La alimentación forzosa es tortura

Martxelo Diaz, Iruñea
Gara 15 de diciembre de 2006

Paco Cela Seoane estuvo 435 días en huelga de hambre durante la protesta que los presos del PCE(r) y de los GRAPO entre 1989 y 1991, lo que le convierte en interlocutor privilegiado para acercar la situación en la que se halla Iñaki de Juana en el hospital de Madrid.

Cela recuerda a Gara que inicialmente su huelga tuvo gran repercusión en los medios de comunicación, pero cuando llegaron los momentos críticos forzaron todo su ordenamiento jurídico y decidieron aplicar la alimentación forzosa. Lo mismo que hacen ahora con Iñaki.

Este ex preso político gallego subraya que la alimentación forzosa está reconocida como tortura por la Organización Mundial de la Salud, en la llamada Declaración de Tokio de hace ya 30 años. Y quiere dejar muy claro que deja secuelas muy graves: Es absolutamente falsa la idea de que así no te deterioras.

Una de los aspectos que más contribuye al deterioro físico es la inmovilización a la cama. Te atan con correas como si fueras un loco peligroso, narra, en una explicación que coincide con la que aportó a Gara Alvaro Reizabal, abogado de De Juana, tras visitarle el lunes. Esto provoca la parálisis de los músculos, porque no se ejercitan. De hecho, debido a la huelga de 1989 a 1991 cuatro compañeros han quedado en silla de ruedas, detalla Cela.

Este proceso afecta igualmente al cerebro. Estás en una lucha muy dura que te va desgastando y minando todas las facultades. Hay compañeros que llegan a sufrir demencia senil y otros el síndrome de Korsakoff. Esta dolencia es también conocida como síndrome de los borrachos, ya que sus síntomas más característicos son la imposibilidad de mantener el equilibrio al caminar y dificultades para pronunciar correctamente.

Junto a ello, Cela explica que durante una huelga de hambre la sensación de agotamiento es una constante. Te alimentan durante una semana y, en teoría, te recuperas porque pueden llegar a meterte doce kilos de alimentación. A continuación, vuelves a empezar el proceso de la huelga de hambre. Cada vez estás más débil y tus facultades más mermadas. Tienes que luchar con el instinto de supervivencia, que es el instinto más básico de cualquier ser vivo. En ningún momento cesan los vómitos ni la sensación de frío intenso y las noches de insomnio se hacen eternas. Hay casos en los que se llegan a dar hasta alucinaciones, como le ocurrió a alguno de nuestros compañeros, explica.

La alimentación forzosa puede ser también un arma contra el huelguista, porque hay veces que te la aplican sin venir a cuento. No tienes ningún riesgo, porque mantienes las constantes vitales, pero te la aplican. Es una forma más de presión para el preso y demostrar quién tiene el control.

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