El falso complot islamista de Londres

Jürgen Elsässer
Red Voltaire

En medio de los feroces bombardeos israelíes contra el Líbano, el imperialismo desata una operación de manipulación informativa: la supuesta preparación en Londres de supuestos atentados dentro de supuestos aviones para hacerlos estallar en vuelo (supuestamente).

Precisamente cuando todos estábamos con las maletas por los aeropuertos y estaciones de autobuses y trenes... Afortunadamente la policía descubrió el plan justo a tiempo y nos libró de una muerte más que segura.

La estrategia de la masacre nos grita la portada de la revista Der Spiegel, en venta en toda Alemania desde el lunes pasado (1). Pero no se trata de los bombardeos masivos e indiscriminados de la aviación israelí contra el Líbano. Tampoco de los muertos tremendamente reales que esa locura ha costado ya -alrededor de 1.300, de los cuales la tercera parte está constituida por niños. No se equivoquen. El semanario informativo publicado en Hamburgo se refiere a las posibles víctimas de un posible atentado que posiblemente cometerían posibles kamikazes islamistas -una masacre de proporciones gigantescas. Los astrólogos especializados en movimientos islámicos incluso mencionan las fechas previstas para esa masacre: el quinto aniversario del 11 de septiembre de 2001 o el 22 de agosto, o sea el martes próximo.

Ese día los musulmanes de todo el mundo celebran el ascenso al cielo de su profeta, Mahoma, cabalgando sobre Burak, el caballo alado. Según Bernard Lewis, reconocido islamófobo (2) interrogado por Der Spiegel, esa fecha puede ser considerada como plausible para un ataque apocalíptico cuyo objetivo sería la destrucción de Israel e incluso, si fuese necesario, del mundo entero (3).

Esas elucubraciones sobre un posible fin del mundo se basan en la espectacular razzia que tuvo lugar en Gran Bretaña, en la noche del 9 al 10 de agosto, durante la cual la policía arrestó a 10 supuestos terroristas que, según el ministro británico del Interior John Reid, estaban preparándose para cometer atentados contra varios aviones y provocar una masacre de proporciones inconcebibles que dejaría un número nunca visto de víctimas.

La gran mayoría de las personas arrestadas son jóvenes bien integrados en la sociedad y que no se caracterizan por presentar prácticas religiosas muy marcadas, lo cual implica un cambio de imagen del enemigo. El peligro no tiene ya el rostro de barbudos iluminados (predicadores del odio). Las bombas de tiempo humanas se han hecho aún más peligrosas y difíciles de detectar bajo la forma de nuestro vecino turco o de nuestro colega árabe. Al día siguiente de los arrestos de Londres, el diario más leído de Alemania, el Bild-Zeitung, comentaba: La Jihad, la guerra santa contra los infieles, la conquista del mundo por el Islam, representa una amenaza que aumenta día a día.

Lo más peligroso de esa guerra es que hasta los hijos de los inmigrantes, que crecen en paz en nuestro país, se dejan contaminar por ese virus y comienzan a creer que su deber, como Soldados de Alá, es destruir a los enemigos de la Fe. También en Alemania, entre nosotros, se esconden bombas invisibles en el corazón de nuestra sociedad. Como en los años 1930, se señala a todo un grupo de la población de nuestro país como enemigo interno.

Bombas artesanales en los baños

Lo más extraordinario es la manera unánime en que los medios de difusión repiten y adornan, digamos más bien que inflan de forma sensacionalista, la historia del megacomplot descubierto justo a tiempo. Ello ocurre incluso a pesar de que las autoridades británicas no han sido prolijas en detalles y ni siquiera han presentado hasta el momento la menor prueba de lo que afirman. La histeria mediática es similar a la que siguió al incendio del Reichstag, sin que se haya producido siquiera incendio alguno.

Ni siquiera nos han dicho exactamente cuántos aviones iban a ser atacados -unas veces nos hablan de 3, otras de 10 y otras veces se habla de una docena. Pero no nos precisan tampoco cuándo iban a tener lugar esos atentados. Al propio Der Spiegel no le queda más remedio que reconocer que por el momento, nadie ha visto todavía las falsas botellas de refresco Gatorade que contenían el explosivo líquido que los sospechosos debían introducir a bordo de los aviones.

Tampoco aparecen las armas que iban a ser utilizadas en el atentado. Las teorías presentadas de forma no oficial sobre la manera cómo pensaban los terroristas hacer explotar los aviones son ridículas. Según la prensa, se trataba de utilizar componentes de explosivos líquidos que los terroristas debían combinar estando ya a bordo de los aviones.

