La muerte de Rafik Hariri abre un
nuevo foco de guerra en Oriente Medio

Rafik Hariri, ex primer ministro del Líbano y uno de los hombres más ricos del país, murió el 14 de febrero cuando un coche bomba explotó cerca del vehículo en el que se desplazaba por el centro de Beirut, causando la muerte de 15 personas más e hiriendo a otras 100. Fue ejecutado junto a la Corniche, el paseo marítimo beirutí, por un piloto suicida que hizo saltar por los aires el coche que conducía, con más de 300 kilos de dinamita, junto a la caravana de escolta. La explosión fue preparada con sumo cuidado ya que el coche estaba en marcha. Devastó varias manzanas y al menos un cadáver fue recuperado varias horas después del atentado. En el lugar de los hechos, a orillas del mar, un cráter de cinco metros de diámetro y dos de profundidad daba testimonio en mitad de la calle de la potencia del artefacto.

Un portavoz del del grupo Al Nasir (victoria) y Yihad (guerra santa) en los países de Al Sham (Siria, Líbano, Jordania y Palestina) reivindicó, en una llamada telefónica a la oficina en Beirut de la cadena de televisión Al Jazira, el ataque con explosivos. La persona que llamó por teléfono anunció que su grupo había cometido el justo castigo al infiel agente Rafik Hariri y que se ha tratado de una operación de martirio.

Tras la explosión, alentadas por el imperialismo, en Beirut se sucedieron manifestaciones de la oposición antisiria que obligaron a dimitir el primer ministro Omar Karamé. Estados Unidos y Francia -y naturalmente Israel- acusan a Siria de estar detrás de la acción y a Karamé de ser el hombre de Damasco dentro del gobierno libanés. Pero como dice Eyal Zisser, especialista en asuntos sirios en el Dayan Institute de la universidad de Tel Aviv: Es totalmente ilógico que lo haya hecho Siria. Hubiera sido una decisión estúpida por su parte. Todo el mundo vigila a ese país, que no tiene ningún interés en desestabilizar el Líbano.

Sin embargo, los días 8 y 20 de marzo otras dos impresionantes manifestaciones, de de un millón de personas la primera de ellas, volvieron a recorrer las calles de Beirut esta vez en apoyo de Karamé y la presencia de tropas sirias en el país. La convocó Hezbolá y a esta organización pertenecían la mayoría de los manifestantes.

Líbano está frontal y definitivamente mente dividido y la presencia siria es sólo una de la excusas para dbilitar al país e imponer la voluntad de los imperialistas y de sus mejores valedores en la región: Israel. Hablan de la ocupación siria de Libano pero no de la ocupación israelí de los altos del Golán; la primera es plenamente legal y consensuada, por más que los imperialistas rabien; la segunda proviene de una agresión ilegal de los sionistas en 1967.

Los imperialistas quieren que las tropas sirias evacúen para debilitar a Hezbolá y lograr así lo que no pudo lograr así la invasión isralí. Hezbolá está incluida por Estados Unidos (pero no por la Unión Europea) en la lista de organizaciones terroristas.

Por otro lado, la intolerable presión imperialista contra Siria y la amenaza de invasión, va surtiendo efecto: han entregado a los Estados Unidos a un familiar muy cercano de Sadam Hussein que estaba refugiado en su país y han comenzado el repliegue de sus tropas.

Líbano queda al pie de los caballos.

El amigo de los imperialistas norteamericanos

El atentado apresura un conflicto en ciernes y marca la vuelta de la violencia al Líbano, tras los 15 años de relativa calma que siguieron a la sangrienta guerra civil entre 1975 y 1990 que causó la muerte de 100.000 personas.

Hariri Hariri era un hombre de negocios que procedía de una familia pobre y ordinaria del Líbano. En los años sesenta emigró a Arabia Saudí donde se convirtió en un hombre muy rico.

Fue primer ministro entre 1992 y 2004, a excepción del corto intervalo en que la cartera fue ocupada por Salim Hoss de 1998 a 2000. Su renuncia, por diferencias con el presidente pro-sirio Emile Lahoud, en relación a la petición de retirada de las tropas sirias del Libano por Estados Unidos y la ONU sacudió a todo el ámbito político libanés y dividió al sector político libanés entre pro-sirios y anti-sirios pro-EEUU.

Presentó su dimisión el 6 de septiembre de 2004, junto con cuatro ministros más por su desacuerdo con la aprobación de una enmienda constitucional que permitió al presidente Emile Lahoud mantenerse en el cargo tres años más. El Parlamento había aprobado la prórroga del mandato del presidente y, aunque Hariri se oponía, votó a favor.

