Japón prepara su expansión militar imperialista

Desde su llegada al gobierno en abril de 2001 el primer ministro de Japón, Junichiro Koizumi, prepara una reforma de la Constitución japonesa que le permita sacar al ejército fuera de sus actuales fronteras.

La Constitución japonesa, impuesta por Estados Unidos después de la segunda guerra mundial, reduce el uso de la fuerza a la autodefensa, en manos de militares y guardacostas, y prohíbe la salida de tropas del territorio nacional.

Tokio y Washington firmaron en 1951 un acuerdo de seguridad por el cual Estados Unidos instaló bases para defender sus intereses en Asia. Ese pacto dio inicio a la estrecha alianza que aún hoy continúa.

Al igual que en el caso de Alemania, Japón fue obligado después de la Segunda Guerra Mundial a no poder disponer de su ejército en países extranjeros. En ambos casos, cinco décadas después, la nueva rivalidad imperialista ha roto los acuerdos de paz de posguerra, ha impuesto el rearme y obliga a las grandes potencias imperialistas a una lucha despiadada por la hegemonía.

La reforma de la Constitución anunciada por Koizumi permitirá que el ejército disponga de funciones no sólo defensivas, sino también de ayuda a otros países. Por vez primera un ex militar ha sido nombrado ministro de Defensa. Una amplia mayoría del pueblo japonés se opone a este cambio, que está provocando fuertes roces con sus tradicionales enemigos en la zona: Corea y China.

Koizumi está cada vez más interesado en que las Fuerzas de Autodefensa participen en iniciativas de mantenimiento de paz auspiciadas por la ONU, pues sabe que Japón, segunda economía mundial, puede jugar un papel de peso en el escenario internacional.

Actualmente, Japón tiene cerca de 600 soldados ocupando la meridional localidad iraquí de Samawah para colaborar con la agresión estadounidense. Es el primer despliegue de tropas japonesas con su propia bandera y no dentro de un contingente con pabellón de la ONU.

El rearme militar de Japón, un país de 126 millones de habitantes, es una respuesta a la profunda crisis económica que padece desde hace ya 15 años, y que la ha hecho perder terreno aceleradamente con respecto a sus competidores imperialistas. Para ello necesita sacar a los 47.000 soldados norteamericanos desplegados en su suelo.

Si se compara con Estados Unidos, Japón ha retrocedido notablemente: la renta per cápita japonesa ha pasado de ser el 82 por ciento de la estadounidense a comienzos de la década a situarse hoy en el 70 por ciento. En gran medida esta divergencia ha sido consecuencia de las diferencias en el incremento de la producción. Mientras Japón crecía al 1'2 por ciento en promedio en los últimos 10 años, Estados Unidos alcanzaba casi el 2 por ciento, lo que triplica los porcentajes japoneses desde 1996.

Japón necesita imperiosamente buscar nuevas salidas a su producción, y por eso tiene la mirada fija en toda la costa asiática del Pacífico. El 14 de enero de 2004 año Koizumi lanzó en Singapur la idea de crear una comunidad económica de países en el Extremo Oriente, que incluiría a Australia y Nueva Zelanda.

El expansionismo japonés pasa por la llamada Iniciativa para una asociación económica amplia entre Japón y ASEAN, el bloque económico de países de la costa del Pacífico. Pero no se trata sólo de ampliar un mercado económico. Koizumi dijo expresamente que su país ofrece también garantías a la seguridad en el área. Además de capitales, Japón deberá por tanto exportar también soldados y armamento.

Como parte de la nueva política de Tokio en la zona, Koizumi suscribió un convenio de libre comercio con Singapur, el primero de este tipo que concierta Japón.

Con esta nueva política Japón intenta contrarrestar la influencia de China en el área, en especial tras el ingreso de aquel país en la Organización Mundial del Comercio y la propuesta de una zona de libre intercambio con la ASEAN.

En ese sentido, Tokio aseguró que aspiraba a una mayor prosperidad y confianza en los vínculos con el mencionado bloque, al cual pertenecen Brunei, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar (Birmania), Singapur, Tailandia y Vietnam.

Las declaraciones de Koizumi sirvieron de cierre a una gira de trabajo que lo llevó a visitar Filipinas, Indonesia, Malasia, Tailandia y Singapur.

El yen se desploma a un mínimo histórico

La cotización del yen frente a una cesta de monedas de sus principales rivales imperialistas y ajustado por inflación, se desplomó en enero de 2007 hasta su nivel más bajo en 21 años. El euro alcanzó un máximo de 158,99 yenes y el dólar 122,09 yenes, el máximo en cuatro años.

