Bush no está equivocado, nosotros sí

Alberto Cruz
Rebelión, 16 de enero de 2007

El nuevo plan de Bush para Iraq está desatando ríos de tinta. Casi tantos como la ejecución de Sadam Husein. Sin embargo, una lectura detallada de lo que se refleja en ese plan pone de manifiesto que Iraq no es más que la coartada, otra más, de la reordenación geoestratégica de Oriente Medio que EEUU viene impulsando desde el año 2002. En la prensa alternativa de EEUU alguien escribió que la ejecución de Sadam Husein no era más que una cortina de humo necesaria para desviar la atención sobre el objetivo iraní. Ahora son personajes como Paul Craig Roberts, un antiguo miembro del gabinete de Ronald Reagan y colaborador del diario The Wall Street Journal, quienes mantienen una tesis similar.

En Europa nos hemos vuelto a fijar en lo insustancial, el aumento de tropas, en vez de lo esencial: EEUU necesita la estabilización militar de Iraq para centrarse en la desestabilización de Irán y Siria. Una derrota militar en Iraq –la derrota política ya es evidente- haría imposible cualquier aventura militar en cualquier otra parte del mundo, y más en esa zona. De ahí la necesidad de aumentar tropas y pacificar, así sea virtualmente, el país árabe para dejar el camino libre a otras operaciones militares en otros lugares.

Bush lo ha dicho tan claro que parece mentira que no se haya entendido bien:

El tener éxito en Iraq también requiere defender su integridad territorial y estabilizar la región frente a desafíos extremistas. Esto comienza con la dirección [gobierno] de Irán y de Siria. Estos dos regímenes están permitiendo que los terroristas y los insurrectos utilicen su territorio para moverse dentro y fuera de Iraq. Irán está proporcionando la ayuda material para los ataques contra las tropas americanas. Interrumpiremos los ataques contra nuestras fuerzas. Interrumpiremos el flujo de la ayuda de Irán y de Siria. Y buscaremos y destruiremos las redes que proporcionan el armamento avanzado y que entrenan a nuestros enemigos en Iraq.

Sin embargo, la guerrilla es mayoritariamente suní mientras que las fuerzas antiocupación son mucho más amplias, como el Ejército del Mahdi, vinculado a Muqtada al Sáder. Los sirios son suníes, pero tienen una relación estratégica con Irán aunque en los últimos meses han restablecido relaciones diplomáticas con Iraq y se han convertido en el país al que con más frecuencia viajan los altos cargos del gobierno colaboracionista iraquí. El presidente colaboracionista, Jalal Talaban, va a visitar este país de forma oficial esta semana, por ejemplo. Los iraníes son shiíes, por lo que si a alguien están apoyando es a sus correligionarios religiosos y no a la guerrilla. De forma especial, al Ejército del Mahdi, convertido en la principal amenaza para los intereses de EEUU en Iraq según los documentos militares que se vienen publicando en los últimos meses y que la semana pasada volvieron a reflejar medios tan poco sospechosos de criticismo con la Administración Bush como la televisión ABC.

Según estos informes, los explosivos y armas iraníes utilizadas en ataques contra las fuerzas de ocupación han causado la muerte de 198 soldados estadounidenses y británicos, así como más de 600 heridos. Pero no es una apreciación sólo de la inteligencia militar estadounidense, sino de la británica. El diario The Scotsman dice que las fuerzas de ocupación británicas piensan lo mismo del Ejército del Mahdi y que antes de que finalice su retirada –para finales de este año está prevista en unos 3.000 soldados de los casi 8.000 que mantiene- hay que debilitarlo en la zona de Basora, para lo que ya se están realizando operaciones militares puntuales y limitadas para no provocar un levantamiento general shií que empeore la situación.

El petróleo, siempre el petróleo

Luego lo que Bush está diciendo con claridad es que se van a abordar operaciones estilo Somalia contra Irán y Siria. De hecho, la intervención en Somalia supone el establecimiento de una cabeza de playa en una zona que es vital dentro de África por las inmensas riquezas energéticas que hay allá y, de forma especial, el petróleo en Sudán. Esta es la razón del conflicto de Darfur. Y con Irán pasa algo parecido, y más desde que este país decidió el 18 de diciembre de 2006 convertir al euro en la moneda oficial de cambio en todas sus transacciones financieras incluyendo, claro está, el petróleo.

Bush dice que con la decisión de enviar más tropas a Iraq, y otras anteriormente puestas en marcha, se protegen los intereses americanos en Oriente Medio. Y menciona concretamente el envío de dos portaaviones al estrecho de Ormuz, realizado en dos fases, antes y después de la aprobación el 27 de diciembre de 2006 por el Consejo de Seguridad de la ONU de una resolución, la 1737, contra Irán por su programa nuclear y por la que se imponen una serie de sanciones a este país. El presidente de EEUU añade, además, que van a ampliar las actuaciones de inteligencia –ya existe una estación de este tipo en Dubai- y anuncia que va a desplegar sistemas de misiles anti misiles Patriot para tranquilizar a nuestros amigos y aliados.

