El precio de la vivienda se ha multiplicado por seis

En junio de 2006 el precio de la vivienda nueva acumuló una subida del 11'9 por ciento en los últimos doce meses, el 1'2 por ciento superior respecto al período de junio 2004 al mismo mes de 2005, que fue del 10'7 por ciento.

Durante el primer semestre de 2006, el precio medio aumentó un 6'3 por ciento, el 1'8 por ciento más que en el mismo período del año pasado y fue un punto porcentual superior al incremento registrado en el último semestre de 2005.

El precio de la vivienda nueva creció en el primer semestre en todas las capitales de provincia y en 42 de ellas se produjeron subidas superiores al 5 por ciento.

Los pisos son cada vez más caros y cada vez peores, o por lo menos, cada vez más pequeños. La superficie media de las viviendas nuevas que salen al mercado se mantiene en descenso, y frente a los 105'3 metros cuadrados de media del año 2000 se ha pasado en 2005 a 99'9 metros, un 5 por ciento menos de superficie útil.

La explosión inmobiliaria no remite. En 2003 en España el precio de la vivienda nueva fue seis veces superior al de 1985 con tasas de incremento que duplican la media de la Unión Europea. Desde 1998 mientras los salarios han crecido un 9'1 por ciento, la vivienda se ha encarecido un 63'3 por ciento.

Los precios medios de las viviendas han subido un 11 por ciento anual acumulativo desde 1985, pero en los últimos años el crecimiento es aún más espectacular:

añoaumento
200214'7
200317'4
200415  
200516'7

Esto que demuestra que existe una burbuja inmobiliaria que, de pincharse, produciría una fuerte devaluación del precio de la vivienda y la ruina de millones de propietarios endeudados con los bancos.

El disparatado precio de la vivienda anula los escasos incrementos salariales. Los precios se han puesto por las nubes, literalmente inalcanzables para un salario normal, y además, a los precios de venta hay que sumar las escrituras, la hipoteca, etc. Por ello, la búsqueda de vivienda se está convirtiendo, lo mismo que en la posguerra, en uno de los problemas cardinales de todos los trabajadores.

En las zonas turísticas, el precio de la vivienda se revalorizó cerca del 100 por ciento entre 1999 y 2001. Una buena parte de las compras de este tipo de vivienda proviene de extranjeros, ya que los datos de la balanza de pagos sobre la inversión extranjera en inmuebles muestran un crecimiento medio anual del 31 por ciento en los últimos ocho años.

El volumen invertido por los ciudadanos extranjeros en la adquisición de inmuebles en España alcanzó los 3.479 millones de euros durante el primer semestre de 2004, lo que supone un incremento del 0'9 por ciento respecto al mismo periodo del pasado año.

Los trabajadores se endeudan para toda la vida para pagar su casa

Como la vivienda no se puede pagar al contado, hay que pedir un préstamo al banco y pagarlo en plazos aún más dilatados. Son varios millones de trabajadores los que pasan largos años trabajando, además de para la empresa que les explota, para el banco que les concedió el préstamo hipotecario.

El endeudamiento financiero de los trabajadores marcó en el segundo trimestre de 2004 un nuevo máximo histórico, debido al encarecimiento del precio de los pisos. Según los datos del Banco de España, a 30 de junio de 2004 se alcanzó la cifra de 555.514 millones de euros, lo que supone un 18 por ciento en relación al mismo periodo del ejercicio anterior, superando por primera vez el 70 por ciento del Producto Interior Bruto.

La deuda creció debido fundamentalmente al aumento de los préstamos a largo plazo (un 20'3 por ciento más que en el segundo trimestre de 2003), que se situaron en 460.253 millones de euros. Los préstamos a corto plazo aumentaron un 13'1 por ciento hasta los 29.867 millones, mientras que los créditos comerciales y anticipos sumaron 41.822 millones y el resto de cuentas pendientes de pago alcanzaron los 23.572 millones de euros.