La divisa nipona cayó a un nuevo mínimo histórico frente al euro después de que los especuladores internacionales desechasen las advertencias del G-7 sobre los movimientos en el mercado de divisas.

Los bajos tipos de interés en Japón –ahora en el 0,25 por ciento– están ayudando a la fuerte depreciación del yen. El fuerte descenso tiene como telón de fondo la especulación internacional, que aprovecha los bajos tipos de interés japoneses para endeudarse e invertir en divisas que ofrecen una mayor rentabilidad. Así, la depreciación del yen se alimenta a sí misma.

En la reunión del G-7 celebrada en Essen (Alemania) en febrero, la debilidad del yen constituyó uno de los temas principales de los debates de los ministros de Estados Unidos, Alemania, Japón, Francia, Italia, Reino Unido y Canadá. Los imperialistas trataron inútilmente de frenar esa especulación. Los imperialistas europeos y japoneses, en sendas conferencias de prensa, advirtieron además sobre la especulación en fondos de inversión libres, que están apostando masivamente por nuevas caídas del yen, sin cubrir el riesgo de un alza.

El G-7 no había citado directamente la debilidad del yen en sus comunicados desde 1998, aunque en sus dos últimas reuniones, en Singapur en septiembre de 2006 y la de Essen, ha comenzado a expresar cierta desazón por la continuada debilidad de la divisa.

Parece que el G-7, poco a poco, irá elevando el tono de su temor si la cotización del yen no sube, tal y como ocurrió con el proceso que llevó al G-7 a citar directamente a China y el yuan en sus comunicados. Desde los primeros comentarios indirectos a la mención expresa mediaron tres años de presiones soterradas.

La presión por una mención explícita del yen podría ser, por tanto, mayor en la siguiente reunión del G-7, a mediados de abril de 2007 en Washington.

La debilidad del yen continuará a corto plazo hasta que el Banco de Japón suba los tipos de interés; su próxima reunión está prevista el 21 de febrero.

Nadie conoce exactamente la magnitud del tráfico de yenes, pero las evaluaciones más conservadoras hablan de al menos 200.000 millones de dólares. Pero otros hablan de más de un billón de dólares, equivalente al PIB de Canadá o de España.

La debilidad del yen es el síntoma de una gigantesca burbuja especulativa que, si se desinfla demasiado rápido, puede desestabilizar todo el sistema financiero mundial.

En menor medida, el fenómeno afecta también al franco suizo debido al bajo tipo (2 por ciento) del Banco Nacional suizo.

La devaluación de la moneda es una solución para estimular el sector exterior en un momento de estancamiento de la demanda interna. Si bien la debilidad de la moneda beneficia a los exportadores japoneses, la segunda economía del mundo no puede mantenerse sólo sobre el pilar del comercio exterior. Esta situación hace a Japón muy dependiente de la demanda externa y si la crisis económica mundial se alarga o incluso se acentúa ni siquiera las exportaciones mantendrán a flote la economía.

La caída de la divisa nipona reaviva la preocupación en Francia, Alemania y España sobre la pérdida de competitividad de la industria europea de automoción y máquina herramienta frente a la japonesa. Ese temor provocó caídas de las bolsas europeas.

La debilidad del yen perjudica a los capitalistas españoles, cuyas exportaciones no son competitivas en ese mercado y sufre un déficit comercial de 4.130 millones de euros, casi el 5 por ciento del déficit comercial total. Entre enero y noviembre de 2006, España exportó bienes y servicios a Japón por valor de 1.250 millones de euros e importó por valor de 5.350 millones.

El yen estuvo sobrevalorado en la década de los noventa. En 1995 se había apreciacido un 70 por ciento desde el inicio de la década. La intervención del banco de Japón logró cambiar esta situación y el yen comenzó a depreciarse.

A finales de 2001 el yen se depreció un 10 por ciento, por debajo de los 134 por dólar. Ese año el fracaso hundió al yen a un mínimo de tres años frente al dólar, llegando a cotizar la moneda japonesa a 121'46 por euro y 123'11 por dólar.

La devaluación es una amenaza tanto para sus vecinos como para las demás potencias imperialistas, y por eso el Gobierno japonés nunca ha dicho abiertamente que interviene en el mercado para depreciar su moneda con el fin de favorecer sus exportaciones. El excesivo abaratamiento de las exportaciones japonesas podría forzar al resto de las economías asiáticas a devaluar para mantener la competitividad.

