Argentina: ¿de la crisis del sistema a la restauración peronista?

Pablo Otero, Ignacio Serrano
Tierra y Libertad, núm. 209, diciembre de 2005
editado por la Federación Anarquista Ibérica

Siempre es difícil escribir la historia que a cada uno le toca vivir. Este es el desafío que se presenta al tratar de poner en letras lo que como personas vivimos, los distintos momentos y sensaciones y las luchas que hicimos y que seguimos haciendo. Pero vale un intento de ver el pasado y el presente cuando se trata de alumbrar el futuro; por eso es que sirve hacer un resumen de lo vivido en los últimos años. De esto tratan estas páginas.

Marco histórico de la crisis

Es imposible entender la crisis política que se hizo manifiesta en diciembre de 2001 sin comprender a grandes rasgos las características de la historia argentina, por lo menos desde la década de 1940; por lo tanto nos limitaremos a trazar unas líneas de análisis. Partimos del primer gobierno de Juan Domingo Perón, un militar populista como tantos de Latinoamérica, con fuertes simpatías hacia el franquismo, al punto de que se exilió en España. Perón logró terminar definitivamente con la influencia de los anarquistas en las masas populares, pero no sólo de éstos, sino también de socialistas, comunistas y otras tendencias, por medio de la cooptación de la CGT (la central sindical única; aún hoy el resto del sindicalismo espera reconocimiento de personalidad jurídica). Pero además logró articular un modelo casi keynesiano de políticas económicas que generó una alza en la calidad de vida de amplios sectores de la población antes marginados, apoyado en gastos del Estado; nacionalizó sectores clave de la industria, como los ferrocarriles; y pudo polarizar la discusión política entre peronistas y antiperonistas por más de 30 años.

En 1955 Perón es derrocado por un golpe militar. Hasta los 70 se sucederán en el gobierno dictaduras militares y gobiernos democráticos (con el peronismo proscrito). En 1973, asumirá Perón, en un momento de luchas sociales muy fuertes, con predominancia de los grupos de lucha armada (fundamentalmente dos: Ejército Revolucionario del Pueblo, marxista-leninista, y Montoneros, peronista de izquierda). El peronismo se hallaba muy dividido entre la derecha y la izquierda; Perón eligió un bando, y no fue el de la revolución socialista, sino más bien el de las hordas fascistas de la Alianza Anticomunista Argentina.

A la muerte de Perón en 1974, todo el equilibrio se pierde. Su esposa y vicepresidenta del país, Isabel Perón, no puede controlar la situación... En 1976 un golpe de Estado inicia la represión más sangrienta que haya conocido el pueblo argentino: 30.000 desaparecidos, secuestrados y asesinados son el saldo. Esta dictadura no sólo está en el poder para reprimir, sino también para imponer el neoliberalismo, contrayendo gran parte de la actual deuda externa, para dar subsidios a grandes empresarios, y nacionalizando la deuda privada de los mismos burgueses.

Tras una gris década del 80, con transición a la democracia incluida, la década del 90 fue el escenario de la vuelta del peronismo al poder; sólo que el presidente Carlos Menem aplicó un programa que poco tenía que ver con el de Perón, excepto por la represión y la corrupción. Privatizó las empresas de servicios del Estado y aniquiló la poca industria que quedaba, favoreciendo a los importadores y a los inversores extranjeros. Su ministro de economía, Domingo Cavallo, se convirtió en un símbolo del neoliberalismo y el ajuste. Todos estos elementos signaron tanto al gobierno de Menem como a su sucesor Fernando de la Rúa. Éste llegó al poder criticando la política económica de Menem, pero siguió a fondo sus recetas, que habían sido fuertemente aplaudidas por el FMI y el Banco Mundial.

De la Rúa, elegido en 1999 gracias al voto anti-Menem, rápidamente se mostró incapaz de contener la protesta, demostrando la falta de voluntad de su gobierno para torcer el rumbo económico y social de exclusión creciente que afrontaban las clases desposeídas.

2001 fue el año en que todo estalló. La crisis inminente fue acelerada por las maniobras de desestabilización de sectores del peronismo, generando un nivel de movilización que rápidamente superó a cualquier tipo de marco institucional.

