Entre golpistas anda el juego

En este país los militares no dan ni golpe pero dan golpes (de Estado) y, por contagio, los demás funcionarios públicos le han cogido el gusto a eso de no dar ni golpe pero dar golpes (de efecto). Si hace unos días volvía a sonar –como en los peores tiempos- el ruido de sables, ahora los rumores de malestar se extienden entre los togados. Nada menos que Fungairiño, el Fiscal-Jefe de la Audiencia Nacional, es despedido de su cargo.

Los falangistas del PP están echando toda la carne en el asador; no hay día que no preparen un altercado, si no es en la calle es en los despachos, donde las alfombras amortiguan el ruido (de los golpes).

La nómina va engordando: el matrimonio de los homosexuales, la nueva ley de educación, los papeles de Salamanca, la negociación con la resistencia armada antifascista, el Yak-42, el nuevo Estatut, la OPA de Gas Natural,...

Si rabian de coraje no les faltan motivos y su vena cavernícola les sale hasta por los poros. Están apretando al máximo, aprovechándose también de la absoluta falta de decisión por parte de Zapatero y sus muchachos, que están dejando comerse la tostada (no dan ni golpe). El exceso de talante les puede salir caro...

Ahora le ha tocado el turno a Fungairiño, que no es la primera vez que monta el espectáculo, porque eso le encanta, rompe la monotonía de su gris oficina en la Audiencia Nacional. Fungairiño es un nazi que desde hace muchos años se viene prestando a ser el mamporrero con toga de la Guardia Civil. Luego dicen que somos nosotros los que exageramos, pero Fungairiño dijo que lo de Pinochet en Chile no había sido un golpe (de Estado) sino sólo un paréntesis constitucional. La Audiencia Nacional no está para esas cosas; no está para perseguir a los torturadores sino a los torturados; no saben hacer otro tipo de juicios que ésos; son especialistas en darle la vuelta a la tortilla, algo que ya forma parte de la historia de este país (fuimos los republicanos los que dimos el golpe de Estado de 1936 y nos fusilaron luego por rebelión porque ellos, los rebeldes no son golpistas).

En la época de Felipe González este fiscal ya dio su golpe al gobierno de turno y ¿sabéis lo que hicieron los socialfascistas? Pues justamente eso: en lugar de destituirle a él, le destituyeron al Fiscal General del Estado. Es como si arrestan al capitán porque le ha desobedecido el sargento... Siempre las cosas al revés. Ahora Fungairiño, a quien ni la socialdemocracia más dócil le gusta un pelo, vuelve a ponerse terco... y le ascienden a fiscal del Tribunal Supremo (ya se sabe que en los países bananeros cuando a uno le ascienden es que quieren quitárselo de enmedio).

No es que Fungairiño esté bien destituido: es que nunca debió ocupar su cargo porque -aunque lo callen- no reunía las condiciones legales exigidas para ser fiscal-jefe de la Audiencia Nacional. Para ser claros: quien tenía que defender la legalidad estaba ahí ilegalmente. O mejor dicho: que fue el PP quien le nombró a dedo saltándose a la la torerera sus propias normas legales (¿y no es esto un golpe de Estado, aunque sea en pequeñito?).

Otro ejemplar de zoológico de los que nos gobiernan es el máximo jefe de la judicatura, Francisco José Hernando, Presidente del Tribunal Supremo y Presidente del Consejo General del Poder Judicial, que ya ha demostrado suficientemente su cariño por los valores humanos cuya defensa tiene encomendada. Este sujeto es el que dijo aquello de que Scotland Yard había hecho muy bien matando y rematando al obrero brasileño Menezes en el metro de Londres porque estamos ya en la III Guerra Mundial y recientemente, al más puro estilo fascineroso, comparó al idioma catalán con las sevillanas.

Esto es así: aquí los que tienen el poder no sólo son unos fascistas redomados sino completamente imbéciles.

Pero habríamos perdido de vista lo principal si pensáramos que tipos como Hernando o Fungairiño son un caso aislado. Por supuesto que eso es lo que prima en la Audiencia Nacional, un tribunal descaradamente fascista (golpista) que tiene entre sus competencias privilegiadas el encarcelamiento de por vida de los antifascistas. Lo mismo que la Guardia Civil, este tribunal especial se ha convertido en todo un símbolo de la represión desde su refundación durante la transición política. Recordemos: cuando Fungairiño tomo posesión de su cargo juró solemnemente lealtad a Franco y a los Principios del Movimiento Nacional (golpista). Como él son todos los jueces (y fiscales, y funcionarios) que hemos heredado del pasado y que la transición no nos quitó de encima.

