Explotados hasta la muerte

Sumario:

— Tres casos de suicidio en Renault
— El tributo de sangre del capitalismo
— El 90 por ciento de los crímenes laborales se produce en las PYME
— Unos 5.000 obreros mueren anualmente a causa del cáncer laboral
— La explotación intensiva provoca trastornos sicológicos en el trabajador
— Casi una tercera parte de los trabajadores padece estrés laboral
— Sólo se contabilizan 4 de cada 28 crímenes laborales
— El terrorismo patronal acabó con 2.000 vidas obreras en 2000
— Causas de la mortalidad laboral
— La mortalidad laboral de los extranjeros supera a la media en una tercera parte
— El trabajo a turnos genera trastornos para la salud del trabajador
— 14 trabajadores muertos en la crisis de la empresa SINTEL

El número de accidentes de trabajo con baja durante la jornada laboral se elevó un 4'9 por ciento entre enero y abril de 2006 al situarse en 311.605. El aumento es consecuencia especialmente del crecimiento en un 8'9 por ciento de los siniestros en el sector de la construcción.

El sector servicios experimentó asimismo un incremento del 4'9 por ciento, mientras que en la industria el alza fue del 3 por ciento. La agricultura fue la única actividad en la que se dio una reducción de los accidentes laborales, con un 8'6 por ciento menos.

En el primer cuatrimestre de 2006 se contabilizaron un total de 308 obreros muertos.

Tres casos de suicidio en Renault

Lluís Uría
La Vanguardia

La fiscalía de Versalles ha abierto una investigación después de tres suicidios consecutivos de trabajadores de Renault. El tercero dejó varias cartas en las que denunciaba la dureza de sus condiciones de trabajo

La primera vez se achacó a un mero desequilibrio personal. Un ingeniero de 39 años que trabajaba sobre el proyecto Logan en el Technocentre de Renault, en la ciudad francesa de Guyancourt (al oeste de París), se suicidó el pasado 20 de octubre [de 2006] lanzándose al vacío desde lo alto del edificio principal, con una altura de cinco pisos. Varias decenas de sus compañeros de trabajo fueron testigos de aquel último y trágico gesto de desesperación. Su esposa explicó que desde hacía tiempo sufría de estrés.

Nada especialmente llamativo. Cada año, entre 300 y 400 trabajadores -la cifra no es del todo fiable- se quitan la vida en Francia en su centro de trabajo. La muerte del ingeniero, pues, entraba en la estadística, una cuota razonable para un centro, el sanctasanctórum de la firma automovilística francesa, en el que trabajan cerca de 12.500 personas y donde se están diseñando los 26 nuevos modelos de la marca.

La segunda vez, a muchos se les heló la sangre en las venas. Sólo habían pasado tres meses de aquel impactante suceso cuando, el 24 de enero [de 2007], un técnico informático de 44 años, Hervé Tison, asociado al proyecto del nuevo Twingo, fue hallado ahogado en un estanque de captación de aguas de Technocentre. La investigación llevada a cabo por la policía de Guyancourt concluyó que había sido un suicidio y calificó a la víctima de depresivo.

La justicia descartó cualquier vinculación entre ambas muertes. Pero los sindicatos empezaron a achacarlas a las condiciones de trabajo en Technocentre, especialmente exigentes desde que el presidente de la compañía, Carlos Ghosn, puso en marcha el plan Power 8 para intentar levantar la situación económica de la empresa. El balance económico del año 2006, dado a conocer por Ghosn el pasado día 8, confirmó el momento delicado que pasa la compañía: las ventas mundiales descendieron un 4 por ciento (de 2,5 a 2,4 millones de vehículos), mientras el resultado del ejercicio cayó casi un 15 por ciento (de 3.367 a 2.869 millones de euros).

Una semana antes, alrededor de 800 trabajadores de Technocentre desfilaron en silencio por el recinto, convocados por los sindicatos, para recordar a sus dos compañeros desaparecidos y denunciar la situación laboral. En la violencia de estos actos, nosotros no vemos ninguna fatalidad. Desde hace varios meses reina en el centro de Guyancourt un clima de ansiedad, señaló entonces el sindicato SUD. Otra central, la CGT, denunció las presiones de la empresa para obtener resultados, el fuerte ritmo de trabajo, las amenazas de deslocalización, la competencia entre técnicos... La dirección de Renault negó toda relación entre los suicidios -que atribuyó a causas personales- y las condiciones de trabajo. Sin embargo, la Dirección Regional de Trabajo constató que desde la llegada de Ghosn a la presidencia de la compañía, en el 2005, había un verdadero malestar en Technocentre.

Dos suicidios en tres meses en el mismo centro de trabajo no es muy habitual, pero puede responder a una mera y fatal casualidad. Una hipótesis plausible que quedó destrozada el pasado viernes. Ese día fue hallado muerto en su domicilio de Saint-Cyr-l´École otro trabajador de Technocentre, Raymond D., de 37 años, un técnico que trabajaba en el proyecto del nuevo Laguna. Se había colgado del cuello con su cinturón aprovechando que su esposa y su hijo de 5 años se encontraban fuera, de viaje en el extranjero.

Pero esta vez la víctima dejó varias cartas. En ellas, según el diario Le Parisien, se confesaba incapaz de asumir su trabajo -es muy duro de soportar, decía- y culpaba de la situación a los máximos responsables de la empresa. Ante ello, la fiscalía de Versalles ha abierto una investigación oficial, con el fin de determinar si Raymond D. pudo haber sido víctima de acoso moral. La dirección de Renault insiste en que el suicidio es siempre el resultado de una situación personal compleja y ha llamado a no extraer conclusiones precipitadas. La viuda, sin embargo, ha sacado ya las suyas: Mi marido sufría una presión enorme, se llevaba los asuntos a casa y se levantaba por la noche para trabajar, últimamente ya no podía dormir, ha explicado.

El tributo de sangre del capitalismo

Según el último informe publicado en 2002 por la Organización Internacional del Trabajo, cada año en el mundo 270 millones de trabajadores son víctimas de accidentes de trabajo y 160 millones contraen enfermedades laborales. El estudio revela que la cantidad de obreros muertos en su puesto de trabajo supera los dos millones por año. El capitalismo mata a 5.000 trabajadores al día y estas cifras están por debajo de la realidad.