En este marco se llegó a un gobierno de transición a la normalidad, presidido por el representante del peronismo en la provincia de Buenos Aires y líder mafioso (capo de la droga) de la oposición a De la Rúa, Eduardo Duhalde. Su gobierno planteó en lo económico la continuación del modelo neoliberal, pero con algunas reformas; la devaluación de la moneda, con lo que cambió el sector de la burguesía beneficiado: de los importadores y especuladores financieros a los exportadores, sobre todo agrícolas. En lo social encaró la represión abierta a los sectores populares; durante su mandato, la policía asesinó a dos militantes del MTD Aníval Verón, Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, en un piquete. Sus muertes son representativas de las decenas de asesinados por el Estado en sus intentos de pacificar el país; son en cierta forma símbolos de cómo el Estado trató de ahogar la resistencia. No lo pudieron hacer.

En 2003 Duhalde, habiendo sido elegido por el Congreso para terminar el mandato de De la Rúa, llamó a elecciones en las que se reafirmó una tendencia que se venía dando desde las elecciones legislativas de 2000: la decadencia del radicalismo (partido pequeño burgués de carácter democrático) y la división del Partido Justicialista (peronista). Es decir, la decadencia del sistema bipartidista. En estas elecciones, se pudo ver cómo frente a la posibilidad certera de un nuevo triunfo de Menem, la gente votó a otro peronista como Néstor Kirchner, un desconocido gobernador de Santa Cruz, una provincia patagónica.

En los dos años que lleva Kirchner en el gobierno, combinó la continuación de la política económica duhaldista, dotándola de un discurso nacionalista (pero privilegiando siempre el pacto con los organismos de financiación internacionales), con un giro en la relación con el campo popular. La nueva estrategia que intentó Kirchner fue la de incorporar a su gobierno a la mayor cantidad de sectores en lucha posible, para utilizarlos de base social, al tiempo que estigmatizó a los sectores que continúan en la oposición franca, logrando dividir las luchas. Entre los sectores que hoy se encuentran colaborando con el gobierno se encuentran, tristemente, las Madres de Plaza de Mayo (en su rama mayoritaria). Esto le fue posible por la utilización de un discurso fuertemente crítico de la dictadura militar de 1976-1983, con una reivindicación de la lucha de los desaparecidos y persecución a los militares culpables, que habían sido indultados por Menem y estaban protegidos por dos leyes del gobierno radical de Raúl Alfonsín (1983-1989). Kirchner presta excesiva atención a la defensa de los derechos humanos cuando se habla del pasado, pero su política económica continúa condenando al hambre a millones de habitantes del país, y llenando las cárceles de presos políticos.

Estallido social y después

La crisis económica llevó, como era previsible, a la explosión social en diciembre de 2001. El pueblo, autoorganizado y espontáneo, se enfrentó a la policía, creó asambleas en los barrios, hizo cortes de carretera, ocupó fábricas... Son conocidos estos hechos en todo el mundo; vale la pena ver entonces la evolución de estos movimientos hasta el día de hoy.

Las asambleas, que empezaron con mucha fuerza, fueron disminuyendo en número y actividad al tiempo que se iban politizando, es decir, saliendo de lo meramente barrial o cotidiano y constituyendo un sujeto político por derecho propio. El día de hoy en Buenos Aires hay asambleas que son extremadamente fieles a los principios que les dieron origen, mientras que otras se presentan en las elecciones con el nombre de Asambleas del Pueblo... Entre las asambleas que siguen fieles a sus principios, muchas mantienen espacios ocupados, y buscan relacionarse con el barrio a través de acciones culturales y políticas. En la ciudad de Buenos y Aires es paradigmático el caso de la Asamblea del Cid Campeador o de la Asamblea Popular de Almagro, ambas con locales ocupados.

En lo que respecta al movimiento piquetero, la primera aclaración necesaria es que no se trata de un movimiento único, sino que hay muchas organizaciones piqueteras que responden a diferentes programas políticos. Podemos decir que en los últimos dos años se han definidos tres grandes grupos, tres movimientos piqueteros. Por un lado, tenemos a los grupos alineados con el gobierno peronista de Kirchner, quienes hasta 2002 integraban el llamado campo popular y a día de hoy que actúan como grupo de choque del kirchnerismo. Dichos grupos se reconocen, en general, en la tradición de izquierda del peronismo, representada por los montoneros en la década de los 70. Podemos decir, por tanto, que el gobierno de Kirchner quebró al movimiento piquetero cooptando a algunos de sus dirigentes, que hoy en día participan en diferentes Secretarías del Estado. El método de cooptación fue político pero también económico, por cuanto se destinaron millones de pesos en subsidios y proyectos productivos para fortalecer a estas organizaciones, en el marco de la construcción transversal que propone Kirchner, a nuestros ojos como forma de ganar base social frente a un Partido Justicialista que no le responde ciegamente.

