas de sanidad pública crecerá aproximadamente hasta un 13 por ciento del Producto Interior Bruto para 2030, frente al 8 por ciento que representa en la actualidad: Esas proyecciones dejan claro que el presupuesto federal se encuentra en un camino insostenible, señaló. En ese camino, explica, unos fuertes déficit resultan en tipos de interés crecientes y unos pagos de intereses cada vez mayores que aumentarán los déficit en los años futuros.

Greenspan aseguró que es extraordinariamente difícil predecir la evolución del tipo de cambio del dólar o de otras divisas, al tiempo que tuvo que desmentir que los miembros de la Reserva Federal hayan invertido en cuentas extranjeras como resultado de la depreciación de la moneda estadounidense. Explicó que la Reserva Federal gastó una gran cantidad de recursos para intentar predecir el valor del dólar y los mercados de divisas, y hemos llegado a la conclusión de que es una cosa extraordinariamente difícil de hacer, expuso. No hemos tenido más éxito que la probabilidad que se puede obtener de lanzar monedas a cara o cruz, añadió finalmente.

La interminable crisis del dólar

El declive del dólar comenzó en 2002 y hasta ahora le ha hecho perder un 46'6 por ciento de su valor frente al euro y un 24'7 por ciento frente al yen, una de las caídas más fuertes del período posterior a la II Guerra Mundial. Se espera que siga bajando hasta un límite de 1'40 euros, pero hay quienes apuestan por un descenso mayor.

El Gobierno de Bush culpa a China por mantener su moneda artificialmente baja e inundar así los comercios norteamericanos con sus productos. Este país fuerza al resto de Asia a frenar la apreciación de sus divisas y, de esta manera, la corrección del dólar la sufren sobre todo quienes tienen su moneda en libre flotación, con los países de la zona euro a la cabeza. China podría dejar flotar libremente su moneda, pero con ello sólo se arreglan marginalmente los problemas comerciales de Estados Unidos.

Ante esta situación, el dólar seguirá bajando. El hundimiento de las finanzas no es descartable, porque el déficit por cuenta corriente de Estados Unidos es ya mayor que en los años ochenta, un periodo en el que este país era acreedor neto, mientras que ahora es deudor. Los propietarios de la deuda no querrán ser los que precipiten la devaluación de sus reservas pero habrá un frenazo brusco y pronunciado del consumo y una salida acelerada de los inversores del mercado de deuda estadounidense que provocarían un descenso precipitado del dólar. Se irán acumulando una serie de factores susceptibles de derivar en un colapso económico de Estados Unidos en cualquier momento y por cualquier causa, entre los cuales destacan las guerras: empantanamiento en Irak al estilo Vietnam, sobrextensión imperial, crisis en precios energéticos que estimulan una competencia cada vez más frenética en la seguridad energética, que seguramente exacerbará las rivalidades regionales y globales existentes.

La caída del dólar, pese a la significativa intervención de los bancos centrales asiáticos, se debe a la gradual falta de respeto por la política de Estados Unidos. El mayor riesgo a la inestabilidad radica en la simultaneidad del déficit de cuenta corriente de Estados Unidos con la acumulación de activos en dólares por los bancos centrales asiáticos, situación que parece haber llegado a su límite. El dólar se está devaluando frente al euro y los chinos y los japoneses poseen millones de millones en deuda de Estados Unidos en dólares de los que querrán desembarazarse. Pronto China y Rusia empezarán a comprar petróleo en euros.

Si el dólar se desplomase de manera súbita, la Reserva Federal se vería forzada a subir los tipos de interés de manera mucho más pronunciada. Y ello pondría contra las cuerdas a los consumidores estadounidenses, que se verían forzados a frenar el gasto para costear sus deudas. Además, el encarecimiento del dinero pincharía el mercado inmobiliario. Y los precios de las viviendas en las ciudades podrían depreciarse hasta un 50 por ciento en cuestión de meses, dejando en la bancarrota a sus propietarios. Algunos economistas creen que el gobierno imprimiría entonces más dinero, lo que daría lugar a una fuerte inflación que terminaría afectando a muchas empresas. El contagio llegaría pronto a Europa y Japón, donde las multinacionales verían hundirse sus ventas en Estados Unidos porque sus precios se habrían convertido en prohibitivos.

Ante este panorama, los imperialistas estadounidenses tendrían que revertir la tendencia y anunciar agresivas bajadas de tipos e incentivos fiscales para impulsar el consumo, entrando en una espiral que podría arrastrar a Europa y Japón.

De nuevo podría haber una devaluación competitiva, esta vez del euro y del yen, que convertiría la caída del dólar en una espiral a la que se sumasen otras divisas... un escenario realmente apocalíptico.

El imperio del crimen

Estados Unidos cuenta con el mayor número de poseedores civiles de armas de fuego en el mundo. Según las estadísticas facilitadas por la Campaña Brady, una organización que lucha por la prevención del uso de armas de fuego, en junio de 2005 existían aproximadamente 192 millones de armas de fuego en manos de la población civil de Estados Unidos.

La incontrolada distribución de armas de fuego ha causado un número incesante de asesinatos. De acuerdo con una encuesta realizada por el Washington Post y la cadena ABC, aproximadamente un diez por ciento de los entrevistados aseguraron haber sido disparados al menos una vez y un 14 por ciento haber sido amenazados con armas de fuego.

Según los datos publicados por la Oficina de Estadísticas de Justicia del Departamento de Justicia en 2005, se cometieron en 2004 en el país un total de 339.200 crímenes con armas de fuego, entre los que se incluyen 11.300 asesinatos, 162.900 atracos y 165.000 agresiones. Un informe publicado por el Washington Post el 25 de diciembre de 2005 muestra que cada año se producen 12.000 asesinatos con armas de fuego en el país. Según los informes que recibió la policía estadounidense en 2004, el 70 por ciento de los asesinatos, el 41 por ciento de los atracos y el 19 por ciento de las agresiones fueron cometidos con armas de fuego.

Anualmente en Estados Unidos hay 13 millones de víctimas de diversos delitos, entre asaltos, violaciones, robos a mano armada, atracos e incendios. El 25 de septiembre de 2005 el Departamento de Justicia informó que en 2004 tuvieron lugar más de 5,18 millones de crímenes violentos en el país. En dicho periodo 21,4 de cada 1.000 habitantes mayores de 11 años fueron víctimas de ataques violentos, cifra que implica que uno de cada 47 residentes en Estados Unidos fue  atacado en dicho periodo. Además, se suicidan 27.000 personas, 23.000 son asesinadas, 85.000 resultan heridas de bala y 38.000 mueren a causa de ello, entre los que hay que contar 2.600 niños.

Según el FBI, el número de asesinatos se incrementó en un 2,1 por ciento durante los primeros seis meses de 2005, en comparación con el mismo periodo del año  anterior. Se produjeron un total de 4.080 asesinatos en las  ciudades con una población de más de 10.000 habitantes, mientras  que los homicidios crecieron un 13 por ciento en aquellas con una  población inferior a 10.000 habitantes (Murder Rate Small Cities Jumps 13 por ciento, USA Today, 20 de diciembre de 2005).

Washington D.C., con una población inferior a 600.000 habitantes, sufrió 194 asesinatos en 2005. En Chicago el número de crímenes superó los 125.000 entre enero y septiembre de 2005, entre los que destacan 352 asesinatos, 11.564 robos, 8.903 asaltos y 534 incendios provocados.

