Aumentan las contradicciones entre los países imperialistas

J. M. Álvarez/Inti Tumaini
Insurgente.org (24.11.06)

Las contradicciones fortalecen -a medida que se agudizan- a las organizaciones populares que combaten, en todos los sentidos, al imperialismo sea éste salvaje o civilizado.

Actualmente la mayoría de los conflictos militares importantes están ligados, en última instancia, a la cuestión de la hegemonía de Estados Unidos (EEUU) dentro del campo occidental. No ver las diferencias dentro de ese campo hace imposible comprender el por qué de la inestabilidad sin fin que provocan los yanquis, y nos impide identificar las pretensiones expansionistas de nuestros propios imperialistas que anhelan actuar por su cuenta y no subcontratados por aquellos. Reconociendo esas diferencias puede percibirse que éstas se trasladan a las políticas internas de países intermedios, como España e Italia, a la hora de elegir sus alianzas. Esta falta de percepción dificulta el denunciar los intentos de mostrar la retirada de las tropas españolas de Iraq -amparada por los deseos de Francia y Alemania- como un acto progresista. La diferencia entre Zapatero y Aznar no estriba en si sus políticas son más o menos imperialistas, sino en cuál aplican y con quiénes se alían para llevarlas a cabo.

La estrategia de los neocons estadounidenses, para alcanzar un nuevo siglo de dominación americana, está basada en el diagnóstico de la pérdida de hegemonía de EEUU en los aspectos económico y geopolítico. Un caso evidente es Oriente Medio. De los cuatro puntales históricos formados por Persia, Arabia Saudita, Turquía e Israel, sólo les queda como aliado el estado sionista. De la Persia del Sha surgió el Irán de los ayatollahs, Arabia Saudita desea diversificar sus relaciones estratégicas y Turquía ansía entrar en una Unión Europea (UE) a la que ofrece garantías de que no va a hacer de quintacolumnista a la británica. Evoluciones como éstas hacen que las diferencias entre países o bloques imperialistas (en formación) jueguen un papel mayor del que la diplomacia deja entrever, algo que no puede sorprendernos si tenemos en cuenta que las contradicciones entre esos países provocaron dos guerras mundiales.

Es cierto que la UE está lejos de consolidar un bloque; por tanto sólo puede hablarse de contradicciones en desarrollo entre los EEUU y un núcleo duro de la UE, que sería el que se estaría formando en torno a Francia y Alemania (a pesar de que la Merkel simule cierto distanciamiento). En él participarían Italia y España, siempre que tuvieran gobiernos de centro izquierda. La debilidad de los estadounidenses resulta más de compararlos consigo mismos en el pasado, que con una potencia o bloque, dentro del capitalismo internacional, que pueda desbancarlos. Esto lo saben bien sus aliados que esconden sus intenciones fingiendo lealtad al amigo americano en dificultades de adaptación a la realidad actual. Por esa razón no creemos que la actitud de la UE (acomodaticia e interesada) sea considerada como simple servilismo frente a un Imperio yanqui que está en pleno declive. Incluso su ejército es incapaz de mantener varios frentes de guerra abiertos. Un ataque con armas tácticas nucleares contra Irán sería un síntoma de debilidad (precisamente esa debilidad le obligaría a utilizar armas atómicas) más que una demostración de poder. Incluso la presencia de Bush en Vietnam es consecuencia de la necesidad, desesperada, de conseguir nuevos mercados.

La posición, aparentemente distante, de Ángela Merkel no influye para nada en el hecho objetivo de que, de todos los intereses que alberga la UE, los que tienen más base real son los de Alemania. Ese país representa un tercio de la producción comunitaria y es la primera potencia exportadora mundial en términos absolutos, lo que, con una población más de tres veces inferior a los EEUU y desprovista de recursos energéticos, empuja a la oligarquía germana a engrandecer el país física y geopolíticamente, que es lo que ha intentado siempre. En estos momentos, Alemania ha elegido la vía europea para avanzar en sus planes de lograr un papel protagonista de primer orden en al ámbito internacional. Y utiliza esa vía porque basta con recordarle cada cierto tiempo la culpabilidad histórica del pueblo alemán en el Holocausto para que se le enfríen los ánimos en la búsqueda de satisfacer su afán expansionista por cuenta propia. Eso se lo dijo por escrito a la propia Merkel el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, que será muy religioso, pero en los entresijos de los juegos de poder terrenales no se anda por las nubes.

