La fiebre del coltán

Afrol News

El coltán es la conjunción de dos minerales, el colombio y el tantalio, considerados materias primas estratégicas para el desarrollo de las nuevas tecnologías.

Es fundamental para las industrias de aparatos electrónicos, centrales atómicas y espaciales, misiles balísticos, videojuegos, aparatos de diagnóstico médico no invasivos, trenes sin ruedas (magnéticos), fibra óptica, etc. Sin embargo, el 60 por ciento de su producción se destina a la elaboración de los condensadores y otras partes de los teléfonos móviles. El coltán permite que uno de los sueños occidentales se haga realidad, con él las baterías de los móviles de bolsillo mantienen por más tiempo su carga, ya que los microchips de nueva generación que con él se elaboran optimizan el consumo de corriente eléctrica. Después de ser usado en un principio para los filamentos de las lamparitas, luego fue reemplazado en esta función por el más barato y accesible tungsteno, y parecía condenado al olvido.

Sin embargo en las últimas décadas el valor volvió a preñar al coltán, volvió a darle vivacidad, a convertirlo en mercancía. Mucho más cuando se produjo el boom comercial de los teléfonos móviles que en número de 500.000 inundaron el mercado en el 2000. Desde unos años antes, sin embargo, el colombio-tantalio que era extraído en Brasil, Australia y Tailandia había empezado a escasear. La japonesa Sony, por ejemplo, tuvo que aplazar el lanzamiento de la segunda versión del juguete preferido de los niños occidentales, la Play Station, debido a este incordio. El gran aumento de la demanda ha hecho establecer un mercado ilegal paralelo en el Africa central. Nótese el resultado de esta nueva fuerza del mercado: tres millones de muertos en cuatro años. Veamos.

Para muchos países africanos, a finales del siglo XX, la devaluación de los productos agrícolas, y la desertificación, provocaron una fuerte revalorización de sus recursos mineros, nueva fase del errante camino para relacionarse con el mercado internacional. En las provincias del este de la República Democrática del Congo (RDC, Zaire), consideradas por la UNESCO reservas ecológicas de gran importancia, se encuentra el 80 por ciento de las reservas mundiales de coltán. Allí han puesto sus ojos, sobre todo en los últimos diez años, las grandes multinacionales: Nokia, Erikson, Siemens, Sony, Bayer, Intel, Hitachi, IBM y muchas otras. Se han formado en la zona toda una serie de empresas (muchas de ellas fantasmas) asociadas entre los grandes capitales transnacionales, los gobiernos locales y las fuerzas militares (estatales o guerrilleras) para la extracción del coltán y de otros minerales como el cobre, el oro y los diamantes industriales. Las grandes marcas comenzaron la disputa por el control de la región a través de sus aliados autóctonos, en un fenómeno que la misma Madeleine Albright llamó la primera guerra mundial africana.

En 1997 fue derrocado el presidente congoleño Mobutu Sese Seko, de estrecha relación con los capitales imperialistas de origen francés. Kagame, actual presidente de Ruanda, quien estudió en centros militares de Estados Unidos e Inglaterra, y Museveni, presidente de Uganda, país considerado por Washington, un ejemplo para las naciones africanas, lideraron la conquista de la capital de la RDC, Kinshasa, y pusieron a cargo de este país a un amigo, Laurent Kabila. En un nuevo reparto se dispusieron concesiones mineras para empresas varias entre las cuales figuran la Barrick Gold Corporation, de Canadá, la American Mineral Fields (en la que Bush padre tenía intereses) y la surafricana Anglo-American Corporation, todo ello en desmedro de las antiguas concesionarias francesas.

En los años transcurridos hasta hoy han disputado la guerra dos bandos no demasiado estrictos. Ruanda, Uganda y Burundi, apoyados por Estados Unidos, solventados por créditos del FMI y el Banco Mundial, y ligados a varias milicias rebeldes con nombres exóticos (Movimiento de Liberación del Congo, Coalición Congoleña para la Democracia), por un lado, y la RDC (liderada por uno de los hijos de Kabila, luego de que su padre fuese asesinado por ruandeses), Angola, Namibia, Zimbabue y Chad y las milicias (hutus y maji-maji) correspondientes, por otro. En 1999 se establecieron las líneas divisorias entre las fuerzas opuestas, en el Acuerdo de Lusaka, una suerte (siempre provisional) de reparto del territorio, a la usanza de la Conferencia de Berlín de 1885, donde las potencias europeas se distribuyeron el continente para facilitar el saqueo y explotación. Una de las posibilidades futuras es, entonces, la partición de la RDC.