Estos movimientos alineados con el Gobierno tienen estrategias de acción asistencialistas y actúan desde una lógica instrumental, utilizando a la gente como ganado para actos, marchas o piquetes (aunque dada su alianza con el gobierno prácticamente han suspendido los cortes de carreteras o calles, e incluso realizan algunos en apoyo a Kirchner).

Un segundo gran sector piquetero es el que responde a la izquierda partidista. Desde finales de los 90 quedó demostrada la capacidad de lucha del sujeto desocupado, por lo cual los partidos de izquierda volcaron sus aparatos en la construcción de herramientas de lucha para este campo. Así, cada partido construyo su brazo piquetero, y ni se molestaron en ocultar la relación. Por ejemplo, el Partido Obrero levantó el Polo Obrero, el Movimiento Socialista de los Trabajadores hizo lo propio con el Movimiento Sin Trabajo y así. Las excepciones fueron partidos demasiado chicos o sectarios (Partido de los Trabajadores por el Socialismo, Movimiento al Socialismo, etc.) que, desde una óptica más obrerista, desdeñaron la lucha de los desocupados. Las prácticas que caracterizan a estos movimientos no distan demasiado de las de las organizaciones peronistas alineadas con el gobierno, sólo que su signo político es diferente. El control de los planes sociales -subsidios del Estado a los desocupados- es el timón que les permite manejar los barrios en los que se insertan. Como consecuencia del surgimiento y consolidación de estas corrientes de izquierda, en algunos barrios han sido desplazados los punteros peronistas (dirigentes de base con prácticas mafiosas), lo cual sin duda representa un avance, dado que al menos la izquierda no se dedica a la compraventa de drogas y armas.

Un tercer movimiento piquetero es aquel que cuestiona las formas de organización verticales y jerárquicas. Este grupo está representando por el relativamente nuevo Frente Popular Darío Santillán, que aglutina diferentes grupos, como el Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón, el Movimiento de Unidad Popular y otros de menor porte. En estos movimientos trabajan la mayoría de los compañeros libertarios. Si bien reciben los planes sociales del Gobierno (por lo cual no podemos criticarlos, ya que la situación en los barrios es realmente crítica) estos movimientos realizan un manejo diferente de los mismos, con criterios colectivos e intentando fundar cooperativas y alternativas autogestionarias. Estos grupos plantean una ruptura de corte revolucionario con la sociedad actual v critican tanto al Estado como al capitalismo, lo cual los ubica cerca de nuestras ideas.

Además de estos tres grandes grupos tenemos al Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados, que dirige Raúl Castells, que en líneas generales es crítico con el gobierno, pero no puede ser agrupado en ninguna de las categorías anteriores ya que no se coordina en las luchas con los demás sectores y dado su corte personalista tiende a giros que dificultan su caracterización. De ser uno de los grupos más numerosos ha sido prácticamente desarticulado, en parte por las persecuciones desde el gobierno que han llevado a su dirigente a la cárcel en numerosas oportunidades.

Otro fenómeno social que caracterizó a este período de luchas, fue el de las fábricas y empresas ocupadas y puestas a producir por sus trabajadores. Durante los 90, muchos empresarios prefirieron vaciar las fábricas y venderlas. En la crisis de 2001 se registró una fuga de capitales sin precedentes (las reservas del Banco Central bajaron a cifras históricas) y cerraron cientos de fábricas, que fueron recuperadas por sus trabajadores.

Durante el 2002 se multiplicaron por cientos las experiencias de este tipo a lo largo y ancho del país. Cada caso tuvo una particular evolución, y tenemos tres ejemplos paradigmáticos: Brukman, Zanón y Sasetru. Brukman, fábrica de trajes de alta calidad, fue ocupada por sus trabajadoras días antes de las jornadas del 19 y 20 de diciembre. Tras una larga lucha en las calles pero también legal, en la que contaron con el apoyo de todo el campo popular, las trabajadoras fueron desalojadas en un violento operativo (una verdadera cacería humana en Buenos Aires). La forma que encontraron para recuperar sus puestos de trabajo fue armando una cooperativa con el Dr. Caro a la cabeza. Este abogado es la herramienta del gobierno para desarticular las posibilidades de verdadera autogestión en fábricas y empresas recuperadas. Con los recursos del Estado, Caro organiza las empresas, volviéndolas rentables, pero reinsertándolas en el capitalismo, haciendo que los trabajadores se autoexploten.

