20 años de la muerte del cantautor portugués
Jose ‘Zeca’ Afonso

El 25 de abril de 1974, a las cero horas de una mañana primaveral, el programa Límites, de Radio Renazença, comenzó a emitir los acordes de Grandola Vila Morena. Fue la consigna para poner en marcha la Revolución de los claveles que puso punto final a la dictadura salazarista en Portugal.

La letra y la música eran de José Zeca Afonso, la figura más importante de la canción portuguesa del siglo XX, y una pieza clave de la música popular de todo el mundo.

José Afonso Cerqueira dos Santos, Zeca, había nacido en Aveiro el 2 de agosto 1929 y era licenciado en Filosofía e Historia. Fue profesor de instituto hasta 1968, fecha en la que el fascismo lo inhabilitó para ejercer cualquier puesto docente. Hasta el año 1983 no se le reconocieron de nuevo sus derechos.

Escuchando los versos de la impresionante Canción de la paciencia, incluida en el compendio Como se fora seu filho, que dice, entre otras estrofas:

Muchos soles y lunas nacerán
más olas en la playa romperán
ya no tiene sentido tener o no tener
vivo con mi odio a mendigar.
Tengo muchos años para sufrir,
más de una vida para andar,
bebo la hiel amarga hasta morir.
Ya no tengo pena, sé esperar.
Se manifestaba en contra de la denominación de canción protesta con una frase significativa: El músico es quien protesta, no la canción. Por eso mismo insistiría en la necesidad del claro compromiso político del artista, o trabajador del arte, como él siempre decía.

Fue pionero en la reivindicación de las corrientes musicales africanas, y la influencia de aquellos sones está presente en toda su obra. También en esto se adelantaba a su tiempo. Canciones maestras, como Ailé, Ailé o Un homem novo veio da mata son elocuentes muestras. El elaborado lirismo de sus temas no dejó nunca lugar a la tibieza en el mensaje. En A morte saiu à rua, un precioso y dramático tema dedicado a José Días Coelho, pintor y escultor comunista asesinado a tiros por la policía política de la dictadura salazarista de día y en plena calle, canta esta estrofa:

Tu muerte, pintor,
reclama otra muerte igual,
sólo ojo por ojo
y diente por diente vale.
En el Cantar Alentejano, una bella y sentida creación dedicada a la campesina antifascista Catarina Eufemia (embarazada cuando la asesinó un teniente de policía, con tres disparos a bocajarro), el mensaje es similar:
Quien vio morir a Catarina
no perdona a quien la mató.
Cantaba incesantemente para el pueblo, en cooperativas agrarias y comissioes de moradors, utilizando sus exquisitas creaciones como un instrumento más de lucha. Luchó primero contra la dictadura de Salazar y, al final de sus días, frente a la contrarrevolución encabezada por el Partido Socialfascista de Mario Soares. Fue consciente siempre de que su honradez navegaba a contracorriente, pero en ningún momento abandonó sus principios revolucionarios. Por eso detestaba el desencanto, la desmoralización, que él calificaba como una mera justificación para los traidores.

Actuó por última vez en directo en el Coliseu dos Recreios lisboeta, en 1983, precisamente el lugar donde, nueve años antes, Grandola se convirtió en un himno para la historia. Aquella velada quedó recogida en un disco vibrante, en el que José Afonso, canta, ya con ciertas dificultades, arropado por todos sus músicos y sus amigos más incondicionales. La enfermedad fue avanzando inexorablemente desde entonces hasta 1987. Se desesperaba con el reflujo del 25 de Abril porque su enfermedad no le permitía tomar parte activa, del modo que él hubiera querido, en los acontecimientos políticos del momento.

Sus últimos días los pasó retirado en Vila Nogueira de Azeitao, un pueblecito situado entre Lisboa y Setúbal. En su casa un cartel muy elocuente presidía su puerta: Nao ao ley fascista da segurança. En el interior había multitud de detalles, cuadros y carteles alusivos al 25 de Abril, recuerdo y reivindicación ineludibles para cualquier portugués progresista. Nos contaba en el verano de 1984:

Estoy convencido de que a mí me curaría de verdad un nuevo 25 de Abril, creo que acabaría con todos mis problemas y dolencias. Lo peor de mi estado actual es ver cómo la situación política y social se va deteriorando cada vez más, sin poder contribuir a cambiar esa inercia con todas mis fuerzas. De las conquistas de Abril no quedan más que algunas pequeñas libertades formales, cada vez más restringidas, como la libertad de expresión y una cierta revolución sexual.

