Frente al cambio tramposo, relanzar la lucha de resistencia en todos los terrenos

Resistencia núm. 66

Estos canallas del Gobierno y sus jefazos no acaban de aprender de las derrotas que han cosechado durante decenios, siguen aferrándose a la vana esperanza de intentar que renunciemos a nuestros derechos y reivindicaciones y traguemos el sucedáneo de cambio que nos están pretendiendo imponer, ese cambio tramposo, y que, por fin, acatemos su legalidad, y después todos juntos, debidamente reconciliados, pongamos freno a la crisis política que padecen. No quieren admitir que le tienen que meter mano dura a su legalidad terrorista, explotadora e imperialista, pegarle no un barnizado encubridor que es lo que en esencia están haciendo -y por donde pretenden continuar-, sino una considerable limpieza a fondo que desmantele, como les venimos exigiendo, una parte de esa legalidad. Evidentemente, como estamos comprobando, la ‘hoja de ruta’ de esa ‘segunda transición’ no contiene las aspiraciones fundamentales de los trabajadores, de nuestro Partido y del conjunto del Movimiento de Resistencia Antifascista y, de seguir así, va a agravar aún más el conjunto de conflictos (políticos, sociales, territoriales, etc.) existentes, por lo que ya tienen perdida de antemano otra nueva batalla.

Mientras tanto a nuestro Partido -lo venimos denunciando sistemáticamente-, le están aplicando con todo el rigor las leyes de la guerra sucia constitucional de toda la vida, al mismo tiempo que el Estado fascista francés nos aplica las suyas: juicios farsa, aumento de la represión contra los presos políticos, torturas, acoso provocador a nuestros militantes y simpatizantes que se encuentran en la legalidad y persecución de nuestro aparato político clandestino. Por eso a tal tratamiento represivo intensivo, tal ‘política de diálogo’ tan tramposa como la paz que dicen querer alcanzar con ella. O sea que sus planes de ‘paz’ pasan por aplicarnos primero una continuada ofensiva represiva para ver si así quedamos tan machacados y confusos de ideas que puedan convertir después la ‘mesa de diálogo’ en un monólogo que concluya con la firma del acta de nuestra capitulación. Pues bien, su ‘política de diálogo’ ya la hemos experimentado en la práctica, comprobando que, evidentemente, ese tipo de ‘diálogo’ era una imposición para que tragáramos con su intragable ‘democracia’, por lo que, como bien se tiene que comprender, después de rechazar de plano sus provocadoras ‘soluciones’ tuvieron que salir con el rabo entre las piernas; por eso nuestro Secretario General, al final de la última batalla que sostuvo contra toda una jauría de mastines del Gobierno español y algunos de su socio francés, denunció: ‘¡¡Con sus actos demuestran que no están por la paz y el diálogo, sino por la continuación de la guerra!!’

Así es que pierden totalmente el tiempo si persisten en aplicarnos ese archiconocido manual de sus ‘procesos de paz’ articulado a través de la combinación de la represión, la guerra sicológica y la dilatación planificada de dichos procesos para confundir, dividir, ganar tiempo, etc., que no supone otra cosa más que una nueva declaración de guerra. Pues bien, por si los zapateristas y la oligarquía que les manda se habían hecho algún tipo de ilusiones, ya lo saben: por mucha represión y chantajes que pongan en marcha no vamos a ceder ni un milímetro de las posiciones conquistadas en décadas de lucha, ni a desarmarnos de ninguno de nuestros principios ni a renegar de ninguno de nuestros objetivos revolucionarios; por tanto, volvemos a manifestar, como ya lo hicimos en su día, que: ‘No vamos a reconocer jamás la legitimidad del sistema de explotación capitalista ni su dictadura por muy democrática y constitucional que nos la quieran presentar. Esto quiere decir también que no vamos a negociar jamás nuestro derecho a resistir a este régimen ni a la lucha consecuente hasta acabar con él’ (M.P.M.,Arenas: ‘En el camino del IV Congreso’, Resistencia núm. 36).

Tres frentes de lucha ensamblados

Ante esta situación hay que volver a insistir, otra vez más, en el hecho de que el Estado fascista, a pesar de la gravedad de la crisis en la que está atrapado, que afecta de lleno al modelo político puesto en marcha con la llamada Reforma Política, sigue sin entender más lenguaje que le haga razonable que el que se le imponga por la fuerza. Por tanto, hay que seguir relanzando la resistencia en todos los terrenos, incluido, claro está, en el de la lucha armada revolucionaria; sólo así se podrán imponer los derechos y reivindicaciones democráticos fundamentales que concreten un verdadero y profundo cambio.

