Muqtada al Sader
el verdadero problema de Estados Unidos en Iraq

Alberto Cruz
Rebelión

[...] Los vendedores de humo –aquellos que intentan vender la imagen de una situación catastrófica en Iraq centrándose en las bajas militares- se frotan las manos ante una verdad incuestionable: la guerra va mal para los EEUU. Pero ni mucho menos está perdida básicamente porque la guerrilla, que debe ser considerada así y no resistencia, no cuenta con el apoyo de ninguna estructura política fuera del país, es decir, no cuenta con reconocimiento político. Hace ya tiempo se publicaron dos artículos en este sentido que siguen teniendo plena vigencia, aunque con una diferencia: hoy el papel del ayatolá Al Sistani ha pasado a un segundo plano y es el joven Muqtada al Sader quien se ha convertido en el referente de la comunidad religiosa shií y el verdadero problema de Estados Unidos en Iraq.

Durante el mes pasado [octubre de 2006] se propagó que había sido el mayor en número de bajas mortales para los ocupantes desde enero de 2005. Un total de 109 muertos y 776 heridos para las tropas de Estados Unidos. Pero no se entró en detalles. En Al Anbar, la provincia suní donde la guerra es más evidente, murieron 53 soldados. Sólo en el área de Bagdad se contabilizaron 43 muertos y, de ellos, al menos 17 fueron consecuencia de combates directos entre los ocupantes estadounidenses y el Ejército del Mahdi, la organización que controla Muqtada al Sader. Y ese incremento de bajas mortales es debido a que los mandos estadounidenses tuvieron que dejar desprotegidas otras zonas del país ocupado para trasladar 15.000 de sus soldados (casi el 10 por ciento de las tropas ocupantes) a una operación de cerco de Bagdad en un intento de rescatar a un soldado que lleva desaparecido desde el 23 de octubre y que, presumiblemente está en manos del Ejército del Mahdi.

Mientras este aspecto apenas es abordado en Europa, desde los medios de comunicación estadounidenses se pide de forma abierta la muerte de Al Sader para resolver de raíz el problema iraquí y se cita a funcionarios de inteligencia que trabajan en la embajada de EEUU en Bagdad: Maliki [primer ministro iraquí] reconoce que sin nosotros [los EEUU] su gobierno no duraría ni una semana, pero no por los terroristas suníes, sino por Muqtada [al Sader]. Las informaciones en este sentido se multiplican en los últimos días: los militantes shiitas iraquíes [en referencia a las fuerzas de Muthada al Sader] ganaron una victoria política importante cuando Nuri al-Maliki pidió a los EE.UU. y las unidades iraquíes levantar un bloqueo alrededor del suburbio de ciudad de Sadr. El bloqueo se levantó tras el éxito de la convocatoria de una huelga general en el barrio, donde viven 2’5 millones de personas, lo que hubiese generalizado los enfrentamientos y las muertes de soldados ocupantes. Curiosamente, el día de la huelga se produjo uno de los atentados más mortíferos en ese barrio, con 26 muertos, todos shiíes.

El Ejército del Mahdi (EM en adelante) ha aprendido la lección de abril de 2004, cuando se alzó contra los ocupantes en Nayaf y otras ciudades y fue duramente golpeado, con la muerte de centenares de sus combatientes. Hoy es una estructura sólida, bien armada (los analistas militares estadounidenses dicen que ha recibido moderno armamento de Irán y la comienzan a identificar con el Hizbulá libanés en su estructura político-militar) y que controla la práctica totalidad del sur iraquí. Anthony T. Sullivan, uno de los más prestigiosos analistas estadounidenses sobre Iraq ha dicho recientemente que el Ejército del Mahdi ha llegado a ser hoy de tanto alcance como el ejército nacional [por el gubernamental] y mientras en éste la moral es baja, las deserciones constantes y la operatividad más que dudosa, lo que le hace una fuerza militar poco eficaz, en el EM la situación es a la inversa. Las revueltas de Diwaniya, Amara y Basora son un indicativo de ello. El caso de Amara es conveniente reflejarlo un poco en extenso. Es una ciudad de 900.000 habitantes, situada en el sur del país y con una base, Camp Abu Naji, nombre dado por los iraquíes a sus amos coloniales británicos en 1916- de las tropas de ocupación británicas en sus inmediaciones. Durante 3 días se produjeron violentos combates entre 800 integrantes del EM y fuerzas colaboracionistas y británicas que habían acudido en su ayuda. Fueron destruidas comisarías, edificios oficiales y se reportaron más de 100 muertos y heridos. Amara ha sido liberada, Basora es la siguiente, proclamó el EM de inmediato.

Al igual que los medios estadounidenses se hacen eco de los que les ocurre a sus tropas, lo mismo sucede con los británicos. Y ellos vienen haciendo hincapié en un hecho que no pasa desapercibido para los norteamericanos: el creciente papel de Al Sader en la política de futuro para Iraq. De hecho, creen que sin él no será posible ningún plan de retirada de tropas a medio plazo. Lo sucedido en Amara está preocupando especialmente [en Gran Bretaña] porque amenaza comprometer la estrategia de la salida [retirada de Iraq] bajo la cual las fuerzas [británicas] han abandonado varias áreas tras entregar el mantenimiento de la seguridad a las fuerzas iraquíes. Si los planes de convertir a Iraq en un estado federal siguen adelante, algo a lo que se opone firmemente el movimiento de Al Sader, la violencia aumentará y retrasará la salida de las tropas [británicas].

