Europa ↔ Rusia ↔ Estados Unidos
La arriesgada apuesta imperialista

Durante el último decenio del siglo pasado se sucedieron los cambios en Europa oriental, promovidos por Estados Unidos para aislar a Rusia de Europa y de sus antiguos aliados del Pacto de Varsovia. Desde el derrumbe de la URSS, Estados Unidos ha multiplicado las guerras y los golpes de Estado electorales para controlar los países del este con el objetivo de desmembrar a Rusia. Si bien lo lograron en Yugoslavia, Checoslovaquia, Georgia y Ucrania, hasta la fecha han fracasado en Bielorrusia, mientras que en el Cáucaso las espadas siguen en alto.

Poco a poco, Rusia queda cercada: después de los ex miembros del Pacto de Varsovia, las ex repúblicas de la URSS entran en el punto de mira. Privados del apoyo ruso, los Estados del antiguo Pacto de Varsovia sufren presiones cada vez mayores por parte de Washington, que gana aliados a base de golpes de Estado dulces, como los de Georgia y Ucrania o de guerras sanguinarias, como en Chechenia. Si Estados Unidos consigue que Rusia prosiga su carnicería en Chechenia, habrán logrado su alejamiento de la Unión Europea. Para eso es necesario que la CIA siga organizando provocaciones en el Cáucaso y masacres como la de la escuela de Beslan en 2004.

Estados Unidos lo tenía fácil: se encontraba fuertemente implantado en los medios opositores a los regímenes existentes en Europa del este, impulsados por la CIA. Los hechos han demostrado contundentemente que la supuesta oposición de los antiguos países socialistas no era más que el brazo autóctono del Pentágono. Una vez instalada esa oposición en el poder, las conexiones han quedado al descubierto. Desde comienzos de los 90, los Países Bálticos están integrados a la OTAN. Polonia, Chequia, Bulgaria y Rumania, cayeron rápidamente bajo la esfera de influencia de Washington y, en 1999, tres de ellos se incorporaron a la OTAN (Chequia, Hungría y Polonia). Es la misma política seguida también hacia el pro ruso Milosevic en Yugoslavia: aquel mismo año de 1999, la intervención en Kosovo permitió a Estados Unidos establecerse en los Balcanes. Luego, en el otoño de 2000, Serbia se libró de Milosevic con la ayuda de uno de los primeros golpes de Estado electorales de nuevo tipo.

Georgia, fiel a Washington desde su independencia, es el teatro de un golpe de Estado electoral en noviembre de 2003, después de que Eduard Chevardnadze cometiera el atrevimiento de acercarse a Moscú. En las elecciones en Ucrania de diciembre de 2004 se repite la misma situación, con la victoria electoral del candidato de la OTAN, Viktor Yushchenko, frente a su adversario pro ruso, Viktor Yanukovitch. Tras el golpe de Estado electoral de 2003, Georgia está aliada con Estados Unidos. Fue Soros (íntimo aliado del mafioso Berezovsky, Rotshchild y Kissinger) quien instaló a Saakashvili en la presidencia de Georgia revocando unas elecciones que ganó Shevarnazde.

Esos golpes de Estado electorales, promovidos por ONG al servicio de la CIA, están en la misma línea de crear un cordón sanitario que separe a Rusia de Europa y cierre todas las vías hacia Oriente Medio. El aislamiento entre Rusia de Europa comprende lanzar a la una contra la otra para reducir la capacidad de ambas para coordinar una oposición efectiva a las operaciones estadounidenses y británicas en Oriente Medio y otros lugares. Esto es muy arriesgado: la política imperialista de la Casa Blanca está suscitando respuestas de igual naturaleza por parte de Rusia en zonas de influencia estadounidense (como la venta de misiles a Siria), lo que puede provocar una espiral de violencia en escenarios periféricos.

Se trata de neutralizar a Rusia como protagonista en el periodo posterior a la guerra fría, en el que no puede descartarse un conflicto generalizado, que dependerá de la política de las grandes potencias imperialistas, que ya han comenzado a juzgar sus bazas.

La visita de Bush a Europa en febrero de 2005 culminó con una entrevista con Putin en Bratislava (Chequia). Los asuntos entre ambas potencias no marchan nada bien a causa de la política estadounidense, que no ceja en su objetivo de desmembrar aún más a Rusia y obstaculizar una alianza estratégica de este país con la Unión Europea.

En Bruselas Bush pretendió -en vano- restaurar la vieja alianza atlantista, dirigida a obstaculizar un acuerdo entre Europa y Rusia, tratando de manipular la posible reacción europea frente a las acciones rusas contra los independentistas chechenos: derechos humanos, genocidio y negativa de Putin a negociar con el gobierno checheno en el exilio.

Caballos de Troya en el Kremlin

Pero Rusia tiene también enemigos en sus propias entrañas. Los juegos de poder tras las murallas del Kremlin responden a las presiones de la potencias imperialistas sobre los distintos sectores de la nueva oligarquía rusa. Ciertos sectores en Rusia quieren reconstruir la capacidad militar y estratégica del país, movilizar a la población y debilitar la ofensiva imperialista que pretende dividirlo. Incluso algunos de estos sectores han apoyado, o por lo menos no han estorbado los planes de los independentistas chechenos. En 1994-1996, la primera guerra de Chechenia sirvió para encubrir la primera gran privatización y reparto de las propiedades del antiguo Estado soviético. Cinco años después, la segunda guerra chechena sirvió para que el presupuesto del Ministerio de Defensa fuera financiado totalmente por primera vez en diez años. Al año siguiente gozó incluso de una ampliación de 2.620 millones de dólares asignados a la prosecución de la guerra en la que han muerto más de 300.000 personas, el 28 por ciento de la población.

Otros oligarcas cooperan con la Casa Blanca y son su caballo de Troya en el plan de debilitar a Rusia y, de paso, a la misma Europa. Existen fuertes vínculos entre la mafia rusa y los independentistas chechenos, que suministran de armas y estupefacientes a los mercados negros desde el Cáucaso hasta los Balcanes. El 6 de marzo de 2002 Pravda demostraba que el magnate Boris Berezovsky estaba financiando a Basaiev y el defraudador encarcelado Mijail Jodorkovsky, aliado de Rothschild y Kissinger, también.

El petróleo está por medio. Entre las iniciativas de Putin que más malestar han provocado en Washington destaca su ofensiva contra estos oligarcas rusos, personificada en la acción judicial contra el propietario de la petrolera Yukos, Mijail Jodorkowsky. La masacre de Beslán coincidió con el apretón de tuercas a la petrolera Yukos, desde donde Jodorkovsky había empezado a comprar a Rusia entera, como parte de su balcanización mediante la privatización salvaje. Sus acciones hubieran sido controladas desde Wall Street.

En Chechenia se efectúan las mayores transacciones en dólares de toda Rusia a causa del petróleo. Tanto las repúblicas islámicas de Ingushetia y Chechenia, como la cristiana ortodoxa de Osetia del norte, poseen yacimientos de petróleo y gas. La otra Osetia, del Sur, pertenece a Georgia, de la que busca independizarse con la ayuda de Moscú, lo que ha llevado a graves tensiones. En la frontera entre Rusia y Georgia operan los movimientos independentistas de las repúblicas autónomas islámicas y cristianas que, dependiendo del caso, cuentan con el apoyo, ya sea de Moscú, ya sea de Washington.

Grozni, capital de Chechenia, cuenta con la segunda refinería más importante del Cáucaso después de Bakú, la capital de Azerbaián, colindante con el Mar Caspio; Bakú y Grozni se conectan con un oleoducto estratégico. La independencia de Chechenia afectaría a Daguestán, que brinda a Rusia la mayor parte de su litoral en el mar Caspio y cuya virtual separación le asestaría un golpe demoledor.

Además, Moscú y Washington poseen sus respectivos trayectos de oleoductos para extraer el petróleo del mar Caspio y transportarlo hasta el mar Negro, lo que ha llevado a la guerra de los oleoductos en el Cáucaso y en Afganistán.

Putin trata de restablecer el control de la Federación rusa sobre los recursos estratégicos del país, así como su influencia sobre los países de la extinta URSS, como parte de una estrategia para posicionar a Rusia como pivote de un amplio eje de cooperación euroasiática.

La prensa estadounidense no ha dejado de presentar al gobierno ruso como responsable de la guerra del Cáucaso y a Putin como un personaje execrable, a la altura de Milosevic y Sadam Hussein. Pr el contrario, el New York Times calificó a los chechenos como resistentes y no como terroristas.

A raíz de la matanza de Beslán, Putin declaró, en su alocución a una nación en estado de choque, que los enemigos de Rusia, que no especificó, deseaban desmembrar algunas de sus partes debido a su estatuto de superpotencia nuclear y, es que, efectivamente, balcanizar a Rusia equivale a paralizar el centro de mando de su arsenal nuclear, un objetivo estratégico de los Estados Unidos en caso de conflicto generalizado. A fin de cuentas, Rusia es el único país del mundo con capacidad militar y estratégica de hacer frente a los Estados Unidos en este terreno, como lo demostró la antigua URSS durante décadas. Cualquier combinación internacional de alianzas con Rusia enfrente sería la peor noticia para el Pentágono. Sin lugar a dudas, éste es el nudo básico de todo el problema.