En 1986 los bancos se llevaban el 30 por ciento de los ingresos totales familiares en concepto de hipoteca y desde 1991 se quedan ya con el 60 por ciento; hay que aclarar que esos porcentajes no son del sueldo del cabeza de familia, sino de todos los sueldos que entran en la familia, cuando hay más que uno, porque sólo si trabaja la pareja y sumando los dos sueldos, es imposible comprar vivienda.

Si se cifra en años, el español medio destina 5'5 años de su trabajo para la compra de una vivienda. En 1982 una vivienda de 90 metros cuadrados costaba 3 años de sueldo, sin contar gastos de notaría ni hipotecas, mientras que en 1993 pasó a 6 años. Y hablamos de sueldos medios, que en España es de 2.200.000 pesetas anuales aproximadamente; pero el salario medio de un obrero es de sólo 1.800.000, por lo que tendría que trabajar durante 8 años para pagarse su casa.

Cálculos más recientes sobre la vivienda en Madrid elevan aún más esa cifra y concluyen que con un salario medio hay que invertir íntegramente todo el sueldo durante 10'2 años para comprar una casa. Pero si se trata de un trabajador que gana el salario mínimo interprofesional, el plazo se eleva a 36 años de su vida.

Según cifras oficiales, más de un tercio de la población española no puede permitirse comprar un piso en el mercado libre. Y para el 65 por ciento de la población madrileña comprar una vivienda es un sueño imposible.

Una especulación salvaje

Lo más grave del caso es que los precios se disparan a pesar de que se contruyen más viviendas de las que se necesitan realmente, y eso se debe a que los capitales acuden al sector inmobiliario porque la especulación hace que la rentabilidad multiplique muchas veces el capital invertido. La vivienda es un mercado goloso para los capitalistas sin escrúpulos.

Entre 2000 y 2001 se construyeron un 152 por ciento más viviendas de las necesarias para la creación de nuevos hogares. España construye el doble de casas que Francia o Alemania. Es el país de la Unión Europea donde más viviendas se construyen, casi 700.000 en 2003, frente a las 290.000 iniciadas en Francia en 2002 o las 350.000 de media anual en Alemania. Se construye muy por encima de la demanda real de nuevos hogares, se vende más caro (un 15 por ciento en el último año) y apenas se alquila (sólo un 9 por ciento del total).

El mercado español tiene 500 viviendas por cada 1.000 habitantes, uno de los valores más elevados de Europa. Si esto se pone en relación con el número de hogares, España se sitúa a la cabeza, con 1'47 viviendas por hogar, o una por hogar si se descuentan las segundas residencias (el 16 por ciento del total de viviendas se usa como segunda residencia, el porcentaje más elevado de Europa).

El alto precio de las viviendas tiene cuatro causas muy claras. La primera de ellas es el monopolio de suelo urbanizado en manos de un puñado de grandes constructores e inmobiliarias, lo que fomenta la escasez de suelo y la tendencia inflacionista de los precios de los terrenos y, en última instancia, de la vivienda. Y ello a pesar de que la superficie a construir en España pasó de los 53'1 millones de metros cuadrados en 1995, a 83 millones en 2001. Estas cifras reflejan un aumento medio anual del 10'4 por ciento y un crecimiento acumulado a finales de 2001 superior al 62 por ciento.

La segunda es la especulación del suelo: el precio de los solares, que en 1985 era el 25 del valor final de la vivienda, ahora es un 55 por ciento. Desde 1998 el suelo se ha encarecido un 90 por ciento.

La tercera son los gastos de promoción que si en 1988 sólo componían el 9 por ciento, ahora suponen el 18 por ciento del precio.

El cuarto son las hipotecas, el endeudamiento con los bancos para poder financiar los precios astronómicos. Por tanto, los costes de construcción han bajado pero aparecen toda una serie de promotores, intermediarios, banqueros y especuladores que se llevan la gran tajada a costa de los trabajadores.

En España la vivienda no está considerada como una necesidad ni como un instrumento de política social. Es un mecanismo de especulación (de inversión lo llaman) mucho más rentable que la bolsa. En 2002 la inversión inmobiliaria se revalorizó más del 15 por ciento, frente a una caída del índice bursátil del 28 por ciento.