Ello supondría una invasión de productos asiáticos a bajo precio en los países industrializados. En este momento de baja actividad puede socavar todos los esfuerzos de Occidente para salir de la crisis. Japón puede exportar su recesión y su deflación a otros países si su moneda sigue cayendo.

Japón sigue cuesta abajo

La economía de Japón entró otra vez en recesión en 2004. La economía japonesa se hunde en el estancamiento desde hace 15 años. Tras el susto, los monopolistas han pedido un análisis más pormenorizado de la situación real de la economía japonesa.

El Gobierno indicó que la economía japonesa bajó un 0'1 por ciento en el trimestre de octubre a diciembre del 2004, confirmando la existencia de una recesión que echa por tierra las esperanzas de recuperación repetidas a lo largo del año pasado. El descenso del PIB en el último trimestre del 2004 fue de ese 0'1 por ciento en términos reales y siguió al descenso del 0'3 por ciento registrada entre julio y septiembre y del 0'2 por ciento entre abril y junio.

La alarma está servida: tres trimestres seguidos de caída confirmaban la definición técnica de recesión.

Este es además el mayor periodo de caída continuada del PIB desde el hundimiento durante cuatro trimestres seguidos desde abril-junio del 2001, hasta enero-marzo del 2002, cuando la economía japonesa fue golpeada por el colapso de la burbuja tecnológica.

El ministro portavoz del Gobierno, Hiroyuki Hosoda, destacó que lo más preocupante es la pertinaz deflación, con una disminución de 27 meses consecutivos del índice que mide el descenso de los precios. En septiembre de 2001 los precios cayeron un 0'8 por ciento confirmando una deflación que se prolonga desde hace tres años.

El gasto individual, que aporta el 55 por ciento del PIB, retrocedió el 0'3 por ciento y la inversión pública bajó el 0'3 por ciento, todos estos datos en términos reales. Asimismo, las exportaciones subieron el 1'3 por ciento, mientras que las importaciones se dispararon el 3'1 por ciento.

15 años de bancarrota económica

Del estancamiento de la década pasada ha pasado a la recesión abierta. Los años anteriores a 2003 fueron de fuerte recesión. En comparación con el mismo trimestre de 2000, en septiembre de 2001 la producción la caída del PIB fue del 2'2 por ciento.

En 2001 los intercambios comerciales de Japón con la Unión Europea generaron un excedente de 2'4 billones de yenes (20.380 millones de euros), reduciéndose un 29'1 por ciento con respecto al año anterior, mientras que la balanza comercial con Estados Unidos arrojó un saldo positivo de 5'4 billones de yenes (45.856 millones de euros), lo que supone un descenso del 6'8 por ciento.

En total las exportaciones se redujeron un 5'1 por ciento y se situaron por debajo de los 50 billones de yenes (416.157 millones de euros), mientras que las importaciones aumentaron un 3'6 por ciento y alcanzaron el importe récord de 42'4 billones de yenes (360.031 millones de euros).

Consecuencia de ello fue que la balanza comercial de Japón registró un superávit de 6'6 billones de yenes (56.043 millones de euros), lo que supone un descenso del 38'3 por ciento en relación con el año anterior y se convierte en la caída más importante desde 1970.

En 2001 quebraron casi 20.000 empresas como resultado de la intensa competencia. Pero en 2000 ya se había batido el récord de cierres de compañías, lo cual afectó especialmente a bancos, financieras y aseguradoras, así como a compañías de distribución.

Otro problema que agrava la situación del país es el déficit de las empresas. Sólo 45 compañías acumulan deudas que suman 306 billones de yenes (2'7 billones de euros, 448'8 billones de pesetas). En los últimos 12 años, el Estado ha gastado 31'2 billones de yenes en intentar reducir el endeudamiento de las corporaciones públicas.

A comienzos de febrero de 2002 la Bolsa de Tokio se desplomaba a su nivel más bajo en 18 años, arrastrada por la banca. Los nueve mayores bancos perdieron más de 43.000 millones de euros en Bolsa tras su desplome. El índice Nikkei se situó por debajo del Dow Jones por primera vez en 44 años, y ya perdió un 40 por ciento en 2000. El índice Nikkei ya no rebasará los 20.000 puntos, y menos aún superará los 30.000 como en los ochenta, en plena ebullición económica y antes de que estallara la burbuja financiera, con las empresas especulando en Bolsa y los bancos concediendo préstamos sin control.