Nueva ronda de guerra fría: movilización total

Maxim Krans, Ria Novosti
23 de octubre de 2007

El hecho de haberse publicado la semana pasada la concepción de desarrollo de las fuerzas navales de EEUU, en la que la disputa por el Ártico se califica de reto de la nueva era, así como las audiencias del Senado en torno a la ratificación de la Convención para el Derecho del Mar parecen marcar una nueva ronda de la lucha por dominar los territorios oceánicos en litigio.

Todo parece indicar que los norteamericanos están decididos a oponerse a las pretensiones de Rusia y de otros Estados costeros sobre las riquezas del fondo marino.

Se han activado también otros pretendientes. Al inaugurar hace días otro período de sesiones del parlamento, la Gobernadora General de Canadá, Michael Jean, también habló de nuevos retos, aludiendo a las ambiciones árticas de Rusia. Entre los planes del Gobierno para el año que viene que ella expuso están el programa de cartografía del fondo marino, el patrullaje de las zonas de altas latitudes con buques de guerra y aviones, el aumento del número de soldados en las bases del Norte. Un poco antes, el primer ministro canadiense, Stephen Harper, anunció la construcción de un puerto de aguas profundas y un centro de instrucción militar en el Ártico con el fin de dar mayor fuerzas a la demanda de Canadá para esta zona.

Después del rompehielos guardacostas norteamericano Healy partieron en misión de reconocimiento para altas latitudes investigadores polares alemanes a bordo del barco científico Polar Stern y franceses a bordo del yate Tara destinado a navegar en aguas árticas. Dinamarqueses y suecos a bordo del rompehielos Oden organizaron toda una expedición cuyo sentido queda formulado en su propio nombre: LOMROG-2002 lo que quiere decir que la cordillera Lomonosov están en las costas de Groenlandia. Quiero recordar que es esta cordillera submarina en torno a la cual surgió la disputa.

Pero son los ingleses los que asombraron a todo el mundo. Pretender a la plataforma ártica sería para Gran Bretaña colmo de descaro y, por lo tanto, tiene puestas sus miradas en el otro polo: el del Sur. Según comunicó el miércoles pasado el diario Guardian, Londres tiene la intención de reclamar sus derechos soberanos sobre más de un millón de kilómetros cuadrados en la Antártida. Y de esta forma obtener potencialmente los ricos yacimientos de petróleo y gas de esta región.

Los planes británicos han provocado ya una respuesta airada de Argentina. El viernes pasado, el ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Tayana, dijo que en tal caso su país pretenderá a la parte del continente Sur que le corresponde, así como hará valer sus derechos soberanos sobre el territorio del océano alrededor de algunas islas, incluidas las Islas Malvinas en litigio. Cabe esperar que en los próximos días digan su palabra países como Chile, Australia, Nueva Zelanda y otras partes interesadas.

Si hasta ahora todos los países se atenían a las reglas internacionales, ahora, en cambio, ya que todos se enredaron en esta pelea, según parece, están ya listos a revisar estas reglas. Es que de conformidad con el Tratado Antártico de 1959, que estos países también ratificaron, todas las reclamaciones territoriales quedaron anuladas, y el protocolo adicional de 1991 prohíbe la extracción de minerales en este continente.

Pero es preciso constatar que ha sido Rusia que ha tirado aquella piedra para provocar la avalancha de pretensiones mutuas, tempestuosas discusiones y graves acusaciones. Y no lo hizo por su demanda sobre la plataforma oceánica y expediciones científicas llamadas a demostrar nuestros derechos sobre esta plataforma, pues todo ello es a tenor de la Convención de la ONU para el Derecho del Mar. Esta disputa fue provocada por el alboroto publicitario levantado alrededor de la marcha al Polo Norte que fue organizada a iniciativa del vicepresidente de la Duma de Estado, Artur Chilingarov.

De ello habló en concreto sin ambages, durante las recientes audiencias del Senado estadounidense, Lisa Murkowski, miembro del comité para asuntos exteriores, quien dijo que, al izar su bandera en el fondo del Océano Glacial Ártico, Rusia ha hecho al mundo pensar en el status jurídico irresoluto del Ártico. Y el primer secretario de Estado adjunto John Negroponte dijo al respecto lo mismo: Las recientes expediciones rusas hacia el Ártico hicieron centrar la atención en las ventajas ligadas a los recursos minerales que aporta la adhesión a la Convención.

La marcha realizada por el equipo de Chilingarov, que contrariamente a los objetivos declarados, no tenía valor científico alguno, le hizo un servicio flaco a Rusia. Es que ahora van a acotar sus lotes en la región ártica rivales fuertes con que sería muy difícil competir. El académico Alexandr Gorodnitski, famoso investigador oceánico, apuntaba recientemente en entrevista a Novaia Gazeta: Mediante estas declaraciones hemos despertado el interés en dicho problema por parte de nuestros competidores norteamericanos. A diferencia de nosotros, ellos tienen mucho más dinero pero lo principal es que disponen de excelentes equipos de perforación y aparatos más modernos para todos los indispensables trabajos científicos.

Otra cosa es que, en opinión de algunos expertos, con los norteamericanos se puede ponerse de acuerdo. Tienen su dolor de cabeza: una contienda con Canadá que ambiciona controlar el paso marítimo del Noroeste situado entre su territorio y las costas de Groenlandia. Washington piensa que esta vía debe ser internacional. Además, Rusia tiene una moneda de cambio que es un territorio litigioso en el Mar de Bering. En 1990 el entonces ministro de exteriores de la URSS Eduard Shevardnadze lo regaló a los norteamericanos, pero se trata nada menos que de 50 mil kilómetros cuadrados. Mas el parlamento no aprobó este regalo y no lo ratificó, circunstancia que Rusia aprovechará para proceder a un regateo.

Pero esto es lo que se refiere al futuro. Por ahora tenemos un problema más importante: es preciso prepararnos bien para formalizar el asunto en la comisión de la ONU para los límites de la plataforma continental. El vicepresidente de la Duma también se prepara a su manera para este trámite. Artur Chilingarov ya ha explorado los vértices del planeta tripulando aviones, helicópteros, barcos y submarinos. Ahora partirá para el Polo Norte a bordo de un nuevo dirigible ruso. En otra situación sólo merecería aplausos.

Bielorrusia atajará cualquier revolución anaranjada

Le toca el turno a Bielorrusia que, naturalmente se encuentra en el punto de mira de los imperialistas, hasta ahora frenadas gracias a la expulsión sistemática de agentes estadounidenses por el gobierno de Alexander Lukashenko. Minsk resiste las amenazas de Washington contra el país.

El 3 de octubre de 2005 el Comité de Seguridad de Estado (KGB) de Bielorrusia anunció que impedirá la desestabilización del país y atajará cualquier revolución anaranjada. El vicepresidente del KGB bielorruso Victor Veguera ha manifestado que es imposible que en Bielorrusia se produzca una revolución anaranjada. En su opinión, el KGB controla eficazmente la situación política en el país y atajará cualquier intento dirigido a desestabilizar la situación.

Informó que según datos que obran en el poder del KGB bielorruso, en varios países -particularmente en Lituania, Polonia, Ucrania y Rusia- se celebran conferencias y seminarios en los que se trata el desarrollo de una posible revolución anaranjada en Bielorrusia: Hay muchas organizaciones que se dedican a organizar tales conferencias porque es un negocio lucrativo -prosiguió Veguera-. En Polonia, por ejemplo, existen decenas de organizaciones de ese tipo.

El vicepresidente del KGB bielorruso asimismo se refirió a las organizaciones juveniles Kmara (en georgiano, ¡Basta!) y Pora. La primera había intervino en la Revolución de las Rosas en Georgia, que condujo al derrocamiento de Shevardnadze. Los miembros de la segunda organización habían tomado parte activa en la revolución anaranjada en Ucrania y se mostraron fieles partidarios de Victor Yuschenko, actual presidente ucraniano. Veguera comunicó que los integrantes de esas organizaciones realizan entrenamientos y a menudo invitan a jóvenes bielorrusos.

A partir de 1997, las oficinas de la Fundación Soros en Bielorrusia ya habían sido cerradas por el gobierno, en perjuicio del Departamento de Estado norteamericano que emitió un comunicado de queja. Al año siguiente, pasa a la ofensiva y expulsa a periodistas de una televisión independiente rusa. Ese mismo año obliga a un grupo de embajadores occidentales a cambiar de residencia y los envía las afueras de Minsk, con el pretexto ridículo de comprar los terrenos y los edificios a su propia empresa inmobiliaria, una medida que provocó la partida de numerosos diplomáticos del país.

