Un nuevo caso de censura

http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=3D47469

El Corte Inglés retira de la venta en todos sus centros el libro de Alfredo Grimaldos sobre el dirigente del PP Eduardo Zaplana.

Aprovecha las maravillosas oportunidades de LA SEMANA DE LA SANTA INQUISICIÓN en El Corte Inglés y maravíllate con la ausencia de Eduardo Zaplana, el brazo incorrupto del PP, del escritor Alfredo Grimaldos, cuyos ejemplares han sido retirados de la venta por el monopolio de grandes almacenes comerciales, en un nuevo alarde de derecho medieval.

Ya es la inquisición en El Corte Inglés.

Retomando el más puro estilo democrático que caracterizó este lugar durante los largos y oscuros años en los que duró el tribunal del Santo Oficio (o Inquisición Española), el monopolio empresarial de grandes almacenes ha tomado la decisión de ejercer censura ideológica, secuestrando ilegalmente todos los ejemplares del último libro del escritor Alfredo Grimaldos, que le habían sido entregados en depósito.

Al parecer, la órden procede directamente de la oficina de presidencia del grupo con sede en la madrileña calle de Hermosilla, y su literalidad fue tal que: ‘Quitad eso de las estanterías inmediatamente’.

Hay que decir que inmediatamente fue inmediatamente, es decir, no solo no esperaron los resultados del intento de judicialización de la libertad de expresión, sino que haciendo una excepción en lo que vienen siendo las normas de la casa, ni siquiera esperaron a la reposición de mercancías que se lleva a cabo una vez concluído el horario de apertura al público: los ejemplares fueron retirados inmediatamente, a la vista de los clientes.

Uno se pregunta en qué clase de país vivimos, donde la reducidísima oligarquía que acapara el poder como si todo fuera de su propiedad, incluidas nuestras vidas, ya ni siquiera ‘cuidan las formas’.

¿Qué será lo siguiente? ¿Visitas a la familia? ¿Pistolerismo? ¿Autos de fe contra los escritores díscolos?

Zaplana: el brazo incorrupto del PP
320 páginas, 16 euros (IVA incluido), de Alfredo Grimaldos

La obsesión por el poder político y la búsqueda del enriquecimiento económico personal han sido las dos constantes de la carrera de Eduardo Zaplana. Su participación en las escandalosas cintas del caso Naseiro no impidió que llegara a la alcaldía de Benidorm, con el imprescindible voto de una concejala tránsfuga y, posteriormente, a la presidencia de la Generalitat valenciana y al Gobierno de Aznar.

Las elecciones del 14 de marzo de 2004 cortaron su imparable ascenso y le convirtieron en uno de los principales valedores de la ‘teoría de la conspiración’. Ahora, se enfrenta a un futuro incierto. En este libro se desentrañan las turbias tramas de servidumbre e intercambio de favores con dinero público que ha ido tejiendo para alcanzar sus objetivos. Varios de sus más estrechos colaboradores están imputados en diversos procedimientos judiciales. Julio Iglesias, el ‘Pocero’ y otros grandes promotores inmobiliarios son algunos de los amigos de Zaplana directamente beneficiados por su gestión al frente de las instituciones públicas.

[Además, la Editorial Debate se ha negado a lanzar una segunda edición de la obra de Alfredo Grimaldos ‘La sombra de Franco en la transición’ que está completamente agotada. Además, la familia Rosón le ha interpuesto una querella al autor del libro, a quienes acusa de varias matanzas cometidas durante la posguerra en Galicia. Lo dicho: sigue la censura]

Apología bufa de un filósofo pillo

Nicola Lococo
Gara 21 d enero de 2007

Lo reconozco señor fiscal: ¡soy culpable! ¿De qué? ¡De culpabilidad! pues, como es sabido, en este reino de la democracia formal todos somos inocentes hasta que se demuestra que somos vascos. Ahorrémonos palabras, tiempo y dinero y obviemos el enojoso trance judicial que suponen la farsa y tramoya de su Audiencia e impónganme entre usted y el juez, cuanto antes, la condena que tengan a bien estimar, que prometo no recurrirla por cuanto ello me llena de gozo y satisfacción, viniendo de quien viene la querella a causa del noble motivo que la ha propiciado.