Los planes de expansión fiscal, remedio utilizado para impulsar la economía en los últimos años, han conducido a una situación insostenible en las finanzas públicas: la deuda pública, que supone un 130 por ciento del PIB, es la más abultada de todos los países desarrollados.

El corralito financiero japonés

La crisis Argentina es insignificante comparada con la japonesa. El sistema financiero del país está técnicamente en quiebra, con un gigantesco agujero negro de deudas. El desplome del sistema bancario japonés es una de las principales incertidumbres para la estabilidad financiera mundial. Las 17 mayores entidades del país arrastraban 194.500 millones de euros en préstamos incobrables a finales de 2001, pero la cifra real de los préstamos morosos es el doble. Los bancos japoneses acumulan préstamos que jamás recuperarán por un total de 443.000 millones de euros, según cifras oficiales, lo que supone un 13 por ciento del PIB y un 12 por ciento del crédito total. La única salida ante la casi segura quiebra del sistema financiero parece ser una nacionalización encubierta.

Koizumi prometió restringir la emisión de bonos públicos y acabar en un periodo máximo de tres años con los préstamos fallidos, así como privatizar las cajas postales de ahorro, la principal fuente de financiación del partido gubernamental y factor de corrupción permanente. Los 15 mayores bancos arrastran más de 14 billones de pesetas de créditos morosos. En una segunda fase, el Gobierno pretende equilibrar las finanzas para acabar con el fuerte déficit fiscal (11 por ciento) y la deuda pública, que rebasa el 120 por ciento del PIB.

La explosión de una burbuja especulativa, fundamentalmente inmobiliaria, a finales de los años ochenta condujo a un descenso de los precios de la tierra y de la vivienda que constituyó un duro golpe para el sistema bancario. El aumento del número de créditos impagados se manifestó en los problemas del sector en 1995 y a la quiebra de cuatro entidades en 1997, lo que condujo a los bancos japoneses a pagar una prima de riesgo para obtener financiación en el mercado internacional. Una prima que llegó a alcanzar los cien puntos básicos y que el mercado mantuvo hasta abril de 1999.

Tras la caída acumulada del índice de bolsa, ha resurgido la preocupación por el sector financiero y parece inevitable que la banca siga con grandes pérdidas.

El dinero público ha tenido que salir en ayuda de la banca para evitar una quiebra generalizada. El Estado ha inyectado más de 1'5 billones de euros en la economía y lo que consiguió fue elevar la deuda pública al 150 por ciento del PIB y en cinco años podría llegar al 200 por ciento.

Japón se opone a firmar el Tratado de Paz con Rusia

El Kremlin renovó su oferta de devolver a Japón dos de las cuatro islas Kuriles a cambio de la firma de un Tratado de Paz pendiente desde la II Guerra Mundial. Putin declaró que éste es el máximo de concesiones que Rusia está dispuesta a hacer a Japón.

El ministro de Exteriores Lavrov dijo que Rusia reconoce la Declaración de 1956, en la que la URSS admitió la posibilidad de devolver a Japón las dos islas sureñas de las cuatro del archipiélago de las Kuriles de las que la Unión Soviética se apoderó al final de la II Guerra Mundial. Lavrov subrayó que Rusia desea un arreglo completo de sus relaciones con Japón y, como Estado heredero de la URSS, reconoce aquella declaración conjunta, ratificada por el Parlamento soviético.

Pero Tokio se niega a firmar el Tratado de Paz a pesar de las d´cadas transcuridas desde 1945. Rusia propone firmar el tratado y después, en el marco de dicho documento, estudiar una solución del problema territorial mediante la devolución de dos islas. Moscú y Tokio nunca llegaron a negociar la oferta soviética sobre la devolución de Habomai y Shikotan. Esta ultima alberga una base militar rusa y no cabe duda de que en estas islas serían emplazadas tropas estadounidenses o niponas que encerrarían en nuestras bahías a la Flota del Pacífico: La entrega de las islas alteraría los sistemas de seguimiento aéreo, marítimo y submarino y de defensa aérea, y limitaría el potencial operativo de la Flota del Pacífico, ha dicho el almirante Eduard Baltin, antiguo alto cargo de esa flota y ex comandante de la Flota rusa del mar Negro.

El diario Izvestia valoró en casi 45.000 millones de dólares las reservas de materias primas en las Kuriles, entre hidrocarburos, oro, plata y titanio, y señaló que en las aguas de Habomai y Shikotan se pueden faenar anualmente 800.000 toneladas de pescado y mariscos. Ese sector del mar de Ojotsk alberga riquísimos bancos pesqueros, con capacidad de alimentar a toda la población de Japón durante medio año.