Alemania busca mercados y suministro de materias primas que hoy día pasan por acuerdos de gas con Rusia y unas relaciones estrechas con los países petroleros de Oriente Medio. Tiene la necesidad de extender su influencia hacia una gran parte del Este de Europa (su espacio vital) y no le agrada la intervención del amigo americano en los conflictos que ella misma genera, como fue el desmembramiento de Yugoslavia. Los alemanes no quieren la intervención de los yanquis allá donde pretenden construir su zona de influencia porque, cada que vez que aquellos actúan les complican las cosas. Los bombardeos brutales efectuados por el Pentágono en Yugoslavia, provocaron durante cierto tiempo un sentimiento antioccidental que obstaculizó las pretensiones expansionistas alemanas.

Precisamente, aprovechándose del reciente fracaso americano-israelí en el Líbano, que pretendía reactivar el proyecto de agresión contra Siria e Irán, el núcleo duro de Europa ha tenido la oportunidad de contar con una presencia militar, casi exclusiva, por primera vez en la región. Hace unos días José Luis Rodríguez Zapatero, informó que España, Francia e Italia estaban dispuestas a impulsar una iniciativa ante el conflicto entre israelíes y palestinos, que debería desembocar en una Conferencia de Paz. Cuando se le preguntó por la necesidad de contar con el visto bueno de EEUU, respondió que sus países tenían una responsabilidad como potencias europeas comprometidas en el Líbano. Alemania bendijo la propuesta pero no se sumó a ella... de momento. Resulta significativo que los británicos no fueran informados de nada y tuvieran que enterarse por la BBC. Al Caballo de Troya de EEUU en Europa le están pasando factura.

Los europeos -imperialistas a fin de cuentas- experimentan el mismo temor que los norteamericanos a que se extiendan los ejemplos de resistencia de Hezbollah y de la insurgencia iraquí pero han acudido al Líbano mas que a desarmar a Hezbollah, a hacer valer una forma alternativa de controlar la región antes de que todo sea irreversible e incontrolable. Las provocaciones de la aviación israelí a los buques alemanes que patrullan las costas del país son bastante elocuentes. Israel se encuentra muy decepcionado por el fracaso del proyecto estadounidense de reordenamiento de Oriente Medio, del que es coautora, y envía señales inequívocas a los soldados europeos.

Ignorando esos avisos, el tándem formado por franceses y alemanes apuesta por una UE que pueda tutear a EEUU. El presidente francés Jacques Chirac recuerda que Francia tiene un consejo en materia de Defensa con Alemania, pero necesita contar con más fuerzas centrípetas y destaca la importancia del cuarteto formado por Alemania, Francia, Italia y España. Está claro que la mayoría de países de la UE no ganan nada, para sus intereses expansionistas, apoyando los planes de Washington en Oriente Medio, los cuales se dirigen únicamente a apuntalar una hegemonía yanqui muy costosa para todos. Por eso se opusieron a la segunda guerra contra Iraq y no comparten la manera como la Casa Blanca trata la cuestión nuclear iraní. Es cierto que se han implicado en Afganistán, pero no hay que olvidar que a los europeos les animan intenciones de sometimiento de la región y utilizan una estrategia subterránea que pretende aprovecharse de las dificultades de los estadounidenses para que éstos acepten su presencia en la zona.

Evidentemente esa estrategia es conocida por los norteamericanos aunque, por ahora, sigan imponiéndose las formas diplomáticas. De momento, las expresiones de enemistad provienen de periódicos conservadores como el Wall Street Journal y de círculos pro-sionistas. De muestra un botón: el reverendo John Hagee, líder de millones de cristianos sionistas americanos, escribe en A Warning to the World... the Last Opportunity for Peace (Una advertencia al mundo... la última oportunidad para la paz): Los Estados Unidos deberán librar una segunda guerra por el control de Israel, contra China y la Unión Europea. Para no dudar de lo que acabamos de leer, vean esta otra perla: Esa guerra daría lugar a la figura del Anticristo bajo la forma del presidente de la Unión Europea. Sobra decir que el pastor de almas es más millonario que fanático religioso.

Estos conflictos de intereses, que se cuecen entre bastidores y enfrentan a la UE con EEUU, fortalecen-, a medida que se agudizan- a las organizaciones populares que combaten, en todos los sentidos, al imperialismo, sea éste salvaje o civilizado. No subestimamos el poderío imperial, pero sobrevalorarlo conduce, irremediablemente, al derrotismo.

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