Desde enero hasta mediados de 2005, 334 personas fueron asesinadas en Filadelfia, superando el número de homicidios de la ciudad en todo el año anterior (Philadelphia Daily News, 14 de noviembre de 2005). Durante la primera mitad de 2005, 198 asesinatos tuvieron lugar en Los Ángeles, con un incremento del 11 por ciento respecto al  mismo periodo del año anterior (Los Angeles Times, 2 de julio de 2005). En la ciudad de Compton (California), que cuenta con una  población de sólo 96.000 habitantes, 72 personas fueron asesinadas (Los Angeles Times, 2 de enero de 2006). Camden, en Nueva Jersey, se ha convertido en una de las ciudades más peligrosas de EEUU con una tasa de asesinatos diez veces superior a la media nacional y  una incidencia de robos siete veces mayor que el promedio nacional (The Washington Post, 22 de noviembre de 2005).

Crece el número de peticiones de desempleo

En febrero de 2007 el Departamento de Trabajo norteamericano ha informado del dato de desempleo semanal de Estados Unidos: el número de peticiones de desempleo ha subido en 3.000 unidades, hasta 311.000 solicitudes.

La tasa de desempleo se ha elevado una décima durante el pasado mes de enero de 2007 hasta el 4,6 por ciento y se espera que el desempleo siga creciendo durante los próximos meses hasta situarse en en 4,9 por ciento a mediados de 2007.

Los grandes monopolios internacionales de los Estados Unidos tratan de salir de su crisis y hacer frente a la competencia europea y japonesa, haciéndola recaer sobre las espaldas de sus trabajadores, a los que están despidiendo en masa.

El fenómeno de la deslocalización y la pérdida de la fuerza de trabajo en Estados Unidos se ha convertido en un problema delicado. En 2004 el número de empleos perdidos fue prácticamente el doble con respecto a 2001 y en septiembre de 2005 la tasa de desempleo aumentó hasta el 5'1 por ciento. Se destruyeron 35.000 puestos de trabajo, la mayor caída desde abril de 2003, hasta los 134 millones, con lo que continúa la tendencia de destrucción de empleo.

Estados Unidos perdió más de 400.000 empleos en 2004 que serán trasladados a China (cerca de una cuarta parte), México, India y otros países asiáticos en el contexto de la restructuración de multinacionales, que buscan costes salariales inferiores en países menos industrializados.

Según las estadísticas oficiales, hay casi 9'3 millones de obreros que figuran como parados, pero no todos ellos tienen derecho al subsidio. Como promedio, esos 9'3 millones de personas han estado buscando empleo durante 19'8 semanas, mientras que otros dos millones de personas han estado sin empleo durante más de seis meses, pero siguen buscándolo. Quienes ya no buscan empleo simplemente desaparecen de las estadísticas oficiales de desempleo.

Además, 6 millones de personas tienen empleos precarios y otras 15 millones trabajan a tiempo parcial, en empleos de duración determinada y sin seguros sociales.

El promedio semanal de horas trabajadas se mantiene sin cambios en 33'7 horas, y las horas de fábrica también permanecieron estables en 40'2, mientras que el tiempo invertido en horas extra siguió en un cuarto hora.

No es un buen dato porque cuando los capitalistas están cerca de comenzar a contratar más personal, frecuentemente aumentan primero la jornada de trabajo de sus empleados en nómina.

Kodak suprimirá hasta 3.000 empleos

Kodak constató en septiembre de 2003 que el negocio analógico de fotografía había caído en una crisis irreversible, por lo que presentó una estrategia para invertir en nuevos mercados y transformar por completo la compañía.

Durante 2006, el grupo registró unas pérdidas de 600 millones de dólares, casi la mitad de los 1.354 millones de dólares de números rojos de 2005.

En febrero de 2007 el monopolio estadounidense Kodak anunció que recortará hasta 3.000 empleos para completar su programa de cuatro de años de duración para transformarse en una compañía digital centrada en fotografía de consumo y en impresoras.

Además de haber suprimido entre 25.000 y 27.000 empleos desde 2004, la compañía ha recortado los salarios aún más y ha aplicado otras medidas con el objetivo de elevar hasta 2.350 millones de dólares (1.820 millones de euros) los ingresos en su unidad de fotografía sanitaria.

Ford despedirá a 25.000 trabajadores

En enero de 2006 Ford anunció su decisión de despedir a 25.000 trabajadores en la filial automovilística en Estados Unidos.

Los caminos de General Motors y de Ford siguen rumbos paralelos. Ambas compañías, iconos pasados del poderío industrial estadounidense, sufren en los últimos años una imparable pérdida de cuota de mercado, lo que ha convertido en deficitario el negocio automovilístico doméstico. General Motors anunció en junio de 2005 que iba a despedir a 25.000 obreros en Estados Unidos hasta 2008 para revertir las pérdidas. Ford anunció lo propio seis meses después.

El máximo ejecutivo del monopolio, William Clay Ford Jr., prescindirá así del 20 por ciento de la fuerza de trabajo de la empresa en América del norte, como parte de un plan denominado Way Forward (Hacia adelante). Ford tenía a fines de 2004 122.877 trabajadores en su división automovilística en Estados Unidos, entre ellos 35.000 oficinistas. General Motors, tiene 142.000 trabajadores en Estados Unidos.

El biznieto del fundador no es nuevo en estas lides, dado que ya es la segunda reestructuración masiva que aplica sobre el grupo en los cinco años que lleva al frente. El recorte prevé además el cierre de al menos cinco plantas, probablemente las de Saint Louis, Atlanta y Saint Paul en Estados Unidos, así como la planta de motores de Windsor en Canadá y la fábrica de camiones en Cuautitlán (México).

Toyota superó a Ford como la segunda empresa automovilística del mundo en 2003. Ford cerró 2005 con el 18'6 por ciento del mercado estadounidense, frente al 25'7 por ciento de diez años antes. Esta constante erosión de la cuota de mercado es la que ha provocado a la compañía sus problemas financieros. Así, Ford registró pérdidas de 284 millones de dólares (238 millones de euros) en el tercer trimestre, frente a un beneficio de 223'5 millones de euros en el mismo periodo de 2004.

La bancarrota capitalista es general. Ya no afecta sólo a los viejos sectores económicos capitalistas, como la minería o la siderurgia, sino al mismo corazón de la nueva economía: a las empresas tecnológicas. La joya de la corona, de la que tanto, se habló, se viene abajo.

Los más afectados por los recortes de plantilla son los empleados del sector de las telecomunicaciones. Desde enero de 2003, se han anunciado 91.799 despidos. Los siguientes en la lista son los trabajadores de las compañías automovilísticas (81.903), las de informática (53.774) y electrónica (46.668).

La crisis afecta a grandes empresas como IBM, Sun Microsystems, General Electric, General Motors, Cisco y Lucent Technologies.

Un paradigma: la bancarrota de Delphi

La bancarrota de Delphi es un paradigma de lo que les espera a los trabajadores con la profunda crisis económica que sacude a todo el mundo capitalista.

Delphi es la mayor multinacional fabricante de piezas y recambios para automóviles del mundo. Presentó bancarrota el 6 de octubre de 2005 ante un juzgado de Nueva York: es la mayor jamás habida en la industria automovilística, la mayor de todas las presentadas en 2005 y la decimotercera más grande en toda la historia de Estados Unidos, sólo superada por la de la aerolínea Delta.

La bancarrota de Delphi ha estremecido a toda la industria automovilística de Estados Unidos, empezando por General Motors, que es su mayor acreedor. Delphi se estableció en 1999 como firma independiente de General Motors, que ha seguido siendo su cliente principal, da empleo a 185.000 personas en todo el mundo, de las cuales 52.300 trabajan en las 31 plantas que la empresa tiene en Estados Unidos. Arrastra una deuda de más de 22.000 millones de dólares que la garantía de General Motors.