Si todas estas naciones se disputan el control del territorio, desde otra perspectiva son las propias corporaciones las que están repartiéndose la zona. Se han creado distintas empresas mixtas con este fin, la más importante de las cuáles es la SOMIGL (Sociedad Minera de los Grandes Lagos) que está integrada por tres sociedades: la Africom (belga), la Promeco (ruandesa) y la Cogecom (surafricana). Todas las licencias para la compraventa del coltán fueron suprimidas a fines del 2000. Las fuerzas militares ruandesas ligadas a la SOMIGL han logrado de esta manera evitar el gasto de intermediarios, controlan monopólicamente la comercialización del coltán. Sus camiones y helicópteros hacen el traslado interno. Poseen, por supuesto, sus propias compañías de transporte que son propiedad de parientes cercanos a los presidentes de Ruanda y Uganda. Utilizan los aeropuertos de Kigali y Entebe entre otros. En estas verdaderas zonas militares las compañías aéreas privadas (una de las cuales -Sabena- de origen belga, está asociada a American Airlines) ingresan armas y se llevan minerales.

La mayor parte del coltán extraído (luego de ser acumulado hasta subir los precios) tiene como destino Estados Unidos, Alemania, Bélgica y Kazajstán. La filial de Bayer, Starck, es la productora del 50 por ciento del tantalio en polvo a nivel mundial. Con el tráfico y la elaboración están vinculadas decenas de empresas, con participación en grandes corporaciones monopólicas de diversos países. Naturalmente una entidad financiera, creada en 1996 con sede en la capital de Ruanda, Kigali, el Banco de Comercio, Desarrollo e Industria (BCDI) y que ejerce de corresponsal del Citibank en la zona, mueve fuertes sumas de dinero procedente de las operaciones relacionadas con coltán, oro y diamantes.

Es de nuestro interés destacar cómo, para este negocio, se relacionan estrechamente los grandes capitales monopólicos de las grandes potencias con los poderes y capitales locales, a través de las formas típicas del capital imperialista: las asociaciones monopolistas de comercio, industria y bancos (organizadas a través del mecanismo de la participación, que ya destacara el propio Lenin) y la vinculación entre empresas privadas, estados y familiares del gobierno. No se trata de malas personas y gobernantes corruptos, estamos ante los mecanismos arquetípicos del imperialismo. Véase un ejemplo: Eagle Wings Resources (EWR) es una empresa de riego compartido entre la americana Trinitech y la holandesa Chemi Pharmacie Holland.

El representante local de EWR en la capital de Ruanda es Alfred Rwigema, el cuñado del presidente Paul Kagame. La ONU acusa al presidente ruandés de jugar un papel motor en la explotación de los recursos naturales de la RDC.

Las grandes empresas financian, por supuesto, a las distintas fuerzas militares, que montadas en los preexistentes conflictos interétnicos, sostienen una guerra por el control de las minas, en la que en los últimos cuatro años han muerto entre 2'5 y 3 millones de personas. Ruanda y Uganda han diseminado unos 40.000 soldados, que cuentan con los mejores equipos, en los Parques Nacionales de la RDC, donde se hallan las reservas. Según el mismo Kofi Annan ha declarado: la guerra del Congo se libra por el control de sus riquezas naturales. En un informe del IPIS (investigación del Servicio de información para la Paz internacional independiente) se demuestra que las sociedades europeas y norteamericanas que comercian con el coltán contribuyen a la financiación de la guerra. Tienen un gran interés en que continúe la inseguridad para permanecer en el Congo a través de las tropas guerrilleras.