En el terreno económico y social la situación es angustiosa, hay portugueses que viven más como perros que como personas, aumenta vertiginosamente la prostitución, y cada vez hay más personas que se alimentan de pan y café exclusivamente. En Setúbal y su cinturón industrial hay miles de personas que no cobran un solo escudo en meses.

La otra gran conquista de Abril, la liberación de las colonias, se encuentra también en peligro: Angola acosada por la guerrilla fascista y racista, y Mozambique descomponiéndose internamente y abriendo sus puertas a una nueva colonización.

Aquel domicilio fue centro de reunión para mucha gente; amigos de Portugal, de España y Francia se acercaban constantemente hasta aquel pueblecito donde residía para verle y charlar. Cuando le visitamos en el verano de 1984, un grupo de niños del colegio local, con edades comprendidas entre los diez y los doce años, que editaban un periódico crítico contra la dirección del centro, tenían instalado en casa del músico la oficina de redacción:
Los únicos que no vienen nunca por aquí, curiosamente, son los músicos y los artistas, con los que he tenido contacto durante tantos años, y que antes me trataban como si fuera una especie de papa. Es una de las características de determinado tipo de artistas, por eso cada día quiero saber menos de música, pintura y literatura. Yo me he dedicado durante muchos años a hacer canciones en condiciones precarias, más preocupado por conseguir una comunicación fuerte y por actuar políticamente, que por perfeccionar, todo lo que hubiera sido capaz de hacer, mis trabajos. He sido bastante cuidadoso y exigente, pero lógicamente siempre he estado condicionado por mi intención propagandística.

En España no se conoce íntegramente mi actividad, allí sólo he ido a ofrecer espectáculos. He realizado una labor política más importante en Alemania, por ejemplo.

Aquí, la mayoría de los que se dicen artistas y se ganan la vida con ello, han renunciado a cualquier preocupación que no sea la de conseguir fama y llenarse la bolsa.

Cobraba entonces 30.000 pesetas mensuales de pensión, su único ingreso y se mantenía económicamente gracias a la ayuda de algunos amigos íntimos y a la recaudación de los festivales que, periódicamente, se realizaban en su ayuda, a los que nunca faltan miles de incondicionales del artista. Víctima de una enfermedad nerviosa, que afectaba a sus fibras musculares, perdía peso y vitalidad sin que los médicos fueran capaces de acertar a diagnosticar cuál era la causa de su mal y de qué modo podía combatirse eficazmente.

Zeca, acostumbrado a estar siempre en primera línea de batalla, no se resistía a permanecer al margen de los acontecimientos. Se encontraba integrado en las plataformas portuguesas por la paz, en diversas organizaciones de solidaridad con países del Tercer Mundo, y en el comité de solidaridad con Otelo y los demás miembros de su organización, las FUP, Fuerzas de Unidad Popular, acusados de pertencer al grupo armado Fuerzas Populares 25 de Abril:

Con la detención de Otelo han querido pulsar la opinión pública para ver qué capacidad de respuesta se podía desarrollar ante una agresión tan brutal e ilegal a un personaje destacado del 25 de Abril. No tienen ninguna prueba contra Otelo ni contra ninguno de ellos, pero están dispuestos a seguir adelante. Es muy importante la solidaridad internacional que se consiga, porque aquí, aunque se ha creado un comité y se han celebrado algunos actos de solidaridad con los detenidos, el movimiento tiene grandes limitaciones. Este es un primer paso para imponernos una legislación represiva de seguridad ‘a la europea’. El proyecto ya se está discutiendo en el Parlamento y tiene como modelo más inmediato a las leyes antiterroristas españolas.

De cualquier manera, yo creo que el Gobierno se ha deslizado un poco en este tema, las acusaciones de que son objeto Otelo y sus compañeros son insostenibles desde cualquier perspectiva legal. Pienso que ha sido un acto característico de la forma de hacer política en Portugal, siempre muy primaria. Aquí todavía no hemos llegado a la situación española, en el tema de la tortura, por ejemplo, aunque en esta operación contra las FUP, dos personas hayan tenido que ser atendidas en el hospital.