En Francia cada año el capitalismo mata a 780 asalariados, más de dos por día. También en este caso las cifras están subestimadas. Hay alrededor de 1.350 millones de accidentes de trabajo, lo que corresponde a 3.700 víctimas diarias, es decir, por jornada de ocho horas, a razón de 8 heridos por minuto.

En el XVII Congreso Mundial sobre seguridad y salud en el trabajo, celebrado en Orlando (Estados Unidos) a finales de setiembre de 2005, Jukka Takala, director del programa de prevención de riesgos laborales de la Organización Internacional del Trabajo, afirmó que en varios países industrializados, más de la mitad de las jubilaciones son anticipadas o se vinculan a la concesión de pensiones de discapacidad, y no a que los trabajadores alcancen la edad normal de retiro. Los capitalistas tratan de alargar la edad de jubilación cuando cientos de miles de trabajadores llegan al final de su vida desgastados, extenuados, mutilados, arruinados, sin poder disfrutar de los últimos años de su vida. Si bien la esperanza de vida ha aumentado, se traduce también, debido a las secuelas de la explotación, en un estallido de enfermedades del jubilado: cáncer, afecciones cardio-vasculares, depresiones, ataques cerebrales, artrosis, deficiencias sensoriales, demencias seniles y Alzheimer, entre otros.

Hoy se producirán más de 2.000 accidentes laborales en la Unión Europea, donde el ritmo es de un accidente de trabajo cada cinco segundos. Unos 5.500 obreros, de los cuales 1.300 son obreros de la construcción, mueren anualmente en los siniestros en la Unión Europea. Además, la falta de seguridad en el sector de la construcción provoca más de 1.000 muertes al año. En este sector la mitad de los trabajadores padecen dolores crónicos de espalda.

Más de 800.000 obreros de la construcción sufren cada año accidentes que les provocan bajas de más de tres días. En este sector hay graves deficiencias ya que las cifras de obreros sin asegurar son superiores a la media de total, que se sitúa entre el 7 y el 19 por ciento.

Pero las cifras de accidentes son sólo la punta del iceberg. En un accidente la relación de causa a efecto entre la explotación y la lesión es evidente. En el caso de las enfermedades laborales no es así porque operan a más largo plazo.

Las enfermedades debidas al trabajo están adquiriendo una mayor presencia entre la clase obrera. Están provocando numerosas lesiones y fallecidos entre los obreros con trabajo. En el mundo fallecen 1'7 millones de personas a causa de las enfermedades ligadas a su actividad laboral.

El XVII Congreso Mundial sobre seguridad y salud en el trabajo constató que los accidentes de trabajo afectan más a los hombres, pero las mujeres son las que más enfermedades profesionales soportan. Takala adelantó que se está demostrando en los estudios que los hombres corren el riesgo de fallecer en edad de trabajar, mientras que las mujeres padecen más enfermedades contagiosas de origen profesional, factores sicosociales y trastornos musculoesqueléticos de larga duración.

Las sustancias peligrosas matan a aproximadamente 438.000 trabajadores por año. Un 10 por ciento de los cánceres de piel son atribuibles a la exposición a sustancias peligrosas en el lugar del trabajo.

Algunas patologías de origen laboral no están reconocidas. El tabaco, por ejemplo, que afecta a trabajadores de actividades de restauración, ocio y otras del sector servicios, causará el 14 por ciento del total de fallecidos de origen profesional debido a las enfermedades que emergerán a causa de su inhalación, lo que supone una cifra de 200.000 muertes al año, indica la OIT en el último informe.

En la Unión Europea, según los datos de Eurostat, la tendinitis, la dermatitis, la pérdida auditiva, las alergias respiratorias, los trastornos musculoesqueléticos, la silicosis y la asbestosis son las enfermedades profesionales más comunes y que afectan a mayor número de obreros.

Por otra parte, el contacto con sustancias líquidas tóxicas lleva a enfermedades, como lo demuestra el diagnóstico de dermatitis en más de una cuarta parte de los 1.134 obreros de la construcción del túnel del Canal de la Mancha.

Otros casos, como el síndrome del disolvente llevan a la pérdida de memoria, fatiga aguda y otros problemas del sistema nervioso central y el uso de herramientas eléctricas degeneran en el síndrome de la vibración de la mano y el brazo. Además, uno de cada cinco trabajadores de la construcción está permanentemente expuesto a altos niveles de ruido, lo que provoca dolencias auditivas.

Chapistas, herreros, caldereros, albañiles y canteros, entre otros, tienden a sufrir periostitis. Los trabajadores de restaurantes, cajeras, costureras, mecanógrafas y lavanderas sufren procesos peritendinosos y rotura tendinosa. La bursitis se produce en trabajadores de la construcción, colocadores de parqué, baldosa, carpinteros, zapateros y, sobre todo, entre quienes trabajan de rodillas. La neuritis por compresión también recoge el síndrome del canal carpiano, y está relacionado especialmente con las lavanderas, cortadores de tejido y de material plástico y trabajos en centrales telefónicas. Los carpinteros sufren un gran riesgo de contraer cáncer nasal por la inhalación del polvo de la madera. Las neuropatías por compresión externa tienen que ver con el estado de nerviosismo debido a la presión en el trabajo. Entre quienes más lo sufren, están aquellos que realizan esfuerzos manuales que implican una compresión externa.

El 90 por ciento de los crímenes laborales se produce en las PYME

En la Unión Europea la mayor parte de los crímenes laborales se producen en las pequeñas y medianas empresas: el 82 por ciento de los siniestros ocurridos en el trabajo se producen en ellas, de los cuales el 90 por ciento acaban con la muerte del trabajador.

Un informe de la Comisión Europea sienta las bases de otro plan comunitario de Salud y Seguridad en el trabajo (¿cuántos van ya?), que se aplicará entre 2007 y 2012 con objeto de reducir los siniestros laborales en un 25 por ciento, ya que cada año se producen en la Unión Europea cerca de cuatro millones, según el comisario europeo de Empleo, Vladimir Spidla.