Bielorrusia expulsa a todos los ciudadanos extranjeros sospechosos de pertenecer al dispositivo de injerencia de Estados Unidos para evitar cualquier injerencia en el proceso electoral. A comienzos de agosto, confiscan material electoral puesto a disposición de la oposición por los Estados Unidos y concebido para ayudar a la oposición democrática del país con miras a las elecciones presidenciales. A fines de agosto, expulsan a Robert Fielding, un representante del sindicato norteamericano AFL-CIO, que trabaja por cuenta de la NED acusado de fomentar un golpe de Estado con la oposición en caso de reelección de Lukashenko.

Rusia, que ya ha perdido su fachada marítima occidental con los Países Bálticos y ve a todos sus antiguos satélites incorporarse paulatinamente al campo atlantista, tiene en Bielorrusia a uno de sus últimos aliados en la región. Un editorial del New York Times detalla las relaciones privilegiadas entre Rusia y su vecino: Moscú es un aliado cercano a Lukachenko, y espera sacar provecho de la situación de Bielorrusia como ruta de exportación para el gas natural ruso y emplazamiento de vigilancia por radar de las actividades de la OTAN.

Los primeros síntomas intervencionistas de Washington en Bielorrusia datan de septiembre de 2001 cuando la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa) envió miles de observadores para supervisar y controlar las elecciones. El embajador estadounidense en Minsk, Michael Kozak, declaró que los Estados Unidos sólo reconocería los resultados si autorizaban a supervisar las elecciones a los observadores internacionales de la OSCE. El New York Times ratifica que como voz política de las democracias de Europa, la Unión Europea debe ayudar a los que luchan en el seno de la última dictadura de Europa. El tipo de campaña coordinada entre norteamericanos y europeos que permite impedir a Milosevic cometer fraude en la elección presidencial el año pasado podría ser eficaz en Bielorrusia.

Washington no escatima esfuerzos. La CIA se mueve ahora a través de ONG y de organizaciones juveniles antimundialistas. Crearon el movimiento juvenil Zoubr, a imagen y semejanza del movimiento Otpor instalado en Serbia, del movimiento Pora en Kiev (capital de Ucrania) y de Kmara actuando en Tiflis (capital de Goergia). A comienzos de agosto, Radio Free Europe, el instrumento de propaganda privilegiado de la CIA, duplica sus difusiones en Bielorrusia a fin de intoxicar a los ciudadanos para que tengan una información adecuada cuando vayan a las urnas. En los meses anteriores, el país ya había sido objeto de una campaña de internacional de desprestigio. El portavoz del Departamento de Estado, Richard Boucher, denunció el clima de miedo existente en el país y la falta de garantías de los comicios.

Bajo presión, el gobierno de Lukashenko se vio obligado a respetar sus compromisos internacionales y a aceptar la presencia en su territorio de observadores de la OSCE, que no comprobaron ningún fraude electoral. Contrariamente a lo que sucedió en Belgrado en 1999, a lo que pasará en Georgia en 2003 y en Ucrania en 2004, Lukashenko es reelegido con más de 80 por ciento de los votos. Estados Unidos, niega toda credibilidad al escrutinio y habla de unos comicios antidemocráticos, un resultado digno de la época soviética. Los imperialistas occidentales aúllan: han perdido la partida, al menos de momento.

Aunque dispone de una maquinaria bien engrasada, experimentada con éxito en Belgrado, Washington está encontrando dificultades en Bielorrusia. Las ONG pro Estados Unidos existentes en Bielorrusia son menos eficaces que en Serbia, Ucrania y Georgia. Otro punto débil de su dispositivo: la alternativa política escogida por Washington y encarnada por Vladimir Goncharik carece de credibilidad. Clon del monaguillo Walesa, Goncharik es dirigente del mayor sindicato del país, pero no esconde sus preferencias: en julio de 2001, afirma que no tiene objeción a que Bielorrusia se adhiera a la Unión Europea y a la OTAN. Tras su fracaso todo el mundo coincidió en que el 12 por ciento obtenido es ya un éxito para él.

La tregua será de corta duración para Lukashenko. Dos años más tarde, con motivo de las elecciones legislativas, los Estados Unidos volverán a probar suerte, una vez extraídas las enseñanzas de su pasado fracaso.

La contrarrevolución naranja

Los golpes de Estado electorales en Georgia (2003), Ucrania (2004) y Kirguisistán (2005) han provocado cambios de gobierno favorables a Estados Unidos. Las protestas y los movimientos callejeros fueron organizados por ONG dirigidas por Washington conforme a un plan oficial de la USAID.

El derrocamiento del presidente georgiano Eduard Chevarnadze, en noviembre de 2003, la ascensión al poder de Viktor Yuschenko en Ucrania en diciembre de 2004 y la revuelta en Kirguisistán en marzo de 2005, demuestran el cerco a Rusia de Estados Unidos, creando aliados entre sus países vecinos. Los cambios ocurrieron gracias a las movilizaciones convocadas por las ONG para convencer a los georgianos, ucranianos y kirguises de que sus gobiernos son corruptos, violan los derechos humanos y atacan a la oposición.

Eso fue precisamente lo que pasó en Georgia en noviembre 2003. Después de haber sido hasta entonces un aliado siempre fiel de Estados Unidos, el presidente Eduard Shervarnadze vio criticada su gestión por Washington cuando inició un acercamiento a Rusia. Ese fue el objetivo de la visita de James Baker III a Georgia en el verano de 2003, cuando el antiguo secretario de Estado amenazó al presidente georgiano y lo invitó a garantizar la legalidad de las elecciones legislativas. Este discurso legitimó la llegada de numerosas ONG para controlar el escrutinio.

Washington aplicó al pie de la letra las recomendaciones de la USAID adiestrando a Mijail Saakachvili como sucesor proestadounidense. Durante el verano, este abogado y especulador de Wall Street fue invitado a un seminario en Belgrado para aprender cómo hacer una revolución de terciopelo como la de los serbios. Saakachvili recibió instrucciones detalladas que siguió al pie de la letra. El seminario estaba organizado por el Centro para la Resistencia no violenta de Belgrado, ONG subvencionada por el Open Society Institute de George Soros. Al mismo tiempo, Saakachvili financió un movimiento de jóvenes opositores -algunos de apenas 15 años- para crear en Georgia condiciones para una sublevación popular. Bajo el nombre de Kmara (¡Basta!), la estructura de esa organización sigue el modelo del movimiento serbio Otpor que había desafiado a Milosevic en Belgrado en 2000, también gracias a los fondos del Open Society de Soros. Numerosos cuadros de Otpor fueron enviados a Georgia para formar allí a los futuros cuadros de una revolución no violenta. Las organizaciones juveniles Otpor y Pora están controladas por los servicios secretos estadounidenses.

El factor desencadenante depende también de las ONG. Se trata de poner en tela de juicio la limpieza del proceso electoral durante las elecciones legislativas de noviembre de 2003. Durante éstas, las organizaciones progubernamentales alcanzan una victoria limitada, seguidas de cerca por la oposición que representan Mijail Saakachvili y Nina Bourdjanadze, la presidenta del parlamento. Pero no fueron éstos quienes iniciaron las protestas sino un responsable estadounidense, Adam Ereli, portavoz del Departamento de Estado. Habla de fraudes masivos y de amplias manipulaciones en el recuento de votos. Ereli basa sus argumentos en la diferencia existente entre las cifras que anuncia la comisión electoral georgiana, cerca de tres semanas después del escrutinio del 2 de noviembre, y las de prestigiosas organizaciones independientes.

En este aspecto, el papel de las ONG es también determinante. Los sondeos estuvieron, efectivamente, a cargo de dos organismos diferentes. El primero, la Fair Elections Society (ISFED), financiado por el British Council y, del lado estadounidense, por la USAID y la NED mediante el National Democratic Institute, la International Foundation for Election Systems (IFES) y el International Republican Institute. El segundo sondeo fue realizado por una sociedad estadounidense especializada en análisis electoral, el Global Strategy Group, con la ayuda de la Open Society Georgia de George Soros, de la Eurasia Foundation (también financiada por la USAID y dirigida por un ex-responsable del Departamento de Estado, Charles William Maynes) y de la cadena de televisión independiente Rustavi 2, creada en 1994 con dinero de George Soros.

Paralelamente, asociaciones georgianas de derechos humanos difundieron comunicados en internet con informaciones alarmantes sobre la represión desatada contra la oposición y la corrupción. Estas afirmaciones, de las que se hacen eco los medios de difusión de Europa occidental, proceden en realidad de la Liberty Foundation, financiada por la USAID y que hasta mayo de 2003 había estado dirigida por Mijail Saakachvili. A finales de noviembre de 2003 Eduard Shevarnadze renuncia al poder; lo reemplaza la presidenta del parlamento Nina Bourdjanadze, hasta la victoria electoral, en enero de 2004, de Mijail Saakachvili que se hace con la presidencia del país.