Hariri se convirtió en primer ministro después de los acuerdos de Taif (ciudad de Arabia Saudí) en 1989, que pusieron fin a la guerra civil en el Líbano (1975-1990). En aquel momento se aceptó la presencia de tropas sirias como un factor de estabilización. Todas las fuerzas nacionalistas deseaban la presencia de tropas sirias. Israel seguía ocupando el sur del Líbano. Hasta Estados Unidos, Francia y Arabia Saudí aceptaron entonces la presencia siria.

Luego cambió de posición y alentó a Estados Unidos y Francia a impulsar una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que ordenaba la retirada de las tropas extranjeras de Líbano. Ése no fue sólo un duro golpe para Damasco, sino que unificó a la oposición libanesa, movilizada para las elecciones parlamentarias de mayo próximo con una plataforma común antisiria.

Era elogiado por Washington, la banca internacional, y el presidente francés Jacques Chirac, que comenzaron a ver en el primer ministro libanés un muro de contención contra la influencia de Siria y de las organizaciones armadas que combaten el expansionismo israelí en la región.

Durante su mandato Hariri cultivó relaciones privilegiadas con Washington, e hizo uso de sus relaciones para incentivar la inversión estadounidense y europea, y coordinó personalmente las concesiones a empresas (entre otras las suyas propias) para la remodelación del centro financiero de Beirut, lo que le convirtió en el favorito de las transnacionales que operan en Líbano.

Hariri utilizó el aparato de Estado para enriquecerse personalmente aún más. Esto le permitó convertirse en el hombre más rico e influyente del país con una fortuna estimada en 2.000 millones de dólares. Tenía una gran casa en Washington y allí mismo estaba construyéndose otra enorme mansión.

Elogiado por los monopolios financieros internacionales, Hariri fue el responsable del incremento millonario de la deuda pública y el déficit presupuestario, lo que impulsó un alza en los intereses y la paralización de la economía, arrojando a los más bajos niveles de pobreza a los sectores más humildes del país.

Orgulloso de reinsertar al Líbano en el mapa financiero internacional, Hariri fue criticado por su programa económico por los sectores populares mientras recibía elogios del FMI y del Banco Mundial.

El Gobierno libanés saca al Ejército a la calle

Desde la explosión se observan frecuentes patrullas y el establecimiento de puestos de control en el centro de Beirut, mientras se decretaron tres días de duelo oficial por la muerte del multimillonario.

El Ejército libanés fue puesto en estado de máxima alerta y las tropas montan guardia en los puntos estratégicos de la capital. El alto mando decretó una movilización general y adoptó medidas de excepción para salvaguardar la estabilidad del país.

La muerte de Hariri, amenaza con sumir a Líbano en una nueva etapa de inestabilidad. Tras la acción, la crisis que conoce el Líbano desde el otoño de 2004 corre el riesgo de desatarse. Se había olvidado que en Oriente Próximo hay otro polvorín, el Líbano. El atentado lo ha recordado de forma dramática y también ha indicado que puede estar a punto de estallar. Y, lo que es peor, que no hay vías claras para evitarlo.

Una vez más, el Líbano paga por unas rivalidades imperialistas que le superan. La desaparición de Hariri no es, sin duda, ajena al pulso que se libra en torno a la resolución 1559 del Consejo de Seguridad de la ONU que, a iniciativa francesa y norteamericana, exige la retirada de las tropas sirias del Líbano y el desarme de las milicias.

La mayor parte de la prensa local consideraba que el atentado sume al País del Cedro en un periodo de profunda incertidumbre. Hariri murió como un mártir y el Líbano se ha sumido en la tormenta, titulaba As Safir. Para el opositor An Nahar, el infierno ha prendido de nuevo de Beirut. Al Mustaqbal, perteneciente a Hariri, afirmaba que murió como un mártir por el Líbano y recogía en su portada las acusaciones de la oposición contra Siria y el actual poder libanés.

Siria en el punto de mira

Desde que se desató la invasión estadounidense de Irak, Damasco advirtió de que uno de los objetivos principales de esta guerra era sitiar Siria.

La identificación de Siria como un país terrorista que brinda asilo y protección a las organizaciones islámicas que, según Estados Unidos e Israel, desestabilizan Oriente Medio, fue lanzada por Washington a sólo una semana de la ocupación militar de Irak. Después de que sus tanques entraran en Bagdad, Bush intensificó su presión sobre Siria para que se abstuviera de ayudar a integrantes de la resistencia. Bush le advirtió entonces que coopere con la Casa Blanca, quien también había acusado al gobierno sirio de tener armas químicas.

