¡¡¡ Manos arriba !!!
Esto no es un atraco

Hay bastantes folletos que circulan por ahí e incluso sitios en internet donde se puede lograr información sobre los derechos de los detenidos, sobre las posibilidades y recursos legales que tiene un luchador cuando cae en manos de los esbirros de la policía, sobre el papel del juez en todo esto, etc. Esas explicaciones presentan incluso la forma de manuales sencillos, trípticos a los que uno se puede atener cuando le detienen. Todos ellos tienen una característica principal: son de tipo legal y, por tanto, nos hablan de nuestros derechos.

Eso contrasta totalmente con lo que nosotros venimos diciendo: que vivimos en un Estado fascista y que, por tanto, aquí no hay ninguna legalidad ni derechos de los detenidos.

El choque, por tanto, no puede ser mayor y como vivimos en un país donde las detenciones son tan masivas como ilegales, es necesario aclararse.

Después de una larga experiencia, nosotros pensamos que ese tipo de folletos sobre los derechos de los detenidos son extraordinariamente perniciosos y, en nuestra opinión, los antifascistas no deben hacer ningún caso de ellos. Es muy positivo que todos estemos preparados, que no se improvise sobre estos temas porque quien forma parte de un combate tiene que tener bien claro que su vida va a estar siempre llena de problemas y que los tiene que saber remontar, y para eso lo mejor es conocerlos y saberlos afrontar de antemano. Los problemas se superan mejor cuando la salida no se improvisa sino que uno tiene ya un guión preparado.

Pero cuando se habla de improvisación, lo primero que hay que tener en cuenta es que, al menos en parte, las detenciones se pueden prevenir y, en consecuencia, impedir. Para ello hay que conocer al enemigo y saber con base a qué criterios funciona. Uno de esos criterios es el mero aspecto exterior. La policía aprovecha que los militantes solemos hacer ostentación de nuestras convicciones y reivindicaciones; llevamos distintivos (pegatinas, chapas, ropa, pelo, tatuaje) que nos distinguen de los demás porque estamos en nuestro derecho de ir por la calle como nos da la gana. Incluso a veces nos tomamos nuestro sagrado derecho como un desafío no sólo a la policía sino también a los fascistas y a mucha gente que nos rodea habitualmente. Todo eso está muy bien, pero tendremos que tener claro que haciendo uso de esos derechos facilitamos el trabajo a la policía. Para prevenir una detención no hay nada mejor que pasar desapercibido. Un policía acostumbrado a apresar a quienes considera gentuza con chupa, cadena y candado, dudará en cuanto vea enfrente a alguien con traje y corbata y oliendo a perfume Chanel número 4. Hay que tener eso en cuenta, hay que moverse entre las masas como pez en el agua, pasar lo más desapercibido posible.

Lo peor que se puede hacer es pensar que la detención es un problema legal o judicial. Por el contrario, nosotros pensamos que toda detención es un problema político, que se debe afrontar políticamente y resolverse también en ese mismo terreno.

Por el contrario, todos esos manuales lo que nos vienen a decir es que dejemos las cosas en manos del abogado, empezando por la propia redacción del manual, que los escriben abogados que han aprobado todas las asignaturas de su profesión con buena nota y conocen todos y cada uno de los agujeros de la ley. No hemos leído ningún manual escrito por ningún detenido con experiencia en calabozos y grilletes. Cualquiera de estos detenidos expertos sabe que en el momento de la detención nadie tiene abogado. La policía cuando le lee sus derechos le dice: tienes derecho a nombrar un abogado, o lo que es lo mismo de siempre: tienes derecho a un abogado pero no tienes abogado (y aunque lo tuvieras no serviría para nada).

Así que el detenido está completamente solo porque lo primero que hace la policía, además, es aislarte completamente para que te sientas así de solo. Esto transmite al detenido varias sensaciones simultáneas, entre ellas:

— que la correlación de fuerzas es muy desfavorable
— que la policia es omnipotente, que puede hacer lo que quiera con él
— que nadie se va a enterar de lo que le suceda

Veamos el primer punto. Normalmente una detención empieza cuando la policía te pide la documentación y el manual jurídico que nos han redactado los abogados nos dice que ellos también se tienen que identificar y, por tanto, que tenemos derecho a pedirles que nos enseñen la placa. Es un error muy frecuente porque supone equiparar al detenido con el policía, ponerse en el mismo plano, algo que los fascistas no pueden admitir. Ellos son superiores (agentes de la autoridad) y tienen que hacer ostentación de ello. La policía también tiene miedo y tambien actúa en un estado de incertidumbre y, como cualquiera en esa situación, se ponen agresivos para tratar de controlar algo que se les puede ir de las manos. Esa agresividad, como dice la experiencia, adopta formas desproporcionadas y exageradas. Por ejemplo, te tiran al suelo o te empujan, te golpean y gritan, te ponen la pistola en la sien... Es un truco para paralizarte, para tomar el control desde el principio, para inmovilizarte. Con una pistola en el bolsillo no pueden admitir que tú te pongas a su altura. Es absurdo. Olvídate del manual jurídico. Empieza a actuar partiendo de una premisa infalible: no tengo ningún derecho.