Japón homenajea a sus criminales de guerra

Un grupo de 79 parlamentarios japoneses, incluidos miembros de la oposición, visitó el 18 de octubre el santuario fascista de Yasukuni, en Tokio, donde las visitas reiteradas del primer ministro Junichiro Koizumi han provocado la indignación tanto de China como de las dos Coreas.

En el grupo figuraban entre otros el nuevo secretario general del Partido Liberal Demócrata (PLD, en el poder), Tsutomu Takebe, así como el ex primer ministro Tsutomu Hata (1994), que hoy forma parte del Partido Demócrata de Japón (oposición).

El monumento es un homenaje al militarismo nipón, a las guerras imperialistas y a los criminales de guerra condenados por los antifascistas, después de 1945, como el general Hideki Tojo. Esta iniciativa colectiva tuvo como marco el anual Festival de Otoño del santuario sintoista de Yasukuni.

El primer ministro Junichiro Koizumi visita al menos una vez por año el santuario de Yasukuni, consagrado a los criminales de guerra condenados tras el final de la última guerra mundial.

China se opone al ingreso de Japón en el Consejo Seguridad de la ONU

El Panel de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre Amenazas, Desafíos y Cambios, creado por el secretario general, Kofi Annan, entregará una serie de propuestas en diciembre de 2004 sobre la reforma del organismo internacional para afrontar mejor los nuevos problemas mundiales. Se espera que una de las recomendaciones sea la ampliación del Consejo de Seguridad y Japón está presionando por su candidatura.

Junichiro Koizumi dijo en setiembre de 2004 ante la Asamblea General de la ONU que su país, el segundo mayor contribuyente del foro mundial, debía ocupar un puesto permanente en el Consejo de Seguridad pues tiene un lugar merecido en el escenario internacional. Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos apoyan la candidatura de Japón, pero China está manifestando su desacuerdo. Pakistán se opuso a la candidatura de India, mientras que Italia lo hizo a la de Alemania y varios países latinoamericanos expresaron reservas con la de Brasil.

China señala que Tokio debía reconocer las atrocidades cometidas por su ejército en territorio chino en los años 40. La reforma del Consejo de Seguridad de la ONU afecta a los intereses de todas las partes, y hay diferencias entre ellas. Y la decisión se deberá tomar por consenso, señaló la cancillería en un comunicado.

Diplomáticos chinos de alto rango insisten en la deuda histórica de Tokio. El vicecanciller Dai Bingguo lamentó, en una reunión con legisladores japoneses, las reiteradas visitas de Koizumi al memorial de Yasukini, que honra a los mercenarios japoneses caídos en las guerras imperalistas de agresión de los años 30 y 40 del siglo XX. Funcionarios del gobierno chino suspendieron en 2001 las visitas a Tokio en protesta por el homenaje de Koizumi a los criminales de guerra del desaparecido ejército imperial. Japón debe tomar la historia como guía para afrontar el futuro, dijo el embajador chino en Tokio, Winag Yi, en una reunión con la Asociación por la Amistad Chino-Japonesa.

China ha iniciado una firme campaña contra la pretensión japonesa de ocupar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas. Beijing cita reiteradamente las limitaciones que tiene Japón en su propia Constitución, y condena la resistencia de Tokio a reconocer las atrocidades cometidas por su ejército imperialista en las agresiones de los años 30 y 40. Así, pone en duda la capacidad de su vecino asiático para integrar ese órgano clave de la ONU. Pero hasta ahora, lo único que ha dicho oficialmente el gobierno de China es que comprende las razones de Japón para postularse, pero duda de su capacidad para afrontar ese desafío debido a las limitaciones de su Constitución. Beijing no ha declarado expresamente su oposición a la postulación japonesa, pero a través de la prensa cuestiona la imagen internacional de su rival histórico.

El Consejo de Seguridad, máximo órgano de seguridad de la ONU, tiene autoridad para imponer sanciones internacionales y aprobar el uso de la fuerza en determinados casos. Está integrado por 15 naciones, de las cuales cinco (China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia) tienen un puesto permanente con poder de veto, y el resto son rotativas.

Japón, Alemania, Brasil e India, han presentado una petición para obtener un lugar permanente en el Consejo, y otro para una nación africana. La propuesta es debatida en el marco de la 59 Asamblea General de la ONU, que se celebra hasta el 1 de octubre en Nueva York.