Aunque de forma encubierta, en septiembre de 2004 Hariri había apoyado la invasión militar de Estados Unidos y Gran Bretaña con la complicidad del Consejo de Seguridad de la ONU que, sin embargo, solicitaba la retirada de las tropas sirias del Líbano.

Desde el fin de la guerra civil en 1990, Siria mantiene unos 17.000 efectivos en Líbano en virtud de un acuerdo de amistad entre ambos países. La resolución 1559 del Consejo de Seguridad no menciona específicamente a Siria, pero ese país es el único que tiene presencia militar significativa en Líbano. En 1976, al comienzo de la guerra civil, Damasco envió a unos 25.000 soldados a Líbano a petición del gobierno de hegemonía cristiana. El conflicto concluyó con el Acuerdo de Taif, firmado en 1989 en Arabia Saudita por legisladores libaneses e incluía una reforma política, el cese de la violencia, el establecimiento de relaciones especiales entre Damasco y Beirut y la retirada de las tropas sirias, pero sin fijar un calendario.

El Consejo de Seguridad de la ONU, mediante la resolución 1559, firmada por todos los países europeos que -paradójicamente- cuestionan la política de Bush en Irak, también pidió la retirada de todas las tropas sirias en Líbano, y el enviado especial de Estados Unidos en Oriente Medio, William Burns, le pidió a Siria que ponga fin a lo que llamó interferencia en los asuntos internos del Líbano.

Estados Unidos y Francia (que hizo nuevamente gala de su doble discurso) redactaron la resolución 1559 del Consejo de Seguridad después de que Siria pidiera a altos cargos de ese país que ampliaran el mandato del presidente Emile Lahoud, aliado de Siria, pese a la oposición local.

Hariri encabezó las posturas de los sectores anti-sirios, y renunció cuando la maniobra fracasó en el Parlamento que consagró la continuidad del presidente libanés pro-sirio Emile Lahoud. El Parlamento libanés rechazó la resolución, que también pedía que los ejércitos extranjeros abandonaran el Líbano, y enmendó la Constitución para permitir a Lahoud seguir en el cargo tres años más.

Retirado del gobierno, Hariri continuó utilizando su influencia para movilizar a los sectores opositores contra Siria, en coincidencia con las amenazas de Washington y de sus funcionarios de lanzar un ataque militar contra ese país.

El 14 de febrero un coche bomba terminó con la carrera del millonario Rafik Hariri y, seguramente, su muerte marcará el principio de una etapa de grandes conflictos en el Líbano y en Siria, además de una nueva ofensiva de la Casa Blanca en la región.

Estados Unidos amenaza con represalias

Estados Unidos concedió gran trascendencia al ataque que mató al ex premier libanés; se apresuró a condenó el atentado, prometió impulsar sanciones en la ONU y consideró intolerable la política de Siria.

La ejecución del 14 de febrero reavivó los proyectos intervencionistas de la Casa Blanca en Oriente Medio, apresurando un conflicto en ciernes. Estados Unidos e Israel desataron una ofensiva conjunta contra Siria, a la que responsabilizan de la acción. La Casa Blanca no descartó la posibilidad de aplicar sanciones que, como en Irak, pueden ser el preludio de una nueva invasión militar.

La secretaria de Estado, Condoleezza Rice, aseguró que es inaceptable que Siria continúe siendo un lugar desde el cual los terroristas son financiados y ayudados para destruir el frágil proceso de Oriente Medio.

Condenamos este brutal ataque, en los términos más fuertes posibles, subrayó Scott McClellan, el portavoz de la Casa Blanca. Este crimen es un terrible recordatorio y debe estimular a los libaneses a buscar su propio futuro político, sin admitir intimidaciones como es la ocupación siria. Scott McClellan, señaló que el Ejecutivo estadounidense ya había advertido que haría todo lo posible para restablecer la independencia, soberanía y democracia del Líbano liberándolo de la ocupación extranjera.

La Casa Blanca anunció el 16 de febrero que va a realizar consultas en el Consejo de Seguridad de la ONU para tomar medidas contra los responsables de la ejecución de Hariri. El portavoz de la Casa Blanca anunció que Estados Unidos consultará con otros Gobiernos en la región y con el Consejo de Seguridad acerca de las medidas que pueden adoptarse para castigar a los responsables del atentado terrorista en Líbano.