El informe adoptado pone de relieve además que los sectores de la construcción, la agricultura, el transporte y el sanitario presentan un riesgo superior a la media y que los trabajadores jóvenes, los inmigrantes, los mayores y las personas en una situación laboral precaria se ven más afectadas.

Según la Comisión Europea, en los últimos años han aumentado ciertas enfermedades relacionadas con el trabajo, incluidos los trastornos musculoesqueléticos, como el dolor de espalda o de articulaciones y las lesiones por movimientos repetitivos, así como las patologías causadas por el estrés.

Unos 5.000 obreros mueren anualmente a causa del cáncer laboral

El cáncer laboral aumenta en contacto con productos químicos y alrededor de unos diez millones de trabajadores de Francia y España están expuestos a productos químicos cancerígenos. Esa situación provoca una mortalidad obrera elevada, cada vez más preocupante.

El problema es mucho más grave de lo que de las estadísticas reflejan. La exposición a productos químicos supone en España 4.000 muertos al año y 33.000 accidentes, mientras que en sus estadísticas oficiales el gobierno sólo reconoce dos ó tres fallecimientos por esos motivos.

Sólo el amianto (asbesto) es culpable de unas 100.000 muertes por año y, según la OIT, es imparable. En el Reino Unido muere un promedio de 750 trabajadores por enfermedades relacionadas con el amianto. Esta industria, que mueve cada año 900.000 millones de euros y emplea a 12 millones de personas, se revela como una de las más dañinas para la salud de los trabajadores. En España 600.000 obreros trabajan en contacto con el cancerígeno amianto.

Entre el 4 por ciento y el 8,5 por ciento de los cánceres que se reconocen en Francia tienen origen laboral. En España mueren unos 5.000 obreros al año por esta causa.

Un inventario de los agentes químicos tóxicos y peligrosos que se utilizaron en la industria en Francia en 2005, realizado por Raymond Vincent, del instituto de seguridad y salud laboral INRS, desvela que se emplearon 4,8 millones de toneladas de esos productos y señala que 500.000 empleados estuvieron expuestos de forma directa a esas sustancias tóxicas. Esos agentes corresponden a una lista de 324 productos, aunque diez de ellos superaron las 100.000 toneladas. El informe destaca la producción de 715.000 toneladas de benceno, un producto altamente tóxico y cancerígeno.

Vincent explicó, sin embargo, que cree que los trabajadores en contacto con ese riesgo químico superan esa cantidad, pero que sólo se recogieron aquellos que directamente manipularon ese tipo de productos para los sectores químico, farmacéutico y textil. De hecho, otros estudios contabilizan alrededor de 2,7 millones de empleados los que, entre 2002 y 2003, manipularon productos tóxicos y se calcula que de uno a cinco millones de trabajadores estarían expuestos de forma directa a los agentes cancerígenos en sus puestos de trabajo.

La exposición continuada a esos agentes químicos peligrosos sin las medidas de prevención adecuadas conlleva la aparición de cáncer en un porcentaje muy elevado. Existen pocos estudios realizados en profundidad. De hecho, un informe del INRS francés recuerda que entre un 4 por ciento y un 8,5 por ciento de los cánceres que se reconocen en Francia tienen origen laboral.

En España, el doctor Manolis Kogevinas, del Instituto Municipal de Investigación Médica de Barcelona, explica que el 25,4 por ciento de los trabajadores estuvieron expuestos a algún agente químico peligroso en 2004.

Este médico estima que en 2002 se produjeron entre 2.000 y 15.000 nuevos casos de cáncer laboral y entre 2.000 y 9.000 muertes por esta enfermedad, lo que muestra una mediana de 8.000 nuevos casos anuales de cáncer laboral y cerca de 5.000 muertes por esa causa. Este especialista médico se queja, no obstante, de la falta de datos concretos sobre la producción química y el efecto directo sobre la salud de los trabajadores y de las personas en general.

La gravedad del problema se recoge en el último informe sobre la mortalidad por cáncer, que data de 2003. Según el Ministerio español de Sanidad y Consumo, en ese año produjo 94.100 defunciones, 59.500 hombres y 34.600 mujeres. El cáncer mata anualmente a tres de cada mil varones y a 1,7 de cada mil mujeres, señala. El cáncer de pulmón, el colorrectal y de próstata superan los 5.000 fallecidos al año entre los hombres y, aunque no se especifica la vinculación directa con el trabajo, ésta existe. La mayor mortalidad por cáncer en hombres se observa ­según esos datos­ en Asturias y el País Vasco con tasas ajustadas superiores a los 280 casos por 100.000 personas y año.

El instituto francés reconoce la gravedad de los efectos de la producción química para la salud de los trabajadores. Por eso advierte de la necesidad de llevar adelante controles esenciales en los centros de trabajo para frenar su impacto.

Existe ya una suficiente evidencia científica que muestra que los agentes físicos (radiaciones ionizantes, radiación solar); el polvo y las fibras (amianto, polvo de la madera, sílice cristalina y talco); los metales (arsénico, berilio, cadmio, cromo y níquel), los disolventes (benceno, tetracloroetileno, tricloroetileno y formalheído); y los derivados del petróleo (aceites minerales, fluidos de corte, hidrocarburos aromáticos policíclicos, alquitranes y humos de motores diesel); y, entre otros, los pesticidas (óxido de etileno, captafol y TCDD) provocan cáncer profesional.

En los centros en los que se trabaja en contacto con esos productos se tiene que aplicar un protocolo, que parte de la realización de evaluaciones de riesgos por cáncer periódicas, que supongan un control real de cada puesto.

También se considera absolutamente necesario la sustitución de esos productos que entrañan elevados riesgos para la salud de los trabajadores por otros menos peligrosos.

Se contempla, además, la adopción de las medidas de protección colectiva para reducir el impacto. Para ello, son necesarios elementos de protección individual para los trabajadores, pero también deben contar con zonas de trabajo absolutamente ventiladas para evitar niveles de inhalación de concentraciones altas.

Los casos de cáncer en la UE se extienden, según los datos aportados por Manolis Kogevinas, responsable del estudio sobre sus efectos. Lo primero que se debe tener en cuenta es que para la mayoría de productos catalogados como cancerígenos no existe un valor límite de exposición por debajo del cual se pueda asegurar que no hay riesgo. La propia exposición a ese producto aumenta la probabilidad de desarrollar un tumor maligno.