Pedir al policía que se identifique es una de las mayores fuentes de problemas en las detenciones y el detenido ahí no gana nada, salvo que le den una paliza. Hay que evitar el cuerpo a cuerpo porque ellos llevan todas las de ganar y tú no vas a sacar nada de tus famosos derechos. En una situación desfavorable como una detención hay que ponerse a la defensiva y tratar de salir lo mejor posible de ella. Incluso se puede evitar la detención. Por ejemplo, quizá la policía esté buscando a otro, quizá sólo quiera anotar tus datos. Después de 1992 esto es muy frecuente por la Ley Corcuera; son actuaciones prospectivas en muchos casos rastreando gente que está buscada. No les des facilidades. En este país muchas detenciones no tienen más objetivo que fichar a mucha gente para tomarles las huellas. Eso les facilita luego el trabajo posterior.

Una vez en comisaría hay que seguir con la defensiva, no ponerse nervioso, no caer en el pánico. Actúa conforme a los hechos, no a lo que te digan, ni a lo que te amenacen, ni a los chantajes como: vamos a detener a tu pareja, a tu madre o a tu hermano. A veces la difusión de las torturas ha creado tal pánico que el detenido se lanza a hablar por miedo a que le golpeen y antes de que le golpeen. Sobre la tortura tienes que tener en cuenta varias circunstancias importantes:

la tortura no depende de uno o varios policías especialmente hijos de puta sino que está planificada y autorizada por los jefes; no te torturan porque estén enfadados sino que forma parte de un sistema planificado de destrucción política del detenido

normalmente la tortura no pretende lograr información; no te torturan para que les cuentes cosas sino para acabar contigo políticamente, para que entres en contradicción contigo mismo, para que abandones y te dediques luego a tus cosas (para que escarmientes)

si algunos han vencido la tortura quiere decir que está demostrado que se puede vencer siempre; incluso en las más adversas condiciones los antifascistas demostramos que vencemos a los fascistas y a sus perros guardianes; por tanto, mucho más se puede vencer al miedo o la amenaza de la tortura: no caigas en el pánico ni te comas la cabeza tú solito.

uno de los escenarios de pánico es el despligue en las comisarías; verás decenas de policías rondar por allá, te rodearán, andarán entrando y saliendo continuamente, te preguntarán cosas para que veas que están encima, que son muchos, que saben mucho, te llamarán por tu apodo, ese que sólo conocen tus amigos más cercanos para que creas que lo saben todo, te enseñan álbumes de fotos donde aparece un montón de gente (unos los conoces y otros no); montando todo ese circo hacen alarde de que no se les escapa nada, de que la victoria es imposible, de que ellos manejan todos los hilos: no solamente son omnipotentes como Alá sino que tienen que hacer continua ostentación de ello: es su truco.

la tortura se basa en el silencio; te dirán que nadie se va a enterar de lo que te suceda, que tienen carta blanca para hacer contigo lo que les de la gana, que no les importa que les denuncies al juez: pasan de todo, están por encima de todo y de todos.

Tienes que tener en cuenta que –si las hay- las torturas sólo juegan un papel importante en las primeras horas de la detención. Por muchas razones. Por ejemplo, para que se vayan las huellas de los golpes y presentarte limpio ante el juez. Pero sobre todo porque la detención es una forma de dominación: si al principio te golpean fuerte empiezas a imginarte que aquello va a ser muy largo y que siempre va ser así. No es cierto. Por eso el lema de todos los calabozos del mundo es ese precisamente: resistir es vencer. Hay que superar ese primer momento difícil; luego no es que sea fácil pero es más fácil que antes. Si no te dominan al principio no lo van a lograr al final; si no te torturan al principio no lo van a hacer al final.