Quien lleva al poder a Mijail Saakachvili es el presentador estrella de la cadena de televisión Rustavi 2, Nika Tabatadze, al que nombra como viceministro de Relaciones Exteriores y luego presidente de la cadena en octubre de 2004. El responsable del Open Society Institute en Georgia, Kakha Lomaia, es nombrado ministro de Educación del gobierno de Saakachvili. Son muchos los que pasan de miembros de ONG al miembros del gobierno.

El mismo guión se repitió en Ucrania en noviembre y diciembre de 2004. De nuevo aparece un movimiento de oposición financiado por George Soros, un candidato de oposición favorable a la OTAN, sondeos realizados por varias ONG financiadas por la CIA y favorables a la oposición, y una campaña de prensa rusófoba en el seno de la Unión Europea.

Según el parlamentario estadounidense Ron E. Paul, una de las ONG más activas en Ucrania, el International Center for Policy Studies, está financiada por el gobierno estadounidense mediante la Poland-America-Ukraine Cooperation Initiative (PAUCI), organismo subvencionado por la USAID y administrado por la Freedom House. El mismo Víctor Yushchenko es miembro del consejo administrativo de esta organización fundada por el Open Society Institute. Este mismo parlamentario denuncia que una sociedad estadounidense de relaciones públicas, Development Associates Inc. recibió 100 millones de dólares del gobierno norteamericano para garantizar la cobertura de la revolución naranja en Ucrania.

Venezuela, Zimbabwe y Bielorrusia son actualmente blancos de presiones similares, hasta ahora sin éxito.

El imperialismo estadounidense también recurrió a las viejas redes nazis de sabotaje creadas durante la guerrra fría. Agentes de esas redes, reagrupados en el seno del Congreso de los Nacionalistas Ucranianos (KUN) y del Partido Panucraniano de la Libertad (Svoboda, ex SNPU) se unieron a Nuestra Ucrania, la coalición llamada democrática de Víktor Yuschenko y le brindaron la estructura política necesaria.

No caben dudas sobre la identidad nazi de esos grupos: el primero inscribe explícitamente en todos sus documentos la frase: Facción Stefan Bandera, mientras que el segundo utiliza el tridente y la svástica como símbolos. Por su parte, los amigos de Timoschenko, canciller de Ucrania, eran la UNA-UNSO, una organización paramilitar creada cuando el golpe de Moscú en 1991, que reivindica a más de 1.000 combatientes que la CIA alistó en Croacia, y después junto a los insurgentes chechenos y en Georgia.

De esta constelación neonazi, sólo el grupo Svoboda (Libertad) se mantuvo inactivo después de que su dirigente, Oleh Tyahnybok, elogiara a aquellos que, durante la II Guerra Mundial, limpiaran al país de judíos y rusos y exhortara a seguir su ejemplo, devolviendo Ucrania a los ucranianos y liberando al país de los judíos moscovitas que lo explotan.

Se tomó mucha precaución para evitar que las cruces gamadas aparecieran en la contrarrevolución naranja televisada cuando la mayoría de los manifestantes pagados habían sido reclutados en esas organizaciones nazis.

El KUN y la UNA-NAS fueron considerados como interlocutores lo suficientemente adecuados y limpios, a pesar de ser conocidos desde hace bastante tiempo, para que Javier Solana, secretario general de la Unión Europea y antiguo secretario general de la OTAN, aceptara entrevistarse con ellos.

Golpe de Estado en Kirguisistán

La disputa estratégica entre Rusia y Estados Unidos por las áreas de influencia fue el factor esencial que desencadenó el golpe de Estado que condujo en marzo de 2005 a un nuevo gobierno en Kirguisistán. Además, a ese elemento esencial hay que sumar el integrismo islámico, los intereses de las redes de la droga y el tráfico de armas infiltrados por la CIA y los servicios secretos rusos. Esa mezcla explosiva, agregado a las divisiones políticas existentes, alimentan temores de una guerra civil manipulada por Washington.

Antiguo integrante de la URSS, Kirguisistán es un país centro-asiático de cinco millones de habitantes, limita con China y se encuentra en una región rica en recursos energéticos, en la que Washington y Moscú compiten por aumentar su influencia, manteniendo sus bases militares en las afueras de la capital.

Hay una gran variedad de grupos étnicos que en diferentes momentos históricos encendieron choques, algunos muy violentos. Los musulmanes sunnitas son el 75 por ciento de la población.

Además, Kirguizistán está en la región más densamente poblada y pobre de Asia Central, y es un semillero de fundamentalismo islámico. Comparte el valle Ferganá con Uzbekistán y Tayikistán, la zona más pobre y más poblada de Asia Central. El salario promedio es de 4 dólares. Este amplio valle es un hervidero de clanes dedicados al contrabando de droga y armas y de grupos radicales islámicos, que pretenden crear un califato musulmán en la región y acabar con los regímenes actuales.

El valle de Ferganá es también una ruta del narcotráfico desde Afganistán, que tuvo un gran aumento en su producción de opio en 2004. Por ello las mafias criminales relacionadas con el contrabando de drogas (infiltradas por la CIA y por los servicios secretos rusos) están interesadas en la desestabilización del país potenciando los desórdenes masivos.

Este amplio valle es un hervidero de clanes dedicados al contrabando de droga y armas mediante los cuales se financian sus operaciones, que pretenden crear un califato musulmán en la región y acabar con los regímenes actuales.

Desde la guerra de Afganistán, en la década del ochenta, estos grupos fundamentalistas islámicos vienen siendo infiltrados por la CIA mediante la red Al Qaeda de Bin Laden primero, y por los servicios secretos pakistaníes que cumplen una función de enlace entre esas organizaciones y la Agencia norteamericana.

Grupos integristas como Hizb-ut-Tahrir y el Movimiento Islámico de Uzbekistán, que fue aliado del régimen talibán afgano, no tienen mucha influencia entre los kirguises, pero sí entre los uzbekos, y en 1999 y 2000 protagonizaron incursiones armadas en Kirguisistán, que fueron neutralizadas por tropas kirguises, uzbekas y rusas.

Las empobrecidas regiones del sur de Kirguisistán están separadas por altas cordilleras montañosas de la próspera mitad norte del país, que tienen un carácter más próximo a Rusia. Durante la era soviética los dirigentes del Partido Comunista kirguís eran alternativamente elegidos por Moscú entre oriundos del norte y del sur para no soliviantar a ninguna comunidad.

La islamización de los discursos políticos de la oposición es especialmente fuerte en la comunidad minoritaria uzbeka asentada principalmente en el sur del país y totalmente excluida de las instancias de poder nacionales y regionales. Precisamente, el sur es la zona más pobre del país y es donde comenzó la revuelta que en marzo de 2005 terminó con un golpe de Estado y el derrocamiento del presidente Akayev.

En esa zona más de la mitad de la población es uzbeka, lo que hace temer el estallido de un conflicto étnico como el que surgió en la ciudad de Osh a principios de los 90, cuando los enfrentamientos entre las comunidades kirguiz y uzbeka dejaron centenares de muertos.

El apoyo del que se benefició el derrocado presidente Askar Akayev, que gobernó desde la caída del régimen soviético en 1990, se limita al círculo restringido de las nuevas clases sociales enriquecidas en la capital, Bishkek.

Aunque la chispa que detonó las manifestaciones fueron las acusaciones de fraude en las elecciones, existía un descontento generalizado por la pobreza, el desempleo y la corrupción oficial que posibilitaron la revuelta.

Antes de la toma del gobierno las protestas abarcaban casi la mitad del país y el presidente, Askar Akayev, destituyó al Jefe de Policía y al fiscal general, en tanto el primer ministro buscaba negociar con la oposición.

El conflicto desatado en Kirguisistán siguió la metodología de rebeliones preparadas que han dado la vuelta a los regímenes poscomunistas implantados tras la desintegración de la URSS.

Primero, los opositores afirmaron que hubo fraude electoral en las elecciones parlamentarias. Luego, tras un estallido de marchas y protestas en Bishkek, la capital, en marzo de 2005 tomaron la sede del gobierno hasta entonces conducido por Askar Akayev.

Uno de los líderes opositores, Kurmanbek Bakiyev, fue nombrado por el Parlamento como presidente interino y prometió celebrar nuevas elecciones, en tanto continúan los desordenes y saqueos. La oposición formó el Consejo Coordinador de Unidad Popular (CCUP), que cumplió las funciones del gabinete de ministros, en un intento de reunir a varios grupos opositores. Pero se encuentra dividida, no hay interlocutores válidos, y la disputa por áreas de influencia entre Washington y Moscú hace presagiar una guerra civil.

Akayev señaló que su destitución era un golpe de Estado y que su salida del gobierno era inconstitucional y que su estancia fuera del país sería temporal. Denunció que las manifestaciones que lo derrocaron fueron dirigidas y financiadas desde el extranjero, como ocurrió con las llamadas revolución de terciopelo en Georgia (2003) y revolución naranja en Ucrania (2004), que luego de semanas de movilización terminaron con regímenes instalados desde el fin de la URSS, a principios de la década del 90.

