Algunas consideraciones sobre la situación política y nuestras tareas

Editorial de Resistencia núm.65, diciembre de 2005

El Gobierno ha puesto en marcha algunas mejoras sociales, ha establecido ciertas reformas y ha cedido en algunas exigencias como la retirada de las tropas de Irak, aunque esta retirada vino precedida por las manifestaciones más extensas y radicales de los últimos años; también algunas contrapartidas concedidas recientemente a los trabajadores lo fueron después de que éstos tuvieran que recurrir a las huelgas, las barricadas y los enfrentamientos; en cuanto a los revolucionarios han aprobado en el Parlamento el diálogo para resolver los conflictos, aunque esto es también consecuencia de la prolongada lucha de resistencia que hemos sostenido -y seguimos sosteniendo- y después de que el régimen hubiera fracasado en sus repetidos intentos por destruirnos, o sea que nos lo hemos ganado a pulso. En cualquier caso, es evidente que estos son cambios, pero todavía faltan muchos más, los principales, que responden a las exigencias que demandamos los trabajadores, nuestro Partido y el conjunto del Movimiento de Resistencia Antifascista, y que se concretan en los derechos y reivindicaciones democráticas y populares fundamentales y que el Gobierno, después de casi dos años de mandato, sigue sin abordar mientras prosigue con la política terrorista, explotadora e imperialista, con lo cual la democracia social que dice haber implantado sigue siendo una farsa.

Lo cierto es que más de 800 presos políticos continúan en las cárceles de España y Francia; los comunistas y otros revolucionarios seguimos perseguidos dentro y fuera de nuestras fronteras; las leyes represivas permanecen inamovibles mientras se rearman para la guerra interior tanto en el terreno policial como militar y no cesan de concertar nuevos tratados represivos con otros Estados; los trabajadores continúan sin ver restituidas las conquistas que les han arrebatado durante años, al tiempo que tratan de imponer otra nueva contrarreforma laboral; en las nacionalidades, el tan traído y llevado Plan de modernización sigue sin salirse del viejo marco del Estado de las autonomías, por lo que se mantienen los principales instrumentos de sojuzgación; en cuanto a la política militarista e imperialista está siendo impulsada de manera intensiva bajo la máscara del pacifismo. Está claro, como así lo venimos manifestando, que el Estado fascista, a pasar de la gravedad de la crisis en la que está atrapado, sigue sin reconocer más lenguaje que le haga razonable que el de la fuerza; ante esta situación hay que relanzar la lucha por nuestros derechos y reivindicaciones fundamentales hasta que la oligarquía y su gobierno se decidan a emprender los cambios o reformas de verdadero calado y en diversos terrenos que tienen pendientes después de décadas de crímenes, saqueos y canalladas.

Junto a este panorama general hay que exponer las siguientes consideraciones:

  Con respecto a la crisis del régimen fascista hay que señalar que, independientemente de las poses de prepotencia del Gobierno y sus heraldos y de su aparente control de la situación, éste continúa cercado por la crisis política, institucional y social: ese es el verdadero Estado de la nación. Y es que la caída del aznarismo no sólo significó la derrota de los falangistas del PP, sino también del régimen en su conjunto y quienes le apoyan y sostienen; por lo tanto, ha sido el modelo político creado tras la muerte de Franco, articulado a través de la llamada Reforma Política y representado por el Estado de derecho el que ha salido derrotado en toda la línea del frente después de 30 años de batalla en la que hay un claro vencedor político y moral: nuestro Partido, el conjunto del Movimiento de Resistencia Antifascista y todos los trabajadores.

  La quiebra del modelo democrático del régimen, la carencia de todo recambio político después del hundimiento de su famosa ala izquierda y, sobre todo, la imposibilidad manifiesta de acabar con las organizaciones que integramos el Movimiento de Resistencia Antifascista, han llevado al régimen a un callejón sin salida que afecta de lleno a su política terrorista, explotadora e imperialista. Por lo tanto se ha puesto a la orden del día el establecimiento de los derechos y reivindicaciones democráticos y populares que venimos exponiendo y que concentran las aspiraciones más sentidas, por las que se lleva luchando durante muchos años, y que están en la base y en el desarrollo de la guerra civil larvada, como a ellos les gusta llamar al conjunto de conflictos existentes.

