Batalla en los monopolios eléctricos

Los que leen las aburridas noticias bursátiles conocen bien el espectacular auge especulativo con las acciones de los últimos días, llegando a índices desconocidos desde los tiempos del año 2000 y el fiasco de las nuevas tecnologías de la información. También conocen los movimientos con la empresa alemana E.on, sus intentos de apoderarse de Endesa y los nuevos novios que, como alternativa, le han buscado para vitar que se case con un emigrante, aunque se trate de esos emigrantes que no llegan en cayuco precisamente.

En fin que, volvemos otra vez con la monserga de la falsa globalización y el falso neoliberalismo que, como venimos denunciando una y otra vez, no aparecen por ningún lado y, por tanto, más les valdría a quienes alardean de conocimientos económicos que dejaran un rato de lado los manuales y lean la noticias de color sepia.

Ya dijimos en otro artículo que en torno a Endesa hay entablada toda una feroz batalla que si, por un lado, es económica, tiene también clarísimas connotaciones políticas, en dos sentidos diferentes:

— en cuanto a la penetración de capital extranjero en sectores económicos estratégicos
— en cuanto al estado de las autonomías y el reparto del poder de los centralistas con las burguesías nacionalistas.

En fin, que estos pulsos entre distintos sectores burgueses hay que leerlos no en las páginas políticas de la prensa ni en los discursos parlamentarios, sino en la bolsa porque hablar es gratis, pero cuando se ponen miles de millones de euros sobre la mesa, las cosas se ven de otra manera. De lo contrario es cuando distorsionamos nuestra perspectiva y nos imaginamos torpemente que la economía es una cosa y la política otra distinta, que el Estado burgués se desentiende de las cosas económicas, que el capital no tiene patria y demás.

Un sector económico estratégico

El sector eléctrico es estratégico en cualquier país capitalista porque, además de su importancia económica, tiene una enorme importancia política y social. La electricidad mueve la maquinaria, ilumina los talleres, mantiene numerosos dispositivos en alerta y garantiza la continuidad productiva. Los apagones paralizan completamente la actividad vital de un país. El consumo de electricidad es una de las maneras de medir el grado de desarrollo de un país, e incluso un indicador del ciclo económico. Es también un factor clave para numerosas empresas de los sectores más diversos, que necesitan la electricidad en su proceso productivo.

Es también un sector singular por sus características económicas, por cómo se produce y cómo se utiliza. La electricidad no se puede almacenar, así que hay que cuidar al máximo y en cada instante la ecuación producción-consumo de tal manera que se eviten las perdidas inútiles. Pero el consumo no es fácil de prever ya que cambia cada hora, cada día y cada mes. Depende del tiempo atmosférico -a más frío y menos luminosidad, más consumo en calefacción e iluminación-; de la situación económica -a más actividad, más consumo industrial- y también de la evolución de los hábitos sociales. Por ejemplo, en España se instalan 1'2 millones de aparatos de aire acondicionado cada año que han situado el nivel de consumo eléctrico en verano a la altura del invierno.

Lógicamente, al no poderse almacenar, la capacidad de generación tiene que estar dimensionada para poder satisfacer las puntas de consumo máxima, que es una exigencia política impuesta a los monopolios de la electricidad. El 10 por ciento del parque de generación se usa unas pocas horas al año, pero hay que mantenerlo en perfecto estado de producción para evitar la interrupción del suministro en los momentos de máxima demanda.

Un sector intervenido

Por eso, aunque a los neoliberales no les guste, el sector está regulado en todos los países y, en la mayoría de ellos, el Estado es accionista o cuenta con una fuerte presencia en el capital de los monopolios del sector eléctrico.

En España se produjo una fuerte concentración industrial que ha reducido el número de empresas suministradoras. Antes operaban Iberduero, Hidrola, Endesa, Cantábrico, Viesgo, Unión Eléctrica, Fenosa, Sevillana, Fecsa, Hidruña, ERZ, etc. Hoy sólo quedan Iberdrola, Endesa, Unión Fenosa, Hidrocantábrico y Viesgo.

