El País:
30 años engañando a los lectores

El viernes 5 de mayo, la portada del diario El País informaba de que el periodico se otorgaba un premio a sí mismo por su maravillosa labor desinformadora, defensa de la libertad de expresión, y bla, bla, bla... Zapatero oficiaba de maestro de ceremonias poniendo una medallita a Polanco para conmemorar los 30 años de embustes.

Tres décadas antes, el 5 de mayo de 1976, en Cuelgamuros el cuerpo del verdugo Franco aún estaba caliente. En la calle los kioskos todavía vendían los periódicos de la cadena de prensa del Movimiento Nazional con el emblema del yugo y las flechas (Arriba, El Alcázar, Pueblo), Radio Nacional todavía rezaba el Angelus a las 12 en punto del mediodía y tres horas después el telediario leía el parte como si la guerra no hubiera terminado. Los capitalistas no tenían negocio porque casi se vendía más la prensa clandestina de la época; los fascistas no engañaban a nadie y así el truco de la transición nunca podría salir adelante.

También aquí había que cambiar algo para que todo siguiera igual. Había que inventarse una prensa democrática aunque fuera con los plumíferos del viejo régimen. Además había que ganar dinero.

En mayo de aquel año el gobierno secuestraba la revista Sábado Gráfico, pero a los de El País, estandartes de la libertad de expresión, esos pequeños detalles no les importaban. Ellos iban a lo suyo y con todas las bendiciones burocráticas sacaron a la calle su libelo, que es el más claro ejemplo del intento de la oligarquía monopolista de relevar a la prensa fascista, lavar la cara al régimen, reforzar su nueva imagen y desplegar la guerra sicológica contra la resistencia.

Fraga cocinaba todas las salsas

Uno de los que dirigió la fundación de la nueva prensa democrática fue Fraga Iribarne desde su puesto de ministro de Información en los años sesenta. Fraga y su equipo de expertos en propaganda fueron quienes sacaron adelante todas las campañas de imagen del fascismo en la época triunfal, como los 25 años de paz o el referéndum a mediados de los sesenta. Ellos serían también quienes llevarían a cabo el cambio de imagen del régimen diez años después.

Ministro de Información, Fraga siempre ha sido un experto en informar. En 1975 era embajador de España en Londres desde donde dirigía los hilos que conducirían a la fundación de Alianza Popular, luego Partido Popular. Hasta allá se desplazó el cachorrín Juan Luis Cebrián, futuro director de El País, para recibir instrucciones. La foto no deja lugar a dudas...

Cebrián es una criatura periódística amamantada en las ubres de Emilio Romero, el maestro de todos los periodistas fascistas a lo largo de décadas de engaños y mentiras desde las páginas de Pueblo, el diario de los sindicatos verticales. Juan Luis Cebrián es hijo de Vicente Cebrián, dirigente de aquel sindicato único de Franco y también periodista en la cadena de prensa del Movimiento fascista. Enchufado por su padre y a la sombra de Emilio Romero, Cebrián fue nombrado redactor jefe de Pueblo, para pasar más tarde a dirigir el periódico Informaciones como redactor jefe y luego como subdirector.

Pero su época más gloriosa le llegó en 1974 cuando fue nombrado jefe de los servicios informativos de TVE, entonces la única cadena de televisión, manipulada desde el gobierno. Sin embargo, a Cebrián no le gusta que le recuerden esta parte del currículo...

Polanco o cómo sacar dinero de la desinformación

La otra pata del periódico fue Polanco, el hombre adicto al dinero, al poder y a las sombras. La historia del polanquismo comenzó en 1970 con la editorial Santillana, germen de un imperio editorial de libros de texto en castellano para España y Latinoamérica, más cadenas de televisión, radio, periódicos, librerías... Pero entonces no era más que un mercader de libros y más tarde engordó con sus enchufes en el Ministerio de Educación: propició la inmediata puesta en marcha de la Ley de Educación en 1970 con información privilegiada que le permitió vender sus libros de texto, los únicos adecuados a los nuevos planes de enseñanza. En pago a sus servicios, el viceministro fascista de Educación de aquella época, Ricardo Díez Hochleitner, es hoy uno de los jefes de PRISA.