Pero qué pequeño es el mundo. Se ha puesto en mi conocimiento que una tal Pepa, que dice ser de Cádiz, está dispuesta a presentarme a sus hijas, a las que usted no parece o no quiere reconocer... Usted, todo un fiscal jefe de la Audiencia Nacional, parece no tener noticia del espíritu liberal con el que fuera redactada la actual Pepita, cosa que extraña en alguien que se dice progresista. Y resulta que quien nos va a instruir el caso es nuestro bienhallado Grande-Marlaska, a cuyas manos me confío, pues, de obrar con la mitad de ciencia y humanidad con la que atiende a sus pacientes en Las Arenas su hermana, la Dra. Grande, nada he de temer. Pero ni por esas crea usted que pienso agacharme ante el Tribunal.

Pero en verdad, ¡soy una víctima! de mi circunstancia, tiempo y sociedad: Nací bajo los auspicios de Marte, dios de la Guerra, en el año revolucionario del 68. Hijo de rojos, pasé por mi primera infancia junto a un oso de peluche del que aún guardo grato recuerdo. Contando apenas siete años de edad, a la muerte del Generalísimo, nos dieron en clase quince días de vacaciones y desde entonces aguardo otra feliz quincena. Cuando aquello a los escolares se nos castigaba con la vara sobre la mano extendida, mientras perdíamos la mirada en el retrato del monarca que presidía el aula.

Huelga decir lo poco que ello contribuyó a tomarle cariño a su Alteza. Poco antes, mi buena madre me enseñó a jugar al ajedrez, que consiste en atacar y dar muerte al rey, afición que desde entonces practico a diario. También por aquellas fechas inicié mi faceta filatélica, cogiéndole cierto gustirrinín a sacar la lengua al rostro de Don Juan Carlos y propinarle un soberano puñetazo en toda su estampa al objeto de estamparlo. Por si esto fuera poco, en mi pueblo natal de Castro Urdiales mi familia es conocida por el mote de los osos. Como puede apreciar, no son pocas las disculpas de mi osado comportamiento republicano. Y es que me veo rodeado, aún hoy, de muy mala gente: amigos, compañeros, y conciudadanos aplauden, ríen y jalonan mis distintas ocurrencias al respecto, y yo, inocente de mí, cojo confianza y ya ve usted...

De hallarme culpable, espero que sirvan como atenuantes las múltiples faltas de ortografía que cometo en el manuscrito de ‘Las tribulaciones del Oso Yogui’ por el que he sido encausado, y que, en sintonía, su mala caligrafía que lo hace del todo ilegible me exima parte de la condena, dado que no siendo yo ducho en el arte de la mecanografía, de la informática, menos de la impresión, es de suponer que, si el texto ha pasado del ámbito privado al público, en ello habrán concurrido diversas manos, siendo la mía, si bien la principal, no por ello la más necesaria. Pues digo yo que los insultos y las injurias perderán parte de su carga negativa de ser escritos mal.

Mas si deciden juzgarme, se estarán juzgando ustedes, pues si bien es cierto que más vale tarde que nunca, usted mejor que yo sabe que el tiempo no pasa en balde en actos de justicia, prescribiendo los delitos, asentando usurpaciones y dando por buenos los actos de la costumbre; a colación de esto, ustedes me han permitido durante más de veinte años publicar aquí y allá contra la monarquía decenas de artículos. De haber sido ustedes diligentes en mis inicios, no estaríamos en éstas. ¿Por qué entonces han decidido actuar ahora y no antes? La ciudadanía cree que ustedes actúan de oficio obedeciendo órdenes gubernamentales, en esta ocasión, tras el atentado de Madrid. ¡Yo no lo creo así! A mi juicio, usted se la tenía guardada al oso Yogui, y ha aprovechado el luto que guarda por la muerte de su creador, el insigne Barbera, para actuar contra él en plena época navideña, a modo de presente, como buen plebeyo, lacayo y vasallo que es, el día 4, víspera de la onomástica de Don Juan Carlos, víspera de los Reyes Magos.