En las minas aluvionales trabajan diariamente más de 20.000 mineros, bajo un sistema represivo organizado por las fuerzas militares y los poderes locales de los dos bandos en disputa. Estas pagan a los trabajadores unos diez dólares por kilo de coltán (que en el mercado de Londres cotiza alrededor de 250-300 dólares) y exigen además a estos para permitirles trabajar que se pongan con una cucharada diaria del mágico mineral, especie de tributo en especie, con el que recaudan alrededor de un millón de dólares mensuales.

La fuerza de trabajo aquí utilizada está compuesta fundamentalmente por ex campesinos y ganaderos (luego de que se devaluara la producción agrícola congoleña para la exportación de algodón y otros productos), que se alejan por largos períodos de sus comunidades y familias, refugiados, prisioneros de guerra (sobre todo hutus) a los que se les promete una reducción de la condena, además de miles de niños de la región, cuyos cuerpos pequeños pueden fácilmente adentrarse en las minas a ras de tierra. El reclutamiento de esta mano de obra opera en una doble dimensión, mercantil y coercitiva, en un doble mercado de trabajo. Las zonas mineras y las zonas de operación militar terminan por confundirse. Las migraciones frecuentes desde otras regiones hambreadas (entre 5.000 y 10.000 personas por año) son, muchas veces, definitivas, si observamos el número de muertos. Las poblaciones vecinas reclutadas a trabajar y trasladadas por la fuerza, sirven de cantera de mano de obra para esta empresa capitalista; hostigadas por grupos armados han abandonado sus residencias o se han convertido en mineros. Estos trabajadores rescatan coltán de sol a sol, y duermen y se alimentan en la selva montañosa de la zona. Se reproducen en las comunidades y en la selva por sus propios medios, alimentándose de elefantes y gorilas autóctonos, mientras las guerrillas comercializan cueros y marfil.

En otros términos: el capital, por lo tanto, no se encarga de la totalidad de la reproducción de esta fuerza de trabajo, que además de aportar en la producción de plusvalía (del coltán), aporta una especie de renta en trabajo metamorfoseada. Superexplotación: los mineros dan valor al coltán con su trabajo, pagan un tributo al estado local y además trabajan para conseguir los medios de supervivencia, alimento y refugio. Superbeneficio para el capital invertido que obtiene tasas de ganancia exorbitantes, realizadas con el sustento indispensable de la represión y el trabajo forzado. Como es tradicional en África, el racismo, la xenofobia y la ideología discriminatoria en general, son esenciales para el funcionamiento de este doble mercado de trabajo (asalariado y forzado, no libre). Aquí se monta específicamente en los conflictos interétnicos: son reclutados en especial los pigmeos y los hutus.

El capital imperialista que desde siempre (sobre todo desde la colonización de África a fines del siglo XIX) contó con el poder local, sostenido consuetudinariamente, para la provisión y reproducción de mano de obra barata, encuentra a través de los mecanismos descritos, una forma de su actualización (neocolonización dicen algunos). El trabajo forzado fue abolido por ley luego de la independencia, en la mayoría de los países africanos, pero como está sostenido en las particulares relaciones de poder consuetudinario de obediencia al jefe local, continua existiendo. Salongo lo llaman en el Congo actual. Los funcionarios de los estados locales asumieron históricamente, por supuesto, funciones de policía. Cuando los campesinos o los niños no acuden a las minas por el simple atractivo de los dólares, allí está la compulsión estatal-policial como forma alternativa de reclutamiento. Mercado y fuerza no son aquí contradictorios.

La patronal de las grandes empresas, los gobiernos de la región y los organismos internacionales explotando la contradicción de la superexplotación pretenden jugar el rol de mediadores entre los semiesclavizados trabajadores y las bandas militares xenófobas. La ONU propone un embargo provisorio de la mercadería. Mientras tanto, las ONG y los ecologistas denuncian ¡la extinción de los monos! En lo que constituye un sentimiento humanista maravilloso, titulan: Los teléfonos móviles agravan la situación de los gorilas del Congo. Y quieren que las mismas empresas que acumulan su capital aquí a sangre y fuego ¡inviertan en proyectos de ayuda para el tercer mundo! En Angola y en Sierra Leona el tráfico de diamantes financia y necesita de una guerra muy similar desde hace años. Hace unos meses se celebró una fantochada de acuerdo de Paz entre Kagame y Kabila. ¿Quién fue el intermediario? El vicepresidente de Sudáfrica, país capitalista de primer orden, de donde provienen muchos de los capitales que explotan las minas congoleñas. Se regularán quizás, es decir, se legalizarán, las relaciones de explotación. Pero la masacre continúa.