Los primeros contactos de esta camarilla fundacional fueron también con Fraga Iribarne, que acababa de cesar en su cargo de ministro de Información y mantenía entonces cierta aureola de enemigo del Opus Dei, que le había costado el puesto de ministro. Fraga propone el nombre del que iba a ser el primer director del periódico: Carlos Mendo.

Cuando Fraga se reconcilia con Arias Navarro y le nombra embajador en Londres, actúa ya como dirigente de los reformistas del régimen. A la embajada española de Londres acuden a menudo Darío Valcárcel y otros miembros de la nueva editorial, PRISA, que se forma para decidir los últimos detalles del periódico. Incluso la decisión de cambiar de director a Carlos Mendo por el entonces subdirector de Informaciones, Juan Luis Cebrián, se toma en una reunión en la embajada española en Londres un mes antes de la muerte de Franco.

La ensaladilla rusa

Siendo ya -otra vez- ministro, ahora de Gobernación, en enero de 1976, Fraga promocionó la salida de El País, que comienza sus trabajos en el mes de febrero de aquel año. Sus accionistas eran un ejemplo del gobierno de coalición que proponía Carrillo, típico de los tinglados de la época de la transición, un refrito de las distintas camarillas oligárquicas. Había miembros de la ultraderecha, la derecha y la oposición domesticada. Entre ellos Tamames, en la época uno de los miembros más conocidos del Comité Central del Partido carrillista y muy vinculado a los monopolios.

La sección editorial la dirigió desde el primer día Javier Pradera, íntimo amigo de Fernando Claudín, ambos expulsados del partido carrillista en 1964, acusados de agentes de Fraga. Pradera proviene de una rancia familia carlista ultrarreaccionaria. Al frente de la asesoría jurídica pusieron a Córdoba, un fiscal del TOP, el tribunal fascista especializado en la represión política. Y a cargo de la sección de economía a quien luego sería director del periódico, Joaquín Estefanía, un dirigente del maoísta Partido de los Trabajadores. Así la ultraderecha se compensaba con la ultraizquierda. Una perfecta conjunción de intereses entre la oligarquía y la oposición domesticada, una copia exacta de la manera en que nos impusieron la transición a la democracia.

Las cosas que escribía Cebrián

En un artículo («La prensa en crisis», en Balance de 5 años. El postfranquismo, Tiempo de Historia, núm. 72, noviembre de 1980, pgs.172 a 179), Cebrián contaba que tras las acciones de los GRAPO de enero de 1977 se produjo un fenómeno absolutamente inusual en una prensa pluralista: los directores de todos los periódicos se reunieron para publicar un editorial conjunto condenando la violencia. La violencia revolucionaria, claro, porque la otra violencia, la fascista, ni existía entonces ni ha existido nunca. Más adelante relata cómo por aquellas mismas fechas se promulgó la ley antilibelo para perseguir a los periodistas que criticaban al reyezuelo o a los militares. Un poco más adelante añade: La credibilidad de los periódicos ha bajado así enormemente en los últimos meses, y ésta es sin duda también una de las numerosas causas confluyentes que originan las crisis de ventas [...] Numerosos semanarios políticos y de opinión se han visto obligados al cierre, incapaces de mantener las fuertes pérdidas económicas que soportan. Por eso Cebrián acababa reclamando subvenciones del Estado para poder seguir manteniendo la campaña de intoxicación y embustes por más tiempo. A eso le llaman independencia informativa.

Durante los primeros ocho meses de su lanzamiento, El País perdió cien millones de pesetas de aquella época, obtuvo un crédito bancario de 29 millones para comprar maquinaria y consiguió grandes rebajas aduaneras en la importación de papel.

