Estatut de Catalunya:
OPA al Estado de las Autonomías

Todo cruje, hasta los más rancios cimientos, tan trabajosamente levantados en 1978 (lo de trabajoso es por las dificultades naturales para asesinar a 600 antifascistas, que ese fue el coste del pacto constitucional de 1978). Si el curso anterior se cerró con el portazo al plan Ibarretxe, el nuevo se abre con algo parecido: otro Estatut para Catalunya.

Es que el viejo Estatut se ha quedado obsoleto? No: lo que en realidad ha quedado obsoleta es la misma Constitución. Por eso los falangistas del PP se quejan: el nuevo Estatut contradice la Constitución de 1978, es un ataque directo a su línea de flotación.

Pero, verdaderamente, discutir si el nuevo Estatut cabe o no dentro de la vieja Constitución fascista es absurdo, propio de picapleitos. Lo único cierto es que es Catalunya quien no cabe dentro de la Constitución. Esto sí que es algo realmente importante. Y su consecuencia lógica también es importante: si una nación no cabe dentro de la norma, lo que habrá que cambiar será la norma, no la nación, que no puede dejar de ser lo que es, o sea, una nación.

Los fascistas (y con ellos los socialfascistas del PSOE) dicen que la Constitución define a España como única nación. Pero los antifascistas decimos todo lo contrario: España no es una nación; Catalunya sí lo es.

Por tanto, si la Constitución de 1978 dice lo contrario es porque es una norma fascista, impuesta a costa de 600 asesinatos. Lo que hay que hacer es eliminarla.

Así de claras son las cosas; así de delimitados están los bandos.

Pero esto es sólo una parte del problema. Vayamos a ver la otra.



Al mismo tiempo que la burguesía catalana, en el plano político, lanza el órdago del Estatut, lanza otro órdago también en el plano económico, que los entendidos llaman OPA: Gas Natural quiere comprar ENDESA. Detrás de Gas Natural está La Caixa (de Catalunya), detrás de ENDESA está CajaMadrid (cuyo nombre lo dice todo).

El revuelo económico no es menor que el político. Las espadas están en lo más alto y para que la OPA fracase ENDESA se ha ido hasta Bruselas.

Los falangistas del PP dicen que la OPA es un asunto político; los demás dicen que se trata sólo de un asunto puramente económico. Parece raro que unos neoliberales digan a estas alturas- que detrás de una OPA hay una maniobra política, pero toda la prensa que ellos controlan insisten una y otra vez sobre lo mismo, por lo que no estaríamos en presencia de una sola operación política sino de dos: el Estatut y la OPA.

Si leemos el convenio tripartito que sustenta al gobierno de Maragall, el asunto es evidente porque establece como uno de los objetivos del gobierno autonómico el fortalecimiento y expansión de los monopolios catalanes. Dicho y hecho. La prueba es que Gas Natural se quiere comer ENDESA (con el apoyo del tripartito catalán).

De este sencillo acontecimiento podemos extraer muchas enseñanzas. Por el momento vamos a centrarnos en dos de ellas.

Primera enseñanza: como venimos diciendo desde hace tiempo, el manoseado neoliberalismo es un camelo, ya que detrás de cada poder económico hay siempre un poder político. Una cosa no se puede separar de la otra. Además, los poderes políticos y económicos sí tienen nacionalidad y esa nacionalidad es importante. Por eso los comunistas no hablamos de neoliberalismo sino de todo lo contrario: hablamos de capitalismo monopolista del Estado.

Segunda enseñanza: los comunistas luchamos contra la opresión nacional de Catalunya pero no le vamos a seguir el juego a la burguesía nacionalista catalana. Ambas cosas son muy diferentes.



El problema hay que verlo en su dimensión histórica. España no ha podido resolver nunca el problema nacional por las mismas razones por las cuales no ha podido resolver ninguno de los problemas que viene arrastrando históricamente y que lo convierten en un Estado extremadamente frágil: porque nunca ha sido un Estado democrático, de manera que una oligarquía fascista (y centralista) siempre ha tratado de imponerse por la fuerza, por la violencia frente a todos sus oponentes, sean quienes fuesen en cada momento. Por eso España no tiene nada que ver con otros Estados europeos: aquí se impuso el fascismo durante décadas y todo lo dejaron para luego atado bien atado. Esto no ha sucedido en ningún otro país del mundo; aquí de la democracia no hemos conocido más que breves destellos en épocas muy concretas de la historia, especialmente en la etapa de la República. Lo que sí conocemos bien es al fascismo y a los fascistas.