El estudio constata que en Francia se producen al año en torno a los 10.000 cánceres laborales, de los que sólo un 9 por ciento se reconocen como enfermedad profesional.

En Gran Bretaña se sitúa en 9.700 casos y el 8,34 por ciento se considera como enfermedad profesional. En Alemania se registra el mayor número de afectados, 14.700 trabajadores al año, de los que un 12,85 por ciento tienen reconocida la contingencia profesional. En Bélgica son 1.850 casos al año, un 8 por ciento profesional. En Estado español son un 8.000 casos, pero el reconocimiento no llega a un 1 por ciento.

La explotación intensiva provoca trastornos sicológicos en el trabajador

El síndrome del quemado es cada vez más frecuente a causa de la explotación intensiva, el exceso de trabajo o los ritmos asfixiantes.

Esta afección fue descrita por primera vez en 1974 en Alemania. Es una patología sicosocial que, en la actualidad, no se encuentra reconocida como una enfermedad profesional en toda su extensión, aunque es causante de un número elevado de bajas laborales. Los organismos oficiales reconocen que el problema va en ascenso en los centros de trabajo de la Unión Europea por los altos ritmos de trabajo y por la monotonía de algunas tareas.

Los efectos negativos del síndrome del burn out o síndrome del quemado están avanzando en el ámbito laboral. El exceso de tensión y de trabajo son las dos causas principales de esta afección, que genera un buen número de bajas laborales en el conjunto de la UE.

Los expertos explican que los jóvenes, las mujeres y los solteros son los que concentran mayor vulnerabilidad a este riesgo. Afecta a todas las profesiones, pero los profesores son especialmente vulnerables.

Las principales causas del síndrome del quemado en el ámbito sicológico tienen que ver con el exceso de tensión y de trabajo. Los médicos insisten en que aquellos trabajadores que realizan prolongadas jornadas de trabajo y acumulan tareas tienen también un riesgo mayor de padecerlo. Destacan que el esfuerzo que dedicamos a realizar nuestro trabajo supone un desgaste físico y síquico.

Este tipo de trastorno emocional y laboral tiene graves consecuencias físicas y sicológicas. Está comprobado que su efecto sobre la salud provoca agotamiento, baja autoestima, despersonalización y aislamiento profesional. También genera síntomas sicosomáticos comunes a la ansiedad o la depresión, que dan origen a numerosas bajas laborales.

En determinados casos el obrero puede experimentar astenia y agitación al mismo tiempo ­tics nerviosos, temblor de manos­; alto ritmo en las palpitaciones; taquicardia y pinchazos en el pecho; aumento de la tensión arterial; dolores musculares, sobre todo en la zona lumbar; dolores de cabeza; problemas digestivos; trastornos del sueño e inapetencia sexual. Estos síntomas terminan invadiendo la vida social y familiar del afectado, que opta por aislarse y quedarse solo.

Entre los factores de riesgo que pueden desencadenar el síndrome del quemado se encuentran el aburrimiento, la falta de motivación, los conflictos laborales y el estrés.

Existen numerosos factores que desencadenan el síndrome del quemado, que van desde el nivel de organización y el diseño de los puestos de trabajo, hasta un factor elemental, las relaciones interpersonales.

El mantenimiento de una estructura organizativa muy jerarquizada y rígida y la excesiva burocracia provocan una falta de participación de los trabajadores y son elementos desencadenantes del burn out. En este caso, otros factores de riesgo asociados son la falta de desarrollo profesional, un estilo de dirección inadecuado y la desigualdad en el trato y actuación entre unos y otros trabajadores.

En lo que se refiere al diseño del puesto, la sobrecarga de trabajo, la excesiva carga emocional y la escasa autonomía en cuanto a la adopción de decisiones, son situaciones que elevan la propensión a sufrir esta patología, ya que llevan a un estado de insatisfacción en el trabajo.

Además, la falta de apoyo entre los compañeros de trabajo en tareas complementarias también afecta.

El descanso aumenta la capacidad para realizar más tareas y con mayor eficacia, previniendo los errores. Por tanto, no sólo no es contraproducente sino que aumenta la explotación y el rendimiento del trabajador. Junto al descanso físico nocturno, los expertos reconocen que una buena nutrición influye en el rendimiento de cada trabajador. Una dieta excesivamente grasa o rica en azúcares de liberación rápida puede producir un inadecuado aporte calórico y energético que repone las reservas que necesitaremos en nuestra jornada de trabajo, señalan los expertos.

La estabilidad del entorno afectivo permite que el trabajador se enfrente mejor a los pequeños fracasos que se pueden suceder en el ámbito laboral. Es importante mantener unas buenas relaciones laborales con los compañeros de trabajo y con los superiores, porque dan una mayor estabilidad y una mayor eficacia.

Casi una tercera parte de los trabajadores padece estrés laboral

Un 30 por ciento de los trabajadores, más de 40 millones de personas, equivalente al total de la población española, sufre estrés laboral. Según la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo, se trata del segundo problema de salud en la Unión Europea. Es uno de los motivos por los que los trabajadores de las sociedades capitalistas más desarrolladas solicitan una baja temporal de sus puestos de trabajo.

La explotación frenética y la presión de la producción son dos elementos esenciales que alteran la actividad del trabajador hasta llevarle a una situación de ansiedad. Enfermedades cardiovasculares, gastrointestinales, problemas de salud mental y transtornos musculares y esqueléticos son algunas de las consecuencias de un ritmo fenétrico de trabajo.

Aunque es una enfermedad generalizada, las mujeres son más propensas a padecer estrés.

Entre las quejas más comunes de los trabajadores se encuentran el gran número de horas trabajadas, los plazos ajustados para realizar las tareas, así como la rapidez para acabarlas en el tiempo convenido.

