Nadie escapa a la sospecha

El Mundo, 12 de agosto de 2007

La funcionaria de la Seguridad Social Isabel Barrio ha sido condenada a cuatro años y medio de cárcel por revelar datos reservados a un agente del Cesid que utilizaba el sugestivo nombre de Juan Garrote a cambio de 70.000 pesetas al mes.

La Audiencia Provincial de Madrid considera que Isabel Barrio se apoderó y proporcionó a Juan Garrote, espía del Ministerio de Defensa, información reservada -vidas laborales, grupos de cotización, domicilios y similares datos privados- a cambio de 70.000 pesetas al mes.

La funcionaria dice que siempre creyó trabajar para un organismo oficial. Según relata, fue uno de sus superiores quien le presentó al espía en 1989. Desde entonces, y hasta 2001, cuando fue detenida, ella fue la encargada de darle los datos que el espía requería. Por los servicios prestados, la funcionaria comenzó a recibir dinero, primero en sobres y después en su cuenta, algo que el espía defendió diciendo que había fondos en el Cesid para eso y que también se lo daban a otros funcionarios. El fluido contacto entre ambos derivó en una buena amistad.

El modus operandi que seguía el espía para recabar los datos que le proporcionaba Isabel era sencillo: la llamaba a su propia casa desde su despacho y le daba el nombre y los dos apellidos de la persona de la que necesitaba información. Luego se presentaba en la oficina de la Seguridad Social y los recibía. Eran tres o cuatro de cada vez. En total, cientos. Según Isabel, siempre venía con un oficio, firmado por un superior.

Esas personas eran, casi siempre, ciudadanos anónimos sobre los que los servicios secretos estaban realizando alguna investigación. Yo sólo recuerdo dos nombres, porque eran los más conocidos: Leticia Sabater y Juan José Hidalgo, afirma la funcionaria condenada. La popular presentadora de televisión tenía entonces (hacia 2000) una relación sentimental con el empresario José María Fernández-Mayo, conocido como Morgan, que posee un hotel en Oviedo y una promotora. Hidalgo es el dueño de Air Europa y uno de los capitalistas más importantes de España.

La relación entre Isabel y el espía Juan Garrote comenzó a deteriorarse a finales de 2000, cuando ella se negó a uno de los encargos del agente secreto: Me dio un nombre y, al meter su nombre en el ordenador, me apareció la clave 56, que significa fallecido. Cuando se lo trasladé, me contestó que ya lo sabía... Y me preguntó si se podía cambiar a clave 65: vivo. Le dije que sí, y él me ofreció entonces la posibilidad de ganar mucho dinero a cambio de sustituir a varios listados de personas su clave de fallecido por la de vivo. Me negué, porque eso era muy peligroso y estaba muy controlado.

En junio de 2002, el diputado de Izquierda Unida Felipe Alcaraz registró una pregunta al Gobierno en el Congreso sobre si ése era el método que utilizaban los servicios secretos para asignar identidades falsas a sus agentes. El gobierno de Aznar, cuatro meses después, respondió que eso era información reservada.

Tras muchos esfuerzos, la defensa de Isabel Barrio consiguió que el agente secreto testificase. Lo hizo por videoconferencia, desde Afganistán, donde cubría destino, con traje militar y barba postiza. Fue escueto y conciso: La relación con Isabel siempre ha sido del tipo amistad. Nunca ha habido relación profesional, y no he solicitado, ni directa, ni indirectamente, información sobre Seguridad Social a Isabel.

Al espía que le pagaba ni siquiera lo han llamado ni encausado en el caso. Al jefe que se lo presentó, y que se llevaría también su dinero negro, tampoco. Aquí siembre van a la cárcel los de más abajo (y cuanto más abajo mejor).

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