Esto ha hecho de España un Estado que, a pesar de las apariencias y de los despliegues de fuerza, es débil y su debilidad le hace recurrir a la violencia y no a la democracia para resolver los problemas que arrastra, entre ellos, el de las naciones oprimidas.

En 1978 los fascistas tuvieron uno de esos momentos de debilidad: para seguir otros 40 años en el poder tuvieron que abrir un poco la mano. Así nació el Estado de las Autonomías.

Hagamos aquí un paréntesis recordatorio: el PP no apoyó la Constitución de 1978 precisamente a causa de que en la misma se estableció el Estado de las Autonomías. Ellos estaban entonces por el centralismo puro y duro. Ahora, casi 30 años después de aquello, las cosas han dado la vuelta: el PP es el único que defiende la Constitución y el Estado de las Autonomías y no quiere cambiar ni una coma.

Qué ha pasado desde entonces?

Lo que ha pasado es lo que la OPA de Gas Natural sobre ENDESA demuestra: que a lo largo de estos años la burguesía nacionalista se ha fortalecido más rápidamente que la burguesía centralista. Con las autonomías la correlación de fuerzas ha cambiado a su favor hasta el punto de que es capaz de devorar a ENDESA, un monopolio típico de la oligarquía fascista de toda la vida.

Recordemos otro hecho más reciente: bajo el gobierno del Aznarín, REPSOL (un monopolio centralista) intentó una OPA a la inversa contra Gas Natural que no tuvo éxito por la oposición política nada menos que del PP. Ésa es otra de las lecciones que extraemos de todo este fenómeno, que confirma las tesis que venimos avanzando: los capitales ligados al centralismo no son capaces de apoderarse de los capitales respaldados por las autonomías, pero éstos sí pueden con aquellos. La correlación de fuerzas es evidente.



El planteamiento que hace la burguesía nacional es claro: si con las migajas de las autonomías hemos llegado hasta aquí, podríamos avanzar mucho más y mucho más rápidamente con todo un Estado. Es más: han llegado a un punto en el que necesitan imperiosamente un Estado para seguir acumulando y compitiendo.

Pero qué Estado? A esa parte de la burguesía ya no le interesa el Estado salido de la Constitución de 1978; necesita más poder político de manera que si no se lo dan ahora (con el Estatut o con lo que sea) se lo buscará en otra parte.

Así están las cosas.

El gobierno del Zapatitos está por ceder y volver a articular de nuevo el Estado de una manera federal, reconociendo el peso (político y económico) ganado por las burguesías nacionales. Es obvio que para los burgueses (para todos ellos) los problemas no están en el concepto de nación sino en el reparto del botín, que es lo que van a discutir.

Nosotros, los comunistas lo tenemos claro: España es un Estado y Catalunya es una nación. Como tal, le corresponden todos sus derechos, el más importante de los cuales es el derecho de autodeterminación. Pero al mismo tiempo que defendemos a Catalunya, no defendemos a la burguesía catalana y no nos vamos a arrastrar detrás de ella en sus manejos y chanchullos. Es más tampoco vamos a dejar que embauque a las masas con su falso nacionalismo, con su falsa defensa de Catalunya. A ellos (se llamen CiU, ERC, EU, PSC, o como se llamen) sólo les interesa acumular y explotar en las mejores condiciones posibles y, por tanto, nos van a tener enfrente siempre.

La consigna es clara: los comunistas llamamos a defender todos los derechos de Catalunya como nación frente al centralismo fascista, al tiempo que alertamos de la demagogia que con la excusa de Catalunya pretende levantar la burguesía nacionalista para sus propios fines monopolistas.

Una cosa no impide la otra y, una vez más, nos toca luchar en dos frentes.

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