Tras el operativo de ETA en Barajas
¿qué va a pasar?

No deja de sorprendernos que el bombazo de Barajas haya desatado ese alud de comunicados (casi todos de condena) y, sin embargo, la falta de cumplimiento por parte del gobierno socialfascista de Zapatero de sus compromisos con ETA no inquietara la pluma de nadie. Por tanto, no nos sorprende la réplica de ETA; lo que nos sorprende es la sorpresa de todos los demás.

Porque los hechos, una vez más son clamorosos: el 29 de diciembre nos acostamos con dos mensajes contradictorios; el de Otegi nos decía que el proceso estaba paralizado y el de Zapatero, que este año sería mejor que el anterior. ¿Quién mentía y quién decía la verdad? No hace falta responder a la pregunta: todo el mundo sabía (o debía saber) que el proceso estaba parado como bien decían los portavoces del MLNV. Si recordáis, nosotros publicamos a comienzos de setiembre una nota titulada Zapatero repite curso y luego insistimos con el número 67 de nuestro órgano Resistencia, cuya lectura recomendamos otra vez para refrescar la memoria.

Luego, para nosotros la noticia no está en Barajas sino en los nueve meses de vacío absoluto que, además, hizo que Zapatero se jactara, diciendo que Aznar había hecho más concesiones que él, sencillamente porque él no había hecho ninguna; ni siquiera las que tuvo que firmar para que ETA decretara el auto del fuego en el mes de marzo.

Estamos ante las constantes mismas de la secular historia de este país. España se tuvo que largar de Cuba a tiro limpio y aquello fue un trauma sicológico para la oligarquía que les dura ya todo un largo siglo. Entonces se creó toda una generación literaria como consecuencia de la bancarrota del Estado y los libros de historia todavía hablan a los niños del desastre colonial de 1898. Pero, ¿un desastre para quién? ¿Acaso fue un desastre también para Cuba? Más bien los cubanos celebran con sus botellas de ron haberse librado del colonialismo. Desde entonces, cubanos y españoles no sólo no nos enfrentamos sino que estamos más a gusto así. La independencia cubana ha unido a nuestros dos pueblos más fuertemente que todos los siglos de colonialismo y opresión.

La burguesía española es así por su intrínseca debilidad histórica. Lo de Cuba se repitió en Filipinas, en Marruecos, en el Sáhara... países todos ellos que se sacudieron de encima las cadenas coloniales españolas sin que ningún gobierno de Madrid acepara jamás negociar. Porque -como dicen- ellos no negocian con terroristas: ¡ellos son los terroristas!

Pero volvamos al presente. Es indudable que el bombazo ha frustrado buena parte de las ilusiones que muchos se habían hecho con la apertura de una nueva etapa en base a algunas conquistas democráticas. El mero hecho de la tregua había relajado la tensión y eso también ha tenido su aspecto negativo porque condujo a Zapatero a decir -una y otra vez- que el proceso de paz iba a ser largo, duro y difícil.

Siempre nos pareció una frase cínica. En una situación de tregua, cuando el movimiento de resistencia vasco no va a atacar al Estado mientras el Estado continúa haciendo de las suyas, hablar de un proceso largo, duro y difícil es verdaderamente canallesco.

Por nuestra parte, decir que el gobierno no ha hecho nada tampoco es muy exacto. El gobierno no ha hecho nada de lo que tenía que hacer y ha hecho otras cosas que no debió hacer nunca. Por ejemplo, Iñaki de Juana lleva ya dos meses de huelga de hambre porque siguen aplicando la condena a perpetuidad en las cárceles; han seguido las redadas y detenciones; han seguido prohibiendo las manifestaciones y reuniones; han seguido con los masivos procesos judiciales fradulentos contra el MLNV y nuestro Partido; no han cambiado las condiciones carcelarias...

En esas condiciones el proceso de Zapatero no sólo iba a ser largo: iba a ser infinitamente largo, interminable, porque en ausencia de ataques armados no tenía prisa por hacer nada y sí por continuar por donde no debía. Esto prueba lo que venimos diciendo desde siempre: los fascistas no entienden de diálogo, de buenas palabras, de razonamientos, ni de persuasión; sólo entienden el lenguaje de la fuerza y sólo reaccionan frente a la fuerza. Todo lo demás se lo pasan por debajo de su maloliente sobaco. Es lamentable volverlo a constatar, pero es así.

Los socialfascistas empezaron a negociar porque estaban metidos en un atolladero y ahora la situación es mucho peor para ellos, por no hacer lo que están obligados a hacer (por las buenas o por las malas): liberar a los presos políticos, derogar la ley de partidos, reconocer el derecho de reunión, asociación y manifestación y demás reivindicaciones democráticas. Lo pudieron empezar a hacer con la tregua, sin presión y ahora tienen que reconocer que lo van a tener que hacer bajo presión, bajo el único lenguaje que son capaces de entender.

Las razones para ello siguen siendo las mismas porque no han resuelto nada; lo que sucede es que ya no tienen margen para un proceso largo: lo tienen que hacer ya, tienen que acelerar todos sus planes.

Lógicamente nadie tiene una bola de cristal para predecir el futuro y nosotros tampoco. Además nuestra obligación, como venimos repitiendo, es estar preparados para hacer frente a cualquier eventualidad y, por tanto, reforzar el aparato clandestino de nuestro Partido y seguir con nuestros llamamientos a la lucha, a la resistencia y a la organización, por larga, dura y difícil que sea. Esta perspectiva no nos asusta en absoluto, la conocemos bien y estamos dispuestos a perseverar en ella porque, además, es el aspecto principal de nuestra línea hoy como ayer.

Ahora bien, nosotros no somos pesimistas respecto a la eventualidad de que el proceso de diálogo se reanude; es más, creemos que así va a suceder y que el movimiento popular va a alcanzar algunos de sus objetivos democráticos mínimos. No hay ningún motivo para el desaliento que se aprecia en estos momentos en ciertos sectores vacilantes. Como tampoco hay motivo para achacar a la explosión de Barajas la responsabilidad de la situación que se ha creado, porque esa explosión es consecuencia y no causa; esa explosión llega nueve meses después de que los socialfascistas se hubieran jactado públicamente de no haber realizado ni una sóla concesión, ni siquiera las que tenían comprometidas.

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