Sin embargo, la tostada vuelve a aparecer al revés: con el juicio a Pinochet y similares por todo Latinoamérica piensan que este tribunal es como el gran oráculo que protege los derechos humanos en todo el mundo. Ahora van a juzgar nada menos que el supuesto genocidio del Tibet. Por sus calabozos pasan todos los días delante de sus ojos los antifascistas torturados y masacrados pero eso a sus jueces les importa un bledo. Les preocupan los derechos humanos en el Tibet.

Por ejemplo, les preocupa mucho el derecho de asociación, por eso han ilegalizado a nuestro Partido y a otras organizaciones populares. Cuando la ilegalización comenzó a fraguarse, a Garzón –el tótem de esa caverna- le preguntaron dos diputados acerca de su opinión sobre la Ley de Partidos que pretendía ilegalizar a Batasuna. El juez les respondió que esa ley no sólo era anticonstitucional sino que, además, no era necesaria en absoluto: Yo mismo puedo hacerlo, les dijo. Dicho y hecho. A Garzón le va el protagonismo y pocos días antes de la entrada en vigor de la Ley de Partidos, se adelantó e ilegalizó a Batasuna por su cuenta. Detrás vinimos nosotros.

El detalle es curioso: un funcionario acumula más poder que todo un parlamento junto. Puede lograr incluso lo que 600 diputados representantes del pueblo no pueden.

La democracia a la española está repleta de personajes así, de militares golpistas, de jueces estrella, de funcionarios díscolos y de políticos esperpénticos. Son los pilares de este maravilloso Estado de Deshecho y se permiten jugar a las presiones extraparlamentarias más allá de su propia legalidad. Luego no les importa decir que aquí la democracia está consolidada y que no hay cambios de gobieno traumáticos. Pues si eso es verdad que nos expliquen cómo es posible que el PSOE haya llegado al poder tras un 23-F y un 11-M, o sea, tras sendos golpes de Estado.

La única explicación es la siguiente: vivimos en un país de militares golpistas desde el año 1808, hace ya 200 años; aquí las cosas nunca se han arreglado por las buenas sino por la fuerza bruta, de manera que todos ven como normal ese tipo de grandes y pequeños golpes. Aquí siempre ha habido muchas clases de golpes; hay golpes de timón, golpes de efecto, hay los que no dan ni golpe y hay los que en los cuartelillos te muelen a golpes.

Dentro del partido golpista por antonomasia, el PP, también tienen sus propios golpes internos. Hace unos meses Piqué dijo que había que acabar con la vieja guardia (se refería al dúo Acebes-Zaplana); ahora vuelve a dar otro golpe diciendo que el Estatut no está tan mal como lo pinta Rajoy. En marzo el PP tendrá una convención y si alguien no da un golpe de partido la vieja guardia va a tener que emprender un verdadero via crucis (político, claro).

Pero para golpes, los últimos de ETA que han sacado de su sopor al Zapatitos y sus chicos. Es que este gobierno acaba con la paciencia de cualquiera porque no solamente se ha enfadado ETA –y con razón- sino que hasta el mismo Ibarretxe les ha dicho a los de la Moncloa que espabilen de una vez porque están realmente atontados y les van a llover golpes desde todas partes. Si siguen dormidos, el Lehendakari está dipuesto a convocar la mesa de partidos por su cuenta para avanzar en la negociación política.

Este sería otro golpe, lo que pasa es que ya muy repetido. A Atutxa (presidente de un parlamento autonómico) quisieron encarcelarlo por no disolver al grupo parlamentario de Batasuna como le había ordenado el Tribunal Supremo. A Ibarretxe (presidente de una comunidad autónoma) también quisieron encarcelarlo por tratar de convocar un referéndum.

Esas cosas sólo pasan aquí; sólo en este país es posible concebir que a un mandatario público elegido en las urnas se le pueda meter en la cárcel por recurrir a algo tan democrático como es convocar un referémdum. Así que la pregunta sigue en el aire: ¿dónde está el golpe de Estado? ¿en convocar el referéndum o en encarcelar al presidente de una comunidad autonóma por ello?

Como éste es un país democrático cada uno puede opinar lo que quiera. Ahora bien lo verdaderamente importante de todo este asunto, sin duda, es que Zapatero no da ni golpe y hay que recordárselo a base de golpes.

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