Los alquileres han aumentado un 147 por ciento desde 1988

El precio del alquiler de vivienda ha subido en los últimos 15 años en España un 75 por ciento más que el índice de precios al consumo. Desde enero de 1988, los precios han subido un 84,4 por ciento, mientras que los alquileres de viviendas lo han hecho en un 147'4 por ciento, casi el doble. Un alquiler de 100.000 pesetas (600 euros) a finales de los años ochenta costaría ahora 184.000 pesetas (1.105 euros) si hubiera subido lo mismo que el IPC. Pero la realidad es que cuesta 247.000 (1.484 euros), un 75 por ciento por encima de la subida media del coste de la vida.

Durante toda la etapa de gobierno socialista (los más de 13 años que van desde diciembre de 1982 a marzo de 1996) los alquileres subieron un 13'7 por ciento más que el IPC general. Desde marzo de 1996, fecha en la que el PP ganó sus primeras elecciones generales, hasta el pasado mes de septiembre, los alquileres se encarecieron un 68'5 por ciento por encima de los precios.

El Decreto Boyer de 1985, dictado en beneficio de los propietarios, eliminó la prórroga forzosa de los contratos de alquiler y, por si no bastara, el PSOE añadió en 1993 la nueva ley de arrendamientos que actualizaba los alquileres con subidas que pueden llegar al 10.000 por ciento.

Este encarecimiento ha sido también causante de que la mayoría de los españoles opten por tener vivienda en propiedad y el mercado de alquileres que, sin embargo, desciende: del 40 por ciento de viviendas alquiladas en 1960 a sólo un 9 por ciento en 2001.

La falta de alquileres a un precio razonable impide la emancipación de los jóvenes, lo que perjudica las decisiones de tener hijos y, por tanto, a la natalidad. Los jóvenes españoles son los europeos que más tarde se pueden emancipar.

Sin viviendas públicas

Los recursos públicos destinados a vivienda suponen el 0'5 por ciento del PIB. España es uno de los pocos países europeos donde no existen apenas viviendas públicas. Seguro que ahora lo lamentan porque aquí ya no les queda nada para privatizar: sólo un 7'6 por ciento de los alquileres son viviendas públicas. Además, el Estado cada vez subvenciona menos viviendas y se despreocupa totalmente de facilitar el acceso a una vivienda asequible: las viviendas protegidas han pasado de representar el 60 por ciento de las nuevas construcciones hace 20 años a sólo un 10 por ciento en la actualidad. Es el porcentaje más bajo de los últimos 20 años.

Las viviendas protegidas de promoción pública han caído del 11 al 6 por ciento entre 1980 y 1992 y las protegidas de promoción privada han caído todavía más: del 42 al 18 por ciento en el mismo periodo. En manos de comunidades autónomas y ayuntamientos, este tipo de vivienda se ha convertido en algo residual.

Y si no se puede comprar una vivienda y tampoco se puede alquilar, las consecuencias saltan a la vista: un 3 por ciento, según datos oficiales, están vacías o constituyen la segunda residencia. En la Comunidad de Madrid hay unas 170.000 viviendas vacías.

Se está produciendo un fenómeno de concentración de la propiedad: grandes empresas inmobiliarias han acaparado el mercado, especialmente en las grandes urbes, para dedicarlas a oficinas; una exigua minoría dispone de varias viviendas y la inmensa mayoría no tiene ninguna, ni perspectiva de poder adquirirla. Hay toda una capa parasitaria de rentistas propietarios de varias viviendas que viven de los alquileres que cobran a sus inquilinos.

La vivienda es una de las mayores fuentes de beneficios en España, así como de dinero negro y de especulación, favorecido por las desgravaciones fiscales hasta por comprar una tercera vivienda, permitiendo eludir al fisco a los que más dinero ganan. Algunos de los promotores de viviendas son tan conocidos como PSV, la promotora de UGT que estafó a sus propios afiliados; otros compaginan sus chanchullos con el fútbol, lo que les sirve para blanquear el dinero negro que este gran negocio mueve con tanta rapidez: es el caso de Ruiz de Lopera, Jesús Gil, Lorenzo Sanz y tantos otros.

