Haití: las mentiras de Ban Ki Moon

José Steinsleger
La Jornada (México), 9 de agosto de 2007

En días pasados, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, visitó Puerto Príncipe (en particular Cité Soleil, urbe paupérrima habitada por medio millón de personas), y luego redactó un informe increíble, adjetivo que por sus contenidos se nos hace más apropiado que un aguado no creíble.

Me alegré de ver tanta actividad y animación, tantos indicios de normalidad, dijo el coreano, a más de festejar y solicitar al Consejo de Seguridad (o sea a Estados Unidos) una prórroga a la presencia de la llamada Misión de Estabilización (sic) de las Naciones Unidas (ONU, Minustah). Oigamos, entonces, la versión de Mercius Lublin, morador del distrito Boston de Cité Soleil, en la noche del primero de febrero pasado:

... La familia estaba durmiendo en el suelo porque los soldados de la ONU habían aconsejado a todos en la zona que lo hicieran así. Entonces empezaron a disparar. Me di cuenta de que yo había sido herido en un brazo, mi mujer en los pies y que mis dos hijas se hallaban bañadas en sangre (Stephanie y Alexandra Lublin, de 7 y 4 años años).

Según la agencia de noticias IPS (que inspeccionó los cadáveres de las niñas), la Minustah calificó el hecho de daños colaterales. Por su lado, el representante especial adjunto del secretario general de la ONU para Haití, Joel Boutroue, responsabilizó de los asesinatos a los miembros de las pandillas. En suma: un capítulo más del operativo Sin Piedad Hacia Cité Soleil (así llamado por la Minustah en diciembre pasado).

Siempre que se habla de Haití, hay que volver a empezar. ¿Hay palabras para explicar por qué su pueblo sigue cargando con dos siglos malditos de civilización y progreso? En la literatura aparecen. Recordemos al suizo Siguera, personaje de la novela El siglo de las luces (Alejo Carpentier, 1962), cuando en medio de la guerra independentista le dice a un francés: Los negros no los esperaron a ustedes para proclamarse libres un número incalculable de veces.

Con Haití hay un problema. Es un pueblo de negros explotados sin misericordia por un grupo minúsculo de burgueses negros. Pueblo que hace 200 años derrotó, simultáneamente, a todas las potencias militares de la cristiandad y, por esto, y nada más que por esto, se le dio de baja en el concierto de las naciones libres.

El suizo de Carpentier daba a entender que las ideas, alzamientos populares y proclamas independentistas de Haití fueron producto de sus contradicciones, primero, y de las influencias libertarias del pensamiento anglosajón y europeo, después. Todo lo que hizo la Revolución Francesa -añade- fue legalizar la Gran Cimarronada que no cesa desde el siglo XVI.

¿Acaso Macandal, quemado vivo por los franceses, fue en su época un simple jefe de pandilleros? Treinta y tres años después, en 1791, se levantó Boukman, quien organizó a los esclavos negros en el norte de Haití, proporcionándoles veneno hecho por él mismo de yerbas del país, para que se lo dieran a los franceses en comidas y refrescos.

En la noche de truenos y relámpagos del 22 de agosto de 1791, en una ceremonia vudú celebrada en el bosque de Bois Caiman, Boukman inició la rebelión de los esclavos. Los alzados imploraron la ayuda vengadora de los dioses negros contra los dioses blancos de la esclavitud, y así sostuvieron, victoriosamente, las cuatro patas de la libertad: la causa antiesclavista, la causa anticolonialista, la causa antifeudal, y la causa antimperialista.

En Haití, observó Carpentier, nació el verdadero concepto de independencia. Pero los llamados jacobinos negros decretaron derechos políticos iguales para todos los negros libres y los mulatos, y nada dijeron de los esclavos negros. La Asamblea francesa envió sus representantes y, ante el peligro de perder la rica colonia azucarera a manos de los ingleses, publicaron el decreto de emancipación general de los esclavos el 29 de agosto de 1793, hecho que no había ocurrido en el mundo hasta ese momento.

A inicios de 2004, los haitianos no pudieron celebrar el bicentenario de su independencia. Washington, París y la elite negra derrocaron al presidente constitucional Jean Bertrand Aristide. El país caribeño fue ocupado por enésima vez en su historia. Y a continuación, dispusieron que la Minustah quedase a cargo de las tareas sucias: 10 mil asesinatos, para empezar.