Pero lo importante es lo siguiente: entre las deudas de Delphi se cuentan los pagos de las pensiones de unos 12.000 trabajadores jubilados en Estados Unidos. El fondo de pensiones tiene un déficit de casi 11.100 millones de dólares.

El director de la multinacional ha dicho que no puede soportar un lastre (en refeencia a las pensiones) heredado del pasado que les impide competir en condiciones ventajosas, o lo que es lo mismo: que tiene que deshacerse de sus obligaciones respecto a los trabajadores. El comunicado de Delphi señala que no ha podido hacer las modificaciones necesarias de los contratos colectivos firmados con los obreros.

Delphi ha intentado reducir los salarios de los 25.000 trabajadores de los 65 dólares por hora actuales a unos 47 ó 49 dólares por hora. La hora promedio de salario para esos trabajadores sindicados está actualmente entre 26 y 30 dólares, y Delphi trató de lograr esa reducción de sus costos laborales recortando los salarios a unos 10 dólares por hora y eliminando las asignaciones por coste de vida. Esto hubiese reducido asimismo el programa por el cual los trabajadores despedidos que se mantienen en el paro a largo plazo siguen recibiendo el sueldo completo y hubiese recortado también los derechos al seguro médico y a las vacaciones.

A esto se le llama intentar salir de la crisis a costa de los compromisos firmados con los trabajadores, eliminando todos y cada uno de sus derechos. Con la patronal no sirve de nada firmar contratos: los trabajadores tiene que cumplir; los capitalistas siempre se evaden. La solución no está en los contratos sino en la lucha consecuente.

El republicano Newt Gingrich lo dijo en una ocasión: El precio de la mano de obra lo fija el sur de China, porque es el mayor centro de fuerza laboral del planeta. Así que si quieres vivir siete veces mejor que alguien en Cantón, vas a tener que ser siete veces más productivo. Esto enfrenta a los trabajadores estadounidenses con los trabajadores peor remunerados del planeta, esperando los salarios reduzcan siete veces, se pongan al nivel de los de China pero con precios siete veces mayores.

Se desploma la actividad del sector servicios en Estados Unidos

El índice ISM no manufacturero, que mide la actividad del sector servicios en Estados Unidos, se desplomó en septiembre de 2005 hasta los 53'3 puntos frente a los 65 de agosto y a los 60 que esperaba de media el mercado.

Se trata del nivel más bajo en cuatro meses, la mayor caída del indicador desde 1997 y representa una noticia muy negativa para la economía estadounidense y para el propio dólar, ya que este sector aporta más del 67 por ciento del Producto Interior Bruto.

Los puestos de trabajo siguen siendo eliminados en la industria, el comercio al por menor y los servicios de información y finanzas. Los únicos empleos que han aumentado se ubican en la fuerza laboral precaria, temporales y de bajo coste.

En las áreas de alto coste (trabajadores cualificados o de cuello blanco) que antes eran inmunes en la competitividad (que incluyen profesiones como ingeniería, diseño, contabilidad, abogacía, actuarios y análisis financieros, e incluso la salud, la medicina y la educación) la India empieza a desplazar a la fuerza de trabajo de Estados Unidos debido al fenómeno del back-office o trabajo de apoyo a las oficinas matrices desde lugares remotos, de lo que se están aprovechando los trabajadores hindúes).

Es un caso internacional de deslocalización laboral (o outsourcing), producto de internet en el ámbito del sector de los servicios, donde India sobresale como nadie. Ya lo comentaron Charles Schumer (senador) y Paul Craig Roberts (periodista) en el New York Times en un artículo titulado significativamente Dudas sobre el libre comercio (6 de enero de 2004). Ahora tienen dudas y cuando las competencia les aniquila, estimulan el racismo contra países como China o la India. La primera les supera en el plano comercial; la segunda en el profesional.

Todas las medidas que adoptan los monopolistas para salir de la crisis acaban volviéndose contra ellos mismos. Están envueltos en sus propias contradicciones y, salvo la guerra, no pueden hacer nada por superarlas. Próximamente la India va a ser puesta en la picota como una amenaza en el sector otrora sacrosanto de los empleos cualificados en los servicios, que perjudicaría a las multinacionales estadunidenses que encabezan la deslocalización laboral.

Un nuevo sistema de autoexplotación

Los monopolios se preparan por si la situación empeora. Algunas, como Ford, Microsoft y General Electric, están imponiendo sistemas cada vez más severos para intensificar la explotación de sus trabajadores y deshacerse de los menos productivos.

La práctica de una escala forzosa persigue aislar al 10 de trabajadores prescindibles que no alcancen las tasas de explotación previstas. Cuando Cisco Systems anunció en marzo el despido de 5.000 empleados, explicó que aplicaría su nuevo sistema de explotación.

En Estados Unidos siempre se han utilizado escalas para seleccionar a los obreros prescindibles, pero la diferencia reside esta vez en que se fija de antemano un porcentaje de obreros a despedir.

El nuevo sistema impuesto por Ford el año pasado obliga a los obreros a rellenar un formulario donde fijan su rendimiento. En base a ello, el 10 de los obreros recibirá un nivel A, el 80 un nivel B y el 10 restante un nivel C. Al cabo de dos años en la categoría inferior, el empleado será suprimido o reasignado a un puesto inferior.

Esta valoración también se aplicará a otras compañías: Jaguar y Mazda y, más adelante quizás, Volvo.

Microsoft utiliza la técnica del bote salvavidas como baremo de selección. Elige a los empleados que mejor responderían en una crisis y los reparte en cinco categorías de eficiencia. En octubre fue denunciada por discriminación en nombre de las dos minorías más afectadas por esta valoración: mujeres y negros.

Los obreros carecen de derechos sindicales

Según denuncia la CIOSL en un informe publicado en enero de 2004, el Gobierno estadounidense incumple 6 de los 8 convenios de la Organización Internacional del Trabajo que firmó.

Cada año miles de trabajadores en Estados Unidos son despedidos de sus empleos o sufren otro tipo de represalias por intentar crear sindicatos. Millones de trabajadores están fuera del amparo de las leyes laborales destinadas a proteger los derechos sindicales y de negociación de los trabajadores; y la cifra está creciendo.

En los años cincuenta, los trabajadores que sufrían represalias por ejercer el derecho a la libertad de asociación ascendían a centenares cada año. En 1969, la cifra superaba los 6.000. En los noventa, más de 20.000 trabajadores eran víctimas cada año de discriminación por motivos sindicales. Los trabajadores en dicha situación eran 24.000 en 1998, el último año para el que se disponen de cifras.

El porcentaje de sindicalización es el 9 por ciento, pero el promedio general es de 14 por ciento, gracias a una mayor organización en el sector público. La afiliación a un sindicato, que en muchas empresas no es posible, permite a los trabajadores contar con beneficios como un seguro médico, un plan de jubilación, vacaciones pagadas o sistemas de arbitraje en caso de conflictos laborales.

El derecho a sindicarse de millones de trabajadores, entre ellos los trabajadores agrícolas, los empleados domésticos y los supervisores de bajo nivel, está expresamente excluido de la ley. Las leyes de Estados Unidos permiten que unos obreros reemplacen permanentemente a los trabajadores en huelga, lo que anula dicho derecho en la práctica. Las nuevas formas de relaciones laborales han creado millones de trabajadores a tiempo parcial, temporales y subcontratados que carecen de libertad de asociación.