  En relación a la política de diálogo para resolver los conflictos, el régimen fascista ha de reconocer que tiene un muy viejo conflicto político o guerra con nuestro Partido, ya que sabe que somos su enemigo estratégico, el dirigente político e ideológico del Movimiento de Resistencia Antifascista y que hemos contribuido, en la medida de nuestras fuerzas, a demoler la farsa democrática y a debilitar el Estado de derecho, pagando por ello un alto tributo con un gran número de detenidos, torturados y varios cuadros, militantes y simpatizantes asesinados. Para nosotros, y lo llevamos manifestando desde hace años, la negociación forma parte de la lucha política que estamos desplegando y ha de servir para favorecer el desarrollo de todo el proceso revolucionario; de ahí que nuestras exigencias, en su parte más fundamental, pasen por el establecimiento de las libertades políticas, por el reconocimiento de nuestra identidad y principios comunistas y el derecho a luchar por la revolución socialista y el comunismo. Evidentemente, el resultado de este proceso tiene que ser escenificado, o lo que es lo mismo, dado a conocer públicamente a los trabajadores. Así es que el Gobierno tiene una cita con nosotros, un diálogo o unas conversaciones a las que estamos dispuestos. Y el primer paso que tiene que dar, dejando a un lado sus conocidas artimañas, es reunificar en una misma prisión a nuestro Secretario General y a otros destacados cuadros y militantes de nuestro Partido y de los GRAPO para facilitar que puedan preparar y desarrollar ese diálogo, este es el marco ineludible y básico para hacerlo factible.

  El último punto que vamos a exponer es el de la necesidad de vincular el relanzamiento de la lucha por los derechos y reivindicaciones democráticos a los planes y tareas de la reorganización del Partido.

Sobre el relanzamiento de la lucha por los derechos y reivindicaciones democráticos se trata de desplegar una labor de agitación y propaganda, de forma planificada y de acuerdo con nuestras posibilidades, en las fábricas y otros centros de trabajo, en los barrios, etc. que propicien la realización de reuniones, asambleas y luchas de diverso tipo. Junto a esto, también hay que aproximarse a otras organizaciones y colectivos antifascistas y democráticos para proponerles campañas de denuncia y movilización conjuntas, como forma de reagrupar fuerzas en torno a la lucha por los objetivos comunes.

Todo esto, no cabe duda, va a favorecer la elevación del nivel de conciencia política de los trabajadores, va a permitir ampliar nuestro radio de acción revolucionaria y el que podamos, por tanto, organizar a los más conscientes en torno al Partido, lo que contribuye a llevar adelante los planes y tareas de la reorganización que debe ocupar, lógicamente, el centro de nuestra actividad revolucionaria.

¿Diálogo?; sí, pero, ¿qué diálogo?

Egoitz Larrañaga

Al leer el editorial del Resistencia núm. 64 y el posterior artículo que lo desarrolla, me ha dado la impresión -al margen de que me parece justo todo lo que ahí se dice- de que falta algún matiz. Porque, leído todo ese material, me da la sensación de que negamos la posibilidad del diálogo político con el Estado una vez se le haga entrar en razón.

La cuestión que se debe matizar a esos textos es que nadie ha hecho tanto como está haciendo nuestro movimiento, junto al conjunto de los trabajadores y otros sectores sociales, por solucionar los problemas que padecemos y de hacerlo por cualquier vía que eso sea posible. Es cierto que la historia viene demostrando que el carácter del régimen político bajo el que vivimos no nos da mucho margen de maniobra para solucionar nuestros problemas fundamentales por la vía del diálogo. Este es el contrasentido que se manifiesta entre lo que dicen los diferentes Gobiernos y lo que hacen, lo que no deja otra opción que la lucha más resuelta para solucionar esos problemas.

Ahora bien, no debemos descartar que la capacidad de resistencia del movimiento popular haga mella en la dura y reaccionaria cabeza de los estrategas del régimen y les obligue a buscar un cierto respiro a través del diálogo. ¿Debemos rechazarlo?

En mi opinión, la cuestión de las formas que adopte esa solución, con ser secundaria, no deja de tener su importancia. En primer lugar, porque así se demuestra, una vez más, que son ellos los que no quieren ese diálogo, o lo utilizan de forma demagógica; y segundo, porque si les hacemos retroceder, de alguna forma habrá que escenificarlo. Pero, con todo, lo más importante no es en sí el diálogo (sus interpretaciones son muy amplias, incluyendo el diálogo de sordos, por ejemplo), sino el contenido de ese diálogo. Es decir, que su esencia responda a los intereses y necesidades reales de la clase obrera, de los pueblos y del conjunto de la sociedad. Y hacerlo, además, sin renunciar a los principios políticos que rigen nuestra línea política y de resistencia, que es lo verdaderamente decisivo, pues ello nos permite defender los intereses de las masas populares en diferentes coyunturas; y hacerlo sin caer en el reformismo.