En ese mismo año, el Programa para el Desarrollo de Naciones Unidas señalaba que con 8 millones y medio de habitantes, 7 millones de haitianos subsistían con menos de dos dólares diarios. Y cinco, de estos siete, con menos de un dólar al día. La comida disponible apenas alcanzaba entonces para 55 por ciento en un país donde una de cada tres muertes, 38 mil al año, correspondía a niños y niñas menores de cinco años consumidos por la desnutrición crónica, grave y extrema.

Sin embargo, el lobotomizado señor Ban Ki Moon, títere de a Casa Negra, intituló su informe: Una esperanza para Haití. Porque vea usted: gracias a la promulgación de nuevas leyes, los ingresos fiscales aumentaron una tercera parte el año pasado... etcétera.

Segunda matanza de las fuerzas de la ONU en Haití

Tras el golpe de Estado de febrero de 2004 Haití es escenario de una imparable crisis en todos los órdenes. Desde que las tropas de la ONU ocupan Haití, con el título de fuerza humanitaria y de paz, lo que menos hubo fue algo de paz o una mínima mejora en cualquiera de los aspectos de la vida diaria y de las necesidades de la población. Al contrario: a pesar de las elecciones, las matanzas de las tropas de ocupación de la ONU se suceden: hubo una primera en julio de 2005 y otra un año y medio después, en diciembre de 2006.

A primeras horas de la mañana del 22 de diciembre de 2006 las fuerzas de la ONU llevaron a cabo una verdadera carnicería en el barrio costero de chabolas de Cité Soleil, en Puerto Príncipe, la capital de Haití. Mataron a más de 30 personas, mujeres, niños y ancianos. Les disparaban como si fueran animales, según dijeron testigos oculares.

El ataque fue provocado no por una oleada de secuestros, como sostuvo la ONU, sino por una nueva manifestación masiva de partidarios de Lavalas que comenzó en Cité Soleil. Cerca de 10.000 personas se habían manifestado durante varios días por el regreso del presidente Aristide, en claro repudio a lo que califican de ocupación militar extranjera del país.

Lavalas es un movimiento político del depuesto dirigente haitiano Jean Bertrand Aristide, derrocado por el golpe de Estado de 29 de febrero de 2004 por tropas estadounidenses y exiliado en Sudáfrica. Después de su remoción, Estados Unidos envió marines para patrullar el país. Unos pocos meses después, los marines fueron reemplazados por tropas de la ONU que son las que ocupan Haití actualmente.

La masacre de diciembre fue una repetición de las operaciones militares de la ONU del 6 de julio de 2005. Aquella vez el supuesto objetivo era una presunta banda de secuestradores dirigida por un joven llamado Belony. Sin embargo, las tropas de la ONU dejaron a más de 26 personas muertas durante asesinato de Emmanuel Dred Wilmer y cuatro de sus seguidores más cercanos. Wilmer era hostil a la ocupación militar de su país por la ONU, y se había opuesto al derrocamiento de Jean Bertrand Aristide. Dirigió una resistencia armada e inspiró otros a hacer lo mismo contra la brutal policía haitiana y el corrupto sistema legislativo.

Filmaciones realizadas por videógrafos pertenecientes al Proyecto de Información de Haití muestran cómo civiles desarmados cayeron víctimas del fuego indiscriminado de las fuerzas de la ONU. Aunque la ONU niega que se haya disparado desde helicópteros, a un hombre no identificado de 28 años se le ve morir delante de las cámaras declarando haber sido baleado en el abdomen desde un helicóptero que volaba sobre la zona.

No es la primera vez que la ONU desmiente haber asesinado a civiles desarmados en Cité Soleil, un barrio de unos 400.000 habitantes. La fuerza de ocupación también negó haber matado a civiles desarmados el 6 de julio de 2005. Eloufi Boulbars, un portavoz de la ONU, declaraba el 8 de julio de 2005 que vimos a cinco personas asesinadas, fue lo que pudimos contar. A bandidos armados que intentaban resistir se les mataba o hería. Pero la evidencia brindada por el documental obligó finalmente a la ONU a admitir que civiles desarmados habían sido asesinados por sus tropas.