Los trabajadores están sometidos a la coacción permanente por parte de los empresarios: en una de cada cuatro campañas que se organizan para formar sindicatos los sindicalistas son despedidos ilegalmente. El 75 por ciento de los empresarios recurre a firmas de consultorías o de seguridad para llevar a cabo campañas antisindicales y el 92 por ciento de los mismos, cuando se ven enfrentados a empleados que tratan de organizarse, convocan reuniones de trabajadores obligatorias a puerta cerrada donde lanzan propaganda antisindical. En esos encuentros, los empresarios amenazan con trasladar las empresas y en muchas ocasiones cuestionan los resultados de las elecciones sindicales retrasando la representación sindical y la negociación colectiva durante meses o, incluso, años.

En el sector público sólo un 40 por ciento de los trabajadores tienen derecho a negociar colectivamente.

El derecho de huelga está reconocido por la ley para los trabajadores del sector privado, pero la NLRA impone estrictas limitaciones y la propia legislación permite a los empresarios contratar esquiroles durante una huelga. En el ámbito público, los funcionarios públicos no pueden hacer huelga.

Hay una sensible discriminación salarial. Entre hombres y mujeres alcanza un 42 por ciento, pero entre etnias la discriminción también existe: un trabajador negro cobra un 22'8 por ciento menos, pero un hispano recibe un salario inferior a un blanco en un 36'6 por ciento.

Un control absoluto sobre la población

El Pentágono está elaborando el proyecto TIA, un plan para rastrear la manera en que camina, habla y compra todo habitante de Estados Unidos, registrar las características de sus caras y colocar esta información en un banco de datos que, además, almacenará cada compra con tarjeta de crédito, sitio de Internet visitado y todos los correos electrónicos enviados por cualquier individuo en aquel país, como parte de un nuevo sistema informatizado de vigilancia.

La obsesión por el control absoluto, en aras de la seguridad, ha llevado al Péntágono a desarrollar un proyecto cuyo objetivo es detectar los hilos de la vida de un individuo en términos de hechos, estados y relaciones, según explica el propio organismo militar estadounidense en su sitio de Internet. Al frente del proyecto TIA se encuentra el almirante John Poindexter, condenado por el caso Irán-contra.

El objetivo es detectar los hilos de la vida de un individuo en términos de hechos, estados y relaciones, explica el propio Pentágono en una descripción del proyecto que se puede encontrar en el sitio de Internet de su Agencia de Proyecto de Investigaciones Avanzadas de Defensa. El monto de datos que necesitarán ser almacenados no tendrá precedente, medido en petabytes, es decir, un millón de miles de millones.

Cuando se anunció por primera vez el proyecto, legisladores federales prohibieron su implantación por temor de que sea un nuevo intento del Gobierno para vigilar a cada estadunidense.

En realidad gran parte de la información para este proyecto ya está disponible, ha indicado un experto en bancos de datos informatizados que a veces realiza trabajos para el Pentágono al diario La Jornada. Cuando compras algo en el supermercado o la farmacia, se registra de manera precisa lo que has comprado y en qué cantidades para propósitos comerciales. Ahora el Gobierno espera poder analizar esta misma información pero para otros propósitos, explicó el experto.

Parte de esta información es del mismo tipo que la empresa ChoicePoint compró a un vendedor en México, el cual de forma ilegal obtuvo estos datos del Instituto Federal Electoral y otras agencias. Pero este proyecto va más allá. El Pentágono desea tener la capacidad de conocer cada programa de televisión que uno ve, la página de internet que visita, el correo electrónico que envía y cada fotografía que ha tomado.

Los militares también están buscando empresas privadas para que desarrollen bancos de datos que puedan identificar a una persona por el iris de los ojos, forma de la cara y la manera en que camina. Investigadores que trabajan para el Pentágono han descubierto que la forma en que alguien camina es casi tan particular y distintiva como una firma y ahora elaboran programas informáticos para almacenar esa clase de datos.

Sin embargo, según el Centro por la Democracia y la Tecnología, agrupación con sede en Washington que investiga asuntos de intimidad informática, el problema de esta iniciativa es que el gobierno está obteniendo información sobre todos, no sólo sobre los que tiene sospechas policiales.

Después de que el ex presidente Richard Nixon utilizara datos fiscales privados obtenidos por el gobierno federal para intimidar a sus opositores, el Congreso aprobó una ley que prohíbe al gobierno elaborar archivos de estadunidenses sin una justificación de causa probable, es decir que exista una actividad delictiva. Pero tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 muchas de estas restricciones aprobadas han sido suspendidas.

Jim Dempsey, director del Centro por la Democracia y la Tecnología, aseguró al Congreso que desde el 11 de setiembre de 2001 el FBI está autorizado por el procurador general para buscar información de personas sin tener ninguna razón para creer que están cometiendo, o están planeando hacerlo, o están vinculados, con actos delictivos. Dempsey advierte que el Gobierno podría utilizar sus nuevos poderes para perseguir y espiar a sus opositores políticos.

Republicanos de Texas utilizaron un sistema de rastreo aéreo del nuevo Departamento de Seguridad Interna para vigilar a un avión que transportaba diputados estatales demócratas que habían huido del estado para bloquear la aprobación de legislación partidaria.

El experto cibernético entrevistado por La Jornada estimó que el problema es que recaudar y almacenar todos estos datos en un solo sitio podría ser técnicamente muy difícil. Estamos por lo menos a una década para poder recaudar y analizar ese monto de datos. Aun una vez que se haya recaudado, la depuración de datos tomaría muchísimo tiempo, dijo.

Además, conforme a los nuevos procedimientos de aduanas que entrarán en vigor a principios de 2004, cada extranjero que ingrese con visado a Estados Unidos por avión o por mar, será fotografiado y sus huellas digitales serán registradas cada vez que entre o salga; asimismo, su nombre y apellidos serán verificados con un banco de datos de inteligencia.

Este sistema podría no sólo incluir fotografías y huellas digitales, sino escaneo del iris del ojo o un programa de reconocimiento de caras.

A su vez, en la cumbre europea recién celebrada en junio en Salónica (Grecia), la Unión Europea ha acordado introducir chips con información biométrica digitalizada (huellas dactilares, muestras de ADN o escáner del iris) en los pasaportes de sus ciudadanos.

La medida se complementará con una base de datos central, a la que tendrán acceso las distintas policías para verificar los datos del chip empotrado en los pasaportes y visados. Se destinarán 140 millones de euros a implementar esa tecnología, que incluye puesta al día del sistema de información de Schengen (SIS II).

La medida ya se discutió en la cumbre del G8 en mayo pasado. La decisión es consecuencia de una imposición estadounidense para que los países cuyos ciudadanos tengan visado libre para viajar a Estados Unidos introduzcan antes de octubre de 2004 información biométrica en los pasaportes para poder entrar. El chip también será implantado en los visados de los ciudadanos no europeos, con objeto de conservar el rastro de los extranjeros que se desplacen por Europa.

Estados Unidos, que no exige a que sus ciudadanos lleven consigo documentos de identificación, hace años que ha impuesto tarjetas de paso que incluyen información biométrica, para quienes cruzan la frontera de Estados Unidos con México. Las tarjetas incluyen una foto y una copia digitalizada de las huellas dactilares que se comprueban en una base de datos policial para detectar a personas irregulares, es decir, que han tenido problemas con las leyes de inmigración estadounidenses. Desde 1998 las embajadas estadounidenses y el consulado en México han recopilado más de seis millones de fichas.

Finalmente el Pentágono ha reconocido la creación de una agencia para intoxicar a la prensa mundial, denominada Oficina de Información Estratégica para velar por los intereses de los Estados Unidos. Esta Oficina se encarga de la publicación de noticias (ya sean falsas o verdaderas) en medios de comunicación que pueda beneficiar a los Estados Unidos. Según el General Worden, los objetivos deben ser desarrollar todo tipo de campañas de información y desinformación, desde el envío de noticias por correo electrónico a periodistas y dirigentes extranjeros en las que se camuflará la procedencia, hasta el bloqueo de redes informáticas hostiles, pasando por la propaganda bélica más típica.