Por supuesto, también ha contribuido el hecho de que por doquier vea mofas, burlas, sarcasmos, ironías, chistes y escarnios sobre la Casa Real en prensa, radio, televisión e internet, sin que por ello ustedes actúen como lo han hecho contra mí y mis cómplices Rodríguez y Ripa, y podría haber agravio comparativo, como sospecho que lo hay, en que a mis compañeros de fatigas les mencione por sus apellidos y en cambio sobre mi nombre infunda sospechas acerca de su autenticidad, y también en el hecho de que por mi artículo sólo me puedan caer como máximo dos años de prisión, cuando al colega de Quevedo, el articulista De Juana Chaos, le han caído 12 años de cárcel. Yo no pido más para mí, pero tampoco menos. En cuanto al texto en cuestión, en principio, no precisa defensa, si no se le ataca, pues ha de ser leído como lo que es: un escrito desenfadado, jocoso si se quiere, pero muy limitado para el enorme potencial que encierra la ecuación circunstancia-personaje-artículo.

Le doy mi palabra de que en mi ánimo nunca ha estado injuriar a la persona de Don Juan Carlos y mucho menos rebañar sádicamente en aspectos que pudieran ser objeto de estudio para historiadores o la mal llamada prensa del corazón ­donde, por cierto, sí cometen delito de forma bochornosa y vergonzante­. Ni por accidente he traicionado mi ética a éste respecto. Espero nunca tener que hacer uso de tan innobles armas de combate, pues aunque la línea de la privacidad en torno a la figura de Don Juan Carlos es difusa, yo me autocensuro mucho, y sólo trato de pequeñeces inocuas como activista que soy de la causa republicana. Flaco favor nos haríamos de vernos en un berenjenal semejante.

Ahora bien, me sorprende que en un estado laico y aconfesional, donde se permiten toda clase de vituperios contra nuestro Señor Jesucristo, ustedes reserven un trato sagrado para un hombre mortal. Que sepa yo, Don Juan Carlos no es Mahoma, ni Buda, ni Yahvé, ni mucho menos Cristo crucificado. Permítanme continuar como hasta ahora haciendo de las mías, que nada malo hay en ello, salvo darle leña al mono, que para eso está ahí, pues mientras nos ocupamos de él, no atizamos a los distintos resortes del poder establecido, cuales son la Banca, las multinacionales y las empresas de alta tecnología.

Esto por cuanto a la intención del texto. Yendo a las palabras, motivo de la querella, me veo en la obligación de decirle que como exegeta deja mucho que desear y que su capacidad lectora se reduce a un juntaletras desprovisto de comprensión, y si hay algo peor que un analfabeto en su puesto, es ser un auténtico memo alfabeto. Me explico:

­Usted dice que por medio de un juego de palabras doy a entender que Don Juan Carlos es un alcohólico. ¡Se equivoca! Podría ceñirme a hablar del rey de copas, en el sentido de la copa del Rey, muy grande por cierto... Eso sí sería hacer un juego de palabras. En cambio, lo que yo hice fue aclarar un titular ambiguo que rezaba así: «Don Juan Carlos mata un oso borracho», viéndome forzado a aclarar el posible malentendido sobre quién de los dos estaba borracho, dado que a priori la embriaguez es propia del hombre y no de los animales, ambigüedad que en este caso ha sido propiciada por la figura retórica de la personificación.