A partir de aquí hay que hablar de tres frentes de lucha que no sólo deben actuar ensamblados, sino que se apoyan y se sustentan mutuamente, lo que nos permitirá conservar la iniciativa al mismo tiempo que debilitamos al Estado fascista y ahondamos su crisis: se trata de la reorganización del Partido, de la lucha organizada por los derechos y reivindicaciones que se concretan en el programa democrático que estamos difundiendo y de la utilización del arma política de las ‘negociaciones’ como parte de la lucha revolucionaria de nuestro Partido.

No cabe duda que el frente principal, el que debe ocupar los principales esfuerzos de todos, es la reorganización del Partido en la que estamos empeñados hasta culminarla. Sobra extenderse en el hecho de que esta es una labor estratégica, sobre la que se asienta nuestra continuidad, y el principal elemento de desestabilización para el régimen fascista; es decir, que es nuestra principal arma de ataque. Sobra extenderse también en que el rumbo de nuestra reorganización (sus principales enfoques de trabajo: sus planes y tareas centrales) no va a variar, de ahí que debamos seguir dirigiendo los esfuerzos a desarrollar un cuadro de labores revolucionarias que, como ya especificábamos en los acuerdos salidos de la reunión de cuadros, se concretan en ‘combinar el fortalecimiento del Partido, especialmente de su aparato político clandestino con una profundización de nuestro trabajo de organización entre los trabajadores y la ampliación de nuestro radio de acción revolucionario. Y todo esto estrechamente relacionado con la tarea de elevar el nivel político de los trabajadores y el impulso de la lucha política más intransigente contra el Estado fascista y su política terrorista, explotadora e imperialista’.

En relación al programa democrático que estamos difundiendo frente a la engañifa de cambio que intentan imponer hay que señalar que este programa centraliza o focaliza las principales aspiraciones de los trabajadores en esta etapa concreta del proceso revolucionario dirigida a la conquista de los derechos y reivindicaciones fundamentales por los que se viene luchando durante décadas. Es, a la vez, un programa táctico, un escalón intermedio que, con su conquista, relanza a niveles superiores el conjunto del proceso revolucionario y nos acerca a los objetivos estratégicos. Y para articular la lucha por esos derechos y reivindicaciones hemos puesto en marcha desde hace tiempo una campaña que hay que seguir desplegando y que tiene que cumplir una doble función: por una parte, desenmascarar al Gobierno y a los que le apoyan, elevar la conciencia política de los trabajadores y movilizarles para que hagan suyo este programa y luchen por él, al mismo tiempo que favorece el aunar esfuerzos, o reagrupar fuerzas, en favor de los objetivos comunes con otras organizaciones y colectivos antifascistas y democráticos; de esta manera el Partido pone en manos de los trabajadores un programa de verdadero cambio democrático y relanza la lucha política; por otra parte, la campaña debe favorecer el avance de la reorganización del Partido en diversos terrenos ya que supone una clara ‘ampliación de nuestro radio de acción revolucionario’, lo que nos permitirá incrementar nuestra influencia entre los trabajadores y organizar a los más conscientes en torno al Partido.

Con respecto al diálogo y las ‘negociaciones’ hay que volver a señalar que han de servir para favorecer el desarrollo del proceso revolucionario y eso tiene que concretarse, en su parte más fundamental, en el establecimiento de las libertades políticas plenas y el reconocimiento de nuestra identidad y principios comunistas, y por lo tanto, de nuestro derecho a luchar por la revolución socialista y el comunismo, lo cual se encuentra sintetizado en la fórmula ‘paz por libertad’. Con ello pretendemos, como hemos dicho en tantas ocasiones, ‘abrir en el sistema una brecha favorable para un más amplio trabajo del Partido entre las masas sin que ello suponga hacer ninguna concesión ni a la reacción ni al oportunismo’. Pero para llevar adelante ese diálogo nosotros también exigimos imperativamente el cumplimiento de unas condiciones previas; es decir, que la misma ‘violencia cero’ que el Gobierno exige a los demás se la aplique a sí mismo y detenga las actuaciones represivas de su Estado tanto dentro como fuera de las cárceles; de ahí que esas condiciones previas que exigimos se concreten en el cese de toda persecución contra nuestro Partido y otras organizaciones que forman parte del Movimiento de Resistencia Antifascista y el reagrupamiento en una sola cárcel de nuestro Secretario General y de todos los militantes del Partido y de los GRAPO para que se pueda preparar y desarrollar ese diálogo.

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