La derrota del ‘proceso de paz’ tramposo

Resistencia núm. 68, abril de 2007

El proceso de paz tramposo del régimen fascista ha saltado por los aires, ha sido derrotado en toda la línea del frente. Si el derrumbe de la T4 del aeropuerto de Barajas fue el último acto de esa voladura, hasta ese mismo momento el conjunto del Movimiento de Resistencia Antifascista le había asestado un golpe tras otro hasta dejarlo desahuciado y, posteriormente a esa fecha, la resistencia desplegada ha liquidado sus intentos de volver a resucitarlo. Atrás quedan, desenmascaradas, las trampas y provocaciones que han guiado este proceso que, en realidad, no son diferentes a las seguidas por el Estado en periodos anteriores.

Hoy es evidente para todo el mundo que la bandera de la paz zapaterista es un espantajo con el que no pueden ocultar las mentiras y los crímenes cometidos en estos tres años de gobierno. Y mientras rumian su derrota, continúan dando rienda suelta a la represión contra nuestro Partido, contra todas las organizaciones que integran el Movimiento de Resistencia Antifascista y contra los trabajadores; una represión que, junto a la política de diálogo, conformaron los dos elementos en los que se sustentaba su fenecido proceso de paz y mediante los cuales, hábilmente combinados, pensaban lograr que vendiéramos nuestros principios y objetivos revolucionarios por el consabido plato de lentejas de la claudicación y el acatamiento de su legalidad, para después, debidamente reconciliados, dedicarnos todos juntos a atajar la crisis política que les tiene atenazados.

Pero si su proceso de paz ha sido una farsa, los cambios políticos, laborales, territoriales, etc., como hemos venido denunciando, no lo han sido menos: han hecho caso omiso de los derechos y reivindicaciones que están pendientes después de décadas de crímenes de todo tipo, incrementando, por el contrario, la represión, el saqueo de los trabajadores y su participación en las guerras de rapiña.

Todo esto ha agudizado mucho más la crisis política que estalló con los acontecimientos que rodearon al 11-M y que supusieron la gran voladura histórica de más de 30 años de farsa democrática, por lo que la debilidad del régimen fascista se ha acentuado, haciéndole mucho más vulnerable; al mismo tiempo, ha quedado patente que la derrota de la política pacificadora del régimen es otra muestra más de la vitalidad del Movimiento de Resistencia Antifascista, con lo cual nuestra victoria política, moral y, claro está, militar, se ha reforzado.

Ante esta situación vamos a volver a exponer algunos aspectos que siguen conformando en estos momentos nuestras principales posiciones y orientaciones:

El gobierno socialfascista y sus estrategas, si no quieren volver a estrellarse, han de tener en cuenta que no somos nosotros los que tenemos que someternos a su legalidad y abjurar de nuestros principios y objetivos revolucionarios, sino que son todos ellos los que tiene que pegarle una limpieza a fondo a la legalidad terrorista, explotadora e imperialista de su «Estado de derecho», que no es otra cosa que la expresión del fascismo institucionalizado.

Si de diálogo se trata, han de saber que no admitiremos emprender ninguno si antes no se cumplen las siguientes condiciones previas: reagrupamiento en una sola cárcel de nuestro Secretario General y de todos los militantes del Partido y de los GRAPO para que puedan preparar y desarrollar ese diálogo; cese de las actuaciones represivas tanto dentro como fuera de las cárceles contra nuestro Partido y el Movimiento de Resistencia Antifascista; puesta en libertad de todos nuestros militantes gravemente enfermos y de todos aquellos que ya han cumplido condena.

En cuanto a nuestras exigencias de fondo para esta etapa concreta del proceso revolucionario tienen que concretarse, entre otras reivindicaciones, en la liberación de los presos políticos, en el establecimiento de las libertades políticas y sindicales plenas y en el reconocimiento de nuestro derecho a luchar por la revolución socialista y el comunismo.

Y, por supuesto, hay que continuar relanzando la resistencia en todos los terrenos, incluido el de la lucha armada revolucionaria. De esta manera no sólo podremos mantener la iniciativa y conseguir que el Movimiento de Resistencia Antifascista siga desarrollándose, sino también liquidar cualquier estratagema de confusión por parte del Estado, ya que, como se ha vuelto a comprobar durante estos tres años, el único lenguaje capaz de convencer a estos canallas de su derrota y de que cedan ante nuestras exigencias sigue siendo el de la fuerza.

Toda esta resistencia se concreta, como venimos manifestando, en vincular la tarea de la reorganización del Partido con el fomento de la lucha por la conquista del Programa Democrático que estamos difundiendo, dentro del cual hay que centrar el mayor esfuerzo en la lucha por la liberación de los presos políticos y en el establecimiento de las verdaderas libertades políticas, haciendo que los trabajadores se impliquen en ella e intentando fortalecer la unidad combativa antifascista.