Lo sucedido en diciembre no fue muy distinto, con la ONU suministrando a la prensa un relato falso que aludía a una intervención militar contra secuestradores y desmintiendo una vez más el uso de la fuerza, que había provocado numerosas muertes entre civiles desarmados.

Otra similitud fue la total indiferencia de la ONU en prever víctimas civiles. Como sucediera en julio de 2005, ninguna unidad médica acompañó a las fuerzas de la ONU, mientras que residentes alcanzados por el fuego continuo e indiscriminado se desangraban hasta la muerte en plena calle o lograban arrastrarse hasta sus viviendas para morir en brazos de sus familiares.

Más de tres horas de filmaciones de vídeo y un gran surtido de fotos digitales ilustran, como jamás podrían hacerlo las palabras, lo que la ONU está haciendo en Haití. Los heridos y agonizantes expresan su horror y desconcierto acerca de las razones por las que la ONU les dispara. Un joven de 16 años, al ver que está a punto de morir, pregunta por qué las fuerzas de la ONU le disparan. Menos de una hora después un cuerpo sin vida yace en lugar de lo que había sido hasta hace poco un joven alegre y elocuente. El montador y fundador del Proyecto de Información de Haití, Kevin Pina, comenta: Está claro que esto constituye un acto del terror contra la comunidad. La evidencia que este video brinda muestra claramente que la ONU es culpable, de nuevo, de haber encañonado a civiles desarmados en Cité Soleil. No puede haber justificación para el uso de tal grado de fuerza en zonas densamente pobladas de este barrio. Está claro que la ONU considera la matanza de estos inocentes como algo que de alguna manera resulta aceptable para sus fines de pacificación de esta comunidad. Cada manifestación, no importa lo pacífica que sea, se ve como una amenaza a su control si ésta contiene demandas por el retorno de Aristide a Haití. En este contexto se nos hace difícil seguir viendo la misión de la ONU como una fuerza independiente y neutral en Haití. Al parecer, en algún momento han decidido hacer uso de la fuerza militar para modificar el mapa político y ajustarlo a las metas estratégicas que tienen para el pueblo haitiano.

El presidente René Preval, elegido en febrero de 2006 con la ayuda del movimiento Lavalas de Aristide, dio el visto bueno para la masacre. Ahora el pueblo de Cité Soleil tiene un presidente con las manos manchadas de sangre de víctimas inocentes, a semejanza del enviado especial de la ONU en Haití, Edmond Mulet, y del general brasileño recientemente substituido José Elito Carvalho de Siqueira. En la mente de los supervivientes esta gente se incorpora ahora a las filas donde ya estaban el general Heleno Ribera, el anterior enviado de la ONU, el español Juan Gabriel Valdés, y el anterior primer ministro, aupado por Estados Unidos, Gerard Latortue, todos ellos implicados en ordenar y ocultar la masacre del 6 de julio de 2005.

Los asesinos también se presentaron a las elecciones

Un país cuyo pueblo no pidió elecciones, no necesita elecciones, puesto que ya eligió a un gobernante, Jean Bertrand Aristide, le pese a quien le pese, en las urnas del año 2000. Pero la ONU necesitaba avalar el golpe de Estado con una farsa electoral. Tuvieron que postergarlas hasta en cuatro ocasiones: se convocaron inicialmente para el 13 de noviembre de 2005, pero se vieron retrasadas sucesivamente a causa de la resistencia popular hasta el 20 de noviembre, el 27 de diciembre y el 8 de enero de 2006. Finalmente, tras un ultimátum del Consejo de Seguridad de la ONU, se pudieron celebrar el 7 de febrero de 2006.

En Cité Soleil, el barrio donde se concentran los partidarios de Aristide, la ONU no instaló ni un solo centro de votación: sus habitantes tuvieron que caminar varios kilómetros para emitir su sufragio.

Se presentaron 33 candidatos a la Presidencia en unos comicios en los que se elegía también a los 129 diputados que forman el Parlamento, de entre los más de 300.000 candidatos que se presentaron para ello.

Concurrió a las urnas Guy Philippe, comisario de policía, narcotraficante de 37 años que se declaró admirador del dictador chileno Augusto Pinochet, fue uno de los colaboradores de la CIA en el golpe de Estado que derrocó a Aristide en febrero de 2004.

Otro es Dany Toussaint, antiguo militar, sospechososo del asesinato de un conocido periodista en 2000.