Sobre que le llamo Soberano irresponsable, la verdad es que paso vergüenza ajena al tenérselo que comentar: el término «soberano» no lo uso como marca de bebida alcohólica, sino como sustitutivo de monarca, rey, regente. Lo de irresponsable no lo digo en sentido de cafre, que podría serlo, sino de perfecto irresponsable jurídico, que es como se recoge en la Constitución. Por ejemplo, usted en este último sentido no es un perfecto irresponsable.

En cuanto mequetrefe y trapisonda ¡por favor! Aquí sí que juego con el lenguaje, pero no en el malicioso sentido que usted le da, sino, como expone Alex Grijelmo, retozando en la belleza de su sonoridad, de su encanto, de su connotación, de su colorido, de su fragancia, de su perfume, que rezuma añejas y envolventes sutilezas que escapan al diccionario. No creo yo que puedan ser insultantes o injuriosas. Más bien añaden ese toque simpático y travieso con el que se expresan Bubú y el oso Yogui. Claro que, para advertir estas briznas y matices de la lengua usted ha de estar en disposición de distinguir el uso que se da a las expresiones: «hijo de puta» y «de puta madre» y apreciar en lo que vale la diferencia entre que Don Juan Carlos diga de usted que es un hijo de la patria en un discurso ante juristas por la querella que me ha interpuesto, a que se lo diga yo, por idéntico motivo. De haber querido yo insultar o injuriar a alguien, hubiera usado distintos trucos criptográficos, como «ojo de pato» y similares, a los que, por cierto, no he renunciado en estas líneas, con principios y finales de palabras, sinalefas y cierta cadencia silábica, aparte de espejismos lógicos.

Y me ha ofendido la acusación de haberme metido con sus nietos. Nada más lejos de mi propósito, es más, Pipe, más conocido como Froilán, hijo de Doña Elena, es para mí el preferido, tanto es así que si reinara su madre, sin llegar a ser monárquico, por mis estudios filosóficos, podría ser Helenista, como algunos republicanos se dicen Juancarlistas. Aunque por nacimiento y posición se lo merezcan, todavía no les he dedicado un artículo por separado a cada uno de ellos, cosa que no sucederá hasta que pasen de los 40 kg. Entonces sí. En cuanto carga preocupante para el Estado, será mi obligación dedicarles algunos párrafos en la medida que lo crea necesario. Y para finalizar, le doy a conocer la línea de defensa más consistente, cual es la hipótesis conspiranoica: Es muy probable que a tenor de lo ocurrido, sea usted todo un republicano reprimido que agazapado como gato salvaje ha llegado al cargo que ahora ostenta con el ánimo de hacer mella en el trono sin que se le pueda reprochar nada. Con tal ánimo ha buscado una cabeza de turco para poner en su boca las distintas interpretaciones que rondan por su cabeza y resaltar aquéllas que más le han gustado de mi discurso, amplificando el eco del mismo hasta límites con los que yo nunca hubiera soñado. Y lo ha hecho con un autor de reconocida trayectoria republicana, para darle pábulo de ahora en adelante, entre los numerosos lectores que ha habido del, ahora sí, gracias a usted, famoso artículo. Estoy convencido de que alguien que ostenta su cargo no se chupa el dedo, y que muy de antemano bien sabía lo que se hacía al poner una querella contra un ciudadano anónimo que ha escrito sobre la caza del plantígrado en boca del oso Yogui.

¡Enhorabuena! Yo no lo hubiera maquinado mejor.

Pero, como le dije, estoy dispuesto a declararme culpable y no recurrir la pena con tal de no pasar por un juicio. Es más, sin que medie tortura, ni el dilema del prisionero a cambio de un trato favorable, estoy dispuesto a testificar contra mis camaradas de andanzas y fechorías, Rodríguez y Ripa, y delatar a media España si hace falta, pues en estos trece días desde que llegara a mis oídos la querella he hecho acopio de numerosas pruebas incriminatorias de humoristas, dibujantes, articulistas, presentadores... que han aparecido en los medios con la excusa Mitrofan. Con todo, si rechazase esta oferta, le ruego que de dispersarme envíe mi cabeza al psiquiátrico de Zamudio, las manos al Banco de España, el culo al Congreso de los Diputados y de cintura para abajo frontal, a Canarias.