Millones de personas arruinadas por el hundimiento de la bolsa

Ciertos sectores burgueses y rentistas ilusionados por la perspectiva de un capitalismo que soñaron que crecería indefinidamente y sin sobresaltos, confiando sus pequeños ahorros a la bolsa, están en la cuerda floja.

Las bolsas contemporáneas han crecido gracias a la inflación, las privatizaciones y a los pequeños especuladores que sacaron sus ahorros de los bancos para comprar acciones. Todo el mundo tenía acceso a la especulación y aparentemente todos se beneficiaban de las subidas de las cotizaciones.

La inversión masiva en acciones llevó a las bolsas hasta alturas nunca imaginadas porque funcionan de forma parecida a la estafa de la pirámide: mientras no se interrumpa la entrada de dinero fresco, nadie pierde. En ninguna parte el fenómeno ha sido tan espectacular como en Estados Unidos. En 1956, sólo el 5 por ciento de los estadounidenses compraba acciones. En 1973, ese porcentaje ya rondaba el 15 por ciento. En los años 80 fueron millones los estadounidenses que sacaron sus ahorros de los bancos para especular en bolsa. En 2001 más de la mitad de los estadounidenses tenían sus ahorros, todos o parte de ellos, invertidos en acciones. En 1999, los norteamericanos tenían depositado más dinero en Wall Street que en sus cuentas bancarias.

Las subidas astronómicas de las acciones favorecieron el despilfarro con que Estados Unidos se lanzó al consumo en los años noventa. Todo el mundo creía tener un tesoro en Wall Street. Y la revolución tecnológica prometía un desarrollo ininterrumpido e ilimitado, libre de los ciclos de expansión y recesión que habían caracterizado desde siempre al sistema capitalista.

Era el mito del capitalismo popular hecho realidad. Muchos especuladores pidieron préstamos para comprar unas acciones que ahora valen mucho menos de lo que pagaron por ellas. Más de 160 millones de personas forman parte de los hogares con deudas, contra 100 millones hace diez años. Los ahorros para los estudios de los hijos, para posibles enfermedades, para la jubilación, estaban en un lugar tan seguro como las acciones en empresas de nueva tecnología, cuya cotización creciente hacía realidad el milagro de los panes y los peces.

Sólo en fondos de inversión, los especuladores estadounidenses tienen depositados cuatro billones de dólares, unos 700 billones de pesetas. Casi exactamente esa cantidad es lo que se ha evaporado de las bolsas desde marzo de 2000, cuando empezó la gran crisis.

El capitalismo popular ha gozado de buena salud desde principios de los ochenta porque, desde entonces, no ha habido recesiones graves, y los descensos bursátiles como los de 1987 ó 1990 duraron pocos meses. Bastaba un poco de paciencia, mantener la inversión, buscar incluso algunas gangas, para reengancharse en una breve temporada al tren de las plusvalías. Los pequeños especuladores no recuerdan la crisis de la bolsa de 1973, cuando la bajada de las acciones se combinó con un brote de inflación para triturar las inversiones. Si sirven las comparaciones, en 1973 el índice Nasdaq cayó un 60 por ciento. En 2001, ese mismo índice ha caído un 62 por ciento. Podría esperarse una reacción de pánico. El 19 de octubre de 1987, el lunes negro, el índice Dow Jones cayó 508 puntos, un 22'6, porque hubo miedo y un sistema informático mal planteado emitía ininterrumpidamente órdenes de venta. En el martes negro del 29 de octubre de 1929, la caída fue sólo del 11'7, y eso bastó para desatar una marea de ventas y para ahuyentar por muchas décadas a los pequeños inversores. Esta vez el mercado resiste pero hay que ver por cuánto tiempo.

Entre 1947 y 1999 la rentabilidad media del índice S&P 500 fue del 13'4 anual. Basándose en ello en 1974 calculaban que 25 años más tarde, en noviembre de 1999, el Dow Jones llegaría a los 10.000 puntos. Y sólo erraron en unos meses: se alcanzó el 29 de marzo. Dado que la frecuencia del 13'4 parece exacta, las previsiones para el futuro son luminosas: el Dow Jones, ahora por debajo del 10.000, estará en los 100.000 puntos en 2025.

La crisis bursátil entraña un riesgo inmenso: la fuga de los pequeños especuladores. Ya nadie compra, pero esa gran masa de pequeños especuladores se resiste a vender y, por tanto, a asumir las pérdidas. A pesar de ello ya se han evaporado 700 billones de pesetas de las bolsas y, tras esta caída, gran parte de los pequeños especuladores están arruinados y endeudados.

2.225 niños cumplen cadena perpetua en Estados Unidos

Estados Unidos es uno de los pocos países en el mundo que permite que niños y niñas sean condenados a cadena perpetua sin derecho a libertad condicional, es decir, para el resto de su larga vida. Esta condena está expresamente prohibida por la Convención de los Derechos del Niño. Todos los países, menos Estados Unidos y Somalia, han firmado y ratificado esta Convención. En otros 13 países donde está permitida esta práctica son sólo 12 los chicos condenados a terminar sus días en una cárcel.

Al menos 2.225 niños y niñas que cometieron delitos graves -homicidio, la mayoría- viven en prisiones para adultos, sentenciados a cadena perpetua. Aunque muchos de estos niños ya son mayores de edad, el 16 por ciento tenían entre 13 y 15 años en el momento de cometer los delitos, 32 por ciento entre 16 y 17 años y 52 por ciento entre 17 y 18 años.

Más de la mitad de estos chicos -59 por ciento- eran delincuentes primarios en el momento de ser juzgados, lo que no sirvió como atenuante a los ojos de jueces y jurados. Casi la totalidad de estos jóvenes reos son varones, pero el dos por ciento son niñas. El 93 por ciento fueron condenados por homicidio aunque alrededor de una cuarta parte -26 por ciento- fueron incriminados por felony murder, es decir, porque se vieron involucrados en hechos que culminaron con un homicidio, aunque no hubieran participado personal o directamente en la comisión del crimen.

El tema racial y de clase marca drásticamente los destinos de estos jóvenes: por cada adolescente blanco condenado de por vida a prisión hay 10 muchachos negros. California es uno de los estados donde esa tendencia es aún más extrema: 22 afroestadunidenses sentenciados a cadena perpetua sin libertad condicional contra sólo uno blanco.

En el caso de los latinos también se verifica esta tendencia. En Pensilvania, por ejemplo, la tasa es de 13 delincuentes juveniles de origen hispano por cada chico de raza blanca.

El elevado incremento de sentencias de por vida a niños y niñas -que aumentó en un 9 por ciento entre 1990 y 2000- no corresponde al mismo aumento en la tasa de procesos por homicidios cometidos por menores o con participación de ellos en el mismo periodo, que de hecho registró una drástica caída de 55 por ciento.

Las estadísticas de este informe demuestran que en el periodo comprendido entre 1985 y 2001 los menores declarados culpables de asesinato tenían más probabilidades de ser sentenciados a pena perpetua que los adultos. Los jueces son, pues, más severos ante niños que cometen homicidio que ante adultos. En todo caso, la edad no constituye un factor que mitigue la determinación de imponer estas crueles sentencias.

El incremento de la criminalidad juvenil sólo fue un fenómeno temporal que alcanzó su máxima expresión en 1994, cuando se registraron 3.337 asesinatos cometidos por niños. Pero esa cifra no ha vuelto a repetirse y el fenómeno rescindió. Ya para 2002 los índices de homicidios cometidos por menores había bajado a los niveles que había antes de los setenta. Sin embargo, el sistema sigue aplicando el mismo criterio de máximo rigor con los niños y las niñas.