La correlación de fuerzas en la comisaría es más desfavorable que en el momento de la detención por varias razones:

— ellos son profesionales: detienen e interrogan a cientos de personas, tienen experiencia, tú quizá sea la primera, o la segunda, o la tercera
— ellos saben de tí: saben si eres novato o si eres un perro viejo y actúan en consecuencia

Los interrogatorios no son casualidad; toda la puesta en escena está planificada cuidadosamente y se basa en farsas muy viejas pero que les siguen funcionando bien, sobre todo el del poli bueno y el poli malo. Este truco es para cuando el detenido se cierra en banda; entonces la manera de que se abra es charlar distendidamente, hacer que se relaje un poco. El poli bueno no te pregunta: te habla de fútbol, de tu barrio, de gente que conoces, de la sitación en el mundo, pero como si no quisiera enterarse, no toma notas y te dice: ¿has comido? ¿has dormido? ¿quieres un cigarro? Ante esto examínate a tí mismo: si no controlas la situación suficientemente, no entres en charlas absurdas.

En un interrogatorio hay una clave fundamental: no decir absolutamente nada. Por ejemplo, te preguntan por el nombre y otras cosas que ellos ya saben. Es la manera de empezar el interrogatorio porque muchos detenidos tienen el planteamiento erróneo de pensar: voy a contar esto y esto, mientras que me voy a callar aquello otro. Quieren poner fronteras y eso –aunque es posible mantenerlo- puede dificultar las cosas. Si te notas flojo lo mejor no es poner fronteras sino cerrarte completamente, no decir nada, ni el nombre. Sólo podrás abrirte un poco si estás lo suficientemente fuerte como para silenciar el resto. Tienes que tener en cuenta que una respuesta tuya conduce a otra pregunta suya; contar una historia descubre mil hilos que ellos tienen que seguir. Cuando se empieza a hablar luego es muy difícil callar. No firmes nada y no reconozcas nada, ni siquiera las fotos.

Si te dicen que otro detenido te ha delatado, niégalo, dí que es un hijo de puta y un mentiroso. Es otro truco que suele ser falso, aunque para convencerte te lleven su declaración con su firma. Quieren enfrentaros a los dos. No suele suceder, pero si os ponen a uno frente al otro, no te cortes: aunque sea tu mejor colega díle que es un mentiroso y un cabrón. Si se ha derrotado a sí mismo es la mejor manera de que reaccione: que te vea fuerte a tí. Todo lo que le digas –aunque sean insultos- le va a dar ánimos. Que no te arrastre él a tí en su caida: arrástrale tú a él.

¿Cuándo empieza a cambiar la correlación de fuerzas? Cuando llega el abogado, pero no porque éste pueda hacer algo (normalmente es un inútil) sino por lo siguiente:

— es alguien ajeno a la policía, aunque a veces sea cómplice de ella y enemigo del detenido; por eso antes de presentártelo le suelen tantear para saber a qué atenerse.
— se acerca el final de la detención; ellos tienen ya poco margen de maniobra, el tiempo juega en su contra y a favor tuyo.

Pero ten cuidado si no conoces al abogado: a veces te presentan como tal a alguien que no lo es para que te confíes y hables con él; desconfía incluso si es un abogado de oficio. Su presencia no sirve para nada, pero está ahí. Si has contado algo previamente, es el momento de negarlo. Ahora tienes más bazas para jugar; puedes negarlo todo. Lo anterior no vale porque es el momento de formalizarlo con tu firma. A veces en lugar de guardar silencio es mejor negarlo todo: decir a todo que no y firmar. Ese es el momento de hacerlo.

Finalmente la correlacion de fuerzas sigue mejorando ante el juez. Éste es un pelele que se basa en lo anterior, así que todo va a depender de lo que haya ocurrido antes. Puede ser otro buen momento para cambiar la táctica del silencio por la de la negativa: es todo mentira, las fotos están trucadas y las grabaciones también. Pero piensa en lo siguiente: para defenderse hay que tener todas las bazas en la mano y tú sólo tienes algunas en ese momento. Si quieres, siempre vas a tener ocasión de ponerte a hablar, no tengas prisa por eso. Seguir guardando silencio no es tampoco una mala táctica entonces. No trates de contar coartadas, disculpas e historias. Una buena defensa requiere tiempo, conocer los papeles, lo que han dicho los demás detenidos, coordinar, etc. Pero la regla de oro es la siguiente: el silencio y la negativa no cierran ninguna posibilidad y dejan abiertas todas las puertas. En caso de duda es siempre lo mejor.

Finalmente, hay que decir lo siguiente: esa es la actitud a mantener ante el enemigo pero no es la actitud a mantener ante el movimiento. A los antifascistas hay que decirles la verdad porque a partir de ahí pasamos a otra fase, que es el juicio, que siempre será un juicio político en el que tendremos que denunciar la represión y llamar a la solidaridad. Ahora sí es el momento de la ofensiva. Por eso los juristas que plantean las cosas al revés están llevando a los luchadores a un matadero, eso sí, plenamente legal.

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