Es evidente que estos portaaviones y sistemas de misiles no tienen como objetivo el combate contra la guerrilla iraquí. ¿Cuál es entonces? Mantener el flujo petrolífero por esta zona del Golfo Arábigo-Pérsico, por la que pasa el 40 por ciento de todo el comercio de petróleo a nivel mundial, en caso de conflicto bélico con Irán y, si este país es atacado, evitar la respuesta persa contra las instalaciones petrolíferas y gasísticas de los países del golfo.

Y algo curioso: a las pocas horas de terminar su discurso se detuvo a cinco funcionarios iraníes en Irbil, donde realizaban funciones consulares. Es evidente la provocación con la intención de buscar una respuesta iraní que legitime un paso más en la estrategia que ya está en marcha, tal y como dice la emisora CBS citando fuentes del Pentágono: los militares [de EEUU] han planeado incursiones fronterizas secretas [desde Iraq] en Irán. Suma y sigue. Un par de días antes el Departamento del Tesoro había declarado al banco Sepah, el quinto de Irán, como objeto de sanciones por su supuesta financiación de investigación de misiles con capacidad de portar las famosas armas de destrucción masiva. Este banco tiene 3.400 oficinas en todo Irán pero, lo más importante, también en París, Francfurt y Roma. Francia, Alemania e Italia tienen ahora que decidir qué hacer con las oficinas que están en su territorio.

El discurso de Bush también hace referencia al petróleo: Iraq aprobará la legislación para entregar los réditos del petróleo a todos los iraquíes. Fantástico. Es lo que viene haciendo Venezuela desde hace tres años y Chávez es satanizado y considerado un totalitario por ello. Sólo que, en el caso de Iraq, lo que está en marcha es justo lo contrario de lo que predice Bush: las empresas de las potencias ocupantes (EEUU y Gran Bretaña de forma especial) se van a beneficiar de forma principal y casi exclusiva de la privatización de las reservas. Según el diario británico The Independent, los EEUU han participado directamente en la elaboración de una ley que permite a las compañías de estos países embolsarse hasta el 75 por ciento de los beneficios en los primeros años; concede a las multinacionales occidentales contratos de 30 años de vigencia para extraer el crudo iraquí y, además, prevé acuerdos para compartir con el Estado iraquí la producción. Esto significa que Iraq va a conservar la propiedad legal del petróleo, pero da una parte importante de sus beneficios a las multinacionales que inviertan en infraestructura, pozos, oleoductos y refinerías. Un caso único dentro de los países de la OPEP y más en la zona. Por poner unos ejemplos cercanos, en Arabia Saudí e Irán la industria petrolera está bajo control estatal.

La reacción de China y Rusia

Si bien el clima está favoreciendo la contención de los precios del petróleo, bajando 10 dólares en un mes, la batalla por la energía está en plena ebullición. La OPEP no está dispuesta a que los precios continúen bajando y apuesta por una nueva reducción para mantener el coste del barril por encima de los 55 dólares. Rusia considera que debe producir menos, también, y China apuesta decididamente por la inversión en otros mercados alternativos; su compañía, la Corporación Nacional China de Petróleo, acaba de pasar a la estadounidense Chevron y a la francesa Total convirtiéndose en la séptima del mundo al hacerse con la principal compañía de Kazajstán.

Estos dos países han dado un toque de atención a EEUU al vetar, de manera conjunta, una iniciativa de EEUU en la ONU sobre la democratización de Myanmar. Desde 1972 no se producía un hecho semejante. Rusia y China no han ejercido su derecho de veto en tantas ocasiones como EEUU. China lo había hecho por última vez en 1999 en un tema sobre Taiwan, Rusia en el año 2004 en otro sobre Chipre. Hasta ahora habían mantenido un perfil bastante discreto en la ONU, incluyendo su voto favorable a las sanciones contra Irán establecidas en la Resolución 1737, pero los planes de EEUU son cada vez más agresivos y ellos tienen mucho que perder en caso de ataque, así sea puntual y limitado, a Irán. El veto en el tema de Myanmar, una iniciativa que provenía de EEUU, tiene que interpretarse como una llamada de atención al régimen de Bush sobre su estrategia sobre Irán.

Rusia ha firmado contratos millonarios en asistencia técnica al programa nuclear civil iraní y quiere sacar su petróleo del mar Caspio a través de oleoductos iraníes. China, por su parte, pese a manifestar que no quiere ningún conflicto con EEUU, ha hecho saber que sus relaciones con Irán son soberanas –en respuesta a la crítica de EEUU por haber firmado un contrato cercano a los 100.000 millones de dólares para desarrollar el campo gasífero de Yadavaram- y que no va a consentir ningún tipo de injerencia en la relación bilateral.

Bush no se ha equivocado con su nueva estrategia, que va más allá de Iraq. Nosotros sí con la nuestra. El mes de marzo está a la vuelta de la esquina. Ese mes el mundo reeditará las movilizaciones populares contra la guerra en Iraq. Es el momento de aplicar los aspectos recogidos en la Declaración Final de la Conferencia Internacional de apoyo a la resistencia que se celebró en Beirut el pasado noviembre y de incluir, en primer plano, a Irán. De lo contrario volveremos a repetir el error iraquí: nos molestamos más por las mentiras con las que se justificó la guerra que con la guerra y la ocupación en sí. Las mentiras se repiten ahora con otros argumentos en el caso de Irán. Que no nos lamentemos después por esas mentiras si se produce una nueva guerra.

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