El gobierno español y su amor por África

Dídac P. Lagarriga, 16.07.07
Oozebap.org

Suma y sigue. En el baile de máscaras, la política y la economía se funden en el terreno militar y salen a escena avalados por la cooperación.

La máscara del desarrollo engulle y digiere de forma tan obscena que alguien, en algún rincón de algún despacho de alguna sede del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, no aguanta la mirada. No todo el mundo es capaz de limpiarse la conciencia a tanta velocidad. A tanta depravación.

En el 2006 asistimos a la aprobación del Plan de Acción para el África Subsahariana, o Plan África, elaborado por el Gobierno bajo el pretexto de la cooperación pero con unos objetivos reales muy diferentes. Los Astutos Exteriores, en versión original y sin remordimientos: El objetivo es reforzar y diversificar los intercambios económicos, así como fomentar las inversiones, sin olvidar la creciente importancia estratégica de la región subsahariana, y en particular el Golfo de Guinea, para nuestra seguridad energética y las oportunidades de negocio en el sector de hidrocarburos para las empresas españolas(1).

El 12 de junio del 2007 se inauguró la Casa África en Las Canarias, otro de los puntos propuestos en el Plan África. Hubo cava, canapés y, como no, baile de máscaras. En la puerta, muchas organizaciones sociales canarias leyeron un manifiesto donde se advierte:

El ente público Casa África puede constituirse en el epicentro de Canarias y del Estado español para avanzar hacia el desarrollo del conocimiento mutuo, el respeto, el intercambio cultural, formativo e informativo con nuestros vecinos africanos, alejados de cualquier actitud colonial o paternalista. Pero también puede suceder lo contrario, que su orientación gire en torno a la misma política que arruina a nuestros vecinos provocando entre otros males el fenómeno migratorio. Nos referimos a esa forma de capitalismo salvaje que se ha dado en llamar neoliberalismo, utilizando Casa África como rampa de lanzamiento destinada a la internacionalización africana del capital europeo, norteamericano, español y canario, en colaboración con algunas autoridades africanas, dándole apariencia de cooperación al desarrollo y así obtener consenso social [...] El único convenio de calado firmado hasta ahora por Casa África ha sido con la Cámara de Comercio de Las Palmas [...] No es válido usar esta institución recién nacida para justificar un proyecto que obedece a intereses privados muy alejados de la solidaridad y la lucha contra la pobreza. En la práctica, significa otorgarle protagonismo como actor de la cooperación a las empresas [...] Si la Cámara de Comercio Canaria, en alianza con la Cámara de Comercio norteamericana, quiere internacionalizar la economía canaria, que no sea a costa de los fondos de cooperación y sin subordinar Casa África, ni directa ni indirectamente, al desarrollo de tales planes. El manifiesto concluye: Quien pretenda conciliar estos dos caminos, el de la solidaridad y el de los negocios privados, simplemente se pondrá al servicio del dinero que sangra a los africanos. No hay enjuague posible.

Mientras, en el interior de sus burbujas, alguien desde el Gobierno pudo haber pronunciado: El colonialismo es la explotación del débil por el fuerte, del ignorante por el avisado; es la utilización injusta de las energías del país dominado para beneficiar al país dominante. La labor civilizadora es, precisamente, todo lo contrario. Es la ayuda del mejor situado al que lo está menos para hacerle avanzar en la búsqueda de su propio destino. Pero esta cita, tan actual viendo y padeciendo el Plan África, la pronunció el dictador Franco en uno de sus discursos africanistas (2). Pocas décadas después, Casa África se erige como una escenografía más en el baile siniestro que dio con la fórmula del Plan África. Un ejemplo de inercia colonial a pesar de que a menudo se pretenda zanjar el tema, como si el colonialismo ya hubiera pasado...