En los últimos días, una serie de editoriales en los principales periódicos chinos presentaron a Japón como Estado fascista derrotado en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y por tanto incapaz de responder a eventuales obligaciones para mantener la paz internacional. Japón debe cumplir ciertos requisitos. Un país que no ha dejado la carga de su historia no está aún listo para integrar el Consejo de Seguridad en forma permanente, señaló un editorial del diario en inglés China Daily a finales de setiembre de 2004. Incluso publicaciones populares como la revista Southern Weekend, de la meridional ciudad de Guangzhou, que en algunos casos ha desafiado la política de Beijing, se sumó a esta campaña recordando las agresiones de Japón a sus vecinos de Asia antes de la segunda guerra mundial. La revista citó una investigación que elaboran expertos de China, Corea del Sur y el propio Japón sobre la historia moderna de Asia. La investigación entró ya en su fase final, y los historiadores de estos tres países coinciden en que la guerra lanzada por Japón (a China) fue una flagrante agresión, indicaba Southern Weekend. La revista condenó la aprobación por parte de Tokio de una serie de libros escolares que omiten las atrocidades cometidas por el ejército imperial japonés, que invadió varios países asiáticos en los años 30 y 40, entre ellos China.

Empobrecimiento de la clase obrera

La bancarrota japonesa ha eliminado buena parte de los derechos laborales conquistados tras décadas de luchas obreras. Hasta ahora Japón garantizaba puestos de trabajo y salarios de por vida. La crisis ha producido un doloroso hito jamás visto antes en aquel país: el despido. Los recortes de empleo de las grandes empresas japonesas de los últimos dos años han afectado ya a más de medio millón de trabajadores. La población activa ha quedado reducida a 64 millones.

De ese modo el paro ha llegado a cotas históricas. Hace diez años apenas era del 2 por ciento, mientras que a finales de 2001 llegó al 5'6 por ciento, récord histórico, una tasa preocupante en Japón, donde el paro encubierto se mantiene muy alto. El número de parados se elevó a 3'52 millones de personas, que cobran seguros mucho más bajos de los que se perciben en Occidente.

El desempleo crece sobre todo entre los obreros de 45 a 54 años, especialmente por las supresiones de empleo acordadas en las grandes empresas del sector de electrónica.

El gigante electrónico Sony, desde hace mucho tiempo un símbolo de la electrónica, ha estado sometido a gran presión después de que registrara pérdidas en el primer trimestre de 2003. La compañía perdió entonces un cuarto de su valor en pocos días.

Sony ha recortado 20.000 puestos de trabajo en los últimos tres años, como parte de una reestructuración a gran escala diseñada para vencer a la competencia. Esta cifra equivale al 13 por ciento de su fuerza de trabajo en todo el mundo. El costo de este plan, que busca detener la caída de las ganancias, es de aproximadamente 3.100 millones de dólares.

Las ventas de la consola de videojuegos PlayStation-2 fueron más lentas de lo esperado, y la rama musical de la empresa tampoco logró producir demasiados éxitos comerciales.

Paralelamente, Sony anunció que trabajará conjuntamente con su competidor surcoreano Samsung en un proyecto de televisores de pantalla plana, a principios de 2004.

La crisis ha minado a un país con un elevado índice de educación, superior al de cualquier otra potencia imperialista. La situación está provocando situaciones laborales antes inéditas, como la aparición del trabajo a tiempo parcial y la movilidad geográfica y funcional.

Una crisis sin precedentes

La crisis política no es menor que la económica. La brecha social es cada vez más grande, y reivindicaciones que no tienen respuesta en las instancias oficiales dan pie a la creación de nuevos movimientos populares, al margen de las instituciones públicas.

La oligarquía, que maneja los asuntos públicos con enormes dosis de corrupción, experimenta un desprestigio muy extendido. Muchos partidos han sido creados después de 1993, pero no tienen bases sólidas.

El pueblo ha perdido desde hace mucho tiempo la confianza en el régimen político y, como resultado de la crisis, el modelo de éxito de la sociedad japonesa de sueldos y puestos de trabajo garantizados de por vida, se ha hundido.

El país padece un notable envejecimiento de la población. En las dos últimas décadas, la restricción demográfica ha restado entre dos y tres décimas al crecimiento de la renta per cápita cada año. Es lo contrario de lo que ha ocurrido en Estados Unidos.

En los últimos años han aumentado los suicidios y las depresiones, así como los robos y la violencia juvenil.

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