"Los lenguajes del mundo"
Alfredo Zitarrosa

Qué mala suerte tienen los que quisieran
que el hombre por lenguaje se dividiera.
Cuando el hombre comprende sus intereses
el planeta se achica y su idioma crece.

Nadie me diga que en tanto viaje
tuve problemas con mi mensaje.
Los pueblos más lejanos en el paisaje
sueñan, viven y luchan en mi lenguaje.

Qué mala suerte tienen los que quisieran
que los pueblos del mundo no se entendieran.
Cuando el hombre comprende sus intereses
el planeta se achica y su idioma crece.

Bravos lingüistas del diccionario
vayan buscando vocabulario
que ha de llegar el día, si es necesario
en que se hable un lenguaje interplanetario.

Alfredo Zitarrosa
(1936-1989)

Este gran cantautor uruguayo nació en Montevideo el 10 de marzo de 1936 y, huérfano, a muy temprana edad pasó a vivir con sus padres adoptivos, de familia militar, a los se refiere en algunas de sus canciones. Su padre le negó el apellido, por lo que utilizó tres apellidos sucesivos: el originario, de origen vasco (Iribarne), de su madre, Durán, de su padre adoptivo y, finalmente, Zitarrosa, el apellido de un argentino con el que se casó su madre al cabo de los años.

No fue la gran urbe el primer paisaje de su niñez, sino que se trasladó muy pronto al interior de Uruguay y vivió en el campo, lo que le dio un gran conocimiento de la cultura rural, que entendió y comprendió como nadie. Fue la fuente inspiradora de buena parte de su obra, en la que predominan ritmos y canciones de origen campesino, especialmente las milongas.

Zitarrosa es un cantautor con una extraordinaria formación literaria, con una cultura infrecuente y también con una gran experiencia vital, que forjó en los más variados oficios, especialmente el periodismo, la radio y la televisión, que pulieron sus dotes expresivas de gran comunicador. En 1958 gana el premio municipal de poesía y al año siguiente el premio nacional. El tribunal estaba integrado por Juan Carlos Onetti, Laura Cortinas y Vicente Basso Maglio, poeta simbolista, anarquista, que escribía los editoriales de la emisora de radio CX 14 que Alfredo leía.

En realidad aquellos editoriales, llamados "Opina el Espectador", no eran más que reflejo del sentir y el pensar de Basso Maglio. Pero el 31 de agosto de 1961 la empresa decidió que Basso Maglio no escribiera más. En el curso del mes siguiente el poeta fallece y Zitarrosa es despedido. La radio dijo que el programa cesaba por la muerte de su autor, pero Alfredo difunde una carta donde dice: "El programa no había cesado por la muerte de su autor, sino que el autor había muerto por el cese de su opinión". Su alegato a favor de Basso Maglio estaba llamativamente bien escrito y demostraba las grandes dotes expresivas de Zitarrosa.

Se fue a Perú donde trabajó como periodista y se estrenó como cantante en la radio. Luego también cantó en Bolivia y en 1964 por primera vez en su país.

Compuso su primera canción en 1960, "Recordándote". Al regresar a Uruguay, fue locutor de radio, luego trabajó también en la televisión y escribió cuentos.

Por esos años editó su primer disco, un disco doble, con canciones como "Milonga para una niña", "El Camba", "Mire amigo" o "Recordándote" que le hicieron muy famoso y le otorgaron numerosos premios internacionales.

A partir de ese momento, editó infinidad de canciones y decenas de discos que se escucharían por todas partes del mundo, presididos siempre por su honestidad luchadora, lo que le llevaría a decir: "Nosotros los cantores tenemos que cantar lo que el pueblo siente y nos equivocamos muy a menudo, especialmente cuando nos sentimos vanguardia, la vanguardia es la clase obrera. No somos creadores, somos recreadores de lo que la gente siente y piensa".

En febrero de 1971 hace pública su adhesión al Frente Amplio, y lo explicó así: "Hace una semana que me afilié al MPU del FIDEL. Al FIDEL lo voté en el 62 y el 66. Vivo aquí, en la playa, en casa de la familia de mi señora. No pago alquiler, y hoy de noche se inaugura en mi casa un comité de base". Su militancia política no era más que un alineamiento a favor de los humildes, de los oprimidos: "Escribo porque sé y porque me gusta. Me inspiro en la música y los versos. Más allá de todo eso, no puedo evitar de estar vivo y abierto, por dentro y por fuera, a la vida y a la muerte; a los demás, especialmente a los humildes; atento a los malos, a los mentirosos y falsarios, que me inspiran una curiosidad irresistible cerrado a cal y canto para los peores, del libertino al ladrón, del egoísta al torturador, del demagogo al adulón, del nazi fascista al cobarde, al ideólogo del no te metás".