En apoyo a Nicola Lococo

Gara 13 de enero de 2007
Carmelo Berdasco

Que en España hay una dictadura, lo sabe todo el mundo (algunos la llaman democracia, lo mismo que decía Franco de su sistema), pero lo que no nos podíamos esperar es que un republicano, escritor, filósofo, ajedrecista... Nicola Lococo, fuera enjuiciado por explicar la irresponsabilidad del rey que señala el artículo 56.3 de la Constitución, en un artículo de prensa en el que hablaba en tono humorístico del asesinato del oso que previaménte habían emborrachado por parte de ese individuo designado por Franco que juró defender y proteger los principios fundamentales del régimen de Franco (algo que no ha hecho con la Constitución rechazada por los vascos, a pesar de lo cual se nos está imponiendo). Debemos dar a conocer y movilizarnos para poner fin a esta villanía de la dictadura postfranquista, defendiendo de este modo la libertad de expresión del compañero republicano Nicola Lococo.

Para mensajes de correspondencia y apoyo escribir a: urria949@yahoo.es

La Fiscalía se querella por dos artículos de opinión

Gara 5 de enero de 2007

Según informó ayer la agencia Europa Press, el fiscal jefe de la Audiencia Nacional ­que hoy cumple treinta años desde que sustituyó al Tribunal de Orden Público (TOP)­, Javier Zaragoza, ha interpuesto una querella contra el filósofo Nicola Lococo y contra dos caricaturistas, a los que identifica como Rodríguez y Ripa, por la publicación de un artículo, publicado en GARA y Deia, y una fotocomposición, editada por el rotativo vizcaino, en los que se criticaba a Juan Carlos de Borbón por matar un oso en una cacería organizada en Rusia. Tanto Lococo como los caricaturistas se hacían eco de informaciones en las que se aseguraba que el oso había sido emborrachado. El texto de Lococo, titulado Las tribulaciones del oso Yogui, fue publicado en este diario el pasado 2 de noviembre. La Fiscalía quiere interpretar que en este artículo de opinión se incluyen expresiones vejatorias, humillantes, atentatorias contra la dignidad y el honor del rey español, que serían manifiestamente superfluas e innecesarias para el ejercicio de la libertad de expresión. El fiscal también afirma que se le imputa al jefe del Estado español el carácter de alcohólico, que hace referencia a la falta de capacidad de discernimiento y que le domina soberano irresponsable. Para entender en qué se basa la Fiscalía, sobre este tercer punto, Lococo, a través del personaje del oso Yogui, escribía así: ¡Hey! ¡Búbú! No creas que he empleado la expresión ‘soberano irresponsable’ de modo coloquial y arbitrario, ¡muy al contrario!, resulta que este individuo está sancionado por la Constitución española como un auténtico y genuino irresponsable. Es decir, que carece de responsabilidad. Y por consiguiente, haga lo que haga, diga lo que diga, no puede ser juzgado...

La Justicia española no admite la crítica al rey

Gara 5 de enero de 2007

La decisión del fiscal jefe de la Audiencia Nacional de interponer una querella contra los autores de una tira cómica y un artículo de opinión por supuestas injurias al rey viene a recordar que en el Estado español no caben la crítica ni la denuncia a los miembros de la Corona. Según el escrito firmado por Javier Zaragoza, en el artículo Las tribulaciones del oso Yogi de Nicola Lococo Cobo ­filósofo y asiduo colaborador de diversos periódicos vascos, GARA entre ellos­ y en una tira de Ripa publicada en Deia, se atenta contra la dignidad del monarca de una forma que rebasaría el ejercicio de la libertad de expresión. Aunque es precisamente esa querella la que no puede entenderse desde la libertad de expresión, sino desde los estrechos márgenes democráticos de un sistema que castiga en su Código Penal críticas dirigidas al rey, que nunca supondrían delito de estar dirigidas a cualquier otra persona.