Washington, promotor la rebelión a través de la CIA, ya anunció su apoyo al nuevo gobierno señalando que es gratificante ver cómo la situación en Kirguisistán evoluciona hacia un proceso democrático y un gobierno estable.

Tanto en Ucrania como en Georgia (y anteriormente en Serbia) los Estados Unidos y la Unión Europea apoyaron abiertamente los cambios de régimen con candidatos prooccidentales y pro-Washington como es el caso de Viktor Yushchenko cuya campaña fue financiada por George Soros, en tanto que un equipo del Departamento de Estado se encargaba de su imagen y de su campaña contra el candidato pro-ruso.

Estas revoluciones de colores (llamada "rosa" en Georgia o "naranja" en Ucrania) estaban apuntaladas por movilizaciones y apuntaban a abrir las puertas a la entrada de capitales estadounidenses así como una mayor liberalización política y económica en los términos que planteaba Washington.

En general los gobernantes depuestos mantenían una línea pro-rusa y ejecutaban una serie de restricciones al mercado y a la inversión extranjera o tenían una política exterior crítica a Washington.

El temor con la revuelta de Kirguizistán es que puede acabar desestabilizando los vecinos Kazajistán, Uzbekistán y Tajikistán, donde hay regímenes represivos, fuerte presencia integrista islámica y en el último ha habido una sangrienta guerra civil.

La estrategia de Washington ha tomado con cierta cautela el cambio de gobierno pues teme que el proceso pueda devenir en incontrolable y afecte al Asia Central, una región explosiva por la presencia de gas, droga y fundamentalismo.

Rusia, en tanto, víctima política principal del efecto dominó de revueltas que se contagia por las ex repúblicas soviéticas mantuvo cautela, y solo ensayó un formal pedido para que las fracciones en pugna pacifiquen el país.

Los intereses de las redes de la droga y el tráfico de armas infiltradas por la CIA y los servicios secretos rusos, así como las disputas estratégicas entre Rusia y Estados Unidos por las áreas de influencia, son factores esenciales que cuentan en el conflicto que ha terminado (por ahora) con un nuevo gobierno en Kirguizistán.

Parte de las antiguas repúblicas populares que conformaron la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia son ahora miembros de la OTAN, la fuerza militar dirigida por Estados Unidos que nació para combatir a la Unión Soviética y aquellos países. Desde el fin de la Guerra Fría, la estructura militar controlada por Estados Unidos primero, incorporó a Polonia, Hungría y la República Checa, y ahora se extiende a Rumania y Bulgaria. Además, con las tres repúblicas bálticas de Lituania, Letonia y Estonia, llega casi hasta Finlandia.

Con la ampliación de la OTAN con socios fiables de las ex repúblicas soviéticas de Europa del este, Estados Unidos consiguió la consolidación de su poder geopolítico, estratégico y militar en la región, en detrimento de Rusia, que ve afectadas sus fronteras por la nueva coalición imperialista.

Este marco de disputa de Estados Unidos y Rusia por áreas de influencia en los antiguos enclaves soviéticos vincula a la crisis en Kirguisistán con los últimos cambios políticos en Georgia, Ucrania y Moldavia. Las revueltas opositoras están motorizadas por Washington. También hay que destacar el choque de intereses geopolíticos entre Rusia y Estados Unidos en Asia Central, que ahora se traslada a Kirguizistán donde ambas potencias poseen sendas bases militares.

Europa del este: los nazis nunca se fueron

En 1933 Hitler alcanzó el poder en Alemania y, con Mussolini, firmó el pacto AntiKomintern para acabar con el comunismo, tanto en sus propios países como en el exterior, es decir, en la URSS. Para ello crearon, bajo el mando de R.Gehlen, una vasta red de infiltración, espionaje y destrucción muy ramificada. Entre 1936 y 1939 el NKVD, la policía soviética, la desmanteló parcialmente, pero con la invasión y la guerra, fue de nuevo reconstruida.

Tras la guerra mundial, Estados Unidos cobijó a los miembros de aquella red nazi para utilizarla de nuevo contra la URSS y los países del este en la guerra fría. Sostuvieron a los movimientos nazis en aquellos países y crearon nuevas organizaciones que se han mantenido hasta la actualidad bajo el paraguas de la OTAN, con el nombre de Gladio. Tras los demócratas que se opusieron al socialismo en los países del este estaban las viejas redes de saboteadores nazis, luego puestas bajo la tutela de Estados Unidos, que son quienes las siguen alimentando. Por eso la política actual de esos países es una continuación de la política imperialista de Estados Unidos, como han puesto de manifiesto enviando tropas a Irak en apoyo de sus amos.

En 1997 Alemania reveló que aún seguía pagando pensiones a 50.000 antiguos miembros de las SS o a sus herederos diseminados por casi todo el mundo. De ese modo, la viuda de Reinhard Heydrich (el arquitecto de la solución final) o Heinz Barth (uno de los responsables de la masacre de Oradur-sur-Glane) continúan recibiendo sueldos del Estado alemán, a pesar de sus crímenes.

El caso de Rumanía es sintomático: el 18 de febrero de 2006, pocos días antes de ingresar en la Unión Europea, el comunismo fue allá oficialmente proscrito y condenado. Pero a finales de febrero, ya dentro del club europeo, los nuevos demócratas rumanos rehabilitaron al mariscal Ion Antonescu, el mariscal fascista aliado de Hitler que gobernó Rumanía durante la II Guerra Mundial. Había sido detenido, condenado y a muerte y ejecutado en 1946 por crímenes contra la humanidad. Ahora los demócratas nos dicen que era inocente de todas aquellas acusaciones. También eran inocentes otros 20 ministros de su gobierno, entre ellos Horia Sima, jefe de la Guardia de Hierro igualmente rehabilitados, de manera que los 300.000 antifascistas que murieron en sus campos de exterminio se murieron ellos solitos.

No es difícil de comprender que el giro a la historia tiene que ver también con que los nuevos nuevos demócratas rumanos hayan autorizado a los Estados Unidos la instalación de campos de concentración sobre su suelo, esta vez para encerrar a los irakíes (ver el artículo Estados Unidos instala bases militares en Rumanía).

Esta cadena de revisiones históricas no tiene fin; acabará con el encumbramiento del mismo Hitler, el magistral arquitecto de la Europa unida (ver el artículo La Unión Europea: un sueño nazi hecho realidad).

La nueva Estonia democrática inauguró un monumento a la memoria de las SS

Los países bálticos (Lituania, Letonia y Estonia) también fomentan el resurgimiento de las tenebrosas fuerzas neonazi. Todo esto ocurre después de ingresar a la Unión Europea sin que esta comunidad de Estados haya dicho absolutamente nada por el momento.

En Estonia la provocación se consumó el 8 de mayo de 2005, día en que se celebró el 60 aniversario de la victoria del Ejército Rojo sobre el fascismo en la II Guerra Mundial. Ese día, en Tallin, capital de Estonia, se inauguró un monumento a todos aquellos que se alinearon al lado de la Alemania hitleriana durante la guerra.

Al igual que otros Estados de Europa central y oriental, Estonia está gobernada por personajes formados por los servicios secretos de Estados Unidos durante la guerra fría. En aquella época el espionaje imperialista salvó a los criminales de guerra nazis de la región de ser ajusticiados para reclutarlos en la lucha contra el socialismo (ver el artículo Las líneas de ratas).

Estonia también es miembro de la Unión Europea a pesar que festeja los crímenes contra la humanidad perpetrados por los nazis, además de discriminar igualmente a su propia minoría ruso parlante: casi 30 años después de la desaparición de la Unión Soviética, alrededor de 150.000 estonios de lengua materna rusa siguen esperando para obtener la nacionalidad estonia.

Esta celebración en Estonia tendrá sin duda graves consecuencias para el porvenir de las relaciones ruso-estonias. Así lo ha estimó en una entrevista a la agencia de noticias RIA Novosti, el presidente para asuntos internacionales de la Duma (Parlamento ruso), Konstantin Kosachev, que consideró la iniciativa estonia como una provocación.

Letonia festeja la memoria nazi

Con la caída del telón de acero, el MI6 y la CIA tomaron el control de Letonia, donde gracias al caos post soviético, colocaron a sus hombres a la cabeza del Estado, a los que la población decepcionada del país alude como la banda de extranjeros.

Un ejemplo de ello es la Oficina de Protección de la Constitución (SAB), encargada sobre todo de defender la democracia, que está dirigida por Janis Kazocinu que, en realidad, es un general del ejército británico, transformado en agregado militar en Riga durante la independencia, luego adjunto del jefe del Estado Mayor. Sólo adquirió la nacionalidad letona en ocasión de su nombramiento.

Desde principios de la década de los noventa los viejos legionarios nazis vienen organizando desfiles en la ciudad de Riga, capital de Letonia, país incorporado a la Unión Europea y que antes de la caída del telón de acero era una república soviética.