La segunda experiencia emblemática es la de Zanón, la principal productora de cerámica del país. Ubicada en la provincia de Neuquén, la lucha por Zanón se dio en el marco de la lucha contra la burocracia del gremio de los ceramistas y con la oposición mafiosa del gobierno provincial. Hoy en día Zanón es un ejemplo de lucha, funciona enteramente gestionada por sus trabajadores y ha aumentado su productividad e incluido a desocupados de organizaciones piqueteras.

El tercer ejemplo que poníamos es el de Sasetru. Esta fábrica de pastas, que llevaba años cerrada, fue ocupada por el Polo Obrero con la intención de ponerla a producir. El gobierno, empecinado en frenar el avance de las luchas, instrumentó una feroz represión y fue desalojada.

Una caracterización del movimiento de fábricas recuperadas podría ser la siguiente: por un lado se encuentran las empresas que se han convertido en cooperativas bajo la égida del gobierno y funcionan como empresas capitalistas, por otro lado se encuentran aquellas que plantean una lucha contra este sistema y que pidiendo o no subsidios del Estado intentan crear nuevas relaciones sociales en el marco de la producción. En medio de estos dos extremos se sitúan multitud de experiencias mixtas.

Por lo general, aquellas empresas recuperadas cuestionadoras del orden vigente, combinan su actividad económica con actividades culturales, convirtiendo muchas veces la fábrica en cuestión en un verdadero centro cultural abierto al barrio. Así se dan clases, teatro, diferentes talleres, recitales, etc.

En estos días se está dando la lucha por la expropiación temporal del Hotel Bauen, hotel de gran categoría ubicado en el centro de Buenos Aires y uno de los centros de la vida política de la izquierda de la ciudad.

Finalmente, queda hablar de las luchas que vienen dando los trabajadores y cómo éstas los llevan a oponerse a las burocracias sindicales de la central sindical única (CGT). Cabe destacar que el Argentinazo (como se llamó a las jornadas del 19 y 20 y al movimiento posterior) fue preparado tanto por los piqueteros, como por los estudiantes, pero también por los trabajadores, en particular por los estatales y los docentes, que fueron de los únicos que mantuvieron la lucha contra el menemismo.

Luego del 19 y 20, vemos una profundización de luchas de distintos sectores obreros que antes no estaban movilizados, como puede ser el caso de los trabajadores del Subterráneo de Buenos Aires o de los mensajeros (motoqueros). En ambos casos se dio la organización a través de asambleas internas, de comisiones gremiales, de modo democrático y asambleario.

En estos últimos dos años, como consecuencia de la devaluación de la moneda y caída del salario de los trabajadores, además del relativo descenso de la tasa de desocupación, las luchas obreras han aumentado grandemente. En algunos casos las mismas son llevadas adelante por la burocracia de la CGT y contenidas, en otros casos las bases movilizadas superan a los dirigentes burocráticos, ya sea en luchas puntuales o en elecciones de Comisiones Internas. Esto representa un grave problema para el gobierno, que ha puesto en marcha estrategias de división de la clase trabajadora con respecto a los desocupados y otros sectores en lucha, y dentro de la clase trabajadora, entre los sectores más radicalizados y los dialoguistas, entre los trabajadores en blanco y en negro, entre los estatales y los privados, etc. Así vemos a figuras de primera línea del gobierno de Kirchner tachando de terroristas a las enfermeras del Garrahan (hospital infantil de alta complejidad) por llevar adelante una huelga exigiendo un salario equivalente a lo que el mismo gobierno define como lo mínimo para que una familia pueda no ser considerada pobre.