Aparentemente este proceso monopolista ha estado acompañado de la desaparición del Estado como empresario eléctrico. Sin embargo, aunque ha abandonado su papel de empresario no ha dejado nunca de intervenir porque la regulación pública es determinante. Así lo demuestran las tarifas, que tienen una estructura en la que, además de remunerar la generación, el transporte y la distribución, contempla epígrafes como la moratoria nuclear, la subvención al carbón nacional, los costes de transición a la competencia, etc.

Además de la tarifa, el gobierno quiere determinar cuántos monopolios participan en el sector, a quién pertenecen, con quién pueden fusionarse y quién puede comprarlas. Con el asunto E.on el capitalismo español ya ha demostrado que no admite la entrada de capital extranjero en el sector eléctrico, aunque se trate de capital europeo y ese veto foráneo ha sido impuesto por el gobierno del PSOE.

A todo esto hay que unir la intervención de la UE, que proclama un mercado único de la energía que sólo existe en su imaginación.

Lo dicho: ese supuesto omnipotente mercado capitalista que parece fluir como un fantasma por encima de todas las fronteras está total y absolutamente mediatizado por eso que llaman la política.

Broncas de cuello blanco

La burguesía de traje y corbata se pelea de manera distinta que los demás mortales, propensos al altercado tabernario y los puñetazos callejeros. Pero también se pelea, y con mucha más intensidad y crudeza, aunque se cuiden muy bien de que nadie se entere.

En estos últimos meses, el sector eléctrico español ha padecido fuertes tensiones a causa de intereses monopolistas irreconciliables y compromisos políticos poco confesables. En los últimos días, la cotización de las acciones de los monopolios eléctricos se ha disparado y el panorama del sector ha cambiado bastante.

Esos cambios se pueden resumir en el cierre de las fronteras frente al capital europeo y la entrada de las empresas constructoras autóctonas en el mercado de la electricidad.

Que eso es una maniobra política que nada tiene que ver con el negocio se desprende de las gigantescas inversiones que las construtoras han dedicado a esta aventura: más de 10.000 millones de euros. Esta inversión carece de lógica financiera porque el negocio de la luz no tiene tan buenas perspectivas como para pagar los precios exorbitantes que han pagado por ellas las constructoras. No se puede considerar que el mercado eléctrico presente un filón de beneficios hasta ahora no descubierto que justifique esa operación desde el punto de vista estrictamente económico. El sector lleva años quejándose de que las actuales tarifas no recogen los elevados costes de las materias primas (gas natural y petróleo). Desde 1996, el pecio del barril de Brent ha aumentado un 172 por ciento y el de la electricidad ha caído un 33 por ciento en términos reales. Como consecuencia de ello, el déficit virtual de la tarifa eléctrica rondó los 5.000 millones en 2005. El gobierno ya ha subido el recibo de la luz para las familias dos veces: 4'48 por ciento en enero de 2006 y 0'8 por ciento en julio de 2006, pero no puede ir mucho más allá porque se le desbocaría la inflación. Así que las acciones de las empresas eléctricas están subiendo por movimientos especulativos externos y no por el potencial del negocio en sí mismo.

Por tanto, se trata de una maniobra orquestada desde el gobierno del PSOE y queda un fleco por explicar, porque es absurdo pensar que las empresas constructoras vayan a financiar los problemas públicos del Estado con la generosidad que les caracteriza.

Las constructoras tienen una estrategia para hacer rentable sus inversiones fuera de su sector de origen, que seguro va más allá de lo que da de sí la generación de electricidad. Tiene que haber compensaciones en un sector, el de la construcción, que empieza a caerse del andamio poco a poco. El mercado de la vivienda se está desacelerando. Los precios de la vivienda ya están cayendo en Estados Unidos y en Francia y se espera que el globo especulativo de la vivienda se desinfle también en España. Las constructoras esperarán recuperarse de su aventura eléctrica tanto con un apoyo público masivo para la obtención de contratas en el exterior como con la licitación de nuevas obras públicas y de infraestructura en España. Nada mejor que tener al gobierno contento. De lo contrario, la operación no tiene ninguna lógica económica desde el punto de vista de las constructoras.

Más en concreto, la nueva era en el sector eléctrico español se resume en la compra Endesa por Acciona y la de Iberdrola por ACS al precio de 7.000 y 3.335 millones, respectivamente, lo cual, a su vez, significa que ACS y Acciona se alinean con los intereses del gobierno del PSOE.