Algo falló también el segundo año. PRISA cerró con unas pérdidas parecidas o mayores que las del primero. El grado de credibilidad bajó y no compensó los gastos monstruosos que tenía. Su ascenso sufrió un parón tras el referéndum, coincidiendo con las primeras acciones de los GRAPO para liberar a los presos políticos. Durante unos días, coincidiendo con la publicación de noticias referentes a las acciones de los GRAPO, llegó a vender 200.000 ejemplares y más. Pero tras el fracaso del Grupo 16 en su campaña de intoxicación, El País tuvo que ser utilizado por la oligarquía para atacar a las organizaciones armadas antifascistas. Decepcionados por su línea editorial, sus pocos lectores dejaron de comprarlo. Desde entonces, su tirada no sobrepasó en aquella época los 150.000 ejemplares, quedando la venta en el nivel de los 100.000 ejemplares. No logró sobrepasar a la de Ya, el periódico de la Iglesia, ni al ABC, el diario monárquico reaccionario. Esto provocó los primeros problemas serios, desatando una lucha interna entre ellos.

A pesar de todo, la oligarquía consideró necesario seguir inyectando millones en el proyecto para renovar la imagen de la prensa y con ella la del régimen mismo. Recurrieron a una ampliación de capital a primeros de 1977 pero no fue cubierta y tuvo que intervenir directamente el Banco de Santander, dirigido por Botín (entonces en negocios con Pinochet), que compró las acciones sobrantes para regalar a sus amiguetes.

Su etapa de gloria no llegaría hasta después de 1982 con el PSOE en el gobierno, que inyectaría a PRISA hasta un billón de pesetas de las de la época.

Así cualquiera eleva un fanzine a la categoría de boletín oficial del régimen.

Cómo y por qué falsean las noticias

Sería engorroso explicar cómo los plumíferos de El País manipulan cada noticia, así que vamos a poner un sólo ejemplo, que ya ha alcanzado la categoría de prototipo de desinformación y es objeto de estudio en todas las Facultades de Periodismo del mundo: es el engaño sobre el golpe de Estado en Venezuela en abril de 2002.

Siempre al servicio de los más negros intereses del imperialismo, El País no vaciló en manipular la información sobre el golpe de Estado contra Chávez. De forma deliberada, con la clara intencionalidad de desacreditar al gobierno democrático de Venezuela, El País mintió, tergiversó y ocultó los sucesos más evidentes.

Los motivos están en las actividades económicas del grupo PRISA, en particular, y de los imperialistas españoles en general, en América Latina y Venezuela y es que Polanco mantiene una estrecha relación comercial con el financiero golpista venezolano Gustavo Cisneros.

Aunque presume de demócrata, El País no condenó explícita ni implícitamente el golpe de Estado, no expresó ningún reproche por las violaciones de los derechos humanos, la suspensión de las libertades públicas, las redadas arbitrarias, los asesinatos de los bolivarianos, el secuestro del Presidente y varios ministros, la clausura de los grupos bolivarianos o la brutalidad de la policía caraqueña bajo el mando del alcalde de la ciudad. Ninguno de estos dramáticos acontecimientos mereció la más mínima observación de El País.

Como en el caso de Aristide en Haití, tampoco en Venezuela había golpe de Estado sino otra renuncia voluntaria. El 13 de abril de 2002 El País tituló en primera página: Venezuela fuerza la renuncia de Chávez, es decir, todos los venezolanos forzaron a su Presidente a renunciar al cargo. Como para quitar hierro a lo que había costado 19 muertos, hablan descaradamente de un empujón: La situación había alcanzado tal grado de deterioro que este caudillo errático ha recibido un empujón. El ejército, espoleado por la calle, ha puesto fin al sueño de una retórica bolivariana encabezada por un ex golpista que ganó legítimamente las elecciones para convertirse desde el poder en un autócrata peligroso para su país y el resto del mundo.

Ludmila Vinogradoff, corresponsal de El País en Caracas, en reportaje emitido en directo el 13 de abril a las 22 horas de la noche por CNN Plus (otra sucursal del polanquismo), aseguraba que existía un video con la renuncia de Chávez. Nos gustaría verlo...