¿Cuáles eran esos componentes? Se habla de nitroglicerina y de nitrometano -dos productos extremadamente peligrosos que explotan al menor choque-, como sabe cualquiera que haya visto la película Le Salaire de la peur. Por su parte, Der Spiegel se inclina más bien por el TATP o triacetonaperóxido ya que, según afirma, es fácil fabricar esa sustancia a partir de la pintura de uñas y de otros productos que están corrientemente en venta al público. Pero, el TATP exige mucho tiempo para su fabricación, sólo al cabo de varias horas se forma el polvo explosivo en el fondo de la probeta. Por el contrario, innumerables accidentes ocurridos durante la mezcla de los componentes demuestran la letal inestabilidad de ese producto durante su fabricación.

Hay que creer entonces que los terroristas planeaban encerrarse durante varias horas en los baños del avión con la esperanza de que el cóctel mezclado no les explotara entre las manos antes de lograr obtener la potencia requerida. Para terminar, existe otro elemento que está lejos de ser uno de los menos importantes. El "Guardian" de Londres nos informa en su edición del 13 de agosto que ninguna de las personas arrestadas por la policía había reservado ni comprado un pasaje de avión. Entonces, ¿por qué son sospechosos?

A causa de algunas conversaciones telefónicas y correos electrónicos que intercambiaron. Veamos una muestra de los elementos utilizados para acusarlos: Utilizaban nombres codificados que no dejan lugar a dudas sobre sus intenciones, expresiones con imágenes como por ejemplo ‘uvas secas’, término que se utiliza a menudo en árabe para referirse a explosivos. En alemán también se utiliza uvas secas como nombre codificado. Cuando se habla de alguien que caga uvas secas se hace referencia a una persona quisquillosa, mezquina y pusilánime que se vende al mejor postor.

Propaganda belicista

Las autoridades británicas afirman hacer actuado basándose en informaciones provenientes del ISI, la agencia pakistaní de espionaje. Pero en Alemania, los diarios sensacionalistas del grupo Springer nos dan otra versión que menciona al espionaje israelí, el Mossad, como fuente adicional. Baalbek, principio de agosto: un comando israelí se apodera de un hospital. El objetivo inicial es la búsqueda de terroristas de Hezbollah pero, según expertos británicos, durante esa operación varios agentes de los servicios secretos israelíes encontraron tres computadoras. Los discos duros contienen informaciones sobre más de 20 células terroristas en Inglaterra.

Tel Aviv, domingo 6 de agosto: en la sede del Mossad se recibe una información urgente proveniente de Islamabad; ¡Al Qaeda acaba de ordenar a sus terroristas en Inglaterra que se preparen para actuar!... Poco después, el jefe del Mossad informa a su homólogo de los servicios secretos MI6...

La información que sugiere ese artículo es clara: la agresión sanguinaria y violatoria del derecho internacional que Israel emprendió contra su vecino permitió impedir un terrible baño de sangre en Europa. Conclusión: las guerras que emprenden Estados Unidos y sus aliados en la región comprendida entre el Canal de Suez y el Golfo Pérsico también benefician a Europa.

El diario crea un clima para sus lectores: Crisis, conflictos y guerras por todos lados: Afganistán. Irak y ahora el Líbano. ¿Estamos ante el preludio de una guerra mundial entre el mundo libre y el Islam fanático? Después se puede leer: La principal fuente de financiamiento del terrorismo es Irán. ¿Debe tomar Occidente medidas más severas contra Teherán?

Cuando uno se plantea la pregunta de esa forma es porque ya tiene la respuesta.

Complot terrorista en el Reino Unido:
¿Qué está pasando en realidad?

Craig Murray
embajador de Gran Bretaña en Uzbekistán (2002-2004)
Red Voltaire, 27 de agosto de 2006

El esfuerzo del gobierno británico por dramatizar los problemas de seguridad mediante la revelación del complot del 10 de agosto no parece haber fructificado. A través del Reino Unido, la opinión pública se interroga sobre la veracidad de una amenaza que ni siquiera logró que el primer ministro Tony Blair interrumpiera sus vacaciones. El embajador Craig Murray, a la cabeza de la rebelión de Whitehall contra el alineamiento británico con la política de Estados Unidos, expresa su escepticismo.

He leído con mucha atención todos los periódicos del domingo para tratar de distinguir la verdad entre la cantidad de páginas que afirman reportar en detalle sobre el supuesto plan de atentados con bombas. Contrariamente a la manada de supuestos expertos en seguridad que escriben los análisis mediáticos, tengo la ventaja de tener personalmente a mi alcance las más altas autorizaciones de acceso a material secreto por haber efectuado muchísimo trabajo profesional de análisis de información y por haber estado en el mismo centro de la propaganda mediática.

A mi entender, esta es la verdadera historia.

Ninguno de los supuestos terroristas preparó ninguna bomba. Ninguno de ellos había comprado un billete de avión. Muchos ni siquiera tenían pasaporte, lo cual quiere decir, teniendo en cuenta la «eficacia» de la agencia británica de entrega de pasaportes, que no hubiesen podido convertirse en piratas aéreos antes de mucho tiempo.