Dos millones de presos

Estados Unidos se autoproclama paraíso de la libertad; sin embargo, tanto el número total como la proporción de personas encarceladas se sitúan en el primer puesto a escala mundial. Según los datos facilitados por la oficina de estadísticas del Departamento de Justicia, publicados el 23 de octubre de 2005, cerca de 2,27 millones de personas se encontraban recluidas en las prisiones del país a finales de 2004.

A ellos hay que sumar 4'6 millones de personas en libertad condicional, lo que convierte a ese país en el mayor penal del mundo, con una tasa de 724 presos por 100.000 habitantes. Europa tiene tasas de población reclusa entre seis y siete veces inferiores a las de Estados Unidos.

Esta cifra incrementa en un 18 por ciento la registrada hace diez años. Según una investigación realizada por The New York Times, el número de personas condenadas a cadena perpetua se ha duplicado en los últimos diez años en Estados Unidos (Packing Prisons, Squandering Lives, The Baltimore Sun, 21 de octubre de 2005).

El 41 de los presos son blancos, el 41 negros, el 16 hispanos y el 2 tiene un origen diferente. Los negros tienen seis veces más posibilidades de acabar entre rejas que los blancos. Todos estos presos malviven encerrados sin ningún derecho que les proteja, ni siquiera la visita de un abogado, que la dirección carcelaria suele impedir habitualmente.

Del total de presos estadounidenses, 120.000 están en prisión sólo por consumir algún tipo de droga.

La masificación de las prisiones conlleva el empeoramiento de las condiciones de los presos. A finales de 2004, en las prisiones de 24 estados se encontraban recluidos más presos de los que podían albergar y el número de presos encarcelados en el sistema federal de prisiones se situaba en un 40 por ciento por encima de su capacidad.

La construcción de prisiones está considerado como uno de los negocios inmobiliarios más lucrativos. La privatización de un buen número de cárceles se ha convertido en un negocio lucrativo, y ha llevado a situaciones aberrantes, como que California se gaste más dinero en el sistema penitenciario que en la educación superior pública.

En los últimos años, cientos de presos han sufrido daños físicos debidos a malos tratos, sólo en Nueva York. En la prisión de Rikers Island, un preso perdió la visión en uno de sus ojos tras ser golpeado por un carcelero, mientras que las agresiones por parte de miembros de la policía causaron la rotura del tímpano de un preso y la fractura de un pómulo a otro (In City Jails, a Question of Force, The New York Times, 30 de octubre de 2005). En la ciudad de Phoenix se encuentra una de las cárceles más polémicas de Estados Unidos, llamada Ciudad de Carpas, donde los reos no sólo viven al aire libre, sino que son obligados a participar diferentes programas de trabajo, pudiendo tener sólo dos comidas diarias, sin posibilidad de disfrutar de ningún tipo de entretenimiento (El Universal de México, 26 de agosto de 2005). En agosto de 2005, un estudiante de Qatar, detenido durante dos años sin sentencia judicial, describió las condiciones de vida en la prisión: ausencia de garantías para las necesidades vitales mínimas, confinamientos prolongados en celdas de escaso tamaño durante periodos de hasta 60 días, y utilización de esposas y cadenas dentro de las celdas, incluso durante el aseo personal.

La violencia sexual es endémica del sistema carcelario estadounidense; las violaciones de presos son habituales. Ciertos presos son objeto de explotación sexual en cuanto ingresan en un centro penitenciario: su edad, apariencia, preferencia sexual y otras características los señalan como candidatos al abuso. Los presos que no pueden escapar de una situación de abuso sexual pueden convertirse en los esclavos de sus violadores. Suelen ser alquilados como objetos sexuales, vendidos o incluso subastados a otros presos.

Según un informe emitido por el Departamento de Justicia en junio de 2005, el organismo recibió unas 8.200 denuncias por agresiones sexuales, el 42 por ciento de las cuales se refería a abusos por parte del personal de las cárceles (Almost 2.100 Sexual Violence Incidents Took Place in the Nation's Correctional Facilities during 2004, publicado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos el 31 de julio de 2005).

El 21 por ciento de los presos en siete prisiones del medio oeste había experimentado al menos un episodio de contacto sexual bajo presión o forzado desde su ingreso en prisión y al menos el 7 por ciento de los presos habían sido violados en las cárceles. En una encuesta interna del departamento de correccionales de un estado sureño, los funcionarios reconocieron que una quinta parte de todos los presos estaban siendo coaccionados para participar en actos sexuales entre presos.

Debido a los recortes realizados por el gobierno en los presupuestos destinados a prisiones, las cárceles de algunos estados han reducido los fondos asignados a la atención médica de los condenados. Como consecuencia de ello, muchos presos han resultado infectados con tuberculosis y hepatitis.

Durante el azote del huracán Katrina, los responsables de una prisión en Nueva Orleans abandonaron a 600 presos a su suerte, literalmente con el agua al cuello, sin electricidad, alimento ni agua potable durante cuatro días completos.

En Estados Unidos está comprobado que el 12 por ciento de los ejecutados son inocentes de los delitos por los que se les condenó.

Desde que el Tribunal Supremo reinstauró la pena de muerte en 1973, Estados Unidos ha ejecutado a más de 500 personas, un promedio de una a la semana en los últimos seis años. En 1999 ejecutaron a 98, un 44 por ciento más que el año anterior. Actualmente hay más de 3.500 presos en los pabellones de la muerte, y siguen llegando más.

Al mismo tiempo, han aumentado las revocaciones de penas de muerte. En 1999 exoneraron a ocho condenados, lo que suma 84 desde 1973.

Un informe emitido en octubre de 2005 por el Centro de Información sobre la Pena de Muerte de Estados Unidos reconoce que en el actual sistema de aplicación de la pena capital los jurados no pueden cumplir sus funciones por lo que la justa resolución de los juicios se ve severamente comprometida (Washington, AFP, 18 de octubre de 2005).

Otro informe más antiguo A Broken System: Error Rates in Capital Punishment, publicado el 12 de junio de 2000, evidencia que los tribunales revocaron casi siete de cada diez penas de muerte (dos terceras partes) dictadas entre 1973 y 1995 porque fueron producto de juicios claramente injustos.

El estudio lo realizó un equipo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Columbia. El principal autor es James Liebman, profesor de derecho y defensor público en juicios y apelaciones de pena de muerte. Era la primera vez que se llevaba a cabo una investigación estadística de las apelaciones en casos de pena capital. Lo solicitó el Comité Judicial del Senado en 1991, que le pidió a Liebman calcular la tasa de revocaciones de la pena de muerte en apelaciones a tribunales federales. En 1995 el informe se amplió y examinó las apelaciones en tribunales estatales.

El informe examina todos los casos de pena de muerte durante los 23 años transcurridos entre 1973 y 1995. De las más de 4.500 apelaciones, los tribunales estatales anularon el 47 por ciento de las condenas de muerte. Del resto, los tribunales federales anularon el 40 por ciento.

En 25 de los Estados federados siguen permitiendo la ejecución de delincuentes con retraso mental. Desde 1976, se han ejecutado al menos 35 personas retrasadas mentales y se estima que entre 200 y 300 están actualmente en el corredor de la muerte esperando su ejecución.

El 21 de diciembre de 2005, el programa de CNN Larry King Live entrevistó a cuatro ciudadanos que habían logrado recuperar su libertad tras más de 10 años en prisión gracias a las pruebas de ADN. Según un estudio de Mark Geragos, famoso abogado penalista de Los Ángeles, aproximadamente el 20 por ciento de las condenas a prisión en Estados Unidos se han basado en sentencias judiciales erróneas (Many Convicted Felons Have Been Proven Innocent by DNA Evidence, CNN Larry King Live, 21 de diciembre de 2005).