Un tercer candidato, el empresario blanco Charles Henri Baker, de 50 años, también estuvo encarcelado durante el régimen de Aristide.

Padre de dos hijas e ingeniero agrónomo de 63 años, René Preval es el único ex presidente haitiano que pudo concluir su mandato, de 1996 a 2001. Preval cursó estudios de Agronomía en las universidades belgas de Gembloux y Lovaina, así como Ciencias Geotérmicas en la universidad de Pisa, en Italia. Después volvió a Haití, en la década de los 70 y tomó parte en el movimiento para derrocar al gobierno de Jean-Claude Baby Doc Duvalier.

Tras la caída de Duvalier, Preval se convirtió en aliado de Jean-Bertrand Aristide, y cuando éste fue derrocado en 1991 huyó con él.

Haití un país en el abismo

Haití, que comparte la isla La Española con la República Dominicana, es el país más pobre del continente americano, con un Producto Interior Bruto por habitante que no llega a los 480 dólares anuales. El 76 por ciento de sus exportaciones van a Estados Unidos y el 65 por ciento de sus importaciones provienen de allí. Tiene minas de bauxita (de donde se extrae el aluminio), plantaciones de café y otras materias primas menores. La mayor riqueza para las multinacionales está en su pobreza porque ofrece mano de obra muy barata. Por ello se han desarrollado en el país una gran cantidad de empresas mineras subcontratistas de grandes monopolios norteamericanos.

Con 8'3 millones de habitantes, tiene una fuerte dependencia de la ayuda internacional; Haití es un país mendicante. Si no fuera por la caridad extranjera que recibe, más de la mitad de la población no lograría sobrevivir.

Otro factor importante de supervivencia es la diáspora, la emigración, que alcanza los dos millones de personas que ha vaciado el país de una parte de su fuerza de trabajo más capaz.

A lo anterior se suma un crecimiento explosivo de la población, que pasó de cinco a ocho millones en los últimos 20 años, de los cuales el 38'6 por ciento es menor de 15 años.

Se estima que el 80 por ciento de los haitianos, que tienen una esperanza de vida de poco más de 50 años, se encuentran en paro. Para aquellos que consiguen un empleo, el salario promedio es de 1'07 dólares diarios.

El 77 por ciento de la población vive por debajo del umbral de pobreza, una tasa de mortalidad infantil del 80 por ciento que mata cada año a más de 30.000 niños antes de los cinco años de edad, y más de la mitad de la población no sabe ni leer ni escribir.

El 47 por ciento de los haitianos sufre de desnutrición crónica. De los que sobreviven, el 60 por ciento muere de VIH, la tasa más alta en el Caribe.

Además, más de la mitad de la población carece de agua potable o acceso a instalaciones sanitarias. En Gonaives, por ejemplo, en más del 70 de las viviendas no hay sanitarios.

A consecuencia de los sucesivos golpes de Estado auspiciados por Washington y Francia, la violencia es otro de los factores presentes en la vida de los haitianos: sólo en la capital, Puerto Príncipe, actualmente circulan más de 210.000 armas ligeras.

Las tropas de ocupación españolas mataron a un haitiano

El 12 de enero de 2006 el comisario de policía haitiano Ernst Dorfeuille dijo que un haitiano murió y siete resultaron heridos cuando soldados españoles de la fuerza de ocupación de la ONU abrieron fuego en una manifestación en la frontera de Haití con la República Dominicana.

España aportó a la fuerza de ocupación de la ONU policías, guardias civiles y doscientos infantes de Marina en Fort Liberté, cerca de la frontera con la República Dominicana, como parte de un batallón conjunto hispano-marroquí.

Los congregados en la frontera protestaban por la muerte de 24 haitianos muertos y enterrados en fosas comunes en una carretera cerca de la frontera entre ambos países.

La emigrción clandestina desde Haití hacia la República Dominicana es continua. Alrededor de un millón de haitianos viven en República Dominicana, la mayoría en forma ilegal. En uno de estos cruces de la frontera, 24 haitianos murieron asfixiados en el interior de un vehículo.

La policía dominicana dijo que las víctimas se asfixiaron en la parte trasera de una furgoneta, y sus cuerpos fueron arrojados a un lado del camino desde el vehículo en movimiento. Varias personas han sido detenidas por el suceso y las autoridades dominicanas se han comprometido a poner fin al tráfico de personas.