Al no existir bombas ni pasajes de avión y en muchos casos ni siquiera pasaporte, sería muy difícil convencer a un jurado, más allá de toda duda razonable, de que estos individuos hayan tenido en algún momento intenciones de cometer atentados suicidas, a pesar de las cosas raras que hayan podido afirmar en algún forum de Internet.

Además, muchos de los arrestados estaban vigilados desde hace más de un año -al igual que miles de musulmanes británicos, y que otros que no son musulmanes, como yo mismo. Según ese trabajo de vigilancia, nada indicaba la necesidad de arrestarlos.

Más tarde, un interrogatorio reveló detalles del impresionante complot tendiente a hacer explotar varios aviones, elemento que extrañamente no había aparecido nunca a través de todo un año de vigilancia. Claro, los interrogadores al servicio del dictador pakistaní saben cómo hacer hablar a la gente. Como yo mismo pude verlo en Uzbekistán, los métodos que utilizan permiten obtener las informaciones más extraordinarias. El interrogado tiende a decirles a los interrogadores todo lo que quieran saber, e incluso más, en su esfuerzo desesperado por detener o evitar la tortura. Pero eso no permite obtener la verdad.

El hombre que fue «interrogado» había huido del Reino Unido después de ser objeto de una orden de búsqueda para que testimoniara sobre el asesinato de su tío hace varios años. Ese factor permite albergar ciertas dudas sobre su credibilidad. También puede sugerir que factores de índole no política pueden haber influido en esas declaraciones. También se mencionan mucho las importantes transferencias de dinero fuera de la economía formal. Estas no son nada extraño dentro de la comunidad musulmana británica. Pero, aunque esa actividad tiene un carácter efectivamente delictivo, es sin embargo muy posible que no tenga nada que ver con el terrorismo.

Luego está la extraordinaria cuestión de la discusión entre Bush y Blair sobre posibles arrestos durante el fin de semana. ¿Por qué? Yo creo que la respuesta a esa pregunta está clara. Como los dos se encontraban ante una situación política y doméstica delicada, aspiraban a «otro 11 de septiembre». Por muy poco confiables que pudieran parecer, las informaciones provenientes de Pakistán les aportaron un nuevo 11 de septiembre para servírselo a los medios de difusión, que se tragaron de un golpe todo lo que les sirvieron.

Finalmente, está la inquietante agenda política de John Reid, ministro del Interior, con su discurso para advertirnos sobre el espantoso mal que nos amenaza y quejarse de que «algunos no entienden» la necesidad de renunciar a nuestras libertades tradicionales. Según su propia maquinaria de propaganda, Reid se quedó después en pie durante toda la noche para dirigir los arrestos personalmente. No hay prueba más flagrante de que nuestra policía ya no es más que un instrumento político. Al igual que en los más feroces regímenes, se tocó a las puertas a las 02:30. Entre las personas interrogadas se encontraba incluso una madre con un niño de seis semanas de nacido [...]

Ya nunca sabremos si alguna de las personas arrestadas habría fabricado algún día una bomba o comprado un pasaje de avión. La mayoría de ellas no corresponde al perfil del «asesino solitario» que podríamos esperar: es mínimo el porcentaje de terroristas kamikazes que tienen un matrimonio feliz y niños pequeños. Sabiendo que estaban bajo vigilancia y que ciertamente figuraban en las listas negras de los aeropuertos, no hubiese sido peligroso dejarlos avanzar más. Eso es lo que seguramente habríamos hecho con el IRA.

De todo esto, de lo único de lo que estoy completamente seguro es que el momento escogido responde a razones políticas. Se trata más de propaganda que de un complot terrorista. Del millar de musulmanes británicos detenidos en el marco de la ley antiterrorista sólo el 12 por ciento ha sido acusado en algún momento de algo concreto. Se trata pura y simplemente de una persecución contra los musulmanes a escala sorprendente. De los que han sido acusados, el 80 por ciento acaba por ser absuelto. La mayoría de los pocos condenados -apenas un 2 por ciento de los detenidos- lo ha sido no por algo vinculado al terrorismo sino por delitos menores que la policía descubrió al revisar con extremada minuciosidad sus vidas arruinadas.

Sean escépticos, muy pero muy escépticos.

Notas:

(1) Strategie Massenmord, Der Spiegel, 14 de agosto de 2006

(2) Sobre Bernard Lewis, ver La ‘Guerre des civilisations’, por Thierry Meyssan, Voltaire, 4 de junio de 2004 [http://www.voltairenet.org/article14101.html, en francés]

(3) Bernard Lewis: August 22, Does Iran have something in store?, Wall Street Journal, 8 de agosto de 2006.

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