Pero tildar de colonial la ayuda al desarrollo, el Plan África y su casita, o la actitud de complicidad entre la legalidad pública y el lucro privado, no implica redimir racialmente a nadie (en especial la élite africana). Además, no hacerlo sería divagar por el mar de lo relativo mientras nos cruzamos con un mercante de Pescanova expoliando los fondos africanos, o con un cayuco a la deriva repleto de pasajeros extorsionados y estafados. La corrupción no es endémica en África, sino que supone la base de la economía moderna y, por consiguiente, el pilar de nuestro modo de vida. Las máscaras, cada vez más baratas, resultan imprescindibles.

Notas

(1) Ver el artículo: A propósito del libro Quién invade a quién. El Plan África y la inmigración, de Eduardo Romero, en http://www.lahaine.org/index.php?p=23781.

(2) Citado en G. Nerín: Guinea Equatorial, historia en blanc i negre, Empúries, 1998, p. 22.

Más sobre el Plan África en: La obscena tranparencia del Plan África (http://www.lahaine.org/index.php?p=23782), de Eduardo Romero

http://canariassolidaria.blogspot.com
http://canarias.indymedia.org

A propósito del libro ‘Quién invade a quién.
El Plan África y la inmigración’, de Eduardo Romero

Dídac P. Lagarriga, 14.07.07

¿En qué se diferencian las políticas de inmigración del PP y del PSOE? Ambos partidos vinculan la inmigración a los intereses del mercado de trabajo. Ambos son responsables de la violación de los derechos humanos y de la militarización de la frontera...
(Cambalache, diciembre 2006)

Repugna la retórica de los perversos, repugna el Plan África al que, eso sí, hay que agradecerle su firme posición sin tapujos. Quién invade a quién, pero también quién entiende a quién, quién vota a quién, y por consiguiente: quién es cómplice de quién...

Este Plan de Acción para el África Subsahariana, o Plan África, elaborado por el Gobierno Español, fue aprobado en el 2006 en plena intoxicación mediática contra las avalanchas de los cayucos y pateras provenientes de África. A pesar de que el 95 por ciento de las personas que llegan al estado español con la intención de residir más de tres meses (llamadas inmigrantes) no lo hacen por mar, sino por carretera y avión, el bulo ya estaba en todas las portadas. No importa que los datos y el día a día nos muestren otras realidades, como que casi la mitad de las personas que han llegado al estado español con intención de residir forman parte de la Comunidad Europea, y que el número de inmigrantes extracomunitarios en el estado español no supera el 8 por ciento de la población y que, de estos, una minoría (aproximadamente el 4 por ciento) proviene de África (1).

Tampoco importa que la inmigración ilegal sea precisamente la que este plan promueve, con los desplazamientos nocivos de una horda de afanosos con corbata protegidos por asesinos a sueldo (2). No es que el Plan África invente la estrategia del expolio, ni que suponga una innovación en el juego de camuflar el pillaje con la cara amable de la cooperación y el desarrollo, pero lo que tampoco hace es salir de esa dinámica tan nefasta, aquí y allí.

El objetivo es muy claro, y así nos lo dice el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación en el Plan África: Reforzar y diversificar los intercambios económicos, así como fomentar las inversiones, sin olvidar la creciente importancia estratégica de la región subsahariana, y en particular el Golfo de Guinea, para nuestra seguridad energética y las oportunidades de negocio en el sector de hidrocarburos para las empresas españolas.

Por eso Eduardo Romero, que ha escrito el libro ‘Quién invade a quién. El Plan África y la inmigración’ (Cambalache, 2006), no está siendo demagógico, sino todo lo contrario, cuando afirma: El Plan África, presentado como un proyecto global de ayuda al desarrollo del continente africano, es la máxima expresión de los intereses de penetración económica de las multinacionales españolas [...] Las multinacionales, con el gobierno a su servicio, pretenden participar de la nueva colonización de África (p. 12).