Pero la de 16 de marzo de 2005 fue un poco especial porque fue la primera que se celebró después del ingreso del país en la Unión Europea. La manifestación conmemoraba al honor de los nazis y fascistas locales que lucharon en la II Guerra Mundial en las filas de la Waffen SS. Los veteranos de la legión letona nazi de las SS desfilaron por las calles céntricas de Riga, acompañados de sus cachorros neonazis.

Una manifestación similar se celebró también en otra ciudad letona, Liepaja, con el consentimiento del ayuntamiento durante la cual los admiradores de la Waffen SS hicieron el saludo brazo en alto y corearon a gritos el ¡Heil Hitler!.

El ministerio del Interior de Letonia anunció que las medidas de seguridad se incrementaron durante el desfile de los legionarios. Se establecieron patrullas policiales reforzadas en el centro de Riga para custodiar varios lugares importantes relacionados con la historia de la II Guerra Mundial, entre ellos, los cementerios judíos, el monumento a los libertadores de Riga, así como otros sitios conmemorativos.

Las personas que protestaban pacíficamente contra el desfile nazi fueron brutalmente reprimidas y veinte de ellas sometidas a interrogatorio. Dos organizaciones de la comunidad rusa de Letonia habían solicitado permiso en más de una ocasión para realizar una manifestación en el mismo lugar y a la misma hora que los desfiles de los legionarios nazis para protestar contra la exaltación del nazismo en Letonia y las autoridades de ambas ciudades se lo denegaron.

La prensa burguesa presentó las cosas a su manera. Según la agencia de noticias France Presse, por ejemplo, la manifestación era una conmemoración de los antiguos combatientes letones enrolados por la fuerza durante la Segunda Guerra Mundial en las filas alemanas de los Waffen SS y se trataba de rendir homenaje a esos soldados legionarios. La agencia de noticias francesa no calificaba de demócratas a los que se opusieron a los nazis, sino de radicales pro rusos.

Según las estadísticas correspondientes a 2005, en esta nación del Báltico viven hoy 300 veteranos letones de la SS y hay varios miles más residiendo actualmente en Estados Unidos, Australia y Gran Bretaña.

Todo esto demuestra que los neonazis constituyen una de las principales fuerzas políticas del país con el apoyo de la comisaria europea Vaira Vike-Freibergui, luego presidenta de la República. Vike-Freiberga es profesora de psicología en la Universidad de Toronto (Canadá). Su familia huyó de Letonia cuando se produjo la caída del III Reich se vinculó a los agentes nazis de las redes stay-behind de la OTAN, a través de una asociación clandestina destinada a la diáspora, denominada Los Halcones del río Daugava (Daugavas Vanagi). La familia de su marido, Imants Freibergs, estuvo vinculada al MI6 en Alemania a finales de la II Guerra Mundial.

Vike-Freiberga se trasladó a Riga a comienzos de 1999, adquirió la nacionalidad letona y fue elegida inmediatamente Presidenta de la República, mandato que le fue renovado cuatro años más tarde, tarea que compagina con la de rescribir la historia europea del siglo XX a su manera. Con el apoyo financiero de la embajada de Estados Unidos, en enero de 2005 el gobierno letón publicó una obra titulada Historia de Letonia: siglo XX cuyo lanzamiento se realizó durante una conferencia de prensa de la presidenta de la República. En él se puedfe leer, entre otras cosas, que el campo de concentración de Salaspils, donde los nazis realizaron experimentos médicos con niños y 90.000 personas fueron asesinadas, no era más que un campo de trabajo correctivo y que los miembros de la Waffen SS eran héroes de la lucha contra los ocupantes soviéticos.

¿ Por qué hay tanto nazi en la antigua URSS ?

Desde su nacimiento en 1917 la Unión Soviética no tuvo jamás un minuto de paz por parte de los imperialistas, pero las agresiones crecieron a partir de 1933 con la llegada al poder de Hitler, verdadera punta de lanza del imperialismo contra el proletariado internacional. Los métodos favoritos de los nazis fueron siempre la infiltración y la provocación, para lo que crearon una poderosa red de espionaje en el interior de la URSS por medio de la cual planearon acabar con el socialismo desde dentro.

Altos dirigentes nazis, como Alfred Rosenberg, eran prusianos de origen báltico y habían crecido bajo el antiguo imperio zarista; su formación era rusa, habían huido tras la Revolución de Octubre y siempre soñaron con volver a lo que consideraban como su país.

No lo consiguieron; su red fue parcialmente desmantelada entre 1936 y 1939 y tuvieron que desencadenar la guerra mundial donde, junto a las SS, lucharon mercenarios nazis de muchos países europeos. El caso de la División Azul española no fue el único. La Wafffen SS fue calificada de organización criminal durante el proceso de Nuremberg, al igual que todas las divisiones que la integraban. En sus filas se enrolaron los voluntarios fascistas y, desde 1944, también los simples reclutas procedentes de los países ocupados por el III Reich. De las 37 divisiones que componían las SS hacia 1944, sólo 12 eran estrictamente alemanas, mientras que las demás estaban formadas por voluntarios de Dinamarca, Holanda, Letonia, Estonia, Ucrania y hasta Suecia, a pesar de que formalmente esta última no participaba en la II Guerra Mundial.

Durante aquella guerra, la presencia de fascistas de los países del este europeo fue muy importante: de 900.000 Waffen SS, cerca de 150.000 eran letones, constituyendo así el mayor contingente extranjero que combatió al lado de las potencias del Eje. De acuerdo con los planes nazis, la legión letona tenía que ser desde un principio la más numerosa entre las divisiones bálticas. Todas las unidades activas de las SS y la policía letonas se incluían automáticamente en la legión y hasta pensaron formar, en el marco de la misma, una división autónoma de las SS. Los letones formaron sobre todo la 15ª División de Infantería, que fue la unidad no alemana más condecorada de la Waffen SS. Fueron ellos quienes se atrincheraron en las ratoneras de Berlín y entablaron los últimos combates del III Reich. En su gran mayoría eran voluntarios. No obstante, en 1944, se les unieron reclutas algunos de los cuales habían sido enrolados a la fuerza. Por otra parte, cerca de 130.000 letones se alistaron para luchar contra el Eje. La mayoría combatió en el Ejército Rojo que liberó a su país del nazismo.

Desde la caída del telón de acero en 1990, los nuevos demócratas de este pretenden revisar la historia y minimizar la responsabilidad de los criminales de guerra nazis, pero los hechos son concluyentes: la principal misión de la legión letona dentro de las SS era combatir no contra el Ejército regular de la Unión Soviética sino contra la guerrilla que operaba en el territorio de Bielorrusia y Rusia. Sus funciones eran policiales y represivas: detenciones, torturas y ejecuciones selectivas de aquellos que combatían por la liberación del fascismo. Sus cuarteles no estaban en el frente sino en la retagurdia...

Guerra fría: los nazis a los pies de su nuevo amo

En los últimos meses de la II Guerra Mundial, el contraespionaje estadounidense, la sección X2 de la OSS (Office of Strategic Services) fue encargado de localizar agentes nazis dispersos después de la retirada del Ejército hitleriano. Había que actuar rápido, antes que los movimientos de resistencia los identificasen y eliminaran. En vez de detenerlos y fusilarlos, James J. Angleton, jefe del X2 y el general William J. Donovan, director de la OSS, decidieron recuperar a estos criminales de guerra para reutilizarlos en la próxima guerra mundial contra el comunismo.

Esta operación se llevó a cabo en todos los territorios anteriormente ocupados por el III Reich. Por ejemplo, los vichystas franceses fueron reclutados tras el regreso de René Bousquet, secretario general de la policía francesa colaboracionista. Los italianos, tras la del príncipe Valerio Borghese, jefe de la Decima Mas, los escuadrones de la muerte fascistas.

Incluso antes de terminar la guerra mundial, los servicios secretos británicos reclutaron agentes entre los criminales de guerra nazis originarios de Letonia (especialmente miembros del Arajs Kommando) para combatir el comunismo y los infiltraron en Suecia con la ayuda del SMT, el servicio secreto local. Así se reconstruyó por completo una unidad SS de 1.500 mercenarios, bajo el mando del coronel letón Osis, con el objetivo de lanzar un ataque contra los soviéticos.

En 1949, esos agentes fueron transferidos a Hamburgo (a la zona alemana ocupada por los británicos) para ser entrenados por el MI6 (Operación Jungla). Intentaron diversos lanzamientos en paracaídas y operaciones de infiltración en misiones de espionaje y sabotaje en la Unión Soviética, pero todo ello fracasó. Este método fue abandonado en 1952 para ser sustituido por las operaciones psicológicas

Cuando el Eje capitula, la operación se extiende a Alemania, lo que hizo posible recuperar al general Reinhard Gehlen, jefe del servicio secreto del Ejército hitleriano en el frente del este. Después de diez meses de estancia en los Estados Unidos a cargo de Frank G. Wisner, Gehlen fue amnistiado y se le confió una nueva misión: la creación y dirección del BND, el servicio secreto de la nueva Alemania federal. Las memorias de Gehlen se publicaron en castellano en la época de Franco: Servicio secreto, se titulan.