En la UE el estrés laboral que sufren los trabajadores tiene un coste de 20.000 millones. Una vida sana y de relajación permiten desactivar el estrés y la ansiedad por culpa del trabajo. El estrés laboral es una enfermedad en auge. Su origen principaltiene que ver con la organización del trabajo. Una gestión inadecuada de los tiempos de trabajo o la imposición por parte de las direcciones de la empresa en la forma de trabajar provocan que el trabajador proyecte su malestar. Deriva en estrés laboral. Se calcula que el 30 por ciento de los trabajadores sufre estrés en el trabajo. Según su grado, puede concluir en una enfermedad más grave. Por ese motivo, y como siempre recordamos, el empresario está obligado a poner las medidas adecuadas para que el trabajador sienta su puesto de trabajo saludable.

Diferentes estudios calculan que entre un 50 por ciento y un 60 por ciento del absentismo laboral se produce por ese motivo. La organización Internacional del Trabajo establece que el estrés provoca una pérdida económica entre el 0,5 por ciento y el 3,5 por ciento del PIB de un país, aunque en la Unión Europea se calcula que se pierden unos 20.000 millones.

La Sociedad española para el estudio de la Ansiedad y el Estrés reconoce que el estrés puede llegar a influir negativamente sobre la salud por los cambios de hábitos que provoca; por las alteraciones que puede sufrir el sistema fisiológico, tanto el sistema nerviosos autónomo como el inmune; y, por otro lado, por los cambios cognitivos que pueden afectar a la conducta, a las emociones y a la salud.

El estrés modifica los hábitos relacionados con la salud de manera que con la prisas, la falta de tiempo, la tensión y otras actuaciones aumentan las conductas no saludables, tales como fumar, beber y comer en exceso y, por el contrario las conductas saludables como hacer ejercicio físico, guardar una dieta, dormir lo suficiente, mantener la higiene, entre otras, pierden peso. Por eso se deben potenciar las conductas que favorezcan la salud, porque, de la misma manerase reducirá el estrés. También puede producir dolores de cabeza tensionales, problemas cardiovasculares, problemas digestivos, problemas sexuales. Igualmente, puede ocasionar inmunodepresión que hace aumentar el riesgo de afecciones, como la gripe, y puede aumentar la probabilidad de desarrollar enfermedades inmunológicas como el cáncer. Hay que tener cuidado porque pacientes hipertensos presentan niveles de ansiedad e ira más altos que lo normal, que pueden dañar la salud.

Para combatir la ansiedad y el estrés existen muchos métodos. Lo que está demostrado, según diferentes expertos en prevención de riesgos laborales, es que aquellas empresas donde el clima de trabajo es bueno y, además, tienen elementos de conciliación entre la vida laboral y familiar el absentismo se reduce entre un 30 por ciento y un 40 por ciento. Por ese motivo, los expertos recomiendan que los trabajadores obtengan facilidades para disponer de la jornada de trabajo, ya que una presión elevada acelera los procesos de estrés.

Los expertos recomiendan comer sano, evitando comidas pesadas: El tiempo para la comida debe ser un momento de descanso y de ruptura con nuestras actividades profesionales y no se debe abusar del alcohol. Otro elemento fundamental para hacer frente al estrés laboral es dormir, al menos, ocho horas. Es recomendable tomar las vacaciones o los fines de semana como tiempo de ocio y descanso. Fomentar las relaciones sociales como alternativa al trabajo y dejar el trabajo en la oficina, así como los papeles son fórmulas que aconsejan los especialistas. También es bueno para desactivar ese punto de ansiedad un ejercicio moderado y, al menos, andar todos los días durante treinta minutos.

Sólo se contabilizan 4 de cada 28 crímenes laborales

En España muchas patologías de la explotación entran en el Sistema Nacional de Salud como enfermedades comunes, por lo que no se pueden contabilizar en el ámbito laboral. Según un informe de Comisiones Obreras presentado el 14 de febrro de 2007, las enfermedades laborales se cobran la vida de unas 16.000 personas al año (14.000 hombres y 2.000 mujeres). Sin embargo, el registro de estas enfermedades, que se hace con las comunicaciones de las empresas, sólo reconoció dos muertes en 2004.

Unos 80.000 trabajadores adquieren cada año una enfermedad de origen laboral, mientras que el registro sólo recoge unas 30.000, lo que supone que sólo admite el 36 por ciento de estas patologías y deja fuera al 64 por ciento restante.

La diferencia entre los casos estimados y los registrados por las empresas es muy elevado en los tumores malignos, de los que se calculan que hay unos 5.000 nuevos cada año y el registro solo recoge 9 casos. Algo similar ocurre con las enfermedades cardiovasculares (13 casos registrados y más de 1.000 estimados).

Las cifras oficiales de crímenes laborales tampoco son más que la punta de iceberg de una trágica realidad: cada jornada de trabajo son asesinados 28 obreros por motivos de trabajo, aunque las estadísticas oficiales sólo recogen cuatro. El resto de las muertes tiene su origen en enfermedades o accidentes vinculados a la explotación salvaje, que nunca son calificados como laborales.

Incluso contabilizando sólo los datos oficiales, los asesinatos laborales continúan en aumento año tras año. En el primer semestre de 2005 el número de siniestros con baja creció un 9'3 por ciento y el de los mortales repuntó otro 7'5 por ciento con respecto al mismo periodo del año anterior, según los datos oficiales del Ministerio de Trabajo, un ejemplo verdaderamente espeluznante de terrorismo patronal del que nadie se responsabiliza.

Las cifras que nos dan son esas: cada día fallecen cuatro trabajadores en accidente laboral y más de 40 sufren accidentes graves. España sigue manteniendo las cifras de siniestralidad laboral más altas de la Unión Europea.

La siniestralidad laboral en España fue de 6.569 accidentes por cada 100.000 ocupados en 2003, mientras que en la Unión Europea la media es de 4.000 accidentes. Los accidentes laborales en España suponen una parte muy importante del total de la Unión Europea. La Unión Europea registra al año unos 5.500 fallecimientos en el trabajo, a pesar de que en la mayor parte de los países europeos se excluyen los accidentes en el trayecto de ida o vuelta al trabajo. España aportó en 2001 un total de 1.030, lo que arroja el espectacular resultado de uno de cada cinco obreros muertos.