El jefe de los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas dominicanas, mayor general Rafael Radhames Ramírez Ferreiras, dijo que el incidente se produjo mientras las autoridades dominicanas enterraban en una fosa común a los 24 haitianos muertos en Dajabon. Se decidió enterrarles en una fosa común debido al avanzado estado de descomposición, dijo Ramírez.

Al día siguiente un portavoz del Ministerio de Defensa español aseguró que su contingente no tuvo la culpa de la muerte: Ese fallecimiento fue causado por disparos de un agente de inmigración haitiano, declaró. El portavoz dijo que los militares españoles habían disparado al aire para dispersar a la multitud durante los incidentes registrados en la frontera cerca de la localidad dominicana de Dajabon, 320 kilómetros al noroeste de Santo Domingo.

No supo decir si todos los soldados desplazados en el lugar eran españoles o si había también soldados de otros países. Ningún español resultó herido, declaró.

Los portavoces de la ONU en Puerto Príncipe no estuvieron disponibles para realizar comentarios.

Ramírez Ferreiras, dijo que creía que dos haitianos habían muerto y varios soldados de la ONU habían resultado heridos en los enfrentamientos.

Un francotirador mató al jefe de la misión militar de la ONU en Haití

El 7 enero de 2006 el jefe de las fuerzas de ocupación de la ONU en Haití, el teniente general brasileño Urano Teixeira da Mata Bacellar, apareció muerto de un disparo en la cabeza en Puerto Príncipe. Da Mata Bacellar tenía un disparo en la cabeza y su cadáver estaba en una habitación del hotel Montana.

El segundo en el mando de la fuerza de ocupación, el general chileno Eduardo Aldunate Herman, fue nombrado comandante interino.

Una diario dominicano, El Nacional, apuntaba basándose en fuentes haitianas que un francotirador había asesinado al militar brasileño.

Un portavoz del ejército brasileño confirmó la muerte de Da Mata Bacellar pero se abstuvo de conjeturar si se trataba de un asesinato o de un suicidio.

Por su parte, la portavoz de la ONU Stephanie Dujarric en una declaración oficial se limitó a decir que se ha iniciado una investigación a fondo. El 13 de enero la portavoz afirmaba que, a la vista de los datos, la ONU concluía que el militar brasileño se había suicidado. La autopsia realizada en Brasil apunta en esa misma dirección.

Sin embargo, Celso Amorim, ministro brasileño de Relaciones Exteriores dijo públicamente ante la prensa: Nada de lo que disponemos como informción puede probar la hipótesis de un suicidio o acreditarlo.

El teniente general había asumido a finales de agosto de 2005 la jefatura de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas para Haití, integrada por 9.000 militares y policías. La Misión fue desplegada para consolidar los resultados del golpe de Estado que destituyó al presidente Jean Bertrand Aristide en febrero de 2004.

El portavoz de la Misión en Puerto Príncipe era el español Damián Onses Cardona, quien leyó un comunicado en el que afirmaba que el extraño deceso del militar no debilitaría la determinación de las tropas de ocupación.

Golpe de Estado y secuestro de la CIA

El 29 de febrero de 2004 se produjo un golpe de Estado contra el presidente de Haití Jean Bertrand Aristide, que fue detenido, y posteriormente secuestrado, por un contingente de marines estadounidenses y un grupo de agentes de inteligencia encabezados por Luis Moreno, el delegado de la CIA en la embajada norteamericana en Haití.

También intervino una fuerza paramilitar encargada de limpiar el campo de resistentes a las fuerzas norteamericanas que entraron a primeros de marzo en Puerto Príncipe.

Como en el golpe contra Chávez en 2002, la prensa imperialista anunció el golpe de Estado como una renuncia voluntaria del propio Aristide a su cargo. No hacían más que obedecer fielmente las tesis norteamericanas. El entonces secretario de Estado norteamericano Colin Powell negó las acusaciones de golpe de Estado y secuestro y señaló que Aristide subió al avión que lo alejó de Haití por su propia voluntad: No lo obligamos a subir al avión, dijo Powell. Subió al avión por su propia voluntad y esa es la verdad, afirmó. Siguiendo estas instrucciones, el diario español El Mundo (10 de marzo de 2004) aseguraba que Aristide había abandonado el país.