Eso sí, la retórica del buen samaritano debe constar en todo objetivo de un gobierno progresista. Nos aseguran en el Plan que el apoyo a la participación de empresas españolas en la explotación de los recursos de hidrocarburos de África, se realiza con vistas a reforzar la seguridad energética de España y de manera sostenible y beneficiosa para el desarrollo económico y social de África. Como nos dicta el sentido común, un plan que gusta a todos no es un buen plan. De ahí la perversión. De ahí la crítica. Y de ahí también, desgraciadamente, su aceptación entre los empresarios y expertos en seguridad. Porque si el Plan África tiene como principal objetivo el de enriquecer a unos pocos empobreciendo a la mayoría, su otro propósito es el de controlar esas masas que ellos mismos han contribuido a desesperar. El flujo de inmigración ilegal, un concepto tan apreciado por esta clase de perversos y sus lacayos mediáticos, debe controlarse: la tecnología y los recursos financieros y humanos para parar lo imparable...

Vuelve Eduardo Romero a no ser demagógico, sino lúcido y eficaz, cuando a propósito de esta estrategia escribe: ¿En qué se diferencian las políticas de inmigración del PP y del PSOE? [...] Ambos partidos vinculan la inmigración a los intereses del mercado de trabajo. Ambos son responsables de la violación de los derechos humanos y de la militarización de la frontera. Ambos han creado las condiciones políticas para que cientos de miles de inmigrantes sin papeles sean explotados sistemática y masivamente. Ambos saben que esa es una de las condiciones para ser competitivos. Y, para ambos, la competitividad de la economía española, es decir, la precarización, la deslocalización, la privatización, la destrucción de la agricultura campesina o la defensa de los intereses de las multinacionales españolas, es central en sus políticas (pag. 12).

Un imaginario economicista que llega más lejos: Desde la izquierda parlamentaria y desde los sindicatos mayoritarios, la interiorización del discurso de la competitividad, es decir, la apología del capitalismo, ofrece atajos para la defensa de los derechos de las personas inmigrantes: ‘el mercado de trabajo puede absorber más inmigrantes’, ‘la inmigración impulsa el crecimiento de la economía española’, ‘contribuye a la viabilidad de la Seguridad Social’... Estas reflexiones incorporan plenamente la concepción de las personas inmigrantes como fuerza de trabajo precaria cuya función es fortalecer la competitividad de la economía española. Del mismo modo una visión absolutamente acrítica del papel que ha cumplido y cumple la ayuda al desarrollo, permite defender su incremento como la solución en origen del problema de la inmigración (pp. 59-60). Sin ir más lejos, Gaspar Llamazares (Grupo Parlamentario de Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds) afirmaba: Nosotros somos partidarios, por una parte, de la solidaridad y cooperación en origen, dentro de lo que puede ser el Plan África en estos momentos o incluso planes más ambiciosos (3).

Tenemos la enorme suerte de tener prisa sin estar apresurados, podría apuntar la canción. Por eso es importante que vaya calando la reflexión crítica en torno a este tipo de inercias coloniales. Un mensaje de vínculos y reacciones que comprenda la lucha por el decrecimiento, desmitifique el significado de riqueza, recuerde el colonialismo y amortigüe todavía hoy sus consecuencias. El libro ‘Quién invade a quién’ es una buena herramienta que viene a completar todas las críticas aparecidas tras la aprobación del Plan África (4), además de fortalecer el imprescindible aunque reducido material de denuncia sobre el papel del estado español y las empresas en el continente africano.

Notas:

(1) Iolanda Fresnillo: Entre cayucos i inversions. Del Pla Africa, el deute extern i altres mecanismes d'empobriment, Observatori del Deute en la Globalització, 21 de marzo del 2007.

(2) Jozé Bape: «El uranio y los inmigrantes ilegales (del neocolonialismo)», en El Dorado africano: el caso de Francia en Níger, oozebap.org/text, octubre 2005.

(3) Intervención en el Congreso de los Diputados el 23 de mayo del 2006, citado en ‘Quién invade a quién’, p. 60.

(4) Que se suman a las peticiones para que se anule la deuda externa, que los países africanos han devuelto con creces a pesar de que todavía se les obliga a continuar pagando.

El Plan África puede consultarse en: http://www.mae.es/es/Home/planafrica.htm
‘Quién invade a quién’ está disponible en las librerías y en http://www.localcambalache.org

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