McClellan afirmó que, hasta el momento, su Gobierno desconoce quién puede estar detrás del asesinato y no quiso conjeturar si Siria o Irán podrían ser responsables. Sin embargo, condenó con contundencia la presencia siria en Líbano.

En conferencia de prensa, el portavoz del Departamento de Estado, Richard Boucher, también condenó el ataque del 14 de febrero en Beirut y lo calificó como un incidente horrible, aclarando que aún no se ha determinado quién fue responsable y que continúan las investigaciones. El portavoz del Departamento de Estado también destacó los presuntos vínculos de Siria con al-Qaeda y su relación con Irán.

Bush llamó a consultas a la embajadora estadounidense en Siria, Margaret Scobey, como un primer paso diplomático orientado a replantear las relaciones con aquel país. Esta decisión supone acelerar un proceso de conflicto con Siria, país al que Washington acusa de promover el terrorismo, obstaculizar el proceso de paz en Oriente Medio y ayudar a la resistencia en Irak.

La secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, ordenó a su embajadora en Siria que regrese a EEUU sin más trámite, después de que la representante diplomática entregara una nota al Gobierno sirio sin que trascendiera su contenido. Rice advirtió que la representación en Damasco queda vacante por tiempo indeterminado.

La retirada de la embajadora de Estados Unidos en Siria multiplica el riesgo de un ataque armado en la región.

Israel de uñas

Siria se convirtió también en el blanco de las acusaciones de su enemigo Israel. Al mismo tiempo que Estados Unidos, Israel dijo que Damasco ha convertido Líbano en una central del terrorismo. El discurso de Israel, que mantiene ocupados los altos del Golán, y que hasta el 2000 también mantuvo tropas en lo que llamó su zona de seguridad en el sur de Líbano, es idéntico al de Bush, quien tiene la mira puesta en Siria y en Irán, en el marco de sus proyectos imperialistas.

Aunque el primer ministro Ariel Sharon afirmó que Israel busca la paz con sus vecinos árabes, entre ellos Siria, lo cierto es que el enfrentamiento crece. Sharon consideró innecesario responder a las imputaciones de Siria e Irán sobre la complicidad de Israel en la explosión de Beirut. Remarcó que Líbano está completamente bajo control sirio y aseguró que los grupos extremistas palestinos tienen sus bases en Siria y, con Irán, manejan la guerrilla de Hezbolá en Líbano. Además, dijo que Rusia venderá misiles a Siria, pese a la oposición de Israel, que teme que caigan en manos de terroristas.

El ministro de Defensa israelí, Shaul Mofaz, aseguró que el atentado que mató a Hariri fue obra de una organización terrorista prosiria que, por lo que sabemos, sería apoyada por Siria. Desde una base del ejército cerca de la frontera con Líbano, el funcionario afirmó que Siria es un país que colabora con el terrorismo y apoya fuertemente al grupo islámico Hezbolá.

Según el diario Jerusalem Post, el ministro de Defensa dijo, en una reunión con soldados, que la organización que atentó contra Hariri quería atacarlo porque se opuso a la presencia siria en Líbano. Siria está usando el terror no sólo en Líbano sino también en Irak contra las tropas de la coalición. A su vez, el presidente de la Comisión Parlamentaria para Seguridad y Defensa israelí, Yuval Steinitz (del partido de Sharon), dijo que Siria es el país número uno en apoyar al terrorismo.

El diario israelí Yediot Ahronot también apoya esa idea. Su portada mostró en primera página la imagen de Hariri en la mira de un fusil bajo el título: La venganza de Siria.

Hace muy poco, jefes del Ejército israelí advertían de que la verdadera amenaza contra una perspectiva de paz en el conflicto israelo-palestino procedía de Hezbolá. Como un eco, The Wall Street Journal repetía con cierta ironía: Gracias, de nuevo, a la resistencia francesa, apoyada por España y por Bélgica, hay pocas posibilidades de que Europa coloque a Hezbolá en la lista de organizaciones terroristas [...] Recientemente Francia ha aumentado su presión sobre Siria para que retire sus tropas y conceda total independencia al Líbano [...] Si fuera un esfuerzo sincero, no se entiende plenamente por qué Chirac cree que su blandura hacia Hezbolá ayudará a esa causa, sobre todo, tras el asesinato de Hariri [...] Pero Francia se suele oponer a toda política que tenga apoyo de EEUU.