Sin embargo, poco después de su secuestro, en un diálogo telefónico con la cadena CNN en español, el presidente haitiano confirmó que militares y agentes de inteligencia estadounidenses le obligaron a renunciar y le sacaron del país en un avión con rumbo desconocido.

Después de ser preguntado por Associated Press si en su derrocamiento intervinieron grupos paramilitares, Aristide relató que alrededor de las 21 horas del 28 de febrero la sede presidencial fue rodeada por militares extranjeros y criminales haitianos.

Preguntado si había salido de Haití por voluntad propia, Aristide dijo que los agentes me dijeron que si no me iba, iban a empezar a matar y a disparar. Al preguntarle quiénes eran los agentes, Aristide respondió: Estadounidenses blancos, ejército. Llegaron por la noche. Eran muchos, no pude contarlos, señaló el ex presidente.

Fuentes haitianas confirmaron que alrededor de las 4:30 horas de la madrugada (hora de Puerto Príncipe) el delegado de la CIA en la embajada norteamericana de Haití, Luis Moreno, acompañado por unos 20 agentes especiales y un contingente de marines, mantuvo un diálogo en castellano con Aristide, donde le comunicó que iba a ser sacado del país para preservar su vida y evitar un baño de sangre.

Los escuadrones de la muerte

Con Moreno también se encontraban -según confirmó Aristide- antiguos miembros del ejército haitiano y de los escuadrones paramilitares que operaron durante la dictadura militar que gobernó Haití después del primer derrocamiento de Aristide en 1990.

Esta fuerza paramilitar operaba bajo las siglas Frente por el Adelanto y el Progreso en Haití (FRAPH). Estaba equipada y entrenada por la CIA en la República Dominicana, bajo la dirección del narcotraficante y agente de la CIA, Guy Phillippe, a quien secundaba en el mando otro conocido represor y torturador, Louis-Jodel Chamblain, quienes tomaron la segunda ciudad de Haití, Cabo Haitiano.

Louis-Jodel Chamblain, vicepresidente del FRAPH, había sido condenado por asesinato pero fue liberado inmediatamente de la cárcel. El FRAPH no es más que un escuadrón de la muerte paramilitar financiado por la CIA. Desde 1996 Estados Unidos da asilo político en Nueva York al asesino Emmanuel Toto Constant, también dirigente de la misma organización. Estos escuadrones de la muerte están vinculados con los sectores anticastristas de Miami, dirigidos por el antiguo subsecretario de Estado estadounidense Otto Reich, y operan bajo órdenes directas del actual subsecretario para asuntos latinoamericanos, Roger Noriega.

Los hombres de Phillippe que acompañaban a Moreno realizaron el trabajo sucio represivo. Entraron en Puerto Príncipe con el contingente de marines norteamericanos que desembarcaron en la isla caribeña y su función consistió en limpiar desde adentro los focos rebeldes para despejar el camino y facilitar la penetración de las tropas norteamericanas. Particularmente su labor estuvo centrada en el exterminio selectivo de algunos jefes de los grupos rebeldes, peligrosos e incontrolables para la ocupación militar norteamericana que, de este modo, pudo presentarse ante el mundo como poniendo orden en el caos imperante dentro de Haití.

Los marines norteamericanos fueron secundados en esta acción por los imperialistas franceses, que también enviaron tropas, y en menor medida por los canadienses y chilenos.

Después del golpe de Estado -relatado por el propio Aristide- el presidente y su esposa Mildred Aristide, de nacionalidad estadounidense, fueron introducidos en un avión militar con la expresa recomendación de no preguntar por el destino del viaje, no utilizar el teléfono móvil, ni mirar por las ventanillas.

Durante más de cuatro horas el avión dio vueltas hasta aterrizar finalmente en el aeropuerto de la isla caribeña de Antigua. Inmediatamente se les introdujo en un coche con vidrios polarizados que se desplazó varias horas hasta una base militar donde tomaron otro avión que los trasladó a Bangui, la capital de la República Centroafricana. Allí fueron recibidos por varios funcionarios del gobierno, quedando bajo la custodia de oficiales franceses y centroafricanos.

Desde la República Centroafricana Aristide confirmó la participación de marines y de un grupo de inteligencia de la CIA en su detención, y posterior secuestro, en el palacio presidencial de Puerto Príncipe.

