El PSOE duplica el presupuesto para gastos militares

Los presupuestos que presentado el PSOE para el 2005 prevén aumentar en 7.025 millones de euros la partida perteneciente al Ministerio de Defensa, lo que supone un aumento del 4'2 por ciento respecto al año pasado.

No obstante, si al presupuesto del Ministerio de Defensa se suman otras partidas que, según los criterios de la Alianza Atlántica, deben computarse como gasto militar, la inversión total en esta materia prevista para el 2005 asciende a 15.677'14 millones de euros, más del doble que en 2004.

El gobierno del PSOE tiene proyectos faraónicos para la creación de nuevo armamento. Los grandes proyectos de producción de nuevas armas absorberán el 26,75 por ciento de toda la inversión en investigación y desarrollo prevista para el año próximo.

Una cuarta parte de la inversión en investigación y desarrollo prevista en los Presupuestos del Estado del 2005 se destinará a proyectos armamentísticos, mientras que el gasto militar aumentará más del doble.

Los 1.014'6 millones de euros que está previsto invertir en investigación militar se camuflan en el Ministerio de Defensa como créditos desembolsables, un truco ideado por el gobierno del PP para subvencionar a empresas militares españolas la investigación y el desarrollo de nuevas armas. Ese subterfugio esconde por un lado el incremento del presupuesto del Ministerio de Defensa y, por el otro, el aumento del déficit público, ya que la misma cantidad se contabiliza como un ingreso. Igual que en años anteriores en los presupuestos del 2005 se prevé invertir 1.952,17 millones de euros en la compra de las siguientes armas: el avión de combate EF-10, el avión de transporte A400-M, el helicóptero de combate Tigre, fragatas F-100 y blindados Leopold y Pizarro.

El PSOE defiende la naturaleza militar de la Guardia Civil

El 29 de octubre el ministro de Defensa, José Bono, aseguró ante los alféreces alumnos de la Academia de Oficiales de la Guardia Civil que el Instituto Armado seguirá siendo un Cuerpo de naturaleza militar porque si no fuera así se habría perdido una importante baza en la lucha contra la delincuencia y el terror.

Bono, que visitó la Academia de Oficiales de la Guardia Civil en Aranjuez (Madrid), señaló que ser militar hoy en España es un honor y que no hay nadie en España que pueda exhibir con tanto orgullo como los militares y la Guardia Civil el servicio a la paz.

El titular de Defensa juzgó impagable el disciplinado, correcto y puntual trabajo del Instituto Armado al servicio de los españoles por su saber cumplir y hacer cumplir la ley: Yo tengo la seguridad que con la Guardia Civil no se falla, y añadió que no hay nadie en España que pueda exhibir con tanto orgullo el servicio a la paz.

Asimismo, pidió a los futuros oficiales que defiendan la unidad de España, porque es la garantía de la igualdad y la solidaridad entre los españoles. Bono estuvo acompañado en su visita por el director general de la Guardia Civil, Carlos Gómez Arruche.

En esta Academia realizan actualmente sus estudios 90 alumnos y 4 alumnas de la Escala Superior de Oficiales de la Guardia Civil y dos alumnos de Chile, uno de Ecuador y otro de Marruecos.

El Ministerio de Defensa unifica los servicios de inteligencia militar

El ministro de Defensa, José Bono, explicó a finales de octubre que la medida busca una mayor racionalización de los servicios secretos y un mejor servicio a las Fuerzas Armadas. Su departamento está impulsando los servicios secretos, el CNI, que contará para el próximo año con un presupuesto que asciende a 189.744.290 euros, lo que supone un incremento del 17'1 por ciento respecto al de este año.

Bono anunció que antes del 31 de diciembre habrá concluido el proceso de unificación de los servicios de inteligencia de los tres Ejércitos. El titular de Defensa desveló que los servicios de inteligencia militares estarán unificados orgánica y funcionalmente y serán coordinados con el Centro Nacional de Inteligencia.

Esta medida, que se realizará mediante una norma jurídica, pretende una mayor racionalización de los servicios secretos y un mejor servicio a las Fuerzas Armadas.

Hasta ahora, cada Ejército funciona con sus propios servicios secretos. En el Ejército de Tierra opera el Servicio de Inteligencia y Seguridad (CISET), en el Ejército del Aire el Centro de Inteligencia Aérea (CIA), con base en Torrejón, mientras que la Armada cuenta también con un servicio de inteligencia interior.

La unificación coincide con la reorganización profunda del Estado Mayor de la Defensa anunciada por Bono la pasada semana con el fin de proporcionar una mayor operatividad de los ejércitos en el ámbito de la inteligencia. Los servicios de inteligencia serán reforzados tanto en recursos humanos como materiales, según explicó el ministro.