La oposición libanesa

La oposición libanesa, que no ha cesado de responsabilizar a Siria y al Gobierno libanés con su presidente, Emile Lahud, y su primer ministro, Omar Karamé, a la cabeza, convocó una huelga general. En numerosas localidades se celebraron manifestaciones para denunciar el asesinato y acusar a Siria. Aunque no se registraron incidentes graves, en Sidón, ciudad natal de Hariri, varios manifestantes furiosos agredieron a un grupo de obreros sirios, según la policía.

La familia y aliados políticos de Hariri rechazaron con firmeza la celebración de unos funerales de Estado. Los parientes manifestaron que cualquiera podrá acudir a la mezquita, incluso el presidente o sus ministros, porque es un lugar público, pero rechazamos todo homenaje del Estado, que deberá limitarse a asegurar el orden público en los actos.

Tras una reunión en la casa de Hariri en Beirut en la misma noche del operativo, los dirigentes de la oposición libanesa responsabilizaron tanto al régimen del presidente libanés, Emile Lahud, apoyado por Siria, como a Damasco del atentado. También reiteraron que Siria debe retirar sus fuerzas del territorio libanés antes de las elecciones parlamentarias de mayo de 2005 y dejar de intervenir en los asuntos internos de Líbano.

La oposición libanesa intenta conseguir que Beirut y Damasco apliquen la resolución 1559 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada en septiembre de 2004 con apoyo de Estados Unidos y Francia, que pide que Siria ponga fin a su presencia militar en Líbano.

La oposición, al igual que numerosos gobiernos, entre ellos los de España, Francia, Alemania y Estados Unidos, pidieron una investigación internacional del atentado pero el Ejecutivo libanés, a través del titular de Interior, rechazó esta posibilidad por considerarla inaceptable, ya que los servicios de investigación recurrirán, si lo consideran necesario, a expertos de países neutrales. En la misma línea se situaron Arabia Saudí y otros países árabes, que consideran esta petición ofensiva para la independencia del Líbano.

El presidente Lahud y el jefe del Gobierno libanés, Karamé, no acudieron al domicilio a dar el pésame a la familia aunque el Ejecutivo decretó tres día de duelo nacional.

Kofi Annan

El secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, aliado de Estados Unidos en el cumplimiento de la resolución 1559 del Consejo de Seguridad, dijo que debe avanzarse más en la retirada de tropas sirias de Líbano. Annan señaló a la prensa que recientemente envió al presidente de Siria, Bashar al-Assad, una carta instándolo a cumplir con la resolución de la ONU, la cual exige poner fin a la intervención extranjera en Líbano y la retirada de las fuerzas de otros países.

En Nueva York, el Consejo de Seguridad de la ONU condenó el ataque terrorista y expresó su preocupación por la posibilidad de que Líbano sufra una mayor desestabilización. En un comunicado, recordó además la resolución 1559 en la que pedía la retirada de todas las fuerzas sirias de Líbano.

La ONU cuenta con una fuerza de 2.000 soldados en el sur de Líbano (Unifil), establecida en marzo de 1978 para aplacar los ánimos en la frontera con Israel. De ellos han muerto unos 250.

En Líbano apoyan la retirada de Siria los falangistas, las milicias cristianas que siempre han estado apoyadas por Israel. Y las familias feudales con Chamael, Wallid Jumblatt y otros que sueñan con recuperar sus antiguos privilegios.

La mitad de la población libanesa es ahora chiíta a causa del cambio demográfico. Ahora bien, las organizaciones políticas que representan a la comunidad chiíta, Hezbolá y Amal, son pro-sirias. Otros grupos, como la burguesía de origen cristiano, se dan cuenta de que podrían llegar a no tener influencia alguna. Finalmente, a escala regional, los regímenes lacayos del imperialismo como Arabia Saudí, Jordania y Egipto apoyan la retirada y a las fuerzas políticas que son sus aliadas en Líbano.

Siria desmiente

Siria rechazó las acusaciones de Israel y de la oposición libanesa que responsabilizan a Damasco de la acción y condenó el atentado de Beirut. En declaraciones al canal de televisión Al Jazira, el ministro de Información sirio, Mahdi Dajlala, fue el más directo en defender a su país, al considerar que esas denuncias buscan desviar la atención de los verdaderos autores, que son los enemigos de Líbano. Dajlala no precisó a quiénes acusa de ser enemigos de Líbano, aunque tanto la prensa como las autoridades sirias suelen vincular los atentados en Líbano con Israel, con el que Damasco está en estado de guerra.