Guerra múltiple (económica, civil, interétnica, regional pero también solapadamente interimperialista o intraimperio como dirían algunos) y saqueo sistemático, nos hablan de un proceso de expoliación y proletarización (muchos no han conservado ni siquiera la vida), de acumulación primitiva de capital, continuamente renovada, que asume formas específicas en los países del tercer mundo: trabajo forzado, reclutamiento, endeudamiento, doble mercado de trabajo, propiedad de la tierra de hecho garantizada por las fuerzas armadas. Las multinacionales no han necesitado aquí muchos planes de modernización, se benefician de la fuerza de trabajo casi gratuita, un ejército industrial de reserva que vive en una pauperización absoluta en muchos casos. Esto, como es evidente, limita las posibilidades de desarrollo de un mercado interno y de una burguesía industrial local. Sólo quedan para ésta el control del comercio ilegal de armas y materias primas. La llamada transferencia de valor de la periferia hacia el centro significa que de la totalidad de la plusvalía producida en estos países, a costa de millones de muertos, las grandes multinacionales, acaparan la mayor parte, justificadamente de acuerdo a la concentración de sus capitales.

Las crecientes necesidades de la industria tecnológica del mundo han creado graves conflictos en los países menos desarrollados, nos dice el rotativo canadiense The Industry Standard, en un comentario que es aplicable a cualquier época por lo menos desde el siglo XIX. Los países capitalistas periféricos reciben en el reparto mundial funciones específicas en beneficio de los grandes capitales monopólicos. La tasa de ganancia media se regula a nivel del mercado mundial, y para cada época, depende en especial de las ramas industriales de punta, que funcionan como motor de la acumulación del resto. Hoy el coltán es fundamental para que muchas de estas industrias de punta rindan sus frutos. En este sentido la explotación de las minas africanas, que el mismo Pentágono considera estratégicas, son fundamentales para la reproducción del capital imperialista globalmente considerado. Esta forma monopólica del capital, que en una lectura atenta de Lenin, constituye el rasgo más importante en la definición del imperialismo, organiza en la República Democrática del Congo y en muchos otros países, militar, política y económicamente, la vida de las masas proletarias de ayer y de hoy. Aquí reside, a nuestro entender, la clave de la actualidad y la pertinencia del concepto. El imperialismo es fundamentalmente una forma específica de organización de la producción y reproducción del capital y del trabajo, y necesita en este sentido del Estado (de los Estados) más allá de si estos asumen o no rasgos nacionales.

Sobre la tumba de los 2.000 niños y campesinos africanos que mueren por día en el Congo, podemos, distraídos, seguir usando nuestros móviles.

Genocidio de alta tecnología en el Congo

Keith Harmon Snow
Agencia IPI, 16 de diciembre de 2006

Hasta siete millones de personas han muerto en el Congo desde 1996 a consecuencia de las invasiones y guerras patrocinadas por las corporaciones que desean controlar su riqueza minera, en particular los metales coltán y niobio, utilizados en la producción de teléfonos celulares y electrónica de alta tecnología.

Además del cobalto, esencial para las industrias nuclear, química, aerospacial y de armas, sin dejar de lado a los tradicionales diamantes, estaño, cobre y oro.

La desgracia más abandonada del mundo, según el Coordinador de Emergencias de la ONU, es la tragedia continua que vive el Congo desde 1996. Desde entonces han muerto 6 a 7 millones de seres humanos a consecuencia de las invasiones y guerras patrocinadas por los poderes corporativos occidentales que pretenden controlar la riqueza minera de la región.

El motivo oculto del genocidio es el dominio de los recursos naturales que buscan las corporaciones estadounidenses ávidas de los significativos minerales ‘raros’ coltán y niobio, indispensables en la producción de teléfonos celulares y otros ingenios electrónicos de alta tecnología; además del cobalto, un elemento esencial para las industrias nuclear, química, aerospacial y la industrias de las armas, todo esto sin dejar de lado los recursos naturales más tradicionales, como diamantes, estaño, cobre y oro.