El arma invencible

Venimos denunciando que el gobierno socialfascista ha intentado acabar con la lucha de resistencia combinando las vías represivas con el señuelo de su proceso de paz. Mientras estos canallas hablaban de diálogo y de paz sobrepasaban en intensidad represiva a sus predecesores en el gobierno (recientemente el GALosazo Rubalcaba declaraba haber detenido a 290 personas el pasado año) e intentaban que perdiéramos toda iniciativa, confundirnos e imponernos sus condiciones. Zapatero y sus estrategas han querido, lisa y llanamente, domesticarnos, integrarnos en su legalidad previa renuncia de nuestros principios y objetivos revolucionarios; es decir, que siguen siendo tan criminales como torpes, no acaban de aprender las duras lecciones que les ha dado la encarnizada lucha de clases durante décadas.

La cuestión es que todos sus planes se han venido abajo, y la Resistencia del Movimiento Antifascista, esa sí que es un arma invencible, les ha vuelto a la dura realidad de una nueva derrota que agrava mucho más la ya de por sí devastadora crisis política que padecen. Estamos hablando de la resistencia ideológica frente a la basura del legalismo, el pacifismo y la reconciliación; de la resistencia de mantenerse en los principios comunistas y revolucionarios; de la resistencia de los presos políticos; de la resistencia de la lucha política y sindical independientes; de la resistencia armada revolucionaria; de la resistencia de los boicots electorales que, como en Catalunya y Andalucía, han llenado de pavor al régimen y a sus secuaces, etc. Con este arma de diversos y contundentes filos les hemos hecho morder el polvo durante más de 30 años de falsa democracia, y sigue siendo con la resistencia, sólo con este arma, con la que se puede abrir el camino a un verdadero proceso de paz sobre la puesta en marcha de todos los derechos y reivindicaciones democráticos que siguen estando pendientes después de tres años de gobierno zapaterista.

La voladura de una farsa

Con la acción militar llevada a cabo por ETA en el aeropuerto de Barajas se ha consumado la última voladura del proceso de paz tramposo; ha sido la puntilla definitiva a una farsa que comenzó poco después del 11-M.

El gobierno socialfascista no sólo no puso en marcha las mínimas medidas de distensión que prometió a ETA si declaraba la tregua, sino que aprovechó al máximo el infinito espacio de excepción de la leGALidad vigente para impulsar la represión, al tiempo que trataba de alargar artificialmente el proceso sembrándolo de todo tipo de artimañas y provocaciones. Además, con total desfachatez, no se apartó ni un milímetro de la vieja fórmula de «paz por presos» y de alguna que otra baratija autonomista para Euskal Herria; eso y el acatamiento de la legalidad vigente era hasta donde estaba dispuesta a llegar su generosidad. Ha sido, por tanto, el mismo régimen fascista, con su política terrorista, explotadora e imperialista, el que ha creado las condiciones para que su proceso de paz saltara por los aires.

En un principio, el pueblo vasco respaldó el diálogo con manifestaciones y todo tipo de actos pacíficos, fue en la medida en que esos actos se prohibieron y se reprimieron, reimpulsándose, a la vez, la criminalización de la izquierda abertzale, cuando se respondió con la kale borroka. Por su parte, ETA, en un comunicado emitido el 17 de agosto del pasado año, ya avisaba al Gobierno que mantener una actitud represiva es incompatible con el desarrollo de un proceso de negociación, si continúan los ataques contra Euskal Herria, ETA responderá. Al mismo tiempo, los presos políticos de la Organización guerrillera advertían: El conflicto vasco no se resolverá a través de la política carcelaria que nos aplican, ni mediante la excarcelación de los presos políticos, sino a través del respeto a los derechos de los ciudadanos vascos. Es decir, superando el motivo de la lucha que nos trajo a la cárcel.

La aparente sorpresa que expresaba el Gobierno después de la acción contra la T4, además de ser un monumental ejercicio de cinismo, formaba parte de la intoxicación propagandística que ha acompañado a toda esta farsa y mediante la cual trataba de aparecer como víctima y culpar a ETA de romper el diálogo y el proceso.