El vicepresidente sirio, Abdel Halim Jadam, que viajó a Líbano para dar el pésame, también señaló a los enemigos de Líbano y de los árabes, y dijo que los autores del atentado quieren asesinar la paz en Líbano.

Tanto Jadam como Dajlala, además de la prensa siria, coincidieron en que Hariri era querido amigo de Siria, y uno de quienes favorecen el mantenimiento de relaciones distinguidas con ese país. El asesinato de Hariri es un día negro tanto para Siria y Líbano como para el mundo árabe, recalcó el ministro de Información, que insistió: Quien quiera una completa retirada del Ejército sirio de Líbano tiene que fortalecer la estabilidad en ese país.

Dajlala recordó que su país ha retirado sus tropas de la mayor parte del territorio libanés, y lamentó el hecho de que varios enemigos [de Damasco] están dispuestos a acusar a Siria sin pruebas.

La prensa oficial no se refirió, sin embargo, a las acusaciones contra Damasco, aunque el diario Tishrin, órgano del gobierno, acusa directamente a Israel por ser el único al que le puede beneficiar una situación de anarquía y debilidad en Líbano. Tishrin insistió en que Israel aún se esfuerza para sabotear los planes para la reconstrucción en Líbano después de la guerra civil libanesa (1975-90).

Los 17.000 solados que Siria tiene desplegados en el Líbano han sido puestos en estado de máxima alerta y se ha ordenado una movilización general de todas las unidades del ejército para salvaguardar la estabilidad.

Michael Hudson, profesor del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos de la Universidad de Georgetown, en la capital estadounidense, considera que la acción pudo no tener origen sirio, y que pudo, en cambio, ser obra de islámicos que pretendían dar una señal a la familia real saudita. C.S.Smith, de la Universidad de Arizona, sostiene: Muchos otros pudieron beneficiarse del crimen, incluidos los falangistas, que tienen estrechos vínculos con los neoconservadores del gobierno de Bush. Otros indican también que Israel y sus aliados en Líbano -la milicia cristiana falangista- pudo ser responsable, amparados en la certeza de que todos los dedos apuntarían a Siria. El neoconservador Walid Phares, un cristiano libanés, acusó de inmediato del crimen a Siria y a uno de los aliados de Damasco en Líbano, Hezbolá, que logró en 2000 con su resistencia armada poner fin a 25 años de ocupación israelí en el sur del país.

Siria ha llegado a una alianza con Irán. No se trata sólo de una alianza táctica sino también de una alianza estratégica. Irán es un país rico, que se dispone a entrar en el grupo de Shangai que comprende a China, Rusia... Irán ha cerrado un importante contrato de 170.000 millones de dólares con China para suministro de petróleo. También ha cerrado importantes contratos con India y Japón. EEUU quiere echar a todo el mundo de Oriente Medio, pero otros entran en él.

Al atacar a Siria, Estados Unidos está ordenando a este país que rompa su alianza con Irán y que deje de apoyar a Hezbolá y a la resistencia palestina. Pero el gobierno sirio no ha sucumbido al pánico y ha mantenido su política. Incluso acaba de firmar un pacto común con Irán. Ambos países apoyan en el sur del Líbano a Hezbolá, que en 2000 expulsó de ahí a Israel y que continúa presionando a Israel para que salga del último trozo de tierra que sigue ocupando. Debilitar a Siria, el último país árabe que mantiene una política nacionalista de independencia, supone reforzar a los gobiernos árabes aliados de EEUU, como Egipto y Arabia Saudí.

El polvorín libanés

En los años 90, un documento académico recomendaba a Israel y a Estados Unidos financiar y armar a grupos locales que obligaran a Siria a retirarse de Líbano y desestabilizaran el régimen del partido Baath, gobernante en Siria. Los redactores de ese texto eran David Wurmser, uno de los principales asesores de Cheney, y Douglas Feith, actual subsecretario de Defensa.

En diciembre, algunos sectores imperialistas pidieron una escalada de la presión a Siria a través de columnas en periódicos reaccionarios como The Washington Times, The Weekly Standard y The Wall Street Journal. Podríamos bombardear instalaciones militares sirias, ingresar a territorio sirio para detener la infiltración en Irak, ocupar el poblado de Abu Kamal, cerca de la frontera, ayudar abierta o encubiertamente a la oposición, propuso William Kristol, director de The Weekly Standard.