El coltán, abreviatura de colombio–tantalio, se encuentra en suelos de una antigüedad de tres mil millones de años, como aquéllos de la región del Valle de la Hendidura de África. El tantalio, que se obtiene entre la mena del coltán, se usa para hacer condensadores diminutos esenciales para el manejo del flujo eléctrico de los artificios electrónicos. El 80 por ciento de las reservas de coltán de todo el planeta se hallan en la República Democrática de Congo (RDC). El niobio es otro mineral con una historia similar utilizado en alta tecnología.

Una historia sucia

El periodista que utiliza el seudónimo Sprocket informó en el Earth First! Journal que el boom de la alta tecnología (high–tech boom) de los años 90 hizo subir el precio del coltán empleado en los rockets aéreos a unos 300 dólares por libra (454 gramos). En 1996, EEUU patrocinó una invasión de fuerzas militares de Ruanda y Uganda que ingresaron por el oriente de la RDC. Hacia 1998 tomaron el control y ocuparon las áreas mineras estratégicas. Muy pronto, el ejército ruandés comenzó a hacerse de más de 20 millones de dólares al mes con la minería del coltán. Aunque el precio del metal ha caído, Ruanda mantiene su monopolio de la explotación y comercio del metal de la RDC. Existe una lluvia de informes sobre desenfrenados abusos de los derechos humanos en esa región minera.

El coltán sale de las minas a puestos comerciales clave, donde lo adquieren mercaderes extranjeros que lo envían al exterior, principalmente a través de Ruanda. Las empresas con capacidad tecnológica suficiente convierten al coltán en el codiciado tantalio en polvo y luego venden esa pólvora mágica a Nokia, Motorola, Compaq, Sony Ericsson y a otros fabricantes que lo utilizan en teléfonos celulares y otros ingenios ‘hig tech’.

El reportaje de Keith Harmon Snow, en Z Magazine, puso énfasis en que cualquier análisis geopolítico del Congo y de las razones por las que el pueblo congoleño viene sufriendo una guerra casi inacabable desde 1996, requiere una comprensión del crimen organizado perpetrado a través de los negocios multinacionales. La tragedia del conflicto de Congo se ha solidificado con las inversiones de las corporaciones, sus ejércitos tutelados y los cuerpos supra–gubernamentales que los apoyan.

El proceso está amarrado en todos los niveles por las más grandes corporaciones, que incluyen a Cabot Corp. y OM Group, de EEUU; a HC Starck, de Alemania; y a Nigncxia, de China. Todas éstas tienen vínculos con el Panel de Expertos de Naciones Unidas para las atrocidades en la RDC. Las redes criminales preparadas y mantenidas por las grandes compañías multinacionales practican rutinariamente la extorsión, el soborno, la violación y atroces matanzas. Mientras las corporaciones occidentales obtienen tasas de beneficio sin precedentes con la minería del Congo –hasta 6 millones de dólares en cobalto crudo salen a diario de la RDC–, raramente se menciona a estas compañías mineras en los informes sobre derechos humanos.

Quién es quién en el negocio

El trabajo firmado por Sprocket menciona que Sam Bodman, ejecutivo máximo de Cabot durante el boom del coltán, fue llamado por el Presidente Bush en diciembre de 2004 para desempeñarse como Secretario de Energía. Bajo la dirección de Bodman, de 1987 a 2000, Cabot fue uno de los más grandes contaminadores de EEUU, lanzando 60.000 toneladas anuales de emisiones tóxicas transportadas por el aire. Keith Harmon Snow, también del Z Magazine, añadió que Nicole Seligman, la actual vicepresidenta ejecutiva y consejera general de Sony, fue anteriormente consejera legal de Bill Clinton. Muchos que alcanzaron posiciones de poder en la administración Clinton pasaron a ocupar altos puestos en Sony Corporation.