Y el número de víctimas obreras no para de crecer, alcanzando cotas intolerables en algunas comunidades autónomas, como es el caso de Madrid, donde se ha registrado un incremento del 24'5 por ciento durante la primera mitad de 2005; Castilla-La Mancha, un 21'5 por ciento más; Murcia, con un aumento del 18'2 por ciento y Euskal Herria, con un incremento del 17'1 por ciento.

Durante 2004 los datos oficiales reflejaban que 1.443 trabajadores habían fallecido en España de los cuales 955 en su jornada laboral y 488 en el camino al empleo o viceversa.

Si se tiene en cuenta la evolución desde 1996 a 2000, los accidentes con baja en el puesto de trabajo en España han aumentado un 50 por ciento. Desde 1994, los siniestros con baja han ido aumentando progresivamente, hasta alcanzar en 2001 los 958.493. En los cinco primeros años de vigencia de la ley de salud laboral, el aumento supone un 52 por ciento en los siniestros con baja, el 15 por ciento en los mortales causados en el puesto de trabajo, y el 135 por ciento en los mortales en el trayecto de ida o vuelta del lugar de trabajo.

El último informe completo del Instituto de Salud e Higiene en el Trabajo es de 2000 y reconoce que los accidentes de trabajo provocaron la pérdida de 23'1 millones de horas de trabajo en 2000, de las que el 90 por ciento fueron por accidente en el puesto de trabajo y el 10 por ciento por siniestros en el trayecto al centro de trabajo.

Pero los asesinatos laborales son un negocio: las mutuas de seguros en España tienen un mayor número de afiliados que en el resto de países de la Unión Europea. El coste económico de los accidentes está entre el 2 por ciento y el 4 por ciento del Producto Interior Bruto español, más que todas las políticas de empleo.

En todo el mundo alrededor de 1'1 millones de trabajadores mueren anualmente como consecuencia de accidentes laborales, lo que supone una media de 3.300 muertos cada día, y se registran más de 160 millones de siniestros y enfermedades vinculadas al trabajo.

El terrorismo patronal acabó con 2.000 vidas obreras en 2000

En los diez primeros meses de 2001 se registraron 1.585.670 accidentes de trabajo (3’9 por ciento más que en 2000), 874.708 causaron baja (de ellos, 813.322 se produjeron durante la jornada de trabajo), 868 fueron mortales y otros muchos, graves, quedando los obreros minusválidos de por vida. Además, en este periodo, y con respecto al año anterior, se produjo un aumento del 19 por ciento en las enfermedades profesionales con baja.

En los nueve primeros meses de 2001 los accidentes con baja y en jornada laboral experimentaron un aumento de un 3'3 por ciento más respecto al mismo periodo del año anterior. En este periodo, cerca de 9.000 trabajadores sufrieron un accidente grave, un 3'82 por ciento más que en el mismo periodo del año anterior, muchos de cuales quedaron minusválidos. Al mismo tiempo, 784 trabajadores perdieron la vida mientras trabajaban.

Durante los nueve primeros meses de 2001 se produjeron cerca de 1.400.000 accidentes de trabajo, casi 200.000 más que en el mismo periodo del año anterior. Más de la mitad fueron con baja durante la jornada laboral 725.856, un 3'3 por ciento más.

Los crímenes laborales ya habían seguido creciendo en 2000 y mataron a 1.133 obreros, un 2'3 por ciento más que el año anterior. A ellos hay que sumar 758 muertes ocurridas en el trayecto de ida o vuelta del lugar de trabajo.

Esa senda ascendente se agudiza en el conjunto de siniestros con baja (935.359), que aumentaron un 7'6 por ciento.

Respecto a 1999, las cifras recogen un total de 1.791.141 accidentes, de los que 935.359 conllevaron la baja laboral, 922.852 fueron calificados de leves, 11,374 tuvieron carácter grave y 1.133 mortal. En el trayecto al puesto de trabajo se registraron 70.051 siniestros.

La mortandad laboral es particularmente grave en el sector servicios y en la construcción y obedece a que en ambos la precariedad laboral es alarmante. Por eso el crecimiento de los accidentes mortales fue especialmente significativo en Ceuta, con una subida del 16'9 por ciento, debido al mayor peso del trabajo inmigrante, que carece de cualquier clase de derechos. En la industria, el crecimiento de los trabajadores muertos durante la jornada laboral ascendió un 15'7 por ciento.

Un tercio de todos los fallecimientos se produjo en accidentes de tráfico, lo que sitúa al transporte como el principal factor de mortalidad en el puesto de trabajo.

En la industria crecieron los accidentes un 3'3 por ciento, en la construcción un 11'8 por ciento y en los servicios un 10'8 por ciento. La siniestralidad más preocupante se sigue dando en la construcción, con unos índices de mortalidad del 23'22 por 100.000 ocupados, más del doble de la media.

El mayor número de accidentes se registró en pequeñas y medianas empresas.

Además los asesinos están perfectamente identificados, ya que unas 30.000 empresas concentran casi el 48 por ciento de los crímenes laborales, a pesar de lo cual no se toma ninguna clase de medidas.

La mayor parte de ellos recaen sobre los obreros inmigrantes y los que trabajan en condiciones precarias. Trabajar con un contrato temporal triplica las posibilidades de sufrir un accidente laboral. En España, la temporalidad afecta al 31'6 por ciento de los trabajadores, casi una tercera parte de los trabajadores.

La diferencia en cuanto a siniestralidad laboral entre trabajadores precarios y fijos se percibe especialmente en el sector de la construcción, que concentra el 24'8 por ciento de todos los accidentes y en el que la temporalidad afecta al 57'82 por ciento de los asalariados.

El sector de construcción, que en un 99 por ciento está integrado por pequeñas y medianas empresas, es el que concentra mayor riesgo de siniestralidad. Cada año, como media, se registra un total de 4'5 millones de accidentes laborales en la Unión Europea, que causan la muerte de 5.500 trabajadores.

En 1999 la tasa de incidencia (número de accidentes laborales por cada 100.000 trabajadores) en la construcción fue de 24.690 en los empleos temporales, frente a 8.115 en los indefinidos.

Causas de la mortalidad laboral

Esta situación mortífera es consecuencia de tres factores:

— el incumplimiento impune por parte de los capitalistas de las obligaciones que les impone la legislación
— la precarización creciente del mercado laboral
— el trabajo a turnos.