Ante la impotencia de Estados Unidos para controlar la situación en Irak, acusan a Sira e Irán. Así, el ministro Irakí de Defensa del gobierno pro-estadounidense acusó explícitamente a ambos países de fomentar la resistencia. El pasado 24 de febrero Al Jazira emitió un vídeo procedente de la televisión Irakí que debía demostrar que los servicios secretos sirios entrenan a muchos resistentes Iraquíes. Sin embargo, hace sólo unos meses, la CIA afirmaba que la mayoría de ellos procedían de Arabia Saudí.

Una intervención militar contra Siria sólo llegará como último recurso, precedida de todo un periodo de presiones y de intervenciones de todo tipo. Pero las sanciones y las presiones actuales son una forma de guerra.

Ante su impasse en Irak, Estados Unidos busca enemigos exteriores. Como hicieron durante la guerra contra Vietnam bombardeando Camboya y Laos, podrían bombardear Siria e Irán. Porque la resistencia en Irak gana apoyos entre los nacionalistas en Siria e Irán. Pero si deciden bombardear Siria o Irán, esto no hará sino reforzar en los pueblos árabes la corriente nacionalista anti-estadounidense.

Según The New York Times, para la Administración Bush está claro que Siria está detrás del asesinato de Hariri. El diario subraya que la Casa Blanca ya ha iniciado gestiones para que el Consejo de Seguridad de la ONU condene el dominio que el régimen de Damasco ejerce sobre Líbano, manteniendo 17.000 soldados en el país. The New York Times señaló que tras el asesinato de Hariri, tanto Estados Unidos como Europa estudian la posibilidad de imponer sanciones más severas a Siria, a la que se acusa de colaboración con la entrada de terroristas en Irak y de continuar estimulando la acción de grupos terroristas en Israel.

El diario árabe Al Hayat, editado en Londres, con capital saudí e históricamente vinculado al Líbano, en donde los saudís ejercen un protagonismo destacable, cuanto menos económico, ha titulado así su artículo principal: El Líbano al borde del terremoto, donde se afirma lo siguiente: Desde ayer el Líbano está en peligro. La desaparición de Rafic Hariri de la escena política libanesa, árabe e internacional deja un vacío que recordarán varias generaciones libanesas.

Recordando que Francia ha jugado un papel importante en la zona desde hace mucho, el editorial de Le Figaro decía: El espectro de una vuelta a la guerra atormenta de nuevo [...] Ayer estalló en pedazos la esperanza de una evolución tranquila del Líbano.

Desde Londres, The Guardian opina: El asesinato de Hariri recuerda que el Líbano, tras su fachada de estabilidad, es en realidad un país sumamente vulnerable. Aún se desconoce la identidad de los asesinos, pero en el mercado de los rumores se insinúa que fue víctima del controvertido papel de Siria en el Líbano [...] La condena del atentado por el presidente Bachar al-Asad de Damasco -y de sus leales amigos libaneses- no anula automáticamente las sospechas en su contra [...] Siria se encuentra a la defensiva. Siria es calificado en Washington, no así en Europa, como bastión de la tiranía y a George Bush le gustaría ver un cambio de régimen en ese país.

The Telegraph, cuya opinión no es muy distinta a la expresada por expertos oficiales británicos, sostenía: Siria y Hizbolá parecen tener los motivos más obvios para desear la muerte de Hariri. Sin embargo, ser acusado de este crimen implicaría graves riesgos políticos para Damasco [...] Aceptar la retirada del Líbano sin obtener como compensación la devolución de los altos del Golán podría suponer la muerte política del presidente Al Assad.

Desde Roma La Repubblica opina: El baño de sangre en Beirut abre la caja de Pandora y devela todos los males políticos y económicos que se esconden tras las fachadas de los hoteles de gran lujo y las luces de neón de los clubes nocturnos de mercenarios intrigantes: el Líbano es un país que fue reconstruido desde el extranjero, con instituciones inestables, deudas fantasmales y en su seno un conflicto mudo entre las fuerzas occidentales y Siria, que no sólo domina al país sino que en todos estos años lo ha guiado convirtiéndolo en uno de los lugares más corruptos del mundo.

Desde París dice Libération: Si uno se pregunta a quién le beneficia en primer lugar el asesinato, la primera respuesta sería: a Siria. Ciertamente, no existen pruebas de ello y puede haber otros responsables. El presidente de Siria, Bachar el Asad, catalogado por el presidente George W. Bush como uno de los pilares del club de los amigos del terrorismo en el Cercano Oriente, tiene importantes motivos para aceptar la investigación internacional del atentado demandada por Francia. Su principal interés es lavarse las manos y evitar ser marcado por la comunidad internacional. Tanto más porque el presidente francés, Jacques Chirac, se podría sentir perjudicado por la muerte de su gran amigo.