Hay un beneficio mutuo. El gobierno no podía admitir la entrada de más inmigrantes capitalistas en un sector tutelado y las constructoras podrán frenar el golpe de la crisis en su sector.

Los apuros de Zapatero

El gobierno del PSOE estaba siendo muy criticado por haber tirado la toalla en la defensa de la OPA de Gas Natural sobre Endesa y abierto la puerta a E.on, presionado por Alemania y la Comisión Europea. Después del reciente brindis de Zapatero y la canciller alemana Angela Merkel, el mercado daba por hecho que el gigante germano tenía la batalla ganada.

El sector eléctrico español ya empezaba a tener una fuerte presencia de capitalistas emigrantes, mirados (casi) con tan malos ojos como los de los cayucos. Hidrocantábrico está en manos de la portuguesa EDP y Viesgo en las de la italiana Enel. Y lo que es peor, E.on había puesto de manifiesto la vulnerabilidad de todo el sector energético español ante un asalto de los cayucos de lujo. El gobierno se despertaba cada día con la pesadilla de que las eléctricas del país se convertían en filiales de grandes consorcios europeos y soñaba con un capitalista emprendedor que le sacara de apuros.

Bajo cuerda, el gobierno halagó los oídos de las grandes constructoras para convencerlas de entrar en un territorio inexplorado para ellas, diversificar su negocio en un sector regulado por el propio gobierno; quizá les susurra también el próximo agotamiento del ciclo inmobiliario especulativo: si no tragáis os vamos a cerrar el grifo del ladrillo, del urbanismo, de los chalets, de las autopistas y de la alta velocidad.

Logran convencerles y los especuladores del cemento se prestan a salvar a las eléctricas autóctonas de las garras de los gigantes extranjeros. Le lanzan un balón de oxígeno al gobierno, que así remonta el fracaso de su defensa de la anterior OPA de Gas Natural y consigue mantener la españolidad de Endesa, que es lo importante.

Acciona alcanza el 20 por ciento de Endesa y, poco después, ACS compra el 10 por ciento de Iberdrola.

Ni gallegos ni vascos: el Real Madrid

Para entender un poco de todo esto hay que retroceder en el tiempo con la moviola de los golpes bursátiles.

Situémonos en setiembre de 2005.

Entonces ACS ya realizó su primera maniobra penetrando en el sector energético al comprar al Banco de Santander su 22 por ciento en Unión Fenosa por 2.219 millones de euros. Fue una operación muy sonada porque Florentino Pérez arrebató en el último momento ese paquete accionarial a un consorcio financiero gallego encabezado por Amancio Ortega, presidente de Inditex. Les quitaron el bocado delante de sus narices.

Por tanto, ACS ya tiene ahora el 35 por ciento de Unión Fenosa y el 10 por ciento de Iberdrola.

Pero, ¿quién es ACS? Pues el clan mafioso de los March, los esperpénticos albertos y de testaferro tienen Florentino Pérez, un hombre de paja que ya salió despedido de un Real Madrid realmente galáctico. ACS posee un 20 por ciento de una concesionaria de autopistas, "Abertis", es decir, siempre chupando de las ubres de los presupuestos públicos.

El sector eléctrico es carne de reestructuración monopolista y de reparto del poder territorial con los burgueses de las nacionalidades. En setiembre de 2005 ya privó a los gallegos de su fuente de energía eléctrica y de sustanciosos beneficios. Cabe la posibilidad de que el núcleo gallego de Unión Fenosa (Caixa Galicia, Banco Pastor, Caixanova, Manuel Jove, Jacinto Rey, dueño de Constructora San José) haga algún movimiento para reforzarse en Unión Fenosa.

De la guerra por la españolidad se pasa a la batalla entre autonomías. Ahora ACS tiene que hacer con los vascos de Iberdrola lo mismo que hizo con los gallegos de Unión Fenosa.

El truco de ACS consiste en fusionar a la vasca Iberdrola (10 por ciento) con la gallega Unión Fenosa (35 por ciento) como manera de consolidarse en el sector, un proyecto pendiente de que el gobierno central revise la normativa sobre competencia para rebajar las restricciones que ahora existen a la unión de dos compañías españolas.