Adjuntamos a continuación el artículo censurado. La mejor forma de solidaridad es copiarlo y reproducirlo por todos los rincones, por todos los centros de trabajo, universidades, institutos, barrios y medios de difusión. ¡ Que los fiscales fascistas de la Audiencia Nacional no nos tapen la boca ni nos metan el miedo en el cuerpo !

Las tribulaciones del oso Yogi

Nicola Lococo, filósofo
Gara, 2 de noviembre de 2006

Nos hallamos en el tranquilo y apacible Parque Yellystone, donde el pícaro Oso Yogi y su inseparable compinche de aventuras Bubú tienen instalada su morada. Ambos se disponen a emprender su habitual paseo matutino anterior al almuerzo, y de paso, inspeccionar las inmediaciones del paraje en el que tienen previsto perpetrar su próxima fechoría en el menor tiempo posible, con la mayor eficacia, al margen de la estrecha vigilancia a la que les tiene sometidos la autoridad del lugar. Todo va como de costumbre, y llegan los primeros turistas provistos de las típicas cestas repletas de exquisitos y suculentos manjares, en los que seguramente ya habrán reparado los golosos ojos de nuestros dos simpáticos amigos. Mas, noticias llegadas de muy lejos, darán al traste con la secuencia lógica de los acontecimientos por todos conocida, sumiendo en la incertidumbre el despreocupado Carpe Diem, y el Beatus Ille en el que trascurren sus plácidos días. ­¡Huohohoyyy! ¡Búbú! Acabo de darme una vuelta por la cabaña del guardabosques y no me he podido resistir: le he afanado este teletipo. ¡Oso que está informado nunca será cazado! Veamos qué dice su titular: El rey de España mata un oso borracho. ¡He! ¡He! ¡He! ¡Heyyy! Veo la sorpresa en tu gesto Búbú. Yo también he entendido lo mismo. ¡Craso error! Por esta vez, el rey de copas no es quien nosotros pensamos, sino nuestro congénere, el bueno de Mitrofan, otrora alegre y dicharachero colega del osito Misha, a la sazón, mascota oficial de las Olimpiadas de Moscú. No sé a ti, ¡Búbú! ¡Pero me da en la nariz que no ha sido limpia la lid! Nuestro camarada apenas contaba con tres añitos de edad, pesaba sólo 150 kg, y a fe mía que era goloso y glotón como todo hijo de vecino, pero nunca probaba el alcohol de no ser obligado a ello, pues era abstemio. Veamos qué más dice: Bla, bla, bla, un periódico ruso, el Kammersant, se hizo eco del suceso, hará cosa de una semana, gracias a la denuncia interpuesta por el vicedirector del departamento para la protección y el desarrollo de los recursos naturales de Vologda. ¡Hey! ¡Ahí es nada! Llamado Sergei Starostin. Bla, bla, bla. Este alto funcionario ruso destapó la lamentable y bochornosa práctica con la que su Gobierno tiene a bien agasajar a los más ilustres mandatarios extranjeros que les visitan, cuál es, ¡Huohohoyyy! ¡Búbú! ¡Agárrate fuerte las orejas! Organizar cacerías amañadas donde los animales somos debidamente drogados momentos antes de ser puestos a tiro en el coto de caza, negándosenos así toda oportunidad. ¿Qué te decía? ¡Habráse visto! Pero continuemos con la lectura ¡Búbú!, de ello podría depender nuestras vidas. ¡Si no dejas de leer, nada dejarás de saber! ¿Te lo puedes creer? Aquí se refieren a Mitrofan como la pobre bestia ¿quién es el bestia? Más abajo dice que antes de dar comienzo la cacería, nuestro correligionario disfrutaba de su dichosa existencia en su veraniega residencia de Novlenske, donde de buenas a primeras fue capturado, metido en un deplorable cajón-jaula y trasladado sin miramientos a tan fatídica farsa. ¡He! ¡He! ¡He! ¡Heyyy! ¡aquí