Tras pasar 24 años en prisión, Robert Clark Jr. fue puesto en libertad una vez que las pruebas de ADN demostraron su inocencia. El caso de Clark supone uno de los encarcelamientos más prolongados de entre los 164 casos en los que las pruebas de ADN han mostrado la inocencia de ciudadanos sentenciados con anterioridad (After 24 Years in Prison, Man Has a Reason to Smile, The New York Times, 8 de diciembre de 2005).

La tortura es una práctica habitual

Lo que allí califican como brutalidad policial también forma parte de la vida cotidiana. Según un informe emitido por Los Angeles Times el 14 de julio de 2005, un policía de Los Ángeles mató con su arma de fuego a la hija de 19 años de edad de un sospechoso durante su detención, hecho que generó una oleada de protestas. El 9 de octubre, cinco policías de Nueva Orleans redujeron a un profesor jubilado de 64 años en plena calle y posteriormente le propinaron una severa paliza (Nueva Orleans, AP, 9 de octubre de 2005.) El incidente sacudió de nuevo las conciencias de la opinión pública. El 26 de diciembre, un agente de la policía de Nueva Orleans realizó seis disparos a un ciudadano negro que portaba un cuchillo causándole la muerte.

Es muy difícil obtener datos sobre torturas y abusos policiales en Estados Unidos. Las unidades de asuntos internos operan en secreto y se muestran reticentes a publicar ni siquiera la información más básica de sus actividades. En 1994 el Congreso dio instrucciones al Departamento de Justicia para que recopilara estadísticas y elaborara un informe anual sobre el uso excesivo de la fuerza a nivel nacional. Casi cuatro años después, aún no se ha publicado dicho informe.

En ciudades de todo Estados Unidos, se han denunciado torturas, malos tratos y abusos tales como disparos injustificados, palizas graves, ahogamientos fatales y otras formas de trato brutal.

Especialmente las minorías raciales han denunciado violaciones por parte de la policía con más frecuencia que los blancos, y el número de denuncias presentadas por miembros de grupos minoritarios no guarda proporción con su representación. Es frecuente que la policía someta a las minorías a un trato discriminatorio y las insulte utilizando epítetos racistas.

Habitualmente los casos de brutalidad policial no desembocan en una sentencia judicial. Según el informe publicado el 31 de marzo de 2005 por Los Angeles Times, sólo ocho de los más de 200 casos de actuación ilegal en los que se ha visto implicado la policía de Los Ángeles han concluido con una sentencia judicial, mientras que el resto ha sido archivados o ha seguido un curso ajeno a los tribunales.

En Estados Unidos no suele haber procesos penales contra los policías torturadores sino demandas de indemnización que no pagan ni los torturadores ni la policía, sino los ayuntamientos. A pesar de esas indemnizaciones, no se depuran responsabilidades ni criminales ni profesionales. Los policías siguen en sus puestos. Las demandas civiles costaron a los ayuntamientos unos 70 millones de dólares entre 1994 y 1996.

Cuando hay denuncias penales, los fiscales no acusan porque tienen que colaborar con la policía en los procesos. Como las víctimas de torturas son delincuentes, los jurados tienen tendencia a creer las versiones policiales. En 1996, del total de 11.721 denuncias recibidas por la división de derechos civiles del Departamento de Justicia, sólo se presentaron ante un jurado de instrucción (grand jury) 37 casos relacionados con policías. El resultado fue de 29 condenas o confesiones por parte del policía.

En Nueva York, la Junta encargada de investigar las denuncias de ciudadanos contra los 38.000 miembros de la policía, sólo comprobó en cuatro de ellas entre julio de 1993 y diciembre de 1996. En esas mismas fechas, sólo en un uno de los casos se tomaron medidas disciplinarias contra el policía, y de las 18.336 denuncias, sólo se produjo la suspensión de un policía.

La impunidad acarrea la corrupción total de la policía, tolerada tanto por los jefes de policía como por los fiscales, lo que en Filadelfia provocó en 1995 que se anularan numerosos casos penales basados en testimonios de policías corruptos.

En Chicago, se informó oficialmente que sólo unos 60 detenidos fueron torturados por la policía entre 1972 y 1991. Pero tras años de desmentidos, un informe descubrió que el abuso era sistemático y... no se limitaba a las palizas habituales, sino que llegaba a niveles más esotéricos, como las técnicas psicológicas y la tortura planificada. La alcaldía intentó entonces mantener en secreto los documentos de la investigación interna, pero un tribunal ordenó su desclasificación y pudo conocerse públicamente.

Persecución de los abogados de los presos políticos

El 9 de abril de 2002 la fiscalía de los Estados Unidos acusó a la abogada Lynne Stewart y a tres árabes, Mohammed Yousry, Ahmed Adbel Sattar y Yassir Al-Sirri, de ayudar a un condenado a cadena perpetua a comunicarse con la organización a la que pertenece.

Lynne Stewart es la abogada de Omar Abdel Rahman, que fue condenado a cadena perpetua por conspiración para destruir lugares conocidos de Nueva York, en conexión con la bomba que exlotó en las Torres Gemelas en 1993.

La fiscalía sostiene que Lynne Stewart, Mohammed Yousry (el traductor de Rahman), Ahmed Adbel Sattar (un pasante de abogado) y Yassir Al-Sirri (residente en Londres) violaron las normas que restringen las comunicaciones de Rahman, y le ayudaron a comunicarse con su organización, el Grupo Islámico. A Stewart la acusan de hablar en inglés en voz alta en el locutorio para que Yousry pudiera hablar en secreto con Rahman en árabe, lo que -según la fiscalía- constituye apoyo material al terrorismo.

Han esperado dos años para promover la acusación contra Stewart, que es patentemente ridícula ya que no sabe árabe y no podía comprender lo que se decía en las conversaciones del locutorio.

Las acusaciones no tienen ningún peso pero sí tienen un objetivo: poner nerviosos a los que defienden a los acusados de terrorismo ante los tribunales. Si logran condenar a Stewart se sentará un precedente muy peligroso y el derecho de los abogados a hablar reservadamente con sus clientes desaparecerá.

Los delitos que supuestamente tramó Rahman nunca sucedieron. Básicamente lo condenaron por el testimonio de un confidente del FBI, Emad Salem, que fue a grabar y tenderle una trampa a Rahman y a sus seguidores. Por su lado, Salem grabó sus conversaciones con el FBI. Por eso se sabe que advirtió previamente del bombazo contra las Torres Gemelas en 1993, pero que el FBI ignoró la advertencia.

Un aspecto muy importante de las acusaciones contra Stewart es que por primera vez el Ministerio de Justicia norteamericano se otorga el derecho de supervisar las conversaciones entre abogado y cliente sin orden judicial. Esto es un ataque frontal contra el derecho a la confidencialidad de las comunicaciones profesionales. Hasta ahora, para espiar esas conversaciones se necesitaba una orden judicial, que los jueces suelen conceder sin plantear problemas.

El Washington Post informó que la fiscalía grabó las conversaciones de Rahman en un penal de Minnesota durante más de tres años.

Además el gobierno confiscó el ordenador y los expedientes del bufete de Stewart, con lo que ahora tiene montones de informaciones confidenciales sobre otros casos.

Desde hace décadas Lynne Stewart viene defendiendo a presos políticos como David Gilbert y Richard Williams, de los 7 de Ohio, a quienes el gobierno quería liquidar por acciones de resistencia armada. Defendió a Larry Davis, quien se defendió de una mafia de policías narcotraficantes que querían matarlo. Y también defendió a los árabes acusados de poner bombas en las Torres Gemelas en 1993.