Llegan los años del golpismo y la represión, que el soporta en el interior, hasta que después de casi cuatro años sin poder trabajar, el 9 de febrero de 1976, se autoexilia, trasladándose a Argentina y, a los pocos meses, rumbo a España donde siguió componiendo y actuando esporádicamente. Comenzó entonces una etapa dura de más de ocho años, la más desgarradora de todas las que le tocó vivir: "Mi corazón y mi mente están en Uruguay. Yo vivo aún en Montevideo. Trabajo de cantor popular exiliado. Soy cantor popular exiliado".

Obtuvo aplausos de pueblos de todas las latitudes, así como el respeto y admiración de músicos, compositores y artistas. Todo eso aunado a una defensa a ultranza del pueblo uruaguayo, silenciado pero no sometido.

Viajó a México en 1979 con su esposa y sus dos hijas, hasta 1983, momento en el que regresó a Argentina. A su regreso a Uruguay el 31 de marzo de 1984 decenas de miles de orientales le aplaudieron a rabiar para demostrarle al mundo que más de 8 años no alcanzaron para romper una relación cantor-pueblo.

Siguió escribiendo y componiendo, hasta que murió el 17 de enero de 1989.

Zitarrosa es un cantante cálido y acogedor como una tarde de verano. Con enorme sutileza, su música acuna con una nostalgia dulzona que, sin embargo, deja traslucir una aceba crítica de la oligarquía que controla Uruguay. Pero no se detiene ahí y llama abiertamente a luchar codo con codo, como en su inolvidable "Guitarra negra":

"Hago falta.
Yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco,
si no estoy.
Siento que hay un sitio para mí en la fila,
que se ve ese vacío,
que hay una respiración que falta,
que defraudo una espera.
Siento la tristeza o la ira inexpresada del compañero,
el amor del que me aguarda lastimado.
Falta mi cara en la gráfica del pueblo,
mi voz en la consigna,
en el canto,
en la pasión de andar,
mis piernas en la marcha,
mis zapatos hollando el polvo,
los ojos míos en la contemplación del mañana,
mis manos en la bandera,
en el martillo,
en la guitarra,
mi lengua en el idioma de todos,
el gesto de mi cara en la honda preocupación de mis hermanos"
.

Estamos en presencia la figura cumbre de la canción popular latinoamericana, aunque es difícil determinar qué es lo más importante en su obra, si su condición de autor y compositor privilegiado o la fuerza de sus interpretaciones, la lucidez, la prodigalidad de sus imágenes poéticas, su raíz inmensamente popular y cálidamente universal expresadas en sus canciones.

Cantó mucho al amos, pero lo cantó como nadie. Ese tema repetido y manoseado como pocos en la música, él lo explicó luminosamente: tampoco el amor puede sustrae a la revolución. Le preguntaron qué es el amor torrencial, y él dijo: "Es el mar de amor, en donde uno soñaría sumergirse. Estoy convencido de que ni yo ni nadie podrá zambullirse en ese mar, sin que antes se produzca una profunda transformación social". Hasta eso nos roban, lo más íntimo, lo más personal...

Muchas veces milonguero y, las menos, candombero. En 1972 argumentó: "Compongo por milonga porque es un estilo de expresión muy vivo en mi país y conserva una total vigencia entre las clases populares dentro del campo como de la ciudad". Cuando no toca milongas, opta por ritmos de similar origen campesino (gatos, vidalitas, chamarritas, zambas). Sólo excepcionalmente se aviene a incorporar a su repertorio sones de neta raigambre urbana; es el caso de sus candombés.

Realmente espectacular es su poema recitado, acompañado de música, "Guitarra negra", verdadero resumen de la historia de Uruguay y de sus propios recuerdos personales, que culmina en la narración de la muerte de una res en el matadero para exportar su carne a otros países, que sutilmente simboliza la dramática suerte del propio pueblo uruguayo, cuya cruel agonía también está destinada a ser exportada para servir el manjar en algún lujoso y lejano restaurante.

Siempre los protagonistas de sus canciones son los trabajadores. Él canta los sueños y las esperanzas de la gente más sencilla: albañiles, herreros, y expresa sus ansias de igualdad. El ambiente nostálgico de las milongas y ritmos es engañoso porque todas las canciones transpiran optimismo y confianza en la lucha popular.

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