lo dice bien claro: durante el penoso trayecto se le suministró un colosal mejunje de rica miel, aderezada con abundante vodka de la peor calidad. ¿Te das cuenta? ¡Esta es la nueva treta que han ideado para darnos caza y captura! ¡Pero yo soy un oso muy listo! De ahora en adelante, nos abstendremos de sustraer a los turistas cesta alguna, por si un agente secreto al servicio de su majestad, deseara tendernos una trampa. Huelga decirte ¡Búbú! lo piripi que salió de su triste habitáculo el pobre Mitrofan. Por supuesto, la Casa Real ha desmentido rotundamente el incidente. Pero fuera de las fronteras, de su coto mediático, sus palabras no deben gozar de mucho crédito, pues a la creciente repercusión diplomática, a la carta abierta que la actriz francesa Brigitte Bardott le ha remitido publicada a su Alteza en los distintos medios europeos, a la enérgica protesta de repulsa expresada por distintas organizaciones internacionales, ahora se ha sumado el propio presidente de la región de Vologda, V. Pozgalve, quien superado por los acontecimientos, se ha visto forzado a abrir una investigación para esclarecer los hechos por los que el mismísimo Putin, desde el Kremlin, ha mostrado su interés, no en vano es presidente de una vasta nación, conocida en todo el orbe, como el Gran Oso Ruso. Pero no te hagas ilusiones ¡Búbú!, no seas iluso. Mientras ande suelto tan soberano irresponsable, tú, yo y todos los de nuestra especie estaremos en peligro. Por ello, ya podemos ir advirtiendo a Ricitos de Oro, para que a su vez, dé el parte a los Tres Ositos, y que éstos pasen la bola al Osito Misha, a Balú, en la India, a Yakie el osito, a Ben, en las Montañas Rocosas, hasta, no estaría de más, que se diera la voz de alarma a los ositos de peluche, incluidos, los de Froilán y toda la cuchipanda, todo sea que el mequetrefe de su abuelo, despechado por no encontrar ejemplares en la fauna, la emprenda a tiro limpio con ellos. ¡Hey! ¡Búbú! No creas que he empleado la expresión soberano irresponsable de modo coloquial y arbitrario, ¡muy al contrario!, resulta que este individuo está sancionado por la Constitución española como un auténtico y genuino irresponsable. Es decir, que carece de responsabilidad. Y por consiguiente, haga lo que haga, diga lo que diga, no puede ser juzgado ni llevado ante tribunal alguno, pues Su Majestad, en esto, como en todo lo demás, parece estar por encima de la ley, cuando con idénticos hechos otros ya se encontrarían al margen de ella, o en la cárcel. Y claro está, ¡Bubú! él, sin vergüenza, trapisondista donde los haya, se jacta de sus trofeos obtenidos ora en Tanzania, ora en Tailandia, sin ser tenido por ello como sanguinario turista reincidente. Pues ahí donde lo ves, la tiene tomada con los de nuestra preciada piel. Al menos así lo deduzco yo de otro turbio asunto acaecido allá por la primavera de 2004 en Rumanía, donde también pereció un colega en oscuras y etílicas circunstancias andando el susodicho por medio. Sin que sirva de precedente, he perdido el apetito ¡Búbú! Será mejor recogernos e invernar antes de tiempo, dando por finalizada la temporada estival. No deseo acabar mi disoluta y feliz existencia de alfombra en la Zarzuela. Según nos vaya entrando el sueño, hagamos por recordar tiempos más propicios, en los que los reyes acababan sus días de cacería, como el visigodo Fabila, hijo de Pelayo, devorado por un ancestro nuestro y de Mitrofan.

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