En en su memoria de 2004-2005, el Observatorio de la Vivienda señaló la corrupción como el gran problema del mercado inmobiliario y denunció la práctica extendida entre los ayuntamientos de recalificar terrenos y apropiarse de la mitad de las plusvalías generadas. El mercado inmobiliario mueve tal cantidad de dinero que se genera corrupción, y lo mejor para luchar contra la corrupción es la transparencia, cosa que no existe en este sector.

Según el documento del Observatorio, la insuficiente financiación de las administraciones locales lleva a éstas a utilizar procedimientos no objetivos de transformación de suelo y con ello la práctica de la apropiación de plusvalías que se añaden a las cesiones de suelos y del 10 por ciento del aprovechamiento urbanístico. Se ha extendido la práctica en los ayuntamientos de apropiarse, mediante convenio urbanístico, en estos procesos de transformación de hasta la mitad de las plusvalías esperadas, dado que los ayuntamientos se financian en gran parte mediante la enajenación de suelo público.

¡¡ Contra la especulación, expropiación !!

El capitalismo comenzó expulsando del centro de las ciudades a los trabajadores, creando inmundos arrabales y suburbios para ellos y dejando el centro para sus sofisticadas y lujosas oficinas. Hoy esos barrios periféricos tampoco son asequibles, viéndose obligados los trabajadores a vivir en poblaciones lejanas de sus centros de trabajo, lo que provoca graves problemas de transporte, caos circulatorio, contaminación y un descenso brutal en la calidad de vida para millones de personas de todo el mundo. La especulación ha obligado a construir viviendas cada vez más pequeñas e incómodas, donde a veces se hacinan varias familias e incluso generaciones en imposible convivencia.

Esto demuestra, una vez más, la exactitud de la tesis de Engels, cuando defendió que la vivienda no era sólo un problema para el proletariado, sino que afectaba a otros sectores sociales, especialmente a la pequeña burguesía urbana. Tampoco es un problema moderno, decía Engels, ya que ha afectado de una manera casi igual a todas las clases oprimidas de todos los tiempos. Engels demostró que el problema de la vivienda tiene profundas raíces en la contradicción entre el campo y la ciudad (el nervio mismo del problema), que es insoluble en el marco del capitalismo.

Hoy el problema se acentúa hasta límites insospechados por el paro, afectando de manera dramática a la juventud, que se ve obligada a convivir con sus padres sin poder emanciparse, incluso más allá de los treinta años. Las principales causas de esta dependencia familiar son el desempleo, que afecta a un alto porcentaje de la población joven, la movilidad del trabajo y los bajos salarios. Cuando se habla de los sin techo nadie se acuerda de todos aquellos, que son millones, que viven gratuitamente, gracias a la caridad de sus familiares, en una casa que no es la suya.

Por ello, muchos jóvenes se han visto obligados a ocupar viviendas y locales abandonados por sus propietarios. Incluso hay quienes han pretendido ver en ello una solución al problema, en torno a la cual se ha creado todo un movimiento social.

Es claro que hay que ocupar, porque ello denuncia abiertamente la existencia de un problema dramático de verdadera expropiación de los trabajadores, de que unos acaparan multitud de casas y otros carecen de techo. Sin embargo, tenemos que ser conscientes de que la ocupación sólo es un remedio, un parche temporal que no resuelve, ni mucho menos, el grave problema de la vivienda. A la larga la solución no es la ocupación sino la expropiación, lo cual requiere previamente llevar a cabo una revolución socialista que nacionalice el suelo, distribuya las viviendas vacías entre los necesitados y construya otras nuevas. Lo que hay que cambiar es todo el sistema económico, desarrollar una nueva arquitectura y un nuevo urbanismo al servicio de las necesidades sociales: Querer resolver la cuestión de la vivienda manteniendo las grandes ciudades modernas es un contrasentido, decía Engels.

Pero mientras no podamos expropiar, tenemos que seguir luchando, tenemos que seguir ocupando. Al fin y al cabo, la ocupación no es más que el primer paso de la expropiación total.

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