Iberdrola: la joya de la corona

A los vascos una perla se les va de las manos. El desembarco de ACS en Iberdrola y sus planes de fusionarla con Unión Fenosa amenazan con debilitar los vínculos de la eléctrica con Euskal Herria. Florentino Pérez se ha convertido en el principal accionista del monopolio vasco, por delante de BBVA (Banco Bilbao Vizcaya) y BBK (Cajas de Ahorros de Bilbao y Vizcaya). En caso de que prospere la fusión, la participación de ambas entidades financieras quedará todavía más diluida.

Ibarretxe y su gobierno vascongado, por su parte, ya han dejado caer que condicionan su apoyo a que la sede se mantenga en Bilbao. ¿Y qué más dará? Pues no da lo mismo porque las empresas tienen que pagar los impuestos allá donde tengan su sede social, o sea, que el dinero es mejor que vaya a parar a la Hacienda Foral que a la Hacienda Central.

Al BBVA le importa un bledo porque, como el Banco de Santander, lleva tiempo retirándonse del mundillo industrial para centrarse en el negocio financiero. A la caja de ahorros BBK, sin embargo, podría interesarle reforzar su presencia en Iberdrola para garantizar su nacionalidad, pero no puede porque con su paquete accionarial del 7'5 por ciento, ya agota el límite de concentración de riesgos permitido.

Xabier de Irala, presidente de BBK, manifestó su malestar por este impedimento al referirse a las virtudes del proyecto de fusión de las cajas de ahorro vascas. Explicó que la entidad financiera no puede ni acudir a una ampliación de capital de la eléctrica ni tampoco darle más crédito porque ya está en el límite de la concentración de riesgos. La única solución pass por fusionar todas las cajas de ahorros de Euskal Herria (BBK, Kutxa y Vital), pero eso es muy difícil por el diferente control político que hay sobre cada una de ellas (PNV, PSOE y PP).

Si las tres cajas vascas se uniesen, su capacidad para abordar retos como el de Iberdrola aumentaría de forma considerable. En Euskal Herria faltan grupos financieros lo suficientemente poderosos como para entrar en esta guerra. BBVA no quiere y BBK no puede.

El reparto del bacalao

En fin, el sector eléctrico español camina hacia polarización entre dos monopolios autóctonos, Endesa e Iberdrola, estrechamente imbricados con otros dos monopolios de la construcción, ACS y Acciona. Ambas actividades tienen en común que sus beneficios dependen de las negociaciones con el gobierno de turno.

El gobierno del PSOE tampoco tenía muchas más posibilidades de elegir. Los monopolios españoles que pueden entrar en esta pugna se cuentan con los dedos de las manos. Están las constructoras, que son las que han movido ficha, los bancos y las cajas. Las constructoras son las únicas con suficiente dinero para acometer inversiones de ese calibre, aparte de las entidades financieras. Pero los bancos llevan tiempo retirándose del mundo industrial.

Quedan las cajas de ahorros, de la cuales La Caixa y Caja Madrid, tienen una dimensión muy superior al resto que, de hecho, les está permitiendo jugar un papel protagonista en la batalla eléctrica... aunque con intereses diametralmente enfrentados. La financiera catalana ya está en Gas Natural, que lanzó la primera OPA sobre Endesa, y en Repsol. La madrileña tiene un 10 por ciento del Endesa, donde hasta llegar Acciona, era la principal accionista.

Tras muchos años de especulación y vacas gordas, las constructoras disponen de dinero y, además, tienen interés por diversificarse ya que el negocio del ladrillo, que les ha dado ingentes beneficios, comienza a tocar techo.

Acciona, propiedad de la familia Entrecanales, también estaba infiltrado con anterioridad en la energía eólica tras comprar Cesa. Ahora cuenta con 2.800 megavatios de potencia eléctrica y tiene mucho interés en que el gobierno mantenga las actuales subvenciones a sus molinos de viento.

A algunos la ubres de los presupuesto generales del Estado les da para mucho. Y mientras, los trabajadores a rellenar la declaración de la renta. España somos todos.

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