El artículo Behind the Numbers (Detrás de los Números), firmado por Snow y David Barouski, detalla un tejido de corrupción estadounidense y variados conflictos de interés entre corporaciones mineras como Barrick Gold y el gobierno de EEUU bajo George H. W. Bush, Bill Clinton y George W. Bush. En el juego participan, además, distribuidores norteamericanos de armas como Simax y las compañías que fabrican material de guerra para el Pentágono, eufemísticamente llamadas proveedores de Defensa, como Lockheed Martin, Halliburton, Northrop Grumman, GE, Boeing, Raytheon y Bechtel.

También participan las organizaciones seudo humanitarias como CARE, que es financiada por Lockheed Martin; el Comité de Rescate Internacional (International Rescue Committe), que tiene a Henry Kissinger en su consejo de inspectores; Conservation, cuyos intereses mantienen la vanguardia en la penetración occidental en África Central; y, claro, las empresas de relaciones públicas y grandes medios de comunicación de circulación nacional [en EE.UU.] como The New York Times.

Sprocket cerró su artículo señalando que no es sorprendente que esta información no esté incluida en la literatura y en los manuales que vienen con sus teléfonos celulares, computadoras o joyería de diamante. Quizás –sugiere Sprocket– los teléfonos móviles deberían traer pegatinas que dijeran: ¡Advertencia!: Este artificio se creó con materiales crudos de África central, minerales raros, no renovables, vendidos para consolidar una guerra sangrienta de ocupación que, además, ha causado la eliminación virtual de especies expuestas al peligro. Que tenga un buen día.

La gente necesita comprender –afirma Sprocket– que existe un eslabón directo entre los aparatos que hacen más cómodas y sofisticadas nuestras vidas y la realidad de la violencia, tumulto y destrucción que plaga nuestro mundo.

Actualización de Sprocket

Hay grandes fortunas que se han hecho fabricando electrónica de alta tecnología, vendida a conveniencia para que la disfruten los consumidores estadounidenses, pero ¿a qué costo?

Los conflictos en África se amortajan a menudo con la desinformación, mientras a EEUU y a otros intereses occidentales rutinariamente se les baja el perfil o simplemente se omiten en los grandes medios de comunicación corporativos. El 5 de junio de 2006, la historia de tapa de la revista Time titulada Congo: El Peaje Oculto de la Guerra más Mortal del Mundo no fue ninguna excepción.

Aunque el artículo mencionó brevemente al coltán y su uso en los teléfonos celulares y en otros artilugios electrónicos, no se hizo ninguna mención sobre el papel gravitante de ésta y otras materias primas abundantes en la región en que se libra el conflicto. La historia periodística pintó la guerra continua como una tragedia lastimosa y horrible, omitiendo el rol de las corporaciones y de los gobiernos extranjeros que han creado el armazón de la violencia y a aquéllos que obtienen del conflicto muy buenos resultados para sus intereses financieros y políticos.

En un artículo escrito por Johann Hari y publicado por The Hamilton Spectator el 13 de mayo de 2006, los medios de comunicación corporativos dieron un paso en dirección a la verdadera razón de la tremenda contabilidad de cadáveres que continúan amontonándose en la República Democrática del Congo: El único cambio a través de las décadas ha sido los recursos naturales cogidos para el consumo occidental: caucho bajo los belgas, diamantes bajo Mobutu y hoy día, coltán y casterita.

Lo más perturbador de todo esto en los medios de comunicación corporativos es que pasan totalmente por alto los efectos de este conflicto que llevaron a la población nativa a una vida no–humana. Incluso, otorgándole un alto perfil al mantenimiento del equilibrio de las especies en peligro, como el gorila de las tierras bajas orientales, casi conducido a la extinción por la cacería, raramente se considera la pérdida del hábitat de los lugareños desplazados de sus aldeas por las facciones belicosas, ni tampoco el ángulo medioambiental de la historia.

El próximo paso, una vez entendida la explotación y la violencia introducida entre los habitantes de África central, es responsabilizar a corporaciones como Sony y Motorola de alimentar con el hambre los juguetes de alta tecnología que consume EEUU. Estas corporaciones no desean movimientos de protesta que empañen sus reputación. Y sobre todo, tampoco desean llamar la atención hacia el coltán que mata a los gorilas, ni sobre las guerrillas que subvenciona.