En declaraciones a la BBC, el representante legal de Aristide en Estados Unidos, Ira Kurzban, confirmó lo dicho por el ex mandatario y su esposa, desde su exilio en la República Centroafricana: Concretamente hubo un golpe de Estado y Estados Unidos asistió en este golpe o estuvo involucrado de alguna manera. Dio equipo y entrenamiento a los rebeldes que entraron desde la República Dominicana, dijo el secretario a la BBC.

También contó el asistente que, antes de su secuestro en la madrugada, funcionarios de la embajada norteamericana intimidaron y amenazaron al presidente diciéndole que Chamblain y su grupo matarían al mandatario, su esposa y sus simpatizantes [...] El presidente me dijo que no saldría del país y que iba a luchar. No hubo la más mínima sugerencia de que saldría del país, dijo Ira Kurzban.

Según el representante, Aristide dijo a Estados Unidos y a la comunidad internacional que aceptaría el proceso para resolver la crisis política en Haití. Pero las fuerzas golpistas no respaldaron un acuerdo. En ese momento Washington debió llegar a un acuerdo con Aristide. En lugar de seguir esa línea, prefirió culpar a Aristide. El golpe ya estaba preparado, agregó el representante de Aristide en Estados Unidos.

La congresista demócrata Maxine Waters y su par y correligionario Charles Rangel dijeron también que Aristide les llamó para decirles que había sido obligado por soldados estadounidenses a abandonar Haití.

En declaraciones realizadas desde Los Angeles, Waters dijo que recibió una llamada en la que Aristide le dijo que el jefe de personal de la embajada de Estados Unidos en Haití había ido a su residencia en Puerto Príncipe para decirle que tenía que irse ahora, porque corría el riesgo de ser asesinado y de que muchos haitianos morirían si no se marchaba.

La congresista demócrata dijo que también conversó con la esposa del ex mandatario haitiano, Mildred Aristide, quien le dijo que el golpe de Estado ha sido consumado.

Donde hay opresión...

Tras el golpe de Estado llegó la ocupación militar, que encontró una fuerte resistencia entre la población. Para legalizar la injerencia de los imperialistas, la ONU procedió a enviar una fuerza de pacificación que se ha convertido en cómplice de las atrocidades que viene cometiendo la Policía Nacional Haitiana (entrenada por la Guardia Civil española) contra la población.

Los partidarios de Aristide se agrupan en una organización llamada Lavalas que en francés criollo significa algo así como Riada. La policía haitiana ha matado a tiros a manifestantes de Lavalas desarmados en varias ocasiones durante los dos últimos años e incluso ha colocado armas sobre los cadáveres de sus víctimas para aparentar que se trata de enfrentamientos con grupos armados.

El 20 de agosto de 2005 se produjo uno de esos enfrentamientos cuando, bajo las mismas narices de las tropas de la ONU, la policía haitiana, blandiendo sus machetes, atacó a los espectadores de un partido de fútbol organizado por la USAID (Agencia de Desarrollo Internacional de Estados Unidos), matando por lo menos a ocho de ellos.

El jefe de policía durante estas operaciones era León Charles, nombrado por Estados Unidos y aceptado por la ONU. Luego fue destituido porque se quedaba con los sueldos de policías inexistentes. Sólo se le cambió de tarea; ahora Charles es el Jefe de Seguridad y Adquisición de Armas de facto del gobierno en la embajada haitiana en Washington con unos ingresos anuales de 150.000 dólares.

El manual de los imperialistas es el mismo que en Irak: invadimos, ponemos a nuestros peleles en el gobierno y luego tapamos el asunto con las urnas. A ese tipo de farsas le llaman democracia...

Jean Bertrand Aristide es un cura que seguía los principios de la Teología de la Liberación con una defensa retórica de los intereses populares. Retirado de la iglesia, se dedicó a la política y fue elegido presidente de Haití en 1990. Entonces fue derrocado por primera vez a los siete meses por los militares, que impusieron una dictadura.

Entonces Aristide se refugió en Estados Unidos. Cuando los imperialistas creyeron que estaba bien domesticado, lo volvieron a reinstalar como presidente de Haití tras una nueva invasión. Entonces Aristide, demostró que sus ideas sociales a favor de las masas populares eran inofensivas... pero aún no estaba suficientemente postrado a los pies de sus amos.

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