Chávez = Caudillo = Franco

El País presentó a Chávez como un Caudillo (con las connotaciones que esto tiene en España) en un editorial significativo: Golpe al caudillo. El libelo se refería en sus editoriales al presidente electo como caudillo errático, ex golpista, autócrata peligroso para su país y el resto del mundo, caudillo fustigador del sistema de partidos. Le culpaba directamente de hacer un uso abusivo del poder que le habían otorgado las urnas, con un autoritarismo que llegó incluso a las aulas de los colegios.

Es un alivio que alguien te libere de un caudillo: En sólo tres años, Hugo Chávez, un paracaidista reconvertido en caudillo fustigador del sistema de partidos, ha dilapidado el masivo favor popular con el que contó hasta transformarlo en alivio mayoritario ante su destitución.

Al mismo tiempo, los golpistas quedan exentos de las más leve crítica y aparecen como libertadores que van a restituir la democracia a Venezuela. El País calificó al jefe golpista Pedro Carmona como un hombre tranquilo y frugal que raramente pierde las buenas maneras. El viejo intoxicador de El País Aznárez presentaba el 13 de abril a Carmona de forma atractiva: Presidente de la junta cívico-castrense que conducirá a Venezuela hacia unas nuevas elecciones a corto plazo. El plumífero no se olvida de proclamar a los cuatro vientos las buenas intenciones del golpista: Prometió una democracia amplia, pluralista, de fuertes valores democráticos, diferente -aclaraba por su cuenta El País- a la practicada por Hugo Chávez. Para Vinogradoff, Carmona es un hombre sencillo que intentará conducir la transición en paz, democráticamente y con el respaldo de los factores representativos de la sociedad civil.

El País convertía a los golpistas en angelitos de la guarda...

Cuando decenas de miles de venezolanos bajaban de los cerros de Caracas a defender la vida del Presidente, El País hablaba de que un minoritario grupo de seguidores se resiste de hecho a la detención del ex presidente. Una vez reducido así su número, a los manifestantes que pedían el retorno a la legalidad constitucional, se les denominaba muchedumbre o manifestantes desquiciados (El País, 15 de abril). El 13 de abril Ludmila Vinogradoff decía haberse encontrado con turbas armadas chavistas en el centro de la capital.

Por el contrario, a los militares golpistas se les denomina resistencia civil (editorial de El País de 13 de abril). Para llegar a ser dioses, a los escribanos de El País, que convierten a los militares en civiles, sólo les falta convertir también los panes y los peces.

Los victimarios son las víctimas

Pero ¿quién dio el golpe? Es claro que fue un grupo de militares que amenazaron con derribar a cañonazos el Palacio Presidencial donde se encontraba reunido Chávez con los miembros de su Gobierno. No obstante, según el periódico, fue la presión de los sindicatos, empresarios y militares la que provocó la caída del teniente coronel Chávez. Naturalmente las embajadas de Estados Unidos y España quedan fuera de cualquier responsablidad.

Durante la intentona, Chávez, presidente salido de las urnas, fue secuestrado por los golpistas. Pero El País convierte a la víctima en victimario: a quien hay que pedir cuentas es a Chávez, a quien los polanquistas no tienen empacho en endosarle la responsabilidad del golpe. En plena asonada, el diario madrileño aseguró que sería bueno que Chávez y algunos de sus colaboradores detenidos rindieran cuentas de sus desmanes autoritarios y corruptos ante los tribunales de su propio país.

Los muertos durante el golpe también son responsabilidad de Chávez. Un titular del periódico dijo: Los tiroteos de grupos chavistas causaron hasta 24 muertos. Ludmila Vinogradoff aludía el 14 de abril al luto de los caraqueños por los 16 primeros mártires de la democracia, muertos a balazos el pasado jueves por manifestarse en la calle contra el ex presidente Hugo Chávez. Vinogradoff señaló a Chávez como el inductor de los disparos que causaron la muerte a los manifestantes y afirmó que los militares se opusieron y desobedecieron su orden de utilizar la fuerza armada para reprimir al pueblo; y terminó escribiendo que fue necesario sacrificar varias vidas para que [Chávez] dejara el cargo, del cual sale con las manos manchadas de sangre. Ya no puede lucir una imagen glorificada de mártir o víctima de la oposición, sino de ‘asesino’, como se lo echaron en cara sus compañeros de armas. No satisfecha con eso, acusa directamente a los grupos armados bolivarianos de ser quienes dispararon a mansalva contra los indefensos manifestantes.