Es hora de que nuestra cultura comience a otorgarle más valor a los seres vivientes, sean gorilas o humanos, que están presentes en nuestros juguetes habituales de alta tecnología, como los teléfonos celulares. Es hora de exigirle una existencia más compasiva a la plutocracia corporativa que crea mercados destructivos y al sistema de medios de comunicación que ha fabricado nuestro consentimiento.

No se trata de cuestionar el uso de los teléfonos celulares (aunque ésa sería una gran salida). Lo que debemos cuestionar es la apropiación de nuestro planeta por un modelo que consume los recursos, en vez de respetar la vida de los hogares y las comunidades.

Genocidio de alta tecnología y otros artículos sobre la tecnología del teléfono celular están disponibles pidiéndoselos al autor y escribiendo a: sprocket@riseup.net.

Actualización de Keith Harmon Snow

La guerra por el control de la República Democrática de Congo –que debe ser el país más rico de todo el globo– comenzó en Uganda en los años 80, cuando el actual presidente ugandés Yoweri Museveni asaltó a su estilo el poder con el apoyo del Palacio de Buckingham y la Casa Blanca y hasta Tel Aviv detrás suyo.

Paul Kagame, quien ahora es el presidente de Ruanda, sirvió como Director de Inteligencia Militar de Yoweri Museveni, después recibió instrucción y entrenamiento en Fuerte Leavenworth, Kansas, poco antes que el Frente Patriótico Ruandés (FPR) invadiera Ruanda con el respaldo de Roger Winter (5) y del Comité de EEUU para los Refugiados, entre otros. El FPR desestabilizó entonces a Ruanda y tomó el control con un golpe de estado que hoy se entiende mal como el Genocidio de Ruanda. Lo que se jugó en Ruanda en 1994 se está jugando hoy en Darfur, Sudán, donde la meta es el cambio del régimen y el genocidio es la herramienta de propaganda usada para manipular y desinformar. Y precisamente allí está ahora Roger Winter, como representante de Bush (5).

En 1996, Paul Kagame y Yoweri Museveni, con el Pentágono detrás suyo, lanzaron su guerra encubierta contra Mobutu Sese Seko de Zaire y sus patrocinadores occidentales. Una década después, por lo bajo hay 6 ó 7 millones de muertos y continúa la guerra en el Congo (Zaire).

Si usted está leyendo los grandes periódicos corporativos o está escuchando la National Public Radio, está usted contribuyendo a su propia enfermedad mental, no importa cuan astuto usted crea ser o piense que sabe equilibrar o descifrar los códigos. Las noticias reportadas en Time Magazine (La guerra más mortal del mundo, 6 de junio de 2006) y en CNN (La violación, la brutalidad ignorada para ayudar a la paz del Congo, 26 de mayo de 2006) aparecieron en momentos en que nuestro trabajo ya estaba interpretándose por personas conscientes deseosas de hallar, por fin, verdades contundentes. Sin embargo, aquellos reportes corporativos son decepcionantes perfectos ejemplos de decepcionante manipulación encubierta.

Para la exactitud y la verdad en África Central, las personas interesadas pueden leer a Robin Philpot (Imperialism Dies Hard: El Imperialismo Difícilmente Muere), a Wayne Madsen (Genocide and Covert Operations in África, 1993–1999: Genocidio y Operaciones Encubiertas en África, 1993–1999), Amos Wilson (The Falsification of Consciousness: La Falsificación de Conciencias), Charles Onana (The Secrets of the Rwanda Genocida, Investigation on the Mysteries of a President: Los Secretos del Genocidio de Ruanda, Investigación sobre los Misterios de un Presidente), Antoine Lokongo (http://www.congopanorama.info /), Phil Taylor (http://www.taylor–report.com /), Christopher Black (Racism, Murder and Lies in Rwanda: Racismo, Asesinato y Mentiras en Ruanda). World War 4 Report ha publicado mis informes, pero son inconsistentes respecto a la exactitud, quizás por ser rápidamente adaptados como propaganda, como a veces se ha hecho.

Es posible coleccionar aquí pequeños fragmentos de verdad –que nunca se encuentran en el sistema de grandes medios– pero uno debe tener cuidado con las decepciones y prejuicios. En esta vena, el periódico de la élite de negocios África Confidential es a menudo muy revelador. Se pueden tamizar algunos hechos desde Africa Research Bulletin.