La descentralización productiva conlleva necesariamente una traslación de los riesgos laborales hacia empresas piratas cuyos empresarios se aprovechan del incumplimiento de todas las normas de seguridad. Los empresarios siguen burlándose de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales mientras continúan degradando el mercado de trabajo, en el que persiste una alta precariedad laboral, ya que diez de cada once contratos son temporales.

Entre 1996 y el 2003 se ha producido un incremento del 70'6 por ciento del número de accidentes de trabajo entre trabajadores con menos de siete meses de antigüedad y la relación entre siniestralidad y precariedad se constata también entre los obreros jóvenes con menos de 24 años.

La contratación temporal, las contratas y subcontratas, los llamanos pistoleros, las Empresas de Trabajo Temporal, los trabajadores autónomos, la precariedad laboral en suma, hace que coincidan en el mismo centro de trabajo los trabajadores propios de la empresa con otros trabajadores externos que tienen más probabilidades de sufrir accidentes.

En las empresas de más de 10 y menos de 250 trabajadores, el 31 por ciento de ellos son subcontratados, autónomos o trabajadores de Empresas de Trabajo Temporal. Lo mismo ocurre por sectores de actividad en donde el 25 por ciento de los trabajadores no pertenecen a la empresa principal, destacando el sector de la construcción con un 32 por ciento.

Esta situación caótica hace más compleja la organización de la actividad en la empresa, pues los trabajadores externos desconocen los riesgos del centro de trabajo y aparecen descoordinaciones que son las que provocan los accidentes.

Las estadísitcas prueban contundentemente que:

— la siniestralidad laboral ha aumentado en un 50 por ciento en las situaciones laborales precarias
— el 60 por ciento de los accidentes laborales recae en los trabajadores contratados temporalmente
— España es el país de la Unión Europea con mayor tasa de temporalidad: un 31 por ciento frente al 12 por ciento de la media europea.

Esto provoca que España encabece, a pesar de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, la lista de países donde más se ha incrementado la siniestralidad, porque el Gobierno sigue fomentando la precariedad laboral, con las negativas consecuencias sobre la siniestralidad.

La elevada siniestralidad laboral no se reducirá si no se actúa contra la elevada precariedad laboral existente, ya que es uno de los factores que protagonizan el gran aumento de las muertes laborales.

El 57 por ciento de los accidentes de 2000 fueron de trabajadores con contrato temporal.

Entre 1996 y 2000 los accidentes con baja de trabajadores con una antigüedad inferior a un año aumentaron en un 78'7 por ciento, sin embargo entre trabajadores con más de tres años en la empresa, los accidentes de trabajo aumentaron, en cambio, sólo en un 9 por ciento.

Pero si analizamos la edad se observa que los accidentes se producen entre los trabajadores más jóvenes. Los que tenían menos de 24 años en el período 1996-2000 sufrieron un 77 por ciento más de accidentes con baja, mientras que los que sobrepasan la edad de 45 años, el aumento de la accidentes se sitúa en un 32 por ciento.

Por el tipo de contrato se demuestra también la influencia muy alta de la precariedad. En 1996 la incidencia de los accidentes de trabajo en personas con contratos indefinidos fue de 44 accidentes por cien mil trabajadores expuestos y en el año 2000 subió a 47 accidentes, pero en los trabajadores con contratos eventuales pasó la incidencia de 105 accidentes por cien mil trabajadores a 145 accidentes.

En relación a la Unión Europea se demuestra que España recoge el mayor número de accidentes por cada cien mil trabajadores en los tramos de edad de 18 a 24 años y de 45 a 55 años, al ser 9.498 y 6.231 respectivamente, lo que supone el nivel más alto de la Unión Europea. La media europea está en 5.725 accidentes por cada cien mil trabajadores entre los más jóvenes trabajadores y de 3.543 entre los mayores.

Las mujeres trabajadoras entre 20 y 30 años se accidentan más que los hombres, ya que acumulan el 37 por ciento de los accidentes frente al 34 por ciento de los hombres en ese tramo de edad. En todos los demás tramos de edad de los accidentados, son los hombres los que más sufren los siniestros en los centros de trabajo.

Por sectores de actividad, se mantiene de manera preocupante la tendencia alcista de la siniestralidad en los sectores de Servicios con 305.713 accidentes con baja durante la jornada laboral, lo que supone un 6,3 por ciento por ciento más que en el mismo periodo del año anterior y el sector de la Construcción con 185.132 accidentes con baja en jornada laboral, con un 5'7 por ciento más que durante los primeros nueve meses del año 2000. Estos dos sectores son los que soportan el mayor grado de temporalidad (construcción el 80 por ciento de los contratos son temporales) y en donde la precariedad es más acusada. El uso abusivo y fraudulento en la construcción de la subcontratación de actividades y la utilización mayoritaria de trabajadores autónomos e inmigrantes ilegales, está produciendo un crecimiento importante de la siniestralidad.

Los peones de sectores como agricultura, pesca, construcción, industria manufacturera y transporte concentraron el 22'8 por ciento de los accidentes de trabajo que se produjeron en 2000. En segundo lugar se sitúan los trabajadores cualificados de la construcción con un 17'3 por ciento del total de accidentes, seguido con un 14 por ciento del Metal e Industrias extractivas.

Le sigue a este grupo, con un 13 por ciento los operadores de instalaciones y maquinaria. Los grupos de ocupación que sufren menos accidentes de trabajo son, por este orden, los responsables de direcciones de empresas y administración pública, con el 0'2 por ciento del total de accidentes; los técnicos y profesionales científicos, con el 1'1 por ciento de los accidentes con baja; los técnicos y profesionales de apoyo con el 2'1 por ciento; y los trabajadores cualificados en agricultura y pesca con un 1'8 por ciento del total.

El 21 por ciento de los accidentes de trabajo que se produjeron en la segunda hora de trabajo y el 17 por ciento en la tercera hora de trabajo.

El trabajo a turnos genera trastornos para la salud del trabajador

Los obreros sometidos a relevos en el trabajo sufren trastornos y los del turno de noche triplican sus problemas.