El Ministerio de Defensa quiere elevar el número de extranjeros en el Ejército

Los fascistas no están consiguiendo reclutar mercenarios para su ejército profesional. Todas sus llamadas a filas a través de una publicidad insistente, no han logrado cubrir sus necesidades, que han estimado en unos 130.000 soldados. Apenas han cubierto la mitad de las plazas que necesitan, porque a sus cantos de sirena no han acudido más que unos 70.000 jóvenes.

Para llenar ese bache, en 2001 se comenzó a permitir el acceso al Ejército de extranjeros que sirvieran de carne de cañón en las expediciones imperiales españolas. Según el Regalmento de recluta, los extranjeros podían llegar hasta el 2 por ciento como máximo de la tropa española.

En 2007 los extranjeros alistados en el Ejército español suman 4.300, lo que representa el 5,5 por ciento de los 78.000 mercenarios de tropa y marinería profesional de que dispone el Estado. En 2004 representaban el 7 por ciento, pero el Ministerio de Defensa tiene previsto aumentarlo hasta el 9 por ciento.

Más del 80 por ciento de los extranjeros alistados al Ejército español son colombianos o ecuatorianos. Por tanto, cuatro de cada 100 soldados o marineros españoles tienen dicha nacionalidad. La presencia de nacionales de otros países es casi testimonial.

Los marroquíes, que representan la primera colonia extranjera en España, no pueden alistarse en el Ejército. En cambio, los inmigrantes ecuatorianos y colombianos, que suman más del 80 por ciento de los inmigrantes incorporados a filas, suponen menos del 18 por ciento del conjunto de extranjeros residentes en España.

Aunque el contrato que se ofrece a los extranjeros dura un máximo de tres años y es muy restrictivo en cuanto a los destinos que pueden ocupar y los empleos a los que pueden ascender, muchos de ellos obtienen la nacionalidad española estando en el Ejército y se quedan luego.

Los barcos se quedan sin marinos

El reclutamiento de españoles para la guerra va fatal también en la Marina. Por ello el Ministerio de Defensa abrirá en 2005 el acceso de extranjeros a las unidades que integran la Flota española, y dentro de ellas al menos en las especialidades de Maniobras y Operaciones, Mecánica y Hostelería dentro de los buques, todo ello como fórmula para intentar remediar la caída en picado del reclutamiento en la Armada que, según fuentes oficiales, se encuentra bajo mínimos y registra una pérdida de entre 50 y 60 marineros al mes.

El comentario pronunciado en agosto de 2004 por el titular de Defensa, en el que advertía que lo más ridículo que podría ocurrir a una Armada es tener los buques atracados porque falta marinería, retrata la preocupación profunda ante la escasa capacidad de captación y menos retención del personal para la Armada.

Es un un Ejército donde, en la primera convocatoria de 2004, sólo se llegaron a cubrir 183 de las 1.769 plazas ofrecidas, una tendencia que no mejora y que está lastrando las cifras de reclutamiento de las Fuerzas Armadas.

Según fuentes de Defensa, el número de marineros en las tripulaciones ha descendido de los 12.400 en abril, a 12.194 en agosto y hasta los alrededor de 11.800 que se computaban el 1 de octubre de 2004. Una sangría, sostiene el Ministerio de Defensa. A causa de ello en 2004 no se logró alcanzar el objetivo, prorrogado para 2005, de sumar 80.000 profesionales en tropa y marinería, y se esté en cifras como los 71.711 de octubre, que constituye una de las más bajas de la Historia de España.

En los buques se hacen hasta 250 ó 260 días de mar de los 365 que tiene el año, con unos salarios que no compensan. El programa de Retribuciones de Tropa y Marinería 2004 establecía un sueldo base para soldados o marineros temporales de 542'47 euros. Conscientes de que el nivel de los salarios no ayuda a la captación, Defensa procederá a un mejora retributiva que la Ley de Presupuestos ya permite abordar y que se orientará de forma selectiva a aquellos puestos operativos de más difícil cobertura, como los de la flotilla de submarinos, con el fin de hacerlos atractivos a unos aspirantes que se resisten a alistarse.

Aparte de incrementar la capacidad de reclutamiento en la Armada, lo que se perseguirá también es atajar la fuga de personal, el gran número de bajas que causan los marineros cuando se niegan a renovar sus contratos y se van. Una situación que agrava, por añadidura, la vida en los buques, donde, cuando falta personal, se produce una sobrecarga de trabajo que hay que realizar de todas formas, con lo que el esfuerzo que se exige a los que se quedan es cada vez mayor, y al final acaban decidiendo no seguir.

La búsqueda de personal mercenario entre los extranjeros para cubrir esos puestos es una solución a la desesperada para intentar atajar el rechazo de los españoles a tales plazas.

A pesar de la medida, no existe garantía de que la apertura de los barcos a aspirantes de otros países vaya a resolver el problema de personal.