Desde Berlín, el Dresdner Neueste Nachrichten afirma, por su parte: Para Rafic Hariri el Líbano era el modelo perfecto de un estado árabe: multifuncional, tolerante y moderno [...] La sociedad libanesa sigue basada en un complicado sistema confesional que divide los poderes políticos entre chiíes, sunitas y maronitas. Irán e Israel violan permanentemente la soberanía del país y evitan que los partidos nacionales logren desarrollarse. La clara postura de Hariri contra Siria lo ponía en franca oposición al país vecino. Quien sea que se encuentre tras el atentado su intención es desestabilizar al Líbano. Impensable lo que sucedería si este país vuelve a caer en la vorágine de una guerra civil.

Un poco de historia

La política imperialista en Oriente Medio ha perseguido siempre la división como forma de imponerse en una región estratégicamente vital. Esto resultaba fácil en un contexto de divisiones religiosas y nacionales. Como respuesta, el mundo árabe ha respondido siempre con una aspiración de unidad, nacionalismo y panarabismo.

En 1952 Nasser, un nacionalista árabe, tomó el poder en Egipto. En 1956 Francia, Gran Bretaña e Israel atacaron a Egipto. Se trata de la guerra de Suez que acabó catastróficamente para los agresores. Estados Unidos lo aprovechó para debilitar la influencia de Francia y Gran Bretaña en la zona. Los gobiernos nacionalistas de Egipto y Siria formaron una alianza y en 1958 crearon la República Árabe Unida.

El imperialismo estadounidense respondió con el pacto de Bagdad contra la República Árabe Unida, una alianza reaccionaria de Irak, Jordania, Irán y Líbano. Pero la revolución Irakí de 1958 dio golpe de gracia al Pacto de Bagdad. Ese mismo año Estados Unidos envía por primera vez tropas a Oriente Medio, al Líbano. Gran Bretaña hizo lo mismo en Jordania. Se trataba de evitar que la revolución irakí se extendiera como una mancha de aceite. Pero no lograron contener el movimiento nacionalista árabe que aspiraba independizarse del imperialismo. El nacionalismo continúa desarrollándose en Yemen, en Argelia y en Palestina.

En aquel momento en Líbano predominaba el confesionalismo: el poder se dividía según una base religiosa (cristianos, maronitas, sunnitas, chiítas, drusos). Existía un frágil equilibrio entre las diferentes minorías religiosas dirigidas por caciques feudales. Pero en los años cincuenta se desarrolló el Movimiento de Liberación Nacional árabe, que estableció una alianza con los palestinos. Muchos refugiados palestinos que habían sido expulsados por Israel se refugiaron en Líbano. Todo esto condujo a un debilitamiento de las fuerzas feudales y a la neutralidad de Líbano. La situación corría peligro de bascular y de ahí la intervención de Estados Unidos en 1958.

Con la salida de Israel en 2000 se produjo una nueva situación. El movimiento islámico Hezbolá controla el sur del Líbano. Los falangistas cristianos o bien se marcharon a Israel o se marginaron. En esta situación Siria ejercía un papel de reconciliación. De no ser por la presencia Siria podrían haberse producido actos de venganza contra estos falangistas. Además, los nacionalistas deseaban que las tropas sirias permanecieran para proteger los campos de refugiados palestinos. Hay que recordar que en 1982 los falangistas perpetraron masacres en ellos con el beneplácito de Sharon.

Hoy nos encontramos con la situación inversa. El Irak nacionalista ha sido destruido pero hay una resistencia antiimperialista. Egipto se ha convertido en un régimen que colabora con Estados Unidos e Israel. Si se debilita el régimen sirio, si capitula o es derrocado, esto supondrá un fracaso para el movimiento nacional árabe. Hezbolá se debilitará o desaparecerá y eso favorecerá a los renegados palestinos, siempre dispuestos a colaborar con Israel haciendo todas las concesiones posibles. Entonces Estados Unidos podrá imponerse más fácilmente en toda la zona e Israel podrá integrarse en la zona imponiendo su solución a los palestinos, privados de apoyo exterior.

Pero para Estados Unidos este escenario ideal es más que incierto. La resistencia Irakí sigue creciendo. Con vacilaciones, Siria se mantiene y se alía con Irán. Y en los países árabes son mayores que nunca la conciencia nacional y antimperialista.

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