Posteriormente a la acción, en el comunicado de la Organización guerrillera se denunciaba de manera certera: En lugar de acordar las bases de un nuevo marco político que traiga la superación del conflicto y que reconozca los derechos de Euskal Herria, han establecido como tope del proceso los límites de la Constitución española y de la legalidad. Los dirigentes del Gobierno español deberían saber que no podrán construir un proceso de paz manteniendo los límites políticos que ha generado el conflicto [...] El Gobierno de España continúa sin cumplir sus compromisos de alto el fuego [...] Sigue vigente la Ley de Partidos Políticos [...] Han sido prohibidos más de 100 actos, acompañados de multas, detenciones y palizas. La tortura, más de 100 detenciones [...] La creación de la doctrina Parot, el secuestro de 185 presos políticos vascos y los que son recondenados para toda la vida [...] Aparte de querer expresar firmemente que el objetivo de la acción armada no era causar víctima alguna, queremos denunciar que no se desalojase el parking en el largo plazo de una hora, tras tres llamadas explicando el lugar de la colocación del explosivo.

Ante esta situación, vuelve a demostrarse que es fundamental no bajar la guardia y conservar la iniciativa en todo momento, y eso sólo se logra manteniendo activada en todos los terrenos la lucha de resistencia para seguir relanzando continuamente el proceso revolucionario y lograr así que el régimen y sus lacayos se hundan cada vez más en la crisis, asuman su derrota y cedan a nuestras exigencias. Si esto es para todos los trabajadores, además, para Euskal Herria, Galicia y Catalunya, como naciones oprimidas, no cabe hablar de otro proceso de paz -y en esto nuestro Partido, como vanguardia de todo el proletariado del Estado español, no va a variar ni un ápice en su posición-, que no sea el que se sustente sobre la eliminación de las bases jurídicas, represivas, militares y legislativas en las que se basa la opresión política, social, económica y territorial de estos pueblos por parte del Estado imperialista español, culminando con el reconocimiento del derecho de autodeterminación.

Contra la criminalización del PCE(r)
Organizar la movilización

de Resistencía núm.68, abril de 2007
F. Allariz

Nos han enterrado tantas veces como tantas veces nos han tenido que resucitar porque, si a lo largo de más de 30 años, el PCE(r) ha conseguido mantener su actividad revolucionaria en medio del más encarnizado fuego enemigo, también está en condiciones de proseguir el combate por la toma del poder y el socialismo, ya que cuenta con una Línea Política, un Programa y una estrategia revolucionaria que han probado sobradamente su justeza. Esta es la razón de fondo que explica por qué el Estado considera al PCE(r) su principal enemigo estratégico y por qué le teme tanto.

Que el Estado fascista español, coaligado con la contrarrevolución internacional, ha intentado acabar con nosotros por todos los medios, es algo que ha quedado meridianamente claro para todo el mundo. Sus sucesivas campañas de cerco y aniquilamiento han estado presentes durante décadas: atrás quedan la guerra sucia de toda intensidad (tanto dentro del Estado español como fuera de sus fronteras) que conllevó el asesinato de dirigentes y militantes de nuestro Partido, las redadas masivas, las detenciones, torturas y la política de exterminio en las cárceles.

Si la represión más salvaje no ha funcionado con nosotros, la política de la zanahoria tampoco. El régimen y sus secuaces han comprobado hasta la saciedad que no hay zanahoria capaz de reconvertir o moldear al Partido a imagen y semejanza de sus usos democráticos, porque con el Partido bien anclado en sus principios jamás podrán conseguir que acate su legalidad fascista y que abjure de sus objetivos revolucionarios.

Este fracaso histórico del régimen, que se traduce en una victoria política y moral incuestionable, tiene un alcance verdaderamente estratégico que se concreta en varios aspectos destacados. Por una parte, en el hecho de que nuestro Partido se ha constituido no sólo en la vanguardia política e ideológica del Movimiento de Resistencia Antifascista, sino también en que es un reconocido referente, en el ámbito internacional, para los que luchan por el socialismo y se empeñan en poner en pie nuevas vanguardias comunistas; por otra, ha quedado igualmente claro que nuestra lucha ha contribuido de forma destacada a desenmascarar la naturaleza fascista del régimen político de los monopolios y al aniquilamiento de su ala izquierda conformada por los revisionistas, los socialfascistas y otros lacayos de la oligarquía financiera y a abocar al Estado fascista a una crisis política cada vez más profunda.

Del fracaso de la represión a la criminalización

Los repetidos fracasos represivos del régimen le han llevado a criminalizarnos en otro vano intento de tratar de retrasar la confluencia del movimiento obrero y popular con su vanguardia comunista. Esta criminalización, dictada por la Audiencia Nacional en virtud de la Ley de Partidos, declaraba ilegal al Partido y ordenaba su disolución. Pero, como se comprende, no se puede ilegalizar a un Partido que se ha desarrollado no sólo al margen de la legalidad, sino también enfrentado a ella, que mantiene su estructura organizativa fundamental en la clandestinidad y basa en la actividad clandestina su principal medio de trabajo revolucionario.