Si hacemos un poco de historia sobre este tema, hemos de reconocer que en diversas ocasiones el Estado -sus diferentes Gobiernos- ha tratado de dialogar con las organizaciones revolucionarias y democráticas sobre una hipotética negociación. Algo que hasta la fecha no ha sido posible, sin que hayamos conocido, por su parte, una explicación creíble de los motivos reales de esos desencuentros.

Una cosa sí sabemos: en los contactos que tuvieron lugar en el año 96 entre el Gobierno del PP y representantes del PCE(r) y de los GRAPO, y entre los años 98-99 con el MLNV, los peperos no buscaban ningún arreglo pacífico y equilibrado a los problemas que vienen soportando los trabajadores y los pueblos de las naciones oprimidas. Al contrario, tal y como ahora manifiestan alto y claro, sólo pretendían la rendición de sus organizaciones de vanguardia. Queda claro, como denunciamos en su momento, que aquello no era más que una negociación tramposa para justificar la posterior represión, que, a su vez, pretendieron encubrir en un caso con el silencio y en el otro con el vocerío de la tregua trampa.

Por su parte, el Gobierno del señor Zapatero ha anunciado, con pomposa escenificación, su disposición al diálogo. Hay que reconocer que, al menos en esta ocasión, las formas son diferentes; pero, ¿y el fondo?

El régimen y sus mariachis políticos, institucionales, mediáticos y demás morralla orgánica han establecido la premisa de que no habrá concesiones políticas a los terroristas, fórmula-trampa que pretende ocultar las verdaderas razones políticas que están en la raíz de los conflictos que generan la opresión y la explotación de clase.

Saben perfectamente que el movimiento reivindicativo, sin más, sin sus organizaciones políticas, es fácil presa de sus engaños y su represión. De ahí su interés en desligar la lucha de esas organizaciones de toda causa política. Como si esta simbiosis no emanase del sentir más profundo del pueblo trabajador. Por esto mismo, cuando en el verano del 96 iniciamos conversaciones con delegados enviados por el Gobierno del PP, lo primero que pusimos sobre la mesa fueron algunas (que no todas) de esas reivindicaciones populares:

Derogación de las leyes y tribunales especiales de represión. Derecho de autodeterminación de las naciones oprimidas por el Estado español. Libertades políticas y sindicales plenas. Amnistía general para los presos políticos. Indulto para los presos por causas sociales. Restitución de las conquistas económicas, sociales y laborales que les han arrebatado a los trabajadores. Derecho de la mujer trabajadora a un salario igual por un trabajo igual y a no ser sometidas a labores que dañen su salud. Derecho de la juventud a recibir una formación integral gratuita, a un trabajo sano y bien retribuido, a contar con locales y otros medios para el libre desarrollo de sus capacidades. Derecho de asilo político y de ciudadanía para todos los refugiados e inmigrantes. Salida de España de la OTAN y demás organizaciones militares imperialistas...

Son estas y otras demandas políticas y sociales las que están en el origen y causa de la crisis política actual. La negativa a satisfacerlas marca la medida del carácter reaccionario, totalitario y fascista del régimen político español y del Estado que lo sustenta.

Todo lo demás son galimatías de los expertos en intoxicar las sufridas mentes del personal. Y, siempre y en cualquier caso, la palabra al pueblo: referéndums vinculantes de, una por una, las reivindicaciones expuestas. Claro que, antes que nada, tendrán que reconocer y facilitar un escenario de libertades políticas y de no más leyes terroristas y de negación de toda oposición consecuente que supone la Ley de Partidos en vigor.

Esta es la única base razonable sobre la que se puede asentar un diálogo constructivo.

En toda negociación política entre dos fuerzas antagónicas, lo que se pone en la balanza no son los presos, el honor o la dignidad solamente, sino los intereses políticos y sociales; en nuestro caso, apenas si hace falta decirlo, se trata de los intereses inmediatos y a más largo plazo de la clase obrera y de otros sectores populares. En definitiva, no se refiere a ningún problema personal o de grupo, o de reinsertar a unos presos en la sociedad, que es por donde la burguesía monopolista y su Estado pretenden llevar este asunto, sino de resolver los problemas de las masas que les han llevado a la cárcel.

M.P.M. (Arenas): En el camino del IV Congreso del Partido

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