La situación general

Estas diversos sujetos en lucha confluyen en un campo popular bastante movilizado, aunque con poca capacidad de arrastre respecto a la sociedad en general si lo medimos en base al año 2002. Con el gobierno de Kirchner se dio una mejora en los indicadores macroeconómicos y cierta recuperación (marcada por ganancias récord que no son distribuidas equitativamente). En este repunte económico influyen muchos factores, pero lo cierto es que tras la crisis de 2001 amplios sectores de la sociedad prefieren confiar en este gobierno y podríamos caracterizar la actual etapa de reflujo de luchas, con un campo popular a la defensiva que pasa a la ofensiva en ciertos casos muy puntuales donde condiciones como los bajos salarios dan legitimidad evidente a las convocatorias. De todas maneras la situación social se encuentra en un punto particularmente volátil.

Por parte del gobierno es evidente que pretenden acabar definitivamente con el ciclo de luchas que llegó a su punto más álgido en diciembre de 2001. Así emprenden una campaña de crítica hacia el movimiento popular que busca aislar a los sectores más radicalizados, sobre los cuales descarga la represión legal o ilegal. Pero Kirchner todavía no pudo terminar con la movilización; en estos últimos meses se han dado importantes luchas de los docentes y estudiantes universitarios, así como de los trabajadores de los hospitales Garrahan y Posadas, que pusieron nuevamente en cuestión la capacidad de este gobierno para apaciguar la lucha social.

Evaluación del papel del anarquismo en las luchas actuales

El movimiento anarquista participó, desde un primer momento, de las luchas que encaró el pueblo. Pero lo que sucedió es que los anarquistas, reducidos en número y superadas muchas veces nuestras expectativas, no pudimos lograr mantener viva la llama del primer momento. El quiebre que sufrieron muchas luchas, sumado a las estrategias desmovilizantes de la izquierda partidista, que intentaba poner a cada lucha su firma, nos hizo muy difícil avanzar en los planteamientos libertarios que habían sido tomados, sin un conocimiento firme de los mismos, por el pueblo.

Si el proceso de movilización de 2001 falló en imponer un serio cuestionamiento al capitalismo y al estatismo en Argentina, esto se debió no sólo a la falta de conciencia revolucionaria en las masas, sino también (y estos dos puntos se encuentran relacionados muy íntimamente) por la falta de preparación de que adolece el movimiento libertario. Sin embargo, la crisis de la que todavía no salimos fue extremadamente positiva para el anarquismo; proliferaron grupos y periódicos, y se sumaron multitud de personas que antes de 2001 no hubieran creído posible la transformación social. Se acerca mucha gente a los locales, y no sólo, como fue durante la década del 90, estudiantes o familiares de viejos luchadores, sino trabajadores y desempleados, jóvenes y mayores, mujeres y varones... El anarquismo está creciendo.

En cuanto a la composición del llamado movimiento anarquista, podemos ver que peca de una seria falta de organización y coordinación entre grupos, no sólo a nivel nacional, sino también local. Las divisiones teóricas y prácticas (sobre todo entre insurreccionalistas y organizacionistas) demuestran la juventud de nuestro movimiento. En este sentido, la tarea que debe realizar la FLA (Federación Libertaria Argentina) para dotar al anarquismo de mayor presencia en las luchas populares es trabajar fuertemente por la organización del mismo, para la coordinación de las distintas tareas (barriales, sindicales, estudiantiles, culturales) con el objetivo del comunismo anarquista. En este sentido que debemos combatir ciertas tendencias derrotistas e irreflexivas que son muy comunes entre los anarquistas.

Hacia el futuro

El título de este informe merece una explicación. En estos dos años Kirchner logró generar un cierto nivel de satisfacción con su tarea, y derrotar en el interior del peronismo a otras tendencias, dándose el lujo hoy de enfrentarse con Duhalde, que lo había apadrinado. En las últimas semanas se han dado luchas muy importantes para los trabajadores de la salud y la educación, sectores relegados por el gobierno de Kirchner. Las elecciones que se aproximan pueden ser o bien la legitimación que busca el gobierno para profundizar sus políticas, con lo cual volvería a unificarse el Partido Justicialista en torno a la figura de Kirchner; o bien la ratificación de que el ciclo de movilización popular continúa. Nuestro deber como anarquistas es llamar a la abstención electoral para golpear no sólo al gobierno de Kirchner sino también a cualquier otro burgués que quiera ocupar su lugar: organizados en Asamblea Antielectoral lo estamos realizando.

Pero nuestro mayor deber, que no podemos rehusar, es el de organizarnos para luchar junto al pueblo y hacer resurgir ese grito espontáneo de 2001: que se vayan todos. Y agregarle y que no venga ninguno.

inicio programa documentos galería