No obstante, lo que está claro es que la criminalización del Partido es una nueva declaración de guerra no sólo contra nosotros, sino también contra el conjunto del Movimiento de Resistencia Antifascista y contra todos los trabajadores. Y es en este marco donde los zapateristas han relanzado la represión en todos los terrenos: detenidos, torturados, juicios farsa, persecución intensa del aparato clandestino, control provocador de todos aquellos que se encuentran en la legalidad y, sobre todo, se han centrado con especial saña represiva en nuestros camaradas presos, de los que vamos a reseñar los ejemplos más significativos o sangrantes.

No hay otro camino

de Resistencía núm.68, abril de 2007
A. Xivares

En estos tiempos en los que no pasa un día sin que el tema de las negociaciones esté de actualidad, conviene no perder de vista el hecho de que los fascistas y los monopolistas nunca han cedido en nada si no se han visto obligados a ello por la acción continuada de la resistencia organizada. Esto es plenamente válido para todas las organizaciones que integran el Movimiento de Resistencia Antifascista; de ahí que sea acertada la consigna lanzada en nuestro Órgano Central de propaganda de respaldar el diálogo con la lucha de resistencia.

Es evidente que el Estado fascista sufre una crisis política muy grave como consecuencia del fracaso durante más de 30 años de todas sus maniobras políticas y represivas, acentuada, además, por las peleas que se están librando en el seno de la oligarquía y que se escenifican, sobre todo, en el enfrentamiento constante y cada vez más enconado entre los falangistas del PP y los socialfascistas del gobierno. Para intentar atajar la crisis decretaron la política de diálogo y negociaciones con la que, hasta el momento, no han mostrado ninguna voluntad de que sea el vehículo para que cedan a las exigencias obreras y populares, de las organizaciones revolucionarias y de nuestro Partido.

Lo cierto es que pronto se van a cumplir tres años desde la llegada al poder de los zapateristas y, desde entonces, no han cesado de atrincherarse en las provocadoras propuestas de paz por presos, en las exigencias de acatamiento a la legalidad terrorista, explotadora e imperialista y en la renuncia, para siempre jamás, no sólo de la lucha armada revolucionaria, sino también de la lucha política verdaderamente consecuente, organizada y radical, o sea que reneguemos de la lucha política revolucionaria. Ello explica el estado de permanente bloqueo del mal llamado proceso de paz y, mientras tanto, los zapateristas continúan haciendo trucos de prestidigitador barato: ahora esgrimo el diálogo, ahora lo escondo, ahora me pongo chulo y después dialogante, eso cuando no nos sueltan las milongas de que la derecha impide el proceso de paz o que el camino es largo, duro y difícil.

A la vez, hasta la fecha, hay que resaltar que con su maniobra dialoguista, aparte de perseguir los planes anteriormente señalados, han pretendido hacernos perder la iniciativa y que nos quedemos quietos a la espera de que se consumen las negociaciones; es decir, que cesemos nuestro trabajo revolucionario mientras ellos, de forma descarada y chulesca, se permiten continuar con las detenciones, las torturas y el imponer las condenas de por vida a aquellos presos políticos que no abjuran de sus principios revolucionarios; se permiten machacar a los trabajadores en las huelgas y en otro tipo de luchas, endosar Reformas Laborales, Pactos de Competitividad y engañifas como la de España plural; se permiten continuar con el control policiaco asfixiante con la ayuda de la soldadesca y reforzar todos y cada uno de los resortes represivos del Estado y del Ejército; a esto hay que sumar que el humanitario imperialismo español lleva decenas de intervenciones militares desde el 11-M y encima está negociando con el imperialismo yanqui y con los jefazos de la OTAN para que se le otorgue al Estado español nada menos que el segundo cuartel estratégico de esta organización militar imperialista en Europa.

Por todo esto, me parece correcta la combinación de los tres frentes de lucha que se viene exponiendo y explicando en nuestro Órgano Central de propaganda: la reorganización del Partido, la lucha por el Programa Democrático y la utilización del arma política de las negociaciones; esto significa reforzar la iniciativa en las direcciones fundamentales de nuestro trabajo revolucionario, continuar desestabilizando al régimen fascista y ahondar su crisis, implicar a los trabajadores en la lucha por sus derechos y reivindicaciones y desenmascarar las trampas y artimañas del Gobierno y sus socios. Es ahí, en la combinación de estos tres frentes de lucha, donde se gesta una nueva victoria del Movimiento de Resistencia Antifascista. No hay otro camino para arrancar a los fascistas e imperialistas españoles las reivindicaciones y derechos que están pendientes y relanzar el proceso revolucionario en su conjunto.

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