Todo al revés. La verdad ya era conocida para entonces: estaba comprobado que los círculos bolivarianos nada tenían que ver con los tiroteos. Es más: fueron los partidarios de Chávez las víctimas de esos tiroteos y los golpistas quienes apretaron el gatillo. Pero la verdad a El País le importa un bledo.

Apología de un crimen de Estado

Para El Pais el golpe estaba plenamente justificado porque es un periódico que hace apología de un crimen de Estado. Se lo tenía merecido: Chávez ha jugado con fuego dentro y fuera. La situación era insostenible. El editorial del 13 de abril destacó el deterioro de la situación económica que creció con la aprobación en diciembre pasado de 49 decretos-leyes de inspiración castrista. Chávez introdujo varios centenares de asesores cubanos en Venezuela, al tiempo que suministraba a La Habana petróleo gratuito. Es una pena que ya no exista la URSS porque en Caracas habría aparecido la KGB y los viejos stalinistas de la guera fría, la Komintern... Por eso, concluyen los editorialistas del libelo, está de más que el ex teniente coronel haya sido obligado a abandonar el poder -sólo Cuba parece hoy apenada por su derrocamiento. Debieron realizar un sondeo por todo el mundo y sólo los cubanos estaban apenados por la suerte de Chávez, pero como son tan pocos...

No había más remedio: Su final se veía venir tras las cada vez más numerosas declaraciones de diversos militares, el deterioro de la situación económica y la marea de protesta de la clase media. Los gorilones uniformados trataban de liberar a Venezuela de un grave problema y poner a expertos empresarios en lugar de Chávez: A la luz de los hechos, hay que elogiar al menos que la decisión de la cúpula militar de ceder el poder a un civil, aunque resulte singular que el elegido sea el presidente de la patronal. Los bolivarianos habían introducido a Venezuela en el eje del mal: Chávez no parecía haberse percatado de cómo ha cambiado el mundo tras el 11-S: evitó condenar los atentados de Nueva York y el Pentágono, viajó a Bagdad para expresar su apoyo a Sadam Hussein, apoyó la guerrilla colombiana de las FARC, estrechó sus relaciones con Castro y acogió a Montesinos, la mano negra de Fujimori. ¡Qué malvado! Casi como Rasputín, Atila o Nerón.

¿Por qué miente El País?

El País miente porque es un monopolio imperialista con importantes intereses económicos en Venezuela y en todo América Latina. A ellos no les importa la información ni la cultura, salvo si son negocio. En lugar de vender lavadoras, trafican con información y con cultura o, por mejor decirlo, con desinformación, con incultura y con pornografía.

A partes iguales, PRISA y Caracol Radio forman el Grupo Latinoamericano de Radiodifusión. Los polanquistas tienen casi un 20 por ciento de las acciones de Caracol Radio, la cadena de cabecera en Colombia cuyo socio mayoritario es el grupo empresarial Valores Bavaria (Valbavaria), del que forman parte Bellsouth (Estados Unidos) y Carrefour (Francia). Los que leen El País conocen a su presidente, Javier Aguirre, que asumió la dirección en 2001.

Como no podía ser de otra forma, en el tinglado está el Grupo Cisneros, uno de los grupos de comunicación más importantes de Latinoamérica y, especialmente, de Venezuela que se ha destacado especialmente en su guerra mediática, intoxicadora y golpista contra Chávez. Gustavo Cisneros es amigo íntimo de George Bush (padre). Durante el golpe, la sede de Venevisión, propiedad de Cisneros, se convirtió en el estado mayor de los golpistas, incluidos los obispos.

Direct TV, del Grupo Cisneros, posee un siete por ciento del accionariado de Vía Digital, luego integrado con Sogecable, propiedad de PRISA.