Desde su casa de Vila Nogueira participaba, en la medida de sus posibilidades, en todas las actividades para las que le reclamaban: Cada vez me resulta más difícil desplazarme fuera de aquí, por eso, en muchos casos, me tengo que limitar a colaborar por teléfono. Ya no puedo cantar, debido a mis problemas respiratorios, y las manos no me responden, lo máximo que puedo hacer es decir unas palabras en los mítines a los que me invitan o en los homenajes que me hacen. Me anima ver el cariño de la gente, que en los diez minutos como máximo que puedo estar hablando, me interrumpe muchas veces... «Zeca, Zeca...»

Murió el 23 de febrero de 1987, con 58 años. Una multitud veló el cadáver en la capilla ardiente que tuvo lugar en el Club Naval de Setúbal, núcleo proletario del cinturón industrial de Lisboa. Su entierro constituyó un último ejemplo: tras el féretro marchó primero el pueblo anónimo, coreando una vez tras otra sus canciones y enarbolando banderas rojas, simplemente, sin ninguna sigla, y claveles del mismo color; detrás, los sindicatos obreros, y por fin, enmascarados en el gentío, desfilaron algunos políticos profesionales que en vida de Zeca no se habrían atrevido a acercarse a él.

Muchos integrantes del sepelio iban de negro, a pesar de que Zeca había exigido que nadie se vistiera de luto por su muerte.

Hace 20 años que no está entre nosotros, pero aún nos queda su legado, un inmenso tesoro: más de cien canciones, numerosos poemas, varios cortos de cine, media docena de obras de teatro y, sobre todo, aquel ejemplo de honestidad e integridad para todos los artistas revolucionarios.

José Afonso es, sin duda, una de las grandes personalidades artísticas de nuestro tiempo. Su canción Grandola Vila Morena hubiese sido suficiente para inscribirle con letras de oro en las páginas de la historia, de la gran historia, la del arte y la libertad. Pero Grandola, con ser una bellísima canción y un símbolo revolucionario de obligada referencia, no representa más que un hito, un hecho destacado más entre tantos como podemos encontrar a lo largo de la vida y obra excepcionales de Zeca.

Zeca es una de las grandes glorias nacionales, como Camoens -nos comentaba un amigo portugués-, abandonado en las horas bajas por algunos que le deben todo lo que son, y olvidado por muchos que han aprendido a pensar y sentir gracias a él.

En el músico portugués se aúnan las características ideales del artista del pueblo: enorme calidad en sus trabajos e inquebrantable compromiso militante. José Afonso era un genio entrañable, un comunista íntegro. Su mirada se iluminaba cuando escuchaba el relato de las últimas actividades puestas en práctica por el movimiento anti-OTAN español, y se indignaba cuando escuchaba hablar de desencanto: el desencanto es la justificación de los traidores, nos dijo. Como él, había que estar al pie del cañón hasta el último aliento.

De modo similar a la integración conseguida por el cambio socialista español de 1982 entre amplios sectores intelectuales y profesionales, en Portugal, los residuos de cierto izquierdismo de otros tiempos corrieron a refugiarse en los lujosos salones del soarismo. Solía comentar con cierta amargura la gran desbandada de muchos antiguos antifascistas portugueses, conocidos suyos, hacia posiciones de sumisión al poder:

Muchos se han vendido por un plato de lentejas y han justificado su actitud diciendo que estaban desencantados. Me gustaría saber de qué pueden estar desencantados, si aquí no se ha producido ninguna revolución. Lo que estamos viviendo es una contrarrevolción. Si hubiese cambiado algo, y no estuviesen de acuerdo, lo entendería. Pero éste no es el caso. Ese desencanto no es más que una justificación para los que nunca han estado encantados y para todos esos traidores.

Se han dado muchos casos de desencantados a cambio de un puesto de trabajo. Yo de lo único que estoy desencantado es de mi enfermedad, que me impide seguir luchando como lo he hecho toda mi vida. Los que se apuntan a esa moda fácil no son más que unos miserables mediocres que se han vendido por un plato de lentejas. Se dedican a reunirse en los bares hablando de los viejos tiempos, a beber y a ligar. El desencanto no es más que una justificación para los traidores.

Zeca Afonso dejó un legado imborrable de integridad. Era verdad: es una de las grandes glorias nacionales de Portugal y, quizá por eso precisamente, fue abandonado en sus horas más difíciles, las últimas. Como todos los grandes artistas, murió sin reconocimiento, a causa de su compromiso inquebrantable con la revolución. Los traidores no pudieron asimilar su obra y le dieron la espalda. Para la cultura popular es un ejemplo inolvidable de entrega a la causa revolucionaria.

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