El libro del profesor David Gibb The Political Economy of Third World Intervention: Case of the Congo Crises (La Economía Política de la Tercera Intervención Mundial: El caso de las Crisis del Congo) es una excelente investigación que identifica a los jugadores hoy todavía activos (especialmente Maurice Tempelsman y sus intereses en diamantes, conectado al Partido Demócrata). Ditto King Leopold’s Ghost (Reaparece el Fantasma del Rey Leopold) por Adán Hocshchild, pero –ejemplificando los intereses de conveniencia– hay que recordar que Hocshchild nunca le dice al lector que su padre manejó una compañía minera en el Congo. Casi TODOS los reportajes son convenientes, pero uno necesita tomar precauciones para no ser engañado.

El libro del profesor Ruth Mayer ‘Artificial Áfricas: Colonial Images in the Times of Globalization‘ (África Artificial: Imágenes Coloniales en Tiempos de Globalización) es una articulación particularmente profunda sobre los medios y aclara por qué el sistema mediático distorsiona y manipula todo sobre África. Y nunca se olvide de http://www.allthingspass.com.

También, en la esperanza de corregir el registro y revelar la verdad, Forum Internacional para la Verdad y Justicia en los Grandes Lagos de África (http://www.veritasrwandaforum.org,) con sede en España y co–fundado por el candidato al Premio Nóbel Juan Carrero Seralegui, está envuelto en un pleito importante para condenar los macizos crímenes contra la humanidad y actos de genocidio en que está involucrado el actual gobierno de Ruanda.

Notas:

(1) Proyecto Censurado (Project Censored) es un programa a cargo del profesor de sociología Peter Phillips, de la Universidad Sonoma State de California, que desde hace 30 años emite un estudio anual sobre las 25 grandes noticias top ocultadas por la gran prensa de EEUU. Estas 25 historias top sobre grandes temas sustraídos del debate periodístico ofrecen una radiografía actualizada de la sociedad estadounidense y la política exterior de EEUU, cuyo conocimiento permite comprender mejor los designios del imperio. Los textos completos pueden verse (en inglés) en http://www.projectcensored.org/.

Keith Harmon Snow, periodista independiente, es uno de los especialistas más serios en África y, en particular, en el Congo, que se declara dependiente de las donaciones individuales y las contribuciones voluntarias. Asegura que ha vivido bajo la línea de pobreza durante una década, trabajando como activista y voluntario en organizaciones humanitarias que no generan ganancias pero cuyo apoyo le permite continuar con su importante trabajo. Ver su trabajo sobre la limpieza étnica en Etiopía, seleccionado por Proyecto Censurado 2006.

(2) Sprocket es una firma de http://www.earthfirstjournal.org/

(3) David Barouski, quien regresó del Congo–Kinshasa en julio 2006, es un periodista independiente y excelente fotógrafo dedicado del África. Sus textos y fotografías pueden verse, entre otros sitios, en http://www.zmag.org/content/showarticle.cfm?ItemID=10638 http://www.congovision.com/nouvelles/update_congowar.html http://www.thirdworldtraveler.com/Africa/Congo_BehindNumbers.html http://wordpress.com/tag/afrika/feed/ http://www.congopanorama.info/

(4) Phil Taylor entrevistó a Keith Harmon Snow –la fuente principal de esta historia– en The Taylor Report (El Informe Taylor), un programa semanal de radio que cubre actualidad, política, derechos humanos y temas internacionales, transmitido por CUIT 89.5 FM en la Universidad de Toronto los lunes a las 5 pm (se repite los martes a las 9 am, ver www.ciut.fm)

(5) Roger Winter fue designado por Bush en julio de 2005 como su Representante Especial en Sudán para manejar el conflicto en Darfur, Sudán, donde los propósitos estadounidenses de cambiar al gobierno se encubren como esfuerzos contra otro genocidio.

Para saber más sobre la República Democrática del Congo:
Patricio Lumumba
La responsabilidad de la Iglesia católica en el genocidio de Ruanda

inicio programa documentos galería