La propuesta de dividir Iraq en tres semi-estados (kurdo al norte, suní en el centro y shií en el sur) se viene discutiendo con insistencia en EEUU ante el desastre militar y como forma de garantizar una salida honrosa en el medio plazo. Sin embargo, el federalismo es un concepto político occidental que no tiene la menor implantación en el mundo árabe. Si bien la estrategia estadounidense en Oriente Medio es la conocida como las fronteras de la sangre, es decir, un Oriente Medio formado por distintas religiones, etnias y razas siempre en conflicto, carentes de un fuerte poder central y que al ser más débiles aceptarían de buen grado una presencia estadounidense, olvida el sentimiento nacionalista árabe que si antes fue laico ahora es islamista y eso es más difícil de combatir porque incluye un componente religioso.

Muqtada Al Sader, este es el hombre a batir y no la guerrilla suní (resistencia). Con ésta ya hay acercamientos significativos en un intento de negociación que permita centrar las fuerzas en el problema principal. Unos intentos que no son nuevos y que se han venido produciendo a lo largo de los tres años y medio de ocupación. Pero la guerrilla cuenta con un gran talón de Aquiles: no tiene una figura que sea capaz de aglutinar a todo el espectro antiocupación iraquí. Por utilizar un ejemplo fácil, no hay un Ho Chi Minh.

Sólo un hombre como Al Sader podría cumplir esa función, pero su EM ha estado implicado en matanzas sectarias y sería difícil que, a corto plazo, fuese aceptado por los suníes como tal. Sin embargo, la comparación entre Iraq y Vietnam no es correcta, por atractiva que sea, por un factor de política geoestratégica de gran importancia: Israel. Si se sigue utilizando la comparación Iraq-Vietnam, habrá que decir que Israel es como Camboya, con lo que el conflicto adquiriría una dimensión regional y no local como es ahora. Por lo tanto, una derrota de EEUU en Iraq debilitaría hasta extremos impensables a Israel en la zona, que aún no se ha recuperado de su derrota militar en Líbano contra Hizbulá.

A estas alturas de la historia hay claras dos cosas: que la guerra se inició por el control del petróleo y para destruir al único estado árabe que podría tener en el futuro, una vez se hubiese levantado el embargo que mató a más de un millón de sus habitantes, capacidad para enfrentarse a Israel. Si alguien tiene dudas al respecto sólo hay que recordar lo que dijo el presidente de EEUU el pasado 2 de noviembre [de 2006]: debemos permanecer en Iraq para controlar el petróleo y para proteger a Israel.

Y, a estas alturas, sólo el petróleo está asegurado para EEUU (Iraq aumentó en octubre [de 2006] su producción en 19.000 barriles diarios, pasando de los 2’05 millones de barriles diarios de septiembre a 2’069 en octubre, según cifras oficiales de la OPEP). Es conveniente recordar que la potencia ocupante le ha dado al gobierno colaboracionista hasta el mes de diciembre [de 2006], como máximo, para que liberalice la explotación de las reservas iraquíes, estimadas en 112.000 millones de barriles en los pozos ya en explotación junto a otras reservas de 220.000 millones de barriles en pozos aún no iniciados (cifras del Ministerio de Energía de Estados Unidos). El dato no es baladí puesto que el petróleo iraquí está muy cerca de la superficie, es fácil de extraer y su coste podría oscilar alrededor de 1’50 dólares, muy por debajo de la media de 5 dólares por barril que cuesta la extracción de petróleo en otros países como Arabia Saudí, por poner un ejemplo.

Se da la circunstancia que las fuerzas de Muqtada Al Sader tienen gran influencia en el sur de Iraq, justo la zona principal de producción de petróleo (junto a la kurda, en el norte). De ahí la importancia que adquiere este personaje en el futuro cercano y en este sentido ya se están moviendo las piezas y, a buen seguro, será una de las bazas que jueguen los demócratas para revertir la situación en Iraq.

[...] No se va a cortar el financiamiento de las operaciones militares en Iraq. A lo más que llegarán los demócratas es a redefinir el papel de sus tropas bajo una nueva resolución de la ONU.

Un comité de expertos de 19 personas iraquíes, junto a otros tantos militares estadounidenses y funcionarios de las embajadas estadounidense y británica están elaborando la propuesta que presentarán a la ONU para que el 1 de diciembre –fecha en que se votará un nuevo acuerdo de mantenimiento de tropas- sea aprobada. Según lo que se ha filtrado se está abordando la aceleración del traspaso de poderes a los iraquíes en aquellas zonas donde ahora hay presencia militar ocupante con la idea inicial de que esté terminado a mediados de 2007 –ahora los EEUU tienen el control operacional completo hasta finales de 2007- y así se recogerá expresamente en la Resolución de la ONU.

Además, en estas conversaciones se está discutiendo sobre la recuperación del control de Bagdad –especialmente Ciudad Sader- y amnistía para los antiguos militantes del Partido Baaz. Este último punto es importante puesto que el gobierno de Maliki rechazó una petición estadounidense de amnistía para algunos de los presos baasistas coincidiendo con el final del Ramadán.

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