Por eso el gobierno tiene ganas y quiere acabar con ella. En 1991, la mandaron comparecer ante un gran jurado para que testificara contra sus clientes. Como no lo hizo, la acusaron de desacato y no le permitieron explicar al jurado por qué no podía testificar contra sus propios defendidos. Pero en 1993 se lo explicó al periódico Newsday: No estudié derecho para ser una soplona.

En los círculos jurídicos de Nueva York Lynne Stewart goza de gran estima e igualmente es muy apreciada por sus clientes. El 9 de abril el jurado se llenó de simpatizantes, abogados, antiguos clientes y amigos. Si la llegan a condenar, la pueden caer 40 años de cárcel.

En una declaración pública, un grupo de juristas ha dicho: Este es un ataque serio en un clima de ataques al principio de presunción de inocencia. Están destripando las libertades civiles y creando una percepción general de que acusar equivale a declarar culpable. En el caso de Lynne Stewart, si pueden acusar y arrestar a los abogados que asumen la responsabilidad de defender a los acusados ¿quién quedará para defenderlos? ¿Qué pasa con el derecho al proceso legal establecido? Eso aumentará el clima de represión y socavará la resistencia a esos ataques.

El abogado Ron Kuby en declaraciones al New York Times expuso: Lynne es una abogada fervorosa y una defensora orgullosa de los oprimidos del mundo. Siempre se puede contar con ella cuando la policía tumba una puerta a cualquier hora de la noche y, como miembro distinguido del cuerpo de abogados de Nueva York, los que la conocemos creemos que estas acusaciones son absurdas y que tienen una motivación política.

En su declaración ha hecho un llamamiento a defender a los valientes abogados que representan a los acusados por actividades políticas revolucionarias en Estados Unidos.

Alimentados a la fuerza los presos de Guantánamo en huelga de hambre

Al llegar a la conclusión de que un importante porcentaje del medio millar de presos está dispuesto a morir de hambre en protesta por su reclusión indefinida, los verdugos imperialistas de Estados Unidos a cargo de este campo de concentración han empezado a utilizar medidas de alimentación forzada y aislamiento. Tratamiento considerado como legítimo por el Pentágono, pero denunciado como abusivo por los letrados de estos reos en una situación de privación absoluta de derechos desde el día mismo de su detención.

Durante las últimas semanas, según confirmó el teniente coronel Jeremy Martin, portavoz de Guantánamo, grupos de guardias y personal sanitario han empezado a realizar alimentaciones forzadas. Procedimientos que según el New York Times implican la utilización de hasta 25 sillas especiales con múltiples sujeciones para forzar la ingestión de alimentos líquidos con ayuda de tubos. Estas sillas en cuestión, a unos mil euros la unidad, han sido fabricadas por una pequeña empresa de Iowa (E.R.C. Inc.) que las comercializa con el eslogan de ser como celdas almohadilladas sobre ruedas.

Estos procedimientos se prolongan hasta cuatro horas para evitar vómitos provocados y asegurarse la efectiva nutrición de los presos empeñados en la protestas. Este grupo, según han denunciado algunos letrados contratados para velar por sus intereses, también se encontraría sometido a medidas de disuasión como celdas de aislamiento, mantenidas a bajas temperaturas con la ayuda de aire acondicionado y sin acceso a mantas o libros.

Con todas estas tácticas, encaminadas sobre todo a evitar la polémica y pesadilla que supondría el fallecimiento de uno de estos presos, el número de retenidos en Guantánamo que permanece en huelga de hambre se habría reducido desde finales de diciembre de 84 a 4, todos en condición estable. De acuerdo a las regulaciones carcelarias con que opera el Pentágono, una huelga de hambre es definida como el rechazo de nueve comidas consecutivas.

Abogados que han tenido ocasión de visitar a sus clientes en Guantánamo durante las últimas semanas han descrito estas tácticas como abusivas. A juicio de Thomas Wilner, un letrado de Washington que defiende a seis detenidos de Kuwait, resulta claro que el Gobierno ha terminado esta huelga de hambre a través del uso de fuerza y con el tipo de tratamiento más inhumano. Es una vergüenza.

Como en el caso de nuestra huelga de hambre de 1989, también ahora quieren hacerla aparecer como un suicidio. El doctor William Winkerwerder, del Departamento de Defensa para asuntos sanitarios, presenta la situación como un hipócrita dilema moral: ¿Se permite que una persona se suicide? ¿O se toman los pasos necesarios para proteger su salud y preservar su vida? Tras una revisión a fondo de la cuestión, Winkerwerder ha confirmado que el Pentágono considera legítimas y éticas estas acciones encaminadas en cualquier circunstancia a proteger y sustentar la vida de personas. Para que luego digamos que no se preocupan por la integridad física de sus presos...

La huelga de hambre en Guantánamo comenzó en agosto de 2005 año para protestar por este cautiverio interminable que comenzó en enero de 2002. El anuncio de huelga se produjo después de que el ejército norteamericano incumplió la promesa de aplicar en la prisión la Convención de Ginebra.

Los secuestrados se declararon dispuestos a morir para exigir un trato humano y un juicio justo sobre si debían permanecer o no en la prisión.

Un informe de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU filtrado a la prensa el 14 de febrero de 2002 exigió a Washington enjuiciar a los presos ante un tribunal internacional o dejarlos en libertad. El informe equiparaba el trato de los presos en la base naval con la tortura.

Sus autores son cinco relatores dependientes de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, con sede en Ginebra (Suiza), que no fueron a la cárcel ya que el Pentágono sólo accedió a que giraran la misma visita que ofrecen a congresistas y periodistas, pero no les permitió entrevistarse con los presos. Como resultado, basaron su informe en declaraciones de ex presos, sus familias y abogados.

En el informe se acusaba a Estados Unidos de denegar el derecho a los detenidos de tener un juicio, por lo que pide a Washington que inicie de forma expeditiva un procesamiento judicial o que los ponga en libertad de inmediato. También exhorta a la Casa Blanca a considerar la posibilidad de enjuiciar a los 520 presos detenidos en Guantánamo ante un tribunal internacional competente.

La Comisión de la ONU también recomienda que, mientras los reclusos no sean transferidos a territorio estadounidense, se abstengan de practicarles torturas, discriminaciones en base a la religión, así como violaciones al derecho a la salud y a la libertad. En particular, anotan, deben cesar de inmediato las técnicas especiales en los interrogatorios autorizadas por el Departamento de Defensa, por considerar que son demasiado violentas. Además, señalan que Estados Unidos debería poner fin a otras prácticas que también consideran actos de tortura, entre ellas la alimentación forzosa de los reclusos que se encuentran en huelga de hambre.

La filtración de este documento escoció tanto en Washington que Bush expresó directamente su preocupación a Kofi Annan, en una entrevista entre ambos celebrada en la Casa Blanca. El Departamento de Estado y el Pentágono también cuestionaron las conclusiones del informe que les acusa de practicar torturas.

El Parlamento europeo debatió el 15 de febrero una propuesta de resolución mucho más benigna hacia Estados Unidos. Aunque también criticaba la situación de los presos sólo pedía que se cierre la base, que se juzgue a los prisioneros, si es que hay cargos contra ellos, en territorio estadounidense, y que haya una investigación independiente para averiguar si las denuncias que tenemos son ciertas.

El ejército de Estados Unidos mantiene en la actualidad ilegalmente a cerca de 500 presos detenidos en Guantánamo, la mayoría de los cuales fueron capturados en Afganistán. Han estado presos desde 2002 sin ninguna acusación en su contra y sin ningún juicio.

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