El número de aspirantes españoles a militares profesionales de tropa y marinería decreció paulatinamente durante las cinco ofertas de 2001. En la quinta convocatoria, para 7.500 plazas, sólo se presentaron 3.118 jóvenes, esto es, 0'4 aspirantes por puesto.

En la primera oferta, para 5.500 plazas se presentaron 7.021 peticionarios. En la segunda, en la que se ofertaban 5.900, el número de solicitantes fue de 5.636. Un total de 4.724 jóvenes se presentaron como aspirantes en la tercera oferta, dotada con 7.500 plazas, mientras que en la cuarta, para 7.470 puestos, se presentaron 4.582 jóvenes.

En la etapa del PP el Ministerio de Defensa puso en marcha la quinta convocatoria a finales de octubre de 2001. Para las 7.500 plazas que se ofertaban, se presentaron 3.118 solicitudes, 2.262 de hombres y 856 de mujeres, el 27 por ciento.

Ante el fracaso en reclutar a los españoles, el Ejército abrió el reclutamiento a inmigrantes como mercenarios para su expansión imperialista. El Ejército fascista necesita 2.000 inmigrantes al año para paliar el déficit de tropa autóctona. Después de dos años no han conseguido ni la mitad.

El anuncio del anterior ministro de Defensa Federico Trillo se produjo en marzo de 2001 pocos días después de que se aprobara formalmente el fin del servicio militar obligatorio, y en medio de crecientes dificultades para reclutar mercenarios españoles, aunque el ministro insistió en desvincular ambas circunstancias.

Trillo reconoció que su plan es alistar latinoamericanos en unidades fascistas como la Legión. Pero el ingreso de extranjeros estará sujeto a drásticas limitaciones: los inmigrantes no serán más del 2 por ciento de la tropa. En la Legión el porcentaje de foráneos no podrá superar el 30 por ciento, ni el 10 por ciento en los buques. No podrán ascender más allá de soldados ni permanecer más de seis años en filas y su acceso se restringirá a determinadas unidades.

Así, se prevé el ingreso de extranjeros en la Legión, por el Ejército de Tierra; en la Infantería de Marina y en algunas especialidades, como hostelería y automoción, por la Armada; y en las agrupaciones de varias bases aéreas, como las de Torrejón de Ardoz (Madrid) y Zaragoza, por el Ejército del Aire.

El certificado de buena conducta ciudadana se sustituiría, en el caso de los inmigrantes, por un documento de Interior, acreditativo de la falta de antecedentes policiales, a través del CNI, el servicio secreto militar.

Los inmigrantes sólo podrían acceder al empleo de soldado o marinero, sin posibilidad de ascenso. En vez de la tradicional jura de bandera, está previsto establecer para ellos una fórmula específica de jura o promesa de fidelidad.

Además, deberían aceptar las normas y obligaciones de la unidad en la que se integren, incluida su posible participación en operaciones imperialistas fuera de España, algo habitual en la Legión.

Trillo no se cuidó de ocultar su chantaje: a los inmigrantes a cambio del reclutamiento se les ofrecerán ventajas para acceder a la nacionalidad española. El informe favorable del Ejército tendrá carácter vinculante para lograr la nacionalidad y, una vez alcanzada ésta, se reconocerá el tiempo de servicios prestados.

En plena borrachera de cinismo el ministro aseguró que esta medida, que calificó de muy progresista, tendría como objetivo una mayor integración social de los inmigrantes y una política social avanzada, sin discriminaciones.

La contratación de extranjeros, según el Ministerio, no sólo permitiría atenuar el déficit de aspirantes a la tropa profesional y realizar una mejor selección de los candidatos, sino también mostrar a las Fuerzas Armadas como una institución que realiza una integración social y profesional de los inmigrantes.

Los oportunistas de Izquierda Unida han sido los primeros en apoyar con entusiasmo esa posibilidad, y el responsable de Defensa de Izquierda Unida, Willy Meyer manifestó con toda la cara dura: Yo defiendo para los inmigrantes plenos derechos y, por tanto, no me asustaría esa posibilidad.

Por su parte, el portavoz de Izquierda Unida, Felipe Alcaraz, advirtió que la integración de los inmigrantes en el Ejército fascista debe venir acompañada del reconocimiento de todos los derechos, incluido los de ingresar en la función pública y participar en elecciones. ¿Cómo va a formar parte de un Ejército constitucional un soldado que no tiene los derechos constitucionales?, se preguntó. El portavoz de Izquierda Unida se opuso a que sólo se les deje acceder a los puestos militares peor pagados.

No obstante, esta medida conlleva algunos riesgos para los planes fascistas. El primero es que constituye un claro fracaso del proceso de profesionalización del Ejército y va a retraer aún más a los ya escasos candidatos españoles. Otro peligro, no menos serio, es la segura aparición de reacciones xenófobas dentro de las Fuerzas Armadas.

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