El grupo Santillana es otra de las marcas de la mafia polanquista con presencia en Venezuela.

Todavía no entendemos por qué la Audiencia Nacional no cerró en 2002 todos estos medios de difusión que se habían convertido en portavoces de los terroristas venezolanos y hacían apología de sus acciones violentas.

¿Por qué participó España en el golpe?

Porque el BBVA es accionista mayoritario del Banco Provincial y la mafia PRISA tiene presencia en Venezuela a través de la participación de Sogecable en más de un cinco por ciento de las acciones del BBVA.

Porque el Banco de Santander es propietario del 94 por ciento de las acciones del Banco de Venezuela y del Banco de Caracas.

Porque uno de los objetivos del golpe era la privatización de Petróleos de Venezuela S.A. para dejarla en manos, entre otros, de Repsol. Gustavo Cisneros, el compinche de Polanco, se adueñaría de la filial estadounidense tras la privatización.

Porque hay más de 80 multinacionales españolas con inversiones en Venezuela, entre las que sobresalen Mapfre, Editorial Planeta Venezolana, Grijalbo y Editorial Santillana, Fomento de Obras y Construcciones S.A., Fospuca y Aldeasa, Hesperia Hotel Isla Bonita, Hotel Gran Meliá Caracas, Zara de Venezuela S.A. (del Grupo Inditex), Sanitas Venezuela, Indra Sistemas, Terra y Atento.

El golpe obtuvo el respaldo inmediato de la CEOE que felicitó a Carmona, su homónimo en Fedecámaras, la patronal venezolana.

También el jefe operativo de los GAL, Felipe González, se destacó en su defensa del golpe contra Chávez. Quizá porque él llegó al gobierno después de otro golpe, el 23 de febrero de 1981. Quizá por las mismas razones por las que concedió un billón de pesetas a Polanco, al mismo tiempo que organizaba el terrorismo de Estado. ¿Cómo separar una cosa de la otra? Quizá porque vendió Galerías Preciados a Cisneros a precio de saldo... Quizá por todas esas cosas juntas y algunas más.

¿Por qué participó Estados Unidos en el golpe?

Porque Chávez no le sigue la corriente a los imperialistas estadounidenses, a quienes se ha enfrentado en tres capítuos estratégicos:

— no permite establecer en Venezuela bases militares para abordar el Plan Colombia y atacar a la guerrilla vecina
— alienta la política petrolera de la OPEP
— no sólo no participa del bloqueo a Cuba sino que se declara amigo de Fidel

El embajador estadounidense Charles Shapiro había llegado a Caracas poco antes del golpe en sustitución de su homóloga Donna Hrinak. Shapiro es un experto golpista. Fue agregado militar en Chile cuando se produjo el golpe de Estado que terminó con la vida de Allende; en El Salvador, donde fueron perseguidos los grupos revolucionarios; y también en Nicaragua, donde el gobierno de Reagan financió a la contra nicaragüense. En Venezuela fue visto abandonado el Palacio de Miraflores abrazado a Pedro Carmona. Con ellos estaba el embajador español Manuel Viturro de la Torre.

Viturro de la Torre es un matón que formó parte de los comandos fascistas de Defensa Universitaria en Madrid. Hijo de un diplomático franquista, fracasó en todas las oposiciones a la Escuela Diplomática, en la que entró gracias al apoyo de Fraga y Rosón. Tenía una foto de Franco en su despacho en Caracas, como lo tuvo en Madrid y en sus anteriores destinos. En uno de ellos en Bolivia, Hugo Bánzer le concedió una medalla.

Enviado por Otto Reich, asesor para asuntos hemisféricos, James Roger se fue a la embajada de Estados Unidos en Caracas como asesor militar unos meses antes para preparar el terreno. En la operación también estuvo implicado Ronald MacCammon y varios policías antidroga. James Roger y Ronald MacCammon estuvieron en Fuerte Tiuna la noche del golpe.

¿Por qué El País no nos contó nada de esto?

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