La operación fue planificada por Allan Dulles, jefe de la OSS en Suiza. Desde 1942 Dulles mantenía un doble juego con los nazis para concluir una paz separada y buscar una alianza con ellos contra la URSS. Muchos de los agentes nazis que habían participado en repugnantes acciones criminales durante la II Guerra Mundial no podían ser empleados por los Estados europeos, así que fueron colocados en América Latina, donde podían ser nuevamente reutilizados.

La infiltración en América Latina se pudo llevar a cabo gracias a la ayuda del Vaticano, que compartía el mismo objetivo anticomunista (ver el artículo El Vaticano beatifica a los criminales de guerra). El Vaticano, que ya había colaborado con los hitlerianos y los fascistas italianos, también participó, pues, en esta guerra subterránea. La tarea fue realizada bajo la dirección de Monseñor Giovanni Battista Montini, futuro papa bajo el nombre de Pablo VI. En Francia, la selección de los agentes de nacionalidad alemana fue llevado a cabo en el patio del internado de Coudray-Morancez, seminario del sacerdote Franz Stock. Por su parte, Estados Unidos y Gran Bretaña firmaron un acuerdo con la Santa Sede a través del cardenal Francis Spellman para llevar a cabo esta operación, en la que estaba incluido el papa polaco Juan Pablo II, un conspirador contra su propio país durante toda la guerra fría.

Durante aquella época, la paranoia de una ocupación soviética de Europa occidental, favoreció el mantenimiento logístico de un impresionante operativo militar imperialista en tiempos de paz. La idea consistía en reclutar una red similar pero a escala atlántica, con ayuda de agentes nazis experimentados en la acción secreta contra la URSS.

En 1946 Truman decidió dotar a los Estados Unidos de una industria de guerra y de servicios secretos permanentes, según las orientaciones de Donovan. Al año siguiente se aprobó la ley de seguridad nacional que consolidaba en tiempos de paz un dispositivo militar que incluía una agencia de espionaje exterior, la CIA que, sin embargo, carecía de competencias para realizar operaciones encubiertas. Por tanto, según esta ley, la organización Gehlen que operaba en toda Europa del este debió ser desmantelada. Sin embargo, de manera ilegal, la CIA comenzó a sustituir a los servicios de la Marina, del Ejército de tierra y de la Secretaria de Estado. La Organización Gehlen aportó los cimientos de esta organización secreta, verdadero caballo de troya dentro de la URSS y demás países del este, suministrando especialistas en la intoxicación informativa, el sabotaje y toda suerte de operaciones clandestinas.

Para los imperialistas, la nueva guerra contra el comunismo no sería de tipo convencional sino de naturaleza política, económica y psicológica. Enfrentaba a occidente con el comunismo, dando una dimensión religiosa, racista y mística a la guerra fría. Todos los medios de comunicación debían ser movilizados para que los occidentales se identificaran con el mundo libre que Estados Unidos encabezaba.

El problema era que, tras la guerra mundial, los comunistas ocupaban un lugar importante en Europa occidental en el plano ideológico y político. Por tanto, era indispensable que las redes de sabotaje escaparan a la autoridad de los gobiernos que el enemigo comunista podía tomar por vía electoral en cualquier momento. Así surgió Gladio. Con ella la OTAN pensaba contrarrestar el establecimiento de gobiernos progresista salidos de las urnas, como sucedería en Chile en 1973. Para ello se firmaron acuerdos tripartitos entre Estados Unidos, el Reino Unido y cada uno de sus aliados, autorizando a Washington a actuar clandestinamente en sus territorios, sin su autorización, de manera que pudieran defenderlos de los comunistas, aunque actuaran por medios legales.

En 1949, los primeros acuerdos fueron integrados en un sistema multilateral del que formaban parte Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Francia y Reino Unido. Todo esto estaba administrado por un comité clandestino llamado de Unión Occidental. Cuando se firmó el Tratado de la OTAN este sistema se abrió a otros países y se transformó en el Comité Clandestino de Planificación y, más tarde, en 1958, pasó a llamarse Comité Aliado de Coordinación.

De esta forma las redes de espionaje nazis se integraron en la OTAN, quedando estrechamente ligadas a la política imperialista del Pentágono. Según el general Oswald Le Winter, antiguo oficial encargado de Gladio en el seno de la CIA, los protocolos secretos de la OTAN estipulan que los Estados miembros renuncian a perseguir ante los tribunales los crímenes que sus miembros realicen. Dichos crímenes aparecían cometidos por miembros de la extrema derecha, es decir, por nazis y fascistas manipulados por la OTAN y la CIA. Pero la manipulación misma quedó siempre en secreto: la democracia y el mundo libre no podían aparecer mezclados con los nazis más sanguinarios. No obstante, hubo algunas pequeñas filtraciones periodísticas: en 1952 la prensa alemana reveló por primera vez las actividades de un grupo neonazi, el Bundesdeutscherjungend, cuyos militantes fueron armados por los servicios secretos de la OTAN. Su misión era preparar el asesinato de los principales dirigentes comunistas en caso de un triunfo electoral. Lo de Chile se estuvo preparando durante décadas...

En lo que a los países occidentales concierne, todas estas redes nazis quedaron definitivamente al descubierto en 1990 cuando estalló el escándalo Gladio en Italia. Lo que nadie dijo fue que esas redes eran mucho más importantes en los países del este, que estaban operativas desde 1933 y que, tras la caída del telón de acero, son las que sujetan las riendas de sus respectivos países.

Todo esto nos hace valorar aún más la importancia que tuvo históricamente la lucha sin cuartel desatada por Stalin por aplastar al fascismo que, como comprobamos, en realidad no ha hecho más que empezar.

Rusia desarrolla su arsenal nuclear

El ministro ruso de Defensa, Sergei Ivanov, advirtió en una entrevista publicada por el diario Rossiskaya Gazeta el 2 de mayo de 2005 del riesgo de amenazas impredecibles para Rusia y descartó reducir el Ejército, que cuenta con 1,2 millones de soldados. Añadió que ya se ha reducido en casi dos tercios desde la caída de la Unión Soviética y que lo que necesita es transformarlo.

Cualquier reducción adicional amenazaría nuestra seguridad nacional, señaló Ivanov, indicando que en los últimos quince años la expansión de los conflictos locales, religiosos y étnicos han convetido el mundo en un lugar mucho menos seguro. Nuestras fuerzas armadas deben transformarse al mismo tiempo que los cambios en el mundo y las nuevas amenazas, destacó.

Asimismo, Ivanov afirmó que aunque la amenaza de un conflicto nuclear es ahora mucho más baja que antes, Rusia no dejará de desarrollar sus fuerzas nucleares. Como Estados Unidos, estamos en el mismo nivel, añadió. Rusia y Estados Unidos firmaron un tratado hace tres años para reducir los arsenales de cabezas nucleares ruso y estadounidense a menos de 2.200 cada uno para diciembre de 2012. Washington cuenta con 10.000 cabezas, y Moscú con al menos el doble de dicha cantidad.

Ya en diciembre de 2004, aprovechando uno de sus frecuentes encuentros con la cúpula militar, Putin declaró que Rusia contará pronto con una nueva generación de misiles nucleares que ninguna otra potencia atómica tiene todavía ni tendrá en los años venideros.

Putin, que condecoraba a uno de los protagonistas del golpe de Estado contra Mijaíl Gorbachov de agosto de 1991, dijo: No sólo investigamos y realizamos con éxito ensayos de modernos sistemas de misiles. Tengo el convencimiento de que esas armas entrarán en servicio en un futuro próximo. Según sus palabras, se trata de sistemas de cohetes que no tiene ninguna otra potencia nuclear ni tendrá en los próximos años. La agencia ITAR-TASS aseguraba en un despacho que Putin se refería a los temibles misiles Tópol-M, capaces, al parecer, de burlar los más sofisticados sistemas de interceptación.

Los Tópol-M (SS-X-27 en la clasificación de la OTAN) tienen un alcance de 10.000 kilómetros y están dotados de varias cabezas nucleares. Estos cohetes entraron en servicio en 1997 pero su versión más moderna, no será puesta a disposición del Ejército hasta 2006. Según los especialistas, su velocidad y maniobrabilidad los hace prácticamente imposibles de interceptar.

Durante la reunión, el ministro de Defensa, Serguei Ivanov, dijo que este año asignará a la seguridad nacional más de 6.400 millones de dólares. Esa suma se empleará en el desarrollo de nuevos programas de defensa, en la adquisición de equipos más modernos y en la reparación del armamento antiguo. Según recientes palabras del propio Putin, en 2005 se incrementarán los gastos de defensa en un 40 por ciento con respecto a 2004.

Arabia Saudita empieza a comprar armamento ruso

Rusia está intentando diversificar sus clientes de armamento más allá de China e India, que concentran entre 75 y 80 por ciento de sus ventas militares, según Sergei Chemezov, director general de la empresa estatal rusa Rosoboronexport.

