Zapatero repite curso

Ha pasado otro verano y más de lo mismo. El gobierno suspende todas las asignaturas. El mundillo oficial e institucional sigue siendo el de la siesta y el bostezo. Luego dicen que no tenemos paciencia, pero es que esto parece una foto fija. Al zapatitos se las ponen como a Fernando VII, pero no es capaz, ni siquiera con el GALoso Rubalcaba al frente del Ministerio de la Porra. A nadie puede extrañar que en Euskal Herria vuelvan a sonar los tambores de guerra y ardan cajeros automáticos y autobuses, mientras en su comunicado ETA vuelve a poner cada cosa en su sitio. ¿Qué se creían?

Hace seis meses habían dicho que con el cese de la violencia las cosas cambiarían, y no hemos visto ni un amago de nada; los demás tienen que cesar en su violencia pero ellos no cesan nunca, ni en las comisarías, ni en las cárceles, ni en los juzgados, ni en las calles. Dicen que no se puede hablar de política bajo la violencia, y en eso sí estamos de acuerdo: nosotros tampoco vamos a hablar de política mientras ellos sostengan un garrote en la mano. ¿O es que ellos no se aplican sus normas a sí mismos? ¿Para qué han reformado toda la cúpula del Ministerio del Interior sino para colocar a la Guardia Civil, a los militares en definitiva, en el puesto de mando de todo, incluidas la cárceles?

Que se pongan ellos también de tregua. Aunque sólo sea un poquito, un pequeño gesto, una mueca, como pide el PNV. Podrían empezar por agrupar a todos los presos políticos, por ejemplo, como prueba de su buena voluntad; podrían resolver la huelga de hambre de Iñaki de Juana, acabar con las cadenas perpetuas que vienen imponiendo sus perros de presa en la Audiencia Nacional. No les decimos que acaben con el terrorismo de Estado permanente a que tienen sometidos a todos los que se mueven, no. No les podemos pedir cosas que ni pueden ni saben hacer. Pero creo que gustaría a todos atisbar alguna mueca diferente que nos cambie un poquito el paisaje inquisitorial, represivo y sanguinario que conocemos desde 1939, en el que hemos nacido, bajo el que hemos sobrevivido y en el que seguimos padeciendo cada minuto.

Y no lo vemos por ninguna parte, así que nosotros, por nuestra parte, seguimos a lo nuestro: insistimos en que no solamente aquí, a fecha de hoy, no ha cambiado nada sino que no tiene pinta de cambiar, por más que los GALosos se empeñen a viento y marea en acabar con la violencia (con la violencia de los demás, pero no con la suya, quieren decir). Y no conformes con eso, ni siquiera son capaces de parar a los rotweiler del PP, que no paran de ladrar día y noche, a viento y marea, por todas las cadenas de televisión y las ondas de radio. Sin descanso. No sé si se habrán dado cuenta de que Rajoy, el capataz de la finca esa de los rotweiler, desfiló en la pasarela Cibeles, porque éste sí supera de la talla 16: es un pesado y está de moda. Como se decía antes, es de lo más ‘in’. En su vocabulario todo empieza por ‘in’: ineficaz, ingobernable, ineptitud, insólito, incapacidad, indiferencia,...

Pues nuestro vocabulario empieza por (R) mayúscula: Resistencia, Rebelión, Revolución,... Sin unas mínimas libertades y reconocimiento de derechos democráticos, hay que seguir en la brecha, aislar a los fascistas y a sus lacayos socialfascistas en el gobierno, organizarse al margen y en contra de su podrida legalidad, intensificar la solidaridad con los presos políticos y todos los represaliados, boicotear sus farsas y montajes electorales, incorporarse a la resistencia armada antifascista, organizar sabotajes,...

Ya está más que demostrado que dentro de la legalidad y con la legalidad, no se consigue nada. Son ellos los que, como reconocen, tienen la ley en la mano y eso les permite hacer y deshacer lo que les da la gana. Lo mismo sucede con el pacifismo y las llamadas a la calma. ¿Acaso ellos entienden de argumentos y razonamientos? ¿Creemos verdaderamente que los podemos convencer para que dejen de ser lo que son? No; la experiencia de este país lo viene demostrando desde hace 200 años: ellos, los reaccionarios, siempre se han hecho con el poder por la fuerza y siempre se han mantenido en él haciendo uso de la fuerza. El manoseado ejemplo de 1936-1939 no es más que otro de los muchos que se pueden poner, anteriores y posteriores. Este es el país de los golpistas, y tienen mucha desfachatez los que, encima, nos tachan a nosotros de ser violentos.

Creemos haberlo dejado bien clarito muchas veces: nosotros estamos dispuestos a negociar con este Estado con carácter inmediato, pero en base a unos cambios mínimos que el gobierno tiene que realizar; si eso sucede y en el momento en que suceda, estamos dispuestos a no recomendar ni apelar a la resistencia armada. Pero una negociación requiere reciprocidad y hasta la fecha ni la ha habido, ni la hay, ni tampoco perspectiva de que la haya.

Así que nosotros seguimos a lo nuestro y seguiremos así hasta el final, de manera que si no son capaces de acabar con nosotros (y hasta la fecha, después de 40 años, no lo han sido), nosotros acabaremos con ellos. Sin ningún género de dudas.

En la actualidad ni siquiera consideramos suficientes los llamamientos al boicot y a la resistencia activa. Ante situaciones como la de Iñaki de Juana, nuestra camarada Josefina García y tantas otras, no caben ambigüedades. No es posible una respuesta literaria a sus atropellos; no son suficientes los comunicados, los carteles y la denuncias verbales. Hay que llamar a la resistencia activa y ponerse a la cabeza, dar ejemplo, encabezar la lucha. Los fascistas se burlan y se ríen olímpicamente de todas esas procesiones pacíficas y domesticadas; es ahí a donde quieren llevar al movimiento de resistencia, con la ayuda de todos los reformistas y oportunistas que por ahí pululan. Lo que verdaderamente les duele es que ardan las urnas, y arden mucho mejor si no tienen papeletas dentro. Y lo que decimos de la urnas tiene un carácter general: lo decimos de los colegios y listas electorales, de las ETT, las delegaciones de Hacienda, las sedes de los partidos,... Hay que extender la oposición popular y la resistencia de todo tipo a las maniobras de los fascistas y los socialfascistas, y donde la resistencia ya esté extendida, hay que organizarla mejor. Hay que denunciar y criticar a todos los cómplices que, desde supuestas posiciones antifascistas, llaman a votar y seguir con el juego legalista y pacifista.

Todo eso no es violencia: es la legítima resistencia popular frente a las agresiones de todo tipo que las masas vienen padeciendo. Los fascistas no entienden otro lenguaje que el de la fuerza y como eso es algo que ellos tienen bien claro, por eso se rearman, se reorganizan y refuerzan. Mientras hablan de paz, cargan las pistolas. Y pretenden que todos los demás les sigamos el juego. Que hablemos y que hablemos, además, únicamente de paz. Que respondamos siempre con comunicados y papeles a su violencia criminal, que nosotros mismos nos atemos de pies y manos.

Pues por nuestra parte no va a ser así.

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