Distintas investigaciones de los expertos médicos demuestran que este tipo de trabajo, sobre todo el que se realiza en el turno de noche, supone un factor sicosocial desfavorable para la salud y entraña trastornos para el trabajador.

Sin embargo, a causa del aumento de la explotación del proletariado, en los países industrializados se va a incrementar en los próximos 30 años el trabajo a turnos, con jornadas laborales tanto diurnas como nocturnas.

Las recomendaciones médicas chocan con el interés de los capitalistas, que prefieren mantener la maquinaria en marcha cuanto más tiempo mejor para obtener la mayor rentabilidad en el menor tiempo.

Distintos estudios sobre prevención de riesgos laborales reconocen que los trabajadores a turnos están menos satisfechos que quienes tienen turno fijo. Los problemas para la salud del trabajador son extensos y conllevan una cierta gravedad. Con el paso del tiempo los obreros que trabajan a relevos empiezan a padecer diferentes patologías, como los trastornos del sueño. La insuficiencia del sueño condiciona una gran parte de las consecuencias patológicas del trabajador: duerme poco y mal. Es un sueño de mala calidad.

La no adaptación al cambio horario habitual conlleva una acumulación de fatiga, que puede llegar a fatiga crónica, que se puede considerar como un estado patológico, con alteraciones de tipo nervioso, dolor de cabeza, irritabilidad, depresión, estrés, enfermedades digestivas y del aparato circulatorio.

También se producen trastornos en la alimentación, pero lo que es más grave, según la UE, el trabajo a turnos puede tener una fuerte repercusión negativa para la seguridad del trabajador porque se reduce el rendimiento del mismo, pero también la atención, por lo que el riesgo a sufrir un accidente de trabajo es más alto.

La Agencia Europea para la Salud y Seguridad en el Trabajo reconoce que la incidencia en la actividad profesional puede ser vital. La baja actividad del organismo durante la noche puede provocar que se den una serie de repercusiones negativas sobre la realización del trabajo. Entre ellas, destaca la agencia europea varias como la acumulación de errores, dificultad por mantener la atención, en percibir correctamente la información o de actuar con rapidez. Estos elementos son básicos para no tener un accidente o poner en peligro la seguridad de cualquier otro trabajador, afirma la Agencia Europea para la Salud y la Seguridad en el Trabajo.

Tanto la OIT, la Ley de Prevención de Riesgos Laborales como el Estatuto de los Trabajadores ponen límite al trabajo nocturno. De hecho, el trabajador en turno de noche no podrá hacerlo durante más de dos semanas seguidas, salvo que lo decida voluntariamente, explica el Estatuto.

Entre otras actuaciones que se deben de seguir cuando se impongan los turnos, éstos deben respetar el ciclo del sueño. Los capitalistas deben ofrecer facilidades tales como comedores, salas de descanso, etc. para que los trabajadores puedan comer de forma equilibrada y con el tiempo suficiente.

La OIT recomienda que el trabajo a turnos a partir de los 40 años sea de carácter voluntario.

Los obreros que trabajan a relevos deben someterse a una evaluación de la salud en distintos períodos regulares del trabajo. Así, a los que se les reconozca problemas de salud ligados al trabajo nocturno tienen derecho a ser destinados a un puesto diurno, según fija la legislación, aunque ningún trabajador se acoge a este derecho por miedo al despido.

En la Unión Europea el 20 por ciento de los trabajadores del sector industrial y el 18 por ciento del sector de servicios trabajan a turnos, es decir, por encima de 20 millones de empleos.

14 trabajadores muertos en la crisis de la empresa Sintel

Cuando se recuerda la lucha de los trabajadores de Sintel se dice que dejó en la calle a más de 2.000 obreros directos y a otros 2.500 de las 23 empresas auxiliares. Pero éstos fueron sólo los que dejó vivos el cierre de la empresa; vivos aunque muertos de hambre. Además costó la vida a 14 de ellos, 7 por suicidio y otros 7 por infarto. Otro más estuvo rehabilitándose tras permanecer dos meses en coma. Además hubo otros 70 obreros en tratamiento psiquiátrico.

Estas son algunas de las consecuencias de la lucha que mantuvieron contra el cierre patronal de su empresa, una antigua filial de Telefónica vendida al repulsivo gusano Mas Conosa, el gran defensor de la democracia cubana.

Los trabajadores iniciaron una lucha en defensa de sus puestos de trabajo desde 1991, cuando Telefónica redujo drásticamente sus inversiones en la que hasta entonces era su filial. El 14 de diciembre de 2000 presentó un expediente de regulación de empleo para 1.201 trabajadores, incumpliendo lo que había firmado apenas dos meses antes. Muy poco después, en enero del siguinte año, los trabajadores decidieron acampar en el centro de Madrid hasta conseguir cobrar las diez nóminas que les debían y la elaboración de un plan de futuro para la empresa.

Tras meses durmiendo en el suelo, en el centro de Madrid, Vicente Redondo había decidido pasar el fin de semana en casa con su familia.

Llegó muy contento ese día asegura Rosa, su viuda: Estuvimos hasta las dos de la mañana hablando aquí, en el comedor. Al día siguiente, a las nueve menos cuarto de la mañana se murió sin poder decirme ni adiós. Vicente tenía 50 años y dos hijos, Katia, de 19, y David, de 18. El 17 de marzo su corazón no aguantó más. Un infarto le convirtió en otra víctima mortal del conflicto que vivieron los trabajadores de la empresa Sintel durante diez años.

Vicente llevaba acampado en el paseo de la Castellana desde que en enero de 2001 sus compañeros decidieron darlo todo: la salud, su tiempo, las relaciones familiares... todo, para defender su puesto de trabajo. Formaba parte de los 1.800 trabajadores que desde entonces ocuparon la calle madrileña en patéticas condiciones. A mi marido le mató la empresa. Estaba sano como un roble, pero había acumulado una ansiedad tremenda que ha terminado con él. El nerviosismo de pensar que con 50 años se quedaba sin trabajo; la incertidumbre de no saber qué pasaría al mes siguiente, asegura su viuda.

Francisco Romero ni siquiera llegó a saber lo inhumano que resulta dormir a tres metros del paso continuo de coches y autobuses; sin letrinas, sin agua, sin calefacción...

inicio programa documentos galería