Las ventas de armas rusas, además de una importante fuente de divisas, se están convirtiendo en un poderoso instrumento de la política imperialistas del Kremlin, destinada a presionar a los Estados Unidos para que relaje sus amenazas.

Estos suministros comienzan a destinarse a áreas tan sensibles para el Pentágono como Oriente Medio, especialmente Siria, a quien ha vendido misiles, e Irán, a quien ha vendido componentes para reactores nucleares con los que podría fabricar armas nucleares.

Estados Unidos ha vendido más de 75 por ciento de las armas compradas por la región y Rusia, apenas 10 por ciento, según el Servicio de Investigaciones del Congreso.

Los principales compradores de armas rusas en los últimos años han sido Argelia, Emiratos y Yemen, con unos 400 millones de dólares en cuatro años, según el Servicio de Investigaciones del Congreso legislativo estadounidense, que analiza las exportaciones de equipo bélico de este país.

En cambio, Estados Unidos vendió en el mismo periodo 7.100 millones de dólares en armas a Emiratos, 6.200 millones a Egipto, 5.100 millones a Israel y 2.700 millones a Arabia Saudita.

Washington ya expresó fuertes reservas cuando Kuwait, otro gran comprador de armas estadounidenses, decidió en 1994 diversificar sus compras al adquirir entre 600 y 800 millones de dólares en equipo militar ruso.

Ya en 2004, Rusia vendió cantidades no especificadas de carros artillados a Riad. Pero las actuales negociaciones incluyen la adquisición de equipo letal, como aviones de combate, tanques y sistemas de defensa aérea, según la agencia Middle East Newsline, con sede en Abu Dhabi.

Rusia ya vende armas a varios países de Medio Oriente, como Irán, Kuwait, Yemen y Emiratos.

Arabia Saudita, un reino islámico y prooccidental que siempre compró gran cantidad de armas a Estados Unidos, está firmando ahora contratos de suministros militares con Rusia.

Uno de los principales compradores de equipo bélico del mundo, este país árabe dependía para su abastecimiento de Estados Unidos, de donde se proveyó de 80.000 millones de dólares en armas desde 1950.

Pero Moscú se apresta ahora a cerrar su primer gran contrato de defensa con Riyad, informó la agencia de noticias rusa Itar-Tass el 4 marzo de 2005.

Arabia Saudita es un país fervientemente islámico y declaradamente prooccidental. En ese carácter, revistó en el campo estadounidense durante la guerra fría y se opuso con fuerza a la hoy disuelta Unión Soviética.

El reino tomó la decisión de diversificar sus fuentes de armamentos en momentos en que Washington reduce su vínculo militar con Riyad, al trasladar más de 6.000 de sus soldados de sus bases en territorio saudita al vecino emirato de Qatar.

El analista militar Tom Baranauskas, dedicado a estudiar los asuntos de Medio Oriente para el instituto académico Forecast International, dijo que los seis países árabes ricos en petróleo del Consejo de Cooperación del Golfo (Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Arabes Unidos, Kuwait, Omán y Qatar) compran cada vez más equipos militares rusos.

El contrato entre Moscú y Riyad podría estar vinculado con el Consejo de Cooperación del Golfo, pues los sauditas tratarían de compatibilizar sus sistemas misilísticos de defensa aérea con, por ejemplo, el S-300 ruso comprado por Emiratos.

Esta historia parece de mayor importancia política que militar, dijo Natalie J. Goldring, directora ejecutiva del Programa de Estudios sobre Seguridad de la Escuela de Servicio Exterior Edmund A. Walsh, de la Universidad de Georgetown.

Además, Arabia Saudita ha asignado 900 millones de dólares al reequipamiento de su Guardia Nacional o Guardia Blanca, rama militar organizada de acuerdo con las tradiciones tribales y que suma 57.000 combatientes, algo más de la mitad de los uniformados en tierra.

En esa suma se incluye la compra de unos 1.000 vehículos artillados estadounidenses y unos 200 españoles, por un valor total de 440 millones de dólares. "Hasta donde sé, estos acuerdos no se han sellado. Definitivamente, no me extrañaría ver a los sauditas comprando vehículos artillados rusos, especialmente para una fuerza casi paramilitar como la Guardia Nacional", sostuvo Baranauskas.

El programa de modernización de la Guardia Nacional saudita incluye, además, la compra de artillería, sin proveedor aún confirmado, y la otra rama del ejército analiza varias opciones para ampliar su artillería, indicó el experto estadounidense.

Arabia Saudita es objeto de sospecha por parte del sector más derechista del gobierno estadounidense tras los atentados que dejaron más de 3.000 muertos en Nueva York y Washington el 11 de septiembre de 2001. La mayoría de los islamistas que los cometieron procedían de ese país.

Bajo la superficie de Arabia Saudita yace un cuarto de las reservas de petróleo del mundo. Dieciocho por ciento del crudo que Estados Unidos compró en 2003 era saudita.

El Departamento de Estado de Estados Unidos anunció la creación de una prima por interoperabilidad de sistemas de armas para su máxima eficiencia y capacidad, y mezclar armas rusas con estadounidenses reduciría esa prima, advirtió.

A pesar de las fluctuaciones del mercado petrolero mundial, Arabia Saudita ha mantenido un presupuesto militar bastante constante, con un promedio anual de 19.000 millones de dólares.

Un tercio de los niños de Europa del este vive en la pobreza

Entre 30 y 40 millones de rusos viven por debajo de la línea de pobreza, definida en aproximadamente 300 dólares al mes. El producto interior bruto ha disminuido cada año de capitalismo en Rusia, excepto a lo mejor en 1997, que creció, como mucho en un 1 por ciento.

El desempleo, inexistente en los tiempos soviéticos, es ahora oficialmente de un 12 por ciento, pero realmente podría llegar a ser de un 25 por ciento. La esperanza de vida está entre los 50 y los 60 años; enfermedades como la tuberculosis y la difteria han reaparecido; los militares sufren desnutrición; la población decrece rápidamente.

John Lloyd, jefe de la agencia de Moscú para el Financial Times, declaró en verano de 1999 en un artículo del New York Times titulado La autonomía rusa, que los rusos de la post-guerra fría, libres para ser ricos, son más pobres. Además, La riqueza de la nación ha disminuido -al menos la porción de la riqueza disfrutada por la gente. Se calcula que el 10 por ciento más rico posee el 50 por ciento de la riqueza del país, el 40 por ciento que le sigue, menos del 20 por ciento. Tan grande ha sido la economía rusa y su catástrofe social, apuntó en la revista Nation el experto en Rusia Stephen F. Cohen, que ahora debemos hablar de un desarrollo sin precedentes: la de-modernización literal de un país del siglo XX.

Según el Innocenti Social Monitor 2004 de UNICEF, tras la caida del socialismo, millones de niños en Europa del este han caído en un profundo estado de pobreza. La directora ejecutiva Carol Bellamy presentó el informe en Moscú. La pobreza está deshaciendo el tejido social de estas nuevas sociedades, ha afirmado.

El informe de la UNICEF revela que los datos deberían hacer saltar la alarma en los nueve países estudiados: de los 44 millones de niños y niñas que viven, 14 millones se encuentran en estado de pobreza.

Las futuras generaciones sufren las consecuencias a corto, medio y largo plazo, lo que puede marcar definitivamente el futuro de esos países. Así, la pobreza conlleva una nutrición deficiente y niños enfermos. Una deficiente asistencia a la escuela porque no pueden pagar los libros, los uniformes o los pasajes de autobús. Un mayor número de menores recluidos en instituciones y un fuerte aumento del consumo de drogas y alcohol entre los jóvenes.

Según la UNICEF, la pobreza infantil es un indicador decisivo del éxito o el fracaso de las políticas sociales y económicas de los países, así como de los planes para el futuro.

El Innocenti Social Monitor resalta las diferencias entre ricos y pobres dentro de los 27 países de Europa central y del este y la Comunidad de Estados Independientes, así como entre los países más prósperos de Europa central y los países más pobres del Cáucaso y Asia Central. Examina cómo afecta el desempleo a la infancia: en algunos países, como Bulgaria y Polonia -que forma parte ya de la Unión Europea- hay gran número de niños que crecen en familias donde ninguno de los progenitores tiene empleo desde la llegada del capitalismo a sus países respectivos.

A menudo los gobiernos miden la pobreza en relación a un mínimo de subsistencia nacional, es decir, la cantidad que necesita una familia para comprar una cesta de bienes y servicios mínimos. Sin embargo, no suele ser una cifra realista. Por ejemplo, en Georgia, el mínimo nacional no refleja las variaciones en los precios de los alimentos, de manera que mucha más gente puede estar mal alimentada. Tenemos que encontrar los mecanismos para medir las consecuencias de la pobreza, la exclusión de la sociedad, la falta de respeto a los derechos humanos, la carencia de opciones y la escala e impacto de la discriminación. No basta medir sólo la pobreza de ingresos, insistió Bellamy en Moscú.

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